Capítulo 2: El Sombrero Seleccionador

El primer día de Septiembre el andén nueve y tres cuartos siempre estaba repleto. Familias que gritaban, se abrazaban y se despedían, gente persiguiendo mascotas perdidas por el andén, el ruido del tren y la expectación por ir a Hogwarts. Albus se estaba despidiendo de sus padres por la ventanilla cuando, al perderles de vista tras una esquina, se dio realmente cuenta de que iba camino de Hogwarts.

Su prima Rose parecía incluso más nerviosa que él, y ambos buscaron sin tener mucho éxito un vagón vacío. Finalmente se sentaron en uno en el que había otro chico de primero también.

- Frank Jackson. - Les respondió. - Soy... ¿Cómo lo decís vosotros? Bueno, que mis padres no tienen magia.

- Hijo de muggles. - Le respondió Rose rápidamente.

- Eso... ¿Vosotros? - Ambos negaron. - ¡Vaya! ¿Toda vuestra familia es maga? ¿En serio? ¡Alucinante! Mis padres son muggles... Bueno, eso creo, mi madre desde luego sí, pero mi padre se murió cuando era pequeño, así que quién sabe... ¿Qué es eso? - Albus había sacado una botella con zumo de calabaza, y el niño lo miraba interesado.

- Zumo de calabaza. - Respondió Rose de nuevo velozmente, como si se tratase de un concurso.

- ¿De calabaza? ¿De verdad?

Rose y Albus se miraron sin saber qué decir. El chico parecía profundamente emocionado, y continuó un buen rato contándoles que no entendía cómo en el mundo mágico no podían tener coca cola. Albus apenas le escuchó, y se quedó mirando el paisaje que pasaba velozmente por la ventana. Estaba nervioso, James había pasado el verano entero metiéndose con él, y ya no lo soportaba más.

James no era más que un engreído, como había sido seleccionado a Gryffindor, según él, nada más que el sombrero le rozó la cabeza, iba pavoneándose por la casa como si fuese el rey, con su bufanda de Gryffindor, cada vez que hacía un poco de viento en la calle. Como todos sus primos (que no eran pocos) eran de la misma casa, a excepción de Molly, que iba a Hufflepuff, y de Lucy, Ravenclaw, esto tampoco suponía realmente nada importante. Sin embargo, él no parecía creer que Albus mereciese ir a Gryffindor, y aunque lo que dijese u opinase su hermano le preocupaba muy poco, sí lo que pensaban sus padres, y sabía que ninguno de ellos estaba seguro en que él fuese a ser un Gryffindor más.

- Mi primo está preocupado por la casa en la que va a caer. - Escuchó que decía Rose, llamando su atención por primera vez desde hacía un buen rato.

- He estado leyendo sobre las casas... Creo que a mi la que más me gusta es Gryffindor, ¿no? Ravenclaw suena un poco aburrida, con tantos libros y cosas... Y el del ministerio me contó lo de Slytherin. - Rose le lanzó una mirada de reojo a Albus.

- La mayoría de nuestras familias van a Gryffindor también. - Le dijo ella sonriéndole. - Te aseguro que es una casa genial, pero las demás también están muy bien.

Afortunadamente para Albus, la señora del carrito pasó unos minutos después, y la conversación cambio y pasó a tratar sobre ranas de chocolate y grajeas Bertie Bott. Él, por su parte, se compró un buen pastel de arándanos y un par de ranas de chocolate.

- ¿Quién es... Elleadora Cresswell? - Preguntó Frank Jackson mirando su cromo de las ranas de chocolate. Rose se rió.

- Nadie lo ha confirmado, pero hay rumores de una tonta tradición mágica de que los que empiezan en primero y abren por primera vez una rana de chocolate en el tren siempre les toca el cromo del director.

- ¿Del director de Hogwarts? - Preguntó Frank más interesado.

- Sí, esa es nuestra directora, lo pone por detrás. - El chico le dio la vuelta al cromo.

- Elleadora Cresswell, Jefa del Ministerio de Grandes Eventos y Tradiciones Mágicas hasta 1992, en su disolución. Participante en la Batalla de Hogwarts, el 2 de Mayo de 1998. Directora de Hogwarts desde 2012 hasta la actualidad. - Leyó lentamente. - ¿Batalla de Hogwarts?

- Hubo una guerra hace veinte años - Le informó Rose mientras comía un pastel de calabaza. - La batalla de Hogwarts fue la batalla final donde ganaron los buenos. - Resumió con la boca llena.

Siguió abriendo ranas de chocolate, y cada vez que éstas daban el salto se seguía sorprendiendo y pegando un pequeño bote en el asiento. Empezó a llover por la tarde, y la lluvia les acompañó el resto del camino. Tommen se despertó con los truenos y fue a refugiarse a su regazo, tembloroso. Como el gato había nacido a principios de verano probablemente era la primera tormenta que escuchaba.

A su prima Rose sin embargo siempre le habían encantado las tormentas, y se quedó embobada mirando hacia fuera. Cuando se reunían en la madriguera y había tormenta siempre les insistía en jugar al escondite y cosas así, y Albus siempre acababa escondido en la oscuridad muerto de miedo.

Llamaron a la puerta cuando parecía que estaba oscureciendo, aunque tampoco se distinguía demasiado bien con las nubes oscuras que poblaban el cielo.

- Hola, sois de primero, ¿no? - Se presentó una alumna aparentemente nerviosa. Albus distinguió el escudo de Hufflepuff en su túnica negra de Hogwarts. - Deberíais ir poniéndoos las túnicas, llegamos en diez minutos.

Se apresuraron a hacerle caso y todos se pusieron las túnicas encima de la ropa muggle. Frank Jackson parecía muy emocionado mientras le daba vueltas a la túnica intentando descubrir cómo ponérsela. Finalmente Rose se lo explicó, y el tren fue aminorando la velocidad. Albus se apresuró a meter a Tommen en una pequeña mochila para gatos. La alumna de hufflepuff apareció en ese momento de nuevo en la puerta.

- Tenéis que dejar todo el equipaje en el tren, animales incluidos, ya los llevarán a las habitaciones luego. Daos prisa... ¡Suerte en la selección!

Salieron al pasillo, donde todos los demás parecían haber pensado lo mismo justo en el mismo momento, y no se podía dar dos pasos. Finalmente el tren paró y se abrieron las puertas, y Albus se vio arrastrado al exterior. La lluvia caía con fuerza y en seguida notó el pelo mojado y la túnica empapada.

- ¡Los de primero! ¡Por aquí! ¡Los de primero por aquí! - Gritaba una voz femenina. - ¡Por favor! ¡Los de primero por aquí!

Albus se apresuró por seguir la dirección de la voz, aunque quedaba distorsionada por la lluvia y el viento. La que parecía estar llamándoles debía ser una profesora, a juzgar por su vestimenta, que consistía en una túnica gris claro, pero no aparentaba mucha más edad que alumnos que había visto Albus en el tren.

- ¡¿Estáis todos? ¡Bien, seguidme! - Les dijo intentando hacerse oir por encima de la lluvia y las voces de los demás alumnos.

Estaban en la estación de Hogsmeade, que Albus reconoció por las otras ocasiones en las que había estado en el pueblo. Siguió a la profesora hasta orillas de un lago.

- Bien, ahora tenéis que montaros en los botes. - Dijo señalando un montón de pequeñas embarcaciones que se tambaleaban sobre el lago. - Tened cuidado, no os pongáis más de cuatro por bote...

Albus se montó junto con su prima y Frank Jackson, y se les unió una chica rubia con trenzas que parecía a punto de echarse a llorar. Sin embargo, su expresión cambió por completo, al igual que la de todos los demás, cuando vieron el castillo aparecer entre la tormenta. Era enorme, con un montón de torres y ventanas por todas partes. Se escuchó un murmullo de asombro y por un momento olvidaron la lluvia y el frío.

Desembarcaron en la orilla y caminaron por el césped hasta las enormes puertas del Castillo. Albus estaba temblando, sin saber si era por el frío o por los nervios, y a su alrededor todos parecían igual de calados y confusos. La pequeña profesora les condujo y abrió las puertas. El interior estaba mucho más cálido, y se escuchaban voces provenientes de una puerta doble.

Apareció otra profesora por la gran escalera que tenían enfrente, rechoncha y con el pelo rizado recogido en un moño.

- Buenas noches, soy la profesora Frobisher... ¿Qué os ha pasado? ¡Estáis totalmente empapados! Pobrecitos, a ver... - Sacó la varita y murmuró unas palabras, al instante parecía que la ropa se había secado, y aunque el frío aún se mantenía en los huesos todos fueron recuperando el color. - Bueno, bueno, Galatea, ¿puedes ir a buscar a Peeves? Unos alumnos de tercero ya se han quejado de que estaba tirando globos de agua... Yo me ocupo desde aquí.

La profesora joven que les había llevado hacia el Castillo asintió y se despidió de ellos con una sonrisa, lléndose de camino a las escaleras. La otra profesora les sonrió.

- Bueno, soy la profesora Frobisher, bienenidos a Hogwarts. Yo soy la jefa de la casa Hufflepuff, una de las cuatro casas de Hogwarts. Las otras tres son Gryffindor, Slytherin y Ravenclaw. La casa en la que se es elegido es muy importante, puesto que iréis a clase con vuestros compañeros de casa, dormiréis en las habitaciones de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la sala común de las mismas. Para ver a qué casa vais a ser seleccionados, ahora pasaremos al gran comedor - Señaló las grandes puertas desde donde venían los murmullos. - Donde procederemos al proceso de selección, a cargo de el sombrero seleccionador. Cuando éste diga vuestra casa, os sentaréis en la mesa de la misma. Muy bien, seguidme.

Albus cada vez temblaba más, descartando ya por completo el frío como la causa. Los nervios parecieron estallar cuando las puertas se abrieron y vio el Gran Comedor. Era una habitación enorme, con grandes ventanales a los lados. Había cuatro mesas, cada una de una casa, y perpendicular a ellas una mesa un poco más pequeña encima de una tarima, que parecía ser la de los profesores.

Siguió a los demás como hipnotizado, sin ser demasiado consciente de a dónde iba. Distinguió a su hermano James y a otras cuantas cabezas pelirrojas en la mesa del fondo, y todos le sonrieron dándole ánimos. James, sin embargo, parecía divertido, y eso le puso aún más nervioso.

Cuando se dio cuenta habían subido a la tarima donde estaba la mesa de los profesores, y tenían frente a ellos un banquete con un viejo sombrero encima.

- Ahora os llamaremos para que os pongáis el sombrero. - Dijo la profesora Frobisher mientras sacaba un pergamino. - Veamos... Avery, Vivianne.

Una chica rubia y pálida se acercó temblando al taburete, la profesora le puso el sombrero en la cabeza y éste le quedaba tan grande que le tapó hasta la naríz. Estuvieron casi dos minutos en silencio.

- ¡SLYTHERIN! - Bramó el sombrero. Albus se estremeció.

- Burke, Abraham. - Llamó la profesora. Y Albus casi se desmayó cuando el sombrero volvió a gritar el nombre de la misma casa.

- Dallas, Selena Carlen.

- ¡RAVENCLAW!

Dejó escapar el aire que había estado aguantando todo el tiempo. Por lo menos no se estaba volviendo loco. Dejó de prestar atención mientras miraba a la mesa de los leones, que aplaudió con energía un par de alumnos después, cuando obtuvieron el primer Gryffindor. Su hermano seguía sonriéndole de aquella manera, y le estaba poniendo francamente de los nervios. Miró entonces a la mesa de Slytherin, y se quedó un poco sorprendido al ver que tampoco se diferenciaba tanto de los leones. Pegaban menos gritos, y parecían un poco más educados a la hora de festejar un nuevo alumno, pero realmente no parecían malvados. Recordó lo que le había dicho su padre.

- Malfoy, Scorpius Hiperion.

Miró al chico pálido de la estación. Tenía un pelo demasiado blanco, pensó de nuevo, tal y como aquella mañana cuando lo había visto por primera vez. No parecía nada nervioso, aunque Albus se dio cuenta de que le temblaban un poco las piernas.

Tuvo el sombrero puesto más tiempo que ninguno de los anteriores. Sólo cuando ya los demás alumnos habían levantado suficientemente el volumen de voz para que hasta Albus se enterase de que no paraban de murmurarse entre ellos que nunca habían visto tardar tanto al sombrero, se abrió la rendija.

- ¡SLYTHERIN!

El chico caminó aparentemente contento a la mesa verde. Albus vio cómo lo recibían, con aplausos. Se dio cuenta de que todos allí parecían distintos, y no era sólo porque armasen menos jaleo, simplemente parecían más seguros.

- Potter, Albus Severus.

Notó cómo el corazón empezaba a latirle con mucha fuerza. Las voces habían parado por completo, y absolutamente todo el mundo le estaba mirando. La distancia hasta el taburete le pareció eterna, y cuando por fin llegó se dejó caer sobre él. Su padre le había dicho que el sombrero le dejaría elegir, así que aguantó la respiración.

- ¡SLYTHERIN!

No entendía nada, todo parecía estar en suspensión. ¿Había dicho Slytherin? Ni siquiera le había rozado la cabeza, estaba seguro, él no había notado el peso del sombrero. Todo el Gran Comedor le estaba mirando en completo silencio, distinguió a su hermano entre la multitud, que tenía la boca abierta por la impresión. De repente empezó a escuchar un pequeño aplauso, que enseguida se fue extendiendo por la mesa de Slytherin.

- ¡Tenemos a Potter! - Escuchó decir a alguien mientras se iba a acercando hacia la mesa.

Tenía las piernas de gelatina, y no supo cómo consiguió llegar hasta la mesa y sentarse. Enseguida se dio cuenta de que a su alrededor le sonreían, por lo menos no había sido tan malo como lo había imaginado, ninguno de aquellos que le aplaudían parecían ir a hacerle daño en cualquier momento.

Se quedó sentado como en un sueño, sin prestar ninguna atención al resto de la selección. Al mirar a su alrededor se dio cuenta realmente de que estaba en la mesa de las serpientes, y vio en el otro extremo del comedor el escudo de Gryffindor, y un montón de cabezas pelirrojas. Sólo salió de su ensoñación cuando escuchó que llamaban a su prima. Tuvo el sombrero puesto menos de un minuto.

- ¡GRYFFINDOR! - Gritó éste. Y la pelirroja se apresuró a sentarse con sus primos, donde Albus debería haber ido también.

El último alumno fue seleccionado y se hizo el silencio. La directora se puso en pie y empezó a hablar, pero Albus no llegó a enterarse de una sola palabra. Intentaba hacerse a la idea de que estaba en la última casa donde tendría que haber estado. Su padre le había dicho que el sombrero escucharía sus preferencias, sin embargo, éste ni siquiera le había rozado la cabeza. No paraba de darle vueltas a eso cuando se dio cuenta de que las fuentes que tenían delante se habían llenado de deliciosas comidas.

El aroma del pollo asado lo sacó de sus deprimentes pensamientos, y empezó a servirse. Había unas patatas con una pinta exquisita, así como sopa, crema de calabacín, salchichas, puré de patatas, ensaladas de todo tipo, estofado de ternera, e incluso unos bombones de menta que nadie parecía atreverse a tocar.

- ... No me puedo creer que seas hija de muggles. - Escuchó que decía a su derecha la primera chica que había sido seleccionada en Slytherin, a una niña de pelo oscuro que fruncía el ceño.

- ¿Qué más da que sea hija de muggles? - Se escuchó decir a sí mismo. Ni siquiera se había dado cuenta de que había hablado, y enseguida se dio cuenta de que había sido un error, porque todos a su alrededor le miraban de forma rara.

- Da, porque es muy raro que una hija de muggles venga a Slytherin. - Le respondió como si fuese lo más obvio.

- Ella tiene tanto derecho como tú a venir a esta casa. - Le respondió de nuevo Albus sin notarlo.

- ¡Oye, que yo no he dicho nada! ¡Sólo decía que es raro!

- ¿Se puede saber qué pasa aquí? - Preguntó un alumno de quinto acercándose.

- Se estaba metiendo con ella por ser hija de muggles. - Explicó rápidamente Albus, y la chica que había hablado le lanzó una mirada asesina.

- ¡Estás loco! ¡Yo sólo he dicho que era raro que estuviese aquí! ¡Nada más! Loco... - Repetía, el alumno de quinto parecía profundamente fastiado.

- Vamos a ver, de peleas tontas nada, ¿vale? Mira Potter, es raro que un hijo de muggles venga a Slytherin, eso te lo puede decir hasta tu hermano, y no es meterse con nadie, así que intenta no estar tan a la defensiva. Sinceramente, no sé qué te habrán contado de esto, pero seguro que no es lo que tú crees... Igualmente, me importa poco si quieres creértelo o no, Cassandra dice que vas a sernos muy útil, pero yo no pienso lo mismo.

Se fue sin decir nada más y Albus se obligó a sí mismo a no pronunciar una sola palabra más en toda la cena. El chico rubio, Malfoy, le miraba desde el taburete de enfrente con expresión curiosa, y la hija de muggles parecía haberse enfadado.

- Para empezar, ella no estaba diciendo nada malo, no sé qué demonios te pasa. - Le dijo a Albus, y éste terminó de hundirse en su asiento. - Pero igualmente gracias. No entiendo nada.

Albus intentó comer un poco más, pero la comida ya no le parecía tan buena. A su alrededor le seguían mirando de reojo, y él mismo no podía creerse que estuviese ahí. Ni siquiera los maravillosos pasteles que le pusieron delante para el postre volvieron a abrir su apetito, y se quedó mirando su plato el resto de la cena.

Cuando parecía que todos habían terminado de cenar y el murmullo continuo se había hecho más fuerte, unos golpecitos llamaron la atención de todos. La directora se aclaró la garganta.

- Bienvenidos un año más a Hogwarts. Antes de nada, debo presentarles a dos nuevos profesores. Este año contamos con la profesora Lonchard, que impartirá Transformaciones. - Dijo la directora señalando a la profesora que les había llevado hasta el castillo, que se sonrojó levemente y les sonrió mientras aplaudían. - Y por otro lado, para la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Hobday.

En esa ocasión se puso en pie un hombre alto y corpulento, con el pelo oscuro y mirada severa, que se limitó a saludarles con la cabeza.

- Este año debemos comunicaros diversos cambios, medidas que se han llevado a cabo en cooperación con el Ministerio de Magia. La asignatura a cargo del profesor Oakden, Defensa Contra las Artes Oscuras, se impartirá exclusivamente a partir de tercer cuso, como asignatura opcional. Así pues, para aquellos alumnos de tercero que ya habían elegido sus opciones, habrá una reunión mañana a primera hora para aclararlo.

Un murmullo de indignación recorrió el Gran Comedor, y enseguida las conversaciones fueron elevado el volumen, hasta que la profesora tuvo que llamar de nuevo la atención.

- Las clases de vuelo para los alumnos de primero serán opcionales, ya que se ha llegado al convenio de que no es necesario que alumnos que ya saben volar acudan a estas. Además de esto hemos ampliado las opciones en cuanto a los talleres extraescolares, contando con unas clases de Francés, así como talleres de música para instrumentos como el violín, el piano y otros tantos instrumentos que podréis consultar más adelante. Seguirán en pie el club de globstones, el club de ajedrez, el club de encantamientos y el club de duelos, este último sólo para alumnos de cuarto o superior. Mañana se os repartirán los horarios, que paséis una buena noche.

En cuanto dijo las últimas palabrastodo el mundo empezó a hablar a la vez y se fueron poniendo en pie. Albus les siguió casi por inercia. Todos seguían al que parecía ser el prefecto de Slytherin, el que les había llamado la atención durante la cena. Salieron del Gran Comedor y les dirigió hacia las mazmorras. Hacía cada vez más frío a medida que bajaban las escaleras y cruzaban pasillos, y se preguntó cómo sería capaz de encontrar el camino a la mañana siguiente.

Estaba decaído, su fracaso frente a los Slytherin había sido horrible, y se sentía inseguro. No sabía qué se iba a encontrar en la Sala Común, y echó de menos la fiesta de la que tanto le había hablado James, que hacían los Gryffindor la primera noche. Echó de menos la cerveza de mantequilla, las palomitas saltarinas y las patatas rompedientes de las que tanto le había hablado.

- Podéis reconocer esta pared como una más, pero no lo es. Tenéis que decir una contraseña, que irá cambiando periodicamente. Cuando digáis la palabra, la pared se tornará igual que la que se usa para pasar al andén, y podréis atravesarla. Alquimia. - Dijo finalmente, y atravesó la pared.

Albus se quedó el último, y finalmente tomó aire antes de cruzar. La sala común era muy grande, de piedra gris. Tenía unos grandes ventanales que iban del suelo al techo, por los que pudo ver que estaban debajo del lago. A lo lejos se veían lo que parecían ser edificios de las sirenas, y las algas bailaban frente a las ventanas. Había chimeneas que calentaban toda la habitación, y un montón de sillones y sofás negros elegantes pero aparentemente cómodos. También había mesas de estudio y algunas estanterías.

- Esto es la Sala Común. - Decía el prefecto. - Esas dos puertas conducen a las habitaciones, la de los chicos a la izquierda y chicas a la derecha. El tablón de anuncios está ahí. - Dijo señalando a la pared junto al pasadizo de entrada. - Y nada más, que disfruteis.

Se fue corriendo con un grupo de alumnos de quinto. No tenían ninguna fiesta, pero sí había aperitivos repartidos por las mesas, y alguien había puesto una radio mágica, en la cual sonaba una vieja canción de las Brujas de Macbeth. Los demás de primero se fueron a los sillones cercanos a una chimenea y se sentaron allí, pero Albus no tenía ningunas ganas de ir con ellos, así que se fue directamente a la puerta de las habitaciones.

Daba a un pasillo con más puertas, con letreros de los cursos a los que correspondían las habitaciones. Finalmente dio con su puerta y entró. Su habitación también tenía ventanales al lago, pero sólo dos. Había cuatro camas puestas paralelas, con mesitas de noche y el baúl a los pies de cada una. Se alegró de que la suya estuviese al fondo, más apartada, y corrió hacia allí. Tommen estaba dormido en la almohada, y ronroneó cuando se despertó, acercándose a él.

La cama parecía cómoda, y tenía unos enormes doseles de color verde que le darían intimidad. Abrió su baúl y se puso el pijama, dándose cuenta de repente de que debería mandarles una carta a sus padres. Cogió pergamino, tinta y pluma y se acomodó en la cama.

Papá y mamá,
¿Qué tal va todo por casa? ¿Cómo está Lily? Espero que todo vaya bien.
El viaje fue bien, nos empezó a llover por la tarde y cuando llegamos estábamos empapados, pero no estoy resfriado ni nada, no te preocupes, mamá.
Papá, estabas equivocado con lo que me dijiste del sombrero, ni siquiera me lo habían puesto en la cabeza cuando dijo Slytherin. No me dejó elegir.
Espero que no estéis decepcionados,
Albus.

Harry Potter levantó la vista del pergamino un poco pálido. Ginny aún estaba leyendo una y otra vez la misma línea, sin levantar la vista.

- ¡Gryffindor! - Exclamó Ron en el sofá de enfrente. Las cartas de Rose y Albus habían llegado prácticamente al mismo tiempo.

- Y tú diciendo que seguro que iba a Ravenclaw... - Le recliminó Hermione con una sonrisa. - ¿Qué tal Albus?

- Slytherin. - Respondió Ginny con voz ronca.

- ¿Qué? - Preguntó Ron borrando la sonrisa de la cara.

- Slytherin. Mi hijo está en Slytherin.

Se hizo el silencio en el salón de los Weasley. Se habían reunido allí para cenar y esperar juntos la llegada de las cartas. Lily y Hugo se habían ido a dormir hacía unas cuantas horas, y estaban en el salón en penumbras, sin más luz que la de la chimenea, con una taza de café cada uno. Nadie parecía saber qué decir.

- Voy a matar a James... Seguro que ha sido por todas las tonterías que le ha metido en la cabeza...

- James no tiene la culpa, Ginny, el sombrero seleccionador... - Intentó decirle Harry.

- ¡El sombrero seleccionador nada! Han tenido que manipularlo, Harry... Albus no puede estar en Slytherin, tienes que ir a hablar con McGonagall.

- McGonagall ya no es la directora, Ginny. - Le recordó a su esposa.

- ¡Con quien sea! Esto no puede quedar así, te lo digo en serio, Harry.

- No entiendo por qué tanto jaleo, tampoco es para tanto... Los Slytherin ya no son igual, hace veinte años de todo eso...

- ¡Es Slytherin! ¡El hijo de Draco Malfoy estará ahí! ¿De verdad quieres que tu hijo duerma en la misma habitación que ese niño?

- Es sólo un niño, Ginny. - Le respondió Hermione entonces. - Lo vi en el Callejón Diagon este verano, iba con su madre, y Astoria es muy buena persona, yo trabajo con su hermana Daphne en el ministerio y puedo decir que los Greengrass son buena gente.

- ¡Buena gente! ¿De verdad podéis olvidaros tan fácilmente de todo eso? ¡Son Slytherins, por las barbas de Merlín! ¡Slytherins!

- Albus está en esa casa, tienes que asumirlo, Ginny.

- No voy a asumir nada. Mi hijo no es así, mi hijo no es una serpiente. Harry, irás a hablar con la directora, ¿verdad? Tienes que pedirle que lo devuelvan a Gryffindor, mi hijo no es una serpiente.

Harry estaba perplejo. Ron no parecía entender muy bien la discusión, y Hermione miraba a Ginny con la boca abierta. La verdad es que tampoco le había asombrado tanto, ya que Albus siempre había sido muy distinto a su hermano. Siempre le había emocionado ganar, era ambioso y a veces demasiado astuto para su propio bien. Al principio pensó que era un poco Hufflepuff, porque nunca se defendía de las bromas que le hacía James, pero no hacía mucho se había dado cuenta de que respondía gastándole bromas a su hermano también, pero de una forma tan sutil, que no le pillaban.

Ginny estaba reaccionando exageradamente, y Hermione parecía concordar con él. Hacía veinte años de la guerra, y según tenía entendido las cosas habían cambiado mucho desde entonces. Igualmente, ante la mirada de súplica de su mujer, no pudo más que asentir.

- Iré a hablar con ella, pero no te aseguro nada...

- ¡Eres Harry Potter! Tiene que hacerte caso.

Harry se encogió de hombros sin ganas de discutir y se terminó el café. Tras releer la carta de su hijo se dio cuenta de que lo que realmente le preocupaba no era que estuviese en Slytherin, sino la desgana y el desanimo con el que parecía estar escrita la carta. Se levantó y fue a coger pergamino y pluma para responderle.


Kisa kuchiky: Gracias! Me alegro que te haya gustado. Pensaba volver a actualizar el mismo día por lo mismo que has dicho, pero al final se me pasó. Aquí dejo el segundo capítulo, que ya entra más en lo que va a ser el fanfic. Un saludo, espero que lo disfrutes! :)