¡Bien! Por una vez he cumplido y he actualizado a tiempo :D. El anterior capítulo me pareció que me había quedado muy corto (con el word nunca sabes exactamente cuánto va a ocupar u.u) así que me he esforzado para hacer este un poco más largo, espero que os guste ^^
Muchísimas gracias por vuestros reviews, me dan muchos ánimos para continuar con esta extraña historia. ;)
Parejas: FraciaxCanadá, AlemaniaxItalia, EspañaxRomano, USAxUk, PrusiaxAustria, LituaniaxPolonia, GreciaxJapón, RusiaxChina (Por cierto, absolutamente todas las parejas son versátiles)
Intentaré también meter algo de Dinamarca x Noruega, sin embargo, he tenido que rechazar la idea del Prusia x Hungria de izumi15 porque necesito Prusia x Austria para el transcurso de la historia, lo siento, más adelante escribiré algo de ellos :D.
Disclaimer: Hetalia y sus personajes no me pertenecen, son de Hidekaz-sama, yo solo los secuestro un ratito, pero luego los devuelvo.
Advertencias: Yaoi, ukes siendo seme, posible lenguaje grosero, lime, posible OoC.
Palabras: 2614, según el word.
Y ahora al capítulo, ojalá os guste.
Faltaban un par de minutos para las 5 de la tarde cuando Canadá llamó al timbre de la casa de América. Esperó pacientemente a que éste abriera, pero al no obtener respuesta se vio obligado a insistir tres veces más. Cuando ya casi se dio por vencido oyó los pasos de Alfred acercándose a la entrada.
Suspiró aliviado al ver aparecer la cabeza de su hermano, que lo observó fijamente en silencio.
-¿Quién eres? – respondió al fin.
Canadá se golpeó la frente.
-Soy Canadá, tu hermano, vengo por el asunto de ayer. ¿Recuerdas? – contestó tranquilamente, acostumbrado a tener ese tipo de conversaciones con él.
Alfred se tomó su tiempo para procesar la información y hacer memoria, finalmente, sonrió al menor y se hizo a un lado para permitirle la entrada.
-¡Canadá! Es cierto, tenía que hacer de héroe y ayudarte con tu problema con Francia – dijo feliz, como si hubiera descubierto la solución al problema matemático más difícil del mundo.
Matthew se fijó en el atuendo del mayor. Llevaba un pantalón de pijama y una camiseta vieja con un dibujo de un extraterrestre manchada de kétchup. Típico.
-¿Por qué has tardado tanto en abrir?
América caminó hasta el salón y se tumbó en el sofá frente al televisor, tomando el mando de su play station 3 y reanudando una partida. Automáticamente, Canadá supo la respuesta.
Se sentó en un cojín gigante con forma de bola de béisbol al lado de su hermano, que pulsaba los botones del mando como un poseso mientras, eventualmente, cogía patatas fritas de una bolsa cercana.
La casa en la que vivía Alfred era bastante antigua, como la mayoría de residencias de las naciones. Según sabía el canadiense, la vivienda había sido construida a petición de Inglaterra cuando América aún era su colonia. Desde fuera parecía una casa clásica y distinguida, del más puro estilo inglés. Sin embargo, el interior estaba plagado de aparatos tecnológicos, pósters, banderas estadounidenses y cajas vacías de comida rápida. Era como el piso de un estudiante universitario, del más puro estilo americano.
De nuevo, Canadá puso su atención en la pantalla del caro televisor donde saltaban tripas cada vez que Alfred mataba un nuevo zombi.
-Alfred, ¿en algún momento del día te has acordado de que iba venir? –inquirió algo molesto.
-¿Hum? Oh, sí, claro, claro, lo tengo todo pensado, Alexander.
-Me llamo Matthew.
-Eso.
-¿Y bien?
-¿Y bien qué? – preguntó el despreocupado estadounidense.
-¡Que si tienes pensado decirme qué tengo que hacer o vas a seguir ignorándome! – estalló el norteamericano menor.
Estados Unidos pausó el juego y le dedicó una sonrisa a su hermano.
-He estado pensando que quizás no sea la persona más indicada para ayudarte en esto.
-¡¿Me vas a dejar tirado ahora? – entró en pánico.
-No, no, nada de eso, es que a mí lo de estar arriba me sale solo, es mi naturaleza de hero, así que he pensado que podríamos consultar a alguien que se parezca más a ti, ya sabes alguien tímido que sea dominante.
-¿Y de dónde vas a sacar a alguien así?
Alfred esbozó la sonrisa que acostumbraba a lucir cuando tenía una idea, al instante, el canadiense se arrepintió de haber hablado.
El mayor tomó su iPhone y tras buscar unos segundos en la agenda, marcó un número. No tardó en responder una voz grave.
-¡ALEMANIA! –chilló fingiendo alarma – Italia… está aquí… mucha sangre… ¡VEN YA!
Canadá observó atónito como colgaba, quiso preguntar algo pero el estadounidense gesticuló con los dedos una cuenta atrás.
-3… 2… 1… -musitó.
Sonó un estruendo en la entrada Matthew se acercó corriendo para ver que la puerta había sido echada abajo y que un alemán desarreglado y con los ojos inyectados en sangre permanecía al lado.
-¡¿DÓNDE ESTÁ ITALIA? – casi rugió.
Afred se acercó relajadamente y observó la dañada puerta con una mueca de disgusto.
-No hacía falta que la rompieras – se quejó.
-¡Maldita sea!, –agarró al americano por el cuello de la camisa y lo levantó varios centímetros del suelo - ¿Dónde está? Te juro que como le hayas hecho algo…
-Hehehe, te vas a reír, el caso es que Italia no está aquí… pero necesitaba que vinieras rápido.
Canadá supuso que hasta su descerebrado hermano se había dado cuenta de que su idea era descabellada. Si duda, lo hizo cuando el puño alemán chocó con fuerza en su cara.
Ludwig le soltó por fin y se relajó un poco, mientras Alfred lloriqueaba limpiándose la sangre que caía por su cara desde la nariz.
-¿Italia está bien entonces? – inquirió colocándose el pelo de su forma habitual y ordenando los puños de la camisa.
-Supongo que sí – habló Estados Unidos entre lágrimas - ¿No tenía ahora una reunión con su jefe?
Canadá, al igual que el resto del G-8 sabía que era cierto, el italiano se había estado quejando toda la reunión anterior de que el mitin sería a la hora de la siesta y no podría dormir. "Así que Alfred sabía que no iba a estar con Alemania y la mentira iba a dar resultado" razonó.
-La próxima vez que te atrevas a hacer algo como esto, Washington D.C se convertirá en el nuevo Gran Cañón del Colorado – le amenazó.
-Lo capto, pero ya que estás aquí necesito que ayudes a mi hermano – señaló a Matthew y Ludwig se percató por primera vez en toda la tarde de su presencia.
- Ehm… Hola, encantado de conocerte, soy Alemania – le tendió la mano.
Canadá se la estrechó, aún sabiendo que debería reconocerle.
-Soy Canadá – repitió con monotonía.
-No apruebo los métodos de tu hermano, pero ya que estoy aquí me gustaría saber en qué puedo ayudarte.
El de ojos violetas desvió la mirada completamente rojo, no quería que más personas supieran su problema, y menos si se trataba de otra nación.
-Quiere saber cómo ser seme con Francia – respondió alegre Estados Unidos desde la cocina, buscando algo para parar la hemorragia del golpe.
-Ser seme… - al principio Alemania no estuvo seguro de qué significaba esa palabra, creía habérsela oído a Japón pero no tenía la certeza de qué era.
-Lo que Alfred quiere decir es que me gustaría perder algo de pasividad en la relación… -musitó abochornado.
- Exacto, quiere saber cómo ***** a Francia –atajó el otro norteamericano sujetando un paño húmedo contra su nariz.
Alemania primero palideció y después su cara enrojeció lentamente hasta que sintió la necesidad tapársela con la mano.
Estados Unidos volvió en frente del televisor y continuó con el videojuego, dejando a solas a los dos países con un incómodo silencio.
Alemania carraspeó antes de hablar.
-¿Por qué yo?
-Bueno, tengo entendido que eres una persona tímida para mostrar tus sentimientos y ser afectuoso con otras personas y como yo soy igual pensé que quizás… podrías decirme cómo haces para vencer la vergüenza y mantener tu relación con Italia.
-Yo… - no supo qué contestar.
-No hace falta que lo hagas si te incomoda –aclaró el menor –. La idea de llamarte fue de Alfred.
El germánico se dio cuenta de la preocupación que escondía la mirada del canadiense y se sintió conmovido, decidió intentar hacer algo por él.
-Intentaré serte de ayuda, pero no me pidas excesivos detalles, por favor.
Canadá sonrió de corazón y le invitó a entrar al salón y tomar asiento, a pesar de no ser su casa. El alemán se sentó incómodo en un sillón de bolitas frente al norteamericano.
-Muy bien… ¿qué quieres saber? – preguntó Ludwig.
-Italia nos contó cosas muy interesantes sobre ti cuando le tuvimos prisionero – sugirió Alfred –, podrías contarnos alguna de esas prácticas que salen en los videos que se hacen en tu casa.
-No estoy hablando contigo, yanqui –bufó molesto de que le recordaran ese momento tan vergonzoso, lo que dijo el italiano no era cierto… bueno, quizás sí, pero no era un depravado… no mucho.
-Creo que me estoy perdiendo – añadió Canadá.
-Ignórale – se dirigió al mayor – y tú métete en tu juego.
-De acuerdo, por ejemplo, cuando quieres hacerle muestras de amor, ¿qué haces para no quedarte bloqueado por la timidez?
Alemania meditó bien la pregunta antes de responder al canadiense.
-Italia no tiene ningún problema con ser cariñoso en cualquier momento y lugar, me imagino que eso también te pasa con Francia – Canadá asintió –. Yo solo me dejo llevar por él y por lo que siento y antes de darme cuenta respondo a sus caricias y besos – se sonrojó –. Feliciano es lo que más quiero en este mundo aunque me cuesta un poco llevar la iniciativa, estar a su lado es algo maravilloso, simplemente, me sale de dentro.
Tanto los americanos, como el propio alemán estaban sorprendidos de lo sinceras que habían sonado sus palabras y lo fácilmente que habían fluido de la boca del más alto.
-Entonces, ¿crees que lo que debo hacer es relajarme y dejarme llevar por mis instintos?
-No sé si es lo que deberías hacer, es sólo lo que hago yo.
-Creo que si mi hermano se deja llevar por sus instintos se quedará más uke que un osito de peluche – intervino el americano mayor. Canadá no respondió, sabía que tenía razón.
-Quizás deberías consultar con alguien que te diga cómo sacar tu lado más… erm… salvaje –aconsejó Ludwig apartando la mirada nervioso.
-Seguro que tú nos puedes ayudar, venga, explícale a Matt cómo encadenar a Francia a la cama.
Canadá iba a añadir algo, pero le interrumpió el sonido de una música militar.
-Perdón, es mi móvil – aclaró Alemania antes de responder la llamada - ¿Sí?... Italia, la pasta estará donde siempre, si tienes hambre sólo tienes que prepararla… ¿Cómo qué prefieres Wurst?... –hubo un silencio, mientras las mejillas del alemán se teñían de color –. Ah, te refieres a esa salchicha… Sí, iré para allá, auf wiedersehen*.
Los dos hermanos intercambiaron una mueca de comprensión.
-Tengo que irme, me ha surgido un contratiempo – musitó el avergonzado alemán.
-¿Entre las piernas? – le picó el americano mayor.
Alemania le fulminó con la mirada y Canadá dudó si su hermano se llevaría el segundo puñetazo del día.
-Adiós, esto… - Alemania había olvidado su nombre – compañero, ojalá tengas suerte con Francia.
-Gracias, me has ayudado mucho. Nos vemos en la próxima junta.
-Vaya, vaya, quizás deberíamos haber hablado con Feliciano, parece ser más atrevido de lo que aparenta – comentó el mayor una vez hubo desaparecido por lo que quedaba de puerta.
Otra vez esa cara, la maldita cara de "el hero tiene una idea brillante", Canadá tuvo miedo.
-¡Necesitamos un suke! –exclamó triunfal.
-¡De eso nada! No quiero que más personas se enteren de esto.
-Pero nadie puede ayudarte mejor que un uke versátil.
-¿Y por qué no me cuentas tus experiencias como pasivo con Inglaterra? – la sonrisa de Alfred se desvaneció.
-Eso es imposible.
-¿Por qué? ¿Pretendes que me crea que nunca has estado abajo? Ambos conocemos a Arthur lo suficientemente bien para saber que no es verdad.
-No puede ser porque… yo soy un seme versátil y no un uke versátil, y necesitamos lo segundo.
Canadá no vio ninguna diferencia significativa entre los dos conceptos pero aún así se dio cuenta de que Alfred no daría su brazo a torcer.
-Pues entonces si tengo que hablar con alguien que no seas tú, hablaré con Inglaterra.
-¡NO! – la realidad es que Alfred no quería que su hermano se enterara de cuán pasivo podía ser –. Quiero decir, a Arthur esto le parecerá una estupidez y seguro que nos llama críos, así que mejor que no se entere.
-¿Entonces en quién estás pensando?
…Mientras tanto en Italia….
Alemania aparcó el coche en frente de la casa del italiano, algo nervioso por lo que su novio le había dicho por teléfono. En otra situación, habría intentado mantener a raya sus instintos primarios en vez de salir corriendo al encuentro de Feliciano, pero teniendo en cuenta que no estaba en ninguna reunión importante y que la voz de Italia había sonado terriblemente tentadora en la llamada, no había podido remediarlo, por una vez, sus hormonas habían ganado a la razón.
Tenía una copia de la llave así que entró sin llamar. Quedó boquiabierto al ver el interior.
Italia había dejado pétalos de rosa por todo el pasillo marcando el camino hasta el dormitorio, además de pequeñas velas que, además de ser lo único que alumbraba la vivienda, desprendían un aroma embriagador. Alemania cerró la puerta tras sí mismo e hizo el tan conocido camino a la habitación dejándose llevar por el relajante ambiente.
El interior del dormitorio era aún mejor. Italia yacía en la cama, tan solo con un bóxer y una gorra militar. A Ludwig le dio un vuelco el corazón al reconocer la gorra que formaba parte de su antiguo uniforme de la Gestapo, no le gustaba recordar esos momentos pero tenía que reconocer que ese accesorio, fusionado con la bronceada piel tan apetecible del italiano y el cabello revuelto invitándole a acariciarlo era una de las imágenes más atrayentes que se le podían ocurrir.
Se acercó a la cama y se sentó al lado de su amante, dándole un tierno beso en el los labios.
-Ciao, Alemania – le saludó.
Ahora que se había acercado, el rubio puedo notar más detalles en su amante. Le miraba con los ojos muy abiertos, algo que sólo hacía para él, en su brillante mirada se podía entrever lujuria y cariño sin dejar de perder ingenuidad. Italia sabía alcanzar el equilibrio perfecto entre pasión y amor. Podía ser endemoniadamente sexy sin dejar de ser inocente, sabía lo que le gustaba al alemán y podía dárselo sin perder su toque de romanticismo. A los ojos del teutón era absolutamente perfecto y pensó que la fama de los amantes italianos era totalmente merecida.
Sin perder más tiempo acarició su torso desnudo y depositó besos por todo su pecho con lentitud hasta llegar a los labios, donde se entretuvo por un largo tiempo, besando con calma, pero con intensidad.
Los dedos del alemán recorrían hasta el último centímetro de su piel desnuda, mientras sus lenguas se batían en un duelo en el que nadie buscaba ganar.
Poco a poco el aire del cuarto parecía calentarse y volverse más espeso para los amantes.
Con cuidado, Feliciano se separó un poco, lo suficiente para poder hablar mientras sus labios seguían rozándose sutilmente.
-Alemania… he estado pensando una cosa.
-¿Qué pasa? – respondió mientras acariciaba la espalda contraria con la yema de sus dedos.
-Me gustaría… probar a estar arriba esta vez – lo dijo tan bajito que Ludwig dudó si de verdad había oído bien.
-…ah – se limitó a responder.
Ludwig no tenía ni idea de cómo reaccionar, miles de pensamientos se agolpaban en su cerebro al mismo tiempo. Supuso que sería injusto negarse, debería haberse imaginado que Italia no querría estar siempre abajo, sin embargo la idea le daba un poco de miedo.
-Ve~, no hace falta si no quieres, a mí me gusta ser pasivo, era solo por probar algo nuevo…. – se apresuró a decir al ver que el alemán no decía nada.
El rubio negó con la cabeza.
-Estará bien si es contigo.
-¿En serio? – preguntó emocionado.
-Claro – contestó con una seguridad mayor a la que sentía.
Italia sonrió y en un solo movimiento se posicionó sobre su novio y se dispuso a, prácticamente, arrancarle la camisa. Acto seguido, atacó con pasión el cuello del más alto que trataba de reprimir suspiros sin resultado.
Alemania tragó saliva y pensó en lo que le había dicho al canadiense de dejarse llevar por sus instintos para ser seme. Decidió aplicárselo a sí mismo en aquel momento y se entregó a las cálidas manos de Feliciano.
-Italia, – le susurró al oído – Ich liebe dich.
Continuará
*auf wiedersehen: Hasta luego, adiós.
Eeesto... ahora es cuando os pido ayuda u.u, ¿qué os ha parecido el momento Gerita?, tengo un dilema mental, en principio no tengo pensado continuar el lime pero una parte sucia y oscura de mí me dice que ya que he llevado a Feliciano hasta ese extremo, merece la pena narrar lo que pasó y por otro lado, nunca he escrito lemon y no creo que se me de bien :S.
La pareja protagonista y megaprincipal seguirá siendo Franadá pero, ya que tengo pensado convertir en seme a todos los ukes, ¿os gustaría que pusiera más momentos como el Alemania x Italia del final pero con otras parejas?
En el próximo capítulo le daré más protagonismo a Francia, me gustaría contar la historia desde los dos puntos de vista.
Por último, la semana que viene tendré a una chica alemana en mi casa por un intercambio que estoy haciendo con un instituto alemán así que intentaré tener el siguiente capítulo para el jueves, antes de que venga, pero después de eso es probable que me retrase un poco, lo siento.
Antes de iros... ¡reviews para que los ukes tomen la iniciativa! ¡Vuestra opinión es importante!
