¡Feliz año nuevo! Espero que hayáis pasado unas buenas fiestas. Yo sí las he pasado, y a eso se ha debido este retraso. ¡Espero que la espera os merezca un poco la pena!
Me he sorprendido mucho al recibir tanto feedback en el primer capítulo. ¡Muchísimas gracias!¡De verdad! Me habéis hecho muy feliz. Así que muchas gracias a Kykio, Mitomania, gateway to infinite, Bossenbroek, Mr bum, AstridHatakeAckermanJaeger, Fujimy, EvenYaeger, Aurum before Argentum, Anto13 y NarubyScarlett por comentar!
Y ahora, a leer!
Abrió los ojos con cierta lentitud, a pesar de que su corazón latía rápidamente por primera vez en varios siglos. Estudió la habitación en la que estaba. No había cambiado, sólo estaba un poco más polvorienta que cuando se fue a dormir. Eso le desagradó.
Sin embargo, no era el momento de pensar en la limpieza de su castillo, pues había escuchado su nombre. Y lo había pronunciado alguien muy especial. Alguien que llevaba mucho tiempo sin dirigirse a él como Levi.
– ¿Me has llamado, Bel?– preguntó, esperanzado.
Su adorado amante no le había vuelto a llamar por su nombre desde que le había prohibido ir hacia la luz, alegando que ya no le reconocía. Levi se moría por saber qué era lo que había cambiado. Por eso corrió escaleras abajo, atravesó los largos pasillos de su castillo y buscó a su amante en cada rincón de cada habitación.
– ¡Bel!– gritó, angustiado al no encontrarlo.– ¡Bel, ¿dónde estás?!
– Estoy aquí– respondió una voz fría.
Levi se giró y vio aparecer el fantasma de su amante, que le miraba con los mismos ojos que llevaba mostrándole los últimos siglos. Unos ojos turquesa que habían perdido su brillo, y ahora le miraban vacíos. Nada en él había cambiado. Levi frunció el ceño.
– Te he escuchado pronunciar mi nombre– dijo el pelinegro.– Hacía mucho que no me llamabas así.
Bel negó con la cabeza.
– Te equivocas, Conde– repuso con voz gélida.– Yo ya no recuerdo tu nombre ni recuerdo haberlo pronunciado.
Se hizo el silencio en la sala. Bel desapareció entre las sombras, dejando solo al pelinegro. Y entonces éste entró en cólera.
Con desgarradores gritos, Levi echó abajo las altas estanterías, destrozó las sillas y le dio la vuelta a la mesa, rompiéndola con gran estruendo. Después cayó de rodillas al suelo, mordiéndose el labio inferior con una rabia que desde hacía mucho tiempo había sido incapaz de controlar. Estaba seguro. Estaba seguro de haber escuchado su nombre.
Pero también estaba seguro de que Bel no mentía. Lo había visto en sus fríos y vacíos ojos.
¿Acaso se lo había imaginado?¿Acaso lo deseaba tanto que hasta lo había soñado?
"Levi".
El pelinegro aguzó el oído en silencio. No cabía duda, era la misma voz. No lo había soñado. Sin embargo, parecía provenir del exterior. Sonaba como una voz en su cabeza, lejana, pero firme. ¿El jardín? No, más lejos. ¿El bosque, tal vez?
Sin perder tiempo, se dirigió a buscar a su viejo amigo. Algo estaba pasando en su bosque. Algo que le atraía con mucha fuerza.
– ¡Levi!– gritó Eren, hastiado.– Estáis muy pesados con la historieta, ¿no? Se llamaba Levi y no tengo ni idea de cómo era. Era una historia de mi abuelo, sólo un cuento. ¡Dejad de darme la brasa!
– No te pongas farruco, Jaeger– replicó Jean.– Marco sólo te ha preguntado por el nombre del tipo ese.
El aludido se rascó la nuca, sonriendo. En el fondo entendía a Eren, pues su pequeña historia había tenido éxito entre los estudiantes y muchos de ellos no dejaban de preguntarle por detalles.
– Ya lo sé, pero es la sexta persona ya que me lo pregunta. En serio, chicos, pasad página– dijo Eren, suspirando.– Seguro que Jean puede inventarse alguna historia mejor.
– Ya verás como sí, Jaeger, espera y verás.
Jean se giró y se fue a la cabaña a pensar una buena historia para superar el reciente éxito de Eren. El ojiverde, cansado ya de tantas preguntas, decidió dar un pequeño paseo por las cercanías del camping.
El ambiente, aún a pesar de ser de día, seguía siendo muy frío. Pero eso le daba igual. Disfrutó del crujir de sus pisadas en la nieve, de esa leve sensación de frío en la punta de la nariz, ahora enrojecida, y de la pureza del aire gélido que entraba en sus pulmones. Poco después de que saliera del campamento, había empezado a nevar. Se sintió afortunado al poder disfrutar de aquella vista mágica. Pensó en su hermana y su amigo. Probablemente se mosquearían por haber salido sin ellos.
– Pero bueno, si vuelvo, los pesados me van a pedir la continuación.
Escuchó un leve crujido a su derecha, sacándolo de sus pensamientos. Abrió los ojos de par en par al ver un gamo rebuscando entre la nieve unos cuantos hierbajos. El animal se detuvo en su tarea y levantó la cabeza, observando al chico. Eren lo miró a su vez, embelesado, incrédulo ante la suerte que estaba teniendo al poder ver tan de cerca a un animal tan escurridizo y hermoso.
Tuvo la tentación de sacar el móvil y hacerle una foto, pero no tuvo la oportunidad. Algo hizo huír al gamo, y no tardó en averiguar el qué.
– ¡Eren!
El aludido se giró, molesto.
– ¡Mikasa!¡Has espantado al gamo!– la regañó.
– ¿Has visto un gamo?– preguntó Armin, que llegó jadeando poco después que la chica.– ¡Qué envidia!
Eren suspiró.
– Si hubierais venido en silencio como yo, igual no se habría ido– dijo.– ¿Cómo me habéis encontrado?
– Seguí tus huellas– explicó Mikasa.
Eren se rió.
– Madre mía, qué tía.
Armin se acercó al lugar donde poco antes había estado el gamo. Las huellas en la nieve eran recientes y se veían con claridad.
– Sé que es ponerme pesado pero...
Eren le miró.
– Es como los gamos de la historia– dijo.– Igual si lo seguimos nos lleva al pueblo.
Eren suspiró.
– Tú también no, Armin...
– ¡Era broma, era broma!– se apresuró a decir el rubio.– Te hemos venido a buscar porque en veinte minutos empiezan las actividades, así que deberíamos ir volviendo.
– Volvamos entonces– dijo Eren.– ¿Qué íbamos a hacer hoy?
– De momento lo típico de hacer grupos y algún juego– dijo Mikasa.– No sé qué haremos después.
Eren bufó.
– Espero que no me sigan dando la murga con la historieta– dijo.– Y también espero que no me toque en el mismo grupo que el pesado de Jean.
– Si os toca en el mismo grupo, los demás estarán entretenidos con vuestras peleas, eso seguro.
– Qué gracioso, Armin.
Mikasa se tapó la nariz con su bufanda.
– Hace más frío que antes, ¿no creéis? – preguntó.
Eren y Armin asintieron. A medida que iban avanzando, sentían cómo la temperatura bajaba unos cuantos grados. Además, había empezado a nevar con un poco más de fuerza. Apretaron un poco el paso para llegar antes al camping y así poder calentarse un poco en la fogata. Pero no habían caminado mucho cuando se dieron cuenta de algo que no les gustó nada.
– ¿Dónde estamos? – preguntó Armin. – La nieve ha tapado las huellas.
– Mierda– murmuró Eren.– Primer día en el camping y ya nos hemos perdido.
Mikasa miró a su alrededor tratando de recordar por donde habían venido pero le fue imposible. Con las huellas tapadas y los frondosos pinos, el paisaje era igual mirase a donde mirase.
– Bueno, el GPS tiene que funcionar– dijo Eren, sacando el móvil.– A ver si en los Mapas sale el camping.
– Ahora es lo típico de las películas de terror, que no hay cobertura y eso– comentó Armin.
Eren se rió.
– Va a ser que no, Armin, sí que hay– dijo.– Buf, me sitúa en medio del monte.
– Igual si pones la dirección del camping te sale– propuso Mikasa.– En lugar de buscarlo en el mapa, quiero decir.
– ¿Alguno de vosotros se la sabe?– preguntó Eren.
– Sí, espera, la tengo apuntada...– dijo Armin, buscando su móvil en la mochila.
Los tres jóvenes estaban tan absortos en su tarea que tardaron un poco en escuchar unos extraños crujidos más en la nieve. Levantaron la vista y se quedaron quietos, con los ojos abiertos como platos, ante al menos una veintena de gamos que los habían rodeado.
– ¿No queríais ver el gamo?– dijo Eren, con una risa nerviosa.– Pues ahí tenéis unos cuantos.
– Eren, ¿le hiciste algo al otro?– preguntó Armin en voz baja.
– Absolutamente nada– respondió el moreno, mirando a los animales con cautela. – Y aunque se lo hubiera hecho, no creo que vinieran a vengarse en plan familia mafiosa.
– Pensaba que eran animales asustadizos– comentó Mikasa, alerta.– Pero es extraño, tampoco parecen hostiles.
Eren hizo una foto con el móvil, ya que lo tenía a mano. Pero entonces, los gamos empezaron a acercarse, y eso puso en tensión a los tres jóvenes. Mikasa cogió de la mano a Eren.
– Vámonos de aquí, ya– dijo la chica.
A paso lento, empezaron a alejarse de los animales por el único camino que tenían libre. Éstos, como se temían, empezaron a seguirlos. Y entonces decidieron correr. Y para su horror, los gamos también.
– ¡Socorro! – gritó Armin, presa del pánico.
– ¡No dejes de correr!– gritó Eren.
Como iban a ciegas, no vieron venir un pequeño desnivel hasta estar prácticamente al borde. Los tres cayeron al suelo, levantándose todo lo rápido que pudieron para seguir corriendo. Sin embargo, aquel pequeño accidente los separó, ya que inmediatamente los gamos los alcanzaron y tuvieron que salir corriendo en direcciones distintas. Pero algo los horrorizó, ya que una vez separados, los gamos sólo siguieron al joven Jaeger.
– ¡Eren!– chilló Mikasa.
– ¡Seguid corriendo!– gritó él.– ¡Buscad ayuda!
– ¡Armin, llama a la profesora Hanji!– gritó Mikasa, siguiendo a los animales.
El rubio fue a sacar su teléfono, pero pronto se dio cuenta que ya lo había sacado antes para mirar la dirección y que se le había debido caer en la persecución, pues no estaba en su bolsillo.
– ¡Mikasa!– chilló.– ¡Mi móvil no está!
La chica se detuvo. Sacó su propio móvil de la mochila y marcó con rapidez el número de la profesora Hanji. Tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de su vida; seguir a su hermano o quedarse con Armin. Y como sabía que su hermano era fuerte y atlético, y Armin estaba al borde del infarto, decidió lo segundo. Con el teléfono en la oreja, observó alejarse a los gamos mientras se mordía con fuerza el labio inferior.
Por su parte, Eren no dejó de correr. El ambiente gélido y la nieve dificultaban su escapada, pero estaba en buena forma física. No podía creérselo. Había salido a dar un paseo y había acabado siendo perseguido por una veintena de gamos. Si lo contaba, nadie se lo creería.
Tras unos minutos de carrera, salió a un claro del bosque. Allí se detuvo a coger aire unos instantes, y antes de echar a correr de nuevo, se dio cuenta de que los animales ya no le seguían. Se habían quedado al borde del claro. Eren inspiró hondo y se dejó caer en el suelo, exhausto. Tardó unos instantes en vislumbrar una translúcida silueta de espaldas a él, mirando hacia los animales.
– Sí que me ha dejado mal la carrera... ahora tengo visiones... – murmuró Eren.
– No soy una visión, chico.
Eren dejó escapar un grito sordo. Reconoció la silueta como el cuerpo de un hombre joven, pelirrojo, y una vez que éste se giró para mirarle, vio sus ojos, de un tono turquesa, apagado, pero todavía muy bonito. El chico tragó saliva.
– ¿Quién...?
– Debes irte de aquí cuanto antes– cortó el hombre.– Corres peligro.
Eren le miró sin comprender.
– Vuelve con tus amigos a vuestro campamento– dijo el pelirrojo.– Y si podéis, marchaos lejos. No podré protegerte.
– ¿Pero quién eres?¿De qué no podrás protegerme?
– Me llamo Bel– dijo.– Y no podré protegerte... de él.
El chico dirigió la vista hacia donde miraba el pelirrojo. Allí, en el borde del claro, había un hombre. Era de media estatura, vestía un largo abrigo negro, bastante anticuado. Miraba directamente a Eren, con los ojos abiertos como platos. Un escalofrío le recorrió la espalda al chico.
– Chico, debes irte– le apremió el pelirrojo.– ¡Rápido!
Eren se levantó por instinto y retrocedió unos cuantos pasos sin dejar de mirar a aquel extraño pelinegro, que empezaba a caminar hacia él, cada vez más rápido.
– ¡Rápido, chico!– gritó Bel.
Eren echó a correr sin mirar atrás.
¡Muchas gracias por leer! ¿Qué os ha parecido? ¡Dejádmelo saber en los reviews!
Como dato curioso, Bel es algo así como un genderbender de Isabel Magnolia. No es que me guste la pareja de Isabel y Levi (Con Levi sólo me gusta el riren), sino que creo que Eren e Isabel se parecen un montón (sobre todo en ojos y expresión). Además, si se llamaran los dos Eren sería un lío, ¿Verdad?
Ciaossu!
