Los personajes de Love Live no son de mi propiedad.

– Love Ashtray –

Asomó su cabeza pelinegra por la puerta, sus ojos carmesí viajaron rápidamente por todo el lugar. Ni sillas, ni mesa, ni personas. Vacío. Extrañado, se irguió para mostrar su delgado cuerpo. Tenía la –casi siempre– mala fortuna de ser demasiado puntual. Se llevó una mano a la cabeza, preguntándose qué hacer mientras acariciaba su cabello. No le quedaba de otra más que esperar. Y para su buena suerte, la espera fue casi nula, pero el susto que se llevó no valió la pena. Eri había aparecido por su espalda, susurrando su nombre cerca de su oído. No acostumbraba gritar, pero sí que dio un brinco y se alejó del rubio.

– ¿Qué carajos te pasa?

– Es el ferviente deseo de la juventud –explicó el rubio, haciendo una pose dramática con su mano en el pecho.

– ¿Dónde están los demás?

– No son puntuales. Siempre es así –se encogió de hombros y se encaminó a una puerta que estaba al fondo de la habitación–. Regularmente a estas horas sólo te encontrarás con Umi, Nozomi y conmigo –se detuvo y abrió la puerta– ¡Ah! Y a veces con Riko.

Lo vio adentrarse en el obscuro cuarto y salir con unas cuantas sillas plegables. Se acercó con la intención de ayudar, cosa que le agradeció su compañero con una sonrisa.

– Es raro que Umi no haya llegado, siempre es el primero –comentó de repente.

– Parece que Umi te agrada mucho.

Escuchó la risa de Eri salir gustosa por su garganta.

– ¡Claro! Es mi mejor amigo –empezó a desplegar sillas para acomodarlas en el espacio–. Así como Nozomi es tu amiga de la infancia, mi amigo de la infancia es Umi.

– ¿De verdad?

– Sí. Tenemos una historia bastante cursi –se acercó al pelinegro y lo detuvo en su quehacer–. Yo era un simple bebé ruso que entraba al kínder con un montón de niños que no hablaban mi idioma. Y en la hora de la comida, no pude pedir nada. Entonces, él se acercó y me ofreció la mitad de su galleta y puso un jugo entre los dos. Así empezó nuestra bella amis-¡auch!

Una mano extendida había caído directamente en la cabeza del rubio, quien se alejó y se llevó ambas manos al lugar de la agresión. Detrás de él apareció el susodicho peliazul, con una expresión tranquila pero severa.

– Deja de contar esa historia sensiblera –espetó con calma–. Eso no pasó en el kínder, sino en la primaria –y viendo a Nico, hizo una reverencia y le sonrió.

– Hey –saludó con la mano.

Vio a Umi desaparecer en la misma habitación donde estaban las sillas. Seguramente ayudaría también. Se acercó a Eri, quien seguía sobándose la cabeza y murmuraba cosas en un idioma que él no entendía, seguramente ruso.

– Oye –susurró cuando estaba lo suficiente cerca para que sólo fuera escuchado por el rubio–. Hablando de hombres, ¿te gusta Umi?

Sus ojos celestes lo miraron con un sentimiento que Nico no supo reconocer, pero ahí estaba la sonrisa misteriosa, a sabiendas de las travesuras que siempre cometía. Arregló su postura y se le acercó peligrosamente, tomándole el rostro con una de sus manos.

– No, él no es de mi tipo –se acercó a un más, inhaló su aroma natural–. Los de mi tipo son... como tú.

– ¡Ericchi, deja de andar de zorro! –y así, como cuando eran pequeños, Nozomi fue en su auxilio.

El nombrado soltó al pelinegro y alzó las manos en señal de rendimiento. Le sonrió con dulzura a la pelimorada y se acercó a ella. Nico miró sorprendido la disposición del cuerpo de su amiga para ser abrazado por Eri y la manera en que se sonrojaba cuando le besó la frente y le susurró algo al oído. Ella empezó a reírse y le dio un suave golpe en el hombro. Pronto los 3 escucharon a Umi gritarle al rubio para que le ayudara con la mesa. Él no se hizo esperar.

– ¡Cuando termines, subes Ericchi, debemos hablar con el dueño! –le gritó desde el lugar en que se encontraba con el pelinegro. El chico asintió alzando un pulgar y sonriéndole.

Nico la miró a los ojos, aquellos ojos esmeraldas que siempre parecían hablarle con medias tintas. Y ella le sonrió, una sonrisa nostálgica que siempre le había servido de disculpa. Le dio unas palmaditas en la mejilla y se alejó de él. Se sentía igual que aquella vez que lo rechazó.

Se quedó estático, de pie en el mismo lugar donde Nozomi lo había dejado, pareciendo edecán del grupo, dando la bienvenida a todo aquel que llegara y viendo a Eri correr tras la pelimorada, así como muchas veces él lo había hecho.

Sin embargo, aquel espacio le sirvió de observación resignada. No era el único en aquella situación. La risa melancólica de Hanamaru al hacer mención del ceño fruncido de Dia, se lo decía. La triste mirada de Kotori al ver las reacciones que Umi dirigía a su amiga Honoka, se lo reafirmaba. Empero, aquellos desamores adolescentes no se comparaban a la pérdida que él había experimentado: su madre. No es que fuera presumible, simplemente le servía de consuelo ante las desavenencias. Él era fuerte.

Aquel día sólo podía quedarse poco tiempo en el grupo, pues debía ir a trabajar. Incluso así, disfrutó de aquella peculiar convivencia con todos. Se rió en compañía de los demás, al ver pasar a unos cuantos al frente para hacer mímica sobre algún tema en particular, elegido al azar en papelitos. Aquella ocasión salió películas.

Cuando le tocó su turno para pasar al frente, pensó en algún filme que pudiera interpretar con el cuerpo sin necesidad de caer en lo ridículo como vio hacer a algunos. Y no le costó tanto, hizo algunos movimientos simulando buscar algo para terminar haciendo una seña con las manos de un pez nadando.

– ¡Buscando a Nemo! –gritó You.

– Que fácil –escuchó que alguien murmuraba.

– Sí, Nicocchi, mejor hazlo de tu película favorita, yo no diré nada –Nozomi le guiñó un ojo desde la distancia.

Se tensó, miró a derecha, luego a izquierda, todos estaban expectantes de su próxima actuación. Detuvo sus ojos ante la reciente ausencia de su compañero de asiento, Riko no estaba presente. Así mismo, tampoco había visto a Maki entrar. Volvió su vista a su amiga, como pidiendo apoyo, pero la vio muy cerca de Eri, quien le depositaba pequeños besos en sus mejillas y ella se retorcía como una tonta entre sus brazos.

Sintió pesado el cuerpo y suspiró. Llevándose una mano a la cabeza, intentó lo mejor que pudo interpretar su película favorita. Primero con movimientos de baile, una coreografía que él se sabía de memoria, después simulando su reflejo para finalizar muriendo en el suelo. Acostado, recibió el silencio de los demás.

– ¡Triunfos robados! –le pareció oír decir a Hanayo.

– ¡El cisne negro! –oyó gritar a Hanamaru.

¡Buu buu desu wa!

Se levantó ante aquel atronador grito, vio a Dia ponerse de pie y permanecer rígida ante la mirada de los demás.

– ¡Todos ustedes se equivocan! –Recuperó la compostura y carraspeó–, aunque Hanamaru no estaba tan equivocado. Pero la respuesta correcta es Perfect Blue.

– ¡Sí! –Se le quedó mirando el pelinegro– ¿Cómo lo supiste?

– Por la coreografía, obviamente –sonrió con presunción.

Y únicamente ellos dos empezaron a reírse, tenían más en común de lo que hubieran imaginado.

Decidió salir del lugar sin avisar, la actividad seguía en marcha y lo que menos quería era entorpecerla. Únicamente dio un rápido vistazo a Nozomi, quien le regresó la mirada y le sonrió por saber sobre su trabajo. Se despidió con un disimulado movimiento para no llamar la atención y caminó por el pasillo que daba a la salida. En el trayecto, muy cerca de la puerta, pudo escuchar una plática ajena.

– ¿Segura que estarás bien?

– Sí, ya no dejo que me ponga un dedo encima.

– Júralo.

– ¿Por qué debería jurarlo?

Salió a la calle y halló a ambos pelirrojos, a Maki recargada en la pared con un cigarro entre los dedos y a Riko tomándola de los hombros. Ambos, al verlo, fingieron indiferencia. El chico se despidió de ella en voz baja y una sonrisa. Pasó a lado de Nico, hizo una reverencia y desapareció. La pelirroja dio una calada a su cigarro y soltó el humo mientras miraba al pelinegro de reojo.

– ¿Pasa algo?

– No creo que debas fumar –comentó.

– Todos creen muchas cosas de los demás y pocas de sí mismos.

– Te equivocas.

– ¿Ah, sí?

– Sí, yo creo que soy genial.

La pelirroja sonrió de lado mientras volvía aspirar aquel humo nicótico. Estaba rodeada de nicotina. Ironía, quizá. Ladeó ligeramente el rostro para verlo detenidamente, un pantalón marrón, zapatillas deportivas blancas, una camisa blanca y un suéter rosa. Amplió la sonrisa cuando vio que el chico levantaba una ceja dubitativo.

– ¿Qué con ese suéter muy a lo Cesar Costa?

– ¿Cesar quién?

– Nadie, olvídalo –empezó a reírse.

– Mi suéter es muy lindo –tomó los bordes de su prenda y la extendió para presumirla–. Por cierto, ¿por qué no entraste a la actividad? Fue divertida.

– No lo es cuando lo que te gusta, nadie lo conoce.

– No te sirve de nada hacerte la interesante.

– Ya quisieras que me esforzara en ello –soltó un gruñido y posó el cigarro entre sus labios.

– Créeme, te sorprenderías de ellos si les dieras una oportunidad.

– Sólo has estado aquí dos semanas, no puedes hablarme de ellos.

Nico se cruzó de brazos y se inclinó para poder mirar el rostro de la chica. Ella aspiró y soltó el humo en su rostro.

– ¡Ugh! –Volvió a erguirse y alejó el vaho con su mano–. Deja de ser tan apática, inténtalo conmigo.

– ¿Y qué gano?

– Serás cínica –la miró con seriedad y después le sonrió–. ¿Una comida?

– Tsk –apagó su cigarro en la pared y guardó la colilla en su bolsillo–. Eso suena más a premio para ti, que para mí.

– ¡El gasto es mío!

– Y el gusto también –le espetó–. Si se trata de gastar dinero, mejor dame algo que realmente me sirva.

– ¿Tan segura de que perderé? –la vio asentir–.Entonces, pide.

– Un suéter.

– Un suéter será –asintió con la cabeza–. Si yo gano, me invitarás a comer.

– ¡Ves! –Empezó a reírse– Lo que quieres es salir conmigo.

– ¿Y?

Maki lo miró a los ojos con la intención de ver las verdaderas intenciones de aquel chico, al no descubrir nada, suspiró. Se llevó una mano a su cabello y empezó a jugar con uno de sus rulos. Mirándolo con indiferencia, con una mano lo invitó a que continuara.

– ¿Y bien?

– Pues allá adentro hicimos mímica para adivinar películas que nos hayan gustado.

– Paso de la mímica –soltó su cabello y pensó por un momento–. Te diré 3 palabras que tengan que ver con la película.

– Vale –accedió después de un rato de pensarlo–. Pero, ya que en ambos casos salgo perdiendo yo, tendrás que ofrecerme otras 3 pistas.

– Siendo el caso, sólo tienes una oportunidad para acertar.

– Está bien –se encogió de hombros.

– Muy bien –cambió de postura y recargó su peso en la pierna derecha–. Las palabras son: amistad, cartas, soledad.

– Suelta la primera pista.

– Es una película de stop motion.

Nico hizo un recorrido mental por todas las películas de ese estilo de animación que hubiera visto, pero ninguna encajaba con las 3 palabras dichas.

– Siguiente.

– Es del director Adam Elliot.

El pelinegro comenzó a reírse. Maki pensó que podría deberse a que ya lo sabía, pero al ver su expresión reconcentrada, descubrió que no tenía ni idea de lo qué le hablaba.

– La tercera y última –dijo con placer–, sale un personaje con síndrome de Asperger.

– ¡Carajo, ni siquiera sé qué es eso! –se llevó las manos a la cabeza, tratando de hallar una respuesta plausible–. Olvídalo, me rindo.

– ¡Jah! –Alzó las manos en señal de victoria–. Voy a tener suéter nuevo.

De repente, detuvo su celebración cuando vio al pelinegro quitarse su suéter mientras su camisa se alzaba ligeramente mostrando su blanquecina piel. Se lo extendió. Ella lo tomó confundida, sin saber muy bien qué decir.

– Nunca me dijiste que debía comprarlo –le sonrió victorioso–. Es relativamente nuevo.

– Pero… –miró el suéter y luego al chico que ahora tenía el cabello revuelto por desvestirse.

– Un placer hacer negocios contigo –llevó ambas manos a sus caderas e infló el pecho en señal de orgullo.

– Eres un idiota –le dijo en un tono poco agradable, se sentía humillada. Giró sobre sus talones y se alejó de ahí.

Por alguna razón que no entendió, Nico volvió a entrar al recinto con una sonrisa engreída en el rostro. No dio muchos pasos por el pasillo cuando chocó de frente con Nozomi. Lo que le hizo sonrojarse por lo que sintió al instante, pues fue, de hecho, agradable.

– Ay, Nicocchi –se quejó abrazándose para cubrir sus pechos. Abrió los ojos que se cerraron al momento del impacto y lo vio de pies a cabeza–. ¿Y tu suéter?

– Ah, bueno, verás… –empezó a explicarse, señalando la calle y luego a sí mismo–. No iba a dejar que esa arpía se saliera con la suya.

Escuchó la melodiosa risa de Nozomi.

– Ni siquiera a mí me hubieras dado ese suéter.

– ¡Te equivocas!

– No te preocupes –le dio unas palmaditas en el hombro–. No eres el primero al que le pasa, Maki-chan es muy astuta.

– ¿A qué te refieres?

– A Umi-kun le sacó una cena, a Riko-kun una película que quería ver y a Kanan-kun un par de tenis –enumeró con los dedos.

– ¿Hablas en serio? –le preguntó sorprendido.

– Sí. Fuiste el único que se la regresó –volvió a reírse–. Me imagino que ya no debe estar afuera, pensaba decirle que entrara.

– Se fue enojada.

– Te aseguro que no está enojada –le guiñó un ojo–. Sorprendida, diría yo.

– No puedo creer que sea una… –un dedo sobre sus labios le obligó a callar.

– No te hagas ideas equivocadas –Nozomi se acercó a él–. Ella es sagaz. Y tú deberías ir a trabajar.

– ¡Mierda!

Nico trabajaba de ayudante general en un restaurante de segunda. A veces lo llamaban del almacén –donde regularmente era solicitado–, a sustituir al lavaloza y, cuando estaba de suerte, para ayudar en la cocina. Aunque sus ayudas se limitaban a cortar y limpiar frutas y verduras. Sin embargo, al llegar el nuevo sous-chef, vio que el hombre funcionaba más de maestro que de cocinero; y en sus tiempos libres, le enseñaba a preparar el platillo que él quisiera aprender. Así fue como pudo presumir de saber incluso de repostería.

Su horario variaba dependiendo de la cantidad de trabajo que tuvieran, podía salir a las 8 de la noche como a las 10. Para su fortuna, salió a las 8 aquel día por tener que prepararse para la revisión de higiene a la que se sometían los restaurantes. Terminando de acomodar todo para aplicar el veneno a cualquier bicho posible, salió de su trabajo por la puerta trasera, mismo lugar por el que entraba.

Debía ir a casa, no sin antes comprar lo que le era menester para subsistir todas las mañanas en la universidad, pues en la tarde le alimentaban en su trabajo. Se encaminó a un minisúper que estaba rayano al restaurante, tomó un carrito y enumerando en su cabeza las cosas que hacían falta, fue a por ello.

Pasaba distraídamente por los pasillos, escogiendo entre los productos sin el menor reparo. Y al llegar al área de alimentos frescos, la vio cerca de las frutas, volteando a diestra y siniestra de manera sospechosa, con la capucha de su sudadera cubriendo la cabeza y sus auriculares en los oídos. Observó cómo se llevaba una manzana al bolsillo y empezaba andar hacia la salida.

Curioso y desconcertado se acercó a ella, tomó uno de sus audífonos y se lo llevó al oído. Maki dio un salto ante la ausencia de música en un lado y giró de manera brusca. Al verlo, sus cejas se juntaron.

– Sólo eres tú –soltó aliviada.

Nico distinguió al grupo que escuchaba y le sonrió.

– Vi lo que hiciste.

Maki se le quedó mirando a los ojos, intentó ver en esos rubíes algún indicio de prejuicio, pero no lo halló.

– Bueno, se me olvidó comentar que soy cleptómana.

– ¿En serio? –abrió los ojos.

– Claro que no –alzó una ceja y se cruzó de brazos–. A veces la vida está tan jodida que no alcanza ni para una manzana.

– No te creo.

– No me creas.

– No lo hago –sintió los dedos de la pelirroja en su oreja al momento de quitarle el audífono–. De todos modos, no necesitas hacerlo, te la pago.

– ¡Qué romántico! –puso los ojos en blanco.

– Sólo intento ser amable –le sacó la lengua y antes de seguir su camino, puso ambas manos cerca de su cabeza y haciendo seña de cuernos, agregó– ¡Nico se va!

Maki se quedó ahí, muy quieta, no sabiendo si reírse o retirarse, pero optó por molestarlo. Corrió para alcanzarlo y, antes de que entrara al área de cajas, soltó la primera evasiva.

– ¿Qué rayos fue eso, eh? –se le puso enfrente del carrito, y continuó caminando de espaldas lentamente.

– ¿A qué te refieres?

– A esa postura ridícula.

– ¡Oye! ¿Te estás burlando de mi pose de idol que entrené por muchos meses? –y sin darse cuenta siguió caminando, acompañando a la pelirroja que se había adelantado a él.

– Por supuesto que sí.

– Eres una persona muy grosera –cerró los ojos por un instante, al abrirlos, su vista fue la sonrisa amplia y sincera, aunque burlona, de la menor–. Uno no se debe burlar del esfuerzo de los demás, ¿sabes?

– Hay cosas por las que vale ser grosero –siguió caminando, casi festejando la pronta victoria.

– Gracias por su compra –comentó el tipo que estaba cercano a la puerta del súper.

– Buenas noches –se despidió el pelinegro, aun siguiendo el tranquilo paso de la odiosa chica que tenía enfrente, sonriéndole socarronamente. Entonces cayó en cuenta de la realidad, abrió los ojos y su rostro se encendió de la vergüenza. ¡Acababa de salir sin pagar! Soltó el mango del mando del carrito y empezó a andar en reversa.

– No te recomiendo que lo hagas, Nico –le advirtió con seriedad–. Tengo entendido que este lugar es pantalla para el dueño; ya sabes, lavado de dinero.

– No sé tú, pero mi madre me educó para ser honesto.

– Suerte la tuya –le sonrió con tristeza–. Si regresas a decir que no pagaste, te van a colgar. La gente sale de ahí robando pequeñas cosas, al dueño no parece afectarle, ni siquiera hay cámaras –extendió los brazos señalando alrededor y, apuntando a la puerta por la que acababan de salir, añadió–. Esos sensores ni siquiera sirven.

– Acabo de cometer mi primer delito –siguió lamentándose.

– Nico –él no la escuchaba.

– He dejado de ser el buen hombre que mamá dejó a cargo de sus hermanos.

– Oye, Nico.

– El buen ejemplo.

– Nico.

– Que ya puedo aspirar a presidente, pero ese no es el caso…

– Nico…

– Tendré que regresar todos los días a comprar algo y dejar el cambio.

– ¡Carajo, reacciona!

Y antes de que el pelinegro pudiera seguir con sus alegatos, Maki le soltó una cachetada que tronó en el silencio de la noche y le hizo ladear el rostro. Ella con la mano aún en su mejilla, viendo cómo se enrojecía por el golpe, mientras el chico, sin movimiento alguno más que el de sus ojos, la miraba.

– Te besaría la mano, mujer violenta, si con eso dejara de arderme la mejilla.

– Lo siento –le dijo en tono preocupado–. Estabas sobreactuando. Tenía miedo de que entraras en crisis, no son lindos los accesos.

Nico se quejó al momento en que la pelirroja alejó su mano para buscar algo entre las cosas del carrito. Le posicionó un envase de leche fría sobre la mejilla. Le sonrió y le dolió realizar el gesto.

– Reacciono mal ante estas situaciones, me pasaba mucho con Umi.

– ¿Umi? ¿Ese Umi? –posó su mano sobre la de la pelirroja, aquella que sostenía el envase.

– Ese Umi –se rió–. Éramos novios, o eso creo.

Él abrió los ojos y alzó ambas cejas, pero más allá de eso, no mostró expresión alguna.

– Cuando entré al grupo, Umi me causó mucho impacto –empezó a reírse ante el recuerdo ridículo–. El típico chico serio, lector, culto, caballeroso y decente –al decir la última palabra, la entrecomilló con los dedos de su mano libre.

– ¿Por qué el gesto? –la imitó, sin soltarla.

– Porque así como lo ves de recatado, es un imbécil –volteó el envase para dar con la otra cara fría–. Recuerdo que en un principio le daban sus ataques de ira cuando hacía algo que para él era escandaloso o sinvergüenza.

Nico hizo memoria de la ocasión en que alguien se había comido accidentalmente el manjū que Honoka había traído por él y sintió un escalofrío.

– La cosa es –continuó Maki–, que un día estábamos en mi casa, apunto de hacerlo ¡y me detuvo!

La estruendosa y amarga risa de la pelirroja inundó el lugar. El ojirubí escuchó el crujido del doblez que sufrió el envase ante la fuerza de su mano, tuvo miedo de que la leche se le derramara en la cara, pero no sucedió.

– Me dejó ahí, vestida y medio encendida, sintiéndome ridícula en mi propia casa, mientras lo veía ponerse de pie para irse. No se negó por dificultades fisiológicas –apuntó a la entrepierna de Nico y lo vio encogerse–, sino porque siempre ha estado enamorado de Honoka.

Para mí es una razón válida. Eso fue lo que pensó Nico, pero no lo externó. Le causaba picazón el tema y cualquier comentario sería perjudicial para él. Por ello optó por bajar la mirada hacía el carrito y mostrar un interés desmedido por sus pertenencias, las cuales no sabía cómo llevar sin bolsa.

– Por ese idiota dejé de fumar –la escuchó decir a modo de conclusión–. Y después lo volví a hacer, creo que le molesta.

Bueno, a Umi le molestan muchas cosas. De nuevo su mente, él con la vista fija en su compra. Una sonrisa se le escapó.

– Tú no me juzgas, lo sé.

– ¿Por qué habría de juzgarte?

– Por lo que hago y dejo de hacer.

– Yo también he hecho y dejado de hacer.

– Es muy humano.

El pelinegro asintió y alzó el rostro para encararla. Ella hizo una seña para que la esperara un momento, la vio regresar a la tienda y salir con varias bolsas de plástico en la mano. Le ayudó a meter sus pertenencias en ellas y le sonrió.

– Bueno, es lo menos que puedo hacer por ti, chico malo.

– Te llevaré a tu casa –empezó a alzar sus pertenencias.

– No es necesario –comentó mientras sacaba la manzana de su bolsillo y la mordía.

– Me vale, me orillaste a hacer algo desagradable.

– ¿Yo?

– Sí.

Se miraron a los ojos, amatistas contra rubíes. La barrera y el golpe que intentaba derribarla. Ella cerró los ojos, su primera derrota.

– Como quieras –se encogió de hombros.

Anduvieron en silencio por aquellas calles casi desiertas. La oscuridad de la noche y la pálida luz del camino, les brindaban una sensación de tranquilidad no muy dada a sus mentes. Podía escuchar los audífonos de Maki aun reproduciendo música, aunque ya no estuvieran puestos en sus oídos, y detectó de nuevo al mismo grupo de hace poco, Placebo. Sonrió para sí, aquella chica tenía buen gusto musical.

– Tu situación me recuerda mucho a una canción de The 1975.

– ¿Los conoces? –La chica ladeó el rostro para verlo asentir– Seguramente es la de Sex.

Ambos empezaron a reírse. Para Maki era extraño que alguien compartiera sus gustos musicales. Dio vuelta en una calle que no era la que la llevaba a su hogar y decidió aventurarse a las lagunas de la confianza recién forjada.

– ¿Qué hay de ti?

– ¿De mí?

– He visto cómo miras a Nozomi cual perro triste –volvió la vista al frente y sonrió.

– ¡Qué va! Mi historia con Nozomi no es como la de una galleta partida a la mitad o la de una calentada de agua sin baño.

– Dejando fuera que eres un idiota –empezó a reírse suavemente, mientras una luz amarilla parpadeaba en un lugar oscuro y recóndito de su alma–, Eri siempre le cuenta esa historia a medio mundo.

– Me parece curiosa su estrategia.

– No me cambies el tema.

– La verdad es que –carraspeó y rió nerviosamente–, me causa más estupor que otra cosa.

– ¿Estupor? ¿Acaso es algo sexual?

– Puede –aclaró su garganta–. Por accidente la vi cambiarse de ropa en la preparatoria.

– Las hormonas, ¿eh?

– No lo creo.

La pelirroja se detuvo y se giró para verlo. Él le sonrió y fue ahí cuando ella lo supo, la historia estaba incompleta. Aquella luz amarilla intermitente, se apagó. Un paso en falso y se volvería roja. Esperó a que Nico continuara o siguiera callando.

–Si he de ser honesto, me rechazó –levantó la vista al cielo y miró la tímida luna menguante luchando por brillar en el manto oscuro sin estrellas de una ciudad contaminada–. No lo entendí hasta hace poco, cuando me levanté y vi que realmente no es que los espejos estuvieran rotos. Yo lo estaba.

Y fue en ese maldito momento, tal como lo pensó ella, en el que Nico le sonrió de lado, desprendiendo soledad y tristeza por cada poro, cuando los recovecos de su corazón empezaron a arder ante el corto circuito de su semáforo interno. No había ni alto, ni precaución, ni siga. Sólo el constante latido, esa molesta evidencia de que seguía con vida y respirando. Y se vio obligada a mentir, a decir que una casa, que no era la suya, era su hogar, con tal de verlo partir hasta que la oscuridad lo engullera. Y segura al fin, ella pudiera regresar.

CANCIONES:

The 1975 – Sex

Placebo – Every You Every Me

N/A:

¡La segunda entrega! Muchas gracias a aquellos que comentan, que le dan en seguir y en favoritos. Les reitero, lo de las canciones es sólo sugerencia, para quien guste xD No tengo mucho que decir, ando seca en palabras :c

¡Hasta la próxima!