Disclaimer: Los personajes de D-Gray Man no me pertenecen, son propiedad de Katsura Hoshino. Todos aquellos que no conozcan son de mi propiedad. Esto es sólo por diversión y no lucro de ninguna manera con esto.
Capítulo 1
Caída de telón, realidad oscura.
No sabía qué hacer ante tal desastrosa realidad. El miedo se expandió desde mi mollera hasta las plantas de mis pies, paralizándome totalmente con el abanico en mano. La escena frente a mí era algo indescriptible para mis inocentes ojos, alguien como yo jamás había visto, ni en las peores peleas del pueblo, algo como eso.
Las sombras que estaban alrededor del lugar se solidificaron tomando una forma amorfa y devoraron a la mitad de la audiencia presente, les desgarraban sus miembros de tal forma que parecía poco creíble, las paredes se tiñeron de rojo a la vez que los gritos de todos rompían el silencio tan horrible que se formó luego de que la música dejara de sonar. Su dolor no acabó ahí, siguieron desmembrando a todos los arrinconados hasta que se convirtieron en polvo… y todo fue silencio nuevamente.
La brisa invernal entraba por las ventanas que estaban medio abiertas y con un soplo suave todos los restos de polvo se esfumaron, yo caí de rodillas y las demás personas que sobrevivieron comenzaron a gritar del miedo, no sabían que hacer, la desesperación los controlaba. Buscaban una manera de salir de ahí, chocaban unos contra otros en un intento de escapar del salón. Mi respiración era fuerte e irregular, también tenía miedo, mucho miedo y la única forma en que pude reaccionar fue corriendo a brazos de mi padre que estaba ahí mirando todo con horror.
Papá miraba a todos gritar pero él estaba en un estado de pánico menos grave y aun así, no sabía qué hacer ni que decir ante este horror.
—Hija... ¿Estas bien?—preguntó mi padre recorriendo con sus manos mi rostro y brazos asegurándose de que no hubiera ninguna herida. Mi maquillaje se había corrido por mis lágrimas, yo asentí pero me era difícil gesticular bien.
—Sí… estoy bien papá…—confirmé con voz temblorosa, buscando protección en su pecho. No me sentía segura en ningún otro lado. Las manchas de sangre estaban ahí, frente a mí, como una señal de desgracias venideras— ¿Dónde está mamá?
—No sé, ve con ella, búscala y yo me encargaré de todo aquí y pase lo que pase no entres a este lugar hasta que yo vaya por ti y tu madre—yo asentí con fuerza y salí corriendo sin tropezar con mi kimono
¿Qué es lo que acaba de ocurrir?, ¿Cómo puede ser todo esto algo real? ¿Qué eran esas cosas que atacaron a las personas? Y ¿Por qué no me atacó a mí también?
Salí corriendo hacia los pasillos del templo en busca de mi madre, ella estaba ahí, yo la vi que estaba sonriéndome orgullosa… pero ya no estaba en la habitación. Recorrí varios pasillos cercanos al pequeño anexo que papá construyó, ella debía estar cerca de ahí. Pasé unos minutos buscándola y para mi sorpresa la encontré desmayada cerca de una de las habitaciones. Llamé a papá rápidamente y él llegó al instante, no estaba lastimada y eso era bueno.
La sostuvimos rápidamente y la levantamos con mucho cuidado para llevarla a su habitación que estaba cerca de ahí. Mientras caminaba por los pasillos algo dentro de mí hizo que me sintiera extraña, tuve un mal presentimiento y no era sobre las sombras, sin embargo, estaba a la vista que algo no estaba bien en general.
Al llegar a la habitación la recostamos en su cama con mucho cuidado, yo acomodé su hermoso cabello para que el peinado no la molestara, mi padre le acomodó sus piernas y me preocupe de acomodar su cabeza en una almohada. Le rogaba a Dios que se recuperara y que pudiera despertar rápido, lo bueno era que aun respiraba, pero nadie sabía que fue lo que le pasó y el por qué terminó en aquel lugar, tan lejos de donde estábamos todos y desmayada a mitad del pasillo.
Ya todo estaba en calma, papá había logrado sacar a las personas pero el desastre que habían dejado las sombras seguía ahí, era un misterio total el por qué las personas atacadas se volvieron polvo. Ambos estuvimos más o menos una hora sentados, esperando que mamá diera alguna señal de despertar. La luz de la luna se colocaba por la ventana de su habitación y yo solo podía contemplarla y pensar en todo lo que había sucedido.
Después de esa hora mamá logró despertar.
—M-Mamá… —sostuve con alivio y fuerza su mano derecha y la puse en mi rostro. Sentí un gran alivio al ver sus ojos abrirse y verme—mamá… que bueno que estas bien.
—Tsumi… hija… Kenta…—pronunció con mucha confusión nuestros nombres y mi padre,que siempre se mantuvo a mi lado durante la espera, le acarició su cabeza soltado un gran suspiro. Ambos estábamos más tranquilos al escucharla hablar.
—Hiroko, ¿Estas bien?, ¿Qué fue lo que te paso?—ante aquellas preguntas, pude sentir que los dedos de mi madre se movían con mucha dificultad sobre mis mejillas. Era extraño, ella siempre había sido muy delicada con sus gestos pero esto era algo distinto.
—No lo entiendo con certeza… últimamente he tenido problemas al caminar, mis piernas no se sienten igual y escuché gritos que provenían del escenario, fui corriendo hacia allá cuando… mis piernas dejaron de responder y caí al suelo… no sé qué me pasa—al escuchar esto, sostuve con mas fuerza su mano y pude notar que aunque ella trataba de moverla, era imposible. Su cuerpo no reaccionaba.
Desde esa noche toda nuestra vida cambió, dio un giro inesperado y… no podíamos hacer nada al respecto. El tiempo lo diría todo.
Pasaron alrededor de 3 meses después de todo lo acontecido, 3 largos meses que se hicieron eternos para mí.La espesa nieve se ha derretido de los tejados y la calidez se percibe en el aire, la brisa fresca de la mañana daba la bienvenida a varios días de sol… estamos en primavera. Honestamente esta es la estación del año que mas me gusta florecimiento de las flores era acompañado de su aroma indescriptible, las hojas que conforman a los pomposos arboles y el prolijo césped, dan un toque vivo a esta villa llena de desdicha. Creo que lo único bueno que puedo destacar al vivir aquí, es que la vista desde lo alto, es hermosa. En primavera todo era verde… el color de la esperanza.
Aunque no siempre todo es hermoso, a veces los días más alegres pueden transformarse por una tempestad imprevista y hunden en desdicha lugares sagrados como estos. Después de la primera vez que dancé frente a los habitantes quise hacerlo otra vez, demostrar que aun después de todo aquello yo podía seguir bailando y dando alegría a todos. Lo volví a intentar hace un par de semanas y… desgraciadamente ocurrió lo más que intenté buscar una solución a esto, no lo podía comprender y esa idea en mi cabeza… esa idea de que era yo el problema comenzó a nublar mi mente. Más sangre, más gritos… más muerte… y llegué a un punto en que comencé a pensar… yo soy el problema, yo soy la culpable…
Pero… ¿Acaso en verdad es mi culpa?, ¿El templo estará poseído por algún ente demoníaco? Pensamientos como esos ocupaban gran parte de mi cabeza y con bastante tiempo libre y sin nada que hacer me fui consumiendo en la idea de que sí… yo era la culpable… tal vez. Yo solo bailaba y al practicar sobre el escenario recordaba todo… los gritos y la sangre que manchaba todo el lugar pero lo más extraño de todo… era el polvo.
La poca felicidad y esperanza que entregaba este lugar con sus danzas se estaba desvaneciendo día con día y se fue convirtiendo en un lugar solo y oscuro. Por más que quería creer que no era así siempre estaba esa idea de la muerte. Me esforzaba por poner mis pies sobre el suelo y dar lo mejor de mí ante esta cruel realidad y seguir sonriendo para todos porque eso era lo único que me hacía feliz… dar alegría a los demás.
Ahora mi rutina era distinta, al levantarme ya casi no podía apreciar las minkas, o hacer mis elongaciones habituales, sino que tenía que cuidar a mi madre durante el día. Los días se volvieron largos y esos tres meses eternos, porque no solo todo lo que había pasado esa noche afectó nuestras vidas y las de los demás aldeanos… sino que mi vida y la de mi padre cambiaron para siempre en varios sentidos.
Luego de que mi madre se desmayara, ya no pudo mover con naturalidad su cuerpo, le era difícil pararse sola, no movía bien las piernas y cuando caminaba siempre se iba hacia un lado, le costaba agarrar los palillos para comer y eso nos preocupó ver que estaba empeorando decidimos llevarla al médico unos cinco días después del incidente. El doctor era uno de los pocos sobrevivientes y nos dio la mala noticia de que mamá fue diagnosticada con Leucodistrofia.
No logré entender bien la explicación de el medico con detalle, pero en palabras simples esta es una enfermedad hereditaria que va empeorando con el tiempo provocando que la persona pierda todo control muscular y mental. Mi madre nunca antes nos había contado nada, pero cuando fuimos a ver al médico, ella confesó que durante mucho tiempo ya tenía dificultades al moverse y algunas lagunas mentales. Al parecer no quería preocuparnos, pero por un lado no me sorprende puesto que ella nunca habla de sus problemas y jamás la he visto llorar por algo. Nunca noté nada raro en ella y he de suponer que ha sufrido mucho por bastante tiempo.
Mi padre por otro lado, tenía una angustia que cada día aumentaba al ver la situación en la cual se encontraba mi madre. Él intentaba tranquilizarme diciendo que todo estaría mejor con el tiempo, pero claramente no teníamos el dinero ni las comodidades o el tiempo para ayudarla, lo único que teníamos era el templo.Añadiendo a esto, tengo una gran sospecha de que algo estaba ocultándome y estoy casi segura de que ello lo tenía mucho más preocupado que nuestros problemas familiares. Mi padre siempre era una persona muy honesta y más aun con su familia pero ver ese tipo de comportamiento en él no me daba otra opción más que dudar de él.
Luego del diagnóstico de mi madre, tuve que cuidarla todos los días, no me molestaba porque era mi madre y la amo pero los días pasaban, las semanas se hacían indetenibles ¿Cuándo fue que el tiempo comenzó a hacerse tan corto? Quizás mi vida estaba perdiendo la luz, la gracia, aquel propósito, muchas cosas que quería hacer y ahora lo veo inalcanzable, me sentía tan útil pero muy inútil a la madre cada día estaba peor, ya no podía caminar ni mover ningún miembro de su cuerpo, era una tortura diaria el verla ahí tirada en la cama, sin poder siquiera sentir su mano en mi mejilla o que pudiera sostener un abanico para que las dos bailáramos juntas como en los viejos tiempos.A pesar de que yo la cuidaba de día y mi padre la cuidaba al esconderse el sol, la responsabilidad que teníamos de hacer todo por ella e intentar hacerla feliz se hacía cada vez más agotadora y papá y yo comenzamos a vivir por puro instinto y no por solo… vivir… como cualquier persona normal.
Contaba los meses, cuatro… cinco...seis… siete… ocho… parecía no tener única luz que tenía mi vida era la que reflejaba el sol levemente por las grietas de la habitación en donde cuidaba a mi madre. Para mí ya era costumbre levantarme a una hora exacta para ayudarla a bañarse con un trapo húmedo o alimentarla con solo líquido… pero había días en que no soportaba llegar a la habitación de mis padres y que ella me dijera… ¿Quién eres?
Las lagunas mentales eran cada vez más graves y mamá llegó a un punto de olvidarme a mí por segundos… incluso a papá y a toda nuestra vida aquí. Era insoportable que me mirara de esa manera, como si viera aun desconocido.
— ¿Aun sabes quién soy?—le pregunté mientras le daba de comer y ella asintió con debilidad. Ese era uno de los momentos donde si me recordaba.
El medico venía al templo para revisar a mi madre todos los meses a ver cuanto a avanzado o no su enfermedad, siempre intentábamos ver el lado bueno de todo pero era un poco difícil. La última vez que vino hace unos días dijo que era cuestión de semanas para que ella olvidara completamente quienes éramos. Dolía, dolía mucho escuchar esas mi padre y yo pensábamos que nada podía ser peor, esta noticia terminó por deshacer nuestras últimas esperanzas de que mi madre se que al menos ella podría seguir con vida en este lugar, se convirtió en mi único motivo para sonreír…pero el precio a pagar era mucho. No me importaba que no me recordara… pero la quería viva… la necesitaba viva.
Pensar en esas cosas que se vendrían me quitaba energía pero yo debía seguir… por papá y especialmente por mamá. Ella me necesitaba mucho pero en uno de esos momentos donde ella recordaba todo, me dijo que me veía muy triste y que si había practicado mi danza. Había dejado de practicar desde hace meses para cuidarla a ella y también estaba el hecho de que la última vez que lo hice esas sombras volvieron a hacer de las suyas. Pero ya habían pasado meses, tal vez no pasaría otra vez.
Me puse a practicar nuevamente y decidí subir a ese escenario una vez más. Después de meses he vuelto a intentar danzar, demostrar que aun puedo y lo he intentado muchas veces desde que decidí volver pero lo único que he logrado es que entre la escaza audiencia que se ha atrevido a pisar este lugar, poco a poco disminuyera aún más y la tasa de mortandad aumentaba, en consecuencia los habitantes de la villa han esparcido rumores sobre el templo, sobre mi padre, sobre mi danza… sobre mí. Afirman que soy una bailarina maldita, que mi danza solo trae muerte y que ver mi cara maquilada solo es símbolo de una muerte anunciada,que al mover mi abanico o mis brazos lo que hago es llamar a las sombras. Han roto las ventanas del templo con piedras y ladrillos con mensajes llenos de amenazas, han irrespetado este sagrado lugar.
Ante la impotencia que me daba toda esta situación intenté probar que era inocente, que yo no era la causante de todas esas desgracias, aunque los demás no me creyeran. Si lo descubría por mi misma sería suficiente y así también podría calmar mi conciencia y todo volvería a la normalidad a la que estábamos acostumbrados. Intenté bailar en una habitación yo sola y nada anormal ocurrió, ni el músico ni yo teníamos ninguna herida y ninguna sombra apareció. Todo salió perfecto, eso me alivió en gran manera por un momento pero después recordé todo el odio que las personas me tenían y de las falsas acusaciones que hacían en mi contra provocando que me llenara de ira, me molestaba mucho que me insultaran a mí, a mi familia, a mis padres y a este lugar que era mi hogar.
No le presté mayor importancia a ese momento de descontrol emocional puesto que era habitual en mí, pero esta vez fue diferente, estaba tan molesta. Estaba sola en la habitación, necesita pensar con calma pero estaba muy furiosa recordando todas esas cosas que decían de mí y sentí algo distinto, algo que jamás sentí antes. De repente la única luz que iluminaba esa habitación fue apagada por una brisa fuerte que entró por la ventana, estaba a oscuras si no fuera por la luz de la luna.
No quería correr, no quería ser cobarde pero algo en mí era distinto, me sentía distinta. Otra brisa fuerte pasó y me di media vuelta con lentitud porque sentí que había alguien detrás de mí, mirándome fijamente, al voltearme no podía creer lo que estaba parado detrás de mí. Mi propia sombra que estaba debajo de mis pies comenzó a moverse y se levantó poco a poco del suelo como si tuviera vida propia, era un poco más alta que yo, no hablaba, no hacia ruido alguno, solo era una figura negra. Estiró su brazo y acercó su mano hacia mi rostro, yo solo pude correr… tuve miedo.
Después de correr me escondí en mi habitación y me tiré sobre el tatami. Me puse a pensar en todo lo que había visto y una idea escalofriante llegó a mi cabeza. Las sombras se mueven gracias a mí… yo soy la culpable de todas esa masacres.
Sé que algún día vendrán en mi búsqueda… solo anhelo poder permanecer con vida lo suficiente como para sostener la mano inmóvil de la persona que me dio a luz cuando llegue el día de su partida. Por ahora no podía decir nada, las personas tenían razón… yo era un monstruo. Pero no podía seguir así, me quité todas esas ideas de la cabeza porque ya era hora de comer para mi madre y yo debía hacerlo mientras papá trabajaba.
Después de haber alimentado a mi madre, la oscuridad terminó por cubrir por completo la habitación y deje que mi padre continuara cuidándola, yo quería seguir ahí pero papá insistía en que debía descansar para tener fuerzas para continuar. La miré dormir y me retiré a mi habitación me preguntaba, ¿Por qué Dios está permitiendo todas estas cosas? ¿Habíamos sido malos en algún momento? ¿Mamá había sido mala? Ella era una mujer maravillosa con un corazón de oro y… no sé por qué Dios nos estaba haciendo esto.
Cuando llegué a mi cuarto me di cuenta que había llorado todo el camino, tenía derecho a derramar lágrimas, después de todo soy humana. Me acerqué al suelo y me puse de rodillas frente a uno de los tantos ladrillos que habían lanzado a mi habitación enfurecía tanto que hicieran eso, ahogué mis gritos de desesperación… estaba cansada.
¿Soy una persona que a sido apartada de la vista de Dios? ¿Acaso soy mala? ¿Por qué yo debo sufrir esto si he sido una persona buena? No era primera vez que hacia esto, era cuando llegaba a un límite de paciencia y no aguantaba más. Siempre he sido muy creyente y también pensé que ante los ojos de Dios yo era una buena hija.
Sostuve uno de los ladrillos con ambas manos mientras lloraba sin control empapándolo por completo con mis lágrimas, quería arrojarlo lo más lejos posible, quería irme de aquí y jamás volver. Los habitantes susurran entre ellos palabras llenas de veneno, llenas de odio hacia mí y dicen que me he convertido en una persona que esta maldita, que Dios me ha olvidado. Otros dicen que algo extraño me ha poseído y estoy consumiendo la vida de mi madre y por eso ella está muriendo día a día.
—Yo no tengo la culpa... ¡No tengo la culpa de que la oscuridad reaccione ante mí!—lancé el ladrillo lejos de ahí. Sentí que no estaba sola en mi habitación y de la nada escuché como cosas de mi cuarto se rompían. Vi que varías sombras eran las que estaban haciendo el desastre y parecían molestas… como si hubieran reaccionado a mi ira— ¿Qué es esto? ¿Qué me está pasando?
Sostuve mi cabeza con ambas manos y rasguñe mi rostro con mis uñas, manipulada totalmente por la desesperación, no me importó el dolor, solo quería que esas cosas se fueran y que me dejaran en paz a mí y a todo el mundo en la villa. Ciertamente en este momento ya no puedo hacer nada por las personas que me rodean… absolutamente nada. Solo quería que se fueran.
Finalmente el verano llegó y junto con él, la muerte de mi madre. Se cumplieron 10 meses y unos días, cuando ella se fue a dormir y no volvió a despertar, fue una tarde soleada y todas las puertas estaban abiertas para que entrara algún soplo cálido. Yo la encontré, fui a darle de comer pero no pude despertarla… no pude. Debido a la situación que esta viviendo la villa en ese momento, no pudimos hacerle un velorio como hubiéramos querido. Había muchos problemas y ya al agente ni se acercaba al templo.
Sorpresivamente no lloré mucho ese día, fue como si mi mente se hubiera preparado para este momento, yo sabía que mamá iba a morir y que solo era cuestión de tiempo, sin embargo, mi padre cayó en una gran depresión y no era él mismo desde que vio el cuerpo inerte de mamá. Esa noche se encerró en su habitación y no volvió a salir hasta el día siguiente cuando ya era bastante tarde. No quería comer ni quería hablar con nadie.
A pesar de todo no me rendía con él. Es mi padre y quería que fuera un poco feliz a pesar de todo.
—Papá, ¿estas mejor?—puse mi mano en su hombro con preocupación después de no haber cruzado palabra con él por varios días. Realmente hubiera querido darle palabras de aliento esa noche, pero seguramente no hubiera tenido mucho que decir—papá yo…
—Sí hija, estoy bien—asintió él, y me sujeto el rostro con sus manos—no te preocupes por tu viejo padre.
—Está bien, te dejaré esto aquí—le había llevado su cena. Esas fueron sus primeras palabras a mí desde hace varios días—yo iré a…
—Hija, ¿podrías danzar para mí?—me sorprendí ante tal petición y lo miré con confusión. Hacía ya mucho que no bailaba y había jurado que no lo volvería a hacer.
— ¿Por qué quieres que baile para ti papá?
—Quiero distraerme un poco, verte bailar como hacías antes me hará sentir mucho mejor—me sonrió pero de una manera extraña. Papá tal vez no sería el hombre más sonriente del mundo pero era extraño verle sonreír así— ¿Puedes?
—Papá yo…
—Vamos Tsumi, complace a tu viejo padre—sus palabras hicieron que algo cálido se encendiera en mí. Podría bailar otra vez y todo estaría bien— ¿Qué dices?
—Sí papá, bailaré para ti si así lo deseas.
A pesar de que su deseo me pareció muy inusual y repentino, solo me quedó decir que sí lo haría porque verle sus ojos ya vacíos me hacía sentir muy mal, habían perdido su brillo desde que mamá falleció y todo el templo estaba descuidado, todo parecía haber muerto con ella, pero si podía dar alegría aunque fuese a una sola persona no me importaba. Un baile, solo eso y ya.
Caminé ansiosa y a la vez llena de temor hacia mi habitación para prepararme. Aunque sea mi padre el que me pidió danzar, quiero prepararme lo mejor que pueda, como si fuera mi último baile. Elegí cuidadosamente uno de entre tantos kimonos que tenía perfectamente estirados y limpios, todos eran regalos de mi madre y decidí usar el que más amaba papá que fue el que usó mamá cuando se conocieron. Lo acomode bien, después me dirigí hacia el espejo que estaba ubicado al lado de la ventana y con los recipientes de los maquillajes que frecuentaba usar comencé a maquillarme. No quedaba mucho pero era suficiente para mí.
Delineé perfectamente mis ojos de color rojo, en ese momento pude percibir su aroma. ¿Hace cuanto tiempo que ya no me acicalaba? Pasé mis dedos sobre mi rostro y lo acaricie suavemente, la verdad es que me había descuidado por mucho tiempo pero al sentir mi rostro me sentí viva otra vez. Luego apliqué suficiente polvo blanco por todo mi rostro como para cubrir mis ojeras y ojos desgastados. Ahora que lo pienso… es lamentable. Mi rostro se ha vuelto lamentable.
Cuando llegó el momento de peinarme el cabello, recordé con dolor y nostalgia a mi madre. Después de todo ella me ayudaba y siempre reíamos recordando historias mías de como mi cabello se enredaba o como siempre fallaba en hacer el moño adecuado… ahora tendría que arreglármelas por mi propia cuenta. Con mucha dificultad lo desenrede e intente acomodar los palillos para que el cabello quedara firme. Lo había logrado y sentí que mamá podía estar orgullosa de mí. Habiendo acabado me mire por última vez en el espejo y no pude evitar sentir unas ganas desgarradoras de llorar, aun así, evité hacerlo.
Antes de ir a donde estaba mi padre, rogué a Dios con lo poco y nada de fe que aún me quedaba, para que así todo saliera bien y nada sucediera, para que no le pasara nada a él. No se que haría si a él le pasará algo… Golpeé mis mejillas para animarme y con paso firme agarre uno de mis abanicos y me dirigí en donde mi padre estaba esperándome.
Al principio lo busqué por todos lados pero no lo encontraba en ningún lugar. Por un momento pude sentir como la negatividad de mis pensamientos recorría mi cuerpo.
¿Papá, donde estás? Pensaba que él me estaría esperando en su habitación, sin embargo, escuché ruidos que provenían del anexo que se encontraba junto al templo. Había evitado volver ahí desde hace mucho tiempo.
Corrí con cuidado intentando adivinar el origen de esos ruidos alarmantes. Quizás era algo obvio, tal ves mi padre quiere verme danzar en aquel lugar que él construyó para mí y mamá con tanta alegría. Al pensar esto mis ojos se llenaron de pequeñas lágrimas, pero no sabía la razón. ¿Estaba llorando al recordar el motivo por el cual fue creado ese anexo? ¿O estaba aterrada al saber que quizás debía bailar en el lugar donde comenzó todo?
Me encontré frente a la puerta que dirigía hacia el escenario y la abrí con mucho temor.
— ¿Papá…?—entré a paso lento y suave. Para mi sorpresa, todo el lugar se encontraba totalmente oscuro—¿Papá estas aquí?
—Tsumi, aquí estoy—escuché su voz que provenía desde la oscuridad. Intente caminar palpando las paredes del escenario buscando el interruptor de las luces, hasta que desde lejos pude ver como las luces del fondo se fueron encendiendo de forma ordenada y estruendosa.
—Papá ¡ahí estás!—suspire de alivio y acomode mi ropa— ¿Qué había sido ese ruido de antes?
— ¿Cuál ruido?
—Escuché unos ruidos que provenían de aquí hace un momento… quizás sólo fue mi imaginación, no prestes atención a lo que digo—sonreí al ver que mi padre estaba ahí esperándome con esa misma sonrisa extraña, aunque no podía visualizar su rostro por completo, ya que el se encontraba justo en el fondo del lugar pero una parte de esa sonrisa la pude ver. Por un momento me dio la impresión de como si estuviera tomando distancia a propósito.
—Y bien hija ¿No vas a bailar para tu padre?
—S-Sí, pero no hay nadie que toque la nagauta…—al instante su rostro se desfiguro totalmente, ante lo cual yo apresuradamente moví mis manos—P-pero puedo danzar así si gustas…
—Por supuesto.
Me puse en posición justo en el medio del amplio escenario y estire un poco mis brazos hacia los lados. Aunque no puedo entender, siento como si algo estuviera mal, probablemente se deba al hecho de la actitud que mi padre esta teniendo conmigo. Nunca pensé en primer lugar que él me pediría algo así después de tanto tiempo, tal vez, solo tal vez la danza le recuerda a mamá.
Ya no importaba la razón, me encontraba en el escenario y con mucha determinación tomé mi abanico y comencé a danzar. Lo sostuve con ambas manos y lo puse rectamente hacia adelante abriéndolo, después con la mano izquierda lo agité con gracia y caminé hacia ese lado y luego hice lo mismo con el lado derecho. Debo de admitir que se me hizo un poco difícil al principio imaginar lo que debía hacer, la música es muy esencial en este tipo de baile, sin embargo, intente recordar una de las tantas melodías que se utilizaban en mis antiguos ensayos.
Cerré mis ojos y me dejé llevar por la melodía que sonaba en mi mente, a la vez sentí tranquilidad al saber que nada extraño ocurría mientras unos minutos y moví mis brazos de un lado a otro como si representará olas del mar a través de mis preguntaba, ¿Mi madre quizás me estará viendo desde algún lugar en el cielo? Como hubiera deseado que me viera danzar una última vez en un ambiente fuera de peligro.
Pude sentir los pasos de mi padre acercándose a mí,así que abrí mis ojos para poder ver su reacción. Él tenía una sonrisa de oreja a oreja,lo que me provocó un escalofrío que recorrió mi espalda, no era una expresión usual en él. A medida que se iba acercando levantó ambas manos y movía sus dedos de una manera retorcida, ante lo cual me detuve por un momento.
— ¿Pa… pá?—vi que poco a poco sus pasos venían en aumento y esto me llevó a retroceder instintivamente.
—Realmente tu eres mi querida hija… ven y acércate más a tu viejo padre—mi susto fue tal que choque contra la pared que estaba detrás de mi y me golpeé la cabeza.
Él comenzó a caminar de una forma extraña y dislocada, como si sus huesos no estuvieran firmes en su cuerpo. Sentí una brisa que recorrió mis pies y las lámparas que alumbraban el lugar comenzaron a estallar. Sostuve mi cabeza con ambas manos con mucho miedo. ¿Qué estaba ocurriendo?, ¿Qué es todo esto?, ¿Es mi culpa otra ves? ¿Por qué?...¡¿Por qué?! Cuando logré calmarme por un momento, una sombra apareció frente a mí, y antes de que esté cubriera mis ojos pude ver a pocos pasos un rostro deformado en todos los sentidos, el cual fue exprimido por muchas sombras, hasta explotar. Mi padre fue asesinado por una sombra delante de mí.
Grité de horror y caí al suelo totalmente derrumbada, sentí como si algo se rompía en mi ser. Con mis ojos llenos de lágrimas, observé como poco a poco las sombras devoraban su cuerpo, una tras otra, de una forma similar a un grupo de leones devorando a su presa. Corrí movida por mi conciencia hacia aquella escena y cuando por fin logre apartar todas las sombras, sólo quedaba polvo. Me deje caer sobre este e intente recogerlo, pero era un polvo tan fino que sólo traspasaba mis dedos. En este momento… sólo quería morirme.
Golpeé el suelo hasta que mis manos sangraron, el ardor, la sangre, ya nada me importaba. No me queda nada. Todo lo destruí…preferiría ser una víctima a ser la autora de poder volver a mi vida ordinaria, contemplar como mi madre me peinaba, como mi padre me corregía al danzar ¿Por qué todo se tornó de esta manera? Aún podía sentir a las sombras rodeándome como si esperarán una respuesta. Odio… las odio, nunca podré acostumbrarme a esta oscuridad. Simplemente... ¡Quiero que me dejen! Grité todo mi desprecio en voz alta con mucha seguridad y resentimiento. Lo dije, aún sabiendo que ellas no iban a desaparecer, no perdía nada en intentarlo.
— ¡Déjenme en paz! ¡Váyanse de aquí! ¡Me lo han quitado todo!
Las sombras reaccionaron de una forma muy brusca, me rodearon como un remolino que quería consumirme. No sabía que estaban intentando hacer, por un momento creí que iban a asesinarme de la misma forma que los demás, me cubrí contra el suelo como reflejo y después estas se esparcieron por todo el templo uniéndose con cada parte de este. En consecuencia, el templo se torno de un color levanté rápidamente y corrí a la salida del templo, tropecé varias veces con la desesperación de querer huir al ver que mi hogar estaba siendo consumido. Cuando llegue a la puerta intente abrirla con todas mis fuerzas pero no pude lograr nada. Hasta lo que antes solía ser una puerta corrediza fácil de abrir, ahora era algo impenetrable, aún así no me rendí por varios minutos hasta que la sombra que se había unido con la puerta se estiró, tomando una difusa forma de una mano que sujetó mi brazo y me apartó completamente de la salida.
No puedo asumir que esto está pasando… son muchas cosas que asimilar. ¿Acaso quieren mantenerme presa en este lugar? Comencé a reír ante mi desdichada realidad mientras caían lágrimas de mi rostro. ¿Es este mi fin? ¿Es el fin de la bailarina maldita?
Bueno hola a todos de nuevo! Acá subo el primer capítulo, gracias a aquellas personas que me han dado ánimos y comenzaron a seguir la historia. También gracias a mi Sempai Alva por ayudarme para irme por el buen camino de la escritura :3 realmente lo aprecio mucho. Cualquier duda, sugerencia o incluso ideas de lo que quieran ver/saber no duden en decírmelo, todo será bien recibido y contestado!
Besos y hasta la próxima.
