Gwendolin Tennyson, era una chica, increíble, según toda la gente que llegaba a conocerla, buena en deportes, académicamente destacable, presidenta de cuatro clubes extracurriculares, en la secundaria, acaso no existía algo que no pudiera hacer, quizás solo una cosa.
Pensar en eso, dejo de observar el cielo nocturno, y se recostó sobre el tejado, a un sintiendo un leve rastro de calor, de esos besos robados, todo había sido tan rápido, pero a la vez, tan lento, cerró los ojos involuntariamente, y de nuevo pudo sentir las suaves manos de Benjamín, acariciando, muy lentamente su cadera mientras esos labios la besaban con una pasión indescriptible.
Un suspiro de placer dejo su boca, al instante de abrir sus ojos de golpe, en qué mierda estaba fantaseando, era su primo, su estúpido e infantil primo, se puso de pie, y de un ágil salto bajo hacia su balcón, en qué diablos, estaba pensando en esos días, tan solo, pondría distancia con Benjamín, y todo se resolvería, si el chico seguía obsesionado, tendría que dejarle muy claro, que ella no sentía lo mismo.
