(...) no supiste tener paciencia para ganarte mi cariño. Sin tratar de forzarme... (...)

-Mi Amada Obsesión, A Frozen Fan.


Cuatro de las ocho semanas disponibles para ver a mi niño han pasado. Durante todo este tiempo, Connor y yo nos hemos frecuentado diariamente a la salida del colegio, incluso ha mentido a su madre y sus tíos, alegando sobre una tarde de juegos con sus amigos, un trabajo escolar o una salida al parque a pasear a su perro. Naturalmente, en todos esos momentos ha estado conmigo, juntos vamos a las plazas más alejadas de los sitios concurridos por su familia, caminamos por las tiendas, paseamos a su pequeño y anciano perrito Olaf- El nombre me es familiar aunque no logro recordar de donde- tomamos un helado, comemos hamburguesas o simplemente nos sentamos en la habitación de mi hotel a leer uno de sus comics favoritos. En los quince minutos disponibles luego de cada jornada escolar, preferimos conversar de nuestros gustos, o de lo que realizaremos en el próximo encuentro extenso. Debemos cuidar no llamar mucho la atención de nadie.

Me bebo un sorbo de café caliente mientras tecleo la contraseña de mi cuenta de Skype. Mi foto de perfil, un gatito naranja de procedencia desconocida, aparece de inmediato, seguida del nombre que Connor ha elegido para mí: Han Wesmergarden. Cuando le dije que lo más seguro era no dar mi nombre por si su madre se extrañaba de tal contacto electrónico, él mismo me proporcionó la identidad de uno de sus pequeños compañeros, el cual carece de una cuenta en Skype. Tiene en total seis colegas sin dicho software, peo a él le pareció divertida su elección debido a que mi nombre y el de su amigo son similares. Hablamos siempre que podemos e incluso le he ayudado a hacer los deberes algunas veces. Es increíble que el mes se haya ido tan rápido… solo espero que las cuatros semanas restantes sean igual de maravillosas.

Mi mano busca la tasa de café y tropieza con una pila de papeles. Sonrío al ver que, en realidad, se trata de uno de los tantos comics que me ha prestado Connor. Están desperdigados por todo el lugar, lo cual me llena de emoción, es como si estuviera conmigo aunque se halle ausente. Mi hijo no está conectado en la red, pero aún así le dejo un mensaje.

-Te veo en una hora, campeón.

Hoy lo llevaré al cine a ver la nueva película de Marvel, no le tengo mucha fe pero habrá que darle una oportunidad. Además, cierto niño pelirrojo muere por verla. Ant Man no está entre sus héroes favoritos pero, si se trata de una película Marvel, no va a perdérsela. Se supone que Anna va a dejarlo en la tienda municipal para una convención infantil de comics, en cuanto ella se mache, yo saldré de una cafetería vecina y buscaré a Connor para que vayamos al cine. Debo salir ya para estar a tiempo. Pero al parecer el mundo no opina lo mismo, puesto que el teléfono comienza a sonar con insistencia y me veo obligado a atenderlo. Portando un ceño terriblemente fruncido, y arrojado mí abrigo a la cama de la habitación, levanto el objeto y presiono el botón verde, ese que indica la aceptación de cualquier conversación.

-Hans Westergard al teléfono- pronuncio con rapidez mientras observo el reloj con recelo. El tiempo vuela.

-Corrección: imbécil al teléfono- resoplo hastiado al reconocer la voz de mi inoportuno mejor amigo.

-¿Qué diablos quieres, Stephen?- indago molesto- debo recoger a Connor en menos de una hora.

-Oye, serénate. Solo quería saber cómo estabas.- me asegura- No has llamado desde tu partida y Gyda me rogó que interrumpiera tus vacaciones en Miami, temía que te hubiese sucedido algo. – Ríe levemente- He insistido en que las playas de Miami son muy hermosas y que de seguro estarías tomando un buen bronceado, pero ya sabes cómo es ella.

-Sí, lo sé….- suspiro- lamento no haber llamado… Connor ha ocupado mi mente al completo aún cuando lo veo solo quince minutos al día. Te lo aseguro, me he estado pasando días enteros hablando con él. - escucho como bebe algo por lo que continuo hablando- ¿Gyda no sospecha nada?

-Nada de nada- me afirma- aunque tuve que decirle que se te ha roto la cámara del móvil y que por eso no envías fotografías.

-Gracias…- musito mientras enciendo inconscientemente la pantalla de mi teléfono. En él aparece una foto de Connor con su uniforme escolar, sonriente y sonrojado por el sol que le da de lleno en la piel pálida. En sus manos lleva un muñeco de edición limitada de Thor que me ha costado conseguir y que ha valido lo suyo, pero la felicidad de mi niño no tiene precio. Le ha dicho a su madre que lo ha ganado en un sorteo en una de las convenciones para niños a las que tanto asiste.

-¿Y cómo va todo? ¿Cómo es?- inquiere mientras mastica algo. Seguramente allí apenas es la hora del almuerzo, mientras en Chicago ya es de tarde.

-Es maravilloso…- suspiro- quisiera que lo conocieras como yo lo estoy haciendo. Te sorprenderías. Es terriblemente listo para su edad, cuando se emociona habla atropelladamente, pero en los momentos de seriedad su voz tiene el porte de un diplomático. Es como si creciera de golpe.

-Puede ver eso cuando fui a investigarlos- me informa- aunque era dificultoso escuchar sus pláticas porque no podía acercarme demasiado. Siempre debí seguirlo discretamente.

-Lo supuse.

-¿Has tenido problemas con Elsa?- inquiere adoptando un tono de voz severo.

-No, gracias al cielo, ella no sospecha nada y he cuidado que nadie me viese cerca de Connor en el colegio. De igual forma procuro llevarlo de paseo a lugares apartados… por si alguien lo reconoce.

-Bien… - se lleva otro bocado de lo que sea que esté comiendo a la boca- Voy a colgar, seguro ya tienes que irte.

-Sí, gracias por llamar.

-Hasta luego, hermano.

-¡Salúdame a Gyda!- exclamo antes de que se corte la comunicación. Vuelvo a posar el teléfono en su lugar correspondiente y tomo mi abrigo. Me enfundo la prenda y apago las luces. Con velocidad, tomo mis llaves – la tarjeta electrónica- y desciendo hasta la planta baja del hotel, saludo rápidamente a las mujeres del vestíbulo y a Alex, el maletero. Salgo a la calle y abordo un taxi. El camino a la tienda de comics no está lejos ni de mi hostería, ni de la casa de Elsa, es por ello que lo dejan quedarse solo, la gente le conoce. Otro detalle que complica nuestra huida. No tengo de que preocuparme, Connor es inteligente, sabe ingeniárselas en cuanto a travesuras concierne y, para él, esto, nuestra relación, no es más que eso: una travesura.

Llego hasta el lugar acordado y entro en la cafetería, pido el segundo café que voy a beber en el día y me regalan una medialuna a cuenta de la casa, aunque no entiendo bien por qué. Desde este lugar tengo una perspectiva excelente del salón de convenciones. Jugueteo impaciente con la servilleta de papel pero pronto me parece insuficiente por lo que la voy cortando en pedacitos hasta que no es más que un montón de basurilla blanca y acolchonada. Apoyo, aburrido, mi codo sobre la mesa y descanso mi rostro sobre la palma de mi mano. ¿Cuánto más debo esperar para ver a Connor? Tamborileo los dedos sobre la taza con hastío y busco alguna distracción. Así termino analizando cada cuadro de la estancia y descubriendo que, evidentemente, el dueño del lugar es un hombre de serios problemas humorísticos. Es un maldito desabrido. El auto de Anna aparece en mi campo de visión y me enderezo con rapidez involuntariamente. Supongo que estoy algo ansioso… El Cabriolet se estaciona frente a la tienda y, de la puerta trasera izquierda, desciende mi hijo. Qué extraño… siempre viaja en el asiento del conductor, probablemente Kristoff ha acompañado a Anna. La pelirroja baja del automóvil, mientras que la puerta contraria del vehículo me deja vislumbrar como un cuerpo de buenas contexturas le sigue el paso. Con solo ver su cabello platinado sé de sobra quien es. Elsa extiende su mano a mi hijo y luego lo acompaña hasta la entrada, acomoda su abrigo, le otorga su mochila, besa sus mejillas y le da un teléfono de poca tecnología para que se comunique en casos de emergencia, tal como de costumbre. Connor sigue el plan y entra a la tienda, no sin antes abrazar a su madre.

Es hermosa. El moño holandés de su cabello le dibuja unos rasgos maduros y perfectos y el tapado azul ceñido a su cintura le sienta de maravilla en conjunto al pantalón blanco y las botas negras. Las ganas de arrodillarme ante ella e implorarle perdón no me faltan… Elsa, Elsa, Elsa, no hay arrepentimiento más grande que el mío ¿Cómo he sido capaz de dañar a alguien como tú? Rememoro mis antiguos pensamientos sobre ella, todos ellos lascivos e idealizadores. Con el tratamiento he logrado apreciar su belleza desde el punto de la admiración, aunque no he podido dejar de idealizarla. Simplemente me parece única, admiro su fortaleza y dedicación en todo lo que hace y ni hablar de la valentía y bondad que guarda al criar un hijo fruto de una violación. Múltiples violaciones.

-Disculpe.- esa voz…- ¿Podría preparar dos vasos de chocolate caliente para llevar?- ¡Mierda! ¡Me he olvidado de Anna! Con toda la discreción posible, me escurro hasta el baño de caballeros, solo espero que termine de comprar pronto las bebidas… Estaba tan concentrado en Elsa que no me percaté de cuando se marchó de su lado. La joven sonriente y enérgica paga su pedido y recibe las infusiones junto con su cambio- Señor… me ha dado mal el cambio… le entregué un billete de cincuenta dólares, los chocolates valen diez cada uno. Debía darme treinta, no veinte. – el hombre la mira despectivamente y luego analiza la lista de precio.

-El precio ha cambiado.

-Pues yo no veo que lo modificasen de los anaqueles. – replica la pelirroja.

-Pues yo lo modifico ahora- contraataca el dueño.

-¡Eso no es justo!- chilla la mujer- ¡Usted es un embustero!

-Vamos, muñeca, mueve ese lindo trasero fuera de la tienda. Tengo trabajo que hacer.

-¡Como se atreve!- Anna comienza a tomar temperatura, sus pómulos se pintan de rojo- ¡Usted es un ladrón! ¡Sí, señor! ¡Un ladrón y un pervertido!

-Cariño, no me importa lo que pienses. Solo vete y vuelve pronto, tienes una bonita vista que ofrecer.

-¡Cerdo! – Anna comienza a realizar un escándalo, deja el chocolate sobre la mesa de unos clientes y grita a todas las personas la clase de tipo que es ese bastardo. No lo negaré, tiene agallas.

-¡Anna! ¡Te escucho vociferar desde afuera! – Elsa. Trago en seco al verla entrar… estamos tan cerca… sus ojos azules destilan genuina preocupación por su hermana y su cuerpo toma una postura digna de reinas al ver la mirada despectiva que le lanza el dueño de la tienda. Perfecta. Sumamente perfecta. El ceño levemente fruncido le sienta adorable y atemorizante a la vez mientras que sus mejillas sonrosadas y las pecas sobre el puente de su nariz forman un conjunto enternecedor. Pero, en cuanto vuelvo a reparar en sus orbes, toda mi emoción al verla desaparece…

-¿Eres aficionado a la literatura griega?-indagas con inocencia al ver el libro que llevo entre mis manos. Tu trenza francesa, posicionada sobre tu hombro izquierdo, se agita en cuanto te mueves para quitarme el escrito durante unos momentos. Contemplo tus ojos, resplandecientes cual estrellas del firmamento y no puedo evitar suspirar disimuladamente cuando me percato de ese brillo de paz que siempre los inunda. Nada te atormenta gracias a tu sencillez, Elsa, tu fortaleza nunca ha sido quebrajada por ningún acontecimiento, ni siquiera por la muerte de tus padres.

-¿Cómo podría no ser aficionado si los griegos han creado con las palabras el arte de la escritura?- inquiero por respuesta- Bueno, esa es mi opinión. –agrego al final mientras continúo viendo como analizas el libro. –Permíteme- digo arrebatándotelo de las manos al mismo tiempo que empiezo a hojearlo para buscar un pasaje que resulte convincente- Aquí está- pronuncio tras un minuto y te devuelvo el objeto, señalando en el proceso el sitio que deseo que analices- Léelo.

- Mientras estaba recogiendo flores con sus compañeras en un prado, la tierra se abrió y Hades, dios de los muertos, apareció y se la llevó para que fuese su reina en el inframundo. Antorcha en mano, su afligida madre la buscó por todo el mundo...- pronuncia cada silaba con delicadeza y pausa. Oírte leer es precioso. Te detienes y analizas el pequeño párrafo- Es muy hermoso… -me aseguras- y también un poco oscuro…

-Eso es lo que me fascina de los griegos- te digo mientras mis pupilas se centran directamente sobre las tuyas- su capacidad para crear algo hermoso que nos produzca escozor…-asientes sin retirar tus orbes de los míos.

-Ceo entenderte…- ríes un poco y me encuentro deseando perpetuar ese sonido- Así me siento yo con Poe…-relees unas de las líneas centrales del texto-…aunque por nada en el mundo me gustaría ser secuestrada y arrastrada a los infiernos, así que la belleza oscura puede mantenerse alejada de mi…

Ya no queda nada de ese antiguo brillo ocular de paz… Nada. Sé perfectamente bien que, así como ella me atormenta con su dolor, yo la atormento con el daño causado. Lo que le he hecho jamás se borrará de su memoria y lo único que me queda es rogar al cielo porque sea lo más dichosa posible…

-¡Este hombre es un ladrón, Elsa! ¡Y además un maldito depravado!-Los berrinches molestos de la pelirroja se agolpan en mi cabeza y me apartan de los recuerdos. Hades y Perséfone… Me pregunto si cuando le di ese texto mi plan de secuestro ya se había puesto en marcha… no logro rememorarlo. Vuelco toda mi atención en esa disputa que se ha prolongado más de lo debido. Elsa frunce el ceño y gira su vista hacia el individuo.

-No me veas así cariño, es mi tienda, hago lo que se me antoja, con tu amiga o contigo, me da igual.- replica el hombre ante la mirada asesina de la bella platinada.

-Guarde respeto, señor, está usted hablando de mi hermana. – peticiona Elsa guardando los modales.

-Bien, si no le gusta podemos hablar de usted y de su equipo. –Comenta el bastardo mirándola lascivamente. La sangre me hierve de celos- Buena retaguardia, señorita y, definitivamente, excelente delantera.

-¡Pero quien se ha creído!- grita Elsa perdiendo su compostura- ¿Qué clase de rata despreciable es? Usted está hablando con una madre. –replica.

-No me importa si es madre o la Reina de Inglaterra. Lo único que me importa es mi dinero pero, si quieren esos diez dólares por los cuales se están quejando, allí atrás hay un deposito, si son buenas en ciertas actividades se los devolveré- DESGRACIADO. Un enojo potencialmente grande me recorre y de pronto me encuentro entre la espada y la pared: si defiendo a las hermanas perderé todo, principalmente a Connor… no puedo exponerme. Pero a ese imbécil se le ha ido la mano. Los clientes se levantan indignados ante tamaña ofensa y se retiran sin pagar, algunos no le dan importancia y siguen en lo suyo.

Mi debate interior se detiene al ver el rostro de Elsa, contorsionado en una mueca asustada, llena de dolor. Su palidez habitual se vuelve cadavérica y sus orbes azules se nublan por el sufrimiento. Sé en lo que está pensando. Anna deja de poner atención al hombre y contempla a su hermana. La toma por los hombros, la sacude ligeramente y le palmea el rostro.

-Elsa…- le susurra- Está bien, estas a salvo…- le asegura con el semblante realmente preocupado- Vamos, Elsa, no puedes hacerme esto…- dice zamarreándola un poco más fuerte- Elsa, Connor te necesita… piensa en él, no en el otro, piensa en que es lo único bueno que te ha dejado…- El otro, soy yo. La figura rígida de mi antigua víctima se relaja al oír esas últimas palabras. -¡Elsa, gracias a Dios!- estalla Anna notablemente aliviada para luego abrazar a la platinada. – Creí que te había perdido de nuevo…- ¿A qué se refiere?- ¿Estás bien? – la blonda asiente y luego fija sus fanales en el dueño de la cafetería con rencor.

- ¡Anna, dame los vasos de chocolate!- exclama Elsa de repente y su hermana, aunque confundida, la obedece. La platinada toma el primer vaso y lo avienta contra la cara del bastardo, luego abre la tapa del otro y vacía su contenido sobre la ropa del mismo. Anna empieza a reír orgullosamente y, ante los aplausos de algunas personas, se retiran tomadas por el brazo. El dueño de la cafetería maldice e intenta apagar el ardor de la quemante infusión.

-¡Y ni crea que esto termina aquí!- grita Anna antes de salir- Usted tendrá noticias de mi esposo, ¡el oficial Bjorgman!- bueno, eso me tranquiliza un poco. Sé que el esposo de la pelirroja ama su empleo y en cuanto se entere de lo que les ha hecho ese pervertido a su esposa y cuñada no tendrá piedad. Salgo despacio del baño y las veo subirse al Cabriolet entre risas y gestos exagerados. Cuando están dentro del auto, puedo apreciar como la de menor edad posa su mano sobre el hombro de su hermana y le infunde ánimos con palabras que, obviamente, no logro escuchar. ¿Qué es lo que ha sucedido con Elsa hace unos momentos? Sacudo la cabeza despejándome, suspiro y recuerdo a Connor, ya me he demorado demasiado. Me asomo a la barra, en donde el imbécil aún blasfema.

-Mozo- le digo buscando llamar su atención mientras cercioro de que mi cuerpo esté bien ubicado para lo que pienso hacer. El bastardo levanta la mirada y se encuentra con un fuerte golpe de mi puño, cortesía de la casa.- Aprenda a respetar a las damas. –voy en busca de mi hijo, ignorando la sarta de improperios que el imbécil me propina y los gritos de varios comensales felicitándome. Mientras camino la escasa distancia no puedo evitar recordar las palabras de Anna. Oficial Bjorgman. Sé que lo he oído antes… aunque no sé de donde… ya lo recordaré y si no lo hago supongo que no es de mucha importancia.

-¡Señor Hans!- el grito de Connor me saca de mis cavilaciones. Me volteo y lo veo correr hasta mí. Lo recibo con los brazos abiertos, para luego elevarlo del suelo y hacerlo dar unas vueltas en el aire.

-Hola, Campeón- digo riendo tanto como él.

-Creí que no vendría…- articula mientras se empuja contra mi pecho y enreda sus bracitos níveos alrededor de mi cuello. El gesto simplemente causa que me sienta en el cielo.

-Jamás te fallaría, Connor, solo he tenido un pequeño percance.-vaya percance- ¿Me perdonas?

-¡Claro que sí! – expresa con ímpetu. Acto seguido, se separa del abrazo, lo dejo en el suelo y tomo su mano para empezar a caminar, al mismo tiempo que me ofrezco para llevar su pequeña mochila- ¿Vamos a ir al cine?

-Así es… ¿O acaso quieres hacer otra cosa?

-¡NO!- Se apresura a pronunciar y yo carcajeo un poco.

-Eso pensé. Vamos a tomar un auto.- le informo y juntos nos asomamos al cordón de la acera.

-¿Puedo frenar el taxi?- sus ojos verdes me observan de forma entrecerrada por culpa del sol que le da pleno en los ojos, aún así, el verde se hace notar sin estorbo alguno. De hecho, podría jurar que hoy sus fanales son idénticos a los míos.

-Claro que si, campeón. – Aguardamos unos minutos hasta que un coche aparece y mi hijo extiende su pequeña manito para frenarlo. Abordamos el automóvil e indico el destino al conductor. Connor comienza a hablarme de las cualidades de Ant Man y yo le realizo alguna pregunta de vez en cuando, porque la verdad me encanta oír como dialoga. El cine aparece ante nuestros ojos en cuestión de minutos y, luego de pagar el taxi, bajamos rumbo a una función que promete muy poco, pero que se transforma en algo muy especial por el simple hecho de quien me acompaña.

-¿Te ha gustado la película?- Lleva un rato callado y la verdad me está preocupando. Lo veo asentir cabizbajo y luego mirarme para sonreír un poco- ¿Qué tienes, Connor?- indago muerto de curiosidad- Todo estaba bien antes de la película. ¿Acaso hubo algo que te asustó?

-No… Es que… - se frena.

-¿Si?- lo obligo a detener el paso, fijo mis ojos en una banca cercana y lo hago sentarse en ella. Imito tal acción y poso una mano en su hombro- Puedes decírmelo si quieres…- Por toda respuesta, mi pequeño se abraza a mi torso y yo le correspondo con lentitud.

-Me la paso muy bien con usted, señor Hans…-afirma- Siento que, junto a usted, mi vida completa cierto espacio vacío que creía incapaz de llenar.- sus ojos verdes se cierran con dolor. Sé a qué espacio se refiere. A mí mismo. ¿Será que me toma por un padre después de todo?- No quiero decirle más… porque es un tema que parece delicado para mi familia. Además no sé casi nada sobre ello.

-Sea lo que sea….- hablo con lentitud mientras procuro tomar un semblante pasivo e incapaz de comprender- me alegra poder ayudarte a llenar ese espacio. Lo siento sonreír contra mi camisa antes de verlo apartarse de repente. Connor me mira con los ojos brillantes y maliciosos, ha vuelto a retomar su brío característico.

-¡Le apuesto lo que sea a que no puede ganarme una carrera!- me rio gustoso.

-¿Eres rápido? Me parece que no podrás ganarme- comento punzando su interés.

-¡Claro que lo soy…! Bueno el profesor de Educación Física me lo ha dicho y mi madre y también mis tíos y un policía dijo que yo sería bueno combatiendo el mal y atrapando criminales y eso me sonó a superhéroe y me entusiasma la idea y como mi tío también es policía él se pondrá feliz por mi elección y mi madre se preocupara y me regañará aunque sea mayor en ese entonces y… y…

-¡Respira, Connor!- digo riendo al ver como su pecho se deshincha con rapidez ante el esfuerzo que hizo por pronunciar todas aquellas palabras atropelladamente. Mi niño sonríe conmigo pero pronto cambia su actitud por una seria, da una bocanada de aire fuerte y se lleva la mano al pecho. No tarda en caer de rodillas sobre la hierba.

Los problemas respiratorios de los cuales me hablaron el día en que me dieron de alta.

-¡Connor!- grito y me arrodillo a su lado, él se voltea y toma mi mano mientras recuesta su cabeza sobre mis muslos- Connor… no… no, no, no, no…- mi pequeño pelirrojo vuelve a boquear, mirándome directamente a los ojos, con el molesto brillo de la luz, golpeándole sin reparo, en sus orbes esmeraldas suavizados. –Vamos, campeón, no hagas esto…- unas cuantas lágrimas escapan de sus ojos a medida que se esfuerza por conseguir oxigeno

-Mochila…- le oigo decir- la mochila… - atendiendo a sus palabras, y suponiendo que en el bolsito habrá algo que lo ayude, me desespero por alcanzar el objeto y revisarlo en toda su extensión. Un broncodilatador aparece en uno de los bolsillos sin demora. Lo obligo a sentarse derecho y a levantar la barbilla para abrirle las vías respiratorias. Quito la tapa que protege el área que se debe de poner en la boca y agito el elemento medico con rapidez y fuerza para luego entregárselo a Connor, quien empieza a aspirar el aire y a soltarlo en múltiples intervalos antes de llevarse el inhalador a la boca. Con experiencia, mi hijo inicia una respiración lenta por medio de la boquilla mientras aprieta la pequeña bomba que libera medicina. Luego de un momento, eterno a mi juzgar, el pelirrojo aparta el broncodilatador y lo cierra mientras vuelve a sonreír tranquilo. Lo veo guardar su inhalador con parsimonia y la expresión que refleja su perfil me recuerda a Elsa.

Te veo escabullirte entre los estantes, como si fueses una niña, tu ceño fruncido me deja claro que no has tenido un buen día. Comienzas a ojear los títulos disponibles y resoplas frustrada, lo has hecho once veces en lo que llevas aquí. Es momento de ver qué te ha sucedido, princesa. Salgo de detrás del mostrador y me asomo con cautela hasta el sitio donde te encuentras.

-¿Qué sucede, Elsa?- indago con la voz marcada por la preocupación.

-Nada- contestas bruscamente para seguir viendo los textos. Bufas molesta mientras cierras los ojos y levantas la cabeza hastiada- Lo siento, no pretendía ser descortés- afirmas mirándome un tanto azorada. Te dedico una sonrisa de lado a modo de aceptación.- No he tenido una jornada ejemplar…

-¿Te apetece hablar de ello?- inquiero mientras señalo una mesa con dos bancos extensos, ideales para lectores. Te muerdes el labio inferior y miras de reojo el lugar propuesto. Sé que estas dudándolo, el hecho de que lo consideres es realmente todo un avance contigo. Eres demasiado tímida y nunca aceptas citas o atenciones por parte de nadie. La coquetería no es tu fuerte. Aunque seducirte no me interesa justo ahora, lo único que me preocupa es saber tu problema. Oh, Elsa, si tan solo fueras mía nada volvería a aquejarte… - Tengo chocolate caliente…- canturreo con galantería y en tus ojos ya no hay espacio para cuestionamientos interiores o titubeos.

-Lo bebo con dos de azúcar…- musitas a modo de aceptación, bajando la mirada en el acto mientras vas a ocupar una pequeña porción de uno de los asientos disponibles. Me escabullo hasta la diminuta cocina, que se halla tras unas de las puertas medulares, con una sonrisa bobalicona en el rostro. Una vez allí, me encargo de buscar el cacao y calentar la leche para preparar la infusión. Tras unos minutos, vierto ambas cosas en dos tazas, las revuelvo y le agrego el endulzante que has pedido. Coloco los recipientes en una bandeja y vuelvo contigo. Dejo tu bebida frente a ti y veo como la tomas con necesidad. Aspiras el aroma del chocolate y emites un gemido involuntario. La sangre me hierve. Me atrevo a sentarme a tu lado y bebo el liquido dulce al mismo tiempo que tu lo haces.

-¿y bien?- me aventuro a decir. Tú resoplas por respuesta y pasas una mano por tu cabello platinado, despeinando la trenza francesa en el acto. Eres adorable y el aroma que desprendes te vuelve irresistible.

-Mi hermana se ha estado metiendo en problemas últimamente—Anna. ¿De quién más podría tratarse?- Frecuenta un grupo de amigos muy revoltoso y ha comenzado a descuidar sus estudios. –Asiento demostrándote comprensión. Estúpida Anna. El día en que te tenga entre mis brazos pondré mucho cuidado en alejarla de ti.-Además uno de los profesores reprobó mi tesis sobre Poe… ha dicho que he omitido detalles importantes…- tu mirada se vuelca en la taza de cacao- Me ha dado una última oportunidad pero el libro que necesito no aparece por ningún lado.

-¿Cuál es?- te pregunto mientras dejo mi recipiente y me pongo de pie para ver entre los estantes.

-Eleonora…- respondes despacio. Llevo mi mano hasta mi barbilla y me la acaricio pensativo. Siento tus ojos en mi espalda, expectantes- Es un libro romántico- comienzas a nombrar detalles- Algunos lo consideran como una autobiografía… no es tan trágico… carece de un final angustiante…- Sonrío victorioso ante los datos. Ya sé lo que necesitas.

-Lo siento, Elsa- digo sentándome nuevamente mientras contemplo, sin miramientos, tus orbes azules cual cielo divino. – Ese libro no lo tengo a la venta…- vuelves a resoplar- Pero creo tener uno en mi casa que estará feliz de ser parte de tu tesis…- la expresión de tu rostro se torna alegre de repente y una sonrisa infantil prorrumpe en tus labios.

-Hans…- musitas con el agradecimiento explicito en todo tu actuar- No sabes cuánto…

-No me lo agradezcas…- te silencio- pásate mañana que estará aguardándote sobre el mostrador junto a otra taza de chocolate caliente- bajas la cabeza ruborizada y miras tus manos mientras las mueves nerviosa. ¿Es posible que seas tan maravillosa? Princesa, esto que siento ya no es una mera atracción… estoy enamorándome de ti…

-Eres un muchacho muy amable…- ladeas un poco el rostro y contemplo tu perfil pacífico, lo grabo en mi mente para rememorarlo eternamente- Has hecho que este exhaustivo día valiese la pena…- pronuncias azorada mientras examinas mis orbes esmeraldas intensos. Continúo vislumbrándote mientras acerco un poco mi rostro a ti, miro tus labios, advirtiéndote silenciosamente lo que deseo hacer. No retrocedes, aunque tu rostro refleja una batalla de duda contigo misma…

-¡Elsa!- una jovencita de vestido rosado y ligero, con cabellos cortos y castaños y enormes ojos verdes saltones que la vuelven bonita, se aproxima hasta nosotros y tironea de tu brazo.

-¿¡Pero qué ha pasado!?- indagas mientras te arrastra hasta la puerta, apenas permitiéndote tomar tus cosas.

-¡Es Anna!- grita la otra- ¡Se ha metido en una pelea! ¡Tienes que detenerla, podrían expulsarla!- ahogas un grito mientras huyes despavorida sin siquiera mirar atrás.

Anna, eres una maldita hija de perra. Definitivamente no gozarás de una larga vida…

-¡Listo!-Exclama mi hijo colocándose la mochila y riendo jovialmente. Aún continúo arrodillado en el pasto, con el temor por perder a Connor y el cosquilleo que me produce ese recuerdo. ¿Qué hubiese pasado si…? Me obligo a regresar hasta la realidad al ver como el pequeño pelirrojo me examina contrariado- Señor Hans… ¿Todo va bien?- Fijo mis orbes en los suyos y lo atraigo con fuerza hasta mi cuerpo para envolverlo en un abrazo necesitado. Coloco mi mano sobre su nuca y acaricio su melena de fuego.

-¡Nunca más vuelvas a hacer eso, Connor!- exclamo al mismo tiempo que siento sus bracitos rodear mi cuello.

No se inquiete, señor Hans…- alega- Me ocurre cada tanto, está bajo control. – Parece patético que sea él quien me consuele pero no me importa.

-¿Desde cuándo sufres esos problemas?- pregunto arqueando una ceja.

-Desde los cuatro años… no fue nada sorpresivo- asegura- el doctor le dijo a mi madre que podría nacer con problemas… - me cuenta- Su embarazo fue complicado…- Creo saber por qué… la pérdida de sangre, el cuchillo… es un milagro que mi bebé esté con vida. – En realidad es una suerte que tenga asma, podría haber sido peor…- Se separa de mi y da un brinco emocionado- ¡Vamos a jugar esa carrera!

-Ni de chiste, niño- espeto autoritario- Necesitas descansar. Voy a llevarte a la convención de comics, llamarás a tu madre y te irás a dormir.

-¡No, por favor!- me pide aferrándose a mis rodillas.- Quiero seguir divirtiéndome con usted…

-No.- impongo modosamente.

-¡Solo una hora….!

-Connor, basta.

-¡Por favor!- bajo mi mirada hasta la suya y analizo sus orbes bonitos y esperanzados. Resoplo rindiéndome antes su ceño suplicante coronado por las cejas pobladas y pelirrojas y las motas que pintan su nariz fina.

-Solo una hora más…- acepto derrotado. Inmediatamente comienza a saltar y a decir cosas sin coherencia- ¡Despacio, campeón!- reprendo- acabas de sufrir un ataque de asma.

-¡No me importa el asma!- exclama- ¡Solo quiero disfrutar un rato más con usted!- la emoción me invade y le sonrío enternecido, él se queda quieto, devolviéndome el gesto. Su móvil comienza a sonar desprevenidamente.

-Anda, atiende…- lo incito. Me obedece y busca en su bolsillo el destartalado Nokia que apenas y usa.

-Hola tía…- habla con simpatía – no… - hace una pausa- ¡¿Pero por qué?!- patea el suelo haciendo un berrinche- ¡Me la estoy pasando fenomenal en la convención de comics!- otro intervalo- ¿Una hora? ¿Nada más?- Connor juguetea con sus pies mientras mantiene la conversación viva. No tarda en ponerse rígido- ¿Cómo está?- lo observo preocupado al ver que implementa su tono de voz diplomático- No… - Me llega el chillido de la voz de Anna intentando calmar al niño- si… te veo en una hora…- corta el teléfono con velocidad y me mira con súplica otra vez- ¡Necesito volver, señor Hans!- exclama mientras sus ojos comienzan a desbordarse.

-Connor… ¿Qué sucede, campeón?- inquiero a medida que lo tomo de la mano y lo sereno con un suave apretón. Hipa un poco y luego suspira para iniciar la plática.

-Es mi madre…- La sola mención de Elsa hace que se me erice la piel. No son buenas noticias desde luego, puedo prever que algo malo le ha sucedido. Mi hijo se refriega el ojo con una de sus manos y solloza sin consuelo. Bien, esto no me gusta. No me gusta nada. Lo abrazo con delicadeza.

-¿Qué tiene tu madre?...- indago intentando adoptar un tono preocupado pero no excesivo, de lo contrario, eso me pondría en evidencia.

-Es… es complicado…- susurra entre lagrimas- ella… ella tiene unos problemas raros…- me cuenta- no entiendo mucho del tema ¡NUNCA ME CUENTAN NADA!-estalla molesto mientras se remueve enfadado entre mis brazos.

-Shh… Connor…- pronuncio logrando apaciguarlo- Eres muy pequeño, tal vez no puedes saberlo aún… -Le comento- Habla. Dime lo que sabes.

-Ella… entra en trances psi… psico…

-¿Psicológicos?

-¡Sí!- se aparta las gotas saladas del rostro- Si escucha alguna frase de un tema en particular, no quieren decirme cual, se paraliza y entra en un estado… estado… depresivo- me informa con toda la precisión que le es posible. De repente viene a mi mente el momento de la cafetería, cuando el depravado mozo insinuó que ambas hermanas recibirían diez dólares por acostarse con él… Elsa había adoptado una postura asustada, rígida, paranoica…

Yo estaba en lo cierto, la madre de mi hijo piensa en mí cada vez que le hacen una insinuación sexual. La atormento constantemente…

-Elsa…- le susurra- Está bien, estas a salvo…- le asegura con el semblante realmente preocupado- Vamos, Elsa, no puedes hacerme esto…- dice zamarreándola un poco más fuerte- Elsa, Connor te necesita… piensa en él, no en el otro, piensa en que es lo único bueno que te ha dejado…- El otro, soy yo. La figura rígida de mi antigua víctima se relaja al oír esas últimas palabras. -¡Elsa, gracias a Dios!- estalla Anna notablemente aliviada para luego abrazar a la platinada. – Creí que te había perdido de nuevo…- ¿A qué se refiere?- ¿Estás bien? – la blonda asiente y luego fija sus fanales en el dueño de la cafetería con rencor.

Por todos los cielos…

-Tranquilo, capeón- logro articular- todo irá bien, tu madre es fuerte.

-¡Tengo que irme, señor Hans! ¡Debe llevarme a la convención para que mi tía me busque!- me ruega- ¡No quiero perder a mi madre de nuevo…!

Creí que te había perdido de nuevo…

-Mírame, Connor- ordeno al mismo tiempo que tomo su rostro entre mis manos. Al demonio con el disimulo y las apariencias, necesito saber que le sucedió a Elsa- ¿A qué te refieres con perderla de nuevo?- hipa tres veces antes de responderme.

-Ella estuvo seis meses paralizada cuando tenía cinco años…- llora- miraba al vacio y gritaba por las noches…-hace una pausa- me temía…- agrega finalmente con dolor- Esos meses fueron los peores del mundo… ella… ella parecía odiarme… ella parecía estar viendo a un monstruo cada vez que intentaba acercarme…- Una sensación horrenda se apodera de mi cuerpo. Connor, idéntico a mí, siendo odiado por su propia madre. La mujer que lo daría todo por él. No sé por qué demonios no estoy muerto, todo sería mejor si… ¡No! ¡Ya no debo pensar así tengo que luchar por mi niño, por lo único que vale la pena en este mundo! Es estúpido culparme y atormentarme cuando lo único que debo hacer es intentar remediar esos endemoniados errores. Jamás obtendré el perdón de Elsa, es verdad. Pero, si de algo estoy seguro, es que es más que evidente que ella no desea que Connor sufra por nuestro pasado en común. Y yo tampoco.

Princesa… (Resulta extraño llamarte así estando cuerdo…) a cada minuto me arrepiento de todo lo que ha pasado, no sabes cuánto daría porque las cosas hubiesen sido diferentes entre nosotros. Deseo entender el destino que nos ha tocado pero no puedo. No pretendo victimizarme, ni nada parecido, mucho menos pretendo justificarme… ¿Pero por qué un niño sin culpa es condenado a vivir una vida horrible desde el momento de concepción? Elsa, mi vida ha sido un desastre desde que tengo memoria- y eso que aún no logro recordar todo- y tú has pagado por ello. También lo ha hecho ese anciano, el bebé de mis padres de acogida y mi propia madre, la cual no se haya libre de pecado ante lo que me he convertido. Ella es la principal victimaria de mi mente e inocencia infantil. Su negligencia hizo de todos sus hijos unos bandidos sin corazón y sin juicio, seres incapaces de saber sobre el amor en su cara afable o, como yo, seres incapaces de discernir entre amor y obsesión. Probablemente, de haber llevado una vida fácil, no nos hubiésemos conocido, puesto que no habría asesinado al anciano y no me habría apropiado de sus posesiones, entre ellas la librería donde te vi por casualidad. O tal vez si, quien sabe. Imagino a cada momento una escena de esas que pueden leerse en los libros con finales felices. Tú, Connor y yo. Eso me hace sentir desilusionado y frustrado. ¿Realmente todo sucede por algo? ¿Realmente no hay mal que por bien no venga? Eso podría ser parcialmente cierto. Fui tu mal, recibiste tu bien: nuestro hijo. Sin embargo yo no me he ido del todo, sigo dentro de tu mente, causándote desdicha y pena. Elsa… vuelvo a decirte que tu y mis otras víctimas han pagado las culpas de un pequeño repleto de odio desde sus primeros pasos. Pero no te preocupes. No dejaré que Connor también lo haga. No puedo hacer nada para recomponer las cosas contigo. Puedo hacer todo para lograr un final feliz con él, aunque sea secreto durante lo que me resta de vida. Es una promesa, princesa, no vivirá lo que tú, no sabrá que soy un monstruo y no me odiará aunque tenga millones de motivos para hacerlo. Él crecerá tranquilo, creyéndome su amigo, queriéndome en silencio, sin decir palabra alguna de nuestra amistad. Tu voluntad era que Connor no supiese jamás de mi, a juzgar por lo que me ha dicho Break, no le es absolutamente indiferente la historia. Supongo que alguien se lo habrá comentado, pero estoy seguro de que no puedes haber sido tú. Soy plenamente consciente de que buscas lo que yo: evitar que sepa del oscuro pasado compartido entre sus padres. Quisiera que pudieses oír estas palabras… te sorprenderías al notar cuanto he cambiado. Aunque probablemente te asustarías y pensarías que estoy fingiéndolo todo. Pero es verdad, Elsa, estoy bien. Sé lo que fui, lo que soy y lo que quiero ser. Pero por sobre todo, mi mente se mantiene en pie por un solo sentimiento, el amor de a nuestro hijo ¿Y por qué no admitirlo? El amor hacia ti también. Te quiero, Elsa, te quiero aunque casi nada recuerdo de ti y te quiero aunque cada vivencia que atesora mi memoria sea oscura y de malas intensiones. De todas formas descuida, por ningún motivo me acercaré a ti, hermosa…

Desvío mis pensamientos sobre la madre de mi hijo y me centro en ayudar al mismo. Me necesita y pretendo estar siempre para él. Sé que nada puede afectarle más que ver dañada a la mujer que le dio vida.

-Escucha eso no pasará- afirmo para apaciguar el miedo de mi primogénito, el cual me hubo expresado hace unos instantes- y si sucede no le darás importancia ¿Oíste?- me mira extrañado- Tu madre te ama por sobre todas las cosas. Cualquier hecho que haga en estado de trance no debe importarte. ¿Has oído?- asiente resignado y adolorido para luego acurrucarse contra mí de nuevo y esconder su cabeza en el hueco de mi cuello. El cabello pelirrojo de mi hijo amenaza con hacerme cosquillas en la garganta pero no hago nada para apartarlo. Quisiera perpetuar los abrazos que me otorga durante toda una eternidad. – Te quiero, Campeón- le revelo casi inaudiblemente para cualquiera, aunque, teniendo en cuenta nuestra cercanía, sé que ha podido oírme perfectamente. Confirmo mi suposición en cuanto lo escucho hablar con pausa…

-Y yo a usted…- confiesa.

-Llevo más de tres horas acostado sin poder dormir- le digo a Break, por medio del teléfono, con una voz que denota cansancio y temor. En realidad, podría decirse que me he acostado desde que regresé a casa. Aún no puedo quitar de mi mente la expresión de Connor al ser recogido por su tía Anna y mucho menos los ojos hinchados y enrojecidos por el llanto de la misma… Oh no, Elsa…

Realmente fue terrible… recuerdo haberlo dejado en la entrada, me costó mucho apartarme de él. Cuando por fin logré hacerlo, le aseguré que estaría cerca hasta que la hermana de su madre pasase por él. El viento frío del invierno le revolvía el cabello pelirrojo, en especial esos mechones sediciosos que caen sobre su frente pálida, las luces fugaces de los vehículos sempiternos le iluminaban el rostro entristecido y preocupado, en busca de consuelo, mi consuelo y el de su madre. No puedo quitarme de la cabeza el modo brusco en que Anna estacionó el Cabriolet. Parecía nerviosa, incontrolable, aquejada… No demoró en descender de su transporte para acuclillarse, aferrar a Connor contra su pecho y sollozar sonoramente en el medio de la calle. Las lámparas de la carretera, encendidas a temprana hora, arrancaban destellos de sus cabelleras pelirrojas y de sus ojos repletos de lágrimas sazonadas. ¿Cómo dormir luego de presenciar tal panorama? ¿Cómo no desesperarse ante la ignorancia de los hechos? Deseo saber de todo corazón que es lo que está sucediendo con Elsa en este momento, quiero averiguar si se ha repuesto o si ha recaído en una nueva ola depresiva.

-¿Qué ha pasado?- indaga Break preocupado en verdad, sé que teme por mi salud cerebral. Lo último que necesito en este viaje es hundirme en la locura yo también y acabar cometiendo más crímenes desastrosos… Si volviese a ser lo que mi amigo teme, buscaría a Elsa y Connor y los raptaría para luego llevarlos a quien sabe donde… No debo dejar que la situación me domine, de lo contrario eso se volverá una realidad - recuerda mantenerte siempre sereno y…

-¡Stephen ya no eres mi maldito enfermero!- estallo preso de la coerción interna que sufren mis sentimientos. Estoy intentando mantenerme tan calmado que no puedo formar un solo pensamiento coherente. Tengo miedo. No quiero que nada les suceda, no quiero que ella recaiga, no quiero que él se sienta odiado y no quiero volver a perder la cordura.

-¡Voy a volver a serlo si no te tranquilizas, con un demonio! – tiene razón. No sientas, Hans, contrólate. Haciendo acopio de toda mi capacidad de razonamiento, permito que la memoria de la risa de mi hijo se expanda por mi mente y envíe una señal de paz y plenitud a mi cerebro, indicándole que no hay nada de que temer, que Elsa es fuerte y sabrá anteponerse a las circunstancias. Dejo que un suspiro ahogado huya de mis labios – Así está mejor- me asegura Stephen- Ahora habla.- dictamina.

-Elsa sufre ataques psicológicos… - espeto sin rodeos y soy consciente de cómo algo se cae del otro lado de la línea. Stephen guarda silencio. Un silencio demasiado extraño para mi gusto… uno que escolta secretos y… no puede ser. Maldito hijo de perra no puede haberme hecho esto…- ¡LO SABÍAS!- escupo con ira, del otro lado solo se escucha el zumbido de la televisión encendida.

-Si…- termina por corroborarme. Lo que siguen son una serie de suspiros agotados y agitados por mi parte. Paso una mano por mis cabellos pelirrojos absolutamente frustrado y herido. No puedo creerlo… tanto tiempo estuvo cerca de ellos, investigándolos, obteniendo toda la información posible… Y me oculta justamente lo más peligroso. Intento normalizar la entrada de oxigeno a mi cuerpo y Break habla desde el otro lado del auricular de forma apresurada, otorgándome instrucciones de lo que debo hacer. Con la cólera en los labios vuelvo a retomar la palabra.

-¿Por qué no has dicho nada?- gruño notablemente enfadado, casi como un susurro de advertencia y odio.

-Jamás hubieses ido a Chicago de ser así…- me explica- Necesitaba que idealizaras a Elsa como una mujer lo más fuerte posible, para que no te echaras atrás y tuvieses la oportunidad de conocer a tu hijo. – termina por agregar pero, al contrario de tranquilizarme, solo logra que la ira vaya en aumento.

-¡Eres un imbécil!- exclamo sin medir la voz. ¡ A la mierda el hotel y todas las personas que se hospedan en él!

-¡Lo sé!- ambos gritamos e iniciamos una batalla verbal hiriente, ninguno se mide, ninguno cede. Puede que nos arrepintamos, de todo lo que estamos diciendo, en un futuro pero en este instante no me importa. Es un irresponsable, un desgraciado idiota que ha puesto en riesgo la salud mental de Elsa al límite. Lo que ha pasado en la cafetería no es nada, lo que podría pasar si me viese es…

-¡¿Te das cuenta de que, si las cosas no hubiesen salido como hasta ahora, ella podría…!? ¡NO!-interrumpo mis propias palabras y, por un momento, armonizo mi voz para volverla serena y peligrosa- Te haré otra pregunta: ¿¡Te das cuenta de que, si se entera, podría iniciar una serie de ataques de pánico!?¡ ¿TE DAS CUENTA DE QUE, SI LLEGASE A ASUSTARSE EN DEMASÍA, PODRÍA SUICIDARSE?!- grito olvidando el antiguo tono con el que me hube expresado.

-Soy consciente de ello- asegura sin culpa alguna, aferrándose a la excusa que me brindó previamente- Y ahora dime tu, Hans- habla denotando seguridad en cada oración, está convencido de que hizo lo correcto, salta a la vista- ¿Te arrepientes de conocer a Connor?- guardo silencio enfadado y me paso una mano por los cabellos, ya de por sí, despeinados.- ¡Responde!

-¡NO!…- exclamo con cólera para luego observar hacia la ventana-No…- musito escondiendo mi rostro en la palma de mi mano libre- Él es lo mejor que me ha pasado…- alego y doy espacio a una pausa notablemente incomoda- ¿Por qué, Stephen?- indago.

-¿Por qué, qué?- inquiere él a su vez.

-¿Por qué te has empeñado en que conozca a mi hijo?- mi mejor amigo suspira con dolor y angustia, creo que puedo visualizarlo transpirando, con la mata de pelo oscura igual de desordenada que la mía y los ojos un tanto desorbitados. Tarda en contestarme.

-Porque hasta los monstruos, como nosotros, merecen algo bueno en sus vidas… - arguye por respuesta. Mantengo mis ojos centrados en la ventana mientras corto la llamada sin mediar palabras. Apago el teléfono y concentro mis fanales en la belleza del cielo nocturno. Necesito pensar y aclarar las ideas. Tengo que dejar Chicago, no puedo arriesgarme a que Elsa me vea, no ahora que sé lo que le sucede y qué tan traumatizada la he dejado. Ya no puedo solucionar nada, pero, vuelvo a repetir, tampoco puedo dejar a Connor a la deriva del dolor. Ha dicho que me quiere… Si lo abandono solo duplicaré su martirio. Una madre que lo odia y un padre- un amigo soporte para él- que lo deja en estacada. Otra vez. Esto es muy difícil. Cierro los ojos con fuerza mientras siento a mi celular vibrar bajo mi cuerpo. Lo llevo hasta mi rostro y contemplo la imagen de Stephen. Corto sin siquiera limitarme a responder. Mis orbes esmeraldas vuelven a admirar las estrellas, escasas por la contaminación lumínica, que se cuelan esplendorosas en ese manto azul ennegrecido. El móvil vuelve a vibrar reiteradamente y yo lo ignoro. Mis ojos se desvían hasta mis manos, extremidades manchadas por la sangre y la vergüenza…

-Tienes que dejarme ir…- Lloras desconsolada, luchando contra mis caricias demandantes y mi fuerza descomunal- no quiero esto... ¡Déjame ir!- te revuelves insistente bajo mi cuerpo, pero opto por ignorarte, igual que siempre- ¡Vas a pudrirte en el infierno!- gritas para después soltar un gemido al sentir mi lengua entre tus piernas. Me dedico a sonreír contra tu femineidad a medida que la voy cubriendo de besos y te veo aferrarte a las sabanas con fuerza. Eres irresistible, Elsa, y el verte tan acalorada por el esfuerzo que te impones al luchar solo incrementa el deseo que siento por ti. -¡Basta…!- No sé como lo haces, pero te arqueas con ira y logras flexionar unas de tus piernas hasta patearme el rostro con fuerza. Naturalmente eso causa que me aparte bruscamente, preso de la conmoción del momento. Te observo incrédulo un instante y paso una de mis muñecas sobre mis labios para limpiar el rastro de la caricia intima que previamente te estaba efectuando. Tu pecho sube y baja con velocidad, estás asustada, Elsa, sabes que has cometido un grave, gravísimo, error. Me rio sínicamente para luego levantarme de nuestra cama, tu no pierdes de vista un solo movimiento que realizo. Con lentitud empiezo a vestirme a medida que silbo una vieja nana que una niña solía recitar en una de las casas de acogida para niños en la que estuve durante mucho tiempo. Me desplazo hasta la cómoda del cuarto y abro uno de los cajones para extraer mi navaja. Mirándote de reojo percibo como te tensas- ¿Q-qué…?- te oigo intentar hablar- ¿Qué vas a hacer?- preguntas finalmente. Imito mi anterior risa, esta vez acompañada de un deje de ironía. Me aproximo al lecho y gateo sobre él hasta tenerte aprisionada con mi cuerpo, totalmente obediente y bajo mi merced. Y la de la navaja. Dejo que vislumbres la punta metálica y la asomo a tu rostro, te acaricio con ella en movimientos suaves. Sé lo que piezas, Elsa, crees que me he hartado de ti y que voy a rebanarte el cuello de una vez por todas. Mi tonta princesa… Aparto de tu rostro atemorizado dos mechones de cabello platinado y te beso con un deje de arrogancia. Ni siquiera intentas evitar el contacto, solo lo recibes con verdadera angustia.

-Te veré luego, Elsa- susurro sobre tus labios. Tus ojos azules entran en contacto con los míos. Los mantienes plagados de confusión y desconfianza. Sabes que ese golpe no quedará en el pasado así sin más. Me levanto de la cama matrimonial y voy hasta la puerta, tomando las llaves en el proceso.

-¿Qué vas a hacer?- indagas de nuevo, con la voz un tanto más segura pero no menos estremecida. Te ignoro hasta que tengo medio cuerpo fuera de la habitación, entonces me vuelvo sobre mi hombro y esbozo una mueca repleta de malas intenciones.

-Creo que ya es tiempo de hacerle una visita a Anna- revelo antes de cerrar la puerta con brusquedad y echarle llave. Me quedo quieto un segundo, escuchando tu grito de espanto y el sonido de las sabanas apartadas con brusquedad de tu cuerpo. Tus pisadas agiles llegan hasta la entrada y la puerta comienza a vibrar producto de los golpes que le propinas.

-¡NO!- exclamas- ¡NO, HANS, ESPERA!- Lloras exasperada y tu voz se quiebra con facilidad- ¡ESPERA, POR FAVOR!- Súplicas- ¡LO SIENTO, NO LO VOLVERÉ A HACER!- Tu lamento se extiende por toda la estancia como un eco repetitivo y repleto de angustia- ¡HANS! – Me encanta cuando gritas mi nombre- ¡HANS, VUELVE! ¡TE LO PROMETO! ¡JAMÁS INTENTARÉ RESISTIRME DE NUEVO! –Aseguras y creo que hasta siento un poco de lástima por ti, princesa- Hans…- tu voz se vuelve débil e irregular y percibo el peso de tu cuerpo cayendo y resbalando en la textura de madrea- Hans…- Sollozas e hipas sin control- Hans… - casi no puedo contener la risa ante la situación que estamos viviendo, lo daría todo por ver tu rostro.- ¿Qué hice…?- te preguntas mientras ahogas tus gemidos de tristeza contra algo, supongo que con tu propia mano- ¿Qué hice, Dios mío, qué hice?...- te indagas una y otra vez- ¡HANS!- vuelves a elevar la voz con esperanza y yo debo contener las carcajadas que insisten en fluir de mi garganta- Dios no… - Tu lloriqueo se extiende de nuevo- Anna… Anna, lo siento…- pronuncias con culpa- Anna… no quise…- Me siento contra una de las paredes laterales y durante lo que parecen horas, soy testigo del más grande desconsuelo que haya presenciado alguien jamás. Poco a poco tu lamento se apacigua y no sé si te has dormido o si te has quedado inconsciente. Con lentitud, abro la puerta y empujo tu cuerpo levemente puesto que la obstruyes. Oh, mi ángel… Desnuda, acurrucada en el suelo frio, con la piel pálida amoratada y el cabello platinado cubriendo tus pechos turgentes, me pareces más maravillosa que nunca. Te tomo en brazos y observo tu semblante aquejado por los rastros de lágrimas. Ni eso te resta belleza. Cuando te remueves un poco recito esa vieja nana, esta vez tarareándola con calma. Por instinto natural, y porque no te hayas en pleno uso de tu facultades, te dejas mecer y levantas una de tu manos para reposarla sobre mi pecho, mientras que la otra se enreda en mi cuello, buscando protección. Tu cara inmaculada se oculta en mi hombro. Con delicadeza poso tu cuerpo sobre nuestra cama y lo cubro con las sabanas que has dejado desparramadas en el suelo del cuarto. Como no tengo nada más que hacer hasta que despiertes para continuar con mi diversión me siento junto a ti y comienzo a leer uno de tus libros favoritos sobre Poe, obsequio que te di hace dos días.

Tres horas y dos minutos más tarde, te revuelves con pereza y sé que empezará la acción nuevamente. Ocultando mi sonrisa, busco la navaja en mi bolsillo y comienzo a jugar con ella, intentando parecer indiferente. Abres tus ojos azules cual zafiros de océano y las fijas primero en mi rostro y luego en el objeto. Con esfuerzo rudo te incorporas levemente y me miras horrorizada. Ni siquiera debes preguntarte cómo has llegado a la cama. Yo te sonrío con malicia y sencillamente vuelves a iniciar tu lamento, ahogándolo en la almohada.

-¡Anna…!- pronuncias desolada en varias ocasiones, cuando tu respiración escandalizada te lo permite. - ¡Anna…!

-Oh, Elsa- susurro acariciando tu espalda- No hay razón para que reacciones de esta manera- te aseguro con lentitud- El asesinato es casi tan común como la muerte natural hoy en día- afirmo y el solo hecho de oír esa frase hace que tu llanto se vea dramatizado. – Nadie echará de menos a Anna- susurro mientras acaricio tu cabello- … cuando ella muera…- completo sínicamente. Detienes tu escándalo con esperanza y haces un esfuerzo notorio por incorporarte y verme a la cara.

-¿q-que?- indagas presurosa y yo alargo el brazo para atraerte contra mi pecho.

-Lo que has oído, princesa.

-Tu…- musitas- tu no le has hecho nada- enuncias con temor y algo de ilusión, aunque no el todo confiada.

-No… admito como si de un detalle menor se tratase.- Te he dicho que quiero que seas feliz, cariño, sé que ella significa mucho para ti. – Le comento, aunque en realidad matarla sería una fantástica idea. Claro que la torturaría un poco previamente. Sería divertido ver su expresión.- Antes de pensar en mi debo de pensar en ti ¿No?-continuo con la farsa- Eso es lo que hace el amor- lo que sigue es una nueva ronda de lágrimas, pero estas, a diferencias de las anteriores, están repletas de alivio e incluso agradecimiento.

-Está viva…- musitas.

-Si- confirmo mientras te acuno en una posición más cómoda- pero te juro, querida, que si vuelves a…

-¡Lo sé!- me interrumpes histérica y con efusividad, separándote de mi abrazo para verme de frente- ¡No me atrevería, no…!- poso un dedo sobre tus labios y chisto entrecortadamente.

-Calma, princesa, respira.- digo mientras te devuelvo a tu anterior posición, tú te dejas hacer, como si fueses una muñeca de tela inservible. – Sólo pórtate bien y tal vez me olvide de este pequeño percance…

Tenemos un imperceptible pacto, Elsa, aunque puedo prever que no durará mucho.

Algo vibra bajo mi cuerpo nuevamente y por un instante me asusto pensando que pueda ser la puerta que me separaba de Elsa en esa ocasión. Para mi fortuna, sé que es mi celular. Respiro profundamente y me preparo para colgar la llamada, es entonces cuando veo que la foto que aparece en pantalla no pertenece a mi mejor amigo, ex enfermero -y maldito bastardo desde hace unos instantes- si no al niño más guapo y enternecedor del universo. Con temor a que una demora pueda ocasionar la pérdida de la comunicación telefónica, atiendo desesperado aunque esforzándome porque parezca que lo he hecho esporádicamente.

-¿Connor?

-¡Señor Hans!- exclama mi pequeño con su brío de siempre y me permito soltar el oxígeno acumulado por los nervios. Si se encuentra feliz es porque nada ha pasado ¿Verdad?- ¡Llevo un rato llamándolo!- me informa.

-Estaba dormido…- miento, no creo que sea prudente decirle: "Estaba recordando cómo es que hacía sufrir a tu madre" – Lo lamento…

-¡No hay problema!- me asegura- perdón por llamarlo pero necesitaba hablar con usted- afirma- ¡Estoy muy feliz!- exclama ensordeciéndome un poco- ¡Ha venido un médico a ver a mi mamá y dijo que estará bien, que solo ha sido un susto y le dio unas pastillas, pero dijo que puede dejar de tomarlas en cuanto se sienta mejor, y ella me dijo que me quería y le dio las gracias al médico, bueno, eso no importa, ella me dijo que me quería ¿Eso si importa verdad? No es que lo demás no me importe pero creo que eso realmente es importante porque yo tenía miedo de que dejara de quererme, entonces no tiene importancia que para mí eso sea lo más importante ¿Verdad? Aunque la verdad si debería darle importancia a lo demás… ¡Como sea! ¡Ella está bien! Ahora está descansando, no porque tuviese sueño o algo, sino porque el médico le dijo que lo hiciera, o podría tener agotamiento…. Mmm… ¡emocional! Sí, eso. Aunque no sé qué es lo que significa precisamente, pero eso no tiene importancia ¿Cierto? Lo que importa es que está bien y que me quiere, porque, a fin de cuentas, el amor es lo más importante y si no tuviésemos amor no importaría mucho que estemos todos bien o todos mal ¿Es correcto'? Yo lo veo así… tal vez otros lo vean de otra forma, porque cada uno puede tener su opinión y eso debemos respetarlo aunque puede que a veces no nos guste aceptarlo, eso también es importante y…- lo corto riendo sonoramente y el suspira dócil y lleno de paz.- Ya estoy hablando mucho de nuevo, ¿A que sí?- corroboro su afirmación y me siento en la cama mientras preparo mis palabras.

-Me alegra oír que todo haya ido tan bien, Campeón- pronuncio aliviado de verdad- Y si, mientras tu madre te quiera no debe importarte nada.

-Bueno pero, aun así, también me importan otras cosas- me cuenta- Como el colegio, mis tíos, mis amigos y los superhéroes de Marvel – se ríe nervioso- Y como usted también- puntualiza al final- Usted es muy bueno conmigo, señor Hans y siento que lo quiero mucho a pesar de conocerlo hace poco- hago amago de responder pero él insiste en seguir hablando- No sé que tiene, pero es como si me sintiese ligado de una forma única a usted ¿Tiene eso sentido? No me responda. – Rio levemente emocionado- Me será difícil dejarlo partir…- confiesa.

-Aún falta para eso, Connor- comento- Y yo también te quiero…- asevero- lo hago como no tienes idea. – Su risita se oye al otro lado de la línea.

- Señor Hans… en verdad estoy muy feliz…

-Lo sé, Campeón, tu madre es una buena mujer, sería una pena que sufriese- hablo tragándome el odio que siento hacia mí mismo.

-Es verdad…- me secunda- Solo hay una cosa que me haría más feliz, que su buena salud, en este momento.

-¿Qué es eso?- indago curioso y divertido al mismo tiempo, pensando que ya saltará con alguna cosa de superhéroes.

-Bueno debo hacerle una pregunta un tanto indiscreta- me anuncia frenético, casi puedo verlo revolviéndose el cabello debido a la ansiedad. Emito un sonido que le indica que puede indagar lo que sea- Ya sé que no tiene hijos, señor Hans… pero verá… es que… mi madre es una mujer muy, my hermosa y muy encantadora y los que la conocen saben que es muy, muy dulce, aunque sea un poco tímida y algo callada… - no me gusta el rumbo que está tomando esta conversación- bueno… es que… yo…

-Puedes hablar, Connor- ratifico, aunque creo que estoy infundiéndome más valor a mí que a él…

-Bien…- suspira- ¡Ya qué más da!- exclama fehacientemente tras respirar con decisión- ¿Señor Hans, tiene usted esposa o novia?... Porque ¿Sabe? Me encantaría que mi madre lo conociese…


Nota del Autor:

Hans, estás jodido. jajajaja

Holiiisss :333 Lo sé, no tengo vergüenza... Me he demorado y mucho. Lo cierto es que este capitulo ya debería de estar publicado desde hace unos días. Pero mi adorado hermano hijo de la gran... *piiiiiiiiiiii* bueno, se entiende, jejejej. Eliminó accidentalmente casi todo el capitulo. Lo que están leyendo lo acabo de escribir y si notan algún error es porque no he tenido tiempo de corregirlo :'(

En fin fue una entrega un tanto intensa. Los que quieren matarme por los ataques de Elsa por favor levanten la mano * todos lo hacen* creo que voy a necesitar guardaespaldas D: JAJAJAA no, ya enserio. Era obvio que luego de ser maltratada y violada no iba a salir bien librada Psicológicamente, al menos no del todo. Esto suma otra pequeña razón para los tormentos de nuestro sexy Hans jajaja pobre chico...

No voy a hablar mucho hoy porque carezco de tiempo, pero si voy a decirles que presten atención a diferentes detalles que tal vez solo parezcan escenas de relleno. ¡No se quejen después!

¿Han leído bien la frase del inicio? si es así, no tendré que explicar mucho la escena media romántica de la librería. Desde que leí esas lineas no he dejado de pensar en que a Elsa podría haberle gustado Hans en su momento. Es como si se lo hubiese restregado en la cara ajaja ¿Si saben a lo que me refiero? El epílogo de MAO. Esas lineas me tuvieron maquinando mucho tiempo. Al ser un Short- Fic Frozen Fan obviamente redujo mucho las escenas, solo incluyó las que más servirían a la trama de la historia. Pero hubo un lapso importante desde que Elsa entró a la librería, comenzó a frecuentarla y Hans terminó por obsesionarse con ella. Yo estoy extendiendo esas escenas y la frase redactada en el principio me dio mucho para trabajar. Tal vez me equivoque, si es así, Frozen Fan, dímelo ya mismo.

Connor bonito divino de Ali :3 ¿Es posible querer tanto a un OC de creación propia? ajajajaja no lo sé, es como el hijo que quisiera tener XD Lo de pelirrojo y ojos verdes incluido :3 Bueno, él no la pasará nada bien en el momento culmine de la historia. No diré mas D: Seré una maldita perra T-T

Voy a agradecer los comentarios recibidos en este primer cap, ya he respondido algunos, así que solo quedan los anónimos:

Guest: me alegra que te haya gustado! Gracias por comentar y un saludo grande *-*

elin: tranquilízate ajjaja ya he actualizado primerizos ¡Si hasta lo he terminado! ajajja y aún no te he visto comentar por ahí...¿Puedo recomendarte algo sin ofender? Sería bueno que le otorgases mas atención a tu ortografía. Tienes un par de errores que deberías analizar. Gracias por comentar ¡Saludos!

En fin, un beso enorme y hasta la próxima actualización.

Los quiere,

Aliniss

PD: ¿Soy la única que sigue llorando por la noticia de The Lonely Frozen Wolf? :'(