Fucking Perfect

Capitulo 1

"Te Odie Desde El Principio"

Narrador PoV.

— ¡Sáquela, sáquela! —Gritaba Renata con todas sus fuerzas mientras se aferraba a las sabanas de la camilla del quirófano —Esta destrozándome por dentro
—No puedo sacarla, solo tiene un centímetro de dilatación —contesto la enfermera.
— ¡Eso no me importa! Solo sáquela ¡Ahora! —Ordenó sin dejar de retorcerse por el dolor que le provocaban las contracciones del parto — ¡Maldita sea la hora en que quedé embarazada!
—Un bebe siempre es una bendición —le reprendió la enfermera a la madre primeriza.
—Pues para mi no lo es, así que ¡Sáquela de ahí ahora mismo! No quiero tenerla dentro de mí ni un minuto más.

Renata no había planeado ese embarazo, aunque sin duda le había caído como anillo al dedo ya que su matrimonio comenzaba a desmoronarse. Ella había aceptado tener a su hija pero el amor de madre estaba muy lejos de aflorar dentro de ella.

Finalmente la pequeña niña de ojos achocolatados llego al mundo cerca de las dos de la tarde en un 13 de septiembre. La recién nacida era una adorable bebe de piel alvina y ojos grandes y oscuros que contrastaban hermosamente con su tono de piel. Las enfermeras le ofrecieron a la pequeña niña a su madre pero esta la rechazo y se negó incluso a alimentarla; si bien la niña no recibió el cariño de su madre, su padre por otro lado la lleno de besos y la apretujo contra su pecho en cuanto la tuvo en brazos.

Los primeros años de la pequeña Isabella no fueron los mejores, la niña no lograba entender como era posible que su madre le dedicara tanto desprecio. A sus cinco años de edad paso su primera noche en vela llorando por el rechazo de su madre, le había hecho un dibujo con la esperanza de sacarle una sonrisa, pero Renata había tomado la hoja para después romperla en miles de pedacitos y tirárselos en la cara a su hija; su padre había interferido y como siempre habían terminado peleando y gritándose frente a ella. A la niña no le gustaba ver a sus padre pelear, y mucho menos porque creía que ella lo había ocasionado.

La primera vez que Bella fue al jardín de niños su padre la llevo, la niña iba dando saltitos en todo el camino, se encontraba muy emocionada de poder conocer a otros niños y quería hacer muchos amigos y amigas ya que su madre nunca la dejaba salir a jugar con los demás niños de su cuadra. Charlie, a diferencia de Renata, adoraba a su pequeña niña, siempre se había arrepentido de haberse casado con esa mujer pero al ver a su pequeña Bella sonreír se recordaba que algo bueno había salido de esa mala decisión.

—Cariño, quiero que te portes bien ¿De acuerdo? —le dijo Charlie dejándola en la puerta de la escuela —no debes sentirte triste por quedarte aquí, recuerda que ya hablamos al respecto —se apresuro a agregar cuando vio que los ojitos de su pequeña niña se llenaban de lagrimas —Mamá vendrá a recogerte en la hora de la salida.

— ¿Mamá vendrá por mi? —pregunto la niña ilusionada.

Un nudo se creo en la garganta de su padre al ver como el rostro de su bebe se iluminaba con la ilusión de que su madre fuera a recogerla en un acto de cariño, pero la verdad era que él había tenido prácticamente que amenazar a Renata con cancelar las tarjetas de crédito si no iba por su hija a la escuela. Sin darse cuenta una lagrima escapo de sus ojos, Bella frunció el ceño y limpio el rostro de su padre.

—Papi, ¿Por qué lloras? Dijiste que no tenia que llorar, entonces tu tampoco tienes que llorar —dijo la niña abrazando fuertemente a su padre.
—No me pasa nada, pequeña —contesto Charlie secándose las lagrimas —es que, el viento arrojo una basurita a mi ojo, eso es todo. Mejor ve adentro y has muchos amigos.

Padre e hija rompieron su abrazo. Isabella entro sin dejar de dar saltitos hasta su salón, dentro la esperaba su profesora y sus compañeros, apenas los vio se sintió intimidada, eran demasiado niños y ella nunca había estado cerca de otras personas que no fueran de su familia. Fue a sentarse a una de las banquitas bicolor que estaban en el rincón del aula y se dispuso a observar a los niños mientras jugaban, ella quería acercarse pero no sabía como hacerlo así que se quedo clavada en su silla.

Mientras tanto Edward Cullen estaba aferrado a las faldas de su madre, se negaba a acercarse a los demás niños.

—Edward, ve a jugar —le reprendió su madre, que era también la maestra.
—No quiero —contesto el niño de cabello cobrizo mientras hacia un puchero.
— ¿Por qué? —le cuestionó su madre.
—Porque no me caen bien, ninguno de ellos.
— ¿Cómo lo sabes si ni si quiera los conoces?
—No se —contesto encogiéndose de hombros.

Esme sonrió mientras negaba con la cabeza, entonces levanto la vista y vio a Isabella que se sentaba lo mas alejada de los demás niños, le dio nostalgia verla ahí solita así que mando a su hijo a hablar con ella. No tuvo que insistir mucho ya que a Edward le daba curiosidad esa pequeña niña de bucles castaños.

—Hola, me llamo Edward —dijo él sentándose a su lado — ¿Quieres un caramelo?

Bella lo observo con el ceño fruncido mientras Edward sacaba una par de paletas de debajo de su sudadera, él le ofreció una y Bella la tomo tras un momento de duda.

—Gracias, yo soy Bella —contesto ella sonriente.

Los niños compartieron una paleta en el salón de clases, un jugo en el receso y jugaron el resto del dia. Se volvieron prácticamente uña y carne, inseparables. Esme no se arrepintió de haberlos juntado, los niños se llevaban bien y le gustaba ver a su hijo menor jugar alegremente.

Ambos niños pasaron el resto de su niñez anhelando el momento de volverse a ver, crecieron juntos asistiendo al mismo jardín de niños, a la misma escuela primaria y a la misma secundaria. Isabella se sentía cómoda estando con él, Edward se había convertido en su único amigo, ya que todos los demás sabían la situación de inestabilidad en el matrimonio de Charlie y Renata y varias madres habían optado por prohibirles a sus hijos hablarles a la niña Swan, aunque a ella no le molestaba ya que con Edward bastaba al momento de gastarle bromas a los demás.

Pero a pesar de que al estar con Edward ella parecía ser feliz, en cuanto se separaban ella recordaba el rechazo de su madre. La niña Swan lo único que anhelaba era recibir un "Te quiero" de su progenitora y un beso en la mejilla. Noche tras noche mientras fue creciendo rezaba porque su mayor anhelo se hiciera realidad. Pero por mas que rogaba al cielo por un poco de cariño de su madre, Renata poseía un corazón de piedra que no se conmovía en los mas mínimo al ver a su hija.