Tengo medio mes para aprender a escribir un drabble como se debe. Y no me refiero a la longitud que se supone que llevan, sino a escribir algo corto e interesante, porque parece que eso no se me da. En fin, les dejo el día 4 del #OtpChallenge. Tarde pero seguro.

Día 4: Militares.


—1—

Había ocasiones en que los padres tomaban medidas extremas para la buena educación de sus hijos, o en algunos casos para castigos. Tal era la situación actual que estaba viviendo Aomine Daiki; quien a sus escasos dieciséis años llevaba un mes internado en una academia militar.

Según su padre lo había enviado ahí para mejorar su comportamiento, y para que aprendiera reglas porque parecía no conocerlas.

—Ellos no saben educar y después somos nosotros los que tenemos que pagar las consecuencias —decía para sí mismo Aomine, en tanto acomodaba sus cosas en el cajón junto a su cama.

La escuela era bastante grande, se trataba de un campo enorme conformado por miles de hectáreas en medio de la nada. Ellos mismos tenían que encargarse de todo el aseo, tanto personal como de las instalaciones, además de cocinar para ellos; sumado a eso también estaban bajo un régimen de entrenamiento militar. Las materias impartidas en esa institución eran pocas, sólo las ciencias básicas; la única especialidad era enfocada al ámbito militar pero ésta era complementada con el duro entrenamiento que llevaban a diario.

—¡Ey, pequeño! —gritó uno de los mayores, entrando al galerón lleno de camas donde estaba Daiki, siendo el único en ese momento ahí.

Por supuesto que no respondió ni volteó ante el llamado, porque era denigrante para él que le llamasen así sólo por ser el menor de edad en toda la institución.

—Te estoy hablando, pequeño idiota, ¿acaso tanto entrenamiento te está dejando sordo? ¿O no hablamos el mismo idioma? —Se burló el tipo, un chico más alto que Aomine, de tez clara y cabello oscuro. El recién llegado no venía solo, por supuesto que no, se notaba a leguas que era de los bravucones que necesitan lucirse ante una multitud de idiotas iguales a ellos.

Aomine trataba de evitar problemas, ya había terminado en frente del director de aquella institución dos veces, era un general robusto, de unos cuarenta y tantos que tenía muy mal carácter y ya le había advertido sobre una tercera ocasión.

…Le iría muy mal.

Pero apenas sintió el tirón que le dio el bravucón a su hombro para que girara a verlo, no pudo evitar que su puño se moviera por sí solo hasta dar contra la quijada del que se atrevió a tocarlo. Y ese fue el inicio de una tercera llamada de atención.

—2—

Sentado en la sala de espera fuera de la oficina del director que ahora estaba ocupado, Aomine miraba en dirección a un chico que estaba sentado frente a él, pero no recordaba haberlo visto en ninguna ocasión y ya llevaba un mes recorriendo las instalaciones.

—¿Tú qué hiciste? —Preguntó para romper el silencio.

El chico era un pelirrojo que no parecía mayor que Aomine, incluso su gesto tranquilo mientras leía un libro que llevaba entre sus manos, le hacía ver quizás un poco más joven, pero sabía que la edad de él era la mínima para ingresar ahí así que eso era imposible.

—Aparentemente, nacer.

—Ouch —a pesar del comentario negativo y dolido, el pelirrojo no parecía haberse inmutado, al contrario, sonrió un poco hacia él cuando lo dijo así que eso le dio la pauta a Daiki de continuar la conversación— ¿Eres nuevo entonces?

—¿En esta academia? Sí.

—Te acostumbrarás rápido…

—¿Por eso estás tú aquí? "Porque ya te acostumbraste" —dijo el pelirrojo, dibujando comillas en el aire con ambas manos mientras se reía.

—Algo así —mencionó Daiki, mirando a un lado.

—¿Qué pasó contigo? —Indagó el chico, parecía no querer dejar de conversar con él, quizás no quería sentirse solo.

—¿Hoy? Un idiota me buscó pleito, trató de tomarme de su perra pero no lo permití, y según el coronel, "él no tiene antecedentes como yo y no había ningún testigo a mi favor" así que él terminó con un castigo menor y yo aquí, esperando quizás a ser expulsado por el general. ¿Tus padres están dentro?

—Mi padre. Sería una lástima que te vayas cuando yo llegué —dijo el chico, sonriendo sincero mientras miraba los ojos azules de Aomine que le regresó el gesto—. Kagami Taiga —se presentó.

—Aomine Daiki —respondió.

El silencio se extendió un par de segundos más y entonces escucharon la puerta antes de abrirse, fue Kagami quien agregó un comentario más.

—Espero seguir viéndote por aquí.

El general salió mirando de forma seria a Daiki, negando de manera silenciosa con la cabeza antes de hablar.

—Hablaré más tarde contigo sobre lo que sea que te trajo aquí, Aomine. Por ahora acompaña al hijo del señor Kagami a su habitación, compartirá el mismo complejo en donde estás tú ya que son de la misma edad.

—Sí, señor.

Aomine nunca había respondido a una orden con tanto fervor. Sabía que después de esto, su pellejo estaba a salvo pues lo más seguro es que el general sólo le castigara con más horas de servicio y entrenamiento, lo cual era algo a lo que ya se estaba acostumbrando.

—Parece que me debes una, Aomine Daiki —mencionó Kagami sonriendo mientras jalaba la maleta que llevaba consigo, acomodando el tirante de la pequeña mochila que colgaba también de su hombro. Caminaban en dirección al edificio donde estaban los dormitorios que ahora compartirían junto a otros.

—Ya lo veremos más tarde. Si es así, entonces veré cómo agradecerte de manera apropiada —dijo hablando bastante correcto a propósito, mientras sonreía y caminaba al lado del chico nuevo.

—Sabes, esta escuela parece bastante interesante —dijo Kagami, con claro doble sentido, mismo que entendió Aomine de inmediato.

—¿Lo crees? Y eso que aún no has conocido la mejor parte de ella —la mirada de ambos estaba más segundos de los necesarios sobre la del otro, compartiendo sonrisas cómplices al entenderse con tan pocas palabras.

—¿Tiene una mejor parte? Porque lo que he visto hasta ahora me agrada, ya te contaré después si tenías razón.

—Tengo razón. Pero estaré esperando que me la des… la razón, por supuesto.

Kagami no pudo evitar soltar una carcajada por ese último comentario. La verdad es que los dos pensaban que el otro chico era bastante atractivo y agradable, y al sentir cómo ambos respondían de manera positiva a su coqueteo tan obvio, parecía que algo bueno podría venir en un futuro dentro de esa institución. Quizás no todo era castigo como Daiki lo creyó en un inicio, o como el señor Aomine lo imaginó, tal vez, y sólo tal vez su hijo iba a pasarla en grande.


Gracias a quien me dejó su comentario, y a quienes en un futuro se animen a hacerlo. Agradezco muchísimo saber qué piensan y si tienen algún consejo para mejorar mi escritura, encantada lo leería.