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Demos las gracias a YINLLER, por darme permiso y prestarme sus encantadores OC Ethan y Nathan para que aparezcan en ésta historia :D
Y a mi colega artística SIREN-BLUE-CAT por realizar la coqueta portada para el fanfic! :3
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Esa noche a las ocho, en la casa del bosque…
Raphael entró por la puerta principal sin tocar antes. Eso no era necesario, al fin y al cabo ésa era ahora su casa…
_ ¿Hola…? _llamó al no oír nada_ ¿Donnie…?
El ojiverde se quitó el abrigo y lo arrojó sobre uno de los sillones. Al volverse, vio en lo alto de la escalera al objeto de sus deseos…
_ Hola, Raphie… _lo saludó Donatello con su voz más sensual.
_ Donnie, mi dulce princesa… _lo saludó a su vez el invitado, sonriendo complacido ante aquella dulce visión.
Donatello iba vestido con su hermoso vestido nuevo, que dejaba al descubierto los hombros y los brazos… y flotaba detrás de él cada vez que daba un paso para descender la escalera y acercarse a recibir a Raph.
Una nube de perfume con olor a moras azules lo envolvía cuando el ojirrojo llegó a los pies de la escalera:
_ ¿Y bien…? _el niño pestañeó coquetamente, demandando una opinión de su novio_ ¿Te agrada…?
Rapha paseó la mirada por su vestido, rebosante de tul y encaje violeta; y decidió que lo que más le gustaba era cómo la prenda se ajustaba a su cintura con un enorme lazo;
_ Por supuesto que sí… _afirmó, hincándose en una rodilla_ Mmmm… Mírate… _ronroneó extendiendo las manos hacia su falda_ Pareces un delicioso pedazo de pastel…
El ojiverde trató de aferrarle el vestido para acercarlo hasta él y así poder robar un beso de sus labios. Pero Donatello se resistió inmediatamente, entrando en pánico al verlo tironear de las delicadas capas de encaje:
_ ¡No, no, no…! ¡Llevo mucho tiempo cosiendo el encaje! _lo reprendió, dándole una palmada en las manos_ ¡Suelta!
_ ¡Ouch! _Raphael retiró sus manos inmediatamente_ Es como cuando mi mamá no me dejaba tocar el postre hasta que comiera todo el brócoli de mi plato… _recordó el ojiverde.
_ Lo siento, pero no puedo dejar que dañes mi hermoso vestido luego de todo el trabajo que me llevó… _repuso Donnie, cruzándose de brazos.
_ ¿O sea que no puedo arrancártelo con los dientes? _bromeó el más alto de los dos.
_ Puedes… _decidió Donatello, coqueteando_ ¡Luego de que la noche termine! Ahora ve a ponerte esto... _el niño le pasó una bolsa de papel que traía escondida bajo la falda.
_ ¿Qué es esto? _quiso saber Rapha.
_ Es tu disfraz…
_ ¡Yo no acordé ponerme ningún disfraz…! _se horrorizó Raphael.
_ ¡Claro que sí…! _insistió el ojirrojo.
_ ¿Cuándo?
_ ¡La otra noche! _se enfadó Donatello_ ¡No finjas!
_ Tal vez necesite que me refresques un poco…
Donatello entendió por fin a qué jugaba su novio, y sonrió con complicidad;
_ ¿Que no te acuerdas? _preguntó con voz aparentemente inocente_ Te até a mi cama…
_ Ajá…
_ Te quité los pantalones… _enumeró Donnie, acercándose a él.
_ Sí… _lo alentó Raphael_ Continúa…
El niño se acercó mejor a su oído para susurrarle:
_ Me quité mis braguitas en frente de ti… _susurró, rodeándole el cuello con los brazos_ Y luego… con mi boca… yo…
_ Oigan, lamento interrumpir su "charla sucia"… _dijo Mickey desde lo alto de la escalera_ Pero, ¿en dónde está Leo…?
Donatello y Raphael se separaron, con la mayor naturalidad posible:
_ Luces bien, Mickey… _aprobó Rapha, tratando de ganar algo de tiempo.
La verdad era que Mickey estaba encantador con ése vestido similar al de su hermano, pero en tonos naranja. Sin embargo la mirada ansiosa de Michelangelo pasó por encima de Raphael y siguió buscando a su novio:
_ ¿Por qué no ha venido Leo contigo? _le preguntó al fin.
_ Oh, Leo… _Raphael se rascó la nuca. Odiaba tener que darle las malas noticias a Mickey_ ¡Él nos estará esperando allá!
_ ¿En serio…? _desconfió Mickey.
_ ¡Claro que sí…! _le aseguró el ojiverde_ Así que me apresuraré a ponerme este… este…
_ Disfraz del fantasma de la ópera… _completó Donatello.
_ ¿Qué? ¿De la ópera? ¡Me lleva la…! _Rapha desistió de expresar su opinión sobre el conocido musical al ver el ceño fruncido de su novio_ Es decir… ¡Me encanta! ¡Lo usaré sin rechistar!
Raphael se fue corriendo a la otra habitación a cambiarse:
_ Eso espero… _lo amenazó Donnie mientras se alejaba_ ¡NO HAY POSTRE SI NO TE ACABAS TUS VERDURAS PRIMERO!
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Hora más tarde en uno de los alegres vecindarios de la ciudad, en una casa no tan alegre…
Leonardo salió de la cochera de Raphael, elegantemente vestido con el disfraz que Donatello le había fabricado y que era idéntico al de su amigo Raph, excepto por los detalles en azul que adornaban la camisa y la corbata:
_ ¿Cómo me veo? _le anunció a Michelangelo, que lo esperaba del otro lado, sentado en la acera.
_ Luces apuesto… _admitió el más pequeño, sonrojándose_ ¡Te hice esto!
Mickey le entregó el antifaz que había confeccionado y Leonardo sonrió ampliamente, aceptando el presente;
_ Y yo te compré esto… _Leo le entregó la calabaza de juguete_ ¿Te gusta?
_ ¡Es hermosa! _Mickey se entusiasmó al ver el curioso objeto_ ¿Son brillantes?
_ Sí…
_ Donnie dice que los brillantes son para las gitanas, los travestis y las prostitutas… _comentó.
_ Oh…
_ Pero yo no soy Donnie… _le aclaró, guiñándole uno de sus ojos claros con coquetería.
Leonardo permitió que su niño le colocara el antifaz en su lugar, y aprovechó la cercanía para cerrar los brazos a su alrededor y atraparlo en un abrazo posesivo.
_ ¿Ya te dije lo lindo que te ves ésta noche…? _le preguntó antes de juntar sus labios.
Michelangelo se dejó besar con mucho placer. Extrañaba el toque de los brazos fuertes de Leo alrededor de su cuerpo y sus maneras tan caballerosas…
_ Leo… ¿Por qué no has venido a la casa con Raphael…? _preguntó el más pequeño cuando el beso se acabó_ ¿No te gusta visitarnos?
_ ¡No! ¿Cómo puedes pensar eso? _Leo no podía soportar ésa mirada de tristeza en los ojos claros de su niño_ Sólo me entretuve con Usagi… y se me hizo tarde… _admitió_ No supe cómo sacármelo de encima.
La tortuga con el rostro cubierto de pecas miró su juguete con pesar. Al fin y al cabo, su hermoso regalo no era más que otra de las muchas "compensaciones" de Leonardo…
_ Créeme, Mickey… _suplicó el apenado Leo_ Por favor…
_ Está bien… _sonrió Mickey, restándole importancia al asunto_ No quiero pelear en la noche de nuestro intercambio de regalos…
Leo le sujetó la barbilla con ternura:
_ Te prometo que luego de que terminemos aquí, me iré derechito a la casa del bosque contigo… _prometió_ Y pasaremos la noche juntos tú y yo…
La tortuga con el rostro cubierto de pecas, exhibió la más brillante de las sonrisas:
_ ¡Vayamos a pedir dulces, entonces!
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Más tarde…
Usagi miraba extrañado al par de niños que correteaban de aquí para allá, haciendo revolotear sus finísimos vestidos de encaje detrás de ellos y pidiendo dulces en todas las casas;
_ ¿De nuevo Raph… quiénes son estos personajes? _preguntó.
_ Por última vez, Usagi… _gruñó Raphael_ Son los hijos de la hermana, de la sobrina que es cuñada de mi tía… Tía política…
Usagi trató de procesar del todo el comentario de Raphael sobre su intrincado árbol genealógico… pero justo en ése momento Michelangelo pasó correteando frente a él y se tropezó, cayendo de cara a la acera.
La esponjosa falda de su vestido se levantó con el impulso y sus pantys de encaje color crema brillaron como una bandera frente a los ojos del amigo de Leo:
_ ¿Y por qué se visten como muñecas de porcelana? _preguntó mientras observaba a Donatello ir en auxilio de su hermano más pequeño, que se levantó como si nada le hubiera pasado… con tal de ir a la siguiente casa por más golosinas.
_ ¿Por qué no? _intervino Leo_ ¿Nunca te disfrazaste de mujer con la ropa de tu mamá cuando eras pequeño?
_ Tal vez… pero esto va más allá… _insistió Usagi_ La señora de ésa casa no ve muy bien y les pellizcó las mejillas pensando que eran niñas de verdad...
Leonardo emitió una carcajada;
_ Pues han conseguido muchos dulces engañando a la señora… _admitió_ Y no es a la única que engañaron… _concluyó al ver a uno de los hermanitos de Usagi levantándole la falda a Donatello.
_ ¡NIKO! _lo reprendió Usagi, gritándole de lejos_ Lo siento, muchachos… Niko está en la repugnante edad en la que les levanta la falda a las niñas…
_ Pues arréglalo… _lo amenazó Raphael, hirviendo de los celos y levantando su puño en lo alto_ ¡O voy a repartir golpes!
_ ¿Le vas a pegar a un niño? _Usagi no se tomó demasiado en serio la amenaza.
_ No… ¡Te voy a pegar a ti! _aclaró el ojiverde pegándole un puñetazo en el brazo izquierdo.
_ ¡Ouch! ¿Qué rayos te pasa, Raphael?
Mientras, Niko –que estaba vestido de pirata- miraba extrañado lo que había debajo de la falda de Donatello… quien a diferencia de su novio, no estaba haciendo el gran escándalo por ello:
_ No eres una niña… _concluyó al final el conejito.
_ No, no lo soy… _dijo Donnie luego de que soltara su vestido.
_ ¿Y por qué te vistes así y usas braguitas? _cuestionó el hermanito de Usagi, con la franqueza propia de los niños pequeños_ Es extraño…
_ Mi mamá nos enseñó a vestirnos así… _explicó simplemente Donatello, sonriendo_ Las faldas y las braguitas son muy cómodas y el encaje es muy suave…
_ Oh… _a Niko no pareció satisfacerlo aquella explicación, pero antes de que pudiese preguntar algo más Mickey apareció de la nada y se interpuso entre él y su hermano.
_ ¿Tú eres Niko…? _quiso saber Mickey, sonriendo traviesamente.
_ S-sí…
_ ¡Eres muy lindoooo! _Mickey se le echó encima para apretarle las mejillas y besuquearlo.
_ Puajj! Suéltame! _como a todos los niños sobre la faz de la tierra, a Niko no le gustaba que lo besuquearan y babearan de ésa forma, y corrió a esconderse detrás de su hermano mayor, que a su vez discutía con Raphael.
Michelangelo y Niko corrieron en círculos alrededor de Usagi por un rato, hasta agotar la paciencia del conejo:
_ ¡Oigan! ¡Oigan ya! ¡Niños! ¡ESTÉNSE QUIETOS O NOS VOLVEMOS A CASA! _amenazó, aunque disponía de muy poca autoridad en lo que respectaba a sus hermanos_ ¡VOLVEMOS A CASA HE DICHO!
Pronto el resto de los conejitos que venían con Usagi vieron atractivo el alboroto y se unieron. En segundos el mayor de los hermanos terminó desapareciendo bajo una avalancha de conejitos con sobredosis de azúcar y disfraces variados…
_ Bien, que tal si mientras él organiza a sus hermanos… _propuso Donatello sujetando la mano de Raphael_ ¿Damos una vuelta por el vecindario y les presentamos a nuestros conocidos?
_ ¿Tienen conocidos en la ciudad? _se extrañó Raphael al oír eso_ Creí que nosotros éramos los únicos…
_ ¡Claro que tenemos amigos en la ciudad! _ Mickey había salido ileso de la avalancha_ No somos invisibles como los fantasmas… ¡Lo que me recuerda!
Mickey se alejó dando saltitos hasta una casa vacía y abandonada al final de la calle. Pasó junto al cartel de "en venta" como si nada y comenzó a golpear la puerta con insistencia.
_ Entonces… _dijo Leonardo_ ¿Sus amigos también son íncubos como ustedes?
Donatello negó con la cabeza:
_ No. Ya no quedan íncubos... En la ciudad por lo menos…
Michelangelo seguía golpeando con su manita enguantada en la puerta de la única casa que carecía de decoración tradicional de Halloween;
_ ¡Vamos, salgan ya! _se quejó la pequeña tortuga, comenzando a patear la puerta con sus zapatitos de charol_ ¡Lo prometieron!
_ ¿A quién se supone que le habla? _quiso saber Raphael, aferrando la mano de Donnie.
_ A Ethan y Nathan…
_ ¿Ethan y Nathan? _preguntó el ojiazul, alzando una ceja_ ¿Son fantasmas…?
_ Algo así… _respondió el niño de vestido violeta.
_ Pero, cuando conocí a Mickey él me dijo que los fantasmas no existían… _recordó Leo. A pesar de saber que ya no era totalmente humano, aún le tenía algo de maña a los asuntos que involucraran fantasmas.
_ Así es. Nathan y Ethan no son fantasmas… _Donatello dejó su calabaza con dulces al cuidado de Raphael_ Son almas en pena.
_ Oh… _Leonardo puso más pálido que un huevo cocido_ E-eso no me tranquiliza… ¡son casi la misma cosa!
_ ¡No seas miedica, Leo! _se burló el ojirrojo acercándose a la casa_ Ellos son inofensivos. Su padre enloqueció al ver que habían nacido pegados, y los enterró vivos en el patio de atrás; por eso sus almas siguen aferradas a esta casa…
Mientras, la tortuga más joven seguía muy frustrada porque no podía hacer salir a sus amigos:
_ ¡Salgan ya! _exigió_ ¡Me prometieron que íbamos a salir a pedir dulces juntos!
_ No… Somos monstruos… _dijo una voz desde debajo de la escalerilla de madera que daba al porche_ No debemos salir…
_ Vamooooos… _Mickey siguió la voz hasta su origen, y se inclinó junto a la escalera_ ¿Por favor…?
En un descuido, la mano de Nathan asomó por debajo de las tablas y Mickey la atrapó entre las suyas:
_ ¡Te tengo…! _Michelangelo comenzó a tironear para sacar a los hermanos de allí, con poco éxito_ ¡Vamos, no sean tímidos! ¡Nyaaaa!
Mickey hizo su mejor esfuerzo, pero cuando los dos hermanos consiguieron librarse de su agarre cayó hacia atrás, aterrizando en los brazos Leo.
_ No quieren salir… _rezongó acomodando su vestido, que se había levantado al trastrabillar.
_ ¿Qué sucede con ellos? _quiso saber Leonardo.
_ Todos los años es lo mismo… _suspiró Donnie_ Les da vergüenza salir…
_ Somos monstruos… _repitió Nathan con voz triste.
_ ¿Pero no quieren dulces? _intentó Donatello por última vez_ Creí que les gustaban…
_ ¡Claro que queremos dulces! Pero… No queremos que sus nuevos amigos nos vean y se asusten de nosotros…
Leonardo dejó a Mickey en compañía de su hermano mayor y se acercó a la escalera. Se hincó en una rodilla y trató de espiar entre las maderas:
_ Apuesto a que no es tan malo como ustedes creen… _dijo, tendiéndoles una mano_ Tengo muchas ganas de conocerlos, chicos… Mickey me ha hablado mucho de ustedes. _mintió.
El ojiazul esperó alguna protesta, pero los hermanos permanecieron callados;
_ ¿Por qué no salen un momento…? _los invitó con una gran sonrisa_ Y si no quieren venir con nosotros, los dejaremos en paz…
Luego de unos segundos de silencio, una pequeña mano se asomó por debajo de las tablas y aferró la mano extendida de Leonardo.
Leo abrió muy grandes los ojos. Aquel contacto era como sentir un soplo de aire frío y húmedo, aferrándole la mano con fuerza…
Ethan y Nathan salieron lentamente de su escondite, temerosos de la reacción de Raphael y Leonardo:
_ Ustedes no son monstruos… _opinó Leo observando sus caritas regordetas y asustadas_ ¡Son adorables!
El ojiazul los estrechó a ambos al mismo tiempo entre sus brazos, una tarea que se facilitó al estar ambos hermanos unidos por la cadera;
_ ¿N-no nos temen…? _se extrañó Ethan, quien de haber tenido piel y venas que llevaran la sangre a sus mejillas, se habría sonrojado.
_ Claro que no... _aseguró Leo, sonriendo dulcemente_ Es más… ¡Insistimos en que vengan con nosotros a pedir dulces…!
Raphael se inclinó para poder hablarle al oído a Donatello:
_ ¿Por qué siguen unidos por la cadera aún después de muertos…? _quiso saber.
_ Así es como vinieron a éste mundo… _se encogió de hombros el ojirrojo_ Y deben dejarlo de la misma forma…
_ Oh, claro… _Raphael se quedó mirando la simple pero bonita casa y los carteles de "en venta" que la cubrían.
_ ¿Estás esperando ver las telarañas y los relámpagos de fondo…? _le preguntó el de vestido violeta, arqueando una ceja.
Raphael se sonrojó:
_ Ehh… Uhhm… _balbuceó.
_ Eso es un estereotipo trillado… _se enfadó Donatello, leyéndole el pensamiento.
_ ¡Bueno, lo siento…! _se defendió el más alto, con una risa nerviosa_ Pero no puedo evitarlo, todo lo que se de fantasmas me lo enseñaron los especiales de Halloween de la T.V. Pública…
_ Mhhn… _Donatello comenzó a avanzar hacia donde estaban sus amigos, tironeando de la mano de Raph_ Mejor te los presento antes así te deshaces de ésas ideas tontas acerca de los fantasmas…
_ ¿O sea que no arrastran cadenas ni dicen: "Buuu… Buuu…"? _se arriesgó Raph una vez más, provocando al más pequeño a propósito.
_ ¡Eso es racista…! _se quejó Donatello, restregándose su manito enguantada contra la frente_ Aunque me da una idea…
Mientras, Ethan y Nathan accedieron felices a la propuesta de Leonardo;
_ Pero la gente no podrá vernos… _se lamentó Nathan_ ¿Cómo haremos para conseguir dulces…?
_ Déjenme eso a mí… _se adelantó Donatello echándoles encima una sábana blanca que acababa de robarse de un tendedero.
Minutos después Raphael salió de nuevo a la calle –donde Usagi seguía tratando de organizar a su batallón de hermanos- llevando a Donatello en sus brazos;
_ ¡Ufff! _se quejó el conejo, limpiándose el sudor de la frente_ ¡Esos niños me agotan! ¡¿Cuantas casas nos faltan!?
_ Son sólo un par de vecindarios más… _Rapha le quitó importancia al asunto_ Oh, por cierto… Conseguimos a un par de niños más para que nos acompañen ésta noche…
El ojiverde señaló al par de niños disfrazados de la versión estereotipada de un fantasma, detrás de él:
_ ¿Amigos de los hijos de tu tía…? _adivinó Usagi.
_ Sí, claro… Por qué no… _Raphael se alejó de él, al verlo sacar un silbato.
_ ¡Excelente…! _suspiró Usagi con sarcasmo.
Luego sopló el silbato para llamar la atención de sus hermanos y poder guiarlos hasta la siguiente manzana. Raphael se acercó de nuevo a los gemelos, que se esforzaban por ver algo a través de los pequeños e improvisados agujeros que Donnie le había hecho a la tela;
_ Todo arreglado, chicos… _anunció_ ¡Andando!
_ Su amigo no se ve muy feliz… _le comentó Nathan a Mickey por lo bajo, luego de ver la expresión en la cara de Usagi.
_ No te preocupes por él. _le avisó el de ojos claros, sonriendo.
_ Sí… Está amargado porque sus padres practican la tabla de multiplicar con demasiada frecuencia… _afirmó Raphael.
_ Pero debería sentirse honrado de salir con nosotros… _repuso Donatello, muy cómodo entre los fuertes brazos de novio_ Ya casi no quedan fantasmas ni íncubos. Ahora la moda es ser hombre lobo o vampiro…
Todos siguieron caminando detrás del batallón de conejitos. Aún quedaba mucha noche por delante y todos estaban dispuestos a conseguir un gran botín de dulces…
Michelangelo sonrió ampliamente al ver a sus queridos y tímidos amigos siameses unirse a la diversión. Se colgó del brazo de su apuesto Leonardo, aferrándose con fuerza;
_ ¡Eres mi héroe, Leo! _celebró_ Supongo que ya no te dan miedos los fantasmas… ¿Verdad?
Leonardo le respondió alzándolo en brazos y subiéndolo a sus hombros:
_ Mickey, los fantasmas no existen… _sonrió.
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Horas después…
Luego de visitar muchas casas… y engrosar sus preciados botines -sobre todo Donatello, que consiguió un montón de pasteles con glaseado rosa, sus favoritos- el numeroso grupo dio por terminado el recorrido al llegar al último vecindario.
Entonces, Leo se percató de que su dulce niño no estaba por ninguna parte:
_ ¿En dónde está Mickey?
_ ¿No estaba contigo…? _Raphael le habló con la boca llena, comiendo una manzana acaramelada que uno de los hermanitos de Usagi había desechado por ser "en parte" saludable.
_ No… Él… _Leo se interrumpió al oír que alguien le chistaba.
_ ¡Psssst! _lo llamó Mickey desde detrás de un árbol_ ¡Psst! ¡Leo, ven…!
Leo se acercó y se reunió con él detrás del árbol. Abrió la boca para preguntarle a Mickey qué se proponía al desaparecer así… pero su niño lo interrumpió:
_ Esto se está poniendo aburrido… _dijo la tortuga con una sonrisa traviesa en su rostro cubierto de pecas_ Quiero hacer algunas travesuras para variar…
Acto seguido desabrochó los pantalones de Leo, y la hebilla metálica produjo un ligero ruido al caer contra el suelo;
_ ¡M-mickey…! _Leo había sido tomado por sorpresa, así que intensos rubores subieron a su cara_ ¡Espera, no podemos hacer nada aquí! ¡Nos verán!
_ Nah... _el de ojos claros prosiguió, deslizando la ropa interior de Leo hacia abajo e hincándose frente a él_ Estamos muy bien ocultos entre éstos arbustos…
Antes de que el más alto pudiera emitir otra protesta, Mickey llevó su manito enguantada al sur de su cuerpo… acariciando la parte baja del plastrón de Leo con insistencia:
_ Mickey… En serio, no… _las protestas de Leonardo se volvieron cada vez más débiles a medida que su sangre bombeaba rápidamente por sus venas, saliendo de sus mejillas para ir a causar estragos en otras partes de su anatomía…
_ Vamoooos… _canturreó Michelangelo con una sonrisa pícara_ Sal para que podamos jugar…
Estaba ansioso por complacer a Leo… Por probar su sabor y oír los dulces soniditos que emitía cuando lo tomaba por sorpresa.
Siempre le había gustado la idea de probar nuevas cosas con su novio… pero él casi nunca estaba en la casa del bosque.
En fin… Hacérselo en público era un buen comienzo…
En cuanto tuvo el preciado "tesoro" del más alto en su poder, se inclinó frente a sus caderas y comenzó a hacerle sexo oral con maestría; haciendo olvidar a Leo todas sus inquietudes.
_ Oh… Mickey… Ahh… _el dulce calor en la boca de su pequeño lo transportó inmediatamente al paraíso_ E-eres asombroso…
La pequeña lengua de Mickey lamió varias veces la punta, y su manita enguantada aferraba la base dándole un suave masaje… lo que mantuvo al ojiazul a punto caramelo por un largo rato…
Leonardo entornó los ojos, ahogando lo mejor que podía los gemidos que se agolpaban en su garganta. Podía sentir la pequeña, apretada y húmeda boca de su niño tomando por completo su miembro… era maravilloso.
Pero era aún mejor la vista… el ojiazul se lamió los labios, observando a su dulce niño arrodillado frente a él, concentrado en su trabajo. Tenía los cachetes llenos y a pesar de su aspecto tan tierno, una chispa de lujuria brillaba en sus ojos claros.
Acarició su cabeza con dulzura, atascando los dedos en los lacitos que la adornaban:
_ Nghhh… S-se siente tan bien… _gimió por fin el mayor, disfrutando en grande de las atenciones.
Hasta que…
_ Leo… ¿Estás aquí? _Usagi se había acercado peligrosamente a los amantes, sin darse cuenta.
Leonardo dejó de morderse los labios por un momento, para entrar en pánico:
_ ¡¿Usagi…?!
_ Sí, soy yo… _respondió el conejo, desconcertado por el tono de alarma en la voz de su amigo_ ¿Quién más iba a ser?
_ S-siii… claro que eres tú… _disimuló el ojizul, tratando de apartar a Mickey de él_ ¡Sólo estoy orinando! ¡Jejeje!
Usagi hizo una mueca de asco:
_ ¿Aquí, en el medio del vecindario? _exclamó_ ¿Cuál es tu problema?
_ Ehhmm… Pues, ya sabes… _Leonardo trató nuevamente de despegar al más joven de sus caderas, pero Mickey se resistía a dejar lo que estaba haciendo_ ¡Mi problema es una gaseosa Coca-Cola de dos litros en una vejiga de medio litro…! _bromeó para hacer tiempo.
_ Oh… Bueno, cuando termines ahí atrás y después de que lleve a mis hermanos devuelta a casa… ¿Quieres ir a una fiesta conmigo? _le propuso el conejo.
Al oír eso Mickey hirvió de los celos, y lo manifestó haciéndole sexo oral más fuerte a su novio, succionando con furia como si con eso quisiera distraerlo de la conversación:
_ ¡Nhhhg…! _Leo trató de contener sus gemidos lo mejor que pudo_ ¡Ahhh—a una fiesta dices? _Mickey se esforzaba por tomar todo su miembro de una sola vez, tornando aquella situación aún más caliente de lo que ya era_ ¿Eso dijiste, verdad? ¿Uuhhh… una fiesta!
_ Sí… Bueno… _Usagi se rascó las orejas, tratando de fingir desinterés_ Unos chicos de la clase de gimnasia nos invitaron la semana pasada… No te lo había dicho porque últimamente ya no te veo tan seguido como antes y se me olvidó.
Mientras Usagi se sinceraba, su amigo –quien creía, estaba poniendo atención a su discurso- permitía que Mickey se saliera con la suya, colapsando en un jugoso orgasmo dentro de la boca de su pequeño –pero hábil- amante…
La tortuga con el rostro cubierto de pecas trató de finalizar su pequeña travesura con prolijidad, sorbiendo todo el preciado líquido con sumo cuidado... sus labios llenos atrapando las gotitas blanquesinas:
_ Ahhhh… Mi dulce Michelangelo… _suspiró el más alto cuando las rodillas se le doblaron y su espalda resbaló en el tronco del árbol, quedando sentado en el suelo.
_ ¿Leo, me estás escuchando…? _se quejó el conejo, al ver que no obtenía ninguna respuesta_ ¿Cuánto te falta?
Usagi rodeó el árbol para encontrarse con su amigo, que se apresuró a subirse los pantalones y empujó a Mickey hacia los arbustos, justo a tiempo:
_ ¿Te encuentras, bien? _quiso saber Usagi al verlo allí sentado y todo sudoroso y agitado.
_ Sí, claro… _mintió Leo, poniéndose de pie_ Debo de tener baja el azúcar o algo así…
El conejo sonrió y buscó algo en el bolsillo trasero de sus pantalones:
_ Mira lo que tengo… _presumió, sacando un paquete de cigarrillos.
_ ¡Usagi! ¿¡Has comenzado a fumar!? _se exasperó Leonardo, frunciendo el ceño_ ¡Qué van a decir tus padres! ¡No deberías fumar, es un hábito horrible y algo terriblemente malo para tu salud!
_ Tranquilo, llorón… _lo interrumpió Usagi_ Éstos son de dulce… Niko me los dió hace rato.
Usagi se puso uno en la boca y le ofreció uno a Leonardo;
_ Podrías haberme dicho algo, antes de dejarme hablar como un idiota… _le reclamó el ojiazul.
_ No… Me gusta cuando me sermoneas… _admitió el conejo, recostándose contra el árbol y apoyando un pie contra la corteza_ Hasta parece que te preocupas por mí de verdad…
_ Yo sí me preocupo por ti. _afirmó Leo_ No sé de qué hablas…
_ ¿En serio te importa tu querido y viejo amigo Usagi? _bromeó.
_ ¡Por supuesto!
_ ¡Entonces pruébalo! _lo desafió Usagi_ ¡Ven a la fiesta conmigo luego de dejar a mis hermanos en casa!
Leonardo se arrepintió inmediatamente de haberle seguido la corriente:
_ P-pero… Usagi…
_ Oh, y tendrás que quitarte ésa cosa horrible cuando vayas… _Usagi se tomó la libertad de quitarle el antifaz decorado de los ojos_ Y esto también…
El conejo retiró la corbata del cuello de su amigo y le quitó el coqueto saco negro. Luego le arremangó los bordes de la camisa hasta los codos y desprendió un par de botones, despejando el cuello…
_ Listo… _festejó, dando por terminada la tarea_ Ahora te ves galán…
_ Pero Usagi… _Leonardo trató de rechazar la invitación de Usagi, pero éste ya se iba de regreso con sus hermanos_ ¡Espera! ¡Usagi, no se si pueda ir ésta noche! ¡Hey!
_ ¡Sin excusas, Leo! _exclamó Usagi a lo lejos, rescatando a sus hermanos de los gritos de Raphael, a quien había dejado cuidando al batallón de conejitos.
_ Ufff… _Leo dejó pasar el asunto y se volvió para sacar a Mickey de entre los arbustos_ ¿Te encuentras bien, Mickey? Lamento lo que pasó…
Mickey salió dando tumbos de entre los matorrales, con su hermoso atuendo lleno de hojas… y cara de pocos amigos.
_ Perdóname por empujarte así… fue lo único que se me ocurrió en ése momento para que Usagi no nos viera… _se apresuró a disculparse el más alto, sacudiendo las hojas del hermoso vestido anaranjado_ ¿Estás enfadado conmigo…?
_ ¿Vas a ir a la fiesta? _preguntó simplemente Michelangelo, sin levantar la mirada del suelo.
Leonardo comprendió entonces que estaba metido en un buen aprieto:
_ Mickey… Deshacerme de Usagi será más sencillo si voy a la fiesta con él. Así podré escabullirme entre toda la gente sin que me vea… Es sólo una estrategia. _le aseguró_ Haré todo lo que pueda para reunirme contigo, lo juro... ¿Sí me crees, verdad…?
Mickey no respondió. En silencio, se llevó sus manos debajo de la falda y se quitó sus delicadas braguitas de encaje color crema… frente a la mirada de Leo.
Se las entregó con gesto solemne;
_ Tómalas… _le dijo_ Así te servirán de recordatorio y no te olvidas de ir a verme…
Luego se alejó de allí con la cabeza gacha, dejando atrás a un apenado y muy angustiado Leo. Pronto estuvo junto a su hermano de vestido violeta, que lo saludó con una sonrisa:
_ ¡Mickey! ¿En dónde estabas? _lo regañó cariñosamente_ ¡Te lo perdiste! ¡Raphael le enseñó a ésos niños quién manda cuando Usagi no los está cuidando! ¡Fue tan increíble y malvado… y sexy…!
Michelangelo aplastó la frente contra el hombro de su hermano mayor, ahogando un sollozo:
_ Quiero irme a casa, Donnie… _suspiró.
Donatello lo envolvió entre sus brazos, y besó su frente. No necesitaba preguntar qué estaba pasando… ya lo sabía muy bien.
Así que le dedicó una mirada furibunda a Leonardo…
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Nota Aclaratoria:
¿Se quedaron con la dudad de saber qué es un íncubo...? Es la versión masculina de un súcubo, una especie de demonio que se vale de su habilidades de seducción para conseguir víctimas de las cuales alimentarse.
(¿Alguien vió esa película malísima con Megan Fox "Jennifer´s Body"? Bueno, es algo así...)
Mickey y Donnie son íncubos :3
