HOLASSS! Aquí les traigo otro capítulo, estoy emocionada por las buenas respuestas que he recibido ¡Muchas gracias! Disfruten del capítulo.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son propiedad de la grandiosa y estupenda escritora J.K. Rowling, la responsable de hacerme soñar con saborear una saltarina rana de chocolate.
Amor para seguir
By. Emina Uchiha
Capítulo 1. En el campo
Eran las primeras horas de la mañana en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, los primeros rayos del sol aún no se asomaban, se trataba de un amanecer frío como ya estaban acostumbrados los alumnos, Ginevra Wesley recorría con cautela los pasillos del colegio, necesitaba alejarse de las cuatro paredes que conformaba su sala común, anhelaba aire para olvidar toda la maraña que se habían vuelto sus emociones; le parecía absurdo que toda la escuela pareciera estaba siendo invadida por una atmosfera romántica, el miedo por el regreso de él que no debe ser nombrado había sido increíblemente opacado por las hormonas que se encontraban recorriendo todo Hogwarts, le resultaba sofocante ver varias parejitas muy juntitas y acarameladas caminando por los pasillos, las demostraciones de amor estaban a la orden del día; así como, su dolor de corazón, su pecho resentía cada vez que asimilaba que aunque toda la escuela se ahogara de demostraciones de amor, ella nunca estaría al lado del chico al que tanto quiere, ese muchacho por el cual suspiraba muchas noches ahora se encontraba siendo feliz en los brazos de su mejor amiga, el ambiente amoroso de Hogwarts la asqueaba, como se suponía que se iba a dedicar a sus estudios si toda la maldita escuela era puro nauseabundo amor, esa era la razón por la cual había madrugado y se escurría por los pasajes del colegio, tenía que evitar a los profesores o a los prefectos, oh claro y al viejo Flint, su meta era sencilla, llegar al campo de quidditch.
Era exageradamente temprano y él lo sabía, pero por más que lo intentara estaba seguro que no iba a conciliar el sueño nuevamente, no después de esa horrible pesadilla que no lo dejaba en paz, después de vivir nuevamente la terrible muerte de su madre lo que menos tenía ganas de hacer era cerrar los ojos, estaba harto de tomar las pociones para no soñar pero cada vez se hacía más dependiente a ellas; sin su efecto, su sueño se transformaba en dolor, sufrimiento y locura, la tranquilidad se negaba a aparecer en él, se levantó de golpe de la cama y se vistió con rapidez, se sentía asfixiado necesitaba alejarse de ese encierro, el pequeño cuarto que le había asignado con amabilidad el director de la escuela llegaba a sofocarlo; así que camino en busca del aire frío que estaba seguro sentiría a las afueras de las paredes de Hogwarts, ser alguien despreciado y rechazado no te da la opción de disfrutar un poco de calma en cualquier sitio, así que aprovecharía que todos los alumnos se encontraban en sus dormitorios y se escabulliría a un lugar especial, un sitio que no había pisado y que de cierta manera extrañaba, el campo de quidditch.
Sentir el aire frio en su pálida piel lo hizo despertar por completo, caminar entre la neblina le brindaba tranquilidad y comenzar a distinguir el campo de juego del colegio le llenaba de nostalgia, había pasado un tiempo desde que se montaba a una escoba y que decir de practicar quidditch, unas de los primeras muestras de desprecio que recibió de los que creía sus amigos Slytherin fue la expulsión pública del equipo de su casa y el destrozo de su escoba en sus narices, extrañaría esa Nimbus 2001 con la cual tuvo un excelente enfrentamiento con Potter, ese juego había sido el mejor, se inició en el deporte desde muy pequeño pero nunca se había topado con un rival como lo era Harry Potter, muchos creían que su padre compró su lugar en el equipo de la casa pero él sabía que era mentira, el quidditch era su pasión y en cuanto las cosas mejoraran volvería a jugar, ahora solo le quedaba adentrarse en el campo de juego, sentir el aire en el rostro y tocar el húmedo césped con las blancas manos, sus platinados ojos observaban con nostalgia cada una de las altas gradas que rodeaban el terreno de juego, los altos aros y el cielo rodeado de una fría neblina, su mirada se perdió en ese rayo rojo que se deslizaba velozmente por el cielo, era un haz de luz que se deslizaba en singulares movimientos a lo alto del campo, su curiosidad se despertó, subió una de las vacías tribunas, la velocidad de ese rayo rojo lo atraía a descubrir el origen de ese fenómeno luminoso.
Si había algo que la hacía olvidar sus penas eso era volar; subir a la escoba y ascender varios metros la emocionaba, deslizarse por el cielo y sentir el frío aire chocar contra su rostro mientras su rojo cabello ondeaba al ritmo de las ráfagas la emocionaba al cien, mirar alto sin la necesidad de bajar la mirada y elevarse más y más llenaba cada centímetro de su ser, el quidditch era su pasión, era el medio que la hacía dejar a un lado sus confusas emociones, la felicidad se desataba en su corazón tras la inyección de adrenalina que explotaba en su interior mientras caía en picaba y de repente retomaba el vuelo de nuevo, en su mente no había lugar para nada ni nadie más, solo eran ella, su escoba, el cielo y el helado aire que llenaba sus pulmones, se movía de un lado a otro, dibujaba ondas con su cuerpo, la velocidad era aumentada cada vez más, se imaginaba rivales para esquivar con majestuosa habilidad, ascendía y descendía en fluidos movimientos, el quidditch le regalaba una sensación de libertad única.
Draco Malfoy estaba sorprendido, su curiosidad ya había sido resuelta pero la sorpresa no abandonaba su rostro y su mirada no dejaba de admirar al ser que se encontraba recorriendo el campo de quidditch con expertos movimientos, sabía que Ginevra Weasley formaba parte del equipo de Gryffindor, pero desconocía la habilidad que ésta poseía para el deporte, su silueta se posesionaba en el cielo como una delicada ninfa pero sus movimientos eran fieros como una águila real, su cabello resplandecía como una llamarada ardiente, era un ser peculiar del cual no podía apartar su mirada; el enfado se estaba adueñando de él era imposible que esa Weasley lo tuviera cautivado.
Ginny detuvo su vuelo cuando su castaña mirada se topó con los fríos ojos plateados del chico que la miraba desde una de las tribunas, que demonios hacia Draco Malfoy en ese lugar, cuando ya estaba comenzando a desestresarse y disfrutar del momento el rubio decide ir a molestarla, ¡no lo permitiría!
Draco maldecía sus adentros cuando vio la figura de la Weasley acercarse con rápida velocidad hacía él, lo había descubierto.
–¿Qué haces aquí Malfoy? –pregunto con cierta agresividad Ginny mientras frenaba frente al rubio.
–Tal vez yo debería de preguntar lo mismo Weasley –contesto Draco con frialdad, nunca se dejaría amedrentar por nadie, mucho menos por una mocosa.
–Deja de hacerte el digno que no te queda hurón –y ahí estaba ese apodo que tanto odiaba, esa niñita sí que era insolente –ve a lanzar tu veneno a otro lado.
–No eres nadie para darme órdenes, además no creo que los profesores te tengan permitido practicar a estas horas –dijo con astucia el Malfoy.
–Ni siquiera se te ocurra amenazarme, estamos en las mismas condiciones, si caigo yo…también caerás tú –dijo Ginny mientras se bajaba de su escoba y se posesionaba frente a Draco con la frente en alto y una sonrisa de suficiencia, Malfoy besaría el piso, pagaría por interrumpirla en su momento de relax.
La furia lo estaba nublando, que se creía esa mocosa altanera, como osaba retarlo, pero algo tenía que admitir, Ginevra Weasley no dejaba de sorprenderlo, su castaña mirada resplandecía sin temor, su mirar altivo y esa cercanía que no sabía como pero lo ponía un poco nervioso, la pelirroja no era una simple mocosa, tenía carácter, nada mal para ser una Weasley.
–Mira Weasley, no tengo el menor interés en lo que hagas, solo déjame en paz –dijo esto último para poder retirarse con pose digna, no podía seguir perdiendo el tiempo las alumnos no tardarían mucho en abarrotar los pasillos y no quería ser descubierto, después se la cobraría a la pelirroja.
–Huye como un cobarde hurón –mencionó Ginevra triunfante, el día comenzaba genial para ella había dejado sin palabras a Draco Malfoy; montó su escoba para regresar al castillo aunque no le quitaba la vista a la figura del rubio que caminaba con cierta arrogancia característica en él, pero Malfoy también desprendía algo más…soledad, desde el inicio del año escolar todo el colegio se enteró del destierro al que lo sometieron los demás Slytherin, ahora Draco siempre deambulaba por los pasillos del colegio completamente solo, su arrogancia y prepotencia no habían cambiado, su caminar seguía siendo con elegancia, su clásico acento de arrastrar las palabras tampoco había desaparecido, solo se había vuelto un ser solitario y un poco pasivo, los insultos que estaba acostumbrado a lanzar se habían acabado, solo si te metías con él era que lo escuchabas ofender, su rutina era monótona y aburrida, no se imaginaba como se la podía estar pasando el rubio, le parecía increíble que mientras ella se estaba quejando de sus problemas amorosos otras personas la estaban pasando peor, no debía de ser muy grato que después del desprecio de tu familia, tus amigos y demás alumnos en la escuela te llenaran de malos tratos, el chico la estaba pasando muy mal...pero lo más increíble era que estaba sintiendo pena por el mismísimo Draco Malfoy.
Hasta aquí llega por hoy, tal vez sea un poco corto pero esto está comenzando, prometo hacer capítulos más largos, así como tratar de no tardar en actualizar hay veces en que la Universidad no deja libre a uno, pero haré mi mejor esfuerzo xD
¡Muchas gracias por las lindas personas que han leído, gracias por agregarme a sus alertas y por sus reviews! ¡Muchas gracias!
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Nos vemos
BYEBYE n.n
