II
Jean Valjean despertó de repente, no recordaba en qué momento se había quedado dormido; recordaba haber estado despierto hasta unas horas pasadas el amanecer cuidando a Javert... ¡Javert! ¿Estaría mejor? Lo primero que hizo después de bostezar fue acercarse a su cama donde el inspector continuaba inconsciente para revisar como se encontraba.
Javert seguía sin mostrar algún cambio lo que no dejaba de preocupar a Valjean.
El padre de Cosette retiró el paño ahora seco de la frente del inspector para tomar su temperatura, su piel se sentía más tibia, al menos poco a poco su cuerpo dejaba de estar helado. Con sumo cuidado Jean Valjean retiró los demás paños colocados por el resto del cuerpo de Javert las compresas de agua caliente ya no eran necesarias.
…
Cosette se había despertado temprano esa mañana, solo arreglarse salió de su habitación para ver cómo se encontraba su padre y el pobre del inspector Javert, la joven tocó unas cuantas veces la puerta pero al no obtener respuesta abrió ligeramente.
¿Padre?- había llamado la dulce señorita.
Jean Valjean se había quedado profundamente dormido en su viejo sillón, era el lugar más incómodo para poder dormir pero su padre no se habría retirado del lado del inspector Javert por nada del mundo, ella lo sabía, era lo mismo que su padre había hecho tantas veces cuando ella era pequeña y tenía un leve resfriado, no se retiraba del lado de su cama hasta que despertaba y podía ponerse a jugar con su amada muñeca Catalina de nuevo.
Cosette sonrió para sí, su padre era el hombre más bueno que conocía.
El inspector Javert continuaba sin despertar, pobre hombre, gracias al cielo su padre lo había encontrado a tiempo y le había salvado…
La hermosa hija de Jean Valjean cerró con cuidado la puerta para no despertar a ninguno de los dos hombres, ya mandaría después a la tía Santos para que le subiera un poco de sopa a su padre…
…
La tía Santos llevaba toda la mañana en la cocina preparando la comida, primero había hecho el desayuno para la señorita de la casa y ella le había dicho que su padre estaba dormido, que le subiera algo de comer en unas horas más, la buena mujer asintió al momento.
El señor Fauchelevent era un hombre muy bueno, no solo daba limosna a los pobres y dedicaba su vida a ayudar al prójimo sino que ahora hasta arriesgaba su propia vida al ayudar a un desconocido a pesar de su edad. ¡Dios guardara por muchos años al buen señor Fauchelevent!
Después de poner una hogaza de pan y un poco de sopa en la bandeja de madera la tía Santos subió a la habitación del señor.
Adelante- contestaron débilmente desde el otro lado de la puerta cuando la buena mujer golpeó por segunda vez.
La… la… co…co…comida…- tartamudeo la tía Santos
Jean Valjean asintió indicando que pusiera la bandeja en la mesilla de noche. Estaba hambriento, el haber trasladado a Javert hasta su casa lo había dejado exhausto y ahora su cuerpo exigía algo de alimento para recuperar sus fuerzas.
Aunque Valjean comía poco y solo comida sencilla guardando lo mejor para Cosette, no dejo de mostrar un muy buen apetito en ese momento.
Mientras el buen señor Fauchelevent tomaba sus alimentos no perdía de vista al inspector ¿cuándo despertaría? ¿despertaría? ¿estaría bien? No había otra cosa que hacer más que esperar, esas habían sido las indicaciones del doctor…
…
Después de una media hora la tía Santos había regresado para llevarse la bandeja con los platos vacíos, Jean Valjean dio de nuevo las gracias a la buena mujer.
No habría pasado ni una hora cuando la puerta volvió a abrirse lentamente para dejar ver la rubia cabeza de Cosette.
¿Puedo pasar, padre?- preguntó la joven dulcemente.
Adelante- sonrió Valjean.
Cosette sonrió de una manera hermosa a su padre. Solo estar adentro volvió a cerrar la puerta con mucho cuidado para no despertar al inspector.
¿Cómo se encuentra, padre?- la dulce Cosette no podía evitar tener cierta curiosidad.
Su padre no se acercaba a nadie y ver que ahora se preocupaba por este desconocido era algo completamente nuevo.
Respira mejor- informó Jean Valjean- ya no está congelado.
Pobre hombre- dijo con toda sinceridad Cosette- ¿qué le sucedería?
Jean Valjean giro su rostro hacia la chimenea apagada para no ver el rostro preocupado de su amada hija, no tenía corazón para preocuparla explicándole que Javert había intentado acabar con su propia vida, además, eso era pecado…
Cosette, mi amor. ¿Puedes pedir a la tía Santos que arreglé una de mis camisolas para el inspector Javert?- pidió Valjean girando de nuevo a ver a Cosette sin contestar su pregunta.
La joven asintió caminando al armario de su padre para tomar una de las camisolas, una que su padre no utilizara para arreglarla, tomó otra más, para la tela que se tendría que agregar a la prenda.
No era correcto que el inspector continuara desnudo bajo las mantas.
También pediré que lave su ropa, padre- informó Cosette levantando la ropa aun mojada del piso.
Valjean agradeció una vez más las bondades de su hija.
…
Cosette permaneció sentada junto a Jean Valjean hasta la hora de la comida cuando le llamó la tía Santos, su padre le pidió no se preocupará por él, pero no bajaría a comer con ella ya que debía permanecer al lado del inspector.
Cosette, la señorita Úrsula Fauchelevent, cerró su libro y se dirigió al comedor no sin antes sonreírle a su padre e informarle que en un momento más la tía Santos le llevaría la comida, ya que no deseaba que se descuidara y también enfermara.
Valjean beso paternalmente la frente del amor de su vida, su adorada Cosette.
…
Y así una vez más la tía Santos subió la bandeja con comida y Jean Valjean se permitió terminar con el plato.
También después de comer su amada hija regreso con la camisola lista para el inspector avisando que la ropa de Javert se encontraba secándose al sol.
Valjean la tomó entre sus manos y antes de que el buen hombre le pidiera un poco de espacio a su hija, ésta se le adelanto saliendo de la habitación argumentando que iba a su habitación por su libro y una vela para poder continuar su lectura y acompañarlo hasta la llegada de la noche.
No había duda de que Cosette era una buena hija y Valjean lo agradecía infinitamente al cielo, aprovechando la partida de la joven, el buen hombre de blancos cabellos se apresuró a vestir con la camisola remendada el cuerpo del inspector.
Minutos más tarde cuando Javert ya estaba listo Cosette volvió a golpear la puerta preguntando si podía pasar antes de abrir la puerta. Valjean contestó desde el interior sin poder ocultar una hermosa sonrisa que solo dedicaba a su amada hija…
La tarde paso tranquilamente, Cosette le acompañó hasta que el sol comenzó a declinar y ella y la vela se retiraron de la habitación.
Valjean permanecía atento a cualquier cambio en la condición del inspector pero parecía que éste no despertaría esa noche…
…
Abrió de golpe los ojos, ya no era un hombre joven, ahora el cansancio y la edad lo hacían no darse cuenta en qué momento se iba quedando dormido. ¿Qué hora sería? No tuvo oportunidad de seguir pensando en la hora ya que solo espantar el sueño se dio cuenta que el inspector Javert no dejaba de moverse en la cama.
¿Javert?- llamó Valjean levantándose del sillón.
Sí no había ninguna duda el inspector Javert parecía estar sufriendo una pesadilla por el continuo movimiento de su cuerpo bajo las mantas. El inspector respiraba muy rápidamente mientras no dejaba de moverse de un lado a otro en la cama, sus labios estaban entreabiertos parecía que hablaba en sueños pero no se lograba entender lo que decía.
Valjean frunció el ceño preocupado mientras ponía su ancha mano sobre la frente del inspector ¡Javert ardía en fiebre! No solo eso estaba delirando, eso explicaba el parecer hablar dormido.
Ahora Jean Valjean jaló las mantas que cubrían a Javert para ver si con eso la fiebre disminuía, confiaba en que eso fuera suficiente pero pasaron los minutos y el inspector continuaba moviéndose en la cama sin dejar de musitar cosas ininteligibles en su delirio.
¿Inspector? ¿Javert?- no dejaba de llamarle Jean Valjean- todo estará bien, tranquilo.
No, no estaba bien, la fiebre aumentaba a tal grado que Javert comenzó a temblar incontrolablemente pese a que Valjean había refrescado la habitación abriendo la ventana, la respiración del pobre hombre era cada vez más rápida y su frente comenzaba a perlarse por el sudor, un sudor frío que preocupaba a Jean Valjean.
¿Qué hacer? ¿Despertar a Cosette y la tía Santos? ¿Llamar al médico? Jean Valjean no perdió más tiempo, en menos de un instante abrió la puerta y llamó en voz alta a la tía Santos.
La buena mujer apareció en menos de un minuto.
Llene la tina con agua fría, ¡Rápido, por favor!- pidió con urgencia.
Jean Valjean había tenido una idea, hace tiempo, mucho tiempo cuando él apenas era un joven podador en Faverolles uno de sus sobrinos, una de las criaturas más pequeñas de su hermana tenía una fiebre terrible que no podían calmar con nada, al no tener dinero para acudir al doctor, la pobre mujer tuvo la idea de meter en una tina de agua fría al pobre infante… Jean Valjean solo pedía también funcionara con un hombre adulto…
…
Cosette se despertó solo escuchar el ajetreo al otro lado de la puerta, podía escuchar los tartamudeos de la tía Santos y la voz de su padre dando indicaciones ¿qué podría significar? ¡El inspector Javert! Al momento la joven salió de la habitación.
¡Padre!- llamó Cosette.
Jean Valjean estaba de pie frente a la puerta abierta del baño. La tía Santos tenía una cubeta de madera vacía entre sus manos.
La joven llegó junto a su padre, la tina estaba llena de agua y había más derramada sobre el piso de madera.
¡Cosette!- Jean Valjean reparó en la presencia de su hija- Tía Santos, lleve a Cosette a su habitación y quédese con ella. No salgan hasta que yo les avise, por favor.
Cosette asintió, nunca había desobedecido una orden de su padre y esa no iba a ser la primera vez que lo hiciera.
…
Cuando ambas mujeres estuvieron guardadas en la habitación de Cosette, Jean Valjean aprovechó para regresar a su habitación, Javert temblaba con más violencia en la cama, sus mejillas estaban completamente encendidas por la fiebre mientras su cabello estaba pegado a su frente por el sudor.
Usted disculpará Javert- le hablaba Jean Valjean- pero debemos bajar la fiebre de alguna manera… y esta es la única que se me ocurrió.
Rápidamente pese al temblor constante del cuerpo del inspector, Jean Valjean logró despojarlo de la camisola remendada para llevarlo en brazos al cuarto de baño.
Javert estaba ardiendo, Jean Valjean pudo sentirlo mientras lo sostenía. No había tiempo que perder, aunque visiblemente cansado Valjean llegó hasta el baño colocándose frente a la tina. Con mucho cuidado el padre de Cosette se puso de rodillas.
Solo durará un momento, Javert, solo será un momento- le repetía.
De una sola intención Jean Valjean sumergió el cuerpo afiebrado de Javert en el agua fría, el choque de temperaturas pareció dar resultado al momento, Javert temblaba con más fuerza, mientras Valjean no dejaba de mojar su cabeza.
Jean Valjean se preguntaba si realmente daría resultado al principio pero solo fue cuestión de unos cuantos minutos más antes de que Javert dejará de temblar y su cuerpo se fuera relajando en la tina. Solo verlo Valjean dio un largo suspiro de alivio.
Era la segunda vez en menos de veinticuatro horas que Javert le daba un susto de muerte, solo pedía no se repitiera una tercera vez.
Cuando el padre de Cosette estuvo convencido de que la fiebre había cedido ante el baño de agua fría Jean Valjean se animó a sacar al inspector de la tina y comenzar a secar su cabello que recién empezaba a encanecer al igual que todo su cuerpo.
La toalla que tenía a la mano no alcanzaba para cubrir correctamente al inspector y la camisola se había quedado sobre la cama, aunque no le agradaba la idea, Jean Valjean tuvo que gritarle a la tía Santos para pedir su ayuda.
Grande fue su sorpresa cuando fue la voz de su amada Cosette la que le contestó sin entrar al baño pese a que la puerta estaba abierta.
¡Padre!- alzó la voz Cosette para que le escuchara Valjean.
¡Oh no! ¡No era correcto que su hija entrará! ¡No era correcto ni para Javert ni para Cosette! ¿Qué hacer?
Padre, os arrojaré la ropa de cama- escuchó Jean Valjean.
¡Oh adorada Cosette! ¡Oh que joven más inteligente! Jean Valjean no supo que contestar ante el encantador pudor de su amada hija.
Al momento la ropa cayó muy cerca del brazo izquierdo de Jean Valjean.
Mientras la tomaba el buen hombre escuchó como la puerta de la habitación de Cosette volvía a cerrarse…
…
Con sumo cuidado Jean Valjean colocó la cabeza de Javert sobre la almohada, el pobre hombre se veía agotado, el sufrimiento podía leerse en su rostro.
Descanse, Javert… debe descansar- musitó Jean Valjean colocando su mano sobre el hombro de Javert.
En ese momento, los parpados del inspector temblaron un breve momento y para asombro de Jean Valjean abrió sus afiebrados ojos dejando ver sus pupilas azules.
¿Inspector?- preguntó con cierto miedo Jean Valjean sin saber cómo reaccionar ante esa mirada de halcón.
Y así como había abierto los ojos el inspector volvió a cerrarlos apoyando pesadamente su cabeza sobre la almohada.
¿Javert?- llamó de nuevo Valjean.
Pero no hubo ninguna otra reacción, Javert había perdido de nuevo el conocimiento, aunque ahora Valjean no estaba preocupado, había visto por un segundo el brillo de siempre en los azules ojos de Javert y eso él lo tomaba como una señal de que sí se recuperaría, con tiempo pero se recuperaría.
La crisis había sido superada, una vez más Javert había sido regresado al lecho y ahora Jean Valjean juntaba sus manos orando por la pronta recuperación del inspector…
Continuara…
