Mentiras

Autora: Namida no YukaKyo

Serie: Inuyasha, le pertenece a su Autora.

Pareja: Sesshoumaru x Inuyasha. Ninguna otra en especial.

Categoría: Yaoi (ChicoxChico) Aunque al principio es Shonen-Ai. Mezcla de Drama y Angsty

Justificación: En Memoria al Fic "Lies". Y en honor a la ausente Erekhose y a mi lúgubre psique.

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Mentira Vendida

Moralidad que me intoxica

Mentira escondida

Flagelo que mi corazón no olvida

Mentira Medida

No quiero mas Mentirte

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Debía aceptar, aunque la idea le desagradara del todo era la única que le daría un buen resultado y al menos así no se necesitaría de una innecesaria batalla para obtener lo que deseaba. Aunque había un ligero problema. El ser amable no iba para nada con él, mucho menos cuando no solo tenía que contenerse por Inuyasha, sino también con los humanos que le acompañaban.

Pero el ganárselos también apenas y era un ligero paso para cumplir sus siniestros planes.

Sesshoumaru avanzaba en silencio, como siempre lo hacia. Dejando que los cálidos brazos del viento le recorrieran el cuerpo, sintiéndolos juguetear levemente con sus cabellos largos, que se mecían suavemente ondeando los largos mechones. A su lado y no muy cerca Inuyasha le seguía en una obstinada decisión de no mirarle a la cara. Y es que cada vez que lo hacia al menos directamente, un leve tono rozado imperceptible para los humanos, pero no para él o bien para Sesshoumaru, le coloreaba las mejillas.

Kagome, Miroku y los demás caminaban también siguiéndoles algunos metros atrás mientras conversaban animadamente entre ellos. Con su agudo oído pudo escuchar la conversación trivial típica entre los humanos o bien la que siempre escuchaba cuando estaba cerca de alguno y le pareció tan vano que solo pensaran en una cosa como si fuera lo más importante de sus vidas. Hablaban sobre comida, lo que las mujeres podrían preparar para la comida y si creían que aquel menú seria lo suficientemente digno para que el paladar de Sesshoumaru se dignara a probarlo.

Una imperceptible sonrisa se dibujo en los labios de Sesshoumaru.

Comida de humanos, ni en mil años la probaría.

Camino un poco mas aprisa tratando y que con eso las voces de aquellos humanos no se escucharan tan cerca. Aunque sabía de antemano que era inútil. Necesitaba estar a una considerable distancia, tal vez a más de tres días de camino y solo así, las escucharía como simples susurros sin sentido. Pero estarían ahí presentes. Y empezaba a cansarse realmente de todo aquello.

Era una lastima que no los pudiera callar como hacia con Jakken. Pues algo le decía que necesitaba algo más que un simple golpe muy fuerte de su puño en la cabeza de alguno de ellos para que se callara.

Además no necesitaban hacer aquello para agradecerle por la ayuda que le había brindado al monje.

Aunque si lo pensaba con frialdad, aquello era una clara señal de que esos humanos estaban bajando ya lentamente la barrera de escepticismo que tenían sobre las buenas intenciones de Sesshoumaru. Y que fácil le estaba resultando aquello, esperaba que tantas facilidades no le aburrieran del todo. Porque si eso pasaba, perdería entonces el interés por colmillo de acero. Y es que le encantaba jugar a cazar la presa.

Tan concentrado estaba en aquello, que no noto cuando Inuyasha le había alcanzado en su vano intento por alejarse. Redujo la marcha y camino al mismo ritmo que el hanyou, notando que paso a paso que dejaba de dar las voces de los humanos se hacían más fuertes y molestas. Vio como el mitad bestia le observaba y supo que tal vez y estaba interesado en el ceño fuertemente fruncido que llevaba en esos momentos e intento por todos los medios posibles que el mismo se suavizara.

Aquello de ser condescendiente y amable, no le venia nada fácil.

— Se que es molesto estarlos escucharlos parlotear sin cesar a cada momento pero…— no pudo evitar girar el rostro al escucharlo hablarle con tanta familiaridad y sin que las palabras se le borraran de la mente como siempre lo hacían, pero le pareció una increíble mejora— Están muy agradecidos por que ayudaras a Miroku—

Miroku… Miroku… ¿Quién diablos era ese?

Ha si el monje que los acompañaba

Sus ojos dorados se clavaron en los del otro haciéndole saber que comprendía lo que aquellos humanos querían y sonrió sin que Inuyasha lo sintiera, por lo fácil que le había resultado el fingir aquello. Claro que lo comprendía pero el burdo sentimiento de compañerismo que aquellos sentían por él le hastiaba hasta un limite que se colaba entre los de la antipatía. Porque debía se ser claro en algo. Solo como un experimento llevaba con él a Rin. No porque sintiera afecto alguno por ella.

La tenia cerca porque tan solo había sido un bonito recordatorio de la única buena función que tenia esa inservible espada que nunca utilizaba.

— Deberías de decirles que nada de eso es necesario— soltó sin poder evitarlo con una voz cargada de hostilidad y frialdad. Que para su suerte no fue tomado aquel comentario con desagrado alguno por Inuyasha. Sino que al contrario asintió con una enorme sonrisa dibujada en sus labios.

— Sí lo sé, pero por esta vez no estaría demás cumplirles uno de sus caprichos— noto que el hanyou había bajado la voz hasta un nivel mínimo para que los humanos que pasos atrás les alcanzaban no les escucharan y es que no supo en que momento tampoco había dejado a un lado la inusual velocidad que lo caracterizaba y ahora caminaba con una lentitud digna de una caminata humana cansada

— Solo por esta vez Sesshoumaru— le pidió Inuyasha y tuvo que volver a repetirle lo ultimo que había dicho al mirarlo arquear una ceja con un ceño levemente confundido— Te lo pido. Por favor—

Se lo pensó unos minutos y se sorprendió detenido contemplando el angustiado rostro de Inuyasha que le observaba suplicante y decidido. Seguramente a humillarse hasta lograr que aceptara aquella extraña petición. Era eso o pasaba algo más. Aunque por ahora no se le antojaba descubrir que era. Solo pudo ser conciente del leve movimiento de los cabellos blancos del hanyou provocado por la brisa y que de un momento a otro se unieron a los suyos casi enredándose y mezclándose haciendo que hiciera entre ellos un color claro y luminosos de los mismos.

— Esta bien. No creo que este mal hacerlo— respondió con un suspiro de aceptación poco forzada atípico de él. Pero que fue suficiente para el hanyou a su lado y para los humanos que de un momento a otro frente a ellos escuchaban atentos lo que pasaba.

Estaba bien, de vez en cuando podía ser tan benevolente.

Casi de la misma forma en que una divinidad lo era.

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Hubiera sido una perfecta cena si nada de aquello hubiera sucedido. Ninguno había podido evitarlo, pero la sobremesa que llevaron después de haber comido aquella deliciosa comida preparada por las mujeres había sido un certero fracaso. Aun y cuando ya había sido toda una proeza ver a Sesshoumaru picoteando algunas verduras, masticando un poco de arroz y aceptando una considerable porción de ramen con sabor a pollo que le había ofrecido Inuyasha.

Pero si no hubiera sido por Miroku, tal vez y aun estarían ahí compartiendo algunas vivencias, tal vez contando algún próximo plan para atacar a Naraku o simplemente estar ahí sentados bajo la calida fogata que habían encendido mirando el negruzco cielo cubierto de estrellas.

Aunque seria muy injusto que toda la culpa recayera en el monje, cuando cualquiera de ellos había pensado en ese mismo momento preguntar algo como aquello. Tan solo querían saber porque ahora estaba ahí compartiendo comida con ellos, cuidando a una niña y siendo condescendiente con quien se suponía que odiaba.

Su respuesta había sido apropiada y calma. Pero nadie se la había creído como Inuyasha.

Tan solo quería cambiar de actitud para no seguir vagando solo por el mundo en que caminaba.

Y luego después de decir aquello, habían venido uno a uno los ataques verbales sobre su persona. No solo por el monje, por ella e incluso por la misma exterminadora y Shippo. Kirara también había hablado en su particular idioma gatuno y Sesshoumaru estoicamente había cerrado los ojos aguantándose uno a uno cada reclamo que todos sabían estaba mas que bien justificado.

Rin se había mantenido callada con la mirada baja y el único que le defendía era el viejo sapo Jaken que con la garganta seca había terminado por justificar de una forma a veces honorable las acciones de su amo y muchas otras mas de forma cruel y cobarde. Pero todo había sido hecho con un fin. Justificable o no, mismo que en cada caso había resuelto el problema.

Sí, muchos cientos de humanos habían muerto en sus garras. Pero a cambio la vida de miles de ellos había sido salvada.

Lo mismo pasaba con las bestias o hanyous. La mayoría había muerto por que lo merecían.

Pero a ellos aquellas respuestas no les habían parecido suficientes y siguieron atacándole. Hasta que el mismo Inuyasha había pedido que se callaran. Pero nadie lo había hecho, no al menos hasta que vieron la imponte figura de Sesshoumaru levantarse de donde estaba sentada.

Les había visto sin sentimiento alguno en sus pupilas doradas, fijándose en los detalles de cada rostro, como si le estudiara a profundidad en contados y lentos segundos. Hasta que su voz se sintió sobre ellos como una filosa daga. Por un momento la piel de cada uno se estremeció y es que cada palabra que brotaba de sus labios, describía a la perfección los pecados e injusticias que uno a uno en su larga o corta vida habían cometido.

Tal vez no se habían llenado las manos con tanta sangre como él.

Pero dolía que les recordaran las debilidades que habían cometido.

Ninguno volvió la mirada o soltó alguna palabra. Les habría herido y reducido a absolutamente nada. Tal vez y justamente a como ellos mismos le habían reducido a él. Mas como saberlo de ese youkai que no dejaba que sentimiento alguno se colara por las iris doradas tan frías.

Pero incluso el mismo Sesshoumaru había acallado sus palabras. Tal vez no por gusto propio sino más bien por el certero puñetazo que Inuyasha le había propinado en la quijada. Tumbándolo incluso al suelo, sin esperarse una reacción como aquella. El rojizo hilillo de sangre había manado de sus labios y recorría la mandíbula, bajando hasta perderse en la pálida piel del cuello.

— ¡Ya basta maldita sea Sesshoumaru! — Le grito— Ya fue suficiente para ellos—

Y también había sido suficiente para el youkai.

Porque después de eso. Sin mirar a nadie siquiera, se había telétrasportado en un puro parpadeo. Solo hasta que Sesshoumaru se había ido, fue que Kagome dejo escapar el sollozo que contenía en su garganta y que dolía. Sí, Sesshoumaru tenía mucha razón, deseba matar a Kikyo con sus propias manos y estaba segura que no sentiría remordimiento alguno de ello cuando por azares del destino tal vez lo hiciera.

Cada uno tenía su propio pecado y su propio karma.

Y Sesshoumaru lo había descubierto con tan solo echar una simple mirada.

No pudo más que abrazarse a Shippo que lloraba. Mirando por el rabillo del ojo como el monje y la exterminadora en silencio se abrazaban comprendiendo entre ambos sus propios pecados. E Inuyasha miraba impotente aquella mano tensada con la que lo había golpeado. La niña y el sapo seguían ahí, pero estaba vez ninguno de los dos sabia con certeza, si su amo volvería para llevárselos con ellos.

Hubiera sido una excelente velada para todos. Pero el hubiera no existía para nada.

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Había sido una completa estupidez.

El ser amable por lo visto jamás le llevaba a nada bueno con los humanos. Siempre por una cosa u otra estos lo odiaban. ¿Pero que importaba ya?. Lo mejor era echar toda esa estúpida pantomima a la basura y reclamar como el solo sabia hacerlo aquella espada. Sus habilidades habían aumentado y sus técnicas con Toukijin también. Dudaba mucho que Inuyasha saliera con vida de una batalla contra su espada.

Así que para que seguir con aquello.

Podía ganarse a Inuyasha, pero dudaba mucho que aquellos humanos le consideraran inofensivo.

Dejo de pensar por un momento. Deteniéndose a contemplar las verdosas luces que las luciérnagas emitían cerca del agua. Tan cerca que incluso una que otra se posaba sobre la madera de la diminuta balsa en la que había acabado al transportarse. Las aguas eran calmadas a su alrededor y la fina corriente movía la común embarcación apenas meciéndola en leves ondas. Como si deseara aletargándolo con ellas. La brisa era fresca y placentera, aunque rozaba de vez en cuando el labio roto en su rostro.

Dolía, pero al menos el metálico y salado sabor de la sangre había desaparecido y el constante pulsado en la herida le recordaba que había sido un completo idiota por lo que había hecho. Pero no había nada más que hacer. Después de todo¿No era la reacción natural que cualquiera hubiera tenido? Solo se había defendido de un constante ataque hacia su persona.

No se molesto en girar el rostro cuando la canoa se agito levemente recibiendo en ella el peso de aquel que había saltado para alcanzarle. No emitió sonido alguno con sus labios cuando oyó como este se sentaba a su lado tras su espalda. Si siquiera se permitió un solo pensamiento cuando su olfato se inundó con la conocida esencia del hanyou que en silencio le acompañaba.

Tan solo era capaz de contemplar con fascinación como las luciérnagas bailoteaban al viento y como unas mas sin poder evitarlo en las aguas oscuras caían y se ahogaban.

No había nada que decir.

Porque no había nada que él tuviera que decir.

Solo se había defendido y si algo tan simple de entender no era comprendido por Inuyasha, pues mucha lastima por él. Pero en su interior podía sentir como el hanyou le expresaba sus sentimientos. No estaba ahí para hacerle saber que le despreciaba por lo dicho a sus amigos o por su hostil postura, sino más bien por algo mas importante que le inquietaba y estremecía a cada una de las células de su piel.

Pero para ese momento a Sesshoumaru ya no le interesaba.

Su ágil mente ya estaba preparándose para un inevitable combate. Estudiando una a una las posibilidades de empezarlo justo ahí mismo. En medio de un río que sabía no era para nada profundo y que no seria nada fácil de cortar en dos con la ayuda de su espada. Apenas y había deslizado sus dedos por el mango de Toukijin, sintiendo la rugosa textura del mismo entre sus dedos, regocijándose con el tacto y liberando una buena cantidad de adrenalina por todo su cuerpo preparándose para lo que en esos momentos era mas que inevitable.

— Lo siento—

Fue un leve susurro, arrojado de los temblorosos labios de Inuyasha. Lo que hizo que en un solo instante todas las ideas que habían estado enlazándose una a una en su cabeza desaparecieran sin dejar un solo rastro de ellas. Dos palabras apenas dichas en un apesadumbrado quejido y después el peso de la espalda de Inuyasha contra la suya, sintiéndole como temblaba realmente dolido y consternado por aquello.

No fue capaz de pensar con frialdad, solo estaba ahí sentado bajo la intensa oscuridad, mirando como las luciérnagas volaban tranquilas, haciéndose unos segundos mas brillante separa luego opacar el brillo que les caracterizaba. A su espalda el hanyou con la cara cubierta por las manos se lamentaba, tal vez por lo sucedido. Tal vez por el golpe que le había propinado en la cara. Y sin que lo quisiera algunas palabras brotaron de su garganta.

— Tranquilo, ya todo pasó Inuyasha—

No esperaba estar consolando al mitad bestia, pero bueno, la idea no le desagradaba. Pudo escuchar con claridad como se contenían unos ligeros sollozos y después absolutamente nada. Solo pudo percibir que atentas los dedos de Inuyasha buscaban la piel de su mano y sin pensarlo siquiera termino atrayéndolos hacia la misma. Enredando sus propios dedos con los del hanyou.

Mientras sentían como lentamente la balsa los mecía.

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Lo que sostienes en esas manos

Es tu recuerdo y tus palabras

Y admite que no es lo que desea tu corazón

Continua…

Phoenix y Griffon JinHiwata: Hola! Muchas gracias por el review! Espero te guste la continuación y saludos!

yuiren3: Hola! Para nada son honestas! Y no gustaran mucho pero será lindo XD Saluditos!

Heidi: Hola! No ha termindado la historia que me preguntas de hecho ya esta por terminar y esta actualizada. Saludos!

AGUILA FANEL: Hola! Ham no sera muy tragico, creo. Saludos!

Yami Demon: Hola! Siieeee otro de estos dos XD Bye

Eriedth: Hola! Gracias y saludos!