Datos relevantes:
Localización – Shibuya, Yoyogi Uehara y una escuela privada japonesa cercana a Shibuya. Ahora es el mes de abril.
Edades – los estudiantes tienen de 16 a 17 años, Sasuke tiene 24 y Kakashi y compañía están entre los 24-26.
Advertencias – esto es un AU (Universo Alternativo), lo que significa que los personajes pueden recaer en OCC (Out of Character, cambio de personalidad), aunque voy a intentar que no ocurra muy a menudo. También lenguaje ofensivo.
S e d u c c i ó n
por obsequiouslover
Naruto © 1999 por Masashi kishimoto
Lección segunda
Naruto se quejó al volver a recibir un golpe brusco en la parte de atrás de la cabeza. Su estúpido amigo había estado haciendo lo mismo de forma esporádica durante las tres últimas horas y todo debido a los deberes adicionales que les había puesto su profesor, que ya enfadado por sus continuos cuchicheos les había ordenado traducir entero el primer tema de su libro de Literatura Japonesa al inglés. Aunque Naruto había vivido por cuatro años en América, no era lo que se podía decir un experto en el idioma y Kiba era aún peor. Podía preguntarle a su tutor legal, Umino Iruka, pero lo único que haría sería regañarle por meterse en problemas el mismo día en que comenzaban las clases y obligarle a hacerlo por sí mismo.
—¡Maldita sea, Inuzuka! ¡Deja de darme collejas! —protestó, restregándose la mano por la zona agredida.
Tanto Sakura como Ino y Hinata ignoraron al par de chicos y siguieron con las revistas que habían comprado en el 24 horas cercano, habiendo perdido todo el interés desde la décima vez que ocurría. Naruto cerró el manga que había estado leyendo una vez llegó a la conclusión de que no iba a poder terminarlo mientras Kiba estuviese a su lado.
—¡Por tu culpa tengo un montón de tarea que hacer, pringado! —bramó el moreno sin dejar de agitar sus brazos en el aire—. ¡¿Sabes cuántas páginas tiene ese tema?!
—Siete —murmuró, con los ojos en blanco.
Inuzuka le preguntaba lo mismo cada vez que le golpeaba. ¡Claro que sabía cuántas páginas eran! ¡Debería de tener la memoria de un pez para no recordarlo! Además, no había sido sólo por su culpa. Kiba no podía quedarse callado la mitad del tiempo y Shikamaru se despertaba justo a tiempo para decir algo que provocase algún comentario al azar de Naruto porque, bueno, lo que él decía siempre merecía alguna respuesta.
—¡¿Sabes qué nota tuve en Inglés el año pasado?!
Parecía que a Kiba estaba a punto de explotarle una vena. Naruto se encogió de hombros y volvió a abrir su cómic, pasando las páginas hasta encontrar por la que se había quedado. La única manera de quitárselo de encima consistía en no hacerle caso y concentrarse en otra cosa.
—A nadie le importa, Inuzuka —intervino Sakura al mismo tiempo que hojeaba una revista de moda—. Supéralo.
Suspirando con pesadez, terminó con la revista y la metió en la mochila de tela negra que llevaba al colegio, luego recorrió con sus dedos el cierre dorado antes de dejarla en su sitio. Ino levantó la mirada de su propia revista al escuchar el resoplido de la del pelo rosado y después volvió a bajarla, sin encontrar interés en nada. Hinata intentaba escuchar a sus compañeros sin llamar mucho la atención, con la cara escondida en una publicación dedicada al mundo de la música.
—¿Qué pasa con esa percepción extrasensorial de Uchihas tuya, Naruto? —se quejó Sakura, estirando sus brazos al empezar todos a caminar de nuevo.
La chica estaba a punto de hablar otra vez cuando Hinata dio un suave traspié, debido principalmente al hecho de tener el rostro detrás de las hojas impresas. Ino se encargó de apartarle la revista de la cara sin ni siquiera despegar la vista de la suya. Comprobando que todo estaba en orden, Sakura continuó:
—¡Hemos estado caminando de aquí para allá durante tres horas y no lo hemos visto! ¡Me muero por tomarme un batido de fresa!
"No está aquí", pensó Naruto con desconsuelo. Después de las clases, los cinco —Shikamaru había ido a visitar a Chouji y Shino prefirió no acompañarlos— se habían puesto en marcha hacia Shibuya aún vistiendo sus uniformes escolares. Él precisamente había estado buscando como un loco a su pálido profesor entre la multitud, pero no lo había visto ni una sola vez. Había tenido grandes esperanzas de encontrarlo justo cuando llegaron al centro, incluso pasó delante de los recreativos en varias ocasiones y no miró ni una sola vez, y ahora se empezaba a desanimar. Lo que debería de hacer sería llegar a su casa y hacer sus deberes, que le llevarían una eternidad; sin embargo, no podía deshacerse del presentimiento de que sí que iba a verlo.
El video de la canción Startin' de Hamasaki Ayumi se reproducía en la gran pantalla de un edificio no muy lejano con unas cuantas personas mirándolo desde abajo. Repasó con sus ojos las caras de dichas personas, aunque de todas formas dudaba que alguien como Sasuke llegara a detenerse para ver un video como ese. Exhaló el aire de sus pulmones, formó una sonrisa radiante y se rió sonoramente, como intentando convencerse de que todo estaba bien. ¿Y qué si se había equivocado con lo de ver a Sasuke en Shibuya? Había sido un pronóstico absurdo. Además, si el hombre iba a ir a hacerle una visita a su casa esa misma noche, lo vería. Y cuando lo hiciese, se aseguraría de que la lucha que iban a tener fuese completamente distinta a la que Uchiha tenía en mente. Iruka no estaría en casa y sabía que tenía que hacer rápido lo de seducir a su profesor.
—¿Vas a rendirte tan fácilmente, Sakura-chan? —provocó Naruto, levantando las cejas. Cruzó los brazos sobre su pecho y asintió, aprobando su retirada.
Ino comenzó a parlotear con Hinata sobre la manera en la que pensaba teñirse el pelo rubio del mismo tono castaño chocolate que tenía Hamasaki Ayumi en el video de música. La más bajita intentaba parecer interesada en la conversación, afirmando en el momento correcto, mientras contemplaba el videoclip.
—No es que me parezca mal, es que nunca imaginé que serías de las que dejan las cosas a medias, sobre todo con alguien tan atractivo como Sasuke. Pero lo entiendo. ¡Si yo estuviese en tu lugar, también me habría rendido teniendo en cuenta quién es mi rival! ¡Cualquier día verás como Sasuke me elige a mí antes que a ti!
—¡No lo llames como si lo conocieses, idiota! —respondió Sakura, dándole un golpe en la cabeza con su mochila. Se arregló el uniforme antes de continuar—. No voy a rendirme con Uchiha-sensei. Sin embargo, tú sí que deberías hacerlo. No sé ni por qué te has metido en esto. Se nota que es hetero.
Naruto soltó una carcajada, echando la cabeza hacia atrás.
—¿Hetero? ¿Sasuke? ¡Sí, claro! ¡Él es tan hetero como lo que tenía de liso tu pelo cuando te hiciste la permanente el año pasado y dijiste que querías ser una kogal!
—¡Cállate! Estaba pasando por la edad del pavo, ¡es normal que tuviese ideas un poco extrañas! —las mejillas de Sakura adquirieron un tono parecido al de su cabello—. Además, ¡eso no tiene nada que ver con Uchiha-sensei! ¡Es hetero! ¡Resígnate, Naruto, no tienes ninguna oportunidad!
—¡Es gay!
—¡Hetero!
—¡Gay!
—Una cosa —dijo Ino con emoción, un poco satírica, sin más ganas de ver el video que hasta el momento la había entretenido. Miró a los dos y se recogió los mechones de pelo largo detrás de las orejas—, ¿y si es bisexual, como Naruto, y le gustan tanto los hombres como las mujeres?
—No se me había ocurrido… —murmuró Naruto.
Ino guardó su revista en la mochila de Sakura, a pesar de los reproches de su amiga. El rubio se encogió de hombros, caminando con las manos detrás de su cabeza y los dedos entrelazados.
—Pues debería, eres tú el bisexual del grupo —señaló Sakura, haciéndole una mueca. Él le puso mala cara—. ¡O sea, que eres el que entiende!
—Se vuelven idiotas cuando alguien dice "Uchiha" —se lamentó Kiba, negando con la cabeza— ¿A alguien le apetece un McDonalds?
—Suena b-bien, Kiba-kun —coincidió Hinata, sonriendo mientras se sonrojaba ligeramente.
—Oh… yo quería ramen —gimoteó Naruto en voz alta.
Sakura sonrió. Adoraba a sus amigos.
• • •
Mientras caminaba en dirección a los aparcamientos después de que las clases hubieran finalizado, Sasuke sintió una vibración en uno de sus bolsillos. Manteniendo el ceño fruncido todo el tiempo, pasó su portafolio a la mano izquierda y sacó el teléfono de su bolsillo derecho. Sus ojos repasaron el nombre indicado en la pantalla y parpadeó con vacilación. Era su hermano.
La relación que mantenían era algo complicada. Su hermano no lo trataba mal, hiciese lo que hiciese, y Sasuke… no lo odiaba. No estaba seguro de lo que era, pero en cuanto lo veía acercándosele con tanta elegancia, con tanto poder, con esa presencia que requería toda la atención sobre sí, lo sentía. Sentía la imperiosa necesidad de tomar ese poder, de ser igual que él, mejor si era posible. Apretó los puños y se esforzó en mostrar una expresión indiferente, pero el sentimiento era tan fuerte que casi podía sobrepasarle.
Sasuke sabía que lo mejor era no pensar en ello. Dudaba que fuese a obtener una respuesta satisfactoria.
Abriendo con lentitud su móvil negro, intentando aplazar de alguna manera la conversación con su hermano, apretó la tecla con el dibujo de un teléfono verde y se lo acercó a la oreja.
—¿Diga?
—Buenas tardes, hermano menor.
Nunca dejaba de asombrarle lo diferente que podía ser la voz de Itachi. Siempre que se dirigía a Sasuke parecía hasta… cariñoso. Luego, cuando hablaba con otros estaba ese tono plano tan indescifrable. El cómo era posible cambiar de actitud tan de repente era un misterio para Sasuke.
—Buenas tardes, aniki.
—¿Cómo ha ido el primer día de clases?
—Bien. Soy completamente capaz de hacerme cargo de cualquier cosa que me den.
—Desde luego. Eres un Uchiha, no esperaría menos de ti.
Y ahí estaba otra vez. Ese sentimiento que no podía reprimir, que no podía evitar… esa voz exigente que provocaba esa reacción en Sasuke. Lo odiaba.
—¿Necesitabas algo, aniki?
—Ah, sí, casi lo había olvidado.
Sasuke puso los ojos en blanco. Por supuesto que Itachi no lo había olvidado; él era el arquetipo de la perfección. Lo que hacía era intentar colar una conversación como si fuese casual.
—Reúnete conmigo en casa de la familia a las siete en punto.
—¿Y eso?
—No tienes nada que hacer. Ya has planificado el esquema de las clases de esta semana. Por eso, requiero tu presencia esta noche en la casa a las siete en punto.
Se encogió un poco mientras el mayor le explicaba sus razones. Si no fuese por lo cauteloso que llegaba a ser su hermano, se habría preguntado cómo era posible que supiese lo de su esquema de las clases. ¿Y eso de requerir su presencia? De habérselo dicho otra persona en vez de su hermano, le habría parecido un insulto y habría contestado con su típica mirada asesina o le habría colgado.
Pero era Itachi.
No podía decir que no.
—Ya veo —respondió Sasuke con firmeza, ahogando un suspiro irritado.
—Bien.
Itachi colgó sin despedirse siquiera, aunque Sasuke tampoco esperaba que lo hiciese, y él cerró su móvil y lo volvió a meter en su bolsillo. Siguió caminando entre los aparcamientos, distraído por los pensamientos de la familia que le quedaba, buscando su coche con poco entusiasmo.
En cuanto localizó lo que había esta buscando, le echó un vistazo a su reloj de pulsera. Eran las cinco y media. ¿Cómo había pasado tan rápido el tiempo? "Eso es lo que pasa cuando te juntas con Kakashi", pensó amargamente mientras pulsaba el botón para abrir el coche. Se metió con rapidez en el vehículo, dejó su maletín en el asiento del copiloto, cerró la puerta y encendió el motor sin abrocharse el cinturón.
En el momento en el que se alejó de los terrenos de la escuela y entró en la carretera principal se acordó de sus alumnos. Había enseñado durante dos escasos años, pero la clase de este año no tenía nada que ver con la del anterior. En esos tiempos había sido temido por todos, no le cayó bien a nadie. Al principio tuvo sus seguidoras, pero se deshizo de ellas en una semana. Le había costado más librarse de sus fans que hacer que el resto de la clase le cogiese miedo –lo que le llevó unos diez minutos.
Acababa de tener problemas en el inicio de las clases… y era un fastidio. Normalmente no arremetía contra los estudiantes el primer día, pero aquel chico rubio no se callaba ni debajo del agua. Nunca le había molestado tanto alguien. Él y aquel moreno, Inuzuka, se habían pasado toda la clase hablando por lo bajo, murmurando y murmurando, y a veces también por lo alto. ¡Y la forma en la que le hablaba el rubio!
Estaba tan enfadado que no quería ni recordar su nombre.
Vale, no importaba. Después de reunirse con su hermano, iría a la casa de aquel idiota y le daría una paliza. El chaval se quedaría tan asustado que no volvería a abrir el pico en su clase. Había una regla que todo el mundo debía seguir:
Nunca cabrees a un Uchiha.
• • •
Naruto miró por la ventana del tren a las once de esa noche, la sonrisa pintada en la cara. Hacía tiempo que no se lo pasaba tan bien con sus amigos. También había conseguido una sudadera gratis en la tienda en la que trabajaba Sabaku Gaara. Eran buenos amigos, aunque sospechaba que Gaara sentía algo por él. De alguna manera, se entendían el uno al otro.
Después de haber comido en el McDonalds, volvieron a los recreativos. La mayor parte del tiempo, Sakura, Ino y Hinata se quedaron sentadas en una mesa, hablando, mientras Naruto dejaba en ridículo a Kiba en cada uno de los juegos que iniciaban. Se divirtió tanto que olvidó completamente de los ridículos deberes que le habían puesto y el hecho de que no iba a pasar de curso si no seducía a Sasuke. Fueron a ver a Gaara y acabaron en el cine, Sakura pagando la entrada de todos a la vez que miraba mal a Naruto. Cuando salió de ahí se dio cuenta de que eran las once y que tenía que llegar a casa y hacer la tarea.
Los cinco se separaron en la Estación de Shibuya: Hinata dirección a Shoto; Sakura, Ino y Kiba a Tomigaya; y él a Nishihara. Tuvieron que coger diferentes trenes, así que se quedó solo desde el momento en que se despidió agitando la mano y entró en el vagón. Pasó los diez minutos de recorrido con la única compañía de sus reflexiones. Lo normal era empezar alguna conversación trivial con cualquiera que estuviese cerca de él, únicamente porque no le gustaba nada escuchar sus pensamientos —odiaba estar solo—; pero esa noche el tren estaba casi vacío, después de todo era lunes y la mayoría de la gente ya estaba en su casa a esas horas.
"Volviendo a las once cuando mañana tengo colegio… si Iruka estuviese en casa me mataría", especuló con gravedad. Menos mal que su tutor legal también trabajaba en horario nocturno. Pasaban poco tiempo juntos, sin embargo, en situaciones como esta lo agradecía. Iba a pasar la noche en vela para hacer sus deberes. Le ha había suplicado una y otra vez a Sakura que le ayudase, pero —desde luego— le dijo que él mismo se lo había buscado por enfadar a Uchiha-sensei y que esperaba que le diese una patada en el culo.
En cuanto el tren fue reduciendo su velocidad y acercándose a su destino, Naruto recogió sus cosas y suspiró. Iba a ser una noche solitaria, sólo él y su trabajo. La voz femenina automatizada anunció la llegada a la parada y las puertas mecánicas se abrieron para permitir la salida. Volviendo a suspirar, salió del vagón y se alejó despacio de la estación.
Marchó de esa forma, paso a paso, durante la mayor parte del camino a casa, balanceando la bolsa con sus compras y tarareando una canción americana que había escuchado en la película. Seguro que parecía más animado de lo que realmente estaba. Notó por el rabillo del ojo una figura sospechosa envuelta en la oscuridad y la ignoró. Estaba demasiado cansado para dejar volar su imaginación.
El ambiente era sofocante para ser abril y el cielo estaba extrañamente despejado, con la luna llena rodeada por estrellas, la luz tenue incidiendo sobre las calles con un efecto etéreo. Los árboles que delineaban la acera nunca le habían parecido tan bonitos, con sus ramas pobladas de hojas. Pensó en lo perfecto que era el lugar para seducir a su profesor. No le importaría en absoluto hablar con él en ese mismísimo momento. O incluso con un extraño. ¡Incluso con un jodido pederasta de setenta y tres años! Lo único…, lo único que no quería era estar solo.
Después fue como si todo hubiese pasado a cámara rápida. Primero caminaba quejándose mentalmente sobre su abandono, lo siguiente que supo fue que estaba tirado en el suelo sin su bolsa.
Le llevó un momento darse cuenta de lo que había pasado, pero en cuanto lo hizo se levantó y gritó:
—¡Eh! ¡Eso es mío, capullo! ¡Vuelve aquí!
Corrió tan rápido como pudo detrás del escuálido ladrón, no obstante, se detuvo en el mismo momento en el que lo vio caer, gritando de dolor. Contempló como alguien, suponía que un hombre de su misma altura, salía de las sombras, cogía al delincuente por el cuello y lo levantaba. El otro intentó deshacerse de las manos alrededor de su garganta con las suyas propias, gritando asfixiado, y el hombre le quitó la bolsa. Naruto se acercó en una corta carrera, su frente contraída por la aterradora forma en la que los pies del ladrón se despegaban casi del suelo. Vale que le hubiese quitado sus cosas, ¡pero es que estaba a punto de dejar de respirar!
—¡Oye! ¡Déjalo, vas a matarlo!
En un instante, el delincuente se había convertido en una forma encogida sobre el suelo que no dejaba de toser. El que había recuperado la bolsa de Naruto se giró hacia el joven para mirarlo y el rubio contuvo su respiración. Aquella tez pálida que brillaba angelicalmente bajo la luz de la luna, y aquellos ojos oscuros tan peligrosos… no podía ser posible. El hombre en el que había estado pensando todo el día estaba justo enfrente de él y acababa de atrapar a un ladrón para ayudarle. Aunque era un poco espeluznante que hubiese intentado ahogarlo.
—¿Sa-Sasuke?
Los ojos del Uchiha brillaron momentáneamente por el reconocimiento y Naruto no hizo otra cosa examinar la imagen que tenía delante. Sasuke llevaba una camiseta negra, un cinto del mismo color y unos pantalones vaqueros oscuros. En clase había llevado el pelo peinado hacia atrás, pero ahora le caía en capas hasta los hombros, con mechones más o menos largos a cada lado de la frente.
—¿Sasuke? ¿Qué soy, uno de tus colegas? —Era frío y arrogante y Naruto se dio cuenta de que llamarlo por su nombre no funcionaba si no era dentro de sus fantasías.
—Ah, mierda —dijo por lo bajo, contrayendo su cara en una mueca—. Quería decir "sensei". Lo siento, se me escapó.
—Bien.
La voz de Sasuke tenía un timbre definitivamente cínico. Le lanzó la bolsa a Naruto algo más brusco de lo que haría cualquier persona, y empezó a alejarse.
En el instante en que Naruto la atrapó, algo aturdido, comprendió que era el momento perfecto para empezar con su plan. Apareció su sonrisa astuta mientras gritaba:
—¡Eh, sensei! ¿No va a preguntarme si quiero que me acompañe a casa?
El mayor se dio media vuelta, despacio, mirándolo fijamente con una de sus cejas levantada.
—¿Y por qué debería hacer eso? —inquirió.
—¿Cómo que "por qué"? —contestó Naruto, pasando por alto la chispa de enfado que acababa de encenderse en su interior—. Es mi profesor, es tarde, ¡podrían volver a atacarme! ¡Acaban de intentar robarme, maldita sea!
Sasuke se encogió de hombros con indiferencia.
—¿Y qué? La culpa es tuya por andar por la calle a estas horas, anormal.
—¡Se supone que un profesor tiene responsabilidad sobre sus alumnos!
—Me la trae floja lo que te pase fuera de mi clase. Ve y tírate a la vía del tren a ver si me importa.
—¡Cabronazo! —Naruto se tapó la boca tan pronto como la palabra salió de ella, los ojos grandes como platos.
"Ahí va mi oportunidad de seducirlo alguna vez", pensó y luego le impresionó la media sonrisa entretenida en la que se habían convertido los labios rosados de Sasuke.
"¿Le divierte?", el rubio notó un leve dolor de cabeza mientras comprobaba los cambios de humor de su profesor. "¿Le… le parece divertido? ¿Qué le pasa? ¡Acabo de insultarlo! ¡Piensa que es gracioso! O… se está riendo de mí, ¿no? Ah, olvídate de seducir a este cretino, ¡me está cabreando!"
—¿Me has llamado "cabronazo"?
Habiéndose figurado que no tenía nada que perder y dada su repentina antipatía por el mayor, Naruto se negó a echarse atrás.
—Sí, ¿y qué? ¡Te comportas como uno!
Sasuke se quedó callado por un momento, la mirada pensativa sobre el rubio y la sonrisa todavía en sus facciones. Naruto dejó sus ojos fijos en el otro, con el ceño fruncido y los músculos de su cara tensos de la rabia, las manos apretadas en puños a cada lado. El canturreo de los grillos parecía cada vez más alto en contraste con el silencio de los dos.
"¡¿Por qué coño me está mirando así?! Vale, le llamé "cabronazo", ¡pero sabe que se lo merece! ¡Me llamó "anormal"! ¡Será capullo!". En cuanto la ira se comenzó a masificar en Naruto, sus pensamientos se desordenaron y dejaron de tener sentido. "¡Cree que puede con el gran Uzumaki—No me importa si es mi—Me encantaría quitarle a golpes esa mirada de la—Joder, está más bueno que un—Pero es un gilipollas—No me importaría chuparle—Dios, odio esto—¿Por qué me está mirando?!"
—Eh, anormal, ven aquí.
Ya no tenía aquella sonrisa provocadora, ni rastro. Su expresión volvía a parecer de roca y eso, de algún modo, molestó aún más a Naruto. Quería destrozar aquella sensación en la cara del hombre. ¡¿Quién, en su sano juicio, era tan desagradable con la gente que apenas conocía?! ¡Ese tío se merecía un puñetazo!
—¿Qué quieres, espabilado? —respondió Naruto burdamente, caminando con cautela sin dejar de mirarlo.
Si había dicho que no le importaba lo que sus estudiantes hiciesen fuera de su clase y no mentía con ello, no tendría por qué tener ningún problema con Naruto al día siguiente en la escuela aunque el chico lo insultase esa noche. El tío era un completo idiota.
—Y si no dejas de llamarme "anormal" te vo—
No llegó a terminar la frase. Se le atragantaron las palabras antes de que pudiese formarlas gracias al repentino —sin olvidar poderoso— puñetazo que Uchiha le había dado. Se tambaleó hacia atrás, la mano en el pómulo casi rojo, los ojos bien abiertos. Percibió el débil sabor a sangre en la saliva, aunque su mente no se centró en eso. Ni siquiera pudo centrarse en devolverle el golpe. Se quedó con una única idea rondándole la cabeza. "¡¿Ese cabronazo —mi profesor, joder— acaba de pegarme?!"
—Y te sorprende. —La voz era plana, tenía la ceja arqueada como si le pareciese curioso.
Aquellos ojos brillantes, que no se apartaban de los suyos, estaban tan atónitos, que el mismo hecho consiguió exasperar a Sasuke. El rubio se lo había buscado. Se lo había advertido. No había ningún motivo para que Uzumaki-kun le siguiera mirando como… como si hubiese hecho algo malo.
—¡Cabrón! —bramó Naruto lleno de frustración, haciéndole una violenta entrada al hombre.
Cayeron sobre la acera torpemente y Naruto acertó un puño en el rostro de Sasuke, sonriendo triunfante en cuanto conectó el golpe con firmeza. "¡Enséñale cómo hay que comportarse delante de un Uzumaki!", pensó convencido.
Sin embargo, Sasuke reaccionó al impacto en un par de segundos y le dio otro puñetazo al rubio. Su razón le decía que esa lucha no iba a terminar hasta que o los separasen o hasta que alguno se quedase inconsciente, por eso se preparó para la batalla. El cuerpo del rubio se movió por instinto, sin necesitar coordenadas, defendiendo y atacando, intentando no volver a ser alcanzado por el otro.
Desafortunadamente, Sasuke hacía lo mismo.
Después de un tiempo, el agotamiento empezó a hacer mella en Naruto, que no dejó de moverse. ¿Cuánto tiempo habían estado luchando? ¿Cinco minutos? ¿Diez? ¿Veinte? Podría haber pasado una hora. Ni siquiera recordaba la razón de por qué lo hacía, pero la furia y el orgullo no le permitían retroceder. Estaba cabreado. Ese tío, ese… le había hecho algo. Había hecho algo para enfadar tanto a Naruto.
—¡Eh, se están peleando! ¡Que alguien llame a la policía!
Tanto a Sasuke como a Naruto se les heló la sangre con la palabra "policía", la cara se les había puesto pálida. El chico se sorprendió de lo apática que resultaba la expresión de Sasuke, incluso en una situación como esa. Una de sus manos blancas mantenía agarrado el cuello de la camisa de Naruto y la otra estaba levantada, en posición de ataque, cerrada en un puño. Las propias manos morenas de Naruto habían llegado a imitar la posición de Sasuke.
—Oye, sensei…
—¿Qué?
Naruto sonrió, avergonzado.
—Una vez escuché que una retirada a tiempo es una victoria.
—¿Estás diciendo que nos larguemos antes de que venga la policía?
El rubio asintió.
—Claro. Ya sabes que si te cogen peleando con tu alumno, serás el blanco de las críticas de todo Jap—
Uchiha ya se había apartado de Naruto y había empezado a correr en un pispás.
—¡O-oye! —exclamó Naruto, levantándose de un salto.
Tenía el cuerpo dolorido por los golpes y los empujones contra el hormigón, pero para él no era nada. Había salido peor parado en otras ocasiones, y además, no quería que la poli le estuviese dando la lata otra vez.
—¡Espérame!
Corrió a toda velocidad detrás del mayor, que debía de haberse escabullido por el camino hacia la escuela. Pasado un rato, el pecho se le contraía y se le hacía más difícil respirar, pero no se detuvo y siguió la carrera.
—¡Joder, Sasuke, más despacio!
• • •
Después de haber alcanzado a Uchiha y de haber corrido un par de minutos más, Sasuke se desvió del camino y se coló en la entrada de una casa. Redujo su velocidad y se dirigió con marcha suave hasta la puerta. Cuando estuvo a un par de metros de ella se encendió una luz automática. El rubio le siguió algo aturdido, sin aliento y muriéndose por una bebida. Ni siquiera le prestó mucha atención a que esa era probablemente la casa de Uchiha Sasuke. Francamente, no le importaba. Estaba sediento y cansado.
Se sacó un juego de llaves del bolsillo de sus vaqueros oscuros, eligiendo con rapidez una plateada y metiéndola en la cerradura. Naruto se detuvo al lado del hombre, respirando fuerte y con la espalda arqueada. Pese a lo tranquilo y sereno que parecía Sasuke, Naruto estaba seguro de que también se sentía como él. Tenía la respiración entrecortada, aunque estaba intentando contenerla.
Sasuke abrió la puerta y quitó la llave. Naruto se decidió a entrar detrás de él. No hizo más que pisar el recibidor y Uchiha ya se había dado media vuelta para fulminarlo con la mirada.
—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó, brusco.
—Voy a curarme las heridas que me has hecho y a beber algo —respondió como si fuese la cosa más normal del mundo.
—No —negó fríamente.
—¡¿Cómo?! —chilló, indignado, arrugando la frente—. ¿Qué tipo de educador se supone que eres? Me has pegado y has hecho que me deshidrate, cabronazo. ¡Eres mi profesor y vas a ayudarme!
—Lárgate a tu casa. Estoy seguro de que tiene que estar por esta área de Nishihara.
Volvió a darse media vuelta, en este caso a forma de despedida, y cerró la puerta sin mirarla. Naruto se decidió a colarse por el hueco antes de quedarse fuera y esperó detrás de Sasuke con sigilo. Se quitó los zapatos al mismo tiempo que su profesor, dejó sus cosas en el suelo y siguió a Sasuke caminando de puntillas. Pudo dar dos pasos antes de que notase su presencia y lo mirase con ganas de matarlo, más que antes.
—¿No te he dicho que te largues?
—¡Pero, pero es que…! –dio una pausa, esperando que se le ocurriese una razón de peso que convenciese definitivamente al mayor—. ¡Es que no tengo casa!
—Ah, sí, se me había olvidado —habló con sarcasmo, sin dejar de observarlo-. En tu expediente ponía que vives en una caja de cartón.
—¡Eso no es verdad! —saltó el adolescente, un poco sofocado por el enfado.
Si en su expediente ponía eso, iba a empezar a cortar cabezas. ¡Aunque en la escuela no lo soportasen por todo lo que había pasado en su primer año, no tenían ningún derecho a decir que el rubio vivía en una jodida caja de cartón!
—Vivo en una casa azul dos manzanas más abajo con mi tutor, Umino Iru—
Cortó sus propias palabras con rapidez, maldiciéndose a sí mismo. Había caído en la trampa de Uchiha.
—Y yo que pensaba que no tenías casa.
—¡Vamos, tío, eres mi profesor! ¡Te juro que, si me dejas limpiarme la herida, luego me piro! —Puso cara de pena sin hacer caso a la expresión asqueada del hombre-. ¡Si no, no me pienso marchar!
Frunciendo el ceño con absoluta pasión, se alejó del rubio con majestuosidad, como si fuese de la realeza. Tanto la amplia y firme espalda como los hombros fuertes daban una imagen intocable y altiva. Naruto lo tomó como el permiso que necesitaba y lo siguió.
El vestíbulo, bastante grande para ser un simple recibidor, era blanco. La madera del suelo tenía un tono caramelo claro al igual que las varias puertas. Se sorprendió ligeramente al darse cuenta de que no había nada en las paredes. Eran tan sosas que daban la sensación de que alguien había recogido sus pertenencias para marcharse.
Le dio un vistazo al techo y vio una lámpara de araña colgando en el centro del vestíbulo, se le paró la respiración. Era maravillosa. El cristal salía en espiral de la estructura dorada; la luz que reflejaban las piedras preciosas era un brillo puro. Parecía estar hecha para algún soberano. "Siendo sinceros, Sasuke no tiene pinta de estar muy lejos de eso", se dijo mentalmente.
Volvió a la realidad cuando el hombre se metió en una de las habitaciones y lanzaba su juego de llaves sobre algo que sonaba como una cajonera. El rubio le siguió sin pensárselo, murmurando algo sobre malos anfitriones. Tan pronto como entró, vio a Uchiha con la espalda encorvada y sentado en un sofá negro de piel, un brazo sobre su espalda y otro con el mando de la televisión cambiando continuamente de canal.
Naruto encontró raro, aunque no tanto tratándose de Uchiha, que todo en la sala fuese negro. El suelo, las paredes, la mesita auxiliar y la propia mesa, las sillas, la alfombra, la gran televisión plana, el maldito mando, la pantalla de la lámpara —se alivió al ver que la bombilla era normal y corriente, y no negra—, todo.
Su profesor era bastante extraño.
—¡Eh, sensei!
Sasuke lo miró por el rabillo del ojo, el rostro impasible.
—¿Qué, anormal? El baño está al otro lado del pasillo. Date prisa y lárgate.
El menor frunció el ceño con irritación y se cruzó de brazos, diciendo cortante:
—¿No deberías ofrecer a tu querido invitado algo de beber? ¿Té, agua, algo? ¿Qué tipo de anfitrión eres?
—Por lo que tengo entendido —empezó, sus ojos concentrados en la tele—, no eres mi invitado y todavía menos mi "querido" invitado. Dado que estás en mi casa sin invitación —se tomó un momento para mirarlo acusadoramente—, no voy a hacer de anfitrión. Si tienes sed, vete a casa.
Naruto susurró algo mientras seguía las indicaciones y en el momento en el que entró al cuarto de baño —que en su opinión también era demasiado grande para ser un simple baño— empezó a sospechar que cada una de las habitaciones de la casa estaba inundada de colores oscuros. El servicio era todo de color azul marino, salvo por algunas cosas en blanco aquí y allá.
El recibidor era pura fachada, un engaño. La casa era absolutamente oscura.
Aunque, honestamente, estaba impresionado. Uchiha debía de tener un montón de dinero. Cada pequeño detalle tenía pinta de costar una fortuna, incluso el papel higiénico. Por un breve momento deseó que su papel higiénico aparentase ser así de caro. El suyo sólo parecía… bueno, papel higiénico.
Reposó la vista en el lavabo y sus ojos azules brillaron con doble intensidad. Fue rápido, abrió el agua fría y agachó la cabeza hasta poner su boca debajo del grifo. Saboreó la acogedora sensación del agua fresca sobre su lengua y a través de su garganta, chocando contra cada rincón de su boca.
Después de lo que pareció una eternidad —una muy agradable eternidad—, Naruto se alejó un poco. Unió sus manos en forma de cuenco y empezó a mojarse la cara, empapándose el flequillo de paso. Gimió con el efecto del líquido sobre su piel.
Dándose cuenta del desastre que estaba haciendo, cerró el grifo y sacudió las gotas de sus manos. Cogió una de las toallas, enterró la cara en ella y notó el olor a jabón atacando sus sentidos. Naruto estrujó la tela contra su rostro antes de caer en la cuenta de que se estaba restregando algo perteneciente a un desconocido con un palo de escoba metido en el culo.
Tiró la toalla en la cesta de la ropa sucia. Sasuke tenía pinta de ser ese tipo de persona que lo notaba todo, incluso una arruga en una toalla.
Se examinó a través del espejo y se calmó al comprobar que Sasuke no había podido asestarle tantos golpes como en un principio había sospechado. El primer puñetazo había conseguido abrirle el labio en la esquina izquierda y, con otra de las arremetidas, la piel alrededor de su ojo derecho comenzaba a teñirse de negro azulado. Seguramente no habría ni rastro a la mañana siguiente, dado que se curaba relativamente rápido, pero no le apetecía nada llegar a casa de esa manera.
—¡Oye, cabronazo! —llamó Naruto mientras abría el espejo y buscaba alguna botellita de agua oxigenada—. ¿No deberías limpiarte? ¡Yo también doy unos buenos derechazos!
No tuvo más respuesta que el sonido de la televisión. Inicialmente le entró curiosidad sobre qué podía interesarle a una persona tan seca, pero en cuanto entendió que le estaba ignorando dejó dicha inquietud de lado.
—Oye, ¿cabronazo?
Silencio.
Con los dientes rechinando, Naruto intentó no ponerse muy nervioso y regresó a la sala. Una parte de él deseaba que Uchiha estuviese durmiendo para por lo menos justificar la falta de atención. Estaba despierto, desde luego.
—¡Eh, cabronazo, te estaba llamando!
—¿Qué?
La pregunta sonó más como una afirmación. El tono de voz era helado y vacío y los ojos no salieron de la pantalla.
—Te estaba diciendo que si necesitabas limpiarte.
—Ja —Sasuke no ocultó una sonrisa de suficiencia mientras se giraba hacia él con todo el tiempo del mundo—. ¿Para que iba a necesitarlo? Pegas como una chica. (1)
A Naruto le fue imposible evitar el tic en su ojo izquierdo. Le dio un buen repaso y sonrió satisfecho.
—Pues creo que esas heridas de tu labio y tu mandíbula no dicen lo mismo.
—Ya se curarán.
Parecía que las únicas respuestas de este hombre eran concisas. Los ojos negros volvieron a anclarse en la pantalla, ignorando de nuevo al más joven. Naruto iba a hacer un comentario gracioso justo en el instante en que Uchiha sacó su móvil del bolsillo. Deslizó la cubierta y contestó en voz baja. Estaba claro que no quería que el rubio escuchase la conversación pero, desafortunadamente, Uzumaki Naruto tenía un excelente oído.
—¿Diga?... Ah, aniki.
Naruto arqueó su ceja derecha, intrigado por el cambio en el tono de Sasuke. Su voz se había transformado de impasible a sumisa en el mismo momento en el que había pronunciado la palabra "aniki".
Así que tenía un hermano… mm. Bueno, daba igual. Seguro que era otro Uchiha con un palo metido en el culo.
—¿Ahora? Tengo compañía. Uno de mis alumnos.
Se sintió un poco irritado por cómo Sasuke se había referido a él… "compañía". ¡Ja! Primero era una visita indeseada, pero cuando hablaba con aniki ya era compañía. Su hermano mayor debía de ser alguien muy especial. De alguna manera, le hizo sentir insignificante.
—…se trata de eso —Volvió la voz apática. Todo rastro de emoción desapareció de su cara tan rápido que le hizo preguntarse si realmente lo había visto. La expresión era firme y daba la sensación de que se podía sacar más diálogo de una roca que de él—. Hace diez minutos que llegué a casa, como mucho. Yo… —se tensó ligeramente como si se estuviese conteniendo—. Sí. Sí, entendido. Bien.
Colgó y cerró el teléfono. Miró mal a Naruto.
—Fuera.
—Pero…
—Tienes cinco minutos para salir de mi propiedad.
—Pero…
—Uzumaki-kun —la voz era dura y fría, completamente diferente a como cuando le había llamado "anormal" hacía un rato—. Márchate. Ahora.
Naruto le hizo una mueca infantil a Sasuke antes de irse de la habitación refunfuñando. Se cortó bruscamente el sonido de fondo de la televisión y oyó un suspiro corto. El rubio casi podía imaginar aquellos labios rosados, respirando despacio y hechizándolo.
Maldito dios del sexo.
El adolescente volvió a la habitación con sigilo, mirando a hurtadillas detrás de una esquina y controlando su respiración en niveles bajos. Uchiha estaba echado, con la cabeza contra la pared y los brazos estirados a los lados. Sus ojos permanecían cerrados y el pelo le caía hacia atrás, sin tocarle el rostro, y la suave luz blanca de la sala le daba un brillo especial a su piel pálida.
—¿Qué? —habló, relajado, haciendo que Naruto pegara un saltito.
La repelente habilidad de Sasuke para percibir la presencia de la gente puso nervioso al rubio, sólo un poco.
—¡Te di una buena paliza! —contestó Naruto alegre, con una sonrisa de burla en su cara, antes de largarse.
• • •
Antes de que Naruto pudiese salir de la extensa entrada exterior de la casa, sin ninguna prisa, entró un vehículo dispuesto a aparcar frente al garaje. Era un coche deportivo de color negro satinado, de importación extranjera por lo que veía. En ese momento se dio cuenta de dos cosas:
1) Que la familia Uchiha estaba compuesta por un puñado de idiotas ricos.
2) Que ese era "aniki".
Se apagó el motor del coche y se abrió la puerta despacio. Naruto sintió la necesidad de detenerse. No podía ver al Uchiha mayor, pero sabía que el hombre lo estaba mirando. Podía sentir los ojos perforando su piel. ¡¿Qué leches pasaba con esa familia?! ¡¿Por qué estaban siempre enfadados?! ¿Tan mal les iba en la vida?
No podía ser eso. Eran ricos. Podían tener cualquier cosa.
—Ah, tú debes de ser el estudiante.
Aunque más profunda y poderosa, la voz del Uchiha mayor era exactamente igual que la de Sasuke —fría, cortante e impasible. El rubio contempló la manera en que el hombre salía del coche con elegancia, tan ágil como el agua. Cerró la puerta tras de sí y se guardó las llaves en su bolsillo antes de acercarse a Naruto. No hizo ningún esfuerzo por parecer simpático, sino todo lo contrario. Los ojos le brillaban con un tono rojizo, gritaban muerte y también silencio, y su piel era tan pálida como la del Uchiha menor. El cabello era negro como el petróleo y estaba recogido en una coleta baja, detrás de la nuca. Hizo una ligera reverencia con la cabeza, aunque su porte revelaba que ni siquiera pensaba que el chico mereciese dicho gesto.
—Soy Uchiha Itachi. ¿Quién eres tú?
—U-Uzu… ¡Uzumaki Naruto! —intentó que su voz sonase mucho más casual de lo que le salió, con sus ojos azules brillando.
Sonrió con entusiasmo e hizo una profunda reverencia, mostrando el respeto que alguna gente no se dignaba a enseñar.
—¿Puedo preguntarte qué es lo que hacías en la casa de mi hermano a estas horas?
Las palabras de Itachi eran educadas y habían sido cuidadosamente escogidas, pero su cara era como una estatua. Ni una sola emoción pasara lo que pasara y eso exasperaba al rubio. ¡Joder, ahora sí que tenía ganas de irse a casa!
—Yo estaba… verás, me tropecé con él cuando iba de camino a casa —empezó, moviendo las manos frenéticamente mientras explicaba su mentira. Por algún motivo, sospechaba que al hombre no le iba a hacer ninguna gracia saber que había estado luchando con Sasuke—. ¡Y hoy no le caí muy bien en clase, no sé por qué, y me puso un montón de deberes! ¡Y cuando estaba caminando desde la estación a casa lo vi! Le pedí que me ayudara, pero prefirió comportarse como un cabronazo y me dijo que no. Así que le seguí hasta aquí y se lo rogué y me volvió a decir que no. Por eso ahora me marcho.
—Ya veo…
Itachi se dio media vuelta de repente y caminó hasta la puerta de la casa. Volviendo al hilo de pensamiento de por qué todos los Uchiha tenían que ser unos cabrones, Naruto se alejó con la frente arrugada hasta que Itachi lo llamó. Incluso desde la distancia, podía prever la seriedad de las próximas palabras del mayor en sus ojos al girarse hacia él.
—Mejor que tengas cuidado con lo que haces, Uzumaki-kun.
Uchiha entró a la casa y cerró la puerta con esa simple y confusa frase, dejando a Naruto perplejo. ¿Qué era lo que había hecho mal?
Putos Uchiha.
(1) Soy una chica. Sé que hay chicas que son fuertes. Yo no lo soy, así que escribí esa línea. Espero no haber ofendido a nadie.
Notas de autora: ¡ojalá os estéis preguntando qué es lo que va a pasar después de esto! Me encantan las predicciones, siempre es divertido leer lo que la gente piensa que va a pasar en tu historia. Este capítulo es bastante serio, pero tenía que escribirlo. El próximo será más divertido, con más interacción entre Sasuke y Naruto, aunque sin fanservice. En fin…
Los reviews me ayudan a crecer, así que ayudadme a crecer, gente. AYUDADME A CRECER. :D
Notas de traductora: tanto la autora como yo estamos muy contentas de que haya habido tan buena aceptación. Os agradecemos mucho que hayáis dejado comentarios, porque así sabemos qué tal os parece la cosa. Los reviews están contestados, a excepción de aquellos que no dejaron e-mail (pero muchas gracias, ¡eh!). Ah, y si no entendéis algo, una palabra o una expresión, por favor decídmelo e intentaré explicárosla.
¡Hasta el próximo lunes!
