Lo más emocionante de andar en bicicleta sin duda alguna era hacerlo con dos personas adorables, quienes estaban comprando helado para refrescar al trío el cual no podía más. Un día de verano caluroso, con temperaturas que rozaron los treinta y cuatro grados, se transformó en un día perfecto. Sherry lo sentía así y más cuando sus padres se fueron a la capital del estado por una reunión laboral, dejándola en casa de Emily y Brad quienes propusieron la actividad "familiar" ese sábado. Ambos eran veloces por sus piernas constantemente en movimiento producto de su entrenamiento dos veces a la semana por ser miembros de las fuerzas especiales del RPD; tuvo un mal rato intentando alcanzar al castaño quien le animaba a hacerlo mientras se reía a carcajadas, Emily se sumó aunque luego bajó la intensidad y decidió acompañarla en un pedaleo suave.
A pesar de no ser muy alto sus piernas masculinas poseían más longitud que las suyas, sería imposible alcanzarlo sin perder ambos pulmones en el proceso.
Quería a esos dos como si fueran sus tíos ya que padres tenía, pero cuando estos se marchaban a veces tomaban el lugar. Hacía poco más de dos meses tuvo su primera menstruación, Emily cumplió el rol de madre informante sobre su nueva capacidad reproductiva. Cuando no entendió algunos temas biológicos decidió explicarlo burdamente: ahora, con la liberación de hormonas las cuales estimulaban el ovario, podría liberar óvulos los cuales podrían ser fecundados si mantenía relaciones sexuales con un muchacho ya desarrollado.
Brad la regañó por hablar sobre eso en frente suyo argumentando "solo tiene once años, déjala tranquila."; pero ella ya tuvo su primera clase sobre el sistema reproductor tanto masculino como femenino por lo que tanto no se mosqueaba. Si le daba algo de pudor hablar sobre eso con otros, sin embargo los adultos conocían ese mundo y podrían ayudarla cuando fuera necesario. Ahora pensar en niños no le importaba demasiado por lo que ese tema estaba fuera de su rango prioritario.
Brad volvió con un palillo de crema cubierto de chocolate hacia el banco donde estaba sentada vigilando las tres bicis, con una sonrisa en su rostro levemente salpicado por arrugas y la otra mano con un cono de chocolate repleto con chispas coloridas. Detrás suyo Emily, con su palito sabor frutilla al agua y con servilletas al por mayor. Entregó el postre con suavidad, sentándose en el suelo cercano a su rodado color azul oscuro brillante, mirando a su futura esposa con cariño. Le encantaba verlos así aunque no se imaginaba el terremoto entre ellos cuando alguno osaba hacer alguna infracción. Emily ocupó su puesto sentada en el mismo banco saboreando la paleta helada con una intensidad graciosa, emitió un gesto hacia el castaño quien se rió en buena gana.
No se arrepentía sobre no quedarse en casa ni tampoco por el viaje paternal hacia otro lado; al fin y al cabo siempre vivían para el trabajo, ya daba igual a esa altura del partido. Rompió la punta con suavidad, sintiendo el delicioso sabor de la crema blanca como también lo crocante de la cobertura la cual poseía pequeños pedacitos de nueces. ¡Su favorito! Brad parecía acordarse siempre cosa que le conmovía, su madre la semana pasada tuvo un mal momento a la hora de comprar postre para la única cena entre los tres en la semana. Le molestó ese desliz pero lo olvidó rápidamente, al fin y al cabo estaban juntos ¿No?
— ¿Está rico, cielo? —inquirió la mujer a su lado, tendiéndole una servilleta cuando una gota cremosa se derramó por su mano caucásica—. ¡Hicimos una gran carrera hoy!
—Ya lo creo; lástima que sigues sin alcanzarme ni los talones, Sherry. Sería divertido algún día verte pasarme. —Comentó orgulloso de otro triunfo.
—Lo haré cuando menos te lo esperes —replicó luego de darle otro mordisco a su postre—, fanfarroneas que da miedo.
—Participé en el ejército, bombonazo. Y soy un miembro de STARS, literalmente soy demasiado especial como para perder.
—No le hagas caso —dijo Emily luego de darle un leve toque con su mano—, no puede enfrentarme a mí y mis puños cuando es entrenamiento cuerpo a cuerpo.
— ¡Oh! ¡Poder femenino al tope!
Chocaron sus extremidades libres, luego le sacaron la lengua al unísono a quien miraba con una ceja enarcada.
—Exacto, Sherr. Imagínatelo a este tonto como queda después de tener que entrenar conmigo.
—Tú solo tienes un único problema, corazoncito: no sabes cocinar sin prender fuego la casa. —Brad alzó sus rodillas y luego apoyó su mano hábil con el helado en ella sobre una, sonriendo de costado mientras se abanicaba con la mano fingiendo estar ardiente—. Uh, el señor Vickers lo hizo de nuevo.
—Ya vendrás a pedirme el trato especial, atrevido bueno para nada.
— ¿Qué no le dan miedo los títeres de trapo o algo así? ¡Contraataca contra lo que más le duele! —azuzó la niña.
—No puedo, cariño. Eres menor de edad aún.
Ambas se echaron a reír en buena gana, frente a ellas se encontraba incrédulo ante esa insinuación. Emily no decía lo mismo después de una sesión sexualmente explícita en el baño o en el suelo de la cocina. Menos cuando su mano se filtraba por las ropas y llegaba a ese punto especial el cual la hacía delirar.
—En fin, ¿qué quieren cenar? Podemos preparar una parrillada para tres ya que tenemos visitas, las cuales no pueden alcanzarme.
La niña sopló irritada por continuar con ese tema, aunque recordó cuando Brad no logró encender la parrilla con el carbón y los trozos de madera provenientes de una construcción cercana al RPD. Insultó a cuanta ascendencia tenía para luego rendirse con todo ese asunto para pedir comida china.
— ¿Podrás hacerlo? Recuerdo que tienes problemas con ciertas parrillas.
La mujer rubia no aguantó la risa, estallando en carcajadas cuando Brad frunció el ceño levemente por esa respuesta.
—Te compré ese helado y puedo quitártelo si quiero.
— ¡No si me lo como primero!
—Meteré mi mano hasta el estómago con una bolsa y juntaré el resto de mi dinero.
—No te va a servir de mucho, Brad. A menos que quieras quemar a alguien con ácido gástrico.
El aludido levantó sus hombros como diciendo "¿Te importa?" Obligándola a reír. A veces no le gustaba muchas respuestas del castaño, sin embargo la mayoría de las ocasiones este se trataba de una persona buenísima, con corazón dorado pero un cierto problema temeroso el cual nunca revelaba. Solo su mujer, familia y Barry Burton comprendían o conocían la verdad completa, nadie más por decisión propia... Pese a ser blanco constante de burlas por su miedo al peligro.
Nadie comprendía exactamente lo difícil que fue salir de una situación potencialmente mortal en donde quedó inmunodeprimido.
—Ya, ahora hablando enserio. ¿Te gustaría cenar un filete a la parrilla? Puedes enseñarme a encenderlo si te crees tan lista.
—Por mí no hay problema, puedo preparar ensaladas para acompañar. ¿Emmy?
—Creo que sí, y no: las ensaladas no las prepararás sola. Yo te ayudo.
—Tengo once años, puedo cocinarme antes de ir a la escuela sin rebanarme un dedo.
—No me importa. Es mi casa, tu nuestra invitada y seguirás nuestros comandos.
—Como quieras. Si hay que comprar algo mamá me dio dinero para aportar en los gastos, solo díganme si necesitan comprar algo y va por mi cuenta.
—No, Sherr —negó decidido el hombre—. Ambos trabajamos y podemos comprar lo necesario. Agradecemos la buena predisposición de tu mamá pero rechazamos su ofrecimiento.
—Dile que lo gastamos en algunas cosas y quédatelo tú como ahorro —dijo la mujer con una sonrisa, acariciandole un mechón de cabello escurridizo de la pequeña coleta sobre su nuca.
—Mejor sigue la línea de la honestidad y devuélvelo —recomendó Brad mirando a su mujer algo extrañado—. Cariño: somos policías. Se supone que hacemos cumplir las leyes.
—Vamos, Brad. ¿Tú no te guardabas los vueltos?
Si, lo hizo muchas veces sin embargo ahora era un adulto responsable el cual trabajaba para el orden. Si su empleo dictaminaba seguir ciertas reglas para el bienestar social, las aplicaría en su vida también... Al menos la adulta. Cuando uno crecía podía decir dos cosas: se trataba de hipocresía o intentar cambiar las cosas. Brad Vickers tenía mucho para cambiar después de darlo todo por sentado antes y ahora enfrentarse a los demonios post trauma.
Sherry prosiguió disfrutando del postre, el cual poco a poco fue achicándose hasta solo dejar el palillo. Su favorito, debería devolverle al menos el dólar o lo que fuera al castaño quien le miraba con una sonrisa. Más de una vez comentó lo mucho que la apreciaba y hasta consideraba como una hija; pese a pasarse a veces, pero todo el mundo lo hacía de vez en cuando.
Charlaron otro poco más sobre cosas varias incluyendo empleo, escuela y vistas a futuro. Los adultos comentaron algunas cosas sobre la futura boda la cual acontecería en nada menos que un mes. ¡Estaban en pleno julio y se enlazarían en sagrado matrimonio en un parpadeo! Preguntó si estaba emocionada por la idea, desprendiendo otra tanda de comentarios sarcásticos entre la pareja. ¿Cómo podían llevarse tan bien con semejantes dardos? Sin dudas un misterio aunque deseaba tener ese vínculo fuerte cuando ella estuviera en esa ocasión... Restando los comentarios desafortunados o sexistas entre ambos lados.
A ella sí le hacía mucha ilusión verlos juntos por fin; desde que tenía memoria ellos dos salían, iban y venían como pareja. Pasaron muchas cosas malas pero los veía enteros. No olvidaría una llamada a la noche, pasada la madrugada, donde casi ocurre una tragedia. Tampoco la emoción contenida hasta ese fatídico contacto con sus padres sobre la perspectiva tan amigable de…
— ¿Vamos a dar otra vuelta y volvemos a casa? Son casi las ocho y deberíamos pensar en preparar al menos una entrada.
La claridad diurna todavía estaba en vista, los niños correteaban a su alrededor y el aroma cálido de las flores en temporada inundaba sus fosas nasales. Se levantaron limpiándose el trasero por si quedaban restos de pastos o demás. Brad tomó la delantera para luego desviarse e ir a una carnicería cercana, ambas pedalearon hasta la casa con una sola planta y paredes exteriores blancas. Entre mujeres podían hablar sobre otras cosas más personales: el vestido como también los arreglos, si saldrían de luna de miel apenas terminara la boda o algunos días después.
Extasiada por su vestido sencillo con una cola hermosa con detalles de encaje, Emmy parloteó sobre tener todo el salón junto con la decoración lista. La luna de miel se vería retrasada por unas semanas debido a un caso complicado a resolver, si todo salía de perlas ambos se embarcarían por Sudamérica a pasear y conocer las culturas en cada nación. Oyó sobre las Cataratas del Iguazú, pasarse por Montevideo y luego subir hasta Rio de Janeiro. ¿Todo en quince días? ¡Estarían moviéndose constantemente!
Cenaron en tranquilidad los tres, a eso de las once treinta entró un estado somnoliento en su cabeza imposible de deshacer. Sherry se disculpó por abandonar tan rápido una película familiar, a la pareja no le molestó e inclusive aseguraron tranquilidad a la joven. Al acostarse recibió un beso cariñoso por parte de ambos para ser finalmente arropada por la mujer, con un dulce "descansa bien y sueña con los angelitos" de su parte.
Se durmió al dar la segunda vuelta en la cama.
Gustaría estar andando nuevamente en bicicleta con quien compartió momentos inigualables, pero ya no estaba con ellos desgraciadamente sumándose al número de víctimas en el mayor desastre en tiempos de paz. Brad pudo haber sido muchas cosas y haberle hecho rabiar, pero lo quiso como si hubiese sido su propio padre; sentía ese tópico bastante controversial en su cabeza debido al aprecio significativo hacia William, pero cuando este se iba a cumplir su trabajo en la capital de Misuri o en Nueva York ella quedaba bajo custodia de Emily junto con su esposo. La pasaban bien, comían mucho y la arropaban en la habitación de invitados deseándole una fantástica noche de sueño, mencionando las cosas por hacer el día siguiente.
Pero de eso hacía ya dieciocho años. Siempre daba una plegaria por todos sus conocidos incluyendo al hombre castaño, añorándolo desde lo más profundo de su corazón.
El dolor adormecido por los recuerdos estaba molestándole dejándola exhausta y las malas noticias de la tarde anterior la habían dejado frustrada. ¿Quién diría que la vida puede cambiar así? ¿De un momento a otro? Nunca se imaginó cuando niña terminar en esa manera una magnifica tarde en donde finalmente pudo escribir como valía la pena, las maravillas de la adultez la sorprendían cada vez más. Con una toalla cubriéndole el cuerpo desnudo abrió su armario debatiendo mentalmente qué podía llevar a la estúpida velada. Lo más apropiado para ese calibre era algo no muy escotado, entrando en su definición de "atuendo conservador"; no muy corto ni claro, poco llamativo. Apagado para no opacar a los demás.
Pero también estaba la opción opuesta la cual le llamaba mucho la atención.
« ¿Vestido negro aburrido y en corte "primera dama"? ¿O atrevimiento color carmín?»
Como la mayoría de las damas que asistirían esa misma noche en negro (el clásico azabache no moriría ni porque fuera el año dos mil cien), no le quedaba mucha opción. Desenfundó ambos vestidos de las bolsas para atuendos, admirando a cada uno en un tiempo determinado contando cinco minutos. El cabello le goteaba con un suave perfume floral, impactando en su espalda caucásica desnuda.
Admiró ambas prendas sintiéndose confundida. Se cruzó de brazos un buen tiempo, recordando automáticamente que llevaba nada más que una jodida toalla; cogió del cajón repleto de bragas una negra de encaje, sumando a un sostén especial para vestidos sin tiras. Olía a mata polillas en fragancia a lavanda, obligándola a fruncir su ceño mientras descubría su cuerpo desnudo y se colocaba la ropa interior.
El vuelo de por si había sido aburrido. Un niño lloriqueó incansablemente hasta casi el final, un hombre (que se había sentado atrás suyo) pateó su asiento incansablemente; el ave metálica sufrió turbulencias la mayor parte del viaje, dejándolo agotado y desganado. Peor fue cuando quiso ir al baño a echar una merecida meada y terminó teniendo que aguantárselo todo por orden expresa de la azafata, quien ordenó en forma desagradable volver a abrocharse los cinturones. No dejaba de bostezar mientras esperaba sus dos míseras maletas en la estancia enorme, con la cinta especialmente en el medio con el lugar por donde saldrían en una pantalla plana amurado a un pilar.
Mucha gente esperaba impaciente, algunos hablaban con sus seres queridos por teléfono móvil pero él no hacía más que fruncir el ceño, rascarse la nariz y esperar a ver su equipaje. Los viajes transatlánticos no le iban demasiado bien, decidió bastante resignado. ¿Sherry viajaba todo el tiempo en esa manera tan caótica?
Probablemente iba en ejecutiva como una persona súper importante completamente forrada en blanca proveniente del gobierno; él tuvo que resignarse a la versión más económica pero con un sándwich repleto de pollo el cual deseaba estar comiéndose en ese preciso instante. Una buena en su haber. Tendría a un asistente lame botas quien recogía su equipaje, no tener que esperar como lelo para recibirlo en un servicio bastante deficiente; un punto para la rubia. Ahora se le antojaba ser un agente gubernamental volando en un jet privado, bebiendo champaña mientras se mofaba de "las pobres almas" allá esperando por abordar un puto avión.
«Sería un puto cabrón como millonario, pero al menos tendría a alguien llamado Alfred para preparar mis cosas o esperar por ellas. Maldita sea, quiero un mayordomo.»
Todavía recordaba la última vez que la había visto, le provocaba algo raro en el estomago. ¿Era eso algo especial? ¿O estaba sintiendo hambre? Probablemente tendría que comer algo, los precios en el aeropuerto lo obligaron a soltar una risa sarcástica mientras negaba la idea de comprar algo allí. No pagaría una barbaridad por un jodido sándwich, lata de gaseosa o lo que fuera. «No soy millonario, y aunque lo fuera me parece un puto abuso pagar esa cantidad por una lata pequeña. Bésenme el culo y déjenlo bien baboso.» Volviendo sobre sus pensamientos hacia su amiga, sin dudas sería grato volverla a ver.
Sería por trabajo porque Estados Unidos de golpe necesitaba algo suyo, o al menos una mujer al teléfono dijo algo por el estilo. La voz junto con el nombre en particular no doblegó sus sospechas hacia el motivo, se mantuvo firme hasta obtener un poco más en su haber. Él necesitaba esa promesa de cincuenta millones si deseaban sus servicios, porque podría estar ayudando a levantar muros en Edonia o haciendo cualquier cosa útil por su tierra natal. Por ejemplo: levantó los muros junto con el techo él solo de la pequeña casa donde vivió su madre; arregló los jardines y hasta plantó cuadrados repletos con césped súper verde para darle otra cara a la triste casa. Sus vecinos clamaron por sus manos jóvenes y no negó ningún pedido porque estaba desesperado por tener un poco de satisfacción personal.
Ahora que la tenía quería ese dinero. El dinero podría comprarle un Ferrari junto con un Rolex o nuevo móvil para juguetear cuando estuviera extenuado por trabajar por sus vecinos.
¿O siguió los pedidos antaño realizados por Sherry? La muy seria casi le arranca la piel y se la come porque demostró un poco de sentimentalismo (o negación) a muchas cosas. Al fin y al cabo trató de cambiar un poco para ser más humilde, a costa de tener la espalda junto con manos destruidas. No se arrepentía. Ver las caras de agradecimiento de los ciudadanos de Edonia fue gratificante.
Divisó a lo lejos sus preciadas maletas negras en tamaño medio, casi grita feliz para luego levantar el dedo medio hacia el resto de los mortales. Tenía sus cosas y le importaba un bledo el resto. Podían irse al carajo los precios exorbitantes, pensó mientras caminaba por la estancia enorme para salir a donde esperaban demás personas a familiares o amigos quienes provenían de otros lados. Pidió un taxi en un puesto a la salida, indicando dónde estaría como también la idea de llevar un poco de prisa. Pagó extra por un chofer rápido, en menos de cinco minutos ya estaba a bordo de un coche limpio con olor a limón en el interior. Marcó al lugar donde estaría hospedado pidiendo que llevaran a su habitación una vez presente un platillo grande, con extra papa y una bebida grande de litro. Ansiaba comer algo para después quitarse la ropa, darse una ducha y finalmente dormir como Dios manda: en una cama en posición horizontal.
El calor fuera era sofocante por ser pleno junio con sabor a ser un verano muy complicado para DC, por suerte dentro del coche acondicionado en óptimas condiciones el aire acondicionado funcionaba. ¡Hasta tenía salidas de aire para el pasajero trasero! Daría un buen puntaje en internet sobre la agencia de taxis por eso mismo, más cuando no estaba acostumbrado a tanta humedad mezclada con calor. Sacó su teléfono celular del bolsillo trasero y vagó por las aplicaciones para terminar con la galería de imágenes. Protestó un par de veces por tener un móvil maltrecho el cual quedaba sin memoria constantemente. Estaba aburrido y el paisaje urbano no inspiraba exactamente mucho interés en él. Acabó por comenzar una nueva partida de póquer móvil, olvidándose sobre los alrededores como si solo estuviera.
Pensó en escribirle algo a Sherry informándole que ya estaba en camino al hotel pero se contuvo. ¿Por qué lo haría? Era algo irracional y poco propio de él. Siguió su partida saboreando el suave frío del acondicionador de aire.
Con un bonito vestido sin tirantes de color rojo y con un tajo hasta la rodilla, un maquillaje en tonos cobre y unos bonitos zapatos a juego con el vestido (un collar y aretes), Sherry descendía elegantemente del coche compartido conducido por el esposo de su mejor amiga. Lo que menos quería era llamar la atención, lo más sensato de todo era eso pero tuvo el efecto contrario. Dejó a sus compañeros con la boca abierta, parecía que babearían de un momento a otro si no cerraban sus cavidades orales. Lo peor de todo era encontrarse soltera a disposición de ciertos buitres del otro sector contrario al suyo, quienes asistían con intenciones de elevar ojos a mujeres con un pasar económico pasable a muy bueno. ¿Quién decía que solo las mujeres podían ser caza fortunas? Peor cuando algunos dentro eran casados.
Las mujeres la miraban con envidia en sus ojos. Lindsay la miraba feo; se dio una palmadita en la espalda a modo de gratificación.
Los camarógrafos encargados no se tomaron ningún reparo a la hora de hacer fotos a quienes llegaban, lo cual la incluía. ¿Así se sentían los grandes nombres en California? Puaj, tenía ciertas opiniones hacia el periodismo y cómo trataban a las personas (peor cuando estos hicieron desastres con cierta cobertura alrededor de quince años atrás). Kim se le acercó y la tomó del brazo al verla algo molesta. La mujer con pelo negro lacio recogido en un moño francés llevaba un vestido simple, corte griego, en color azul marino. Complementaba con zapatos de tacón y joyas a juego.
—No sé si sabes pero estas dejando ríos y ríos de baba detrás de ti. A mí me da un poco de asco, igualmente. ¡Imagina resbalarte en uno de esos charcos apestosos! —murmuró, en tono jovial—Sherr, necesitas dejar de asistir a las galas.
La rubia giró sus orbes azules.
—Podría decir que me traumas pero viví cosas peores a ti. Y por cierto: yo no pedí estar en un lugar como este. Tendría que estar mirando una película o rascándome el higo con la consola.
—Deja de llorar por tus vacaciones, de seguro van a darte un mes más solo por trabajar un par de días. ¡No te atrevas a decir que no lo sé! En este lugar pueden ser autoritarios, malos compañeros o comunistas camuflados, pero cuando te obligan a volver de vacaciones siempre te premian con un mes extra. —Cruzaron el umbral de la gran puerta con marcos bañados en oro y diseños rococó—. Allí podrás hasta masturbarte a diario sin que te jodan. Pueden hacerlo una vez, pero no lo hacen una segunda.
Se paró en medio de un salón recibidor enorme, luces cálidas alumbrando a decenas de invitados.
— ¿Vas a empezar con eso de nuevo? ¿Tanto te importa mi vida sexual?
—Eres una muñeca hecha y derecha, tendrías que tener sexo al menos dos veces al día. En vez de saltar steps como entrenamiento deberías saltar sobre algo de carne.
—Lograrás sacarme de mis casillas otra vez. Enserio te lo advierto: ¿Qué pasa si ahora no me acuesto con nadie? No me apetecen las citas o un encuentro casual. Si quiero acostarme con alguien tiene que ser con un hombre al cual ame, sea mi pareja y no viva intentando decirme qué hacer.
—Es la típica frase paternal sobre "hacerlo con alguien a quien en verdad ames".
— Como lo dijo Blur en tono de burla, bendita sea mi Emily querida. —levantó sus manos a modo de plegaria hacia el cielo; volvió a mirar a su amiga—. ¿Y si prefiero dejarlo así? Bastante me pasó con mi ex. Le entregué cuerpo y alma para que se fuera a no sé dónde.
— ¿Emily volvió a atosigarte con Parklife o algo así? Voy a conseguirle una restricción perimetral; madre mía, mujer. Hablas como solterona sin remedio. —Negó suavemente con la cabeza mientras continuaban caminando entre los demás invitados—. Mira Sherry Birkin: si yo tuviera ese cuerpo sensual y delgado que tienes tú, estaría paseando de hombre en hombre para divertirme. Nadie dice que tu opción o elección esté mal, pero ¡Por Dios! No tienes quince y te están hablando de sexo en una clase de educación sexual. —La chica rió y la miró con cariño—. No digas que no sería capaz. ¡Mira el cuerpazo que tu mami y tu papi crearon! ¿Crees que no les encantaría?
—Creo que mi papá no estaría muy feliz si ando por ahí haciendo lo que tú propones.
—Cierto, mala mía. Por eso todavía no tengo hijos: porque me van a dar un dolor de cabeza cuando crezcan y hagan lo que te estoy ordenando; no te cortes, igualmente. Disfruta de tu feminidad, amiga. —Detuvieron su marcha entre dos rondas medio grandes. Leroy logró alcanzarlas luego de vigilar a quien aparcaba los coches atentamente. La morena sonrió a su pareja—. Un poco tarde hoy, Lee.
—Lo siento, no confío en los tipos fuera. Mi coche es casi como mi hijo.
La rubia acercó sus labios a la oreja de su amiga, mirando hacia otro lado para no incomodar a Lee.
—Así es como no quiero salir con más hombres.
Su amiga no evitó echarse a reír por su comentario. A veces su esposo era francamente molesto con un puto pedazo de metal con caucho y plásticos.
Un camarero pelirrojo y con algunas pecas se detuvo a su lado con una bandeja repleta con copas de champaña. Les ofreció una audazmente mirando a la mujer rubia sin descaro alguno. Kim, sin pensarlo dos veces, se llevó una a las manos; pero Sherry negó con amabilidad la propuesta. Honesta consigo misma no le apetecía tomar esa noche, su amiga confirmó las sospechas sobre la amargura en la bebida burbujeante. «Detesto la champaña amarga, para mi es dulce o nada.» El muchacho les deseó una grata velada y siguió su rumbo.
—Debo admitir que extrañaba un poco esto. —Kim tomó un sorbo el cual estaba frío y saboreaba esa amargura tan exquisita—. La semana fue un caos, si no veía aquí hubiera terminado tomando una copa de vino o esto yo solita.
—Por suerte me di mi dosis semanal de cervezas hace unas noches. No te das una idea lo que ansiaba tomarme una.
— ¡Oh, con limón en ella! Mi queridísima amiga, a veces me doy cuenta que tienes relativamente buen gusto para beber.
— ¿Relativo?
—No te agrada esta maravilla —señaló con la mano hábil la copa medio llena—, por ese "relativo".
—O será que cada persona es un mundo distinto al tuyo, linda. —frente suyo rieron sarcásticamente—. Chelsea se pasó por casa a tomar una con debido permiso maternal.
— ¿Qué cuenta esa "maravillosa" chiquilla? Debe estar enorme.
La mayor parte de sus amigos conocían a su hermana pequeña con ciertos matices, la mayoría de ellos siendo más bien negativos por ciertas actitudes. Kim se lo dijo en más de una ocasión que encontraba algo raro en ella, más allá de sus traumas o la depresión diagnosticada años atrás. De cualquier forma la amaba con todo su corazón ya que la vio crecer, cambió sus pañales y compartían el mismo amor desmedido por un juego en particular.
–No creció mucho, pero bueno. Está intentando ponerse al día con algunas cosas de la escuela, hace poco se reincorporó después de su internación. Me alegra pensar está mucho mejor en salud sin embargo en hormonas se va al traste.
— ¿Vive pendiente del sexo?
—Sí, hasta me confesó que dejó de ser virgen hace unos días. Casi me caigo sobre mi culo tres veces seguidas ante esa revelación.
—Déjame adivinar: tú lo sabes pero su mamá no, ¿Verdad?
—Fue al contrario. Parecía querer guardarlo para decírmelo como si la fuera a juzgar. Lo único que le dije fue sobre cuidarse por las enfermedades o embarazos no deseados y que se asegurara de disfrutarlo.
—Buen consejo, creo que ahora podría dejarte tener a mis hijos a la hora de dar la famosa "charla".
—Oh, no. Soy horrible para eso. Cuando Emily intentó explicarme algo me reí en su cara como una lela durante una hora seguida. Con Chels me costó también hablarlo porque todavía la veo como una bebé. ¿Sabes lo difícil que es enterarse que ahora tiene sexo? ¡Me sentí muy vieja!
—Vaya, tienes complejos maternos a la hora de hablar. ¡Me encanta!
Estaba por replicar cuando Christina Salinas se acercó con una sonrisa y un bocadillo envuelto en una servilleta. Enfundada en un vestido blanco con tirantes atados al cuello y falda con vuelo; peinado hecho en peluquería, consistía en una trenza a modo de diadema con el resto del cabello inflado como si fuera la década de los 60. La rubia admiraba a quien poseía el cabello castaño, no mucha gente podía lucir semejante peinado retro y quedarle tan bien como a Christina. Peor si miraba las puntas levemente onduladas, pareciendo un bombón asesino. Saludó a ambas amigas con abrazos amistosos para luego mirarlas descaradamente a las dos.
—Uf, si fuera hombre les echaría demasiado los perros. ¡Ambas están terribles hoy! Oh, por cierto: deja en paz a mi antigua vecina, Kimberly Jones. —la aludida se señaló enarcando una ceja negra, preguntándole con la mirada "¿Yo estoy haciendo algo malo?"
—En realidad le hablaba sobre cómo puede soltarse un poco, dejar de parecer la madre de su hermanita y de la vida en general. Todavía no entré en el Kama-Sutra.
—Ay, hablas de Chelsea y le brillan los ojos —bromeó dándole un leve empujón sobre su brazo derecho—. Mándale recuerdos de mi parte, me cae bien pese a muchas actitudes propias de la edad.
No lo negaría: era su pequeño orgullo. Pese a la mierda en su vida como la mitad de los problemas en cabeza y cuerpo, era una muchachita amorosa con buen corazón. Siempre dispuesta a ayudar a los demás sin importar nada; la quería en una forma descomunal.
—Es un trato.
Su bolso vibró, alguien le había enviado un mensaje y como persona algo obsesiva debió echar una mirada. Dejó a ambas amigas charlando animadamente, alejándose un poco para a replicar a quien enviaba. Era pequeño color granate con piedras de fantasía incrustadas. Dentro tenía solamente lo necesario: su credencial, llaves, un poco de maquillaje y su infaltable amigo electrónico. Lo tomó: seis mensajes nuevos. «Podrían haberme escrito antes de que viniera a este lugar. Estaba aburrida esperando que pasaran por mí, maldita sea.» Era una constante universal el hecho de recibir notificaciones o pedidos de otros para comunicarse cuando uno estaba ocupado, sin embargo al encontrarse libre no ser de utilidad para otros.
Pulsó la pantalla y una retahíla de mensajes con distintos emisores se abrió. Replicó a cada uno con cariño por ser personas muy importantes para su vida, también soltó un poco de sarcasmo para algunas personas las cuales merecían una cucharada. Emily era una.
Su jefe estaba un poco más lejos, algunos amigos se encontraban cerca de la mesa de bocadillos. Los camareros con bandejas repletas de copas junto con vasos de fino cristal iban y venían con ritmo eficiente. Agentes vistiendo trajes negros se mantenían alertas aunque no podía pasar nada. Igualmente nunca estaba de más tener un poco de apoyo por si acontecía algo fuera de lo normal, sin embargo para ser honesta consigo misma sería un poco suicida intentar una maniobra contra el jefe de estado con al menos cien personas quienes sabían empuñar un arma.
El presidente, junto con su amigo actual vicepresidente y gobernadores saludaban a los invitados gracias al código interno de ser cordiales con sus votantes. El cabello negro azabache estaba salpicado por manchas blancas, sonrisa medio sincera. Esperaba que fuera exactamente lo que prometió en campaña y no un sucio mentiroso más; además el tipo soltó bastantes cosas sobre como contaría la verdad en Raccoon por una promesa a su antecesor, esperaba oír un esclarecimiento sobre lo acontecido hacía tanto tiempo atrás. Lo merecía como las otras personas supervivientes. Un muchacho con auricular en su oreja en conjunto con un traje completamente negro se paró en medio de la estancia, anunció que la cena ya estaba lista y podrían avanzar hacia el gran salón a degustar "deliciosos platillos".
Volvió con el trío quien continuaba conversando vivamente.
Kim se aferró al brazo de Sherry y avanzaron entre el mar de gente. Christina fue junto a su pareja Oliver en medio de tanto alboroto, diciendo se encontrarían en cierto tiempo entre las mesas ya que estaba en la siguiente. Las voces se mezclaron en un solo canto. Subieron una escalera y llegaron a un amplio recibidor, todo estaba finamente decorado y sumamente arreglado con una anticipación grande por el evento.
Se adentraron en la estancia comedor.
Encontraron su mesa para agrado de las mujeres repleta de amigos dentro del trabajo; no tocaba estar cerca de Cassidy o Dante, el petulante pelirrojo en sistemas. Sherry se acomodó en la agradable silla cubierta de una tela blanca con un listón grueso atado al respaldo en color crema. La mesa era amplia y circular con capacidad para doce personas. Decorada con un fino mantel blanco, arreglos de flores con rosas junto con velas en color dorado; vajilla de una fina porcelana. Kim se sentó a su derecha acompañando a su marido al otro lado. Abraham, un simpático rubio que se había unido a las filas hacía relativamente poco, a su izquierda. Este tenía unos cinco años menos, pero era muy maduro para su edad además de contar chistes inteligentes.
Salvo si se embriagaba en un bar común, momento donde comenzaba con una retahíla de chistes humor negro para deleite (y desagrado) de sus amigos.
Una flota de personal portando bandejas con la cena salió de puertas dobles que daban a la cocina. Una mujer de unos cuarenta años les sonrió y poco a poco les dejó el menú: ravioli con crema de champiñones. ¡Y solamente era el primer plato! Abundante portando vista de ser delicioso.
Sus compañeros no esperaron un momento para comenzar a comer. Las entradas solas no bastaban en absoluto para saciar hambre, Kim soltó un gemido de satisfacción indicando efusivamente lo bueno del platillo. Abraham convino su respuesta totalmente concentrado en su plato. Sherry llevó los raviolis a la boca y degustó con tranquilidad. Los platos eran deliciosos acabándose rápidamente. Realmente los chefs de elite eran los mejores. Los platos fueron retirados y Lenard, sonriendo ante las bromas de sus compañeros de gobierno se dirigió a un estrado, carraspeó con la garganta y acomodó los micrófonos.
—Buenas noches a todos —comenzó; los aplausos no se hicieron esperar—, espero que estén disfrutando de una selección fenomenal en materia culinaria. Agradezco a Steven, nuestro cocinero. —Una flota periodística ingresó a la estancia, se mantuvo a una prudente distancia. Algunos camarógrafos se posaron a los costados presionando sus obturadores—. Gracias por asistir a la cena de gala, y muchas gracias a los ciudadanos de este hermoso país por elegirme como su representante a nivel mundial. Lamentamos el hecho que ha acelerado las elecciones, pero también sabemos que es una llamada de atención a cada gobernante en el planeta. El bioterrorismo es un hecho que perjudica miles de personas, deja familias destruidas y ciudades en ruinas.
»El lamentable incidente en Raccoon City fue la primera llamada de atención. Fue la gota que finalmente derramó el vaso pero estuvimos enceguecidos como especie por tanto dolor y sufrimiento, dejó una marca imposible de borrar en la historia humana. Lamentablemente buenos ciudadanos perdieron la vida en algo que no debería haber sucedido. Confiamos excesivamente en corporaciones que traicionaron la confianza pública; vastos sectores de la política mundial no supieron cómo manejarlo. Pero tomamos medidas y fueron la justicia que las familias afectadas merecían. Actualmente, el mundo se encuentra bajo la constante amenaza de grupos de terrorismo que buscan tomar el control en forma espantosa.
» Con este mandato concedido por mis compatriotas estadounidenses, voy a erradicar el bioterrorismo. Volcaré mis esfuerzos más grandes en este ambicioso objetivo con ayuda de las demás naciones, junto con los agentes de las organizaciones como la BSAA y Terra-Save. Ustedes, quienes asistieron a esta velada, también jugarán un rol fundamental en este proyecto para erradicar el horrible bioterrorismo. — Aplausos corteses se hicieron resonar ante aquellas palabras—. Nuestro mayor gasto será en esta área sin descuidar los demás conflictos con otras naciones, intentaremos zanjar los problemas con el medio oriente provocados por los grupos extremistas y conduciremos a nuestros aliados a una nueva era de paz y prosperidad mundial.
»Trataremos de erradicar de una vez la pobreza existente con un extensivo plan económico para generar nuevo empleo, logrando que miles de americanos tengan el trabajo necesitado para suplir a sus familias con la comida de cada día. Crearemos viviendas y trabajos para aquella gente que no dispone de los recursos necesarios; también, desbarataremos y detendremos aquellos que comercializan y juegan con la vida gracias a la venta de distintos estupefacientes. Conduciremos al país hacia nuevos horizontes.
Sherry no creía muy posible algunos puntos. Es decir, ¿Algún presidente realmente luchó contra las drogas y el tráfico de personas? Que ella recordara solamente fueron promesas de campaña. «Peor cuando te dicen como lema "solo di que no". Ni hablar con el temita ocasionado por el bioterrorismo.» Esperaba no ser la única de la mesa que pensara igual. Finalmente finalizó aquel discurso cargado de ensoñaciones probablemente complicadas de cumplir.
De cualquier manera: ¿El gobierno hacía ya dieciséis años no estuvo involucrado con Umbrella desde un principio? Algo había indagado y quienes desearon ocultar todo fue la administración presidencial a finales de los noventa, aunque luego les entró cierto cargo de conciencia (o fueron lo suficientemente inteligentes para plantar todas las pruebas contra su accionar a la compañía farmacéutica) gracias a todas las manifestaciones a nivel mundial por esclarecer semejante atentado contra la vida pacífica. El mundo paró por una semana, si quedaban con los brazos cruzados podían parecerse a los peores dictadores de primera mitad del Siglo XX.
Saludó a los ciudadanos, el presidente volvió a su mesa recibiendo ciertos comentarios positivos de la primera dama como también su asesor personal. La cena reanudó como siempre: comida a por montones. Pero tenía un gusto amargo, tan solo esperaba no estar equivocada... Dejó que una expresión neutra se adueñara de su rostro para cubrir su malestar palpable, blanco como la nieve y con apariencia de tener apenas veinte años "gracias" a su padre.
Bebió un sorbo de agua dejando a la noche seguir su curso.
Jake recibió esa mañana una notificación por correo que sería retirado de su hotel gracias a la "ayuda" de unos agentes especiales, quienes lo llevarían directo a la mujer quien pidió dar con él o al menos incluirlo en no sabía qué cosa. Accedió porque el dinero sonaba bien, el numero prometido por esta se trataba de una suma cuantiosa la cual agradaba a sus oídos. «Al menos es útil para guardarlo en alguna cuenta bancaria a futuro, nunca se sabe cuando puedo necesitarlo nuevamente.» No le gustaba reconocerlo pero el trauma infantil por no poder darle a su madre las medicaciones necesarias se le quedó para siempre. Y cuando esa mujer casi autoritaria pidió su colaboración en algo, aclarando que pagarían hasta siete cifras por su colaboración, no dudó un puto instante.
« ¿Cómo dijo que se llamaba? Su apellido iba con V o B…» Podía reconocer el nombre, era casi el común de varias mujeres en el país donde estaba: Emily. En su país de origen había varios similares, pero le causó más gracia cuando dijo "Emily (su apellido)" y se la imaginó rubia de ojos claros.
Al menos eso dictaba el estereotipo en las películas o series vislumbradas hasta la fecha.
Acabó el desayuno completo quitándose los trocitos traviesos de cerdo al igual que terminando de saborear el incomparable sabor a huevos revueltos con salsa de tomate. Podía aguantar al menos cinco horas con el estomago así, ni hablar sobre el puto jugo de pomelo más sabroso jamás ingerido. ¿Por qué todo era tan bueno? El hotel tampoco se trataba de un lujo con fregaderos dorados o retretes parlantes, pero las camas eran buenas y el desayuno sabroso. Miraba la tele frente a él con atención tratando de ponerse a corriente con algunas novedades en el país que lo acogía por el momento, descubriendo muchas más cosas de las pensadas con anterioridad. ¿Dónde estaba el poderío mostrado hacia fuera? Tenían casi los mismos dramas que en Edonia…
«Parece que el Tío Sam es uno de esos quienes siempre están hablando maravillas sobre su vida, para terminar siendo una mierda miserable la cual intentan maquillar con algo para salvarse.»
Amaba al país donde nació y jamás lograrían doblegar su voluntad respecto a esa tierra olvidada en los confines europeos, desarrolló un tipo de… ¿Asco? Por todo lo referente al lugar donde nació su padre. Exactamente allí comenzaban los problemas en el mundo: el incidente de Raccoon, la mitad de las caídas económicas como también algunas compañías farmacéuticas. Al menos tenían algo bueno que se conformaba en una persona en singular, a veces molesta como pocas, otras ocasiones un ángel.
Cruzó los utensilios utilizados en el plato para luego levantarse, coger el móvil y guardarlo en su bolsillo delantero, morral incluido en la acción, para encaminarse y sentarse en el vestíbulo a esperar por el coche. No tenía idea hacia donde se dirigiría, podrían sacarle los órganos o extraer toda su sangre para venderla en el mercado negro así evitar crear una cura. ¿Qué le dirían? ¿Querrían algo en particular? No sabía nada más que el nombre y apenas si recordaba el puto apellido. ¿Vería al amigo de Sherry con el pelo estático? ¿Se cruzaría con esta última?
Siendo honestos desde su subconsciencia lo esperaba.
Mientras esperaba decidió que jodería con el chofer hablándole en su lengua natal o podría probar con algo de griego para despistarlo. Era un hijo de puta con clase, poliglota como pocos en la tierra, lo usaba para cosas malas en vez de buenas. Sería entretenido debido principalmente a no contar con servicio de internet móvil en el país. Navegó por los perfiles de sus amigos o mandó mensajes para notificar que se encontraba bien en su hotel. Reconoció que comió como lo dioses anoche a su mejor amigo, quien envidió en forma sana al rubio al otro lado.
La recepción se trataba de una estancia bastante amplia, con tres juegos completos de sofá muy mullidos, un carrito con el cual llevar el equipaje al costado del par de ascensores a la derecha de la entrada, ventanales hasta el suelo por donde podías ver al resto del mundo caminar o admirar la vista callejera; suelos en loza color blanco con algunos detalles los cuales se asemejaban a nubes, techo blanco repleto de luces en colores cálidos y un presente aroma a pinos en todo el lugar. Se encontraba casi recostado en un juego color gris, ultra cómodo en el cual se hundía como si estuviera en un barco al borde de desaparecer en las profundidades. Piernas largas y separadas como cualquier varón rozaban la mesa de café construida en vidrio color verdoso, con un adorno semi moderno que asemejaba la forma de un cuenco con frutas en distintos tamaños y colores.
Continuó navegando hasta que una atractiva mujer de detrás el mostrador se aproximó, informando con voz profesional sobre el auto fuera esperándolo. Asintió para luego ponerse en pie y caminar hasta la abertura doble con apertura automática; un tipo alto, con cuerpo macizo y cabello abundante negro estaba parado al costado de la puerta trasera de un coche sedán brillante en color azabache. El día no lo sorprendió mucho: nublado con apariencia a llover. Caminó en dirección para luego adentrarse en las profundidades del automotor con asientos mullidos.
Arrancaron luego de ser informado sobre donde pasaría un rato siendo entrevistados por la mujer la cual requería su presencia, reconoció la mitad del equipo en el asiento delantero: irían a un establecimiento gubernamental.
Recorrió las calles concurridas con relativa prisa, el tipo era un as tras el volante o un desquiciado que se metía en cualquier hueco el cual pudiera caber el coche. Él sabía manejar pero era mucho más recatado, prefería obedecer las leyes Edonianas sobre cómo conducir para evitar astronómicas multas; seguramente era un requerimiento el saltearse semáforos o zigzaguear en calles semi completas para las personas enviadas por el gobierno. Dejaron atrás comercios, un par de escuelas primarias como también secundarias, arribando a un vecindario bastante pintoresco con casas y edificios de primera línea, los cuales un alquiler podía costarte un ojo o dos. Se acercaban al lugar general de mando, habitado por el hombre quien tenía el poder de dirigir el ejército más devastador del mundo hacia alguna guerra en cualquier parte.
«Ni hablar sobre su arsenal nuclear. En cualquier momento se lo tiran a algún norcoreano o algo por el estilo.» Los conflictos con ese país quien se negaba a actualizarse resurgieron luego del asesinato del anterior jefe de estado, quienes habitaban ese país aún socialista clamaban tener un arsenal biológico enorme como también la posibilidad de acabarlo todo con sus potentes bombas nucleares si cualquier país decidía ingresar fuerzas especializadas para erradicar las "terribles cargas víricas". Jake creía que todo era una cortina de humo, ese país solo se abría en contadas ocasiones, sin embargo contaban con ayuda de los rusos quienes probablemente pasaban algunas muestras o pruebas realizadas en sus laboratorios. Solamente rezaba (eso que él no era muy cristiano o católico) porque el mundo no se viera sumido bajo un fuego nuclear.
«Igualmente me hace gracia eso de "te voy a lanzar una bomba atómica si entras a mi país". Creí que esas cosas quedaban en el siglo XX con el temita del mundo bipolar y así.» Todo podía pasar en el planeta Tierra: desde un país pequeño con una terrible invasión biológica hasta tener un territorio soberano donde realmente creían la existencia de un unicornio.
El tráfico se detuvo por cerca a la casa blanca, avanzaban a paso lento hasta el momento de luz verde; luego volvían en la siguiente manzana y así. Frustrante, decidió jugueteando con un juego donde combinar tres diamantes te daba puntos, por eso prefería un país como el suyo o si vivía una zona rural. ¿Por qué tanto lio en las zonas urbanas? ¿A dónde querían llegar tan rápido? Cómo no comenzaron a sonar distintos cláxones, tal cual si fuera una buena idea para obligar al conductor delante tuyo a moverse más rápido. Preguntó a quien conducía si las cosas siempre eran así, el hombre replicó afirmativamente con un asentimiento rápido para comentar cuanto solía tardar hasta llegar a su casa algunos días. Trabajaba en la zona más céntrica y vivía en un tranquilo barrio residencial a unas cuantas manzanas, a veces podían pasar dos horas y apenas si llegaba.
Preguntó sobre la situación con el transporte público para enterarse sobre un estado regular. El conductor prefería la privacidad de su coche particular como el asignado para transportar pasajeros importantes, pero sí era más rápido ir en el metro que tomándose el bus. Cuarenta minutos después arribaron a un edificio alto, con ventanales brillantes de vidrio espejado para no ser escrutados sobre las actividades realizadas, con gente entrando y saliendo por la puerta giratoria.
Aparcó en un lugar vacío donde figuraba una indicación especial para el personal allí trabajando, el conductor indicó sobre el poder bajar y obedeció ya un poco deseoso para estirar las piernas.
Fue conducido por la entrada, pasando directo por un molinete electrónico gracias a la ayuda del conductor y recibió la indicación para subir al octavo piso en donde lo esperaba una mujer lista para llevarlo a la reunión importante con la doctora Emily. Seguía pensando en el jodido apellido sin poder recordarlo; lo tenía en la punta de la lengua pero se quedaba allí atascado. Molestaba esa sensación presente en la mente sobre tenerlo para al final no poder reproducirlo. Obedeció en línea recta y pulsando los botones externos quienes brillaron en azul, un pitido alegre confirmó el descenso para luego elevar la mirada y comprobar efectivamente el arribo próximo del aparato.
Al abrirse las puertas con suavidad se adelantó al cubículo gris metálico con luces blancas, música propia para el aparato junto con un embriagador aire fresco corriéndole por la nuca. Fuera estaba pesado producto de la humedad, ese airecito adorable venía muy bien en su opinión. Presionó el botón número ocho junto con el especial para la abertura sin más dilaciones. Una sacudida leve y sintió el cuerpo un poco más pesado mientras subía.
Al llegar efectivamente lo esperaba una hermosa mujer con cabello negro y ojos despiertos en color café, piel nívea en contraste con la melena morena con una figura asesina. No evitó mirar arriba hacia abajo el conjunto oficinístico de falda tubo hasta por encima de las rodillas, camisa blanca con una chaqueta fina negra. Nariz recta con punta ligeramente hacia arriba, un lunar sobre la ceja definida izquierda y labios inferiores más carnosos que los superiores. «Una muerte fatal mirar a este bombón.» Oyó sobre la sala de reuniones aparte a donde sería conducido para luego dejarla avanzar un poco y admirar las piernas delgadas junto con una clase maravillosa al caminar. Lastima los típicos zapatos tacón cuadrado que obligaban a usar a las empleadas.
La susodicha estaba al fondo y luego un giro a la izquierda, puerta doble de madera oscura con dos pomos dorados. La mujer abrió uno para luego dejarle ingresar. Dentro dos personas charlaban: uno con el cabello más "cómodo" habido por haber en color rubio cenizo y la mujer con su melena dorada clara corriéndole por la espalda. Conversaban sobre algo en particular probablemente banal, revisando los teléfonos mientras tanto e indicando algunas cosas sobre la pantalla misma; Leon soltó una risotada al vislumbrar algo en específico, indicando a la doctora Emily que "esa imagen estaba buenísima" y se la pasara por mensaje más tarde.
También oyó mencionar a Sherry una sola vez aunque no logró captar la totalidad del tema.
La sala poseía una mesa ovalada en medio completamente de vidrio, con al menos ocho sillones azabache alrededor designando el lugar donde posar el trasero; techo blanco con molduras cóncavas en mismo color, distando mucho del suelo en loza oscura salpicada por algunas manchas del techo un proyector.
Leon se dispuso a marcharse y ambos se le acercaron. Lo saludó con un apretón de manos, idéntico el gesto a la doctora. Continuaron por unos segundos más su charla amena.
—Mi hija te manda saludos, dice que te pateará el culo la próxima vez en donde no respondas un mensaje —dijo la mujer rubia con gafas, voz seductora con tonalidades sedosas; quien era amigo de Sherry sonrió en forma ladina—.Ya sabes cómo es, solamente dile "si" o "no" cuando te envíe cualquier cosa.
—Es un trato. —miró en su dirección enfundado en un uniforme compuesto por un pantalón de vestir gris con línea perfecta, zapatos en color suela y camisa blanca arremangada por los codos—. Llegó el indicado. ¿Cómo va todo Jake? —No aguardó recibir una réplica—. Te veré cuando Parker decida hacer la parrillada. Noi pide hacer alguna receta alemana para acompañar los filetes.
—Mándale recuerdos de mi parte, ya que estamos. También sobre la disponibilidad de mi cocina. Hasta la próxima, Leon.
Se despidieron con saludo cordial: chocando puños. La mujer enfundada en una bata médica lo vio marcharse para después girar sobre su propio eje y encararlo. Los ojos celestes con una curiosidad casi enfermiza por quien tenía delante brillaron detrás de las gafas con marco negro cuadrado, su rostro casi perfecto apenas si poseía arrugas; parecía tener apenas treinta cuando en realidad estaba cercana a tener cuarenta y cinco años. Sin dudas se trataba de algo cercano a lo antinatural, su aura parecía emanar algo extraño sin embargo se guardó absolutamente toda conjetura sobre quien tenía frente suyo. Profesional, se decidió cuando la vio alcanzar una tableta electrónica con un lápiz especial para interactuar con esta en una forma casi autoritaria, concentrada en escribir a mano algo en ese dispositivo ultra fino el cual no vería la luz para el mercado general por mucho tiempo.
Vestía una camisa crema bajo la bata puramente blanca, con pantalones de vestir azul marino el cual conformaba parte de un uniforme alterno al lugar donde estaba. Llevaba consigo un bolso grande y ancho en donde probablemente portaba sus cosas personales u objetos de trabajo, cogió también su móvil táctil con la maldita fruta en la parte posterior. Tipeó algo en la pantalla virtual luego de exhalar un suspiro frustrado, posando finalmente la atención en quien tenía parado hacía casi diez minutos. Carraspeó con la garganta un par de veces luego de depositar todo sobre la mesa ovalada a su costado.
—Señor Muller, es un placer tenerlo aquí hoy. Gracias por no rechazar la oportunidad mundial para hacer un trabajo fenomenal.
Quería acotar algo como "sí, claro" o "¿Van a volver a usarme como hace casi dos años?" pero se contuvo. Había algo en el comportamiento casi robótico perteneciente a esa mujer que no invitaba a mencionar ese tipo de cosas.
—Creo recordar la mención sobre tener información importante sobre mi padre para compartir —articuló luego de haber digerido la presencia femenina más marcada en lo visto durante el último año—. Me gustaría saber de qué trata.
—Oh, sí. Eso mismo… —pareció molestarse al pensar en la persona quien brindó la mitad del material genético para crearlo. Parecía que su papito querido no solamente jodía a poblaciones en África o ciudades del medio oeste estadounidense—. Permítame primero hablarle sobre un tema en particular, luego podré darle una carpeta con toda la información necesaria para saciar su curiosidad.
— ¿Usted lo conoció?
Casi se corta la punta de la lengua al hacer la pregunta que aguardaba pero por decoro no debió hacerlo. Vio como se descomponía por segundos el gesto femenino para volver a su rictus neutro con trazos de severidad.
—Tuve la desgracia —contestó franca—. Mató a la mitad de mi familia, intentó hacer eso mismo con mi única hija y condenó al mundo a su estado actual: a una condenada mierda.
Ahora quien se encontraba sorprendido por la franqueza era él. La doctora parecía todo lo contrario a una persona libertina a la hora de profesar palabrotas.
—Mierda, lo lamento.
—No hay cuidado, pasó hace tiempo y por suerte tuvo lo que merecía. —punzada el estomago tal cual el momento donde Chris dijo algo similar en el pasado—. Siéntese en esa silla, estaré platicando sobre preocupaciones gubernamentales en un momento.
Él nunca lo conoció y eso pesaba mucho en su cabeza. Las palabras contra suyo pinchaban esa fibra sentimental por el padre desaparecido durante años, pese a no ser exactamente un Lassie humano. Tuvo mucho tiempo como para conocerlo mientras estuvo vivo; le importaba una mierda o no sabía de su existencia. Siempre se preguntaba si de haberlo visto se hubiera sorprendido o mostrado a gusto con el hijo engendrado. Solo tenía una respuesta clara: no lo sabía, solo podía hacer conjeturas.
—Me complace anunciarle que nuestro gobierno se encuentra interesado en usted por dos motivos: además de su sangre para nuevas investigaciones, queremos tenerlo como agente propio y enviado en el extranjero. Sabemos que el dinero es muy importante para usted y mis superiores dicen que no hay problema en facilitarle la suma que usted considere.
¿Y qué tenía que hacer el emblema de la BSAA en una de las carpetas sustraídas del bolso? ¿O en el hombro izquierdo? La rubia entregó una carpeta que el muchacho cogió instantáneamente, jugueteando con las hojas brevemente para luego volcar su atención en ella.
— ¿Qué no había otro tonto para escoger alrededor del globo? Déjeme adivinar: todo por mi relación sanguínea.
Emily enarcó una ceja algo mosqueada por la forma. Carraspeó con la garganta cogiendo una tableta electrónica del bolso.
—No solo eso, ya reclutamos otras personas de todo el mundo que sirven como agentes enviados por el nuevo Ministerio contra los riesgos biológicos. Alrededor de quince naciones ya dieron el visto bueno para crear otros ministerios similares y Edonia pidió formar parte en forma expresa al nuevo presidente. Y no: no es un tonto y puede que su sangre haya influenciado al gobierno edoniano como para escogerlo a usted de candidato.
—O sea mi gobierno piensa que soy bueno para algo más que pagar impuestos abusivos o reconstruir casas en el centro. Me halagan.
—Dejemos eso para otra ocasión, señor Muller. Lo importante es lo siguiente: hay un nuevo caso, inédito para la región, donde una ciudad pequeña en el medio de Nevada necesita un equipo de reconocimiento tanto del gobierno como otras organizaciones. Ocurrió un repentino brote con un agente desconocido para nosotros y necesitamos que al menos un agente del mundo sea nutrido con la experiencia de campo allí desarrollada. No solo estaría sirviendo a esta nación sino que también al mundo con los nuevos datos allí, además de ayudar gente inocente a salir de una situación tan riesgosa.
—Solo respóndame esto: ¿Por qué alguien de Edonia y no de Alemania o Francia? Los muchachos allí tienen más experiencia que un tipo de un país en quiebra como lo puede ser Edonia.
—Los agentes de esos países ya están asignados en otras partes del mundo. No es de público conocimiento pero cerca de la zona de Osaka se detectó una fuga de otro agente con características similares a la nueva cepa súper desarrollada del virus T, también en los Urales. El ministerio pidió una persona con una rápida disposición para el caso en nuestro país y usted estaba primero en la lista.
—Podría haber estado… No lo sé, ¿arriando vacas?
—Deje los chistes para otra ocasión, señor Muller. Es un deber para con otros seres humanos y los chistes mal ubicados cuestan una vida más —cortó indignada, aferrándose con fuerza a su dispositivo electrónico—. El país entero, hasta tiene una carta proveniente del presidente, pide su colaboración. Si se queda en ese plan chabacano estaría burlándose de otros compatriotas quienes mueren por una acción tardía.
—Vaya… Siento haber actuado así —mintió fingiendo el tono; seguía insistiendo el temita sobre su sangre relacionado con ese gobierno. Solo por regenerar su líquido vital a diario no lo convertía en un súper héroe para los estadounidenses. Ni hablar sobre las sanciones económicas de estos últimos en conjunto con la Union Europea por el desastre ocasionado por el grupo de insurgentes—. ¿Tiene alguna información para ponerme al día sobre esa ciudad?
—Claro que sí. —Metió su zurda dentro del bolso para coger otra carpetita, en menor tamaño a la anterior dada, con expresión póker.
—Es un breve resumen aprobado por nuestro departamento de seguridad. Le ruego que no lo pierda porque contiene un poco más de información a la revelada al público, y si cae en manos equivocadas podría surgir un escándalo o pánico histérico entre la población. Lo que menos quieren es caos o disturbios en las calles por una situación aparentemente controlada. El país no está en condiciones como para enfrentar otros incidentes como los acontecidos en Detroit el año anterior.
Recordaba algo sobre el tema: el presidente anterior no se hacía cargo por lo acontecido en Tall Oaks o algo así, y la gente se mostró muy disconforme con el tema. Detroit fue solamente un escenario dentro de la gran nación donde se desató el desastre en forma de incendios, negocios saqueados y al menos cuatro muertes por corridas y enfrentamientos con las fuerzas del orden. El asunto hacia el exterior no mostró los verdaderos motivos para semejantes disturbios, los medios de comunicación fueron prohibidos de mostrar todo el rodaje capturado como también parte de las conversaciones presidenciales sobre el tema. Los estadounidenses no tenían mucha paz desde la muerte del presidente en una de las universidades y el vice asumido luego de eso fue un inepto.
—Lo leeré cuando tenga un poco de tiempo.
«O cuando se me antoje, señora petulante.»
—Ruego que sea antes del viernes que entra, volverá aquí para una charla en exclusivo con el ministro y algunos asesores de seguridad nacional.
—Okey…
—Eso es todo lo referente al asunto oficial. ¿Hay alguna pregunta que desee hacer antes de marcharnos ambos?
Tenía alrededor de dos infinitos en preguntas las cuales comenzaban con un "por qué". Parecía un niño pequeño en la peor etapa de todas. De cualquier forma se sentía obligado a tenerlas si deseaban gozar de sus servicios protegiendo al "país". ¿Qué no tenían una puta armada para ello? ¿O Fuerza Aérea? Oyó también el tema de la automatización para evitar enviar soldados a los peores frentes quienes se convertían en víctimas de los agentes utilizados. Drones conducidos desde las bases a kilómetros de distancia comenzaban a ponerse en funcionamiento dentro de todos los comandos en Estados Unidos.
Las viejas guerras donde combatían humanos contra humanos hacía años terminaron por desaparecer: ahora eran conflictos bélicos contra amenazas mucho más poderosas que un tanque o armamento enemigo.
—Usted mencionó haber conocido a mi padre. Lamento volver sobre el tema pero necesito saber. ¿Qué le hizo exactamente?
Emily detestaba hablar sobre ese tipo infeliz o sobre las cosas hechas a su familia y amigos en la unidad STARS. Odiaba ese nombre (no lo pronunciaba porque parecía una maldición hacerlo) y también traía mala suerte mencionarlo. Albert Wesker no solo fue un colega dentro de Umbrella, sino que luego se encargó de hacerle la vida imposible al acontecer el desastre en Raccoon en el verano de 1998. Desde el incidente de la mansión, orquestado por Umbrella y sus deseos de poner a prueba sus bio armas, Wesker se encargó de amedrentarla con lo que más podría dolerle: su hija junto con Sherry.
Ambas personas eran parte de un pasado tranquilo y sin ningún contratiempo al cual deseó volver por mucho tiempo. Ellas dos conformaban su mundo y moriría si algo les pasaba. Al final se las ingenió para conseguir llegar hasta su hija, obligándola a transformarse en la única cosa la cual nunca quiso como madre: un monstruo infectado por el mismo agente que creó.
Chris Redfield era su dios por haber erradicado a ese hijo de puta de la faz de la tierra. Por eso era su mejor amigo como el padrino visto a ojos del dios para otros.
—Qué no hizo es una pregunta mejor. ¿Muy interesado? —Se burló metiendo con brusquedad sus objetos en su accesorio—. Te cuento la versión abreviada sin mucha dilación: se cagó en mí, mi familia y mis amigos como si fueran cosas completamente dispensables. A mis mejores amigos los condenó a muertes horrendas de la mano de bio armas solo por el mero hecho de probar su efectividad, condenó a mi familia al miedo porque Umbrella no paraba de buscarnos. Aseguró que mi marido fuera asesinado en Raccoon; y para rematarla, conmigo secuestró a mi hija e intentó asesinarla. No lo logró porque la suerte estaba a favor nuestro, pero ahora esta sufre terribles consecuencias por su culpa. Persiguió a Sherry durante años por sus anticuerpos contra el G.
»Si algún día llegas a conocer a Jill Valentine pregúntale a ella, a Chris ya lo conoces porque me lo dijo, pero aprovecha a hacer la misma pregunta a él. Si lo mío te remueve el estomago, pregúntale a ella qué le sucedió bajo sus garras nefastas.
Sin dudas se tensó al hablar, respiraba entrecortado por la rabia más pura haciéndole parecer un toro embravecido. Trató de serenarse conteniendo una bocanada completa, con puño cerrado tembloroso al costado de su cuerpo menudo. La mejor pregunta jamás hecha para categorizar a ese tipo como el hijo de puta más grande; se alegraba un poco haberle respondido a sus inquietudes pese a haber sigo algo grosera. Wesker sin dudas sacaba lo peor de sí y por eso prefería no volver a pensar en él. Suspiró lentamente un poco mejor, despidiéndose del señor Muller luego de entregar el informe correspondiente de su padre rápidamente y un saludo serio al para luego volver a su oficina en la BSAA. Había mucho trabajo por terminar allí dentro, Spring Valley era uno.
A Jake le gustó el carácter férreo sin embargo sintió lastima por todas las penurias aguantadas por esa mujer. Su papito era exactamente un ser siniestro, capaz de buscar hasta a Sherry para algún fin malvado. Pensar eso llenaba su corazón con un miedo irracional a terminar como él, con esa misma vocación para ganarse el pan de cada día; nada más lejos de la verdad porque últimamente el rubio se comportaba maravillosamente bien con el prójimo. Raro, claro estaba, pero al menos no buscaba mostrar su lado mezquino como si fuera Wesker.
Cogió bien todo lo entregado para luego marcharse con paso tranquilo, seguido por el equipo el cual lo escoltó hasta esa sala silenciosa. De golpe le dieron ganas de disculparse a la rubia bonita por las atrocidades hechas por su padre.
Sherry condujo hasta su antigua casa de la infancia donde todavía vivía a quien consideraba su madre y su hermana pequeña, aquella que casi le hace escupir el corazón al comentarle exactamente eso: ya no era una niña inocente sino que ahora se convirtió en una persona sexualmente activa. Chelsea misma ni más ni menos: a quien cargó tanto tiempo en brazos, consoló cuando tenía una pesadilla y enseñó a leer en conjunto con Emily cuando comenzó el primario. Esa misma niña ahora era una adolescente hormonal con un novio tan… ¿Extraño? Como Liam Marini, hijo del difunto compañero de Brad y Emily por igual. «Es normal, tu tuviste tu primera vez a los dieciséis con la respectiva charla hilarante de Emily. No era chistosa pero yo me reí como si fuera el mejor chiste jamás contado.» Era joven cuando hablaron finalmente de sexo, le causaba mucha gracia la palabra pene o vagina, a todos los adolescentes por igual les sucedía lo mismo.
Además tener sexo no era un pecado, era natural sentirse atraído por uno e intentar demostrar el cariño en mente hacia el otro en forma de sexo desenfrenado; solo esperaba para su hermana más pequeña un único deseo: que disfrutara como mujer, no solo para complacer a un hombre (en ese caso a su novio) cual pedazo de carne. Vivir con alguien de carácter tan fuerte como Emily le enseñó todo eso y más, por ello mismo cuando las cosas se fueron al caño con Duncan ella simplemente cortó todo por lo sano salvando muchas peleas innecesarias o noches sin placer femenino.
«Pero estamos hablando de Chelsea, mi hermanita querida. ¿Cuándo creció tanto?» El tiempo volaba, reconoció con cierto disgusto mientras bajaba del coche con unos años encima, admirando la claridad casi nula. Verano, si, sin embargo pasaban las nueve. Cerró con un movimiento provocado por su cadera para caminar por el sendero creado con baldosas grises hasta la entrada a la casa; muchas veces hizo ese mismo recorrido, algunas ebria y otras con el corazón en un puño. Esa vez también lo llevaba desbocado por los nuevos informes provenientes de Nevada, pero podía soportarlo un poco mejor que cuando Chelsea apareció al borde de la muerte. El coche familiar como también el Jeep Compass de Parker estaban aparcados en la playa estacionaria, dentro del garaje seguramente las bicicletas o los ítems deportivos con nombre femenino en ellos.
Acercó su cuerpo hasta la puerta para tocar un par de veces, llevaba el móvil pequeño en su mano hábil chequeando las redes sociales o algunos portales informativos; una notificación respectiva a un juego apareció en la pantalla avisando sobre la nueva disponibilidad de vidas para volver a incitarle a jugar. La ignoró devolviéndola hacia arriba, oyendo pasos al otro lado como la inconfundible voz de su hermana gritando que ya había llegado. La puerta se abrió revelando a quien consideraba un hombre honesto, amigable como también un poco torpe en ocasiones.
Parker Luciani llevaba puesta una camiseta azul sin estampado con cuello redondo, sonrisa en su rostro surcado por arrugas con las mejillas cubiertas por un color carmesí. Siempre parecía sonrojado sin embargo era un proceso natural cutáneo; portaba bermudas color caqui y unas chancletas negras.
— ¡Qué gusto verte de nuevo por esta casa, Sherr! —exclamó el adulto amistosamente—. Hace unos días no nos veíamos ni hablábamos por el grupo familiar.
—Lo sé, lamento no haber estado muy disponible. Estamos todos con las manos agarrándonos la cabeza gracias a Nevada. Y mis vacaciones iban hermosamente bien en soledad que hasta se me salió de la cabeza dialogar con otras personas.
— ¡Y que lo digas! —gritaron desde la cocina una vez hubo ingresado al interior del living—. A tu amiguito Muller no le cayó en gracia.
« ¿Hay algo que le vaya bien a ese hombre?»
— Por cierto: hola Emmy, un gusto volver a verte.
La aludida asomó su cabeza por el umbral del arco directo hacia la cocina.
—Hola, bombonazo. Hoy me toca a mí supervisar la comida.
—Ya sabes: tú favorito —dijo Parker cogiendo su bolso para colgarlo detrás de la puerta—. Lasaña con salsa boloñesa. Ponte cómoda querida, estás como en tu casa.
Volvió a mirar en derredor a la habitación tan bien conocida por los años allí experimentados. Las paredes cambiaron de color recientemente, luciendo un blanco espectacular el cual reflejaba maravillosamente bien la luz dejándola levemente ciega; los muebles fueron nuevamente barnizados luciendo como nuevos pese a tener al menos una década en uso, piso en madera oscura pulcramente limpio cubierto por una alfombra imitando a las persa en colores oscuros. El trío de sofás con tres asientos y dos con uno cambiaron de posición enfrentando a la televisión pantalla plana debajo de la ventana hacia el jardín. La chimenea donde colgaban las medias festivas ahora lucía otros adornos, sin mover el viejo retrato militar de Brad o su reloj. Chelsea estaba sentada en el sofá grande con el móvil color oro entre las manos probablemente charlando con su novio, seguramente ni siquiera se percató de su presencia.
Sonrió ladinamente meneando la cabeza con diversión; seguramente fue igual con su primera relación.
El techo blanco poseía una lámpara colgante alumbrando hacia las zonas de descanso y otra hacia el pasillo, con algunas de pie directo a las habitaciones. El librero repleto con los tomos universitarios de Emily estaba por detrás del sofá grande, igual o más lleno que la última vez donde visitó la casa.
Se acercó hasta la jovencita con paso saltarín, besando su coronilla mientras se encontraba distraída para comprobar que no estaba charlando con su novio, sino que revisaba Twitter para luego cambiar a una nota en línea sobre su franquicia favorita. Todos estaban extenuados con la cuarta entrega numerada, ella se incluía en la lista. Chelsea viró la cabeza sorprendida, sonriendo hasta las orejas para luego tenderle los brazos como cuando tenía cinco años. «Mi corazón no resiste tanto amor por su parte.» ¿Por qué crecían tan rápido?
— ¡Sheeerry! —exclamó emocionada—. ¡Carajo! ¡Ni siquiera te vi! Creí que continuabas en la puerta, maldita sea.
—Es porque estás todo el día en línea con tu móvil, corazón. Si fuera mi época estarías en una computadora y si fuera la de tu madre andarías viendo la televisión.
—Ay, no digas eso que suenas a mamá. —Besó su rostro con dulzura—. Te eché de menos. La casa no es lo mismo desde que no estás.
—Chels: me fui hace como cinco o seis años.
—No importa. Antes cuando niña iba de mi habitación a la tuya, así todo el día. Ahora tu cuarto es simplemente de invitados y guardamos frazadas viejas allí. Ojalá tuviera tu suerte, no soporto más vivir con mamá. Todo el día gritándome porque no me saco la maldita A en química o física.
Sherry comprendía sus palabras: Emily era una persona excesivamente estricta con el tema de las calificaciones. A veces rozaba el límite de lo ridículo pero ella se manejaba así con quienes quería y educaba. Molestaba mucho, claramente Chelsea estaba en lo cierto, pero lo que no sabía era las discusiones eternamente largas entre ambas féminas; los gritos alertaban a los vecinos cuando sucedían y la joven amenazó con abandonar la casa en más de una ocasión. Si se iba terminaba en casa de Liam o de Maysie, su mejor amiga, sin embargo no alcanzaba dar todo el paso.
—Tenle paciencia, pequeño saltamontes. Es tu madre y no lo hace por maldad. Lo digo por experiencia.
—Ya, fíjate si puedes conseguir que me deje en paz aunque sea un minuto. Dos como mucho para poder vivir en paz.
Asintió para besarle la sien derecha, dejándola sumida en su actividad anterior y dirigiéndose a la cocina. ¿Tan mal estaban las cosas por casa? Le había hecho jurar a la mujer si por favor evitaba hacer lo mismo con su hija pero parecía imposible. "Así eran los adultos" repetía incansablemente la frase. Esperaba no ser así cuando tuviera hijos aunque siempre cambiaban las cosas con el tiempo. Ingresó a la estancia sintiendo el sabroso olor a jamón junto con el queso caliente proveniente del horno. Parker Luciani daba homenaje a su ascendencia italiana con unas lasañas de muerte, además sobre contar chistes malísimos durante la cena. Al mirar hacia la mesa vio a la pareja revisando respectivos celulares aunque Emily dedicaba breves ojeadas a la comida.
Algunas cosas no cambiaban nunca, menos si era referente a la cocina y a la rubia en cuestión. Abrazó a la mujer con fuerza una vez llegada, palmeando su hombro para sentarse a su lado como en los viejos tiempos. Ambos depositaron sus móviles sobre una mesa extra para el teléfono fijo y dedicaron toda la atención hacia la recién llegada.
— ¿Cómo les va con todo el ajetreo? Lamento no haberme pasado antes, sé que puede venir Cara y no voy a estar presente.
Cara Luciani era la hija del castaño con su ex pareja, la mayor para ser más exactos. Con el mismo color de cabello que su padre como también sus mejillas abultadas, ojos caramelo por la madre junto con una nariz delgada recta.
—Bien, tratando de mantener el pequeño orden en la oficina aunque sin éxito —replicó la mujer, le cogió la mano amistosamente—. Seguro que por dónde estás tú viven corriendo por doquier.
—Spring Valley nos está dejando secos de cerebro, lo admito. Peor cuando hay tan poca información sobre el agente utilizado allí. Me da lástima por esa pobre gente pero locos hay por todos lados.
—Nunca mejor dicho, cariño —asintió el hombre con tono apesadumbrado—. Esperemos no haber respondido al asunto tan tarde.
—Jamás: hacemos lo que podemos. Además la policía a nivel nacional tiene entrenamiento para situaciones similares. No digo que habrán logrado neutralizar todo ya que están cortadas las comunicaciones, pero al menos habrán sabido cómo actuar en este caso. Algo bueno siempre sale de Raccoon.
—Si: mis tomos universitarios —bromeó la mujer intentando distender el ambiente, lo logró haciendo reír al par—. Hablemos de otra cosa que no sea trabajo, por amor a Newton. Empezamos hablando de Carita y ahora volvemos a caer en la trampa adulta.
—Emmy tiene razón —convino el hombre luego de levantarse y comprobar la cena; bajó la temperatura al horno para luego coger una gaseosa del refrigerador—, siempre como robots estamos. ¿Algo nuevo para contar?
—Van a matarme ya que va por el lado del trabajo de nuevo… Logré tener un pequeñísimo aumento y espero que me paguen por haberme cancelado las vacaciones. Después, en mi apartamento se averió el fregadero y el fontanero resultó ser un viejo compañero de secundario.
—Quiero saber ya quien —cortó la mujer con intensidad maliciosa en la voz—, necesito reírme un rato.
—Keith Sanders, el guapetón del futbol americano.
— ¿Por qué no me extraña nada? —Parker no entendía por lo cual la mujer comenzó a explicar—. Keith Sanders creía ser un dios en el futbol americano y hasta rechazó a este bombón asesino aquí a mi lado "porque estudiaba de más". Ahora el karma vuelve porque esa chica tan estudiosa trabaja para el puto gobierno que le cobra los impuestos.
—Oh, el karma es una perra.
—Exacto, P.
—Ya se, Em. Pero el tipo me contó que lo corrieron de la universidad por no sé qué cosa y ahora se dedica al negocio paternal de la fontanería. No podía creerlo e intenté tragarme toda sorpresa para no ofenderlo. Juro que no soporté un segundo más y cuando se fue revisé toda red suya. Era verdad.
—No me da lástima, te rechazó y ahora la vida se encarga de devolver todo el mal hecho. ¡Chelsea! —Gritó al oler la comida— ¡A comer!
Recibieron un "¡ya voy!" exasperado. Se notaba en el ambiente esa tensión antes mencionada por su "hermana"; ¿qué se podía esperar de dos personas con el carácter más duro jamás visto? Las dos eran un calco idéntico: Chelsea un poco más joven y Emily con más títulos que refregar. Los problemas sin duda se trataban de algo bastante común cuando dos individuos poseían un carácter similar, peor si uno transitaba los terribles años adolescentes en los cuales cualquier cosa podría hacerte estallar por los aires. Chelsea se presentó arrastrando los pies, recibiendo la orden seca para poner las bebidas como también los cubiertos; Parker se levantó para ir por los platos a utilizar, no sin antes coger su móvil para enviar un mensaje muy discreto sobre la situación en la casa.
Sherry lo recibió en forma de vibración en su mano, leyendo desde las notificaciones un vistazo a las primeras líneas del mismo. Al abrirlo se percató sobre lo mal que estaban las cosas en esa casa familiar.
No te imaginas las veces en donde intercedo para evitar una pelea a mayores. La cosa está que arde, parecen detestarse a muerte por el tema universitario como otras cosas más. Empeora si hablas de Liam o sobre las cuantiosas salidas desautorizadas de tu hermana. Si pudieras hablar con Emmy en algún momento ruego que lo hagas, así puedes hacer algo que yo no estaría consiguiendo: una tregua temporal.
Se sorprendió en forma no grata acerca de ese tema. Recordaba haber oído precisamente a Emily decir "está bien, no la volveré loca con la escuela" pero rompió esa promesa seguramente por considerarla "una forma de cuidarla". Ahora seguramente pujaba por intentar meter sus intenciones académicas sobre la hija bastante buena en dibujo, y esta probablemente gritaba a los cuatro vientos por perseguir sus sueños como dibujante en algún estudio importante. Claro: a la madre probablemente eso le parecía "cosa de hippies" sin estudios que solamente pasaban la vida dibujando tonterías, no veía el potencial mas allá de un terreno científico. Daba ciertamente un poco de lastima esa situación porque quería a ambas pero tampoco sabía si lo correcto era meter mano.
Quien consideraba como una "segunda madre" poseía tendencias a ser demasiado cabezota cuando se lo proponía.
Comieron en paz una vez dispuestos todos los utensilios sobre la superficie plana, charlando sobre temas variados sin recurrir al trabajo; obviamente como adultos costaba un poco pero se entretuvieron con otros temas actuales en el país y el mundo. Sherry oyó complacida sobre un nuevo avance en robótica avanzada a manos de Joshua Ashford, la manera en la cual fue mencionado por Emily dio a entender el orgullo hacia el descendiente perteneciente a Chelsea Ashford y su esposo Alexander. Tuvo suerte de no ser encontrado por la mente insana de uno de los gemelos creados artificialmente, según palabras de la rubia a su lado, también por tener la mano amiga gubernamental siempre a disposición.
Hacía rato no le enviaba un mísero mensaje para preguntar cómo iban las cosas por aquella vieja mansión, debería felicitarlo por las buenas nuevas. No muchas veces se conoce a un geniecito en persona, y Josh poseía tanta humildad en su corazón que a veces pasaba por un trabajador cualquiera. Siempre vestía bien, obviamente no podría entrevistarse con la cantidad de gente importante con la cual hablaba como si fuera un marginado, sin embargo al hablar poseía un desapego a todos los logros posibles. Escabullía a todo tipo de enhorabuena o halago a su inteligencia prodigiosa diciendo "mis genes son así, gracias a papá por no modificarlo todo".
Se apuntó en un rincón mental enviarle algún mensaje al día siguiente.
Al acabar el delicioso plato ayudó a colocar todo en el lavavajillas para luego marcharse un momento al baño. Necesitaba refrescarse las manos un poco, siempre pasaba igual luego de cenar el sentir un imperioso impulso por mojarse las manos para bajar el calor en sus extremidades. Era muy rara en ciertos aspectos. Al acabar cerró el grifo, cogiendo la toalla bordada con las iniciales pertenecientes a Emily en el momento en el cual su móvil vibró pegado a su nalga derecha. No pensaba mucho en ese preciso instante entre que lo cogió y revisó la notificación en cuestión, en la cual Kim pedía desesperadamente que le devolviera el llamado.
«Peculiar. Espero que no se haya peleado con su esposo otra vez, la ocasión pasada estuvimos hasta entrada la madrugada solucionando el problema con la puta tabla del váter. Además quiero pasar tiempo con mi familia.» Se lo merecía por ser tan buena trabajadora, también porque amaba a las personas que tenía fuera.
Abrió la aplicación respectiva para hacer llamadas, rebuscando entre los contactos su nombre para luego presionar sobre el mismo e iniciar la comunicación.
—Dime por favor que esta vez no comenzaron a discutir por la puta tabla del váter.
Su amiga ni siquiera se rió, sonaba excesivamente agitada como si estuviera corriendo. Podía escuchar sus pisadas reverberar en la habitación donde estaba.
—No, nada más lejos que la verdad. Escúchame muy atenta y lamento interrumpir la velada familiar, pero hay algo que debes saber sobre todo el trabajo que los envuelve.
Una corriente eléctrica negativa atravesó su columna con rapidez, provocándole un escalofrío imposible de obviar. Tragó saliva nerviosamente, tomando asiento en el inodoro allí presente siendo iluminada por el par de lámparas a los lados del espejo sobre el fregadero. Mordió la piel dura a los costados de la uña grande del pulgar derecho como siempre cuando sentía un terrible presentimiento.
—Te oigo atenta.
—Bien —dijeron al otro lado con tono severo—. Leon me acaba de pasar algo de información recientemente recolectada, una conversación pirateada entre dos partes ya confirmadas en el caso de Spring Valley. Van por Emily, Sherry. Y si no la obtienen irán por su hija.
—Dime por favor que bromeas muy muy feo.
—No, mi cielo. Díselo en este instante para que tomen las medidas correspondientes. Leon te llamaría en unas horas hasta tener todo tipo de información al respecto, pero como los amas no me atreví a dejar pasar las horas.
—Estás rompiendo protocolo por mí y los míos. —reconoció con ojos llorosos—. No te das una idea cuanto te aprecio.
—Lo sé, ponlos a sobre aviso sobre esto. Emily sabrá que hacer.
Mucha gente fue atrás de Emily en los años donde la conocía y hasta vivió con ella. Desde su familia hasta quienes antes la emplearon, todos con un único motivo en particular el cual no figuraba más que en expedientes viejos extraídos de Umbrella muchísimos años atrás; la investigación generada por la rubia se trataba de un agente mutagénico capaz de crear un ser humano superior, quien podía resistir enormes cantidades de daño físico y luego volver a regenerar cualquier tipo de lesión o corte, todo eso sin perder capacidades de reconocimiento entre un aliado o enemigo; sumaba la fantástica capacidad por la cual podría pasar desapercibido en entornos poblados. Emmy jamás lo compartió con sus jefes, motivo suficiente como para ser atosigada hasta el cansancio por estos para obtener un nuevo virus con propiedades magnificas para el campo militar. Solo pocas personas (incluyendo la creadora) podían tener contacto con el mismo gracias a las enormes maniobras realizadas por la rubia.
Eso fue lo que más cabreó a sus ex empleadores.
¿Cómo relacionaba a su hija en todo? Chelsea fue infectada a propósito para salvarla de una muerte prematura hacía ya diez años. En ese momento desesperado su madre optó por usar su peor enemigo con tal de no perder a su única hija, logrando salvarla aunque condenándola a ser perseguida por gente malintencionada quienes deseaban el mítico virus. O era la creadora o su hija, claramente irían por la cual encontraran primero.
Comenzó a sentir un nudo imposible en sus tripas, dio unas últimas palabras con su amiga para luego colgar y realizar una sesión rápida de siete respiraciones para intentar calmarse. Debía estar tranquila para notificar a Emmy sobre el peligro que corrían, también elevar un pedido de protección a la BSAA para lograr un mayor resguardo a una de sus legendarias empleadas y miembro fundador. Cogió valor allí sentada, con el corazón en su puño cerrado donde al mismo tiempo galopaba desbocado. Se puso de pie, guardando el móvil en su anterior lugar.
Cogió el pomo, lo giró y fue directo a la cocina a comunicar la triste novedad. ¿No era que no hablarían sobre trabajo esa noche?
