Capítulo 2: Cambios
Mis pies cuelgan de la ventana que sobresale en mi habitación, por suerte he acomodado mi escritorio aquí, lo he puesto de este modo cosa de poder ver fuera de mi alcoba.
No es como si el paisaje se tratase de una hermosa cordillera o de un bosque burbujeante de hojas verdes y aves cantando, pero es sin duda la mejor opción para esta pequeña habitación carente por completo de vida.
El pequeño parque de enfrente cuenta con unos escuálidos arboles que intentan sobrevivir al frío de septiembre, es mi primera noche en Londres completamente sola y por algún extraño motivo lo que siempre fue mi sueño ya no luce tan radiante y perfecto.
Mi nombre es Isabella, Isabella Swan. Tengo 20 años y para ser sincera no tengo ni la más mínima idea de que hago con mi vida. Hace una semana vivía con mis padres en Phoenix, la capital de Arizona donde las zonas desiertas y los calores agobiantes eran parte de mi día a día. Y aquí estoy ahora, con los dientes casi castañeando sin poder creer los kilómetros que me separan de todas las personas que amo.
He venido a Londres para cumplir lo que había sido mi más grande sueño, estudiar ingeniería civil en la Universidad de Londres ¿Qué podía ser mejor? Rodeada de calles históricas, en una facultad de envidia con una cultura diferente, las posibilidades eran infinitas para mi. Así que en cuanto he tenido la oportunidad he emprendido el viaje, con el apoyo de mis padres he llegado aquí en busca de algo que recién me voy dando cuenta no tengo claro.
Soy una de esas personas que la vida a tratado con demasiada amabilidad, mis padres se han partido el lomo toda la vida para llenar cada una de mis necesidades y alimentar mas de alguno de mis caprichos, me he dedicado a disfrutar cada una de las experiencias que he tenido y nunca me he intimidado ante nuevos desafíos, no tengo por qué, he aprendido que si yo no creo en mi nadie más lo hará.
El viento sopla y el aroma en el aire me aprieta el estómago, extraño tanto el olor a de Phoenix, que cuando siento este aroma a madera antigua y asfalto frío decido que será bueno salir de la venta.
Bajo mis pies del escritorio de caoba que mi madre eligió el día de ayer hasta sentir la mullida alfombra blanca envolviendo mis dedos y camino en dirección a la cocina para comer algo.
Mamá estaba muy preocupada antes de dejarme, jamás habíamos pasado mucho tiempo separadas y se que la ponía demasiado ansiosa todo esto. A pesar de mi confusión respecto a lo que hacía jamás sentí ni siento el más mínimo miedo. Cojo un vaso y lo lleno con leche para dirigirme con él a la cama dispuesta a dormir, son solo las diez de la noche pero no tengo mucho más por hacer, así que tomo mi celular y reviso los mensajes que Angela–mi mejor amiga- ha enviado hoy.
"¿Qué tal los chicos en Londres? ¿Cuántos te han invitado a salir?"
Me río y casi puedo oír el eco en la habitación, el momento gracioso se evapora más rápido que el agua al fuego y me acurruco bajo las mantas antes de contestarle de vuelta.
"Ni uno solo, estos Ingleses están un poco ciegos parece"
Estoy en una pequeña habitación que me alquilaron al este de Londres, tengo una cocina, un baño y una arrendadora de sesenta y tres años que ha sido muy amable conmigo. Si bien existía la opción de pagar una residencia, le pedí a mis padres que me permitieran vivir separada del resto de los estudiantes, no por ser antisocial sino porque el cambio de un país a otro ya era suficiente para este corto periodo de tiempo, no quería tener que adaptarme a vivir con una completa desconocida en la misma pieza.
"¿No estás asustada?"
Ange siempre ha sido la precavida, no se trata de que yo me dedicara a andar por la vida sin pensar, pero mi amiga hace de cada acontecimiento un manojo de inseguridades que se la comen completa.
"No, así que tu tampoco debes preocuparte por mi"
No es como si algo terrible pudiese pasar, a demás de unas cuantas noches sumida en la soledad.
Aparto mi teléfono a la mesita de noche y estiro la mano hasta la lámpara turquesa que ilumina a medias el espacio. La luz desaparece y mi mirada se concentra en el espacio blanco que está frente a mi, puedo sentir el rápido latir de mi corazón no solo en el pecho, también en las manos y los muslos. Estoy sola, no me refiero a sola en esta habitación sino a sola en el mundo, lo cual me hace sentir terriblemente culpable además de sola porque mientras existe gente que vive situaciones realmente horribles yo ando con todo el rollo de damisela depresiva siendo que tengo una familia que me ama y amigos que me valoran.
No tengo novio, no he tenido nunca uno y he pasado por todas las etapas que una mujer pasa cuando eso sucede, a los 13 pensé que nadie se fijaba en mí porque no era bonita, a los 16 mi madre me convenció de que los intimidaba porque era demasiado fuerte e independiente pero que ya llegaría uno que no se sintiese menos que yo y ahora, ahora creo que simplemente las cosas a veces se dan y otras no, para mí aún no ha sido el momento. Si bien para estas alturas tengo claro que la cosa no se basa solo en que tan buena estoy a veces me bajan las inseguridades, pero lo peor, lo peor no es cuando no me siento bonita, lo peor es cuando pienso que realmente no hay nada malo conmigo y aún así nunca un chico se ha fijado en mi. Quizás no estoy destinada a la vida en pareja, quizás solo debería dedicarme a pasarla bien en bares y al sexo casual, no soy una obsesiva en cuanto a sexo se refiere pero a veces uno extraña lo que nunca ha tenido y me veo pensando como será sentir que otra persona te toque.
Me apoyo en mi costado derecho y abrazo mis mantas mientras cierro los ojos, no he cerrado la ventana, y la pieza está como un jodido congelador, pero prefiero que sea así, por algún motivo esta noche quiero sentir, aunque sea el frío glaciar de Londres en la noche.
La noche pasa tranquila, cuando mi alarma suena lo primero que siento es el dolor en la garganta, lo cual no me importa mucho, ya tomaré algún antigripal mas tarde. Son las seis con treinta de la mañana y me dirijo a la ducha para prepararme en mi primer día del año académico, si bien es mi primer día en esta carrera y esta universidad, no es la primera vez que inicio estudios en una facultad. Antes fui estudiante de la UoP, pero luego de pasar un año en la escuela de ingeniería me di cuenta que eso no era lo que deseaba, después de pensármelo mucho decidí que no me rendiría con Londres.
Después de un rápido baño y calzarme unos skinnies con una camiseta roja de tiras y botas altas marrones, me sirvo una taza de café mientras tomo mi cabello liso en un moño alto y poco prolijo. He de apurarme porque tengo el tiempo contado para llegar a mi primera clase. La facultad se encuentra a quince minutos en auto y media hora en locomoción colectiva, mis padres me ofrecieron dinero para comprar un auto de segunda mano pero me negué, ya suficientes gastos han hecho como para además comprarme un carro cuando puedo manejarme de lo mejor con mis propios pies.
Procuro cerrar la ventana antes de salir y tiendo mi cama para poder arrojarme tranquila sobre ella al volver, me abrigo con un sweater enorme azul marino que me cubre hasta la mitad de los muslos, cierro la puerta de mi alcoba al salir además de revisar que las llaves de la entrada vayan en mi bolsito cruzado y mientras bajo los escalones del lugar me pongo mis audífonos.
Londres tiene un encanto muy difícil de describir, la arquitectura del lugar es impresionante, son cerca de las ocho y la luz brillante del sol comienza a asomarse entre los edificios, cubriendo el cielo de tonos celestes y rosas. Mientras espero que el semáforo cambie de color cierro los ojos para inspirar hondo, una sonrisa involuntaria me brota de los labios. Puede que el peso en el corazón que sentía ayer no fuese más que los nervios de afrontar el cambio pero ahora que estoy en ello no luce tan mal. El cielo estará despejado, estoy segura, pero el frío no abandonara la ciudad. Camino a paso rápido por Rotherfield para ir al paradero, el bus que necesito pasa cada seis minutos aproximadamente en la estación de Essex.
El viaje de treinta minutos se me pasa volando, para cuando bajo el sol ya ilumina todo y hace un frío que te cagas, muchos chicos bajan del bus en la misma estación. Me he estudiado mil veces el plano de la facultad para no tener que pedir ayuda. Hay muchas personas ya, gente sentada en banquitos de madera conversando, grupos de chicas en círculos riendo y siento que el estómago se me recoge en un puño, nunca he sido una persona demasiado tímida, soy esa clase de personas que puede acercarse sin problema a preguntar algo o entablar conversación con alguien que no conozco pero no puedo evitar presionar mi lengua contra los dientes en un signo de completo nerviosismo.
Cuando llego al salón, la mitad de los asientos ya están ocupados. Subo por un costado hasta la sexta fila y pido permiso a un chico que estaba sentado en el segundo puesto.
-Disculpa -le hablo con una sonrisa amable -¿está ocupado aquí? -indico el lugar de su derecha dado que tenía un cuaderno sobre la mesa.
-Oh no, úsalo si quieres -me responde con una sonrisa de vuelta, haciendo que sus ojos azules se pongan chinitos.
-Gracias -respondo sentándome junto a él sin voltear a verlo.
-¿Eres americana? -me pregunta en cuanto termino de acomodarme, me río mientras giro mi cuerpo para observarlo, tienes sus ojos levemente abiertos por la curiosidad, el cabello rubio un poco largo luce desordenado de un buen modo, un mechón le cae en la frente dandole un aspecto tierno, infantilmente tierno.
-Sí, soy de Arizona -me encojo de hombros desatando el moño que había armado antes de salir de casa para dejar que el cabello se me seque -Soy Bella -me presento mientras sacudo mi cabello para que se desmarañe hasta llegarme a la mitad de la espalda.
El solo me observa, con una sonrisa alegre, Al no decir nada alzo las cejas y lo insto -y tu nombre es...
-Jasper, Jasper Hale pero puedes llamarme solo Jazz -sus dedos recogen el cabello desordenado que le cubría la frente y lo alza junto con el resto de la melena -¿Y qué haces en Londres?
-Esto... venía a colarme a esta clase para hacer un atentado terrorista -lo jodo mientras señalo con los labios el bolso que he dejado en el suelo bajo mi silla -ahí vengo llena de bombas -Cuando entiende mi broma sacude su cabeza y se ríe de un modo contagioso.
La clase pasa veloz, la química se me da con facilidad dado que fue una de las materias que vi con profundidad en mi primer año dentro de la UoP. Jazz es una persona genial, compartimos tres de las cinco materias de primer semestre y hemos quedado para almorzar juntos el día de mañana al termino de la jornada. Me ha contado que tampoco era inglés, sino irlandés. Que sus padres estaban divorciados y había estado en un conservatorio de música dos años, su padre por trabajo había sido trasladado a Londres a principios de año, así que decidió venir a estudiar acá para acompañarlo.
Su departamento estaba a pocas cuadras de la facultad, así que al salir de la última clase se despidió para ir caminando hasta su casa mientras yo me dirijo al paradero.
Son cerca de las seis cuando llego a casa, antes de abrir la puerta pienso que sería una buena idea prepararme algo de cenar, así que voy a un local cercano donde encuentro papas y pechugas de pollo. Está empezando a oscurecer así que me apresuro en volver y mientras estoy sacando las compras de las bolsas, mi teléfono sueña, mamá está llamando para saber que tal me ha ido el primer día. Le contesto que muy bien, que no he tenido problemas en encontrar mis salas ni en tomar el bus. Pongo la llamada en alta voz mientras pelo las patatas y las meto al horno, me cuenta que han estado hablando con una agencia de intercambios para ofrecer mi habitación a jóvenes que necesiten alojamiento.
Me agrada, no me molesta que mi habitación sea usada por algún estudiante mientras yo estoy acá, a fin de cuentas así me aseguro que mi pieza no termine pareciendo una mazmorra oscura y encerrada para cuando vuelva. Se que mi madre no deja de hablarme porque me echa de menos, pero me aburre un poco toda la perorata superficial que hace, mientras salteo el pollo que piqué en cuadritos me comenta algo sobre el hijo de una vecina que a penas conozco.
No es que ande de desinteresada por el mundo, pero si hay algo que detesto en mi madre es esa constante necesidad de saber lo que le pasa al resto, siempre me he cabreado con ella cuando llega con chismes que realmente no me interesan, no importa cuanto me piense lo que le digo siempre terminamos discutiendo. No logro entender por qué necesita vivir del resto, a veces creo que se siente tan sola como yo, solo que en vez de intentar buscar amigos e intentar hacer con su vida algo más emocionante prefiere usar la vida de los demás como distracción.
Nunca me ha importado lo que otros piensen de mí, al menos no después de superar todas mis inseguridades de niña, por ende no comparto el afán por opinar sobre personas a las que no les interesa mi opinión, más aún, personas que a mi no deberían interesarme.
-Mamá ya tengo lista la cena, te voy a cortar antes de que se me enfríe -la interrumpo luego de que me habló cerca de una hora -recuerda que estás haciendo una llamada internacional.
Luego de despedirme como rápido para irme a mi cama. No tengo muchas ganas de hacer algo así que prefiero dormir pronto, pero esta noche procuro no dejar la ventana abierta porque ya me siento un tanto enferma. Quizás sería una buena idea comprar algunas cosas para personalizar esta pieza, cuidar niños se me da bien, también hacer algunas clases, pero para ello debería conocer gente, podría hablar con la señora Williams -mi arrendadora- para ver si ella conocía a alguien. Extraño a Angela, si soy honesta conmigo misma no se por qué la extraño, es mi mejor amiga vale, ella ayuda a llenar ese vacío arrollador que de ves en cuando me consume, cuando tengo días en los que quiero hundirme en mi cama y no hablar con nadie, ella llega con su humor deslenguado y actitud de "váyase el mundo al carajo" para recordarme que siempre que quiero puedo sonreír.
Doy la vuelta en dirección a la muralla y paso los dedos en el suave papel tapiz de color crudo mientras suspiro cansada.
¿Cansada de qué? Me pregunto sin tener respuesta, tal vez mañana al volver de la facultad podría salir a trotar un par de vueltas para poder dormir sin divagar tanto como ayer y hoy. A fin de cuentas en un lugar nuevo sin un espacio donde me sienta segura, lo que menos necesito es tiempo para preguntarme si mis elecciones de vida son o no las correctas.
Bueno bueno n.n paso dejando el primer capítulo de esta historia a la cual le tengo un enorme cariño. Es distinto a todo lo que he escrito antes en mi cuenta de fanfiction y mi blog, esta historia es más que un relato bonito de amor. Espero que disfruten tanto leyéndola como yo escribiéndola y me dejen algún comentario si cambiarían o agregarían algo. Agradezco de antemano el tiempo en pasar por aquí. Cuídense y no olviden disfrutar su vida al máximo.
Pd: estoy en búsqueda de alguien que desee traducir mis capítulos al inglés :c yo se inglés pero no soy taaan buena y prefiero que algún alma bondadosa me ayude antes de meter la pata y tener un error vergonzoso, lógicamente tendrán los créditos correspondientes.
