Just A Coincidence


Notas de la Autora: Bueno veo que ha tenido una buena acogida por el público friki XD... Igualmente siento haber tardado tanto v.v... Pero por fin ha llegado la inspiración divina! Sobre todo agradecer a mi bichito Noe que esté ahí y que me obligue a continuarlo a la fuerza... Sin ti no hubiera abierto los ojos... Gracias Nyu... Te chero TT-TT...

Gracias también a Mai Valentine2, a YUNY-CHAN, a Omega y Marina Corp, a Azka-Yuki-Kikyou y a becky por leer y dar su opinión ^^... Me alegro que os haya gustado ;) En el caso de que encontréis algún error o se encienda la bombillita y queráis colaborar con sugerencias o críticas (Constructivas a poder ser XD) No tenéis más que dejar un review y lo tendré en cuenta ;)


CAPÍTULO II: EL LOBO QUE MORDÍA CON MÁS FUERZA.


Dios. No tenéis ni idea de cuánto odio a los despertadores... Y aquella mañana como tantísimas otras me despertó aquella maldita alarma estridente y molesta.

Me revolví en la cama y finalmente saqué la mano de debajo de la sábana, que estaba hecha un revoltijo alrededor de mi cuerpo. Cada mañana me encontraba con las sábanas ahorcándome o amordazándome. Nunca puedo recordar lo que sueño con mucha claridad... pero es muy normal que dé vueltas y más vueltas en la cama hasta terminar rebozado en el edredón.

El caso es que conseguí finalmente sacar la mano y agarré el estúpido aparato que tiré con todas mis fuerzas al otro lado de la habitación, cómo no... Olvidaba que al otro lado de la habitación estaba mi queridísimo compañero... Squall Leonhart.

- ¡Ay! ¡Joder, Seifer! ¿¡No puedes apagarlo como la gente normal!? - exclamó molesto.

- ¿¡Y por qué demonios tengo que encargarme yo del despertador!? - Dije yo con voz ronca.

- Pues porque yo lo apagué cada día de la semana pasada... Esta semana te toca a ti...

Una vez que el niñatillo se levantó y me dejó tranquilo volví a cerrar los ojos intentando dormirme de nuevo. Pero era algo imposible... Ya me había desvelado. Así que simplemente me quedé metido en la cama con los ojos cerrados.

Oí que Squall se metía en el baño y un buen rato después salía tras tirar de la cadena, olía a aftershave y a colonia... El típico tío que no puede pasar un sólo día sin afeitarse y ponerse guapo.

Yo seguía allí tirado haciéndome el dormido, deseando que se olvidase de mí para poder así permanecer algo más de tiempo sin tener que hacer nada. Pero no fue así, el niñato y su sentido de la responsabilidad se acercaron a mi cama y con una patada me tiraron de ella.

- ¿¡Qué coño te pasa, tío!? - le pregunté de mal humor.

- Si no te levantas y te arreglas llegarás tarde a clase... - contestó con toda la tranquilidad del mundo - Hoy tenemos el examen final los de primer grado...

No contesté nada más, me metí en el baño y me lavé los dientes como cada mañana. Debería haberme afeitado y peinado pero no tenía ganas, así que me mojé la cara y el pelo y tras pasarme una toalla seca por la cara me sacudí la cabeza para que el pelo se quedase alborotado y no hacia abajo como acostumbraba a estar al despertar.

Me vestí sin mucho esmero y salí afuera aún medio dormido. Pasé junto a la cafetería y en ella vi a todo el mundo desayunando, en una de las mesas estaba Quistis con sus dos amiguitas... La princesita de Squall y el otro remolino... Entonces vi a Squall acercarse a ellas con su bandeja en la mano y decidí que esa era la excusa perfecta para acercarme a darle los buenos días a mi queridísima compañera de clase.

Me acerqué a Squall e hice como que estornudaba sobre su hombro, como consecuencia su uniforme recién planchadito quedó semicubierto de babas y el chico hizo un extraño movimiento, algo sobresaltado. De esto resultó que la bandeja que sostenía se precipitó sobre la mesa de las chicas impactando sobre la mesa... Y sobre Quistis...

Ella me miró fijamente, con el pelo cubierto de algo marrón, líquido y algo espeso, que resbalaba por su cabeza... Creo que era chocolate caliente... El desayuno que Squall acababa de comprar.

Se levantó de un salto y salió caminando muy decidida y enfadada hacia la puerta de la cafetería, entonces tanto Squall como las otras dos me miraron con el ceño fruncido.

- ¿Qué? - pregunté con la cara más inocente que pude poner.

- ¡Eres un imbécil! ¡Mira como la has dejado! - contestó Selphie amablemente...

- ¿No tienes nada mejor que hacer que boicotear todo lo que tiene que ver con Quistis? - Ahora era el turno de Rinoa para gritarme - Te pasas el día metiéndote con ella y haciéndole la vida imposible

- ¡¿Pero qué decís?! Si ha sido sin querer... Igual que el otro día... - intenté explicar.

- Eso díselo a ella... - me cortó Squall - Me da que le debes una disculpita... Y a mí un desayuno... Te lo apunto ¿Eh?

Esos tres... No me hubiesen dejado en paz si no hubiese salido tras ella, así que fui a su habitación a ver si podía conseguir que se olvidase de lo del otro día y convencerla de que fue todo un accidente, y lo mismo de lo de aquella mañana con el chocolate. Pero como no... Su puerta estaba cerrada a cal y canto.

Esperé unos quince minutos y después salió de allí con el pelo algo mojado y una camisa limpia. Nada más abrir la puerta me miró con los ojos más fríos que le había visto jamás y pasó frente a mí sin decir una sola palabra. Al pasar sentí el olor de su pelo, olía a algo extraño, a algún tipo de flor que no podía reconocer. Era un olor dulce pero sin llegar a empalagoso, suave y agradable.

Sacudí la cabeza intentando sacarme aquellos pensamientos estúpidos del cogote y comencé a seguirla.

- Quisty... - comencé con tono lastimero, pero no contestó nada. - Venga, mujer, no te enfades... - insistí yo.

Entonces comenzó a caminar cada vez más rápido y me quedé algo atrás, tuve que aligerar yo también el paso para no perderla y mantenerme a su ritmo. Por suerte, por muy largas que fuesen sus piernas las mías resistían más y no me costó seguirla hasta que paró frente al ascensor.

Pulsó el botón de llamada y se giró hacia mí.

- Quisty...

Entonces el ascensor llegó completamente vacío y ella se quedó pensativa frente a las puertas abiertas. Después se giró y comenzó a caminar hacia las escaleras.

- ¿No subes en ascensor? - pregunté algo intrigado.

- Si vas a subir conmigo no... Cualquier cosa menos correr el riesgo de quedarme encerrada ahí contigo...

Era una frase con bastante lógica y que me esperaba de alguien como ella. Sin embargo no me di por vencido y continué persiguiéndola. Finalmente llegamos a clase y la instructora Crane ya estaba allí de pie, junto con la doctora Kadowaki.

- Vaya, llegáis algo tarde chicos... - dijo la instructora nada más vernos - Los grupos ya están hechos así que no podréis elegir los compañeros... Lo siento.

Yo en principio no presté mucha atención a lo que había dicho pero a Quistis parecía que se le acababa de caer el cielo encima, se quedó helada y con la boca abierta mirando a la instructora.

- ¿Cómo que no podemos elegir a nuestro grupo? - preguntó Quistis preocupada - ¿Entonces con quién vamos?

- Con la doctora, que será vuestra guía, - contestó la instructora - pero no os ayudará así que no os esforcéis en pedirle nada.

- Ah... vale... - no iba a ser yo quien le pusiera pegas en eso.

- ¿Nuestra guía? ¿Mía y de quién más? - preguntó Quistis casi asustada.

- Usted y el señor Almasy iréis junto con la doctora en el examen final – contestó la instructora casi sin mirarla - id al parking, allí hay un autobús que nos llevará a la estación de Balamb...

Yo me giré y sin pensar mucho en ello comencé a caminar el primero hacia el garaje. Mientras podía oír a Quistis de fondo, que no paraba de gritar y discutir para que le cambiasen de equipo.


Al cabo de una hora estábamos dentro del tren con destino a Winhill. Por lo visto había habido una revuelta en la Prisión del Desierto y habían evacuado a los heridos a la ciudad más cercana. Los inútiles de Galbadia estaban demasiado ocupados tratando con dos o tres choricillos de poca monta y en la pequeña ciudad no daban abasto con todos los soldados malheridos que llegaban. Allí entrábamos nosotros en juego.

El examen práctico de primer grado se centraba en primeros auxilios y magia de curación. Debíamos dividirnos en grupos y encargarnos de ayudar a los médicos, cada cual tendría un jefe de equipo que haría un informe en el que constarían los pacientes tratados y el remedio aplicado a cada cual, así después serían evaluados según eso y según lo que los Instructores que nos acompañasen juzgasen de nuestras actuaciones.

Por suerte en nuestro grupo, en el que faltaba una persona al ser sólo Quistis y yo, tendríamos como jefe de equipo a la doctora Kadowaki, que nos haría de supervisora. Mejor... Así no tendría que escribir ningún estúpido informe...

El caso es que ahora mismo me encontraba en el tren, sentado frente a Quistis. No podía oír lo que decía porque tenía puestos unos auriculares y la música algo alta, pero veía que no paraba de mover los labios. Seguramente seguía culpándome por estar en el mismo grupo que ella. Ya me había dicho que si no se hubiese tenido que cambiar no hubiese llegado tarde y que podría haber elegido un mejor grupo para el examen. Y que nada de esto hubiese ocurrido si no le hubiese tirado aquella taza de chocolate por encima.

Yo ya había intentado disculparme pero era imposible... Estaba demasiado ocupada compadeciéndose y culpándome como para hacerme caso...

Así que cerré los ojos e intenté recuperar el sueño que me había robado la alarma del despertador aquella misma mañana.

Y mientras dormía recuerdo que soñé, no sé exactamente con qué. Recuerdo las risas de unos niños y una extraña sensación, la sensación del agua fresca en un caluroso día de verano. Estar en el agua y sentir que aquel frescor me rodeaba. En el sueño vi algo, una silueta, como una sirena nadando bajo el agua.

No sé si era o no una sirena, pero aquel ser se movía con una agilidad increíble bajo el agua y no salía para coger aire. Tenía el pelo corto, del color del oro. Y de su cara sólo podía distinguir el brillo azul de sus ojos.

Mientras soñaba, mientras me sumergía en aquella maravillosa fantasía, una mano se posó sobre mi hombro despertándome. Abrí los ojos y vi a uno de los instructores que nos acompañaban.

- Despierte Almasy... Llegaremos en 5 minutos... Y despierte también a su compañera.

Me desperecé como un gato y después miré al frente. Quistis se había quedado dormida también. Tenía el hombro contra la ventanilla y su cabeza descansaba con la barbilla apoyada en su hombro izquierdo y la frente contra el cristal.

Me acerqué dispuesto a despertarla pero no lo hice. Me pasó como en la biblioteca. Su cara, parecía tan tranquila así dormida. No la Quistis que siempre era fría y estaba estresada. Estaba tranquila y en calma, casi me daba pena despertarla.

De no haber sido por las circunstancias habría esperado como en la biblioteca, sólo para ver cómo era su mirada al despertar. Claro que cuando descubrí aquella mirada en la biblioteca no me la esperaba. Ella simplemente abrió los ojos y me sonrió. Fue algo inusual y casi me asustó, recuerdo que me quedé sin palabras cuando vi aquella sonrisa, era cálida y leve, pero fuerte al mismo tiempo. Una sonrisa de estas que se te quedan metidas en la cabeza y que difícilmente salen.

Sin embargo la desperté, y me miró de nuevo con unos ojos cansados y asqueados. Por lo visto la chica no tenía un buen despertar cuando la arrancaban de sus sueños.

- ¿Ya hemos llegado? - preguntó mientras se rascaba los ojos

- Levanta... - fue mi única contestación.

De nuevo me miró sin decir nada más y me siguió. En pocos minutos estábamos haciendo cola para salir del tren, junto con el resto de personas que había allí dentro. Todos estaban ansiosos por pisar las baldosas de la estación y empezaron a amontonarse y a empujarse los unos a los otros en el estrecho pasillo.

Desde luego que lo último que quería era que mi mano terminase ahí, pero sin querer rocé el trasero de Quistis. Ella se giró sobresaltada y yo retiré la mano en cuanto me di cuenta de dónde estaba. Ella colocó una de sus manos sobre mi pecho intentando empujarme en señal de desprecio, pero yo la agarré por la muñeca.

- Eh, tranquila... Que ha sido sin querer... - dije.

Y cuando me di cuenta su mano temblaba bajo la mía, me miraba enfadada, como siempre, pero había algo de miedo en sus ojos. ¿Miedo a ser tocada?

Entonces algunos de los que se encontraban más atrás comenzaron a impacientarse cada vez más y empujaron haciendo que estuviésemos los de más alante pegados unos contra otros, para entonces no era capaz de ver la cara de Quistis pero sentía que seguía temblando contra mi pecho.

- Quisty...

No contestó. Se agarró muy fuerte a mi camisa apretando la cara contra ella, como si no quisiese que le viera. Entonces comencé a asustarme y los imbéciles que no paraban de empujar empezaron a tocarme las narices, así que empujé yo hacia atrás y de un codazo le rompí la nariz al estúpido que había detrás de mí.

- ¡Parad de empujar, gilipollas! ¡No saldremos antes por mucho que lo hagáis! - grité furioso.

Entonces aquella manada de borregos se calmó un poco y se separaron de nosotros. Quistis se separó también de mí, pero se giró, oía que respiraba raro y pensé que quizás estaba llorando, pero no pude verlo, y tampoco era plan de ponerme a preguntar ni nada. Así que simplemente la dejé tranquila y seguimos haciendo cola hasta que salimos todos de allí.


No hay palabra más apropiada para aquel examen que "aburrido"... Desde que llegamos no hicimos más que tratar a heridos, heridos que por cierto no estaban muy heridos... El más grave que nos llegó fue un soldado de unos 30 años al que le habían cortado una pierna. También es cierto que yo no hice mucho... Me dediqué a hacer de chico de los recados llevando y trayendo todo aquello que Quistis y la doctora me pedían.

Bueno, también me pidieron que limpiase un par de heridas... Pero por lo general el resto lo hicieron ellas dos. Lo único fuera de lo normal fue una pequeña discusión que apareció cuando intenté ayudar a mi compañera en uno de los casos... Y me mandó a freír espárragos... Literalmente. Aunque supongo que decirle que no sabía lo que estaba haciendo y más concretamente "Aparta que estorbas... Déjame a mí..." no fue la manera más cordial de intentar colaborar... Pero igualmente sacarme de la tienda casi a patadas tampoco fue la mejor de las respuestas.

El caso es que después de unas horas de arriba para abajo dieron el examen por terminado y los jefes de equipo se dedicaron a escribir sus tonterías para que nos evaluasen. Para entonces yo estaba sentado en el suelo, sobre la hierba que rodeaba el pequeño pueblo. Desde donde estaba podía ver perfectamente el pequeño campamento que habían improvisado para tratar a los accidentados. Todos los alumnos se paseaban para arriba y para abajo. Algunos impacientes por saber sus notas, otros algo mareados por las vivencias de aquella mañana, otros simplemente estaban allí, aburridos... Como yo...

Después vi a Quistis sentada junto a una de las tiendas. Parecía bastante cansada y pensé que no estaría de más acercarme a darle algo de ánimos. Entonces fue cuando de camino sus queridísimas amigas aparecieron de la nada y me jodieron el plan, se sentaron a su lado y yo las miré de lejos. Las oía cuchicheando aunque no distinguía lo que decían.

Sin embargo podía hacerme una idea por los gestos y sus expresiones: Selphie no paraba de hablar con cara de asco, seguramente describiendo lo asqueroso de tener que poner una venda sobre un trozo de carne al descubierto; Rinoa estaba casi igual pero a veces miraba hacia arriba con una sonrisita idiota en los labios y una mirada estúpida y soñadora... Seguramente hablaba de su principito Squall, así que debían discutir sobre sus compañeros de equipo.

Fue entonces cuando dijeron algo a Quistis y ésta contestó. Un par de palabras y las tres cabecitas se dirigieron hacia mí. En un momento volvieron las miradas como intentando disimular y empezaron a hablar aún más bajo que antes, con la cabeza agachada, intentando reprimir las risitas.

Me levanté en el mismo momento en que dejaron de cortarse y comenzaron a reír a carcajadas. Empecé a caminar hacia ellas y miré directamente a Quistis, quien reía también pero mucho más bajo y según parecía sólo por cumplir. O tal vez lo imaginaba, al fin y al cabo ¿Quién soy yo para que tenga que molestarle que sus amigas se burlen de mí?

En cuanto vieron que me acercaba dejaron de reír y se me quedaron mirando muy serias, casi diría que con miedo. Pero yo pasé de largo sin decir nada y me encaminé hacia las tiendas de los instructores para saber mi nota lo antes posible y poder irme de allí. No iba a decirles nada, estaba acostumbrado a que hablasen de mí a mis espaldas... No iba a empezar a molestarme a estas alturas ser la oveja negra.

Yo era la oveja negra y el resto del mundo era el lobo que se cebaba en mí. Sin embargo no me importaba. Aunque... No es que no me importase... Sólo negaba que me destrozaba por dentro que las cosas fueran así... Y el lobo que mordía con más fuerza era Quistis Trepe...

Pero no tendría que soportarlo mucho más. Por suerte faltaba poco para que comenzasen las vacaciones y podría volver a viajar con Viento y Trueno como hacía cada año... Sólo cuatro días... 96 horas... 5.760 minutos... 345.600 segundos...


Bueno hasta aquí llegó el segundo capítulo ^^... No hay mucho que comentar de éste excepto que como habréis visto el punto de vista cambia de ser desde la visión de Quistis a ser Seifer quién narra la historia... Esto seguirá pasando alternándose ambos protagonistas en un capítulo cada uno.