Capítulo uno: Reflexiones y encuentros fatídicos
¿Cómo tomas la vida de alguien y lo escribes en papel? ¿Cómo puedes expresar todas las experiencias, cambios y emociones por las que uno ha pasado en meras palabras? A decir verdad, creo que es imposible, pero en este relato que voy a contar, daré lo mejor. Ni siquiera estoy segura de porqué estoy escribiendo eso; supongo que estoy inspirada y porque necesito que esto sea oído.
Esta es la historia de los dos más temidos Hitokiri durante la revolución; la verdadera historia que la mayoría no conoce porque, bueno, esta es la primera vez que será contada.
Esto es sobre un tiempo y un lugar, sobre triunfo y derrota, confianza y traición. Pero por sobre toas las cosas, es sobre amor. Un amor que hasta el día de hoy está vivo y fuerte dentro de mí. Pero vamos, este amor no podía ser, nuestros sueños fueron aplastados y robados.
Ahora, todo lo que me queda, a mí Kamiya Kaoru, es el armazón de lo que alguna vez fue. Cuando él se fue, sentí como si mi alma se partiera en dos y nunca más pudiera completarse.
Todos mis días con Takeda Kanryu, creía que era de esta forma, un cuerpo vacío.
No fue hasta que lo conocí que era mucho más, y que tenía mucho más por qué vivir. No tenerlo en mi vida me ha costado caro… pero aunque me de cuenta de estas cosas, debo vivir… por esa única valiosa lección que aprendí a través de los años.
El destino puede ser cruel, pero lo acepto gustosa, sabiendo que es lo menos que puedo hacer para arrepentirme de todas las vidas que tomé en el Bakumatsu.
La restauración Meiji… un tiempo lúgubre para mucho de nosotros, pero todos luchamos por lo que creíamos, y algunos peleábamos porque éramos forzados a hacerlo; nuestras vidas dependían de eso. Si no hubiese ocurrido, hubiese sido feliz porque hubiese sido libre para amar entonces. Sin embargo, si no hubiese ocurrido, no estaría aquí sentada escuchando los sonidos felices de mi sobrinas jugando o los sonidos de Yahiko, mi primer estudiante, practicar. No sería quien soy hoy.
Todo pasa por una razón y así tengamos la fuerza o no para soportar nuestro dolor y penurias, sin esas cosas uno nunca podría conocer la verdadera felicidad…
º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º
- ¡A la izquierda niña! ¿Eres estúpida? Eso es, sigue así-
Kamiya Kaoru le dio a su instructor una mirada seca '¡ugh! Es tan estúpido' Pensó en su interior mirando al hombre que estaba enfrente de ella con la espada levantada. Era alto, probablemente un metro ochenta, bien constituido; el problema era que no podías decirlo debido a todas las vendas que cubrían todo su cuerpo. Su rostro y cabeza estaban envueltos en vendajes blancos, dejando al descubierto su nariz, boca y sus ojos rojos y brillantes.
Los ojos de Kaoru se estrecharon diciendo planamente- Sería lindo si supiera de lo que estabas hablando Shishio, por ejemplo diciéndome a mi derecha-.
El bufó- ¡Será mejor que cuides tu boca Kamiya, si quieres vivir para ver tu decimoctavo cumpleaños en dos días!-
En un instante Kaoru estaba sobre el agarrándolo de la muñeca y torciéndola hacia su espalda fuerte, así que ahora ella estaba detrás de el con su mano inmovilizada. Shishio dejó salir un aullido de dolor. Kaoru sonrió.
- ¿Qué era eso de seguir viviendo, maestro?-
Shishio frunció el ceño tratando de mantener su estabilidad, sus rodillas temblaban ligeramente.
-No te olvides quien soy Shishio, deberías tragarte esas palabras rápidamente, tal vez sea joven pero sigo siendo una Hitokiri-.
Frunciendo el ceño aún más, Shishio hizo un movimiento con el codo para golpear a la muchacha en las costillas. Agarrando su brazo, lo torció aún más, haciendo caer al hombre de las vendas de rodillas, lágrimas se comenzaban a formar en sus ojos rojos.
-Juro que tú y Takeda Kanryu algún día se arrepentirán de haberme entrenado para ser una asesina. Te he sobrepasado completamente en fuerza y velocidad-.
- Eso puede ser, mi linda mascota, pero nunca olvides quien está al mando aquí. Desafortunadamente, para ti, controlo todas las actividades de tu familia, sin mencionar a tu pequeña hermanita…- Takeda Kanryu habló largando ráfagas de humo. Kaoru alzó la vista de sus oscuros mechones de cabello para mirarlo fijo.
-Cielos, cuanto odio en esos ojos… una pena, eres una linda cosita…- Kaoru se había alejado de Shishio y en un instante Kanryu había caído, sus manos golpearon el frío suelo del patio en que estaban. El suave deslizo del metal fue oído cuando Kaoru rápidamente desenvainó su katana e instantáneamente se reflejó miedo en los ojos de Kanryu, pero como llegó se fue reemplazándolo por su actitud altanera una vez más.
- Sabes, podría hacerte matar ahora mismo, pero todavía te necesito Kaoru-chan-. Ella se horrorizó por la familiaridad que asociaba el nombre. Sus ojos se oscurecieron dramáticamente.- tú HARÁS lo que yo diga que hagas o mataré a Tsubame y sabes que lo haré. No lo pensé dos veces al cortar la garganta de tu padre o tu madre una vez que terminé con ella-. Kaoru apretó sus ojos para mantenerlos cerrados, envainando su espada llevó sus puños a sus costados. Su transpiración caía por su frente al piso.
- ¿Estamos llorando mascota? Ya, ya. Dije que no le haría daño mientras que tú y Megumi hagan lo que se me antoje ¿No es un trato justo?-
Kaoru no levantó la mirada por unos momentos. Sus manos se relajaron, levantando su cabeza para estar cara a cara con el, habló.- Un día, Takeda Kanryu, te veré muerto- Espetó con veneno.
Sacando otro cigarrillo la miró perezosamente.- Si, si. Nada de lo que no haya oído antes. Pero hasta ese día continuarás haciendo lo que digo ¿fui claro?-
- Perfectamente.-
Con eso se fue caminando, Kaoru lo miró desafiantemente hasta que desapareció del patio.
- Heh, perra estúpida, tendrás lo tuyo un día-.
Sin que tuviera tiempo para mirar, Kaoru le pegó un puñetazo a Shishio en la cara. Conectó y una vez más cayó al suelo.
- Tenías eso esperando por ti desde hace un buen tiempo-. Kaoru se encaminó a las cocinas, hambriento después de mucho ejercicio. Allí encontró a Megumi, su hermana mayor por tres años, preparando la cena.
- De verdad deberías fijarte en lo que dices y haces, Tanuki-.
- Oh, calla Megumi ¿Qué sabes?- Kaoru estaba irritada aunque su voz no ponía límites.
La mujer mayor dejó de prestarle atención a los vegetales que estaba cortando para darle a Kaoru una mirada reprobatoria.- Se como te sientes Kao-chan. Es como todos nos sentimos, pero ahora debemos pensar en Tsubame ¡A este punto ni siquiera sabemos donde está o si siquiera está viva!- Kaoru apretó su mandíbula.
- Se que todavía lo está-.
Megumi la tomó por los hombros.- ¿Cómo Kao? ¿La has visto?- Había tanta desesperación en su voz que Kaoru no podía mentirle.
- Si, hace dos días. Kanryu pensó que necesitaba algo tranquilizador, así continuaría con sus trabajos. Me cubrió los ojos y me llevó a donde estaba. No la reconocí en nada; pero la vi Megumi, se ve terrible, se escuchaba como si estuviese enferma. Le rogué a Kanryu para que pudieras echarle un vistazo, pero el bastardo no lo hará-. Miró a sus manos llenas de cicatrices no pudo evitar a las saladas lágrimas que cayeran por mucho más tiempo; fueron pocas al principio pero cuando cayeron a sus manos y viajaron a una de sus cicatrices no pudo soportarlo más. Aventándose a Megumi, lloró mucho.
- ¡Oh Megumi! ¡Si solo hubiese sido fuerte en ese entonces! ¡Si solo hubiese sido como soy ahora, podría haberla protegido, a todos nosotros! ¡Tenía solo dos años! Nunca nos conoció ni sintió el amor que tenemos para ella-. Tomó en su puño el delantal de Megumi y hundió su rostro en el hombro de su hermana.
Megumi cerró sus brazos alrededor del cuerpo de su hermana, sintiendo cada sollozo que contenía mientras que acariciaba los sedosos cabellos de Kaoru para acallarla.- Shhh, está bien Kao-chan, hiciste lo mejor que pudiste. No pierdas la esperanza ahora, te necesitamos mucho. Yo, Tsubame, Yahiko, todos estamos aquí por ti. Si tú no hubieses hecho el sacrificio de ser la Hitokiri de Kanryu ¡todos estaríamos bien muertos! ¡Tú nos has protegido! Y lo continúas haciendo-. Contuvo a Kaoru unos momentos más, dejando a chica llorar su dolor en su hombro.
'Pobre Kaoru, teniendo que hacer esas horribles cosas y todo para protegernos de él… kami-sama ¿Cuánto más será así? ¿Por siempre?' Megumi sintió a sus propias lágrimas llenar sus ojos '¡No! No puedo llorar ¡debo ser fuerte por ella! Por todos nosotros.'
Kaoru se alejó del abrazo de su hermana para mirar a su rostro.- Gracias Megumi, necesitaba eso-.
- Esta bien llorar Kao. Hasta la temida Hitokiri Sakura necesita a alguien que la escuche-. Kaoru bufó a ese nombre. Hitokiri Sakura, el público la había apodado.
No estaba segura el por qué del nombre Sakura, no era que venía de un estilo especial de espada o algo así como el Hitokiri Battousai. Ella suponía que era porque era una mujer, la primera mujer en ser Hitokiri y el nombre era algo femenino.
- ¿Me estás escuchando Kao-chan?- Inmediatamente salio de su ensimismamiento para mirar a su hermana.
- ¿Ahora puedes intentar una sonrisa para mí?- Megumi preguntó suavemente.
Kaoru levanto la esquina derecha de su boca, su sonrisa usualmente terminaba siendo más una sonrisita de autosuficiencia, una que usaba muchas veces como Hitokiri.
Megumi sonrió ampliamente diciendo- Así se parece, ahora me di cuenta que me olvidé algo de tofu en la tienda ¿Te importaría ir a traerme un poco?-.
La joven muchacha suspiró.- No, supongo que podría tomar un descanso y desaparecer por unos momentos-. Dijo tomando la cubeta de madera que se usaba para el tofu.
-Muchas gracias-. Dijo Megumi y cuando Kaoru comenzaba a irse hacia la puerta. Megumi dio un paso a delante diciendo.- ¿Y Kaoru? Te amo, no te olvides de eso-.
Kaoru parpadeo por la sorpresa un momento ¿Megumi expresando su amor por ella en palabras? Eso era raro… era raro que el amor se mostrara para alguno de ellos en la mansión Takeda.
Le regaló una brillante y genuina sonrisa a Megumi.- Yo también te amo, nee-chan-. Y con eso se había ido.
Lo hermoso es feo y lo feo es hermoso.
Lo limpio es sucio y lo sucio es limpio.
Lo bueno es malo y lo malo es bueno.
Kaoru cantó suavemente para ella mientras caminaba por el viejo sendero hacia el centro de Kyoto.
'¿Por qué estoy recordando esta cancón? Okaasan solía cantarla, es una canción bastante hipócrita si me lo preguntas ¿Cómo puede lo limpio ser sucio y lo sucio ser limpio? Eres lo uno o lo otro ¿Cierto? Okaasan solía decir que lo que significaba era que todos tenían la opción de ser lo que se quisiera ser. Verás, una persona puede ser sucia un momento y después cambiar su camino por uno bueno y ser limpio de nuevo ¡Humm!-
Bufó, alguien como Takeda Kanryu nunca podría ser limpio de nuevo.
'Pero de nuevo ¿Qué hay sobre ti? ¿Podrías estar limpia de nuevo?'
No, tal vez no pero eso no importaba. Todo lo que importaba era llevar lejos a su familia y amigos de ese despreciable hombre.
Sus ojos se oscurecieron al pensar en el. Parecía que había sido ayer que todo había pasado, cuando en realidad habían pasado diez años. Diez terribles años desde que ese hombre había llegado a sus vidas destruyéndolos. Una vez ellos habían sido felices, muy felices.
Kaoru se permitió compenetrarse en sus recuerdos, sin darse cuenta del polvo que estaba juntándose en su kimono.
…Flash back…
- Okaasan ¿Dónde estás? ¡Respóndeme! ¡Megumi, Tsubame, Otoosan!-
Una frenética Kaoru de ocho años corría por los pasillos de la extensa casa, tosiendo fuertemente por el espeso humo negro que amenazaba absorberla en cualquier momento. Las lágrimas goteaban del rabillo de sus ojos, escociéndole mientras se encaminaban y dejaban huellas en su sucio y manchado rostro.
Su casa ardía en llamas.
Había comenzado tan de repente en la noche que todavía estaba tratando de despertase. Un grito, atravesó el aire, haciéndola temblar hasta la médula.
-Okaasan-.
Puso más velocidad hacia el horripilante sonido y se abrió paso por las dos puertas del gran comedor familiar. No estaba preparada para la visión que encontraron sus inocentes ojos. Allí, en la cabecera de la mesa estaba su padre en su usual lugar.
Faltaba su cabeza.
Estaba en el piso, solo a unos pasos de donde ella estaba parada. Palideció, sus ojos abiertos como platos y nauseas que amenazaban con hacerla devolver.
-¡Kaoru!-
Salio de su ensimismamiento y levantó la mirada para encontrar a su madre sostenida en los brazos de Takeda Kanryu, el socio de su padre. Su hermosa madre tenía un cuchillo en su cuello que alguna vez fue de porcelana. Su ropa estaba rasgada y desgarrada en varios lugares, su cabello negro y brilloso ahora estaba enmarañado con sudor y suciedad en su rostro.
- ¡Kaoru! ¡Encuentra a tus hermanas y huye de aquí!- Suplico- ¡Corre!-
Pero Kaoru no podía correr, no podía mover ni un músculo, estaba congelada en donde estaba parada.
Todavía no comprendía que pasó luego, o que la llevó a hacerlo. Tal vez pensó que perdería a su madre, o los ojos sin vida de su padre mirándola fijamente desde el suelo.
Algo en ella se precipitó.
Agarró el cuchillo de la mesa y con un grito animal atacó a Kanryu.
-¡Déjala ir!-
Determinada a matar al hombre, se aproximó a atacarlo sin ningún temor.
Por un breve momento Kanryu palideció, pero pronto sonrió con suficiencia cuando el cuchillo resbaló de su mano. Un fuerte golpe a los costados de su cabeza la hizo tambalearse; cayó al suelo con un golpe seco con sus ojos mareados. Levantando su turbulenta mirada, vio a un hombre, obviamente uno de los lacayos de Kanryu, mirándola fijamente con una cruel sonrisa.
- ¿Ahora, a donde piensas que vas pequeñita? ¿A salvar a tu madre? ¿Por qué si ya es una mujer muerta? ¿Para que te molestas?- Se rió cruelmente al ver los ojos de Kaoru abrirse de repente.
-Okaasan-.
- Oh, no está muerta todavía, pero lo estará-.
Y con eso Takeda Kanryu llevó el cuchillo que estaba sosteniendo sobre la garganta de Kamiya Izayoi. La sangre brotó del corte salpicando ligeramente a Kaoru en el rostro. Kaoru observó incapaz de gritar, miró hasta que su madre lucho en vano en el agarre de Kanryu, escuchando los horribles gorgojeos que salían de su boca tratando de hablar. Miró a Kaoru una vez más y con todo el amor y cariño que un moribundo puede mostrar, sonrió a su hija antes de caer sin vida en los brazos de Kanryu. El hombre la arrojó cruelmente y ella calló al lado de Kaoru con un silencioso golpe.
Kaoru estaba en shock.
El tiempo se detuvo mientras veía fijamente a su madre en el suelo.
- Hey ¿Qué haremos con la niña? ¿La matamos también?- Kaoru vagamente escuchó una voz alrededor, todos los sonidos se habían hecho silenciosos, su respirando forzosamente era presa del pánico en su pequeño cuerpo.
- Oh no, tengo grandes planes para estas niñas, para las tres. Encuentra a las otras dos y llévalas a mi casa-. EL otro hombre le hizo una reverencia a Kanryu y se dirigió a cumplir su mandato dejando a Kaoru sola con el.
-¿Qué haré contigo pequeña ave? ¿Encerrarte en una jaula? Si, eso suena ideal. Pude ver en tus ojos, tienes un gran potencial. Si se entrena adecuadamente, si, sé que haré contigo…-
...Fin Flash back…
La voz de Kanryu hacía eco en su mente, estaba tan compenetrada con sus pensamientos que falló en darse cuenta del extraño que estaba delante de ella. Dio otro paso antes de chocar contra el.
-¿Qué diablos?- Las palabras escaparon de su boca cuando comenzaba a caer al piso.
'Ni siquiera me di cuenta de que había alguien delante de mí…'
Instintivamente cerró sus ojos preparándose para la caída, pero nunca llegó. En su lugar se encontró atrapada en los brazos de alguien. Un hombre.
Levantó la vista con rapidez, recuperando su balance se apartó de el. Sus ojos lo inspeccionaron rápidamente reparando en su apariencia.
No era mucho más alto que ella, tal vez un metro sesenta y dos; usaba un haori tradicional en color azul marino y un hakama blanco. Pero las cosas que más le llamaron la atención fueron su cabello y la espada fija en su cintura, obviamente no era un hombre ordinario.
'¿Cabello rojo? Poco usual verte por aquí…' Pensó antes de mirar a sus ojos, sintió un escalofrío bajar por su espalda cuando vio sus orbes ámbar.
Levantó una ceja y Kaoru se sintió sonrojar, bajando la mirada dijo- Yo… lo siento, no estaba mirando por donde iba. Creo-.
- Puedo ver eso. Estaba parado aquí ocupándome de mis asuntos y viene aventándose como un jabalí que sale de la nada-. Dijo el hombre de modo juguetón que hizo que sus mejillas se pusieran más rojas.
- ¡Bueno, lo siento! Si me había visto venir ¿Por qué no se quitó del camino?-
Parpadeó con sus ojos leopardados diciendo.- Realmente no creí que me golpearía, digo, soy la única persona parada aquí. Pensé que al menos pudo haber sentido un poco mi presencia…-
Su sonrojo incrementó y se encontró poniéndose nerviosa a cada momento.
- Le dije que lo sentía, estaba penando profundamente ¿de acuerdo?-
-¿En qué?-
Lo miró incrédula- ¿Acabo de conocerlo y piensa que le diré eso? ¡Ni siquiera se su nombre!-
Sonrió, y con una risita respondió- Supongo que no. Es Kenshin. Himura Kenshin-. Le extendió su mano.
Ella lo consideró fríamente rechazando su mano.- Bueno, un gusto conocerlo Himura-san, pero realmente debo irme-. Kaoru pasó por su lado.
-¿Ni siquiera me dará su nombre?- Le preguntó cuando se retiraba.
Parando por un breve segundo, se giró para mirarlo cautelosa- No me involucro con extraños, es malo para los negocios-. Luego continuó con su camino.
'Si, se a lo que te refieres…' Pensó antes de seguir caminando.
Mientras tanto Kaoru caminaba lentamente contemplando su extraño encuentro.
¡No puedo perderme tanto en mis pensamientos! Los Hitokiri necesitan estar más atentos que eso si quieren sobrevivir…'
Golpeó su frente con su mano- ¿En qué estoy pensando? No es que esté trabajando justo ahora, ahora soy una chica normal y el es un chico normal. No tenía que ser tan grosera…-
'¿Normal eh? Nunca serás normal de nuevo, y lo sabes'
Negó con su cabeza sonriendo- No hay tiempo para esos pensamientos niña, vamos por el tofu antes de que Megumi se preocupe por mí-. Suspiró cuando alcanzó el pueblo.
'Pero… aunque… sus ojos. Parecía bastante amigable, pero algo a cerca de ellos me desconcertó un poco…' Pensó abriéndose paso por las abarrotadas calles hasta el puesto de tofu.
º-º-º-º-º-º-º-º-º--º-º-º-º-º-º
Poco sabía ese día que las ruedas del destino empezarían a girar una vez más, llevándome hacia un futuro que no tenía el poder de frenar. Esos ojos, los ojos de Kenshin penetraron en todo mi ser en una forma que no podía explicar, y hasta este día, los sigo viendo en mis sueños…
Continuará…
