Disclaimer: Los personajes y escenas pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo los utilizo sin ánimo de lucro.
N.A: Este capítulo me ha salido bastante más largo, espero que os guste, pero sobre todo contadme en un review vuestras críticas.
2. Una escena romántica entre 1 (James) y 2 (McGonagall)
Todo estaba preparado, nada podía fallar. Bueno, podían fallar muchas cosas, pero esta era nuestra broma, una de las mejores, de las que más arriesgábamos, en la que dábamos un paso más allá. Estábamos gastando una broma a profesores.
Por una vez olvidábamos a Snape y a los slytherins, en parte porque a Lily no le hacía ninguna gracia que yo, James Potter, su novio- sí, novio, con todas las letras N-O-V-I-O –le gastara bromas a Quejicus, que era su amigo muy a mi pesar, y en parte porque llevábamos una semana francamente horrible. McGonagall estaba de peor humor que nunca, si antes era estricta y no paraba de castigarnos a Sirius y a mí, Lunático y Colagusano solían librarse a veces, a pesar de que nos tenía cierto cariño, esta semana se había pasado tres hipogrifos.
Estaba de mal humor, mandaba más trabajos de lo habitual y calificaba aún más bajo. Incluso a Lily le había puesto mala cara. Por eso nada más y nada menos que a los increíbles Canuto y Cornamenta se nos había ocurrido gastarle una pequeña bromita para animarla.
Puede que nos estemos pasando un poco, ha dicho Remus, y la verdad es que algo de razón tiene, nunca le hemos gastado una broma a un profesor, pero total, tampoco es que le fuéramos a llenar de hinkypunks la bañera, va a ser una pequeña broma que la va a animar.
O al menos eso es lo que creemos, Lily no está al tanto, por supuesto, pero no sé por qué creo que cuando se entere le va a parecer buena idea. Ella es tan romántica y le gustan tanto esas historias de amor…
La broma sería esta noche, y se iba a estar contando por el colegio durante años enteros, no en vano todos hemos pensado, y seguimos pensando, que entre McGonagall y Dumbledore hay algo. Algo romántico, me refiero, amor, que se gustan, tensión sexual acumulada… Argh, no quiero pensar en eso, son demasiado viejos. Pero a lo que iba, que se gustan, por eso es McGonagall la que tiene el puesto de subdirectora, seguro…
Y la sorpresa no sería nada menos que una inesperada y romántica cena organizada en la sala de profesores para ambos. Los merodeadores llevaban semanas espiando las idas y venidas de los profesores y habían descubierto que todos los jueves a las 7 de la tarde, apenas una hora antes de la cena oficial del castillo, la sala de profesores se quedaba totalmente vacía. Sólo tenían que hacer que Dumbledore y McGonagall se encontraran allí.
Podría parecer difícil, pero para ellos, los merodeadores no había nada imposible, y nada les gustaba más que un buen reto como era eso.
La solución acabó siendo bastante sencilla, Sirius y él acumulaban una gran cantidad de notas de castigo y reprimendas tanto del director como de la subdirectora y con la ayuda reticente de la mano experta en caligrafía de Remus podrían falsificar las cartas. Lo que más les costó fue convencer a Remus, que parecía bastante reticente, pero fue Sirius al final quien le consiguió convencer.
—Venga Lunático, si no es una broma, realmente les estamos haciendo un favor y lo sabes. Ellos se aman, pero no son capaces de decírselo —a esas alturas del argumento Sirius luchaba porque su sonrisa no se convirtiera en una carcajada—, nosotros vamos a darle ese empujoncito que necesitan para declararse su amor. Imagínate Lunático—añadió en tono aún más jocoso—que a nosotros no nos hubieran dado la oportunidad de confesarnos lo perdidamente enamorados que estamos el uno del otro, ¿qué sería de nosotros sin nuestras noches de sexo a escondidas?
Entonces Remus, medio riendo medio sonrojado tendió la mano para que le diéramos el pergamino que tenía que escribir. No había sido tan difícil, al fin y al cabo, creo que estábamos corrompiendo al pobre Remus entre todos.
Al final en ambas cartas decían que tenían que tratar un tema un poco delicado que no podía hablarse por los pasillos, pero que quizá el resto de profesores tendrían algo que opinar, por lo que sería mejor reunirse en la sala de profesores que no en uno de sus despachos, y que se reunirían allí una hora antes de la cena, tiempo de sobra como para tratar el tema.
Los merodeadores se revolcaban en el suelo de la risa con sólo pensarlo.
Cuando quedaba hora y media para la cena James, Sirius, Remus se metieron bajo la capa invisible, mientras Peter, en forma animaga les abría camino. La sala de profesores estaba vacía pero cerrada, lo que no era un problema ya que la navaja multiusos de Sirius hasta ahora no había fallado en abrir ninguna cerradura.
Apenas les cabían todas las cosas que tenían que llevar bajo la capa, pero milagrosamente, y con ayuda del mapa, consiguieron llegar sin que nadie les viese. O eso creían…
Nada más entrar en la sala de profesores y cerrar la puerta tras ellos esta se abrió, y los cuatro sintieron que habían sido pillados con las manos en la masa.
—¿Se puede saber qué estáis haciendo aquí? Remus, no me esperaba esto de ti…
A Remus Sirius y Peter se les bajó el nudo de la garganta hacia su sitio habitual, un poco más debajo de sus caderas, pero a James se le cayó el mundo encima.
—Lily te prometo que esto no es una broma, les estamos ayudando, no estamos haciendo nada malo, de verdad…
—Cornamenta, eres un calzonazos que lo sepas— Intervino Sirius, burlándose de su amigo. Sin embargo Lily no estaba de tan buen humor.
—Explicadme AHORA MISMO qué estáis haciendo aquí.
Al principio con mucho barullo de explicaciones y después con mucha mano izquierda y con Remus como portavoz conciliador consiguieron que Lily no se chivara y les mandara a todos derechitos al despacho de McGonagall, incluso les ayudó en la decoración, lo que resultó ser una gran ayuda, porque las dotes decorativas de los chicos no eran, lo que se dice, muy modernas y románticas.
Al final la mesa de la sala de profesores acabó cubierta con un mantel color blanco roto, con pequeños mantelitos granates donde los invitados se irían a sentar, con globos en forma de corazón colgando pegados al techo y sillas recién tapizadas, copas de vino tinto (exigencia de Sirius, un apasionado del vino) y un gran pavo para algo más de dos personas. Lo tenían todo preparado.
Se fueron todos y yo me quedé revisándolo todo, cuando Sirius viera a Dumbledore o a McGonagall dirigirse hacia la sala de profesores yo encendería las velas, me escondería bajo mi capa invisible y saldría cuando ella abriera la puerta.
Estaba esperando a oír mi nombre desde el espejo encantado cuya pareja tenía Sirius cuando un ruido en la puerta me sorprendió. Alguien estaba abriéndola, y me iba a pillar aquí. ¿Cómo demonios Sirius no le había visto? Te voy a matar Canuto. Sin dudarlo un segundo me metí en el armario donde los profesores guardaban las túnicas. Justo acababa de cerrar la puerta cuando escuché la voz de Sirius saliendo a través del espejo. A buenas horas, Canuto, guapo.
—Cornamenta, McGonagall va para allá— dijo su amigo, con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. James, conteniendo las ganas de insultarle de todos los modos que se le ocurrieran (que no eran pocos) susurró:
—¿Se puede saber por qué no me has avisado antes? ¿Cómo snargaluffs voy a salir de aquí ahora? ¡Y me van a pillar McGonagall y Dumbledore, ni más ni menos!
—Bueno, por eso no te preocupes— le tranquilizó su amigo— Dumbledore no va a ir. Verás… Resulta…— al merodeador de le escapaba la risa— que se nos ha olvidado enviarle la nota a Dumbledore y bueno… pues vas a tener que cenar tú con McGonagall. Que lo disfrutes Lunático. —dijo y acto seguido su imagen desapareció del espejo.
—Maldito Canuto, hijo de su malnacida madre maldito el momento en el que le vi y me acerqué a él se va a enterar cuando le vea le voy a matar a cruciatus…
—Pero, ¿se puede saber qué es esto? — se escuchó a McGonagall, sorprendida ante el escenario que le habían preparado.
Mientras, James se debatía si utilizar el espejo para cortarse las venas, quedarse toda su vida encerrado o salir del armario, hacer aparecer un ramo de rosas y desearle un feliz San Valentín a su jefa de casa. O cortarse las venas.
Bueno, pensar sobre mí mismo en tercera persona no ayuda a mejorar la situación. ¿Qué hago? Voy a matar a Sirius… Sí, pero algo con más perspectivas de futuro. Venga, por mi varita, tengo que salir de esta como sea. Con orgullo y como si no pasara nada, sí, eso es lo mejor. ¿No dicen que soy un sexsymbol? Es hora de demostrarlo.
Sin dudarlo más saqué mi varita, hice aparecer un ramo de rosas rojas y salí literalmente del armario.
—Profesora, esto es para usted. Feliz día de los enamorados. —dije y saqué mi mejor sonrisa.
La cara de McGonagall fue épica.
—Pe…pero… ¡Potter! ¿Se puede saber qué está haciendo? —al no tener nada que contestar que no me delatara, callé y le acerqué el ramo. — Potter, ¿esto es una broma? ¡Esta vez has cruzado la línea!
Veía venir el castigo más largo de mi existencia.
—Profesora, no es ninguna broma. Yo sólo quería presentarla mis respetos y mis más sinceras intenciones. —Intenté esconder todo asomo de broma, mientras que en mi interior estallaba en carcajadas. Al final la acabo enamorando y todo.
Pero mi asombro fue mayúsculo cuando ella se quitó las gafas, las dejó encima de la mesa y se llevó una mano a la sien. Cuando levantó la vista, sus ojos eran lo más compasivos que he visto en todos los años que llevo en el colegio.
—Potter, lamento decirte esto… Pero tienes que comprenderlo, tú eres un alumno, eres muy joven, y yo soy tu profesora, entre nosotros… —esbozó una sonrisa y colocó su mano sobre mi hombro—Eres joven, deberías fijarte en chicas de tu edad. Venga Potter, sal y ve a pasar el resto del día con tus amigos.
Bajé la vista, estupefacto y salí por la puerta, que la profesora me estaba manteniendo abierta, llevando aún conmigo el ramo.
Nada más cerrarse la puerta por el pasillo aparecieron Remus, Sirius, Peter y Lily, riéndose a carcajadas.
—¡Que te ha dado calabazas McGonagall! ¡Cornamenta, ya te rechazan hasta las viejas!
—¿Vosotros sabíais esto? — Pregunté al ver a mi novia, mi Lily, doblándose de la risa.
—Claro que sí, James— dijo Remus—. ¿Acaso crees que te habría falsificado la letra si no fuera así?
—¿Y que yo te hubiera ayudado? —dijo Lily— Te merecías por fin un escarmiento, cielo.
—¡A Cornamenta no le quieren ni las viejas! —volvió a gritar Sirius.
—¡Os voy a matar! ¡Cabrones! ¡No salís de esta vivos! —grité y eché a correr detrás de Sirius, golpeándole con el ramo de rosas.
