Disclaimer: Los personajes de Slam Dunk no me pertenecen.

Actualizo rápido, porque hoy tengo a la musa de la inspiración de mi parte.

En este segundo drabble, Ryota descubrirá que los perros no son tan malos como él pensaba.

Sin más dilación, ¡El capítulo dos!


2. PERROS

Ryota observó aquellos ojos amarillentos, esos colmillos afilados que babeaban saliva, aquel denso pelaje y la enorme cola que arrastraba por el suelo.

El can ladró y Ryota pegó un cómico salto. Se escabulló en dirección contraria, suplicando que aquel chucho no le siguiera. Era superior a él. Odiaba a los perros. Desde pequeño, desde que aquel enorme perro le mordió la mano cuando solo era un bebe. Odiaba a aquellos animales peludos y babosos, ya fueran enormes o pequeños.

Suspiró, y pensó en Ayako. Todavía no le había dicho directamente que la quería, pero era de suponer, aunque quizás ella no lo había captado. Poco probable, pero era la única esperanza que brillaba en el corazón de Ryota.

Entonces, Ryota se quedó estático. Había oído un ladrido de perro. Y luego otro, más grave. Con curiosidad, intentó adivinar de donde venían aquellos ruidos y sus pies caminaron solos hasta el parque. Allí estaba el perro de hacía unos instantes, aquel enorme can acechando a otro mucho más diminuto, agresivamente.

Todo pasó muy rápido. El perro enorme saltó sobre el pequeño, y Ryota sobre el perro grande, desviando su trayectoria. Por un momento, al ver a aquel cachorro indefenso y asustado se había olvidado de su fobia a los perros y se había dejado guiar por su instinto.

El perro agresor le mordió la mano, pero Ryota ya no era un bebe. Le pegó una buena patada en el hocico, y el animal salió huyendo y gimiendo. El jugador del Shojoku se miró la mano. Tenía los colmillos de aquel animal marcados y, por desgracia la herida era profunda y escocía. Con un gesto de dolor, fue a lamerse la herida, para limpiar la sangre, pero alguien le cogió la mano.

-Ni se te ocurra, salvaje.

Ayako le miraba sonriente, con su habitual mirada de reproche. El pequeño cachorrito reposaba ahora en sus brazos, y ladró alegremente al reconocer a su salvador.

-¿El cachorro es tuyo?

-Sí. Has sido muy valiente, Ryota. –Respondió la chica de abundante pelo rizado.- Anda, levántate del suelo. Mí casa está cerca, te curaré la herida.

-¡¡Bien!! –Exclamó el muchacho, levantándose de golpe, recibiendo un lametón de agradecimiento por parte del pequeño animal y una enorme sonrisa de su querida Ayako.

Aquel día, Ryota, superó su fobia a los perros.


¡Gracias por leer!

Siguiente drabble: Internet. Con Takenori Akagi en el papel principal.