Candy lloraba arrodillada en el suelo junto a la tumba de Richard. Sus lágrimas resbalaban espesas sobre sus mejillas, confundiéndose con las gotas de lluvia.

Los demás asistentes habían regresado al castillo para la lectura del testamento pero ella no hallaba las fuerzas para levantarse.

Sabía que Richard estaba en un mejor lugar pero ahora ella estaba completamente sola en el mundo.

Un hombre con un paraguas apareció junto a ella, bloqueando la lluvia que caía sobre ella. El rostro pálido se levantó hacia el recién llegado y sus cejas rubias se alzaron en sorpresa.

Él le sonrió mientras le ofrecía la mano para que se levantara.

"¡Viniste!" – dijo recostando su mejilla en el pecho del joven.

"No podía dejarte sola" – dijo besando su cabeza – "¡Estás empapada!"

"Lo sé…es que…no podía irme."

"Lo sé, nena" – dijo dándole un abrazo cálido – "Lo siento tanto."

"No puedo creer que se haya ido. Nada será igual sin Richard."

"Y eso me preocupa."

"¿Por qué?" – preguntó ella enjugándose las lágrimas.

"Temo que Cecile se aprovechará de esto para echarte del castillo."

"Me temo que eso hará pero no me preocupa. Puedo ir a Londres y buscar trabajo."

"Candy" – dijo tomando su barbilla entre los dedos – "Quiero que recuerdes que no estás sola. Yo estoy aquí."

"Lo sé" – dijo sonriendo con debilidad – "Quisiera quedarme platicando contigo pero debo regresar para la lectura del testamento."

"¿Quieres que te acompañe?"

"Me encantaría pero sólo quieren que la familia esté presente…es pura suerte que permitan que yo esté con ellos."

"Recuerda que Richard te hizo parte de su familia hace mucho, Candy. No permitas que ellos te convenzan de lo contrario."

"Lo recordaré" – dijo ella besando su mejilla – "Gracias por venir."

"Sabes donde encontrarme" – contestó él mientras ella avanzaba hacia el castillo Grandchester.

Candy se detuvo ante la puerta del despacho y tomando una bocanada de aire, abrió la puerta con sigilo. De inmediato sintió unos ojos marrones sobre ella. Cecile Wesley, baja y regordeta, la miraba con desdén.

"Ya era hora que aparecieras" – dijo la mujer con voz agria.

"Buenas tardes Cecile" – repuso, haciendo una leve reverencia.

"Deberías decir madre" – opinó una voz masculina en tono de burla.

"Buenas tardes Lionel" – respondió Candy mirando al hombre que aparecía frente a ella.

Lionel Grandchester, alto como su hermano, de cabello negro y ojos grises se acercó y le dio un beso en la mejilla.

Por reflejo, Candy se alejó de él. Lionel rió por lo bajo y palmeó su hombro.

"No deberías ser tan arisca con tu tío, Candy."

"No eres mi tío" – masculló molesta tomando asiento frente al abogado que había contemplado la escena sin decir palabra.

"Y ella no es una Grandchester" – comentó Cecile – "no entiendo porqué la ha llamado, señor Edwards."

"Porque ese fue el deseo de Richard" – repuso Thomas Edwards, abogado y administrador de los bienes Grandchester - "y ya que todos estamos aquí, prosigamos con la lectura del mismo."

Edwards empezó a leer el testamento con cuidado y a medida que lo hacía, la habitación se llenaba de tensión.

El rostro de Candy pasaba de Lionel hacia Cecile y vice-versa; los rostros de ambos se descomponían de la rabia e incredulidad que sentían.

Richard había nombrado a Terrence como el heredero universal de los Grandchester.

"¡No puede ser!" – estalló Cecile – "Edwards, ¡debe ser un error!"

"Lo lamento señora pero no lo es. Terrence es el único hijo de Richard y usted al no tener herederos…"

"¡Pero es hijo natural!"

"No es la primera vez que un bastardo hereda, Cecile" – comentó Lionel calmadamente mientras encendía un cigarrillo.

"¡¿Cómo puedes estar tan calmado?! ¿Es que acaso no esperabas ser tú el nuevo duque?"

"Me habría gustado" – confesó exhalando humo – "pero no es así como se dieron las cosas."

"¡Me niego a aceptar ese testamento!" – protestó Cecile.

"No hay nada que pueda hacer, señora. Terrence es el nuevo duque."

"¿Y si Terrence se rehúsa a ser el heredero?"

Candy observó a Lionel con atención y notó que tenía un extraño brillo en los ojos.

"No creo que se dé esa situación."

"¿Y si se diera?" – insistió.

"En tal caso, usted sería el siguiente en línea de sucesión" – contestó Edwards.

La sonrisa que se dibujó en el rostro del hermano menor del duque no pasó desapercibida para Candy.

"Eso te haría muy feliz, ¿verdad?" – dijo la viuda de Grandchester con el ceño fruncido.

"¿Acaso no te haría feliz también, Cecile?"

El abogado carraspeó para llamar nuevamente su atención. Cecile y Lionel guardaron silencio mientras Edwards continuaba la lectura del documento.

El ceño de la mujer volvió a fruncirse al escuchar que Candy recibiría una generosa pensión anual por el resto de su vida – sin contar con la dote y las joyas que Richard había reservado como regalo para el día en que su protegida se casara.

"Arpía" – masculló Cecile – "sé que te acostabas con él."

"¡Eso jamás!" – estalló ella – "Richard era un padre para mi."

"Siempre desconfié de ti"- insistió Cecile – "debí echarte cuando tuve la oportunidad."

"Pero Cecile" – interrumpió Lionel con sarcasmo – "alguien tenía que cuidar a Richard ya que te hallabas demasiado ocupada con tus fiestas y obras de caridad."

"¡Cállate!"

"Te felicito, Candy. Jugaste bien tus cartas" – dijo Lionel antes de servirse una copa de whisky.

La rubia sintió la sangre hervir en sus venas. Estaba a punto de ponerse en pie para decirle un par de verdades cuando el abogado le pidió permanecer quieta.

Haciendo un gesto conciliatorio, Edwards concluyó la lectura. Tanto Lionel como Cecile se miraron con estupor.

"¿Esto es todo?" – preguntaron al unísono.

"Es todo."

"¿Qué hay de mi pensión?" – preguntó Lionel.

"No hay nada estipulado, Sir Lionel."

"Pero…Richard siempre me ha ayudado."

"Ahora será decisión del nuevo duque."

Candy observó con Lionel tragaba en seco.

"¿Qué hay de mi?" – preguntó Cecile dejando su orgullo de lado.

"No hay nada para usted, madame."

"¡Pero soy su mujer!"

"Creo que todo Londres sabe que ustedes no han vivido junto en más de veinte años, Cecile" – dijo Lionel.

"¡Protestaré en la corte!"

"Puede hacerlo pero no creo que nadie la respalde" – añadió el abogado – "le doy una idea, habla con el nuevo duque."

"¡Pero ese bastardo ni siquiera ha dado señales de vida!"

"La muerte del duque ha sido publicada en el periódico, señora, estoy seguro que Terrence regresará muy pronto."

Edwards cerró su portafolio ante la mirada atónita de Cecile y Lionel. Candy se puso de pie para salir del despacho pero la mujer la tomó con fuerza del brazo.

"Nunca permitiré que uses las joyas Grandchester, huérfana."

"Creo que esa decisión no está en sus manos" – repuso Candy soltándose.

"Cecile no seas egoísta. Sólo imagina cuán hermosa se verá Candy con la tiara de esmeraldas" – comentó Lionel recorriendo la figura de Candy con lascivia - "Dígame algo, Edwards. Mi sobrina aún es menor de edad, ¿Quién será responsable por su bienestar? ¿Cecile o yo? Porque si Cecile no la quiere, yo puedo cuidarla."

Candy sintió un estremecimiento recorrerla.

"Sir Richard nombró a Terrence como su tutor" – contestó Edwards.

Lionel soltó una carcajada mientras Cecile salía enfurecida del salón.

"¡Vaya suerte la de mi sobrino! No sólo se lleva el ducado pero también al ángel. Es bueno saber que no estará sólo por las noches" – dijo antes de salir tras Cecile.

Las cejas rubias de Candy se fruncieron y el abogado tuvo que tomarla del brazo para detenerla.

"Ignóralo Candy."

"¿Ignorarlo? Es un patán."

"Eso ya lo sabemos y Richard también lo sabía pero era su hermano.""

"No puedo creer que Terrence sea mi tutor."

"Hasta que cumplas veintiún años o te cases. ¿Cuál será primero?"

La pregunta tomó por sorpresa a Candy que se ruborizó.

"Richard me comentó que tenías un pretendiente, chiquilla y se alegraba por ello. Tenía la más alta opinión sobre él."

Al notar lo avergonzada que la jovencita estaba, Edwards puso un sobre entre sus manos.

"¿Qué es esto, Edwards?"

"Sir Richard me pidió entregártela."

"Gracias."

"Estoy a sus órdenes si llega a necesitarme, señorita" – dijo inclinando respetuosamente la cabeza.

"Gracias" – le sonrió – "Buen viaje."

Una vez a sola, Candy abrió el sobre que el abogado le había entregado.

Querida Candy:
No quiero que llores por mí. He vivido los años que Dios tenía preparado para mi y ahora llegó mi hora de descanso. Y estoy feliz porque sé que tú cuidarás mi legado.
Sólo puedo imaginarme la cara de Cecile y Lionel. Sé que son ambiciosos pero no puedo permitir que ellos destruyan el buen nombre de mi familia. Terrence es la decisión correcta y sé que él no me defraudará.
Te pido que lo ayudes en todo lo que puedas. Sí, es un poco testarudo pero con un poco de amor, puedes convencerlo de hacer lo correcto. Ayúdalo a amar a los Grandchester, ayúdalo a olvidar el pasado y ver hacia el futuro.
Gracias por tu amor y tus cuidados, hija mía.
Richard.

Candy dejó escapar un suspiro y se prometió cumplir la última voluntad de su protector.

El auto que conducía a Cecile y a Lionel hacia Londres se desplazaba con rapidez sobre la carretera.

Ambos iban silenciosos, sumidos en sus pensamientos, preguntándose cómo cambiarían sus vidas ahora que Terrence era el nuevo duque. Lionel procedió a encender un cigarrillo.

"¡Apaga eso!" – protestó Cecile.

"¿Desde cuando te molesta?"

"Desde este mismo instante."

"Lo que pasa es que estás histérica por el testamento."

"¿No lo estás tú? Richard prácticamente nos ha dejado en la calle."

"Tú heredaste de tus padres, Cecile."

"¡Pero yo fui su mujer por más de veinte años!"

"Realmente no lo fuiste, querida, tú y yo sabemos eso."

"Merezco compensación por su infidelidad."

Lionel la miró de soslayo.

"Creo que Richard es quien debió usar esa frase contra ti, querida."

"¡¿Cómo te atreves?!"

"Todo Londres lo sabe, Cecile. Así que tienes la de perder si pretendes apelar."

"¿No lo harás tú?"

"No habrá necesidad" – dijo exhalando con languidez – "Terrence no regresará y entonces yo seré el nuevo duque."

"¿Estás seguro de eso?"

"Por supuesto. Richard le pidió regresar más de una vez y Terrence siempre se rehusó. ¿Qué te hace creer que esta vez sí vendrá?"

"¿Los millones que ha heredado?"

"Lo dudo. Terrence es diferente a nosotros, a él no le importa el dinero ni la sociedad. Lo único que le interesa es vivir la vida como un bohemio."

"¿Cómo sabes eso?"

"Los detectives." – dijo arrojando su cigarrillo por la ventanilla del auto – "Estoy seguro que Terrence no volverá y en seis meses podré apelar."

"¿Podrás? ¿Desde cuando te interesa el ducado?"

"Un hombre tiene necesidades, Cecile."

"Sobre todo cuando apuesta más de lo que tiene."

Lionel le dio una mirada fría a su cuñada.

"Será mejor que midas tus palabras, Cecile" – la amenazó.

"No pensaras gastar toda la fortuna, ¿verdad?"

"Lo que yo haga con mi dinero no es asunto tuyo."

"Aún no es tuyo."

"Pero pronto lo será" – dijo sonriendo.

La noche caía sobre Londres y sólo los faroles le permitían al chofer conducir sobre el camino improvisado de polvo.

Deteniendo su marcha, el vehiculo se detuvo junto a un edificio vetusto para sorpresa del abogado Edwards.

"¿Está seguro que es aquí?" – le preguntó al chofer golpeando la ventanilla que lo separaba de la parte delantera del auto.

"Esta es la dirección que me dieron los detectives."

"No lo puedo creer" – murmuró abriendo la puerta del coche.

El señor Edwards entró al edificio sin decir otra palabra, subió las escaleras hasta llegar al tercer y último piso y tocó a la puerta. Su llamado fue ignorado – a pesar que bajo la puerta se filtraba la luz de una lámpara. Negándose a darse por vencido, arremetió contra la puerta con mayor insistencia.

Cinco minutos más tarde un rostro disgustado se asomó en el portal.

"¿Quién es usted y qué rayos quiere?"

"Necesito hablar con usted, señor Grandchester" – repuso Edwards.

"Creo que me ha confundido con otro. Mi apellido es Black" – intentó cerrar la puerta pero Edwards lo impidió usando su pie.

"Le sugiero que retire su pie" – dijo Terrence amenazante.

"Es de suma importancia que converse con usted, su señoría."

"Le repito que se ha equivocado de persona."

"Han pasado algunos años desde la última vez que nos vimos pero no tantos como para que no lo reconozca, joven Grandchester. Le ruego me deje pasar. Tengo algo muy delicado que conversar con usted."

"Ya le dije a sus monigotes que no pienso regresar, así que, ¿por qué no nos hace un favor a los dos y se larga?"

"Su padre ha fallecido, joven Grandchester."

No era así que Edwards quería decírselo a Terrence pero no le quedó otra opción. El rostro del heredero palideció instantáneamente y un brillo de tristeza se hizo visible en sus ojos azules.

El abogado aprovechó la baja en las defensas de Terrence para empujar la puerta y entrar al apartamento

"¿Qué quiere de mi, Edwards?" – preguntó Terrence cerrando la puerta tras de si.

El joven lo invitó a sentarse con un gesto mientras se servía un trago de whisky.

"Así que me recuerda."

"Por supuesto. Usted era el único que me visitaba en el internado" – contestó Terrence encendiendo un cigarrillo – "¿cuándo sucedió?"

"Hace tres días, ¿no lo sabía?"

"No acostumbro a leer los obituarios."

"Su entierro tuvo lugar esta tarde así como la lectura del testamento y es mi deber informarle que su padre lo ha nombrado heredero universal de sus bienes."

Una carcajada se escapó de los labios del joven.

"¿Heredero? ¿Yo?"

"Así es."

"¡¿A mi?!" – dijo entre risas, dientes blancos y perfectos evidenciándose – "¿Por qué hizo esa locura?"

"Porque usted era su hijo amado."

"Si claro" – repuso con dedén – "Si fuera su hijo amado no me habría echado de su lado."

"Usted no tiene idea de cuánto se lamentaba Sir Richard por ese desacuerdo."

"Es un poco tarde para eso, ¿no cree?"

"Él quiso disculparse con usted, muchas veces, pero usted siempre se negó a volver."

"¿Y Richard creyó que lo haría al nombrarme heredero?"

El rostro del abogado se cubrió de sorpresa.

"¿No lo hará?"

"¿Por qué habría de hacerlo?" – preguntó Terrence exhalando con lentitud el humo de su cigarrillo.

"Porque usted es el nuevo Duque de Grandchester."

"¿Qué dijeron ellos?"

A Edwards sólo le tomó una fracción de segundo entender a quienes se refería.

"No tienen nada que decir. La decisión de Sir Richard debe respetarse."

"¿Y la mía?" – él miró al abogado con dureza – "Mi padre sabía perfectamente que los Grandchester habían muerto para mi."

"Mí lord…"

"¡No me llame así! ¡No soy el nuevo duque y nunca lo seré! así que regrese y dígale a quien tenga que decirle que no acepto la herencia."

El hombre lo miró como si hubiera perdido la razón.

"¡No quiero nada que venga de los Grandchester! ¡Nada!"

"La familia no puede existir sin un jefe. La compañía no puede existir sin un jefe…y su padre confió en que usted haría un buen trabajo como ambos."

"¡Que equivocado estaba!"

La amargura de su voz hizo que Edwards lo mirara con atención.

"Equivocado o no fue a usted a quien nombró heredero, Terrence, Duque de Grandchester."

El abogado apenas pudo esquivar el vaso que Terrence lanzaba en su dirección.

"¡Lárguese! ¡Lárguese ya!" – exclamó Terrence poniéndose de pie.

"¡Pero señor Grandchester!"

"¡Black! ¡Mi nombre es Terrence Black! ¡¿entendió?!"

"¿Por qué no lo piensa un poco?"

"¡No tengo nada que pensar! ¡No quiero esa herencia!"

"Señor…"

"No me obligue a echarlo" – amenazó Terrence.

Con resistencia, Edwards se puso de pie y se dirigió a la puerta.

"Está cometiendo un error, mí lord."

"No es verdad."

"Confío que en unos días cambiará de parecer. Le diré a la familia que usted se tomará unos días antes de regresar."

"No lo haré."

"Le he dejado copia del testamento y una carta de su padre sobre el sillón. Si al cabo de unos días aun quiere renunciar a su herencia, le sugiero que pase por mi oficina para preparar los documentos."

"Le sugiero que los empiece a preparar desde esta noche, Edwards."

"Que tenga buena noche, mí lord."

Desde su ventana Terrence vio el auto alejarse por la calle, sus manos se aferraban con tal fuerza al marco de la ventana que sus nudillos se habían vuelto blancos.

Sus pensamientos eran atropellados y su confusión crecía a cada instante. ¿Su padre lo había nombrado heredero universal? ¿A él? ¿Al bastardo? Incrédulo aún, tomó una botella de whisky de la mesa y se dejó caer en el viejo sillón para ahogar su ira en el líquido color ámbar.

"A tu salud, padre" – dijo antes de llevarse el pico de la botella a los labios.

El hombre apretó los ojos al sentir la quemazón que el alcohol producía en su garganta.

Beber era un mal necesario para una persona tan solitaria como él. Un suspiro de alivio se escapó de sus labios mientras el trago empezaba a aturdir sus emociones. Su padre estaba muerto y prefería no pensar en ello.

Prefería pretender que estaba de viaje, usar la vieja excusa de siempre para justificar el abandono de su padre. ¿Por qué su padre no lo había querido? ¿Por qué? ¿Qué era lo que pretendía al heredarlo? ¿Comprar su perdón?

La botella se escapó de su regazo y cayó al suelo rompiéndose. Nuevamente sus ojos se posaron sobre la carta dirigida a él y decidió abrirla.

Querido Terrence:

¿Te dije alguna vez cuanto te quería? ¿Te dije cuánto lamento la estúpida discusión que tuvimos? Sé que no lo hice y es por eso que he decidido escribirte mientras aun tengo fuerzas.

Puedo sentir que mi corazón se debilita con cada palpitar, con cada día que pasa y lo que más temo es que no te pueda encontrar antes de partir.

¿Podrás perdonarme algún día? Quiero que sepas que siempre te he amado, Terrence. Si pudiera volver el tiempo atrás lo haría y secaría cada una de tus lágrimas.

Perdóname por los errores de ayer, perdóname por no ser el padre que merecías.

Perdóname por haberte alejado de todo lo que conocías y condenarte a la soledad de un internado.

Quiero que sepas que de todas las cosas que puedo dejar como legado, tú eres lo más valioso.

Eres mi único hijo y como tal, te invito a ocupar tu lugar en la familia Grandchester. Tu sangre es tan azul como la mía…y no debes dudar en ser el próximo Duque de Grandchester.

Tu padre,
Richard

Terrence hizo la carta un ovillo y la arrojó al suelo. ¡Que equivocado estaba su padre al pensar que iba a heredar! Él no iba a ser el próximo duque, de eso estaba seguro.

Hola queridos lectores

bueno primero que nada muchas gracias por leer este fic, bueno como antes ya habia mencionado la historia no me pertenece, me fue enviada por un anonimo al cual le agradezco la oportunidad de dejarme poder darle fin a esta historia que me ha parecido muy buena, excelente a decir verdad,

la historia original de esta gran autora es "robo de un corazon" he decidido subir su historia original ya que muchos me la solicitaron, al percatarse de que era esta historia, yo le dare continuacion y dandole un toque de mi imaginacion jejeje que como tambien comente en mi historia que se titula "me robaste el corazon sin pensarlo" no era mia pero que le dare final pues me lo recomendo una persona, por eso decidi empezar a subir esta gran historia.

pero como comente muchos querian volver a leer la obra original jijij por eso tome la decision de subirla espero les guste ;D

Becky70 hola muchas gracias por tu review, asi es el la historia de robo de un corazon de la autora Ms. Grandchester, espero te guste el final que le dare en la version "me robaste el corazon sin pensarlo" donde tambien en un principio aclare que no era mi historia, aunque debo aclararlo nuevamente porque por un error de internet los capitulos fueron borrados y tuve que subirlos nuevamente jijij pero no es mi intencion quedarme con los creditos de la autora jejejeje ;D gracias saludos

LizCarter mcuhas gracias por tu review, espero que te siga gustando, esta es la version original donde subire la historia de esta autora hasta donde la dejo, yo le dare continuidad en la version de "me robaste el corazon sin pensarlo" que es la historia que empece a escribir, sin modificarle realmente todo, en realidad en escencia he dejado tal y como ella lo escribio solo agrego partes de mi imaginacion jejeje ;D espero te guste

saludos