CHAMUCOOOS, sí, sí lo se, me tardé tambien con este fic, razon?, escuela mas en concreto universidad, peor aun si se agrega que me estoy preparando para exames de cierre de carrera y ademas me andan rondando las ideas de un one-shot y un nuevo fic, asi que me mareo con la continuacion, peor aun con la reedicion de los primeros caps de mi otro fic, asi que sería como si tuviera cinco fics en la cabeza _ , pero bueno aki ta la conti, ya saben kishimoto es mi compadre y me prestó sus personajes para hacer esta historia XD, ya sin mas nos leemos la que viene y si tienen tele... ahi se ven... ORALEEEEEEEEEE


Capítulo 1 parte 1

Era una de tantas noches en aquella ciudad en la que nació, Konoha… ciudad, le divertía mucho que aquel pueblucho de apenas cien habitantes en tan poco tiempo, al menos para él, se hubiese convertido en una gran urbe de millones de habitantes y para colmo capital del país del Fuego, ¿Quién diría que en tan solo unos quinientos años los humanos pudieran reproducirse de esa manera, doblar su esperanza de vida y construir casi cualquier cosa?, si alguien se lo hubiera dicho en el pasado se hubiese reído en la cara del oráculo, profeta o lo que sea que se lo hubiese propuesto, pero bueno, no era el momento de fascinarse por la que es posiblemente la creación más extraña que Dios pudo haber hecho, era el momento de cazar.

No le gustaba la palabra, sonaba como si se estuviera muriendo de hambre o algo por el estilo, pero para su desgracia y a pesar de su fluido léxico que crecía con los años, no encontraba otro adjetivo más adecuado, acosar lo hacía sentirse algún tipo de desviado sexual demente, perseguir le sonaba a como si fuera alguno de esos en extremo molestos templarios y apresar le daba la impresión a que iba a tener misericordia, cosa que era completamente ridículo, misericordia era una de las cosas de las que más carecía.

Con esas divagaciones en el pensamiento llegó en un taxi al lugar, la zona roja de la ciudad, un joven alto de poco más de uno noventa de estatura y de alrededor de veinticinco años, con cabellos alborotados de un brillante color rubio bajó del mismo, ¿por qué un taxi si podía usar sus poderes?, simple, era de más bajo perfil, además andar brincado por los edificios cual spider man ya le había causado demasiados problemas y una que otra situación incómoda, como terminar el en baño de una chica al errar el salto. A pesar de estar bajo el manto de la noche tenía lentes oscuros tipo aviador, vestía una gabardina de cuero negra que le llegaba a las pantorrillas junto con unos guantes blancos, bajo la gabardina, una pulcra camisa negra, una corbata delgada color rojo sangre que se ondeaba con el viento y por ultimo un pantalón negro junto con zapatos de cuero tipo slip on del mismo color.

Le desagradaba mucho ir a ese lugar, demasiado dolor, demasiado sufrimiento de jóvenes que por malas decisiones no les quedó más que vender su cuerpo, pero eso no era lo que le molestaba, lo que le hacía hervir la sangre era la cara de hipócrita que ponían los proxenetas, como si intentaran venderle un pedazo de carne, pero cuando nadie los veía abusaban brutalmente a sus supuestas protegidas para según ellos hacerles ver su realidad, y todo eso se podría evitar con solo una simple ley que hiciera legal, hay que decirlo, tan antiguo negocio, pero un puñado de personas igualmente hipócritas decían a capa y espada que eso era una aberración, escudándose en su supuesta moral, en lugar de velar por la dignidad de sus pares. Después se encargaría de algunos cuántos de esos supuestos protectores y ver si se podía acercar lo suficiente al edificio de gobierno como para "influir sugestivamente", como le gustaba decir, a unos cuantos congresistas y así crear alguna ley que protegiera a esas pobres almas perdidas, al menos sus "servicios" ahora serían voluntarios y sobre todo, seguros.

Él era así, si bien era completamente inmisericorde contra aquellos que decidía… "desaparecer", tenía una fuerte debilidad por, valga la redundancia, la gente débil y desamparada que sufría y no podía defenderse, podría decirse que eso lo hacía algún tipo de caballero oscuro moderno, que no le importaba romper las reglas si con eso lograba mejorar, aunque sea un poco, la lastimera situación de los demás, además de paso así también rompería con esos molestos tabúes que las sociedades se auto-imponían.

Por fin llegó a donde había sentido esa presencia, se paró frente a un destartalado edificio, la integridad estructural, era dudosa, la escalera para incendios del edificio, un chiste, y la cantidad de mal vivientes, enorme, pero ahí estaba a quien buscaba, además si alguien se quería pasar de listo solo hacía falta de una paliza para convencerlos de que no era buena idea meterse con él, se fijó en el oscuro callejón de al lado, era su día de suerte, no había nadie por ahí.

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-E-Estoy m-muy nervioso- decía un chico de no más de diez y seis años de edad, de ojos negros y cabello castaño, mirando para todas partes recibiendo las miradas hostiles de los habitantes del lugar- m-me-mejor me v-voy- se lamentaba de haber ido a ese lugar, ¿por qué demonios hizo esa ridícula apuesta?

-Tranquilo- le susurró la sexo-servidora por la que había pagado- te va a gustar, además si estás conmigo no te van a hacer nada.

-E-Está bien- dijo algo hipnotizado por la belleza de la chica, y no era para menos, cabello azabache largo hasta la cintura, piel blanca de porcelana, un busto generoso, abdomen plano, cintura pequeña, caderas amplias, un derrière de infarto, unas largas y torneadas piernas, y como cereza del pastel un ojos de un rarísimo color que parecían embobarlo.

-Tranquilo chico, no me comas antes de tiempo- bromeó de nuevo la chica usando un tono dulce, cosa que sonrojo al adolescente.

Siguieron subiendo las derruidas escaleras hasta llegar a una puerta, en la que aparentemente daba sus servicios la muchacha, al entrar todo estaba oscuro, solo se colaba la luz de la luna que se filtraba por una nube.

-Buenas noches- dijo una voz desde la oscuridad, tanto el chico como la joven se quedaron de pie sorprendidos- pero no se queden parados cierren la puerta- como si la misma tuviera vida propia se cerró de golpe- lamento interrumpir su diversión pero tengo una cosa de que hablar con ustedes- la luz aumentó cuando se despejó la nube y se dejó ver la oscura figura del mismo joven que bajó del taxi, sentado en una silla del fondo, sin mirar a los recién llegados y con una pierna sobre la otra.

-¿Qué es lo quiere un desertor como tú?- siseó la pelinegra en un idioma desconocido para el chico, el cual parecía ser latín antiguo.

El rubio miró con desdén y de arriba abajo a la joven, debía admitir que era muy hermosa, lo cual a su vez le hizo darse cuenta de la verdadera naturaleza de la misma, una súcubo, pero también sabía que para que los súcubo pudieran poseer tal belleza, debían consumir toda la energía vital de su víctima durante el sexo en donde su presa perdía la virginidad.

-¿Desertor yo?- respondió el rubio con fingida molestia, volviendo a mirar al punto indeterminado- si para empezar nunca decidí estar en su bando- dijo con burla- ¿y qué quiero?- dijo ya en un idioma que conociera el aterrado chico y sonrió de lado- que desaparezcas- exclamó sacando con su mano izquierda de entre sus ropas una enorme pistola plateada.

-No me mates- rogó el castaño de rodillas y comenzando a llorar, mientras el rubio seguía apuntando impasible.

Él de los lentes jaló el gatillo de su arma, provocando un atronador sonido que retumbo en el edificio, el chico se desmayó mientras la súcubo esquivó apenas el primer disparo y observó aterrada el enorme hueco del tamaño de una toronja en la pared, miró con ira al rubio que seguía sentado en la silla como si nada y lanzó un ensordecedor chillido que pareció afectar lo suficiente al de ropas negras como para que escapara por la ventana mostrando su verdadera naturaleza, unos grandes colmillos, uñas largas y afiladas, una cola de demonio, unas alas de murciélago y un par de cuernos.

-Maldición- masculló el rubio fastidiado- ¿Por qué siempre tiene que ser de la manera difícil?- se preguntó al ver como el ser que antes era una hermosa mujer, ahora intentaba escabullirse.

Estuvo a punto de ir en su busca cuando cayó en cuenta de que si dejaba al mocoso posiblemente terminaría rebautizado con algún nombre como Jennifer y sería la novia de algún tipo enorme y musculoso.

-Genial- ironizó para luego chasquear los labios y se dispuso cargarlo en un brazo como saco de papas mientras guardaba su arma.

Corrió a la ventana y en el último segundo con su mano libre se tomó del marco superior dando una media vuelta hacia arriba, con el impuso se posiciono de cuclillas en la pared exterior dando saltos entre el viejo edifico y el vecino, sintiendo como el primero se cimbraba con cada salto, ya en el techo del edificio vecino soltó al chico mientras miraba el cielo nocturno, buscando su objetivo.

-No te quedaras con mi presa- chilló la súcubo abalanzándose sobre él, el de lentes la esquivó de un salto y cayó donde mismo con su arma desenfundada.

-No lo hagas más difícil mon chérie- dijo en un tono seductor, mofándose de la naturaleza del ente que enfrentaba, este atacó de nuevo, siendo esquivado por el rubio en un quite al más puro estilo de los matadores- no entiendo como seres tan patéticos, se empeñan tanto en tener un poder al que no tienen derecho.

-Yo lo único que quiero es belleza y ese mocoso me la dará- exclamó lanzándose, esta vez, por su presa, el rubio se dio cuenta de esto y con una gran velocidad tomó la chico, quitándolo de las garras de la súcubo por muy poco, dio un giro en el suelo y quedó de perfil a su objetivo.

Inmediatamente disparó sin siquiera mirarla, dándole en una de sus alas, haciendo que se desplomara en el techo del edificio donde se daba la pelea, caminó con parsimoniosa lentitud a donde yacía el ente herido.

-P-Por f-favor, p-perdóname, te juro que jamás me volverás ver si me dejas ir- rogaba la pelinegra, retrocediendo a rastras porque del pánico sus piernas ya no respondían y estiraba un brazo para evitar inútilmente el fatal disparo.

-Ese es el problema, si te dejo ir, ¿qué me asegura que no seguirás consumiendo almas de pobres ingratos?- preguntó mas a manera de retórica que directamente. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, movió su arma en dirección a la cabeza de su objetivo con tal de darle el mortal tiro de gracia, pero entonces una súbita y dolorosa migraña lo tomó por asalto, haciendo que tirara su arma.

Una escena que en su vida recordaba haber vivido se presentaba ante sus ojos, podía ver a la misma joven, pero en ella habían grandes diferencias, no tenía ni cuernos, ni cola, ni colmillos, ni garras y sus alas eran… ¿¡las de un ángel!?, además de que sus ojos eran de otro color, o al menos eso era lo que aparentaba, la imagen era bastante difusa, pero por alguna razón sabía todos aquellos detalles y que ella era un ángel, la joven parecía querer intentar alcanzarlo mientras decía en tono suplicante algo que le era ininteligible aunque, extrañamente, sabía que se dirigía a él. Intentó levantar su mano, por alguna extraña razón, él también quería llegar a ella, fue entonces cuando notó que su cuerpo le pesaba, como si toda su energía hubiese sido drenada, además de sentir un terrible dolor que lo envolvía, dándose cuenta de que tenía graves heridas, gran desesperación se apoderaba de él, como si temiera por lo que le deparara a ella.

-Naruto- logró entender por fin, turbándolo más, ¿cómo sabía su nombre?, nada parecía tener sentido y para peor todo comenzaba a ponerse negro.

-…- intentaba decir algo sin saber realmente a que se estaba refiriendo, entonces sintió un escozor en su mejilla lo cual lo regreso a la realidad y dar algunos pasos hacia atrás- maldita- masculló tocándose la herida, también dándose cuenta de que ya no tenía sus lentes, dejando ver así un par de oscuros ojos azules con la pupila alargada.

-No te distraigas mon chérie- se mofó la pelinegra para luego tomar el arma de su atacante- veamos si te gusta que te disparen con tu arma- clamó notando el peso de esta, pero inmediatamente la soltó al sentir un dolor parecido a una quemadura en la mano donde portaba el arma, miró atónita como su mano tenía ampollas, desprendimiento de piel y diversas llagas, además de que en algunas partes se notaba el hueso.

-Recubrimiento de plata bendita de Macedonia- explicó el ojiazul viendo son sorna la cara de su próxima víctima- y esta- con su mano derecha sacó otra arma del mismo tipo que la otra, solo que de un color negro ébano- huesos de demonio pulverizados y fundidos en acero- dijo con frialdad para luego disparar.

Un sonido ensordecedor se volvió a escuchar, unos ojos amarillentos perdían la vida y un cuerpo se desplomaba en el suelo, convirtiéndose en ceniza, mientras un número indefinido de luces y susurros se veían y escuchaban llevados por el viento, esfumándose en la oscuridad de la noche.

-Ojala y puedan encontrar el lugar a donde pertenecen- murmuró sintiendo esa pequeña satisfacción de poder hacer algo, en un mundo que parecía llegar a su decadencia.

Caminó a la pila de cenizas para recoger su otra arma, su herida ya se había curado por completo sin dejar ni siquiera una marca que comprobara su existencia, hurgó entre la pila y sacó un par de pendientes de diamante negro, una gargantilla de platino a juego, un brazalete del mismo material y un anillo por último, todo de un excelente gusto y de apariencia antigua.

-Si no te conociera mocoso diría que haces esto solo por lo que estos tipos dejan atrás cuando los… ¿cómo es que dices?, ah sí, "desapareces"- dijo burlonamente una voz dentro de su propia mente.

-Cierra el pico- siseó el rubio de mal humor por tener que escuchar a ese molesto ser- además, sabes tan bien que yo que no se puede comer de buenas intenciones... aparte ellos ya no lo necesitan- agregó guardando los objetos entre sus ropas.

-Creí que ya no me dirigirías la palabra mocoso- insistió en molestar la voz en su cabeza.

-Aunque nada me haría más feliz es imposible, eres parte de mi, al fin y al cabo si mi tu no estarías vivo… y aunque odie admitirlo… yo tampoco- dijo resignado el ojiazul.

-Aun no puedo creerme que me haya tenido que rebajar a compartir mi existencia con algo tan simple como tú- se quejó gruñendo.

-Pues así lo es, el grande y poderoso Kyubi está ligado con un mortal que no puede poseer- esta vez fue su turno de mofarse, recibiendo como respuesta otro gruñido.

Por más raro que pareciera, así era, un antiquísimo demonio conocido en las leyendas como Kyubi no Yoko se fusionó con su espíritu, según lo que sabía, cuando nació era un niño demasiado débil y que parecía que no llegaría a mas de una semana de vida, no por alguna enfermedad, irónicamente era porque era demasiado fuerte, tanto que su pequeño cuerpo no podría soportar un alma tan excepcional como la suya.

Sin poder recordar porque, el zorro endemoniado, al igual que él, estaba agonizando, fue entonces cuando sintió la presencia del recién nacido, sorprendiéndose de la cantidad de poder espiritual que emanaba del pequeño, pero también sabía que sus días estaban contados, ni siquiera un adulto podría soportar tal cantidad de poder sin desmoronarse, sabía que la apuesta era arriesgada pero ni al él ni al chico le quedaban opciones, así que fue a donde sintió esa presencia y combinó su alma con la de él, logrando de esa manera una especie de balance, el zorro con su poder mitigaría el del pequeño rubio para que pudiera vivir, pero nunca lograría posesionarse de su espíritu, a cambio el zorro quedaría como su alter ego pero podría seguir existiendo.

-Por cierto, ¿qué demonios fue eso?- preguntó cambiando su semblante a uno serio mientras se volvía a poner sus lentes y miraba la vista que tenía de la ciudad.

-Te recuerdo que no puedo recordar nada desde un año antes de que tu y yo nos volviéramos uno- respondió frustrado y frustrando también un poco al ojiazul.

-A veces puedes ser tan inútil- suspiró el rubio- me preguntó si tendrá que ver con eso- se preguntó captando la atención del zorro.

-Tal vez chico, pero hasta ahora no hay pistas y por suerte no se han dado cuenta de que sigo con vida- expresó con desgano por no encontrarle cuadratura a sus dudas.

-Te equivocas, esa chica de la visión podría darnos respuestas, sé que no es mucho y que buscar un ángel sería como buscar una aguja… ya ni siquiera en un pajar… en el planeta, pero al menos tenemos un indicio- sonrió un poco, al notar el silencio de su voz interna, pero entonces sintió un estruendo, el edificio de al lado se estaba derrumbando causando una tremenda conmoción en los alrededores.

-¡MOCOSO TARADO ¿Cuántas veces te he dicho que midas tu maldita fuerza?!- rugió molesto el zorro, en realidad no le molestaba tanto estar ligado a un mortal, lo que le hacía perder los estribos era que fuera un idiota de primera.

-CÁLLATE, si hubiera sido por ti hubieras destruido por lo menos medio distrito- espetó tomando al desfallecido adolescente para largarse de ahí- al menos esta vez la vidas que se perdieron no las llorara nadie- pensó sintiendo un poco de culpa por haber sido el causante de tal desastre y de otros anteriores.

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-¿Dónde estoy?- preguntó el castaño medio adormilado al mismo tiempo que se incorporaba completamente desorientado, entonces se dio cuenta de que estaba en la banca de un parque.

-Ya era hora de que despertaras niño- dijo una voz a su lado que de inmediato reconoció y lo puso en pánico- tranquilo mozalbete, no voy a hacerte nada ¡QUE NO VOY A HACERTE NADA!- prorrumpió furioso cuando vio que el chico se postraba frente a él rogando por su vida.

-Por favor señor de la pistolota no me lastime- al rubio le surgió una gran gota en la cabeza junto con su alter ego, eso era un tremendo eufemismo de sexo gay, tanto que hasta resultaba vergonzoso.

-¿Podrías dejar de lloriquear y dejar de ser un maricón?- al parecer activó algún tipo de interruptor mágico, ya que el castaño inmediatamente se calló y lo miró desafiante- bien, ¿cuál es tu nombre?- el chico pareció dudar.

-Konohamaru- respondió por fin con seriedad, el rubio sonrió volviendo a ponerlo un tanto nervioso.

-Entonces haremos esto Konohamaru- se levantó los lentes dejando ver ahora unos ojos color rojo sangre con las mismas pupilas alargadas- ibas al distrito rojo, cuando pasabas por este parque alguien te golpeó la cabeza y te desmayaste, cuando despertaste te diste cuenta que te robaron, no recuerdas nada de la chica ni de mi.

-Iba al distrito rojo, cuando pasaba por este parque alguien me golpeó la cabeza y me desmayé, cuando desperté me di cuenta que me robaron, no recuerdo nada de la chica ni de usted- repitió el chico, con la mirada perdida y con los ojos rojos también, entonces el de nuevo ojiazul lo golpeó con la culata de su pistola en la cabeza, dejándolo inconsciente.

-Solo falta tener que quitarle lo de valor- suspiró colocando de nuevo sus lentes en su lugar y para luego hacer su última faena de la noche antes de descansar, al fin y al cabo debía cubrir sus huellas y que un testigo lo pusiera en el lugar del desastre sería problemático.

-Eres todo un ladronzuelo mocoso- se mofó de nuevo el zorro, el rubio decidió ignorarlo.

Cuando terminó, le había quitado hasta los tenis, no entendía por qué la gente le daba tanto valor a un calzado, para él, de tan mal gusto, pero bueno, tenía que ser convincente, usó su gran velocidad y en menos de un segundo estaba saliendo del otro lado del parque, no sin antes deshacerse de lo que le había quitado al castaño, tirándolo a un contenedor de basura.

-Taxi- gritó, luego frunció los labios para soltar un potente silbido- al DMC en la calle Lexington- ordenó una vez que se subió al vehículo.

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Una vez que llegó a lugar, se sentó en la barra y se quitó los lentes, la visión que había tenido aun lo desconcertaba, ¿quién era esa joven?, ¿de dónde la conocía el estúpido zorro?, ¿por qué parecía tan desesperada?, ¿de verdad era un ángel?, y lo más importante, ¿cómo es que sabía su nombre?, frunció el ceño, otra vez tendría tener que tratar con esos seres y nunca era un encuentro amistoso, cuando no terminaba en algún enfrentamiento siempre estaba ese ambiente hostilidad de parte ellos.

-La verdad es que podrían ser al menos un poco mas amenos… si… sí como no- pensó sarcásticamente para luego bufar.

Simplemente no los soportaba, pavoneándose por ahí con toda la arrogancia y soberbia del mundo, mirándolo como si fuera algún tipo de paria o aberración que no debería existir, y pensar que esa chica era uno de ellos, si se parecía al ente que acababa de derrotar entonces, sus facciones serían finas y femeninas, un color tan pálido de piel que la haría ver tan frágil y que de de seguro sería tan suave como el terciopelo, con ese cuerpo tan… tan perfecto…

-¿En qué demonios estoy pensando?- se recriminó mentalmente al darse cuenta de a dónde estaba llegado- maldición, cuarenta años de celibato te hacen pensar tonterías- masculló molesto para luego morderse la lengua, por suerte nadie lo había escuchado.

-Jajajaja- se reía a carcajadas la voz en su interior- aun después de todo este tiempo estás lleno de sorpresas mocoso- dijo de lo más divertido- parece que has sido… ¿cómo dicen los humanos?... tocado por un ángel- volvió a reír con más fuerza.

-Cierra el pico zorro del demonio- siseó completamente enojado y sonrojado, perfecto ahora estaba sonrojado, mas armas para que lo siguieran molestando.

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Mientras el rubio seguía peleando con su alter ego, en algún lugar indeterminado donde siempre parecía reinar la luz, una joven de ojos perlados y de cabellos azabache con un brillo azulado recibía sus instrucciones finales, durante años, mas bien siglos había rogado por una segunda oportunidad, luego de… ni siquiera valía la pena recordarlo, había sido fuertemente castigada por ello, pero de cierta manera no se arrepentía, con su acto de rebeldía había comprobado que nada era completamente malvado, pero eso resultaba un problema, porque también estipulaba que nada era completamente virtuoso.

-…Y esa es tú asignación- finalizó una voz frente a ella- ¿comprendiste todo Hinata?- cuestionó la voz al darse cuenta el estado de semi-letargo que mostraba- ¿Hinata?

-Ah… Sí- la persona frente a ella no parecía muy convencida- hemos detectado que la presencia desconocida que hemos intentado rastrear se ha establecido en la ciudad que los mortales llaman Konoha y ha estado viviendo ahí por los últimos cinco años, no estamos seguros de la naturaleza del ente al que pertenece dicha presencia pero parece que está inclinado a la oscuridad y posiblemente sea un demonio…- dio una pequeña pausa para aclarar su garganta- mi asignación es encontrar esa presencia y si es posible enfrentarla- terminó de explicar mostrando una gran seguridad y convicción.

-Yo nunca dije que debieras enfrentarla- dijo un hombre, sentado detrás del escritorio de un gran y sumamente elegante despacho, su apariencia era mayor, sus ojos también perlados y cabello castaño largo, pero lo más impresionante era sus resplandecientes alas blancas

-P-Pero… -intentó replicar pero el que parecía ser su superior levanto la mano para silenciarla.

-Hija se que has intentado redimirte desde…- tanteó sus palabras a sabiendas que era un tema muy delicado para su descendencia- lo que ocurrió hace tanto y debo decir que eso me alegra, pero aun así estás todavía a prueba, tuviste cargos demasiado serios y es por eso que no se te permitió llevar armas.

-Ya veo- murmuró cabizbaja, aun no confiaban en ella y aunque eso ya lo sabía, de cierta manera le entristecía- supongo que no hay otra manera- suspiró resignada.

-Pero nadie te prohibió que usaras tu don- dijo sonriendo para sus adentros al ver como a su hija se le iluminaba el rostro- ahora ve y prepárate, saldrás al amanecer, tengo fe en ti- cuando miró que su hija hizo una reverencia para después retirarse, su semblante cambio- tengo un mal presentimiento.

-¿Dijiste algo padre?- volteó mirando curiosa a su progenitor.

-Nada, solo estaba pensando en voz alta- dijo de lo más natural evitando mentirle y también decir algo pudiera desconcentrar a su hija, al verla salir soltó un suspiro, aun seguía persistiendo esa preocupación.

En su habitación, la joven de ojos perlados meditaba sobre su nueva tarea, hacía ya tanto tiempo que no iba al mundo de los humanos, sacudió su cabeza y suspiró intentando alejar aquellos recuerdos que parecían volver a acosarla, él estaba muerto, así que no valía la pena recordarlo, pero lo hacía, simplemente no podía evitarlo.

-Tengo que concentrarme, no puedo cambiar el pasado, pero si puedo cambiar el futuro- pensó mirando a un punto indeterminado, pero entonces sintió una punzada en el pecho como algún tipo de premonición, no entendía porque pero algo le daba la sensación de que la presencia que iba a buscar no era lo que esperaba.

Continuara…