Hola de nuevo, Mary Morante se aparece otra vez.

Antes de que quieran asesinar, les deseo un feliz 2014 para todos, espero que este año sea de cambios positivos y si no, que sea un año de retos y que tengan la fuerza para superarlos :) No crean que he abandonado mis otros fic, solo que escribo según la inspiración que me venga.

Quiero agradecer los reviews de Zorabelh402, AkumaChibi03, ekida, Sandra Strickland, Les-cinq-d-ella, 21Nylecoj94, Soadora, selajarg, clarisahsm, KazuneMiku, y la persona que firmo como Guest, ya que sus comentarios me motivaron a escribir la siguiente continuación. Gracias por todo amigos :)

Este capítulo se lo dedico a Ekida y a marianatika, gracias por tu mensaje, voy a hacer lo posible por actualizar más seguido.

Sin más, aquí les dejo el capítulo dos :)

Disclaimer: Hey Arnold y sus personajes son propiedad de Nickelodeon y Craig Bartlett. A excepción de los creados por mí para este fanfic.

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BRUJA Y SAPO

Primer acto: El Cortejo

La expresión en el rostro de Gerald no cambio mucho; aun mostraba esa sonrisa de agradecimiento por la oportunidad de ir a la famosa fiesta. Giro su cabeza ligeramente, pero manteniendo los ojos sobre la pelinegra – ¿Cómo dices? – cuestiona, pensando haber escuchado mal.

Rhonda se giro a sus espaldas al oír que se abrían las puertas de la cafetería, por donde salieron dos de sus compañeras – Animo Helga, creo que ser la asistente del profesor Callahan y la señorita Smith no va a ser tan malo – le decía Lila a una desanimada pelirrubia.

– Oh si Lila, estoy tan entusiasmada, me siento casi como si fuera a ir de compras con OLGA – responde Helga, llevando sus manos a las bolsas del pantalón de mezclilla – Esta vez Jeff se paso de listo.

– Te veo en el laboratorio de biología, en media hora – le dice Rhonda a Gerald. Paso a un costado de él, caminando con algo de dificultad, siendo seguida por Nadine y Danna.

Gerald sonríe y vuelve a abrir su casillero – Invitar a Helga… jeje si como no…

Pasada la media hora, Gerald se dirigía al campo para iniciar su calistenia previa al entrenamiento de fútbol americano, cuando recibió un mensaje de texto en su teléfono – "¿Dónde estás?, quedamos en que vendrías al laboratorio para hablar sobre mi fiesta. RWL"

¿Rhonda? Pero yo creí… – piensa Gerald, viendo de reojo hacia el edificio donde estaba dicho laboratorio.

– ¡Johanssen! El entrenador nos dijo que la práctica de hoy seria hasta las seis.

– Gracias Ethan – Quizás fue el interrogante, la duda acerca de lo platicado en el pasillo, o simplemente curiosidad sobre el asunto lo que condujo a Gerald hacia el laboratorio, donde ya lo aguardaba Rhonda que estaba sentada en el sillón del profesor, con las piernas en el escritorio y junto a ella, Nadine y Danna.

– Tenerme esperando… ts, ts… eso no es nada elegante, Gerald – Reclama Rhonda, bajando las piernas y apoyando los codos en la mesa – pensé que en realidad querías ir a mi fiesta, Johanssen.

– Por supuesto hermosa Rhonda.

– ¿y sobre la invitación de la chica?

– Pero lindura, aun no me has dicho cual es la chica que sigue sin pareja.

Enarcando una ceja, Rhonda junta sus manos y se apoya en ellas, formando una sonrisa burlona en su cara – por favor Gerald, ya te dije quien es la chica que queda disponible.

De nuevo, Gerald quedo mirando a Rhonda en forma incrédula – jajaja, buena esa amorcito jajajaja… pero ya en serio ¿Quién es la chica?

– De hecho Gerald, Helga es una chica – Nadine hace la aclaración, recibiendo la mirada incriminatoria de Rhonda – lo siento Rhonda.

– Gracias por la aclaración NADINE – La pelinegra se recarga en el sillón, llevando sus manos a los brazos del mismo – bueno, ahora que hemos aclarado que Helga es una chica, ¿Cuál es tu respuesta "amorcito"?

Lo que en un principio Gerald consideraba como una broma de pésimo gusto, ahora no dejaba duda alguna. Rhonda estaba hablando muy en serio, pero el moreno se resistía a aceptarlo – ¿Esto es una broma verdad? Porque no me causa gracia.

– Anímate Gerald, estamos seguras de que te divertirás si llevas a Helga al baile – le indica Nadine en forma sincera, debido a que no sabía del todo las intenciones de Rhonda – Helga es nuestra amiga desde preescolar, y yo creo que con algo de maquillaje… – interrumpe su comentario al escuchar unas risas, y tanto Nadine como Gerald, se giran al escuchar como Rhonda y Danna reían en lo bajo, cubriendo sus bocas.

En ese momento, el rostro de Gerald dio un completo giro; apoyo bruscamente sus manos en el escritorio, haciendo un gesto desagradable – No puedes estarme pidiendo eso, es decir ¿quieres que tenga una "velada romántica" con Helga? ¿Con Helga G. Pataki?

– yo no conozco otra Helga ¿Qué tal tú, Danna?

– No Rhonda – desvió sus ojos color miel hacia Gerald – solo existe una Helga, gracias a Dios.

– ¡Pero Rhonda! ¿Me estás diciendo que para ir a tu fiesta, tengo que llevar a Helga G. Pataki? Digo… ¡Es una bruja!

Todos en la escuela conocían el muy especial carácter de Helga. Al verla, difícilmente se podía saber si estaba de mal o pésimo humor (esto debido a que nadie la había visto lo que se diría "feliz" y cuando se reía, en realidad era para burlarse de alguien más) por esto, varios en la preparatoria podían jurar que Helga era como una bruja de cuentos, de esas que todo le amarga, nunca sonríe y no muestra sentimientos de nobleza.

– Olvídalo Rhonda, nada en este mundo me haría salir con esa bruja – finaliza Gerald, con el ceño fruncido, se da la media vuelta y aun con el enojo encima, se encamina a la salida.

Sin inmutarse ante la respuesta de Gerald, Rhonda volvió a subir sus largas piernas al escritorio – ¿Ni siquiera por Claire?

Antes de salir del laboratorio el moreno se detiene, a lo que Rhonda sonrió satisfecha – según escuche, ella prometió bailar una canción contigo ¿no? Si juegas bien tus cartas en mi fiesta, ¿Quién sabe? puede ser que llegues con una chica, y termines en los brazo de la hermosa Claire, si es que me comprendes.

Después de un largo silencio, Gerald responde sin voltear – lo pensare – termina y sale del laboratorio.

– Listo Rhonda, esto va a estar muy bueno – le dice Danna a Rhonda, dejando a Nadine con algo de incertidumbre.

La pelinegra sonríe y se pone de pie – como no tienes idea, Danna.

c – c – c – c

Los alumnos de la clase de literatura se agruparon en el mural que estaba fuera del auditorio, donde ya estaba publicada la lista con todos los personajes del "Lago de los Cisnes"

– Cielos, me gustaría audicionar para el papel del príncipe Sigfrido – comenta Eugene con mucha ilusión.

– Si tú vas a audicionar para el príncipe Sigfrido, creo que yo audicionare para el papel de Odette – menciona Sheena, tomando la mano de Eugene y mirándolo con brillo en sus ojos.

– E-este… creo q-que eso sería genial… creo…

Lila sonrió y puso su mano en el hombro de Sheena – Te deseo mucha suerte Sheena, yo también audicionare para Odette ¿y qué hay de ti Brainy?

– Ahhh… ahhh… no se… creo que para el papel… de William, amigo de Sigfrido.

– ¿y qué me dices tú Helga? – le interrogo Sheena.

La pelirrubia se encogió de hombros y dio un rápido vistazo a la lista – creo que seré… esta, la bailarina número cuatro – toma la pluma que colgaba a un costado, y apunta su nombre en el espacio.

– Pero Helga eres excelente en la actuación, deberías de intentar hacer otro papel – le indica Sheena y de repente, alguien la toma del hombro.

– Oh querida Sheena, se que tú intención es buena, pero no creo que Pataki pueda hacer un papel de ese tipo en la obra, primero tendría que verse como una chica y según los expertos, Helga… como decirlo con delicadeza… bueno tú entiendes.

Con rabia, Helga toma el otro hombro de Sheena y la aparta para aproximarse a Rhonda – No princesa no entendemos lo que dices, tal vez quieras explicarle con detalle a la vieja Betsy – aprieta fuerte su puño, mostrándoselo muy cerca del rostro a Rhonda.

– No vine aquí para pelear Helga, eso es de salvajes – se acerca al mural y apunta su nombre junto al de Lila y Sheena – si me disculpas, tengo cosas más importante que hacer.

Tanto Lila, como Eugene, Brainy, Sheena y por sobre todo Helga, siguieron con la vista a Rhonda – por cierto princesa, no sabía que en Paris estaba de moda traer restos de comida en el pantalón, es el último grito en accesorios jajajaja – menciono Helga con sarcasmo.

– Ash, odio que me molesten los fenómenos, vámonos Nadine tenemos que ver a Danna para ir de compras – Rhonda jala más su blusón rojo, para tapar las manchas de comida de su pantalón.

c – c – c – c

Al día siguiente por la tarde, el grupo de alumnos se encontraba ya en el auditorio para las audiciones del papel que deseaban interpretar.

– Excelente Lila, realmente te desenvuelves muy bien como actriz y bailarina, ¿Qué opina señorita Smith?

– Creo que serás una hermosa Odette.

De entre los largos y enormes telones color purpura, Rhonda salió corriendo vestida como prima ballerina – espere un segundo maestro Callahan, falto yo.

– Si Rhonda, como si fueras a obtener el papel – dijo Helga, cruzándose de brazos y poniendo los pies sobre las butacas.

– Tenemos que darle una oportunidad a todos Helga – el maestro extiende su mano y revuelve la sucia gorra de la chica, haciendo que esta se moleste y que de inmediato se la acomodara.

Con una mueca de fastidio, Rhonda miro a Helga – no se preocupe maestro, yo sé que puedo lograrlo – cierra los ojos, da un silencioso suspiro y comienza su rutina de baile, demostrando una vez más, que las arduas y largas horas de clases de ballet habían surtido su efecto.

Los compañeros se aproximaron, en especial un chico rosado – Rhonda se ve muy bonita – Harold junto con Curly, veían a la pelinegra con ojos entrecerrados.

– Es una bailarina natural – dijo Lila, admirando los movimientos de Rhonda – no me molestaría quedar en segundo lugar por ella.

Toda su presentación iba muy bien, hasta que dio un pequeño salto y cayó sobre su tobillo derecho con el que no pudo mantener el equilibrio, y termino impactándose contra el suelo – ¡AY! ¡Mi tobillo!

Pronto, el maestro Callahan junto con la señorita Smith, se aproximaron a Rhonda – Helga, ve de inmediato por el botiquín, está en el salón de biología.

– Si como sea – la rubia se encoge de hombros y sale del auditorio. Harold, Ethan y Curly ayudaron a Rhonda a llegar hasta una silla cercana, mientras que la señorita Smith tomo la pierna de la chica y al retirarle la bota roja, se dio cuenta de lo que estaba pasando.

– por Dios Rhonda, tienes el tobillo inflamado, no puedes bailar así.

– ¡Sí puedo! ¡Sí puedo! Solo es cuestión de… ¡AY! Cuidado pequeño troll – Rhonda empuja a Curly, quien la lastimo sin querer.

– Lo siento linda, pero en serio está muy amoratado.

Helga se aproximo al grupo que ya rodeaba a Rhonda – lo siento mucho Rhonda, pero no puedo permitir que bailes así – determina el profesor al revisar de cerca el tobillo, toma el botiquín y saca un par de vendas – pero no te preocupes, aun puedes hacer un papel en la obra.

– ¡no por Dios! ¿Por qué todo lo malo me pasa a mí? buaaaa – Rhonda se cubre el rostro, para dejar salir las abundantes lágrimas de niña malcriada.

El profesor Callahan, al igual que la señorita Smith hicieron ojos al cielo – Está bien jóvenes, las audiciones se suspenden hasta mañana. Harold lleva a la señorita Lloyd a la enfermería, tal vez necesite una segunda revisión.

– Ven Rhonda, te prometo ser muy cuidadoso – le dice el chico rosado, alzando las cejas de forma galante, y tomando el brazo de Rhonda para pasarlo alrededor de su cuello.

– Solo limítate a llevarme a la enfermería Harold – espeta en forma brusca, soltándose de él para solo apoyar su mano en el hombro – y vámonos rápido que tengo cosas que hacer.

– Sí señora madame gruñona – bufa Harold, viendo ceñudo a la chica.

El resto de los alumnos tomo sus pertenencias y fueron saliendo – Helga espera un momento – le solicita la señorita Smith.

– Diga usted – responde con cierta indiferencia.

– Helga, el profesor Callahan y yo aun no hemos escogido a la chica que hará el papel de Odile.

– ¿Qué Lila no lo hizo bien? – Cuestiona rodando los ojos hacia la pelirroja, que la espera junto a Brainy – ella es una excelente bailarina.

– No Helga, Lila interpretara el papel de Odette, Odile es la hija del malvado mago Rothbart que suplanta a la joven cisne en el baile el príncipe Sigfrido para engañarlo ¿no has leído la historia?

Enarcando una ceja, Helga ve confundida al profesor y a la maestra – ¿Quieren que haga el papel de una bruja? ¡Cielos, eso sí que ayudara a mi reputación!

– Helga, creemos que esto te ayudará a que te conectes mejor con tu lado sensible, además que la chica que intérprete a Odile tiene que tener carácter para mostrar un lado aguerrido y feroz, así como uno dulce y romántico.

– ¿dulce y romántico? – Se gira a ambos lados, para cerciorarse de que ya no quedaba nadie en el auditorio, más que Lila y Brainy – ¿están jugando, verdad?

El profesor niega con la cabeza – solo te pedimos que lo pienses – recoge el botiquín y su portafolios – tenemos fe en que vas a aceptar – ambos maestros le sonríen y salen del auditorio.

– ¡Pero qué diablos! – Helga toma molesta sus pertenencias – Ahora resulta que no solo voy a ser una marioneta a quien ellos puedan mandar, sino que también quieren que actúe, ¡criminal!

Lila y Brainy se apresuran hacia Helga al ver su reacción – pero Helga ¿qué paso? ¿Porque estas tan enojada?

– ¿Paso? – La rubia se detiene de repente, haciendo que los otros dos chocaran con su espalda – Paso que tanto Jeff como la señorita Smith, tuvieron la brillante idea de que interprete el papel de Odile ¿pueden creerlo?

– Oh Helga, que gusto me da escuchar eso – Lila junta sus manos emocionada y da un inesperado abrazo a Helga – Contigo compartiendo escena, estoy segura que no tendré pánico escénico – toma sus manos, mirándola esperanzada.

– Aguarda un momento señorita perfección – Helga se suelta de Lila – ¿Tienes pánico escénico? jajaja vaya, quien lo diría de la chica más perfecta de la escuela.

– Helga… – las pecas de la pelirroja se iluminan con el sonrojo – Tiene mucho que no hacemos una obra de teatro, y como escuche que seré Odette, la verdad… bueno la verdad…

Helga y Brainy cruzaron miradas, antes de que la pelirrubia elevara ojos al cielo – Ash, está bien, está bien, si es taaaaan importante para ti, aceptaré ser Odile… rayos.

– ¡Muchísimas gracias Helga! – La abraza una vez más – prometo hacer lo mejor que pueda.

– Sí lo que tú digas – Los tres se encaminan por el pasillo, hasta llegar a los casilleros – hasta aquí llego con ustedes genios, tengo que dejar unas cosas en mi casillero.

– Hasta mañana Helga.

– Ahhh… nos vemos… ahhh…

Sin que se diera cuenta que era vigilada a lo lejos, Helga se aproximo a su casillero, dejando sus pertenencias y buscando otras tantas para llevarse a su casa.

Con determinación, Gerald se fue aproximando lento hacia Helga, repitiendo mentalmente la razón del porque hacia eso – Salir con Helga para conseguir a Claire… salir con Helga, para conseguir a Claire… Helga por Claire, Helga por Claire.

Cerrando su casillero, Helga se gira y topa con Gerald, quien para su mal gusto, invadía su espacio personal. Lo recorrió con la vista poniendo la peor de sus caras – ¿Se te perdió algo Johanssen?

– mph, mph, hace una hermosa mañana ¿no crees Helga linda?

Enarcando una ceja, Helga observa con cuidado a Gerald – Supongo que sí, en China claro, porque aquí ya son las seis de la tarde, amigo – camina a un lado, procurando evitar rozarse con él. Gerald pronto rodeo de nuevo a Helga, acercándose lo suficiente para que esta chocara su espalda con los demás casilleros, y apoyo ambas manos a su costado, para evitar que escapara (una técnica de seducción muy usada por él) – quiero decir, er… que el atardecer no es tan bello como… bueno… – analizo el rostro de la chica, buscando algún "atractivo" que destacar – el azul de tus ojos, her-hermo… linda Helga.

Una extraña y casi terrorífica sonrisa se dibujo en el rostro de Helga – ¿"el azul de mis ojos"? jajaja ¿en serio? jajaja – de inmediato y como si estuviera fingiendo, el rostro de Helga cambio, mostrando una seriedad sepulcral, sacando de balance al chico – ¿Qué demonios quieres Johanssen?

– Yo, bueno… – queda en silencio un segundo – quiero ver si me harías el honor de salir conmigo – al final de la frase, Gerald hace una sonrisa que también mostraba disgusto, casi como deseando que Helga dijera que no. Obvio que la rubia era demasiado lista para caer en sus trucos.

– Bueno yo… – Helga se aproximo a él, poniendo una dulce mirada, suavizando su voz y apoyando su dedo índice en el cuello de Gerald – Creo que una cita contigo no estaría nada mal Gerald ¿qué dices?

El moreno no podía creer su suerte (buena o mala, nunca esperaría esa respuesta) – ¿E-en verdad?

– Claro – Helga lo rodeo del cuello, dándole un fuerte golpe con la rodilla en la entrepierna – ¡Cuando el infierno se congele! Ahora apártate de mi vista, degenerado – se encamina hacia la salida, brincando a Gerald que está en el piso, doblado por el dolor.

– ¡ARGH! maldita… Pataki…

c – c – c – c

Al día siguiente, Rhonda iba subiendo las escaleras junto con Nadine y Danna – ¡Rhonda espera! – Grita Gerald, corriendo detrás de ellas – tengo que hablar contigo.

Rhonda dirige su vista a Danna, quien solo asiente y sube el resto de los escalones desconcertando a Nadine, pues parecía que estas chicas hablaban en clave – Nadine si nos permites, este apuesto chico y yo tenemos una charla pendiente.

– Esta bien Rhonda, nos vemos en el salón de química – Nadine sube las escaleras, pero antes de llegar a donde Danna, Rhonda la detiene.

– Nadine espera, quisiera que me traigas un refresco de la maquina – señala escaleras abajo.

– Bueno, creo que está bien Rhonda – baja las escaleras, cruzando miradas con Gerald.

Una vez que Rhonda perdió de vista a su mejor amiga, le habla a Gerald – ¿Qué paso contigo "amorcito"? pensé que ibas a desistir de acudir a mi fiesta, ayer no te vi tan animado.

– ¿¡Cómo quieres que acuda a tu fiesta!? Si tengo que llevar a esa loca conmigo. Rhonda entiende, Helga es la peor, poco femenina, grosera y más horrible estudiante que haya cursado en la H.S.120.

Elevando la vista, como buscando algo, la morena da un largo suspiro – Un trato es un trato corazón, si no eres capaz de ir con Helga a mi fiesta, entonces la pobre de Claire tendrá que bailar toda la noche con Frederick.

– ¿Tiene que ser Helga? ¿Forzosamente Helga G. Pataki? – el moreno se acerca a ella, mirándola suspicaz – ¿Porque ella? ¿Hay algo más que yo no sepa?

Con nerviosismo, Rhonda le responde – N-no, no hay nada más querido ¿porque la pregunta?

– ¿Desde cuándo ustedes dos son tan amigas? – Cuestiona cruzando sus brazos – si tienes tanto interés en que vaya ¿por qué no se lo pides tú?

– Porque, bueno – eleva la vista y ve que Danna la espera con impaciencia – porque quiero enmendar las cosas con ella – Vuelve a tomar compostura y apoya una mano en el hombro del chico – Entiendo si no puedes con ella ¿quién lo diría? – Se encoge de hombros, tratando de sonar natural – Gerald Martin Johanssen ha conocido a la única chica que no sucumbe a sus encantos… ts, ts, que horrible mancha en tu reputación.

Con el ceño fuertemente fruncido, Gerald reta a Rhonda – Llevare a Pataki a ese baile.

– No te preocupes Gerald – eleva la vista y ve a Frederick – yo te voy a dar una mano, ya lo verás.

Las horas pasaron y la última clase era deportes, materia que Rhonda compartía con Claire, Nadine, Frederick y Gerald – Hola Freddy, que gusto de me da verte – le saluda la princesa Lloyd.

– ¿Qué hay muñeca? – Frederick se pega a ella, como cualquier chico conquistador – dime, ¿te verás así de preciosa para tu fiesta en el Yate? Sabes, pienso ir con Claire, pero no te sientas desplazada dulzura, guardare una pieza especial solo para ti.

– Entiendo cariño, supongo que vas a bailar conmigo la misma canción que Claire va a bailar con Gerald ¿no?

Mirándola confundido, el musculoso chico enarca una ceja – ¿Cómo dices? ¿Johanssen va a bailar con mi cita?

Cubriendo su boca (y fingiendo sorpresa) Rhonda simula disculparse – Oh Freddy, lo siento tanto, creí que era un acuerdo que tenías con ella – rueda la vista hacia Gerald, que coincidentemente esta platicando plácidamente con Claire – después de todo, se ve que ellos se llevan muy bien – ve la ira en los ojos de Frederick, y lanza la estocada final – demasiado bien diría yo.

Como un toro desbocado, el enorme Frederick sale con la sola idea de embestir su presa – ¿Qué rayos pretendes con mi chica, Johanssen? – le pregunta, tomándolo del cuello de su chaqueta apretando los puños.

– Suéltame idiota, solo estamos conversando esta hermosa chica y yo – recorre con la vista a las personas que los rodeaban, localizando a Rhonda quien asiente complacida.

– ¿Y lo de la fiesta de Rhonda? ¡Ah no! esto no se va a quedar así Johanssen – Le da un puñetazo, arrojándolo al piso – pelea maldito.

Con toda intención, Gerald se levanta golpeando a Frederick en el rostro, sacándole un hilo de sangre, procedente de la nariz, haciendo que Frederick se le vaya encima a los golpes.

– ¿Pero qué está pasando aquí? – Exclama el maestro de deportes, que llega y ve el escándalo que traían los adolescentes – ¡Deténganse en este instante! Los demás separen a esos dos, los llevare a la oficina del director de inmediato.

Varios estudiantes tratan de detener la pelea por el mandato del profesor, pero les resulta imposible, por lo que el maestro se mete entre Gerald y Frederick – ¡Oh maestro! qué bueno que llega – expresa Rhonda, asustada – Frederick empezó a golpear a Gerald y ni siquiera sabemos por qué.

– Yo descubriré la verdadera razón, Rhonda – toma a los chicos del cuello de sus chaquetas y los lleva a empujones rumbo a la salida – ustedes dos me van a acompañar, Rhonda vienes conmigo.

Pasada más de una hora, Gerald ya estaba cansado de esperar en la oficina del director – Maldita sea, estoy seguro que Rhonda está detrás de esto, es la única que sabía de mi plan con Claire; podría apostar que le contó todo a Frederick – analiza viendo de reojo a Frederick, que también mostraba señas de los golpes recibidos.

– Muy bien chicos – expresa el director, que llega en forma inesperada junto con el entrenador y los maestros de literatura; el profesor Callahan y la señorita Smith – Así que tienen mucha energía ¿no? – Los chicos bajan la cabeza, incómodos – estos serán sus castigos: ambos serán suspendidos tres partidos de fútbol americano, también ayudarán con labores escolares. Gerald, tú irás con el maestro Callahan y auxiliarás en la puesta de escena que van a realizar.

Poniéndose en pie, el mencionado trata de defenderse – ¡Pero director Daniels!

– ¡Nada de peros Gerald Martin Johanssen! vaya a donde le digo si no quiere que le mande un mensaje a sus padres.

Gerald sale de la oficina junto con los docentes – mira Gerald – comenta la señorita Smith – Se que llevas literatura conmigo, y estoy al tanto de tus buenas notas, pero este percance en el gimnasio no debe repetirse. Esta puesta en escena te ayudará a no meterte en problemas.

– Sí maestra Smith, lo que usted diga – dice cansado.

– Será mejor que empecemos de una buena vez, jovencito – dice Callahan, que acaba de conocer a Gerald – Por favor, ayuda a la estudiante que fue por el vestuario al viejo almacén; ah y dile que cierre con llave por favor. Ya mañana veremos si hiciste tu encargo, y te diremos cuales serán tus responsabilidades.

Sin responder, Gerald direccionó su camino hacia el almacén – ¡Diantres! ¿Qué esto no puede estar más del asco? – Dio un fuerte golpe a un casillero del pasillo – ¿Castigado? ¿Y yo para que quiero asistir en una tonta obra de teatro?, ahora no podré acercarme a Claire.

Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron al viejo almacén, donde el conserje entregaba varias cajas a una persona en particular – ¿Qué? – Exclama la rubia – ¿todo eso? ¿Quién cree que soy, la mujer maravilla?

– Disculpe señorita, le ayudaría si no tuviera que acomodar todo lo que moví para sacar esas cajas – le responde el escuálido anciano, pasando una mano por su frente.

– ¿Helga? ¿Qué haces aquí?

Sin dignarse a verlo, la rubia baja las pesadas cajas al piso – ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué rayos haces tú aquí? – Toma una caja y con dificultad comienza a caminar rumbo al auditorio – Yo estoy… bastante ocupada… así que largo de aquí… pelos de borrego… uf…

Sin preguntar, el moreno se acerca a ella y le quita la pesada caja – Esto va para el auditorio ¿cierto?

– ¡Grrr! y a ti quien te pidió ayuda ¿eh? – Helga corre tras él y le retira la caja – si sabes lo que te conviene… te irás por donde viniste… necio…

Fastidiado, Gerald pasa una mano por su lastimado rostro – Yo no estoy aquí por gusto Helga, te lo puedo asegurar – le quita de nuevo la caja y agiliza el paso – Así que si me lo permite tu terquedad, voy a llevar estas estúpidas cajas al auditorio y tú vas a cerrar con llave, que ya me quiero ir a casa.

– Devuélveme esa caja – de nueva cuenta, Helga se la quita – Ahora quítate de mi camino… perdedor.

Helga iba a medio camino hacia el auditorio, cuando el moreno la alcanza con otra caja – hasta la vista, Pataki.

Con el ceño fruncido, Helga se apresura – Argh, ese inepto no puede ganarme – acelera el paso y lo alcanza – y dime inútil… ¿quién te cambio el rostro?…uf ¿un orangután?

– Ja-ja muy graciosa Pataki – Gerald no estaba de humor para dejarse humillar, mucho menos por Helga – Nos vemos en el auditorio.

Otra vez la rubia camina rápido, creando una pequeña competencia entre ellos – Te gane Pataki, llegue al escenario antes que tú.

– Suerte de principiante, pelos de espagueti – decidida, sale del auditorio por las otras tres cajas restantes.

Gerald se sentía demasiado harto como para seguirle el juego a Helga – Has lo que desees, me da igual – Se sienta en el borde del escenario y de repente, un mensaje de texto llego a su celular – "Gerald soy Claire, Rhonda me contó todo lo que paso, jamás alguien había peleado así por mí, me tienes muy impresionada, ya quiero bailar contigo en la fiesta de Rhonda. I3U"

En tanto, Helga va refunfuñando de vuelta al almacén, con los puños apretados y dando sus pasos agigantados – ¿quién se cree ese idiota de Johanssen? primero me invita a salir de la forma menos convincente, ahora está aquí estorbando con lo del vestuario – llega a las cajas faltantes, igual de pesadas que las primeras.

Echa un vistazo por encima del hombro – Criminal, hubiera aceptado la ayuda que me ofrecieron Lila y Brainy. Bueno, al menos me deshice de ese engendro.

Helga toma una de las cajas e inicio su camino de regreso, pero apenas dio unos pasos cuando el moreno la alcanza – querida Helga déjame ayudarte, eso debe de pesar una tonelada.

– ¿Geraldo? pensé que te habías marchado – dice con dificultad – hazte a un lado que me estorbas.

El chico afroamericano estaba tan contento por el mensaje, que no se iba a rendir con Helga, menos ahora que tenía una oportunidad de oro con Claire – Mira linda hagamos un trato, tú no puedes sola con esto y yo quiero una cita contigo, si te ayudo con las cajas sales conmigo ¿qué te parece?

– ¿Salir contigo? – Helga dejo caer la caja, sorprendiendo a Gerald que casi le aplasta el pie – ¿qué estas demente?

– Pues no has dicho que no – mueve las cejas y le sonríe.

– Primero tendrías que salvarme la vida, antes de siquiera pensar en invitarme a salir – con tosquedad le arrebata la caja – ahora largo de aquí.

No dispuesto a rendirse, Gerald se regresa y toma otra caja – entonces hagamos una apuesta. Si llego antes que tú al escenario saldremos, sino respetare tu decisión.

– Yo no hago… apuestas con fracasados… – expresa con cansancio – tontas cajas, pesan demasiado – se decía para sí la rubia.

Los dos intercambiaron miradas, al tiempo que aceleraban el paso. Ambos llevaban buen ritmo, y una vez atravesando las puertas del auditorio, Gerald río y se adelanto – nos vemos en el escenario querida, jajaja.

– ¡Por Dios Gerald! – Helga se detuvo en seco, sin soltar su caja – ¡una araña está saliendo de tu caja!

Gerald se detiene a mitad de las escaleras al escenario, petrificado – ¿a-araña? – suelta la caja y comienza a sacudir sus ropas, tropezando con los escalones y cayendo sobre la caja de cartón – ¡ay no, ay no! ¡Quítamela, rápido!

Con tranquilidad, Helga sube al escenario – jajajaja pero que bobo eres jajaja, no puedo creer que cayeras en el viejo cuento de la araña jajaja, que zoquete jajaja.

Furioso, Gerald ve desde el suelo a Helga – ¡Eso no fue gracioso Pa…! – Detiene su queja y abre grande los ojos – Helga, tienes una araña… bajando de tu gorra.

– No soy tan tonta como tú, cabeza de cepillo – se cruza de brazos, pero enfoca la vista al ver bajar algo oscuro desde su gorra – ¡AH! ¡Una araña! – De inmediato, Helga baja la vista y ve que el insignificante animalito se apoya en su blusa – ¡Quítamela!

Sin aviso y como puro reflejo, Helga arroja su gorra al piso seguida de su propia blusa, las que termina pisando y revolviendo con el resto de las ropas tiradas (proveniente de la caja que tiro) – ¡muere asqueroso bicho!

Aun con la adrenalina corriendo por sus venas, Helga permanece erguida, con la respiración acelerada, delante de Gerald (que continua de rodillas) vistiendo únicamente su pantalón de mezclilla y un femenino sostén de encaje, rosa pálido, con adorno de puntos en rosa más oscuro. Muy despacio, la rubia bajo la vista; primero vio al moreno, después se vio a sí misma y finalmente, vio el montón de ropa en el piso – ¡AAAAAAH! – gritaron al unísono.

– ¡Deja de mirarme pervertido! – Helga intenta taparse cruzando sus brazos, antes de darle la espalda.

Cerrando los ojos, Gerald, más rojo que una cereza, trata de ponerse de pie – perdón, perdón, no era mi intención, solo que… – El eco de unas voces conocidas silenciaron al chico, que abrió grande los ojos – Oh, oh… vienen para acá.

Con terror, la pelirrubia se inclino a buscar su ropa – No puede ser, ¿donde deje mi blusa? ¡Hay demasiada ropa aquí!

Sin despegar la vista de la puerta, Gerald vio como Rhonda, Nadine, Danna y Katrinka empujaban las puertas del auditorio – ven rápido – tomo la mano de Helga y ambos se escondieron debajo de los enormes telones color vino, que estaban recogidos a los costados del escenario.

Y como si la situación no fuera lo suficiente bochornosa, ahora Gerald mantenía abrazada a Helga, pues los telones no tenían el espacio suficiente. El aroma del perfume de él, mezclado con la esencia natural de ella, los puso nerviosos, con el pulso acelerado – No vayas a hablar – le dice Gerald cerca del oído – no estamos en condiciones de que nos descubran, no lo olvides.

– ¡Hola! ¿Hay alguien aquí?

– ¿Crees que no lo sé? – Helga baja la vista y se percata que parte de su tenis sale de las telas, moviéndose más cerca de él. La suave piel de Helga era demasiada distracción para Gerald (además, tenía muy presente que la rubia solo llevaba puesto su sostén). El moreno sentía su rostro demasiado caliente – Tenemos que salir de aquí – menciona Gerald en voz baja, cerca de su cuello.

– ¿Podrías deja de respirar sobre mí? – reclama la rubia, al sentir su aliento tan cerca.

– Si no veo nada, deja de moverte Pataki.

Rhonda se cansa y camina hacia el escenario – ¡Gerald, el conserje nos dijo que estabas aquí con Pataki! ¿Helga estás aquí?

– No tenemos otro remedio – Gerald sabía que si Rhonda los veía, para la noche toda la escuela iba a estar al tanto de su embarazosa situación. Se quito su chaqueta y se la puso a Helga – Sal antes que nos descubran.

– Claro que… – antes de negarse, Gerald la empuja y sale detrás del telón, subiendo rápido el cierre de la chaqueta.

Rhonda sube las escaleras del escenario al ver a Helga – Así que aquí estabas, estoy buscando a Gerald, ¿lo has visto?

– Er… este… p-por supuesto que lo vi, ese inútil solo vino a darme problemas, si lo ves dile que puede largarse – Helga se cruza de brazos, volteándole la cara a Rhonda.

– Ah sí – la pelinegra lleva una mano a su mentón y camina alrededor de Helga – y entonces porque traes puesta su chaqueta ¿eh?

– ¿S-su chaqueta?

Nadine se aproxima, seguida de Danna y Katrinka – Cierto Rhonda, esa chaqueta es la de Gerald.

– bueno… es que él… yo… él… – Helga tapa su boca y finge un estornudo – Achuuu… ¿que no ven? Él vio que me estoy resfriando y me la presto.

Katrinka se aproxima a Helga – por Dios Helga, tienes el rostro enrojecido, has de tener fiebre.

– Argh, aléjate de mí, no quiero que me contamines con tus gérmenes – Rhonda baja las escaleras y toma su celular – será mejor que le marque.

Una conocida melodía comenzó a salir de la chaqueta del moreno. Helga de inmediato tapo el bolsillo de donde provenía el ruido y salió corriendo – ¡Será mejor que me vaya!

– Parece que Helga tenía prisa – menciona Nadine al verla correr – ¿te respondió Gerald?

Rhonda niega con la cabeza – Creo que ya se fue a su casa, vámonos chicas, mañana hablare con él.

Las cuatro chicas salieron del auditorio. Minutos después, Gerald salió detrás de los telones – uf por fin se fueron – se sienta en el piso, tratando de calmarse. Pasa una mano por su frente, luego la mira fijamente – Helga tiene su piel muy suave… ¡No basta! – Con fuerza, el moreno sacude su cabeza – deja de pensar en eso – abre los ojos y ve el montón de ropa que Helga dejo tirada – yo… no puedo…

Helga por otro lado, salió corriendo del edificio, tomo el autobús y se sentó en la parte trasera, hasta el final. A pesar de que llevaba puesta la chaqueta con el cierre arriba, se abrazaba a sí misma, como cubriéndose – Dios… no puedo creer que esto me haya pasado – cierra los ojos y da una fuerte inspiración, llenando sus sentidos del aroma de la chaqueta, removiendo la sensación de los dedos de él sobre su piel desnuda, enrojeciendo sus mejillas – ¡Maldita sea!

Llegando el autobús a su parada, Helga bajo veloz y de nuevo corrió hasta llegar a su casa – ¡Olga! ¿Por qué estas llegando tan tarde? – Grita el gran Bob desde la sala de televisión – espero que no estés metiéndote en problemas jovencita.

– No es lo que tú piensas Bob – se escucho desde el segundo piso, antes del fuerte portazo proveniente de la habitación de Helga. Sentada en el piso, toma la chaqueta y se la quita, arrojándola al piso – Necesito… tengo que bañarme – tomo sus cosas y se mete a bañar.

Alrededor de una hora, Helga ya iba en su tercera ducha – Criminal, aun percibo el aroma de ese tarado, tallare más fuerte.

– ¡Helga, aquí te buscan! – Grito Miriam desde las escaleras – Date prisa cariño, es un muchacho – esto último lo dice en forma melodiosa, por lo que Helga no alcanzo a entender.

– ¡Voy Miriam! – La rubia siguió tallando en forma frenética – ¿Pero qué rayos quiere Miriam?, no ve que estoy ocupada.

Minutos después, Helga bajo con una bata de baño y una toalla en la cabeza. Desvió la vista hacia la recepción y vio a Miriam junto a Gerald; su madre le estaba mostrando unas fotos del álbum familiar –…y aquí esta Helga en su primer recital de ballet, se veía tan hermosa, aunque le toco ser el patito feo, aun no sabemos porque – dice con un dedo en su mentón – en fin, solo tenía cinco años.

– ¡Mamá! – La chica corrió y le arrebato el álbum de fotos – ¿por qué le enseñas mis fotos a cualquier idiota?

Ante el comentario, Gerald miro pesado a Helga – jaja pero Helga, él no es cualquier idiota, es tu amigo Gary.

– Gerald, señora Pataki.

– Oh cierto, muy cierto – Miriam ve que ambos chicos se miran con el ceño fruncido – oh bueno, será mejor que me vaya para que ustedes platiquen jajaja, nos vemos Gerald, mucho gusto.

– Igualmente señora Pataki – ambos esperan a que Miriam salga de la habitación – hola linda, imagino que sabes la razón por la que vine a tu casa.

– Mira bucko, si querías que te devolviera tu tonta chaqueta me hubieras llamado – cruza sus brazos y se acerca a él, colérica – no era necesario que vinieras a mi casa a fastidiar.

Enarcando una ceja, el moreno acorta distancias – No sabía que fueras exhibicionista, Helga linda – le dice con voz seductora y rubor en sus mejillas.

De inmediato, Helga baja la vista y cubre su escote – ¡ARGH! ¡Es todo! ¡Largo, largo de aquí! – Toma al chico de los brazos y lo empieza a empujar rumbo a la salida – ¡vete!

– No tan rápido muñeca – Gerald se apoya del marco de la entrada con ambas manos – no vine solo por mi chaqueta y mi teléfono, vengo para agenda nuestra cita.

– ¿¡QUÉ!? – Helga detuvo su lucha, quedando boquiabierta – ¿Cómo dices?

Apoyando un brazo en el marco de la puerta, Gerald toma con galantería el mentón de Helga, haciendo que ella golpe su mano – Si no recuerdas, dijiste que primero tendría que salvar tu vida antes de invitarte a salir, y creo que hace rato te salve del chisme más explosivo de la H.S.120.

Enardecida, Helga no podía estar más enrojecida – ¡Pero qué farsa! – Eleva los brazos al cielo – ¡No salvaste mi vida estúpido! – Ambos quedan en silencio. Gerald veía impávido a la pelirrubia por lo que esta se adelanta, cruzando sus brazos – Además que no tienes pruebas, chico listo.

– Sabía que dirías eso – mete su mano a la bolsa del pantalón y saca un trozo de tela que le entrega – ¿reconoces esto?

– Dame acá pelos necios – Helga revisa el retazo de tela, quedando pálida y con ojos abiertos como platos, al reconocer lo que tiene en sus manos – e-esto es de… es la etiqueta de mi blusa… ¿pero cómo? – cuestiona al tiempo que la toalla de la cabeza le cae, cubriéndole un ojo.

Triunfante, el moreno rodea a Helga de los hombros para hablarle al oído – Sería una pena que los alumnos llegaran el lunes y en lugar de bandera, encontraran una blusa color rosa ondeando al viento – niega con la cabeza, antes de continuar – adivina en quien pensaran primero.

Esto fue el colmo para la rubia, que estaba como volcán en erupción – ¡GRRR! ¡FUERA! – Tomo al joven Johanssen de los hombros y lo empujo hasta la calle – ¡LARGO! – grito antes de cerrar la puerta en sus narices.

– ¡Ouch! – Gerald sobaba su nariz, sin despegar la vista de la puerta – tonta Pataki, no sabe con quién se mete – queda así un minuto, antes de bajar las escaleras.

De nuevo, la puerta se abre de golpe – toma tu tontas cosas – arroja al piso su chaqueta y encima su celular, cerrando de nuevo la puerta.

– Por lo menos voy a recuperar mis pertenencias – Se inclina para tomar los artículos cuando la puerta se abre por tercera vez, mostrando a una Helga agitada, con su largo cabello alborotado, cayendo en forma desordenada sobre el rostro – ¿sí?

Con ira descomunal, la chica toma a Gerald del cuello de su camiseta, levantándolo de forma violenta y pegando su nariz con la de él – Este sábado… a las siete de la mañana… no_me_hagas_esperar – lo suelta y de nuevo cierra la puerta, sacando un fuerte sonido sordo.

Aun asustado por las amenazantes palabras de la rubia, el moreno tardo un par de minutos para entender lo que acababa de pasar – tengo… tengo una cita… tengo una cita con Helga – sonríe entusiasmado.

Con euforia baja las escaleras, dando brincos – Tengo una cita con Helga ¡sí! – Se sube victorioso a su vehículo, arrojando sus pertenencias y enciende el motor – ¿Pero que estoy diciendo? esto no debería de emocionarme, ¡ella golpeo mi entrepierna! además que yo quería invitarla a la fiesta de Rhonda – menciona, poniendo cara de disgusto. Rueda los ojos hacia su móvil y lo mira con ojos de ensoñación – pronto podré estar contigo hermosa Claire.

Sin que se diera cuenta Gerald, Helga observo todo el jolgorio que armó cuando confirmo su cita. Se sienta en el piso, confundida y tomando su pecho al sentir que su corazón late tan fuerte, como si el órgano fuera a salirse – Dios mío… ¿pero que hice? – mira la etiqueta de su blusa y siente coraje, al darse cuenta que cayó en su trampa – muy bien Geraldito, quieres una cita… tengamos una cita que jamás olvidarás jajajaja.

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ConTinUarA…

Rhonda ha metido en líos a Gerald, para que este colabore en la obra de teatro, pero ¿por qué? Por otro lado, a Gerald le ha costado mucho trabajo, pero finalmente ha asegurado una cita con Helga, aunque no como él deseaba. Helga en cambio, se siente molesta, furiosa, pero sobre todo confundida; nadie la había invitado a salir de forma tan insistente (Arnold solo la invito una vez, y fue al viaje de San Lorenzo) pero la rubia no va a dejarle las cosas tan sencillas. Si se quiere acercarse a ella, la rubia se asegurara de que conozca realmente a Helga G. Pataki, y que se arrepienta de haberla acosado.

Si quieren ver la escena de la ropa, les invito a visitar mi cuenta en DevianArt.

Nos leemos después ;)

MaRyMoRaNTe:)