Merecimiento
Side A
Los Mugiwara se habían pasado los últimos 15 días sin avistar ni la pieza más diminuta de tierra por lo que, cuando Zoro anunció la aparición de una isla, apenas a unos kilómetros en el horizonte, Luffy ordenó a Franky el dirigir al Sunny en su dirección. Un par de Coup de Burst fue suficiente para acortar el viaje hasta la isla con la ayuda del Channel 0. Esto no hizo, solamente, el llegar pronto a la isla si no que Luffy recibiera unos cuantos golpes por parte de Nami ante aquel innecesario gasto de combustible. Afortunadamente para el joven senchou, en la isla había una ciudad con suficientes recursos para proporcionarles abastecimiento, cola incluida para el Sunny.
Ante esto, Nami le quitó importancia a la acción de Luffy, aunque también le quitó parte de dinero para pagar la cola usada por su orden. Claro que todo empeoraría para Luffy un poco más adelante, lo mismo que para Nami, pero, antes de que eso diera a lugar, los Mugiwara se encontraron con que en la ciudad se estaba dando una especie de festival. Esta noticia, como no podía ser de otra manera tratándose de los Mugiwara, entusiasmó a todos sus miembros. A unos más que a otros, por supuesto, pero con interés por pasar un buen rato en tierra firme.
Seguramente nada habría sucedido si Zoro, al bajar a cubierta del puesto de vigía, no les hubiera dicho nada de que la gente que participaba en el festival vestían kimonos. Así tuvo que soportar los halagos por parte de Sanji para Nami y Robin en como de hermosas se verían llevando kimono, como por la pena de Brook debido a la dificultad que tendrían las chicas para poder mostrarles las bragas con semejante prenda. Algo parecido pensaba Franky pues no le encontraba sentido en llevar unas prendas de ropa que ocultasen a uno de tal manera.
Nami puso las cosas en su sitio o, dicho de otro modo, le propinó un buen coscorrón a cada uno de ellos, antes de desaparecer, junto a Robin, en su camarote para cambiarse. Esta era la ocasión perfecta para las dos muchachas para poder lucir los kimonos que habían comprado hacía casi un mes atrás.
Aquí fue cuando la desgracia de Luffy hizo aparición nuevamente por culpa de su hiperactividad debido a la cercanía de tomar tierra en una nueva, y desconocida, isla. ¡¡Y qué estaba de festival!!
Sus ojos estaban fijos en la isla, en el apartado muelle en donde atracarían, con la compañía, a su lado, de un, también, impaciente Chopper y Usopp, por lo que no prestó mucha atención, por pura rutina, de los halagos de Sanji cuando Nami y Robin regresaron a cubierta a causa de sus hermosos kimonos.
—¡¡Nami, date prisa de una vez…!!— los gritos de Luffy, que se había vuelto hacia donde se encontraba el resto de sus nakama, la akage incluida, se cortaron en el momento en que tropezó con ella llevándosela por delante y cayendo al suelo sobre ella.
Lo que llenó los oídos de Nami no fueron las palabras de Luffy, ni los gritos de Sanji por cometer semejante sacrilegio arroyándola de semejante manera. tampoco fueron los sonidos mudos que hacían el resto de sus nakama. Aunque, para mudos, las simples miradas con las que reaccionaron Zoro y Robin, manteniéndose bastante ajenos a los sucesos de la akage pues eran conscientes de que hacer, o decir, algo no haría si no inflamar aún más la cólera de Nami.
No, lo que escuchó Nami fue el desgarro que sufrió la tela de su kimono al ser pisado por Luffy al tiempo que tropezó con ella. Daba igual el cómo había sido capaz de hacer algo semejante porque, lo que importaba de verdad, era que había sucedido y no se trataba de ningún sueño como trataba de consolarse Usopp viendo el creciente enfado de la akage.
Una vez más, en tan poco espacio de tiempo, el dinero de la cuenta personal de Luffy volvió a bajar a unos niveles históricos, semejantes a cuando dejaron atrás Arabasta. Casi arruinados. Pero, como no hay mal que por bien no venga, Nami logró arreglar su kimono haciéndolo ser un mini-kimono que inflamó el corazón de Sanji y dejándolo casi sin gota de sangre en su cuerpo como le sucedió a Brook. La parte mala de esto para Nami fue recibir las felicitaciones por parte de Franky. Como si a ella le importase lo que pudiera pensar un hentai semejante de su manera de vestir.
Ahora se encontraba junto a Robin paseando por las calles de la ciudad, engalanadas para la celebración del festival, y atrayendo muchas miradas. Tanto por parte de cada hombre y muchacho con el que se cruzaban, como de reproche y celos de parte de las mujeres y jovencitas que no les gustaba nada que unas forasteras pudieran estar llevándose tantos créditos por su belleza.
Nadie sería capaz de decir que Nami pudiera haber estado tan enfadada previamente, como para atemorizar al futuro Kaizoku-ou de por vida, al ver la gran sonrisa de satisfacción con la que caminaba. Con la que se acercaba a los puestos y lograba que le regalaran todo aquello que pudiera apetecerle. Si fuera tan tragona como Luffy se habría podido comer toda la meshi del festival sin ningún problema, bueno, salvo cuando solamente atendían mujeres porque estas solamente le daban una mirada furibunda que Nami dejaba pasar sin llegar a advertirla más que por su propia existencia.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal, Robin?— le dijo de improviso Nami.
La conocía suficientemente bien para saber del peligro que conllevaría el permitirle a Nami el hacerle una pregunta personal pero, al mismo tiempo, sabía que el negársela acarrearía consecuencias mucho más terribles que cualquier pregunta.
—Claro, no hay ningún problema.
Nami no pudo evitar el mirar para Robin con cierta desconfianza ya que era más que conocida la manera en que su nakama lograba darle la vuelta a las cosas y salir sin necesidad de contestar, realmente, a las preguntas si no que les ofrece alguno de sus comentarios fríos o morbosos. Por supuesto que eso no le impediría tratar de sacarle alguna respuesta de información real sobre ella.
—Me preguntaba que, con el tipo de vida que llevamos, es bastante normal el seguir un modo de vida basado en la soltería o, si no tienes ningún tipo de vergüenza, y no le das ninguna importancia a ese tipo de encuentros interpersonales, de cama en cama sin ataduras. ¿Ves por dónde quiero ir, Robin?— le preguntó con la frente ligeramente fruncida.
—Por supuesto, Nami— el tono alegre de Robin nunca una buena noticia por mucho que estuviera bien que así lo fuera—. Piensas que la vida sexual de una kaizoku debe ser inexistente o totalmente promiscua pero sin disfrutar de un poco de bondage.
A Nami se le atragantó uno de los takoyaki que se estaba comiendo y al momento salieron de todos lados decenas de chicos y hombres dispuestos a ayudarla. Por supuesto que por el bien de Nami y nada más. El que quisieran practicarle un movimiento en que se le presionase el esternón, por mucho que las manos se les iban a los pechos de la akage, al tiempo que sus cuerpos no se podían estar más pegados salvo por estar practicando sexo, no quería decir nada.
Claro que no. Por eso mismo Nami solamente se los sacó de encima al modo tradicional, a patadas y puñetazos, y no usando su Clima-tact. Tampoco fue una sorpresa el encontrarse tirado en el suelo, como una de sus víctimas, a Brook.
—Arigatou por mostrármelas— le dijo antes de perder la conciencia por la fuerte patada que le dio en la cabeza, con lo que tuvo que alzar su pierna tanto que le ofreció una buena muestra de su ropa interior.
—¡Maldito baka!— le espetó Nami antes de pisarle para pasar por encima.
Lo malo es que, como Brook solamente es huesos, el pie se le quedó atrapado entre las costillas de su nakama y perdió el equilibrio cayendo al suelo. Haciendo que Brook se irguiese por dicha causa y quedase frente a frente, o más bien frente a parte posterior de Nami, con una nueva vista de las bragas de la akage. Desmayándose, debido a la fuerte hemorragia sufrida, Brook puso de pie a Nami e, incluso, liberándola de la prisión de sus costillas.
—Mejor hagamos como que esto nunca ha ocurrido— le pidió Nami a Robin mientras continuaban calle abajo.
—Si así lo quieres, Nami— el que Robin siempre mostrase una sonrisa en su rostro hacía difícil el concretar si ahora mismo la tenía por ser su gesto común o porque le parecía muy gracioso lo ocurrido a Nami.
—Si, lo quier- digo, lo prefiero— el lapsus de Nami no pasó desapercibido a Robin ni el hecho de que estuviera mirando para un puesto en donde se encontraban unos cuantos de sus nakama, Luffy, Usopp y Chopper, comiendo como si no existiera un mañana. Vamos, como si no existiera el minuto después.
Nami, en vez de dirigirse hacia donde se encontraban sus nakama, tomó otra calle para alejarse de ellos o, como se decía a si misma, de su baka tentación.
—No te gustaría ir a probar…— pero Robin no continuó al ver como Nami se fue hasta un puesto en donde le ofrecieron un par de bebidas. Pero, por difícil que pudiera parecer, las bebidas eran para la propia Nami que las bebía con gran presura cuando regresó junto a Robin—. Cualquiera diría que necesitabas un trago, ¿o necesitabas quitar algo que se te atragantó?— dijo antes de añadir algo más—, ¿un takoyaki, tal vez?
La verdad era que había comido algo de takoyaki pero estaba segura de que Robin no se refería a ese en particular. Además de que lo del atragantamiento ya había pasado minutos antes con la ayuda de Brook, entre otros.
—Solamente tenía sed— Nami trató de quitarle importancia al asunto—. ¿Ahora querrías contestarme correctamente a mi pregunta, Robin?
—Yo creía que ya lo había hecho pero, tal vez, lo que quieres es escuchar una respuesta en concreto. Si es así, no pasa nada porque tengo la certeza de que sé cual es esa respuesta.
Nami tuvo que apartar la vista un momento para controlar su sonrojo y que sus mejillas abandonaran aquel mismo color que su cabello akage.
—¿Nunca has sentido la necesidad de estar con alguien? Una vida solitaria, a pesar de estar rodeada con gente, sigue siendo solitaria.
—¿Necesidad o necesidades?— apuntilló Robin con su habitual calma pero Nami no le dio ninguna aclaración si no que se encogió como si no tuviera importancia—. La verdad es que con mi sueño en mente, y los peligros que conlleva el poder realizarlo, nunca se me pasó por la cabeza ese tipo de cuestiones. Ahora, con mis nakama a mi lado, es otra cuestión muy distinta porque no tengo que vivir tan al límite pues tengo gente que me quiere y me cuida.
—¿Alguien a quién quieres?— intervino Nami aprovechando la palabra.
—Claro, todos mis nakama. Ah, sigues refiriéndote a esa vida solitaria y célibe o promiscua si se camina al otro lado del espejo, pero que, con el cambio de rumbo de mi vida, también podría haber cambiado. ¿Es a eso a lo que te refieres, Nami?
—Si, sabes que es a eso a lo que me refiero— dijo Nami entre dientes haciendo un esfuerzo por no saltar encima de su nakama y zarandearla en busca de su respuesta.
Nami pidió otra bebida en un puesto por el que cruzaban, la cual le fue amablemente regalada por un cegado más por su belleza.
—Así que quieres saber si hay alguien que me guste, ¿qué, en general o estás pensando en un círculo más cercano, no sé, entre nuestros nakama?— la sonrisa de Robin llenaba su rostro de una maliciosa luz—. Si, es muy sencillo el caer por alguien al que ves de manera diaria y con el que interactúas a cada rato. Acompañándolo, hablando o, simplemente, estando ahí mismo.
—Seguro, pero hay veces en que una sola mirada, a primera vista, es suficiente para caer por ese alguien— le espetó Nami.
Robin hizo como si estuviera pensando de manera muy profunda en la cuestión que le dijo Nami toqueteándose la barbilla en un continuo tamborilero. Eso si, hasta que decidió que había torturado suficiente a la akage y era tiempo para la estocada final.
—A primera vista, ¿te refieres a lo que te sucedió con Luffy, Nami?
El trago que Nami se estaba tomando en ese mismo instante se le fue por la otra parte ahogándose de manera irremediable. Su reacción no tardó en producir una marea de otras en todos los hombres y muchachos de las cercanías que vieron a la akage en peligro y saltaron raudos a salvarla. El que necesitase un poco de respiración boca a boca fue un pensamiento común para todos ellos. Por suerte, en esta ocasión, no tuvo que quitarse a todos aquellos de encima por su cuenta ya que alguien se encargó por ella de librarse de todos ellos.
Sanji acudió al rescate de su bella damisela.
Lo malo para él fue que, con la ayuda de unas palmaditas por parte de Robin, Nami se recuperó justo cuando su nakama, más bien sus labios, iban al encuentro de aquel beso de la vida que, en su lugar, se encontró con el puño de la akage. Un puñetazo cargado de irritación por tanta interrupción aunque, por la fuerza que puso en él, alguno podría haberlo confundido con un puño del amor. Tal y como lo hacía un medio grogui, pero encantado de la vida, Sanji mientras recorría el festival por el aire.
—¿Es qué no se pueden estar quietos?— se quejó Nami molesta por la babosa actitud de aquella gente.
—Está claro que con la facilidad para conseguir meshi no iba a poder aparecerse para salvarte, Nami.
—Pues si no lo hace ahogándome en meshi no sé… de qué me estás hablando— no podía decirse que fuera un buen arreglo de semejante lapsus pero por intentarlo que no quedase.
Robin aprovechó que se levantó un poco de brisa para dejar que esta jugase un poco con su cabello y acariciase su rostro. Fantasmagóricos dedos que recorrían sus mejillas, acariciaban sus párpados y se sentían sobre sus labios. ¿Pensar en alguien a quién querer? Eso era muy sencillo. Lo complicado es otra cosa. Claro está, si es que quieres complicar tu ya complicada vida con ello.
—Está bien. ¿Quieres saber si hay alguien que me guste de una manera romántica, íntima y muy personal, Nami?— esta pregunta dejó la boca de la akage completamente seca y no dudó ni un segundo en vaciar la bebida que aún sujetaba firmemente en su mano—. Como he dicho, mi vida era demasiado complicada y peligrosa para permitirme caer en algo tan trivial como una relación, una relación de tipo romántico o amorosa. Aparte del hecho de que nunca he sentido nada por nadie que me pudiera haber hecho replantearme esa manera de ser y actuar. Como has dicho, una sola mirada puede ser suficiente para caer por alguien. Si, una mirada dura y peligrosa con promesas de muerte si cruzas sus líneas. Una fina línea formada por sus labios que muestran seriedad y seguridad— Robin se detuvo en un nuevo cruce y se detuvo al ver a cierta persona ante un puesto mientras bebía lo que, obviamente, debía ser sake. Si, una taza de sake caliente. Nami miró en la misma dirección y se encontró también con su figura. Ninguna sorpresa para ella si no, finalmente, la confirmación que estaba esperando y que, teniéndola, aliviaría la propia carga que llevaba en su corazón—. No son necesarias palabras para responder a los por qué de nuestras acciones. Simplemente es suficiente el saber que ahí estarás siempre que lo necesites. ¿Quieres saber si quiero a alguien, Nami? Si, quiero a alguien y me es suficiente saber que quiero a kenshi-san. ¿Me quiere él a mí? Eso no lo sé y, en verdad, no es tan importante porque no cambia nada el hecho de que lo quiera. Estará a mi lado siempre que le necesite y eso es suficiente para mí.
Zoro, tras haber terminado de beber, más bien porque también se le había acabado el dinero que le dio Nami para poder gastar en el festival, se había puesto en marcha para buscar el camino de regreso al Sunny. Aún no se había percatado de la presencia de sus dos nakama.
—¿Pero no te gustaría, aunque fuera, poder darle un solo beso? Bueno, ya sé que es Zoro y no es del tipo que anda por ahí pidiendo a las chicas con las que se cruza que,… vamos, que no es Sanji.
—Ah, Robin. Que bien que estás aquí, me gustaría pedirte que me dieras…
Las palabras de Zoro fueron ahogadas por los labios de Robin cubriendo los suyos en un intenso y profundo beso que, si no fuera por quien era él, lo habría dejado totalmente sin aliento. A pesar de eso si que lo dejó bastante alterado, sin quitar el estar sorprendido, por la acción de Robin.
—… una indicación por donde queda el Sunny— terminó Zoro cuando sus labios se separaron. No le pasó desapercibido lo fogoso que sonaba su voz.
—Claro, kenshi-san. Solamente debes ir por donde el aire tiene ese aroma salado. ¿Ves el Sol en lo alto? pues todo hacia el oeste
La voz de Robin también sonaba algo forzada pero Zoro no podía pensar más que en el hecho de que se perdería ya que no sería capaz de notar ese aroma salado del océano ya que solamente podía oler el aroma floral que emanaba de Robin.
Estaba condenado o, como también podía decirse…
Enamorado.
ENDorFIN
