El viaje.

Nota del Autor: ¡Siguiente capítulo listo! Espero que les guste.

Como aclaración: la historia va a centrarse principalmente en April, Raph y Mikey. Pero también haré mención de Leo, Don y Splinter. Y el Kraang, haha.

Ah, sí. Este fic tratará de fijarse en el tema/género de Humor. Pero yo pretendo que también se combine con todos los temas que sean posibles. :D

¡Lean y comenten!

Descargo de responsabilidad: Yo no poseo Teenage Mutant Ninja Turtles. Pero agradezco su grata existencia. C:


Cuando me inclino hacia un lado en la cama, escucho el ruido del cristal en la ventana. Seguido del pestillo del marco y el clic de la cerradura. Supongo que es el viento, así que no intento siquiera moverme en un instinto de defensa personal. Mantengo los párpados firmemente cerrados y la respiración tranquila.

—Dice que no nos preocupemos por su seguridad, y deja la ventana abierta en medio de la noche.

Oigo risas.

—Sí, bueno. A veces la gente se distrae, Raph.

Gruño por lo bajo.

—La dejé abierta para que entraran, idiotas —digo, con voz somnolienta.

Oigo más risas.

—Te llamó idiota, Raphie.

—A ti también, cabeza de huevo.

—¡No tengo cabeza de…!

—¡Silencio! —gruño—. Estoy tratando de dormir, por si no lo han notado.

Me quedo quieta en medio de un silencio lacónico.

—¿April?

Me muevo entre las sábanas. Enredo mis pies y me pego a la pared. Por instinto, rodeo mi cabeza con la almohada y me quejo.

—No hagan tanto ruido —seseo—. Despertarán a mi tía.

—April.

Chisto al escuchar mi nombre y me cubro más el rostro con la almohada.

—Deja de parecer una mimada niña de cinco años y despierta.

Esa era la voz de Raph. Definitivamente.

—¿Por qué? —digo, con voz ridículamente infantil.

—Uh… ¿El viaje?

Escucho que Mikey suelta un "¡Duh!".

—¿Lo olvidaste? —me pregunta Raph.

Maldita sea. El viaje.

—Sí —maldigo—. Lo olvidé.

Mis pies son arrastrados hacia abajo y caigo del borde de la cama. Me froto la sien con una mano y frunzo los labios.

—¡Hey!

Raph está cruzado de brazos y se ríe entre dientes. Mikey está partido de la risa.

—¿Cómo estás, Bella Durmiente? —inquiere Raph.

Me levanto a regañadientes.

—Supongo que eso es un «muy mal», ¿me equivoco?

Estiro las sábanas de la cama un poco y me giro, con expresión malhumorada.

—¿Ya almorzaron? —pregunto.

—Nop —dice Mike, con un brillo en los ojos.

Me río.

—Ahora vuelvo.

—Claro, April.

Minutos después, me encuentro en el pantalón de pijama y una playera de viaje. Raph está subiendo mi maleta en la parte trasera del automóvil. Y Mikey no para de inspeccionar las puertas, por alguna extraña razón.

Pateo suavemente los neumáticos, checando el aire. Supongo que están bien. No es que yo sepa demasiado sobre autos.

Abro la puerta del copiloto y suelto mi bolso sobre el asiento. Me giro y le entrego a Mikey los dos emparedados envuelto en papel.

—Ayer hice la merienda para el camino —me encojo de hombros—. Dale el suyo a Raph.

—Lo haré, April.

Le sonrío.

—Voy a despedirme de mi tía y nos vamos.

—Uh-hu —dice Mike, mientras abre un emparedado. Tal vez debería asegurarme de que le entregue el suyo a Raphael antes de que ocurra una tragedia.

Tal vez no.

Me vuelvo hacia las escaleras de la entrada del departamento. Cuando llego a la puerta, la abro de un jalón y grito:

—¡Ya me voy! —grito, con las manos haciendo de altavoz alrededor de mis labios—. ¡Nos vemos dentro de tres días!

—¡No rayes a mi bebé!

Enarco ambas cejas.

—Podría morir, ¿y tú quieres a tu estúpido bebé sin rayar?

Hay un silencio. Golpe, golpe. Silencio.

—¡No te atrevas a llamarle estúpido otra vez!

Abro la boca, y estoy a punto de maldecir cuando escucho la dulce voz de Mikey atrás.

—¿Ya nos vamos, April?

Me vuelvo y le sonrío.

—Ya voy, cariño.

En seguida, cierro la puerta de un portazo y comienzo a bajar las escaleras.

—¡Yo también te quiero! —grito, justo antes de subirme al vehículo.

—¡Vas a despertar a toda la calle!

Pongo los ojos en blanco y me subo al bebé. Un Ford Anguila más viejo que mi bisabuelo. De color azul chicle, para variar.

—Ustedes dos se adoran —dice Raph, riendo.

Sonrío, con complicidad.

—Lo sé —respondo.

Mikey va en el asiento del copiloto. Da palmadas sobre el estéreo y se inclina para ver mejor la Estatua de la Libertad en miniatura que cuelga del retrovisor.

Miro por el espejo y observo a Raphael deslizarse en el asiento trasero. Tiene cara de niño de seis años que acaba de caerse de la bicicleta y eso me llena de gracia. Reprimo una carcajada y, en lugar de eso, me vuelvo hacia atrás y le sonrío, con ternura.

—¿Estás cómodo allá atrás, cariño? —le digo.

Él gruñe, como si tuviera pena de él mismo. Sonríe y alza ambas cejas, de forma condescendiente. A continuación, habla con voz aguda e irritante.

—Sí, mamá.

Me río.

Adoro que estos dos van a hacerme reír todo el viaje.

Me pongo el cinturón y enciendo el motor.

—Creo que sería buena idea que se pusieran el cinturón, chicos. Yo no conduzco muy… hum, bueno, digamos que no soy una experta en eso. Tengo dieciséis, después de todo.

Creo que Mike estaba a punto de ponérselo cuando Raph habla:

—Somos ninjas, April. No necesitamos un maldito cinturón.

Pero la verdad es que creo que Raph no sabía qué era eso. Al menos la parte de mí que sabe que ambos me obedecen quiere creerlo.

—Cómo tú digas —respondo, indiferente.

Enciendo el aire acondicionado y comienzo a conducir. Me alejo rápidamente de mi calle y giro hacia la izquierda en el primer cruce.

Mike está comiendo su emparedado y tararea una canción. No sé su nombre.

—¿Qué es esto? —pregunta él, con la boca llena.

Le doy una mirada de reojo antes de contestar. Él se ve tan adorable comiendo de esa manera.

—Se llama sándwich.

—Me encanta. Está suave y esponjoso.

Me río.

—Hum… Podría decirse que sí.

Sigo manejando alrededor de las calles. Es un día nublado y son alrededor de las seis con cuarenta minutos. Las calles de la ciudad están húmedas y supongo que la razón es porque llovió anoche. Aunque yo estuviera demasiado cansada y aturdida por el sueño como para escuchar la tormenta.

Miro a través del vidrio. Las calles solitarias, los puestos de comida cerrados y los árboles sin hojas que adornan los parques. Todo se ve tan silencioso y tranquilo, que casi no parece Nueva York en fin de semana.

Cuando me alejo lo suficiente como para no ver los inmensos edificios y los carteles incandescentes de los restaurantes, Mikey chilla a mi lado.

—¿Puedes encender el estéreo, April?

—Uh-hu.

Estiro mi mano por encima del volante y oprimo el botón de encender. Mi tía lleva consigo su disco favorito y estoy muy segura de que me asesina si descubre que toqué su estéreo. Pero el silencio me está matando ya.

Raph gruñe cuando la melodía empalagosa y rítmica suena por las bocinas. Miro de reojo a Mike y él está bailando en su asiento, con ligeros movimientos de pies y cabeceos. Así que supongo que le gusta.

El CD es una especie de combinación extraña con varios álbumes, y dura cerca de una hora y quince minutos.

Así que, técnicamente, estuvimos escuchando a Katy Perry todo el camino.


N/A: ¡Hey! En mi país son las once de la noche. Así que aún es hoy. Haha. Todavía cuenta. ¡Lamento la demora!

¡REVIEW, POR FAVOR!

Ah. También lamento errores gramaticales y la mala argumentación: esto fue escrito rápidamente gracias a mis proyectos vacacionales del colegio. Hum.

¡Los adoro! ¡Gracias por leer mi trabajo!