¡Hola!
¡Jop, qué ilu¡Cuántas reviews con solo el primer chapter!! que contenta me habéis dejado xD Bueno, aquí tenéis el segundo capítulo. Actualizaré siempre que pueda, pero os aviso que durante la semana lo tengo bastante difícil para escribir y subir capítulos, así que no me lo tengáis en cuenta, por favor ;)
Besukos y muchas gracias!! Me gustan los reviews (indirecta, indirecta... XD)
Disclaimer: (que se me olvidó la otra vez) los personajes son de la Rowling, que se forra con ellos, y la historia es mía inspirada en otras iniciativas. Como siempre, yo escribo y ella se lleva el dinero ¬¬
2
Después de un fin de semana particularmente deprimente en el que, en vez de estudiar que era lo que debería haber hecho, pasó todo su tiempo viendo películas románticas y/o antiguas tirada en su cama con un enorme cuenco lleno de helado e ignorando las constantes insinuaciones de su madre para que dijese qué le pasaba, llegó el lunes.
Hermione no tenía ningunas ganas de enfrentarse al instituto, lugar en el que ya todo el mundo debía de conocer el "pequeño incidente", como Ginny y Luna se habían empeñado en llamarlo, sucedido en el Circolo. Por otro lado, tampoco se sentía con fuerzas para enfrentarse a Draco Malfoy. Conocía al chico. Quizás no se cerca, pero sabía cómo era y también sabía que, cuando quería algo, lo conseguí, costase lo que costase, lo que significaba que si realmente lo que le había propuesto en aquellos servicios iba en serio, tendría que aguantar muchas presiones por su parte hasta ceder. Pero no pensaba hacerlo. La habrían humillado y sería una cornuda, pero la poca dignidad que le quedaba, pensaba conservarla.
Además, sus padres se habían pasado todo el domingo enfadados el uno con el otro tras una fuerte discusión en la cocina. Hermione sabía que las cosas no iban muy bien entre ellos, pero confiaba en que pudiesen solucionarlas sin más problemas, aunque era perfectamente consciente de que no era probable y de que, quizás pronto, tuviese que decidir con quién vivir.
Por todo ellos, aquella mañana de lunes, después de haber dormido dieciséis horas seguidas tras un súbito ataque de llanto por ver Titanic, se despertó muy descansada y con los ojos enrojecidos. Al darse cuenta de lo que implicaba aquel amanecer, tan solo quiso volver a meterse bajo las sábanas y desaparecer del mundo otro poquito, pero su madre entró a la habitación subiendo persianas y despertando a todo bicho viviente, por lo que no le quedó más remedio que resucitar de sus cenizas, cual ave fénix, y resignarse a que, aunque le costase, tendría que seguir con su vida como siempre. Solo al ver lo que su padre había preparado para el desayuno se convenció de que valía la pena salir para ir al instituto: un gran bizcocho redondo de chocolate con almendras humeaba sobre la meseta de la cocina.
Se duchó, se vistió y se peleó con su pelo para que no pareciese tan alborotado como siempre… con nulos resultados. Una vez lista, se despidió de sus padres, cogió su chaqueta y, mochila en mano, abandonó la casa. Atravesó su calle, completamente vacía a aquella hora tan temprana para el resto de la gente, y al doblar la esquina hacia la calle principal se encontró con que dos pelirrojos y una rubia la esperaban sentados en un banco.
Se acercó a ellos.
-Bu-buenos días – bostezó.
Ron sonrió al mirarla.
-¿Mala noche?
-Para nada, he dormido casi diecisiete horas – repuso ella, encogiéndose de hombros – Creo que por eso estoy apijotada.
Luna soltó una risita y los cuatro echaron a andar en dirección al instituto.
-También a mí me pasa cuando duermo mucho – confesó la rubia – Aunque por lo general me quedo despierta a ver si algún vampiro decide pasearse por debajo de mi ventana.
Ginny y Hermione intercambiaron una mirada divertida y Ron la besó en la mejilla, con cariño. Luna era así, vivía en su planeta y creía en cualquier cosa que no estuviese demostrada. Era lo que la hacía distinta y especial: su capacidad para ver cosas donde los demás no podían. Ron la adoraba por ello y su hermana y la castaña habían aprendido a apreciarlo como un don, como si aquello le otorgase a la chica algún tipo de poder para percibir los sentimientos de los demás antes que nadie… incluso que el afectado.
-Ya, bueno… - Hermione sonrió levemente – Yo no esperé a que Drácula viniese a verme. De hecho, dormí tan profundamente que si me hubiese mordido no me habría enterado.
-Tuviste suerte, entonces – repuso Luna, muy seria.
Al llegar a la puerta del instituto, vieron a Neville, sentado en un banco de piedra repasando para su examen. Ginny se acercó un momento hasta él para desearle suerte y antes de que el chico entrase para clase, le deseó suerte y le dio un corto beso en la mejilla que le hizo sonrojar. Más contenta que unas Pascuas, la pelirroja regresó junto a sus amigos. Luna y Hermione sonreían, pícaras, pero Ron tenía fruncido el entrecejo.
-¿Qué ha sido eso, Ginevra Molly Weasley?
Ginny suspiró.
-No te pongas intenso, Ronald – replicó ella, en el mismo tono – Eso ha sido un beso de amigos… que espero que algún día pase a más.
-¡Cómo!
-Bah, deja de hacerte el buenecito, que he visto cómo le metes mano a Luna cada vez que puedes – lo cortó ella, y el chico abrió y cerró la boca un par de veces, sin palabras, para finalmente girar la cabeza hacia otro lado, enfurruñado.
Luna y Hermione se rieron. El timbre aún no había sonado y ahora que la mañana comenzaba a ser más día que noche, se anunciaba un radiante día de sol, a pesar del frío de noviembre. La entrada al instituto estaba llena de gente que prefería disfrutar del aire libre antes de encerrarse en las aulas y todo el exterior estaba plagado por el murmullo agradable de las conversaciones matinales, interrumpido solo de vez en cuando por algún chillido emocionado o una risita histérica de alguna chica que se cruzaba con el chico que le gustaba.
Luna estaba explicando algo a Ginny acerca de su trabajo de Dibujo cuando un profundo acelerón interrumpió su conversación. Todo el mundo se giró para ver al culpable de semejante escándalo y encontraron que Harry Potter llegaba en su moto al aparcamiento… con alguien abrazado a él desde el asiento de atrás. El capitán del equipo de baloncesto aparcó en una plaza vacía muy cerca de la entrada, dejó que su acompañase bajase y luego lo hizo él. Cuando se quitaron el casco, las sospechas de todo el mundo se confirmaron: Pansy Parkinson era la chica que le sonreía tontamente.
Fue como si aquello se convirtiese en la prueba oficial, porque ella, tanto cuando salía con él como cuando tan solo eran amigos, siempre había llegado al colegio montada en el coche de Draco Malfoy, un impresionante descapotable negro. Pero aquella mañana, en cambio, llegaba con su nueva conquista. Sí. Allí habían cambiado muchas cosas.
Hermione contempló su llegada, su besuqueo y su entrada al instituto totalmente impasible y, de hecho, todos aquellos que le lanzaron una mirada disimulada pensaron que, realmente, ya no le importaba todo aquel numerito, pero sus amigos comprobaron, cuando ella les miró indiferente, que en el fondo de sus ojos brillaba todavía la ira y la tristeza. A pesar de todo, no hicieron ningún comentario y la castaña, decidida a no dejarse arrastrar por toda aquella tontería, carraspeó levemente y se dirigió a Luna de nuevo, como si no hubiera pasado nada.
-Luna¿qué decías de un punto de fuga en…?
La rubia continuó con su explicación, aunque todavía se le escapaba alguna que otra mirada recelosa hacia su amiga. Sin embargo, no dejó de hablar para preguntarle por cómo estaba porque tanto ella como Ginny sabían que no obtendrían ninguna respuesta convincente. Hermione era del tipo de chicas que necesitaban salir de ese tipo de baches solas, y ellas no eran nadie para meterse de por medio.
Ron, en cambio, era harina de otro costal.
-Hey, Herms¿estás bien?
Luna y Ginny resoplaron interiormente. ¿Es que ese chaval no aprendía? La última vez que había hecho una pregunta tan inoportuna como ahora lo era esa, Hermione le había metido un pisotón que casi le había cortado tres dedos del pie con el tacón de su bota.
Pero, para sorpresa de las dos, Hermione se limitó a esbozar una pequeña sonrisa y responder.
-Sí, gracias.
Sonó la campana que daba comienzo a las clases y, justo en ese momento, un impecable coche negro cruzó el aparcamiento y se detuvo en la plaza de la esquina. De él se bajó un chico rubio, con unos pantalones negros, una camiseta verde y una sudadera también negra en la mano. Al pasar al lado de los pelirrojos, Luna y Hermione le lanzó una mirada a la chica a través de sus gafas negras de sol, observándola de arriba abajo, e hizo una inclinación de cabeza con una media sonrisa de superioridad, como si él supiese algo que ella no.
Hermione rodó los ojos y echó a andar hacia su primera clase, exasperada. Sus amigos no acababan de comprender del todo lo que estaba pasando allí, pero la siguieron sin preguntar, conscientes de que hacerlo quizás provocase un holocausto nuclear.
La mañana transcurrió con tranquilidad. Ron y Hermione pasaron todas las clases juntos, con el pelirrojo poniéndolo todo de su parte para distraerla y encontrando respuesta por parte de la castaña, que logró olvidarse durante un rato de la mayoría de sus problemas.
Se encontraron con Ginny y Luna a la hora de comer. La pelirroja estaba muy emocionada porque Neville había ido a agradecerle sus deseos de buena suerte diciéndole que realmente habían funcionado porque le había salido genial la recuperación y, de tan contento como estaba, le había dado un abrazo enorme a la chica, que no había podido evitar que una gran sonrisa de felicidad le iluminase el rostro. Ron solo resopló.
Luna, por su parte, mantuvo su expresión soñadora mientras les contaba que la presentación de su trabajo de dibujo había salido bastante bien, sin casi ningún error a pesar de que sus compañeros le habían estado enseñando cartelitos absurdos con su mote escrito: Lunática. Y Ron volvió a resoplar.
Se sentaron en una mesa del patio para el almuerzo y mientras revolvían con desánimo su misteriosa "sopa" verde, Ginny descubrió a Hermione lanzando pequeñas y fugaces miradas hacia la mesa de Harry y sus amigos.
-Ni siquiera parece afectado – observó, con voz suave.
-Ya. Tampoco me ha saludado ni se ha fingido afectado por lo del sábado. – añadió Hermione, bebiendo un pequeño sorbo de su vaso de agua.
-Ese capullo…
-Déjalo Ron. – pidió Hermione, algo cansada – Ya sabemos todos que es un imbécil.
-Me alegro de que te hayas dado cuenta. ¿Crees que debería recordárselo a él también? – preguntó el pelirrojo.
-No. Solo quiero que esto pase de una vez y poder dedicarme a otra cosa. Es demasiado cansado.
Se hizo un pequeño silencio en la mesa y luego Ron volvió a la carga, sin poder contenerse.
-Por lo menos podría fingir un poco de arrepentimiento.
-Me basta con que no me lo restriegue. Sencillamente, es más fácil ser indiferente.
-Si te soy sincera, cielo – dijo Luna, hablando por primera vez de sobre el tema – creo que lo estás llevando con mucha elegancia.
Hermione asintió, pero sin sonreír. Apartó un poco su bandeja y se levantó, cogiendo sus cosas con una expresión neutra en el rostro.
-Tengo que ir a la biblioteca a devolver un libro – dijo.
-Vale. ¿Quieres que nos veamos antes de la próxima clase? – preguntó Ginny.
-No, no os preocupéis. Os veré a la salida.
-Pero…
-Tengo Biología, Ron, y tu Informática. Nos veremos a la salida – repitió ella.
Después, se perdió dentro del edificio. Sin embargo, no fue a la biblioteca. De hecho, había ningún libro que devolver. Sencillamente, fue hasta los baños más alejados de la cafetería, que por suerte estaban vacíos, y se encerró en una cabina. No tenía ganas de llorar y desde luego no pensaba hacerlo. No. Ni siquiera alcanzaba a comprender qué era lo que la recorría por dentro. ¿Pena? No mucha. ¿Ira? Sí, más que pena, seguro…
No, lo que realmente le apetecía era gritar. Gritar hasta quedarse sin garganta para con ello expulsar todo lo que tenía dentro y que no sabía ni cómo definir. Gritar para que todo el mundo se enterase de cómo se sentía y dejasen de cuchichear a sus espaldas. Y, sobre todo, y aunque le fastidiase, gritar para que Harry se diese cuenta de lo que le había hecho y regresase para pedirle perdón y mostrase arrepentido.
Hermione sabía que todo aquello era absurdo, que por mucho que se desgarrase la garganta nadie que no fuesen sus amigos iba a acudir a socorrerla y que el hecho de que Potter fuese a lamentarse de sus acciones era, por encima de todo lo demás, absurdo, pero la imaginación era libre y a ella se le ocurrían tantas fantasías en las que sus deseos cobraban vida que no sabía por dónde empezar a soñar.
Oyó la puerta de los baños abrirse y se sobresaltó, recordando por un momento lo que había sucedido la última vez que se había encontrado en una situación parecida. Una imagen de Malfoy pegado a ella la asaltó, pero se disipó rápidamente al oír las voces de Parvati Patil y Lavender Brown hablando de sombras de ojos color ciruela frente a los lavabos. Sonrió, más relajada, tomó aire un par de veces, tiró de la cadena para que no sospechasen y salió de su escondrijo, con expresión amistosa. No le convenía para nada lucirse como triste o antipática ante las más cotillas del instituto.
-Hola – dijo, mientras se acercaba a lavarse las manos.
-Hola Hermione – dijo Lavender, con tono agudo y expresión sonriente.
-Sí, hola Hermione – repitió Parvati, y las dos se rieron.
La castaña, que no acababa de pillarlo del todo sacudió la cabeza, confundida, se secó las manos y las miró.
-¿Pasa algo?
-Oh – Parvati se mostró francamente sorprendida – Creíamos que nos lo dirías tú. Por eso de que Draco Malfoy te está esperando fuera desde hace unos minutos…
-¡¿Cómo?! – alcanzó a escupir Hermione
-Que Draco Malf…
-¡Ya lo he oído! – Hermione dio media vuelta, furiosa, y salió de allí farfullando - ¡Cómo se atreve, pedazo de capullo¡Quién se habrá creído que es para…!
Parvati y Lavender se quedaron dentro, se miraron asustadas y luego estallaron en risas. Ninguna de las dos tenía muchas luces, pero no podía negarse que eran felices dentro de su ignorancia…
Y, efectivamente, al salir de los baños, lo primero que Hermione vio fue al atractivo rubio apoyado contra la pared de enfrente, esperándola. Ella resopló, incrédula de que aquello fuese en serio, y se dispuso a marcharse de allí cuanto antes, pero Draco reaccionó a tiempo, yendo hacia ella y cortándole el paso, como ya se estaba haciendo habitual entre ellos.
-Granger¿ya te lo has pensado?
-¿El por qué eres tan pesado? Tengo varias teorías: la que más me gusta incluye una patata y…
-No te hagas la graciosa conmigo, Hermy – dijo, pronunciando con retintín el nombre de la chica – Sabes a lo que me refiero.
-Realmente no, porque en lo que a mí respecta tú y yo no hemos hablado jamás. – repuso, y trató de escabullirse.
-No te marcharás tan fácilmente. Dime¿no es una buena idea, acaso¿Se te ocurre algo mejor?
-Uno, no es una buena idea, y dos, no necesito nada mejor porque no lo quiero¿comprendes? Es patético…
-¿Esto es patético¿Y que nos hayan humillado delante de todo el mundo no lo es?
-Al menos no tanto – el tono de voz de Hermione se había vuelto en extremo ácido.
Draco se echó hacia atrás, sumamente ofendido, y le lanzó una mirada de desprecio.
-¿Y hablas por ti¿Tienes idea de cómo me siento yo teniendo que recurrir a ti, pelo-escoba?
-Volvemos a los dos puntos: primero, yo soy la que más asco siente porque, por si no te has percatado, soy yo la que por muy humilada que esté, te rechazo; y segundo, te aviso: se están rifando hostias y tienes todas las papeletas como me sigas llamando así…
-Uh, qué miedo – se burló él, fingiendo un temblequeo.
-Olvídame, capullo.
-Encantado. Yo lo decía por hacernos un favor…
-Ya, bueno, yo no quiero favores tuyos. De hecho, cuanto más lejos estemos será mejor para todos.
Y, tan digna como una reina y con el sonido del timbre que indicaba la hora de regreso a las clases, Hermione logró esquivar su brazo y escaparse de allí, bajo la atónita mirada del chico.
Mientras caminaba hacia su aula, no podía evitar que una machacona vocecita en su cabeza le repitiese constantemente "¡Pero si era buena idea¡Orgullosa¡Lo tenías en tu mano!". Ella conocía a Harry y sabía que, por muy popular que fuese, era terriblemente celoso y posesivo. De hecho, cada vez que lo dejaba con una chica se enfurecía si ella no guardaba un mínimo "periodo de luto", por así decirlo, y trataba de volver a atraparla por si era que no le había afectado suficiente. Por lo general, no había problemas con esas cosas, porque todas las chicas suspiraban por él y cuando rompía con alguna, ésta realmente se quedaba con el corazoncito hecho polvo durante bastante tiempo; pero Hermione no estaba dispuesta a dejarse afectar tan fácilmente. Estaba dolida y furiosa, pero no iba a dejar que la viesen llorando por los rincones, como tantas otras antes que ella.
Y la idea que el rubio había tenido habría resultado perfecta de llevar a cabo… si ella no hubiese sido tan cabezota. Por mucho que le fastidiase, tendría que admitir que por una vez en su vida, Malfoy había usado la cabeza para algo más que para peinarse.
Cuando llegó a su aula, los alumnos ya se habían sentado y su compañero de laboratorio estaba conectando el microscopio. El profesor entró justo detrás de ella y la puerta se cerró, para dar paso a otra hora en la que Hermione logró evadirse gracias a la Biología.
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-No ha sido tan malo, el control lo vigiló Slughorn, así que prácticamente nos dio las respuestas, ya le conoces – le decía Ginny, encogiéndose de hombros, a Luna, mientras esperaban a que Ron llegase de Informática y Hermione saliese de Biología a la entrada del patio.
-¿Control?
-¿De qué?
El pelirrojo y la castaña habían llegado al fin, y los dos parecían contentos, por lo que las chicas intuyeron un buen día en las aulas. Ginny les miró y esbozó una sonrisa.
-De Química. Creo que este me lo saco con notable.
-Me alegro, peque. Mamá se pondrá contenta.
-Vuelve a llamarme peque y TÚ no harás madre a nadie.
Luna y Hermione se rieron, pero algo las interrumpió. Había un alboroto en el pasillo principal, donde estaban casi todas las taquillas, y los cuatro se acercaron para ver.
No había círculo de gente mirando, pero sí que algunos curiosos se parapetaban en sus taquillas, observando la escena. Pansy Parkinson estaba con la suya abierta de par en par y expresión aburrida. A su lado, Draco Malfoy discutía con ella y estaba bastante sulfurado. Parecía que no le gustase nada levantar la voz pero que no pudiese evitarlo.
-¡Solamente te he pedido que me devuelvas lo que te dejé!
-Malfoy, me lo regalaste, así que no vengas a reclamarlo ahora.
Hermione sonrió, disfrutando con malicia de la escena. Estaban dando un numerito y ambos lo odiaban, pero el daño ya estaba hecho. Nunca había visto a Draco de aquella manera, tan enfadado y fuera de sus cabales como para estar gritando en medio de un pasillo del instituto lleno de gente. Pansy, en cambio, parecía sumamente aburrida e indiferente y se miraba las uñas con desinterés.
-¡Serás zorr…!
-No digas nada de lo que puedas arrepentirte – lo cortó ella, y por primera vez sus ojos brillaron peligrosos.
Pero él no se amilanó.
Hermione, en cambio, se encontró sintiendo algo de lástima. Draco se dejaba en evidencia de aquella forma. Quizás ellos dos no eran en esos momentos los más afortunados del lugar, pero las cosas siempre podían llevarse con mayor o menor elegancia…
Sacudió la cabeza, lamentándolo por él. Miró a Pansy, tan altiva y arrogante como siempre, actuando como si todo aquello no fuese con ella, como si fuese la extra de alguna película y su papel fuera poco interesante. Una oleada de furia recorrió a Hermione por dentro. ¿Cómo podía actuar así? Ella era la causa de todas las desgracias que estaban pasando ¿y se permitía el lujo de seguir tan chula como siempre? Era la persona más egoísta y absurda que jamás había conocido, tan insensible y…
Apretó los puños. Draco volvía a gritarle y Hermione apenas si lo pensó. Sencillamente, apretó con fuerza los libros en sus manos y fue hacia el centro de la escena. Pansy la vio llegar, pero no Draco, que estaba de espaldas, así que cuando la chica se acercó y le llamó la atención poniendo una mano en su hombro, el chico se sobresaltó ligeramente.
-¡Aquí estás! – exclamó Hermione, actuando con una credibilidad impresionante – Y yo buscándote… - le dio un beso en la mejilla – Oh, hola Pansy. – de nuevo se giró hacia Draco - ¿Nos vamos ya?
Parkinson observó, totalmente descolocada, cómo la castaña tomaba del brazo a su ex-novio y ambos desaparecían puertas afuera, ante la mirada confusa e incrédula de la chica… y medio instituto más. Ginny, Ron y Luna, entre ellos, apenas si podían creerse lo que veían.
Pero ni Hermione ni Draco se detuvieron en su salida triunfal para dar una explicación.
Solo puedo decir... ¡Cómo me ha gustado escribir este final! xDDD
