Thirst of blood (SasuHina)
Genero: Romance/Hurt/Comfort
Categoría: M
Aviso: Este fic es Anti-Sakura. Puede contener escenas subidas de tono y alguna que otra sangrienta. Ambientada a finales de 1790, casi 1800 (Aun no me decido por la fecha exacta).
oOoOoOoOoOoOo~ Thirst of blood ~oOoOoOoOoOoOo
- Echando las cartas –
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Cerrando los ojos se apaga el universo.
Pequeño telón para escenario tan inmenso.
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Levantó la sobrefalda al bajar los escalones. Podía verse la delicada enagua bajo de aquel vestido de color lavanda. Unas medias de seda cubrían la desnudez de sus piernas y los pequeños tacones negros cubrían sus pies.
Neji vio a Hinata bajar los escalones y pararse frente a él, mirándolo con una pequeña sonrisa. Podía ver como sus ojos estaban ensombrecidos por la tristeza, y lo comprendió.
En un día, esa chica había pasado de ser anónima a conocida por su familia. Había dejado de huir y había comprobado cuan lejos puede llegar el lazo de sangre que la unía con ellos, los vampiros.
Lo que el castaño no entendía era porque su hermana mayor había sido consumida por la sed y ella no. A decir verdad, no presentaba ninguno de los síntomas de una persona recién convertida; No se abalanzaba sobre la sangre cada vez que la olisqueaba y su cuerpo no estaba tenso y rígido, sino todo lo contrario. Se movía con delicadeza y con cuidado, temiendo hacer demasiado ruido o llamar la atención.
-¿A dónde me llevas? – Su voz sonaba tan frágil como dulce.
-Al teatro. – Respondió de lo más normal. – Estrenan una obra de Mozart, La flauta mágica.
-¿T-teatro? – Preguntó asombrada.
-Opera.
Un sus piro de asombro salió de sus labios y una pequeña alegría se inhaló en sus ojos. Nunca había visto una opera ni un teatro. Nunca había tenido el dinero suficiente para ir.
La peliazul se había limitado durante su vida a quedarse en la puerta del teatro, pretendiendo escuchar algún canto o poniendo atención cuando los elegantes señores salían del brazo con sus damas mientras comentaban algún acto.
Entró a la iglesia. Por lo general, evitaba aquellos lugares. No era por el tema de las cruces ni nada de eso, simplemente, el olor de las ancianas le incomodaba. Su sangre olía diferente, como cuando se deja un vino en una copa durante días. Pierde la textura y el sabor.
Apartó la pequeña cortina de la pequeña caseta donde el cura confesaba a las personas y se sentó. Cerró la cortina y aclaró su garganta, llamando la atención del hombre.
-¿Qué aflige tu alma, hijo mío?
-Sabes que no tengo alma, Hidan.
-¿Itachi? – El hombre se removió incomodo. – Sabes que no puedes venir a verme aquí, es peligroso.
-Lo se… solo necesitaba hablar urgentemente contigo. – Murmuró al igual que el peliblanco. – Los Hyuga han entrado en nuestro territorio, tu sabes lo que eso implica.
-Hai… - Susurró. – Yo estuve presente cuando se firmó el tratado.
-Sasuke ha encontrado pruebas que demuestran la violación del documento y Otosan quiere que estés presente cuando se aplique la condena.
-¡Por Kami! ¡Soy un cura! – Trató de contenerse para no gritar. - ¡¿Me estás pidiendo que te ayude a matar a alguien?!
-Ie… - Retiró la pequeña tablilla corredera y se encontró con el rostro del hombre. – Te estoy pidiendo justicia.
-… Veré lo que puedo hacer.
Itachi inclinó la cabeza, mostrándose agradecido. Sacó de su bolsillo una pequeña bolsa de dinero y se la entregó, dejándola caer sobre las rodillas del cura. Este lo miró perplejo y sin entender.
"Por la absolución de mis pecados" se limitó a decir el Uchiha. Salió, apartando la cortina y conteniendo la respiración al pasar junto a unas ancianas que cuchicheaban mientras fingían rezar. Pobres mujeres…
Sus vidas tenían que estar terriblemente vacías para ir a la Iglesia a cotillear. Un lugar sagrado. Hasta él, que no creía en ninguna divinidad respetaba aquello.
El aire le golpeó la cara al salir de la iglesia. Las fragancias llegaron a su olfato y le deleitaron el paladar. Perfumes, mujeres jóvenes y acicaladas. Sangre fresca y juvenil por todas partes…
Sasuke estaba a un lado de la pared, apoyado bajo un enorme ventanal de cristal, donde podía verse la figura de algún mártir santificado por la iglesia.
-¿Lo hará? – Preguntó el joven.
-Hai.
-… ¿Cómo crees que reaccionará Hyuga Hiashi al ver la cabeza de su hija separada del cuerpo? – Preguntó con una pequeña sonrisa de lado. Sus ojos brillaban llenos de venganza y satisfacción.
-No creo que lo tome muy bien. – Itachi contestó con ironía, pero un deje de tristeza asomaba tembloroso en su voz, viendo la oscuridad en la que estaba sumido el menor.
-… No esperaba menos.
Sasuke de enderezó y arregló la camisa de seca, colocándose bien la casaca y le hizo un gesto con la cabeza para que lo siguiera.
Itachi aun no había visto a la chica, pero en unos minutos, él había averiguado quien era. Hyuga Hinata, hija de Hiashi y recién convertida, por lo que parecía.
La chica había salido hacía unas escasas horas junto con su primo, Neji Hyuga. Otra persona a la que destetaba con toda su alma…
Los había visto meterse en el teatro más glamoroso de todos. En la puerta, había un pequeño cartel en el que se anunciaba el estreno de una obra, una opera.
Estúpidos Hyugas… Murmuró para sus adentros. Todos ellos eran como cucarachas a las que deseaba aplastar. Fingían ser humanos, incluso se codeaban con ellos y tenían cierto favor con el rey y asistían a los actos de la corte, como personas de nobleza que eran.
Los odiaba, los odiaba a todos y cada uno de ellos.
-¿Quiere saber su futuro, Erasñó(1)?
La voz infantil lo sacó de sus pensamientos. Una niña de cabellos negros y ojitos verdes como esmeraldas, lo miraban con respeto y fascinación. Su tez oscura y la suciedad de sus ropas le hicieron darse cuenta de lo que era la niña. Una Romaní.
Había varios por los alrededores. De ellos se decía que las mujeres eran unas brujas y los hombres unos embusteros y ladrones. No tenían buena reputación, ya que la mayoría se dedicaba a mendigar o robar.
-Lárgate niña. – Siseó.
-¿Sosqué? – Preguntó la pequeña. – Deje que lea su mano, Erasñó. – Le pidió.
La miró con enfado. De las Romaní se decía que todas conocían el arte de la brujería, que eran capaces de echar males de ojo y de obligar al diablo a perseguir un alma.
Le divirtió la idea de que su alma estuviese maldita. ¿Qué perdía? Nada… él ya no tenía alma.
-Toma niña. – Itachi le dio una moneda de oro. – Márchate.
La menor sonrió, dio las gracias en su lengua y corrió calle arriba, dirigiéndose al teatro para mendigar o tratar de derretir un corazón humilde con su aspecto. Ropa sucia y rota, pies descalzos… en verdad, daba pena.
-Volvamos a casa. – Su hermano mayor lo miraba fijamente. – Hay que avisar a Otosan de que Hidan vendrá al alba.
La sala entera aplaudió. Hinata se había levantado, aplaudiendo y notando como su piel aun estaba erizada. Las voces, la música, todo había sido mucho mejor de lo que nunca había soñado.
Recordaba con especial deleite el aria de La reina de la noche. Donde la mujer le pedía a su hija que matara a su hermano, pero lo hacia dando saltos y desafiando a los tonos agudos y grabes. Realmente melódico, casi celestial.
-¿Te ha gustado? – Neji estaba junto a ella, aplaudiendo. Se había inclinado cerca de su oído para hacerse escuchar.
-Me ha encantado. – La chica lo miró feliz. – Ha sido p-precioso…
Aquello lo complació. Junto a él, Aika y Hanabi aplaudían también. La menor con un poco menos de ganas, aburrida por el largo de la obra o tal vez porque no era una de esas operas bufas en las que se hacia reír a la gente. Aquellas que eran destinadas a las personas vulgares, las del pueblo.
Le ofreció a Hinata el brazo. La ojiblanca se apoyó en él y procedieron a salir del palco. Admiraba la decoración de las paredes con asombro. Cuadros, retratos de actores y cantantes famosos. También había muchos músicos destacados y algún que otro compositor.
Bajó con cuidado los escalones y llegaron a la entrada, donde la gente comentaba animadamente la obra.
Se moría por salir a la calle. Notar el fresco del aire en su cara y que los olores dejaran de aturdirla. La mezcla de perfumes la mareaba.
Se movió inquieta, tratando de que el apretado corsé dejara de incomodar en sus costillas. La próxima vez, le pediría a la sirvienta que no se lo apretara tanto.
Aika salió a la calle mucho antes que ellos, tironeando de su hija Hanabi. La castaña se quejaba en murmullos por lo aburrida que había sido la opera y por que Hiashi no los acompañara, alegando al final que estaba sedienta.
-¡Erasñí(2)! – Una niña se plantó frente a ella. Su carita sucia y sus preciosos ojos verdes la cautivaron. - ¡Deje que le lea la mano! ¿No quiere saber su futuro?
-Que pequeña tan encantadora. – Sonrió con ternura. Se parecía a los niños con los que jugaba cuando era pequeña. Ella también andaba siempre sucia y con las ropas rotas, como su hermana. Sintió la tristeza al recordarla.
-Toma niña. – Neji le lanzó una moneda de oro que atrapó en el aire. – No molestes a la señorita.
El Hyuga la empujó con disimulo, obligándola a ir en dirección a la casa. La pequeña se había quedado de pie, mirando a Hinata con una expresión ausente. Juraría haber visto como la joven parecía perderse en sus pensamientos y algo ensombrecía sus ojos blancos, con tristeza y soledad.
Miró los documentos firmados otra vez antes de dejarlos sobre la mesa. Las punzadas en su garganta latían con fuerza, demandando por un poco de sangre para satisfacer su estomago.
Se relajó en el enorme sillón, cerrando los ojos y suspirando con fuerza.
Los golpes en la puerta le desconcentraron.
-Adelante.
La cabeza de su sobrino apareció en la puerta. Tan altivo y orgullosos como siempre, en cierto modo, se parecía a él mismo. No por nada, era el hijo de su hermano gemelo.
Le indicó que tomara asiento frente a él.
-¿Qué tal estuvo la obra? – Preguntó con interés.
-Mozart es un prodigio, tiene un gran talento. – Comentó. – A Aika-sama le encantó, aunque Hanabi-sama se aburrió un poco.
-¿Qué le pareció a Hinata? – En realidad, la salida al teatro había sido para ella. Una forma de distraerla del dolor que sentía y de que no recordara la tristeza que la carcomía por dentro.
-Le encantó… - Neji omitió la pequeña sonrisa que sus labios querían formar. – Estaba feliz.
-… Me alegra.
-Hiashi-sama… - El ojiblanco se removió inquieto en la silla. No era de las personas que dudaban al decir algo, sino que iba directo al grano. En toda su vida, solo había titubeado una vez; cuando quiso saber como había muerto su padre y porqué. - ¿Puedo…? – Sacudió su cabeza, formulando de nuevo la pregunta de una forma correcta. – Hinata-sama es algo extraña, no en su persona, sino en sus… dotes como vampiro. ¿Puedo preguntar porqué?
El mayor se rascó la nuca, dejando sus dedos deslizarse a lo largo de su cuello. Hacia mucho tiempo que se temía aquella pregunta, pero su esperanza era que Neji no lo notara y que el momento se retrasara lo máximo posible.
-Antes de conocer a Aika… - Comenzó. – Yo amé a otra mujer, una mística. Se llamaba Elora.
Recordaba con toda claridad a aquella mujer; era francamente hermosa y de una belleza interior extraordinaria. Ojos de un azul claro, casi gris. Cabellos negro azulinos, rizados e indomables. Piel pálida y suave, labios gruesos y rosados… pero ella no era para él, ni él para ella.
Ni la etnia de la mujer lo permitía ni la familia del Hyuga. Él, el futuro heredero, no podía casarse con una gitana, ni ella podía unir su vida a un "ya no vivo".
-Ella tenía una hija de un antiguo matrimonio. Era viuda a los diecinueve años… - Murmuró con una pequeña sonrisa, recordando a la pequeña niña de cabellos castaños y ojos de un gris, casi blanco, Umi. - No podíamos estar juntos, así que ella y yo… nos entregamos una única vez. Después de eso, me marché durante años y no volví a verla… hasta que un día volví y supe que estaba muerta. Elora tenía una hermana, en cuanto me vio, intentó atacarme y juró que se vengaría de mí por lo que le había ocurrido a su querida hermana.
Recordaba cada detalle de aquel momento. La mujer, apenas unos años mayor que Elora, le había escupido en la cara mientras maldecía y juraba un pacto de venganza.
Era cierto que las mujeres Romanís eran brujas. Elora se lo había demostrado en contadas ocasiones, y desde el momento en el que la hermana de esta, Hana, le había maldecido, había sido completamente infeliz.
Su sufrimiento apenas se había aliviado desde que Hinata había vuelto a la casa, junto a él. Era tan parecida a su madre en muchos aspectos… que muchas veces le parecía estar viendo a la dueña de su alma condenada.
En contadas ocasiones había mirado furtivamente a la peliazul sin que esta se diese cuenta y la había observado durante segundos, minutos… siempre a una distancia prudente. Temía acercarse a ella y que esta lo repudiase o le hiciese culpable de su tristeza y agonía.
-Hiashi-sama… - Neji lo sacó de sus pensamientos. – Disculpe, pero eso no explica la extrañeza de Hinata-sama.
-Hinata es mestiza. No es un vampiro completo ni un humano completo. Es la mitad de ambos. – Aclaró. – Cuando un vampiro y un humano se unen por amor… suele suceder. No tiene la necesidad de beber sangre y pueden sobrevivir alimentándose como un humano normal, pero no durante mucho tiempo. La mayoría no sobreviven por la debilidad. No son tan fuertes o tan rápidos… y conservan muchos aspectos humanos. Los sonrojos, el pequeño tamaño de los colmillos, la torpeza…
Enumeró algunos aspectos de Hinata, sin omitir el pequeño tropiezo que le había visto dar cuando el tacón de su zapato se había enredado con la enorme alfombra que ocupaba el salón. Se sintió culpable al recordar como había sonreído.
Se paseó por el bosque que había tras el matadero. Aquel lugar abandonado donde Neji la había llevado a mitad de tarde para que se alimentara.
Había salido en camisón, con los pies descalzos y sin una manta o alguna mantilla de lana para cubrirse del frío. No la necesitaba, después de todo, su cuerpo no respondía ni al frío ni al calor. Lo había comprobado al acercarse a la enorme chimenea que había en el salón principal y no sentir el calor de las llamas en sus manos.
Siguió andando por la hierba, notando las suaves caricias que hacían las hojas en sus pies y tobillos desnudos. No podía dormir, se sentía incapaz de hacerlo y supuso que seria normal. Ni Neji y Aika dormían, así que supuso que Hiashi tampoco, y por ende, ella.
La única que lo hacia era Hanabi, llegó a la conclusión de que los pequeños si que lo hacían y sintió envidia.
Siguió caminando, acariciando el tronco de un árbol y pasando los dedos con fuerza. La madera saltó en pequeñas astillas y las marcas de sus dedos se quedaron marcadas tenuemente.
Caminó durante largo rato hasta llegar a un lugar que no le era familiar. La pequeña neblina que comenzaba a formarse le impedía ver sus pies y sus rodillas. Se asustó. Había caminado demasiado y no sabia donde estaba. Retrocedió sobre sus pasos y trató de volver a la casa cuando escuchó un gimoteo.
Parecía un perro. Un perro llorando. ¿Los perros lloraban?
Sacudió su cabeza. Claro que si, todo ser vivo lloraba. Cerró los ojos, localizando al animal y lo encontró casi a medio kilómetro de distancia. Caminó con prisa, queriendo llegar y esperando que el pobre no se hubiese trabado en ningún sitio o estuviese herido.
Un olor extraño le golpeó la nariz. Era como… no. No era como nada. Nunca había olfateado nada parecido. Era desagradable en toda la potencia de la palabra.
Vio al animal tumbado en el suelo, hundiendo la cabeza en la tierra y gruñendo al tiempo que gimoteaba.
El animal era más grande de lo que había esperado, tumbado casi sobrepasaba sus rodillas.
Lo vio sujeto a una enorme cadena que lo enganchaba a un árbol. Seguro que algún cazador lo había dejado ahí, o incluso su dueño. Odiaba a la gente que maltrataba a los animales.
Hipócrita. La insultó una voz en su cabeza. Tú los devoras…
Se quedó inmóvil. Cierto, ella los devoraba… les hacia daño… les quitaba vida. Pero era mejor eso que matar a un humano.
El nuevo gimoteo la sacó de sus pensamientos y la obligó a prestar atención a su alrededor. Había hecho daño a un ciervo, pero ahora que tenía la oportunidad, no dejaría que ese pobre animal sufriera.
Se acercó decidida y le acarició el lomo. Retrocedió con terror.
El animal había girado su cabeza en un movimiento brusco y se había erguido sobre sus cuatro patas, mirándola con rabia. Sus colmillos se mostraban amenazantes y aterradores. Sus ojos anaranjados brillaban con furia descontrolada. Se quedó sin aliento. Erguido, casi le llegaba a la altura del pecho.
Su mirada se enfocó en una de las patas traseras, atraída por el olor de la sangre. El pobre animal estaba atrapado en lo que parecía ser una trampa para osos y encadenado a su vez al árbol por la misma pata. Alargó la mano para tratar de liberarlo pero se alejó rápidamente con miedo.
El chucho había intentado morderla. Juraría que podía haber arrancado su pálido y delgado brazo si se lo hubiese propuesto.
-¡C-cálmate! – Dio un pequeño gritito. - ¡S-solo voy a quitarte e-esa cosa!
El animal ladeó su cabeza. Le pareció que la miraba con desconfianza. Seguía mostrando sus colmillos, como avisándola de lo que le ocurriría si se acercaba más de la cuenta. Hinata volvió a acercar la mano y esta vez se quedó quieta. El animal la miraba gruñendo.
-Voy a i-intentar no hacerte daño. – Le explicó.
Con sus manos, agarró la cadena y tiró de ella con fuerza. Le costó romperla pero lo logró. Se movió lentamente, pasando la cadena por debajo del animal para deshacer el lío que lo rodeaba. Este seguía gruñendo y mostrando la hilera de puntiagudos dientes. Tenía el pelo del lomo erizado, mostrándose vigilante.
Hinata apartó la cadena cuando pudo y la arrinconó junto al árbol, justo bajo una de las raíces.
-A la de t-tres… - Explicó. – Abriré esto y sacas la p-pata.
Por un momento se sintió estúpida al hablar con un animal, pero lo cierto es que se sentía mas calmada. El hecho de pensar que el animal la entendía y cooperaba la relajaba un poco. Llevó sus dedos a la trampa y los metió por el hueco, junto a la extremidad herida del perro.
El gruñido sonó mucho más peligroso, como un fuerte ladrido cerca de su oreja.
-S-solo… - Lo miró a los ojos y sonrió nerviosa. – I-intenta no comerme c-cuando te libere…
El animal calló de repente y escondió sus colmillos. Hinata se acomodó en el suelo, subiendo el camisón sobre sus rodillas para poder sentarse mejor y tener más facilidad al abrir la trampa.
Uno… Sus dedos se aferraron al metal con fuerza, sin moverlo todavía, solo asegurándose de tenerlo bien agarrado. Dos… Se encorvó, flexionando sus brazos y preparada para abrir esa pequeña trampa dentada con forma de boca.
-¡Tres!
La abrió con fuerza y el animal sacó la pata trasera. Alejándose rápidamente y cojeando. La chica soltó la trampa con cuidado de no pillarse las manos y suspiró aliviada.
miró al enorme perro de color chocolate y le sonrió.
-¿V-ves como n-no te lastimé? – Apoyó sus manos en el suelo y le guiñó un ojo. – Arigato por no c-comerme.
-Lo que me extraña es que alguien como tu lo liberara.
Se giró asustada. Allí estaba la pequeña niña de ojos verdes que había visto a la salida del teatro. El animal cojeó hasta llegar a ella y golpeó su hocico contra el pequeño hombro. Ambos se miraron por un momento, serios, como si se transmitieran algo.
-Si Kiba… ya se lo que es… - La niña la miró, moviendo su cabeza y sacudiendo sus negros cabellos, haciendo que los rizos poco notables se moviesen con gracia. – Es una Mullo temeraria.
Hinata vió como el animal desaparecía entre los arbustos y captó sonidos extraños. La niña chasqueó la lengua, mirándola fijamente y con las cejas fruncidas.
-¿Q-que me has llamado… antes? – Preguntó la peliazul.
-Mullo. – repitió. – Es una palabra en caló. Significa "ya no vivo".
La Hyuga contuvo el aliento. Esa niña la miraba con cierto reproche pero sin temor. Se acercó a ella y levantó la pequeña y desgarrada falda. Se arrodilló frente a ella y le cogió la mano. Deslizó las tibias manos sobre su palma y siguió las arrugas de su mano.
-Tu madre fue asesinada. – Le recordó. – Tu padre mató a tu hermana… ¡Valla! – Exclamó con sorpresa. – Te niegas a alimentarte de personas… - La miró a los ojos. Esta vez, sus ojos verdes la miraban con cierto reconocimiento, con enfado. – Admirable de tu parte.
Volvió a centrar los ojos en la palma y se tensó. Su cara quedó cubierta por una pequeña mueca de desagrado y miedo. Le cogió los dedos y la obligó a cerrar su mano, negándose a mirar en ella nuevamente.
Se levantó con rapidez y la observó con tristeza. Le dio la espalda y caminó un par de pasos antes de mirarla por encima del hombro y regalarle una sonrisa nerviosa.
-¿Vienes?
Clavó los dientes en el cuello de la sirvienta. La agarraba fuertemente de la cintura mientras de introducía en ella de una embestida.
La mujer gritó. Mitad por el placer, mitad por el dolor.
El Uchiha sabia que estaba aplicando demasiada fuerza sobre ella y que posiblemente al dia siguiente, la joven tendría moretones por todo el cuerpo y posiblemente, alguna costilla roda.
Sorbió con fuerza mientras aceleraba sus embestidas. La sintió contraerse alrededor de su miembro, era la cuarta vez que lo hacia. Continuó el acelerado ritmo hasta llegar a su orgasmo y soltó el cuello de la mujer. Los colmillos alargados volvieron al tamaño pequeño, pasando desapercibidos con los demás dientes.
Se levantó del lecho y comenzó a subirse los pantalones. La mujer seguía a sus espaldas, jadeante y completamente agotada. Sentía su cuerpo demasiado entumecido como para moverse y sabía que al día siguiente sus huesos dolerían como si hubiese recibido millones de golpes, pero no le importaba. Volvería a entregarse a aquel hombre las veces que este se lo pidiese, solo por experimentar nuevamente el placer de sentirlo en su interior o notar como se alimentaba de su sangre.
-Sasuke-sama… - La mujer lo llamó. Este solo la miró de soslayo al tiempo que se arreglaba la camisa y abrochaba sus pantalones. - ¿Puedo hacer algo más por usted?
-…Ie.
Salió de la habitación de la criada. El pasillo estaba a oscuras y la noche hacia rato que había dado comienzo. Se sentía aun con la adrenalina a flor de piel. Había venido del bosque.
Después de recorrer la zona, vigilante por si aquella chica volvía a internarse en el territorio Uchiha, había encontrado un híbrido. Un hombre que podía transformarse en lobo. Había conseguido imponerse sobre él con dificultad y lo había encadenado a un árbol. Le había enganchado a una trampa para osos rociada de una droga que lo aturdiría lo suficiente como para que no pudiese liberarse solo ni moverse mientras esta estuviese anclada a su pata.
Se sentía orgulloso de su inteligencia. No por nada era un genio.
Entró a la pequeña cabaña. La niña la había guiado hasta llegar a un pequeño claro del bosque. En él, los tablones de madera estaban colocaros junto a los árboles, aprovechando uno de ellos y construyendo lo que parecía una casa en un árbol, pero en el suelo. A decir verdad, parecía que el árbol había crecido a partir de la casa.
La niña abrió la puerta, entrando como un pequeño torbellino lleno de vida. La chica la siguió unos pasos por detrás de ella y entró a la casa, parándose en la entrada, junto a un taburete y mirando el interior. Había telas colgadas por las paredes y varias alfombras sobre el suelo, para cubrir la hierba o la arena. Había una pequeña hoguera en el centro, en lo que parecía ser una chimenea improvisada.
-Lo siento. – La niña se disculpó de espadas. – Pue… - Se quedó rígida, con los ojos abiertos de la sorpresa. La miraba con incredulidad y luego trató de serenarse. - ¿Cómo has entrado sin ser invitada? – Su voz sonó dura y fría.
-Yo… ¿N-necesito que me inviten? –Hinata la miró con extrañeza.
-Hai. – La miró, estudiando cada movimiento. – Un Mullo no puede entrar a una vivienda sin ser invitado.
-¿Porqué? – Preguntó curiosa.
-… No lo se. – Respondió con sinceridad. – Pero si uno de los tuyos trata de entrar a una vivienda sin ser invitado, una barrera mística se lo impediría. Así ha ocurrido siempre.
-Ella es diferente.
Un chico corpulento entró en la habitación. Su pelo castaño estaba despeinado de una forma graciosa y sus ojos de olor chocolate la miraban con cautela. Tenía unas características extrañas en su rostro. Unas marcas en las mejillas le daban un aspecto canino demasiado extraño. Cojeaba levemente de la pierna derecha. Otra vez el olor nauseabundo llegó a la nariz de la Hyuga y la arrugó con molestia.
-No te preocupes. – Se sentó en un taburete y estiró la pierna de la que cojeaba, acomodándola. – A mi me pasa lo mismo contigo.
-¿De que…?
-Arigato por ayudarme en el bosque. – La interrumpió.
-Yo no…
-Hai. - La niña la interrumpió nuevamente. – Él es Kiba.
Recordó como la niña había llamado al canino y se acordó de la herida de este en una de las patas. Lo relacionó con el curioso cojeo que este tenia y abrió la boca con asombro. ¿Podía un hombre transformarse en un perro?
-¿Por qué vas en camisón? – Le preguntó el castaño.
-Yo… - Por primera vez en la noche, recordó su vestimenta y se sonrijó fuertemente. – N-no podía dormir…
La niña levantó una ceja y se giró. Acercó una pequeña cacerola a ella y sirvió un poco de té en tres tazas viejas. La porcelana estaba rayada y faltaban algunos trozos pequeños en la parte superior.
-Se que eres una noble porque te vi saliendo del teatro. – Le recordó. – Lamento no poder ofrecerte algo más decente.
-No hay problema… - Murmuró.
-¿Cómo te llamas? – La niña le señaló un taburete cerca del fuego y le entregó su taza de té. La peliazul se sentó y llevó el líquido a sus labios.
-Hinata. ¿Y tú?
-Elora. – La ojiblanca se quedó pensativa. Ese nombre le resultaba tan familiar… y a la vez estaba segura de no haberlo escuchado nunca.
-¿Me enseñas los colmillos?
Hinata estuvo a punto de escupir el té. La pelinegra había hablado con tanta naturalidad y con tanto desparpajo que la habían sorprendido. Hasta el chico que había junto a ella había reaccionado del mismo modo.
-¡Elora! – La reprendió.
-¡Cállate! – Le contestó esta. - ¡Desapareces durante días y ahora pretendes actuar como mi planó(3)!
-Desaparezco un par de días y te dan delirios de grandeza. – Gruñó.
-Cállate felpudo. – Volvió la mirada hacia la invitada y sonrió. - ¿Me los enseñas?
La chica se sintió cohibida. Abrió la boca lo suficiente como para mostrar sus dientes y dejó expuestos sus colmillos. Elora sonrió satisfecha y sus verdes ojos brillaron. Levantó una de sus manos y palpó el diente con cuidado de no pincharse. Rozó la punta con una de sus pequeñas yemas y dejó escapar un suspiro asombrada.
-¿Porqué la has traído aquí? – Kiba llamó la atención de su hermana. Verla tocando aquel pequeño colmillo solo conseguía ponerlo más que nervioso. La niña retiró la mano con cuidado y clavó su mirada en la mesa.
-Yo… vi algo…
La ojiverde se levantó con rapidez y dio un par de saltos, llegando a un pequeño baúl que había en uno de los rincones. Sacó un pequeño cofre y lo llevó a la mesa. De él sacó unas cartas, unos pequeños huesos de animales y unas cuentas de madera con unos extraños símbolos grabados.
-¿Tienes algo que puedas darme? – Le preguntó a la Hyuga.
La chica miró sus manos vacías y trató de encontrar algo que darle a la niña. No llevaba ninguna moneda encima ni ningún objeto. Palpó la pequeña cadena de plata que colgaba de su cuello y le alargaba hasta esconder la pequeña cuchilla entre sus pechos. Aquella que ella y su hermana había llevado durante tanto tiempo como un acto rebelde.
Se la quitó y se la dio a la niña, avisándole de que tratara de no cortarse con la afilada hoja.
Elora la tomó con una mano mientras dejaba de barajar las cartas. Las puso sobre la mesa y tomó la cadena. Hizo una pequeña cruz en la baraja y luego una sobre la mano izquierda de la ojiblanca. Le devolvió la cadena y con lentitud, levantó la primera carta.
En ella, la imagen de un ángel tocando una trompeta y gente extendiendo sus brazos. La colocó en un extremo de la mesa.
-Va a haber un juicio en el que tú serás imprescindible… - Le informó. – Parece importante y decisivo. – La segunda era la imagen de una mujer sentada en un pequeño trono. La dejó bajo la primera, un poco alejada. – Necesitaras paciencia y dominarte a ti misma. Tomar las decisiones con tranquilidad y no por los impulsos. – Levantó la tercera, estaba del revés. Un hombre junto a una mesa levantando una copa dorada. La dejó a la izquierda, formando lo que parecía una cruz con las cartas. – Veo a una persona inteligente y embustera… querrá hacerte daño. – La cuarta la levantó con impaciencia. También estaba invertida. Era la imagen de un anciano que se contenía en un bastón y portaba lo que parecía una lámpara de aceite. – Hay enemigos ocultos y dolor. Venganza y engaños… - La quinta carta no estaba invertida. Había dibujado un hombre, parecido a un juglar que llevaba una extraña trompeta y una flor en una mano. La dejó en el centro de la cruz y suspiró con pesadez. – Habrá un pequeño desequilibrio por decisiones mal tomadas. – La mano le tembló en la sexta carta. La miró y su expresión se tensó. La dejó caer sobre la mesa y jadeó. La imagen de una calavera sobre un caballo invertida. – La muerte…
Hinata se incomodó al escuchar aquello. Kiba la miraba de reojo mientras observaba como su hermana se esforzaba por ver lo que antes había visto. La notaba perturbada. La ojiverde recogió las cartas con rapidez y las guardó. Cogió los pequeños huesos con ambas manos y los llevó a sus labios. Murmuró algo que no fue capaz de entender y los dejó caer sobre la mesa.
Cada uno había caído en una dirección y volvió a mirarlos horrorizada. Los apartó de un manotazo y cogió las cuentas de madera. Hizo lo mismo, repitiendo las mismas palabras en Romaní y los dejó caer. Extrañamente, habían caído en la misma posición que los huesos de animales.
Una lágrima calló de los brillantes ojos esmeraldas y miró a Hinata con dolor. Se sentía triste por ella.
-… Vas a morir.
-Y-ya estoy muerta. – Murmuró con tristeza, recordando su condición.
-No. No me refiero a tu estado. – negó con la cabeza. – Me refiero a que vas a dejar de existir. Las cartas, los huesos… todo dice lo mismo de ti.
-No… entiendo.
-No eres un vampiro completo. – Kiba apuró su té. – Tienes una extraña esencia que contiene algo de humanidad.
-Pero… bebo sangre. – Hinata cada vez estaba más perturbada.
-Escuchad. – La niña le tomó las manos en un fuerte apretón. La notaba desesperada. – Escuchad muy bien lo que voy a deciros. – Por primera vez, la pelinegra la trataba con respeto. – Va a haber un juicio, una discusión en la que vos seréis un punto clave. Tomareis una mala decisión y os conducirá a vuestro fin. – Una lágrima calló por su mejilla, siguiendo el camino que había marcado la anterior. – Habrá gente que querrá haceros daño, enemigos que lo lograran y os causaran penas y dolor. ¡Enemigos que intentaran mataros y lo conseguirán! ¡Destruirán vuestra esencia humana! – Elora ya no podía contener las lágrimas. – Debéis marcharos… abandonar este lugar e iros lo más lejos que podáis.
Hinata vio como la niña comenzaba a temblar. Su pequeño cuerpo daba espasmos dolorosos y poco normales. Kiba agarró su brazo, haciendo que se levantara y sacándola de la casa a la fuerza, conteniendo a la pequeña que trataba de aferrarse a la ojiblanca.
-Marchaos, onegai. – Le pidió. – Si os quedáis no podré tranquilizarla.
La puerta se cerró en sus narices y por primera vez se sintió realmente perturbada por todo aquello. La niña que había sido tan dulce y osada, había caído en lo que parecía una fuerte depresión.
Hinata se sintió más desplazada que nunca. Todo lo que ella quería era una vida normal, una vida con gente que estuviese con ella y que la apreciase, sentirse necesaria… pero parecía que por mucho que se esforzase no lo conseguía.
Dio un suspiro y giró sobre sus pies descalzos. Se dio cuenta de que el sol casi salía y que el amanecer estaba próximo. Se volvió a internar en el bosque para regresar a la casa cuanto antes. Si alguien había notado su ausencia, estaría en problemas.
Kiba agarró a su hermana con fuerza, abrazándola para que dejase de temblar. Elora lloraba desconsoladamente en su pecho. Gritaba y se movía con ímpetu, agarrando la camisa del chico y dando tirones de ella, consiguiendo desgarrarla por el cuello.
-Has hecho lo que has podido. – Trató de consolarla. La menor emitió un gemido doloroso. – Tu interpretas, no intervienes.
-No lo entiendes… - Gimoteó. – No entiendes nada… tu no has visto lo que yo he visto…
-¿Y que has visto? – La niña dejó de temblar tan bruscamente. Y las lágrimas descendieron con mayor rapidez por su rostro, en lágrimas silenciosas.
La puerta se abrió y entró una mujer de cabellos negros y ojos grises apareció en la entrada. Llevaba una falda algo corta que dejaba ver las medias hasta un poco más arriba de sus tobillos. Llevaba un corsé apretado, marcando su delicada figura y una mantilla fina, con los bordados de varias rosas de colores. Su cabello negro estaba recogido en un moño, tratando de domar los rizos de su cabello y una rosa adornaba una de sus orejas.
La niña se separó de su hermano y corrió a abrazar las faldas de su madre. Notó el perfume de los bares y el de varios hombres, pero no le importó. En aquel momento, solo quería refugiarse.
-¿Qué le hiciste a tu hermana? – Sus ojos calidos se ensombrecieron con enfado al ver el estado de su hija de diez años y miró al castaño.
-Yo no hice nada. Esta timujañí(4) se alteró al echarle las cartas a una chica.
Omitió el detalle de que una Mullo había estado en la casa, de lo contrario, su madre se escandalizaría de tal manera que encerraria a la menos y posiblemente lo golpearía a él. Después de eso, la casa apestaría a hojas de sauce quemado para mitigar la presencia y expulsarla del lugar para que no pudiese volver a entrar en la casa.
La mujer cogió a la pequeña en brazos y la acunó, llevándola a uno de los montones de paja que había en el suelo y dejándose caer sobre él, acomodando a su hija sobre su pecho. Le acarició la cabeza para tranquilizarla y le besó los cabellos.
-… Hana. – La llamó por su nombre. La mujer le acarició el rostro y la miró con atención. Cuando la pelinegra la llamaba por su nombre de pila, es que algo malo sucedía. – He visto el futuro de una Erasñí. – Gimoteó.
-¿Ocurrió algo malo? – Su voz era dulce, casi tanto como la de Hinata. Una lágrima calló al recordarla.
-Ella… era muy guapa. Era una Erasñí noble, joven y hermosa… - Suspiró. – Pero va a sufrir mucho… y la van a matar.
Hana apretó a su hija contra su pecho, mitigando el miedo que esta pudiese sentir. Recordaba cuando ella era pequeña y había echado las cartas por primera vez. La mujer a la que le había visto el futuro era cruel mente engañada por su marido y casi la abofeteó cuando se lo dijo.
-Todas vemos algo desagradable de vez en cuando. – Trató de normalizar la situación. – No siempre es así… pero algunas veces ocurre.
-Yo… quiero ayudarla. – la miró con sus ojitos verdes cubiertos de lagrimas.
-La persona que puede ver el futuro no debe intervenir en él. – Le recordó.
-… Pero quiero hacerlo… ¿Tu nunca has querido?
La pelinegra cerró los ojos. Una vez había cambiado el futuro de una persona, de su hermana. Y Elora había acabado muerta a manos de un ya no vivo. Recordaba como la había encontrado tirada en el suelo y rodeada de un enorme charco de sangre.
-Una vez lo hice. – Confesó. – La mujer murió asesinada.
-… Pero ella morirá de todas formas si no la ayudo. – Los dedos de Elora jugueteaban con los hilos de la mantilla de la mujer.
-… Supongo que no hay nada que perder. – Le besó la frente y acarició sus cabellos. – Duerme un poco, más tarde te ayudaré a pensar algo.
La niña la abrazó con fuerza, agradeciéndole el gesto. Sin embargo, no había contado todo cuanto había visto. Siempre omitía ese pequeño detalle a su madre.
Tenía la habilidad de ver todo el pasado cuando miraba las líneas de la mano, junto al futuro. Muchos decían que los ojos eran el espejo del alma, pero mentían como bellacos. Las manos eran las que lo rebelaba todo.
Había visto como Hinata veía a su hermana morir, asesinada por su padre. Como había estado huyendo de su verdadera familia y como había subsistido durante ese tiempo, jugando con niños Romanís y algún que otro niño de color.
Pero lo que más la había perturbado era haber visto el rostro de esa mujer que tantas veces había visto en las manos de su madre.
Una mujer de cabellos negros y rizados como los de Hana. Ojos grises y dulces, piel pálida y labios gruesos. La hermana de Hana, y por lo que parecía, la madre de Hinata.
Aquello era lo peor. Su prima-hermana era una condenada, una chica a la que habían convertido en un Mullo a la fuerza y a la que ahora iban a arrebatarle la poca humanidad que le quedaba.
NA: ¡Hola! Antes de nada, quiero decir algo que había prometido. Esta conti está dedicada a Luchi-chan por ser su cumpleaños. ¡FELICIDADES!
Gracias por los reviews y por leer, la verdad, no pensé continuar este fic, pero al final lo hice xD
Espero que la conti les halla gustado y espero que dejen algún review, es una buena forma de animarme a que continúe la historia xD
Una pequeña aclaración para las palabras que posiblemente no hallan entendido:
(1)Erasñó: En caló significa Señor.
(2)Erasñí: En caló significa Señora.
(3)Planó: En caló significa Hermano.
(4)Timujañí: En caló significa Bruja.
¡A partir de la próxima conti, Sasuke y Hinata se verán las caras! Kukukuku
Les dejo un pequeño adelanto de alguna escena, simplemente porque soy así de malvada.
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-¡Te diriges al terreno del enemigo! – Hiashi la miró con furia. No quería permitir que su hija se marchara siguiendo a aquellos Uchihas que posiblemente la matarían, cortando su cabeza a la menor oportunidad.
-Tu enemigo... no el mío. – Por primera vez, habló con decisión. Mostrando la determinación y el coraje en cada palabra.
-Que poco conoces a los Uchihas...
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-Bebe... – Le ordenó.
-¿Sabéis? – Le mostró una sonrisa fingida, como las que él le dedicaba cuando aparentaba ser amable y era todo lo contrario. – He conocido a muchos hombres como vos.
-Hmp… imposible – Sonrió con arrogancia.
-Os creéis muy diferente a los demás que son como usted, pero solo sabéis como infringir dolor...
-¿Y tú odias a esas personas? – Preguntó divertido.
-... Me dan lastima.
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Hiinata-Kauliitz: Hola! Primero que nada, gracias por el primer review de este fic ^^.
Me halaga que te guste la historia, a mi también me gustan los vampiros y por eso traté de hacer este fic, aunque de momento lo continuaré.
Espero que esta conti también te guste =)
Angel_nary: Espero no haber tardado mucho en la conti, aunque creo que si ^^' gracias por leer y espero que esta también te guste. Lamento que no te queden uñas que morder y espero que no te las muerdas esta vez xD
Shaapitha: Bueno, ya traje la conti. La verdad, no me gusta como quedó, pero es la mejor que escribí (borré tres antes de subir esta xD) Espero que te guste ^^
Hyuuga: Bueno, de momento no la borraré, aunque no lo descarto en un futuro. Últimamente me parece que todo lo que escribo es pura porquería -.-'. Espero que esta conti sea de tu agrado ^^
sauhina-love-4e: Gracias, aunque a mi parecer escribo pésimo. De momento no lo borraré, pero no lo descarto en un futuro próximo o lejano xD. Espero que la conti te guste n.n
Citlali: Bueno, espero que esta conti haya aclarado la pregunta de los colmillos de Hinata. Si, Sasuke lo pasó muy mal, imagina esa imagen en la cabeza de un niño de unos seis o siete años T-T. Espero que te guste y gracias por leer ^^
Sayuri Koitsumi: Bueno, la prueba de que Hinata cruzó la tiene Sasuke, de momento no se sabe lo que es, pero pronto se sabrá xD
Sep, Hinata tendrá la vida mucho más que complicada -.-'. Espero que te guste la conti n.n
flordezereso: Bueno, Lo de Hanabi y Umi fue una confusión. La hermana mayor iba a ser Hanabi, pero luego recapacité y cambié el personaje. Por error me dejé algún nombre sin cambiar, eso fue todo. GOMEN! T-T
Respecto a lo de Dos almas perdidas… lamentándolo mucho y de todo corazón, pienso eliminarlo. No me convence demasiado y ya lo veo un fic sin mucho sentido. Gomen nueva mente u.U'
Luchi-chan: ¡Felicidades! Como ves, lo prometido es deuda ^^. Espero que la continuación te guste, aunque lamento no poder regalarte nada más -.-'.
Que pases un feliz día y que te regalen muchas cosas =), y no te preocupes, crecer es una porquería, pero piensa que siempre hay alguien que tiene más años que tu xD, no ayuda mucho, pero sirve de algo, aunque sea un poquito ^^'. ¡Cuídate n.n!
La próxima conti trataré de subirla antes para no torturarte, que luego me llamas mala persona xD
Hyuuga: Bueno, ya estoy en proceso de actualizar todos los fics que no he subido contis. Me tardaré un poquito pero lo lograré. Me halagas con lo que dijiste y lamento haber tardado tanto en subir el capi ^^'
love-isaq: Gracias. Espero que esta conti te guste. Se que no tengo excusa por haber tardado tanto pero aun así, intentaré decir que no fue culpa mía T-T
Betsy: Bueno, aquí subí la conti. Espero que sea de tu agrado ^^
chiiiachan: Bueno, al final subí la conti, aunque no descarto borrar el fic mas adelante u.U
Espero que te guste y que me disculpes por haber tardado tanto. En verdad, las clases quitan mucho tiempo ¬¬'
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