2do. Capítulo. "Please Don't Go" - Barcelona
Please, Don't Go
-Atención, ya viene la novia - escuché decir al bajar las escaleras.
-Por favor, todos de pie - dijo el juez.
Me aferré a el ramo de rosas que llevaba en las manos mientras caminaba hacia el altar y fue cuando lo ví.
Edward lucía hermoso en el smoking negro que llevaba. Me sonrojé ver que me sonreía al acercarme a él.
Cuando me posicioné a su lado se inclinó en mi oído y me susurró:
-Te ves hermosa.
La ceremonia fue muy corta, exigí que sólo dijeramos los votos traidicionales y que al acabarse no hubiese celebración, la verdad no había nada qué celebrar, sólo haríamos una pequeña recepción, haríamos un brindis y hablaríamos con los invitados.
-Edward, puedes dar tus votos ahora - cedió la palabra el juez.
-Rosalie, prometo hacerte feliz, cuidarte y respetarte. En la salud y en la enfermedad... - guardó silencio y finalizó - ... hasta que la muerte nos separe.
Un nudo en mi garganta se formó. Era mi turno.
-Edward, prometo... - traté de evitarlo lo más que pude, pero no pude aguantar las lágrimas. Ante esto el resto de los invitados empezó a susurrar, escuché claramente a mi madre decir que lloraba por la emoción de mi boda, pero al ver los ojos de Edward supe que él entendía mi tristeza por éste compromiso forzado - ... prometo hacerte feliz, amarte, cuidarte y respetarte. En la salud y en la enfermedad... hasta que la muerte nos separe.
-Edward Anthony Cullen, ¿aceptas a Rosalie Hale como tu esposa?
-Acepto.
-Rosalie Hale, ¿aceptas a Edward Anthony Cullen como tu esposo?
Respiré profundamente.
-Sí... Acepto.
Edward tomó mi mano izquierda y colocó nuestro anillo de casados. Y luego procedí a hacerlo yo.
La audiencia comenzó a aplaudir cuando el juez nos declaró marido y mujer.
-Puedes besar a la novia - concluyó.
Mi corazón empezó a latir muy rápido.
Edward puso su mano tras mi cuello y me acercó a él.
Nuestros labios se movieron sincronizadamente, pero sin ningún tipo de sentimiento involucrado.
Cuando abrí los ojos él me susurró al oído una vez más:
-Podemos lograrlo - seguido de una sonrisa.
La ceremonia había terminado, Edward y yo eramos esposos ahora.
Pasamos rápidamente a la pequeña recepción de la boda.
Hablé con mis amigas de la universidad que no paraban de decirme lo apuesto que era mi nuevo esposo.
-¿Dónde lo conocíste? ¿Porqué jamás nos habías hablado de él?
-Él y yo - titubeé - nos conocimos hace poco, nuestros padres eran amigos y pues supongo que... nos enamorámos - mentí.
-Eres muy afortunada - comentaban.
Después de varios minutos mi madre llamó la atención de los invitados, era el momento del brindis.
-Por Edward y Rosalie, y por la maravillosa vida que van a comenzar juntos - dijo alzando su copa.
Edward me tomó de la cintura y me besó la frente, gesto que, definitivamente, no esperaba de él.
-Salud, Sra. Cullen - dijo.
-Salud - murmuré sonrojada.
Pasaron un par de horas y era hora de que Edward y yo nos fueramos, aún había mucho qué empacar y nuestro avión salía temprano al día siguiente.
-Te vamos a extrañar mucho, Rose. Cuando te embaraces tienes que regresar a Londres, ¿de acuerdo? - me pidieron mis amigas.
-¿Embarazarme? No lo creo - titubeé nerviosa.
-Te queremos, adiós. Buen viaje.
Edward me llevó a mi casa, todo el camino estuvo callado, solamente contestó el celular un par de veces, su asistente, Seth, nos recogería en Washington a las 5:00pm para llevarnos a Forks y conocer nuestro nuevo hogar.
-Pasaré por tí a las 9:00am, iré a mi casa a terminar de llenar unos formatos.
-De acuerdo. Adiós.
Iba a bajar del coche cuando el sujetó mi mano.
-Sé que no tenemos mucho tiempo de conocernos, pero ahora estamos casados y... aunque no sentimos nada uno por el otro en verdad me gustaría que fuéramos amigos... y con el tiempo... pues quién sabe... tal vez lleguemos a enamorárnos de verdad...
Me dejó sin habla. Lo único que se me ocurrió fue besar su mejilla y bajar del coche.
Vi cómo se alejaba y entré a mi edificio...
Mañana... mañana comenzábamos una nueva vida.
