*Crónicas de Mimir II: Hijos del Crepúsculo*

Prólogo

(De Zeldas)

Hace muchos años el mundo de Mimir fue creado bajo la tutela de Siete grandes dioses, todos ellos procedentes de la Madre Chaos, cumpliendo con una función cada uno en el momento del génesis: Odla, cultivó la roja tierra; Lathia, forjó la bóveda celeste, Sibel proporcionó el agua, la fuente de la vida; Reivaj dio el calor creando el sol y el fuego; Elia, brindó la caricia del viento; Horth, moldeó a los primeros seres vivos, desde la más pequeña hormiga hasta el más alto árbol e Ikah, proveyó a cada criatura un alma única.

Sin embargo, una profunda confusión se había ocultado entre tanta belleza y perfección divina. Deidades envidiosas, bajo los lazos de una Chaos irritada por el abandono de sus hijos, llenaron de odio el corazón de los mortales invadiendo con asfixiantes sentimientos la esfera de Mimir con criaturas sobrehumanas y seres oscuros. Hubo una guerra santa que amenazó en destruir el globo. No fue sino hasta que Ikah y Horth, dos de los dioses creadores, bajaron del cielo y decidieron darle fin a toda esta masacre encerrando la esencia de Chaos y brindando un respiro de paz a sus criaturas que si bien no todas perecieron quedaron diezmadas por la tragedia. De ahí en adelante comenzó un nuevo tiempo "Era de Cristal", una evolución constante pero frágil para Mimir, esperando ser rota de nuevo por el origen del todo y la nada…

En esta época se desarrolla la historia de Crónicas de Mimir que cuenta las aventuras de varios jóvenes cuyos destinos se cruzaron, a pesar de llevar una vida distinta e intereses propios. Sus historias se enlazaron al conocer la leyenda del tesoro conocido como la "Pluma de Oth", de la que se dice posee el poder de cumplir un deseo, sin importar cual fuese. La Pluma, según la leyenda, había sido bendecida por los Siete grandes dioses que crearon el mundo de Mimir y que al parecer tuvo relación con el encierro del Chaos.

Todos ellos creyeron que se trataba de un mito; sin embargo conforme fueron avanzando en su camino, confirmaron que no era del todo falso. Para tener acceso al sagrado místico deberían embarcarse en una continua búsqueda de las Siete piezas de la pluma que se hallaban despedazadas y esparcidas por todo el mundo. Cada pieza poseía el nombre así como una virtud peculiar y única de uno de los Siete grandes dioses.

Sin embargo, no sólo el viaje y experimentar situaciones de alto peligro que llevarían más de una vez de poner en peligro sus vidas eran los únicos requerimientos…


"Crónicas de Mimir II:
Hijos del crepúsculo"

Dos personas caminaban por la noche, un sendero iluminado por la gran luna llena de un aparentemente tranquilo Mimir. Pero sus expresiones no daban un buen augurio. Entre hierba que llegaba al metro de altura, una luminosa hacha cortaba el césped para poder pasar, la mujer que tenía el hacha en la mano, parecía serena en sus movimientos.

- ¿Tú crees que Senma nos halla dicho la verdad? – preguntó el segundo caminante, un hombre de expresión alegre, pero que ahora parecía haber perdido algo de su alegría
- Espero que sí – dijo la mujer – él sabe perfectamente que si me miente le corto la cabeza
- eeeeeh… ¡Como se me pudo olvidar tal gran detalle! ¡Mentirle a Lady Juna es perder la vida!
- Que bueno que lo recuerdes Rilian – dijo ella con una sonrisa que hasta parecía inocente
- Pero sabes que yo nunca te mentiría… ¡Porque soy un caballero! Un caballero nunca le mentiría a una dama, sino fuera por su seguridad ¿ya sabes? Siempre has sido como mi hermana
- ¿Y que tiene que ver que sea como tu hermana a que un caballero no le mienta a una dama?
- eeeeh… cof, cof – Sir Rilian hizo como si se concentrara – porque eres una dama especial, compañera de aventuras y desventuras ¡La gran Juna!
- Calla Rilian… estamos cerca…

Como Sir Nadja les había dicho a los dos caballeros, en las fronteras norte de Gren, un lugar algo escondido y recóndito en los bosques, se encontraba una cueva bastante singular. Rilian frunció el ceño.

- Hay talismanes mágicos que protegen el lugar – susurró Juna a Rilian – la piedra que nos dio Senma rebela eso…
- Hay algo peor… - dijo seriamente Rilian – este lugar huele muy mal…

Rilian se concentró, Juna notó que iba a ocupar uno de sus poderes síquicos para mirar hacía adentro del sector.

- Es una biblioteca – dijo Rilian – muy grande… parece que Senma nos dio la dirección de la biblioteca de la orden.
- Sin un hechicero que pueda contra los talismanes no tenemos como…

En ese momento, Rilian saca un par de talismanes del bolsillo.

- Son talismanes para romper talismanes de protección – explicó Rilian - casi me costaron un ojo con una vieja bruja de las frontera
- ¿Y desde cuando estas tan preparado?
- Recuerda que estuve dominado por Muctuc mucho tiempo – dijo Rilian – tengo cierta noción de cómo hace las cosas… pensé que los talismanes podrían protegerme, pero él fue más fuerte…

Rilian entrecerró los ojos, Juna sabía que le dolía mucho haber sido dominado por Muctuc y haber estado en el momento del ensamblaje de la pluma de Oth sin poder hacer nada por Ludovico. Pero ahora, debían seguir adelante, por su amigo que los había dejado por protegerlos.

- No nos conviene entrar de frente – dijo Juna – además de que no sabemos si esos talismanes protegen presencias, si alguno de los líderes de la orden esta ahí adentro, no saldremos vivos
- Somos caballeros de Labrem – dijo Rilian – no careemos tan fácil, yo te protegeré Juna
- Como si alguna vez lo hubiera necesitado… - dijo sarcásticamente Juna

Sir Rilian miró pensativo la cueva "ahí debe estar" se dijo a si mismo.

- Ya debemos devolvernos – dijo Juna – entrar en este momento sería un ataque muy apresura…

Ni siquiera alcanzo a gritarle algo, cuando Sir Rilian puso los talismanes sobre la barrera mágica y esta empezó a brillar, perdió la vista por un segundo.

- ¡Rilian! – gritó Juna finalmente, pero Rilian no se movió, este se había concentrado en crear una barrera para protegerlos de ciertos ataques que le llegaron.
- Esos ataques no nos harán cosquillas muchacho – dijo finalmente Rilian – sé que no puedes hacer más sin tu maestro

No había respuesta, al ver que Juna estaba bien, Sir Rilian sacó la barrera y los dos evitaban las bolas mágicas casi sin preocuparse.

- ¡Aparece! – gritó Rilian – sé que eres el discípulo de Muctuc, te conozco, hable contigo cuando él me dominaba
- No os quiero lastimar Sir Rilian – se escucho una voz – por favor, váyanse de aquí, mi deber es proteger este lugar con mi vida.
- Deberías preocuparte más por tu salud que por la mía y la de Juna – dijo Sir Rilian tranquilamente – solo quiero información de tu parte
- Tumba soy y tumba seré con los secretos de mi maestro – replicó inmediatamente
- ¿Qué me has estado ocultando Rilian? – preguntó Juna
- Yo solo sabía que el discípulo de Muctuc cuidaba la biblioteca de la orden – dijo Rilian – por eso sospeche que sería él el que nos atacaría.

Rilian se acercó un par de pasos hacía la cueva, ciertos taques mágicos le llegaban, pero con una simple barrera los eliminaba como si nada. Juna tomó su hacha y miró la retaguardia. Tras eso, Rilian junto dos dedos y se los puso en la frente.

- No intentes escapar – pensó Rilian – aun no eres lo suficientemente fuerte para evitarme
- Si intenta hurgar en los secretos de mi maestro en mi mente, me mataré
- Tranquilo, no rebelaré tu identidad ni hurgaré en tu mente… Orfeo…
- ¡Váyase de aquí! ¡Váyase!
- Cálmate Orfeo… Tío Rilian no te hará nada malo. Me hubiera gustado comprarte un dulce u algo así, pero no sabía que encontraría la biblioteca.
- ¿Ah? ¡Váyase!
- Tú eres la única persona que puede responder las preguntas que tengo.
- Ya le dije, tumba seré y tumba soy de los secretos de mi maestro.
- No me la hagas difícil niño, no tengo toda la noche y Juna se pondrá impaciente.

No hubo respuesta, Rilian sonrió. Sintió un par de pasos tímidos al frente de él, era un joven con una túnica blanca, de no más de 14 años con un libro abrazado en el pecho, estaba cabizbajo, así que no eran visibles sus ojos, su pelo negro le llegaba hasta la cintura.

- Eres muy bueno para ser tan joven, sino fuera caballero estaría frito como pescado apanado con tus hechizos – dijo Sir Rilian fuertemente, como para que Juna escuchara, Orfeo solo frunció el ceño ante eso.
- Por honra de mi maestro, pido por favor que se retiren, no quiero usar lo que esta más allá de mi para detenerlos.

Rilian notó en ese momento que el suelo de la biblioteca estaba con varias escrituras mágicas, en idioma del caos, era obvio que hablaba de activar aquel código.

- Sinceramente – dijo síquicamente Sir Rilian – No puedo dejar al heredero de la corona así como así
- Mi familia ya no es la heredera de nada, mi madre dejó la corona – pensó Orfeo, aprovechando la comunicación síquica – por favor, Sir Rilian, váyase.

Una mano se poso en su nuca, era la mano de Sir Rilian.

- …No te dejaré…

El pequeño sintió que su cuerpo se paralizaba, como que aquella mano no lo dejaba moverse. Estaba aterrado, muy aterrado, cerró los ojos, había protegido bien la biblioteca hasta ahora, pero él no era rival para un caballero de Labrem del calibre de Rilian. Se acordó de que su maestro le había dicho que Sir Rilian era el caballero con más poder interior, a pesar de aparentar ser de los más débiles. Rilian lo soltó.

- ¿ah? – dijo Orfeo abriendo los ojos
- ¡Rilian! – gritó Juna, corriendo hacía allá
- ¡No te acerques! – gritó Rilian, sintiendo el filo de una daga en su cuello, pero a pesar de eso, sonriendo – es bueno verte… Muctuc…
- Sabes perfectamente – susurró este – que no puedes tocar a Orfeo…
- Sabía perfectamente que tocándolo te vería – dijo Rilian sonriendo, mientras veía que Orfeo corría hacía el interior de la cueva – condena mi vida si quieres ahora.

Para sorpresa de Rilian, Muctuc sacó la daga de su cuello y se puso al frente de él.

- Ludovico me pide que los deje ir a los dos… dale gracias a él que tengo algo de clemencia
- Oh ¿Y le haces caso? Vaya novedad…
- Ludovico… este idiota nos hará tener migraña…
- ¿Qué quieres te que diga viejo? Así siempre ha sido Rilian, solo déjalos ir , que sepan que estamos vivos no es algo importante de tu plan ¿no?

Rilian abrió los ojos sorprendido, esto era más de lo que quería saber, solo venía a comprobar su sospecha de que Ludovico y Muctuc estuvieran vivos, la siguiente era saber si Muctuc dominaba el cuerpo de Ludovico…

- Ludovico… me pides algo no muy conveniente…
- Viejo, solo bórrales la memoria, no te cuesta nada...

Juna se paró al lado de Rilian, miró a Ludovico ese momento. Estaba erguido en una perfecta posición recta, cabizbajo hablando consigo mismo como si no le importara nada.

- Aun no aprendes Ludovico… - levantó su mano - si hubiera querido que no supieran, no lo sabrían, no habrían ni siquiera encontrado esta entrada en el bosque… Orfeo…
- Maestro…

Se vio el pequeño con una vela en el fondo, casi entrando a la biblioteca, la cual la inclinó como para que cayera un algo de esperma. Al notar eso, Juna intento pasar a través de Muctuc usando su hacha, pero este la detuvo con un simple campo mágico, la dama no se quedó en eso, le pegó de nuevo al campo de fuerza, haciendo retroceder al mago un paso. Este último sonrió como si todo esto fuera un chiste, sacando una espada y enfrentando esta ante el hacha de Lady Juna.

- Juna… por favor… Muctuc no tiene mucha paciencia…

Orfeo caminaba rápidamente hacía otro sector con la vela, Juna lo miraba fijamente como iba completando ciertas partes de las líneas en el suelo. Aunque realmente Juna solo supiera donde se estaba moviendo con el sonido de sus pies, ya que su vista estaba media nublada desde muy joven.

- Juna… Rilian…

Juna si lo había notado, Rilian había quedado inmóvil de un momento a otro, el primer círculo mágico era para paralizarlo a él, según razonó Juna, el segundo lo más probable es que era para ella.

- Juna, Muctuc los va a…
- No sé si realmente eres Ludovico o no – dijo Lady Juna – pero sabes que yo no acepto clemencia de nadie
- Juna….

El que había dicho eso no era ni Ludovico, ni Muctuc, sino Sir Rilian. Juna lo miró de reojo, este estaba con los ojos blancos ¿¡Qué clase de hechizo eran los de estas escrituras!? En el suelo brillaban con una tenue luz roja, como si palpitaran.

- Lo siento, Juna – susurró Rilian

Un fuerte viento inundó el lugar, Juna solo pudo notar que Muctuc tuvo que hacer un rápido movimiento para poder proteger la biblioteca de este. La caballero clavó el hacha en el suelo, ya que sentía que cualquier momento este viendo la mandaba a volar. Rilian y Muctuc levantaron la mano derecha al mismo tiempo.

- AAAAAAHHHHHH – los dos hombres gritaron, como concentrando energías

El viento fue más fuerte, Juna se agarró de su hacha, de un momento a otro todo brilló y fue blanco para ella.

Silencio, silencio… hasta que escuchó unos pájaros cantar, unas figuras la miraban como preocupadas.

Capítulo 1: El sendero de Sibel.
Por Minaya

//…Silencio… silencio…//
//…Chaos ¿Estas ahí? Madre…//
//…Aun no, aun no, aun falta energía…//
//…La siento, la siento, ella esta…//
//…No hay que desesperarse hermano, ya estará…//
//…Lo sé hermana…//
//…Ya vendrá…//
//…Ya estaremos…//
//…Hijos del crepúsculo, levanten sus mentones…//
//…La nueva era, esta a nuestros pies…//

Otra tumba se tuvo que cavar en la Cuna de Sibel, Cristina miraba impotente aquella escena ¿¡Qué estaba pasando!?. Madam Leila se había puesto a investigar, cada vez los muertos en la cuna era más, primero los viejos enfermos, después iba a los más jóvenes. Tan así estaba el asunto, que ya casi no recibían pacientes nuevos.

- Parece que los dioses nos están abandonando… - decía uno de los médicos
- Sibel se ha enojado con nosotros – decían ciertos pacientes - ¡Hemos deshonrado a Sibel!
- La Cuna tiene un límite, esta en decadencia… - decían otros
- ¡Sibel! ¿Por qué?

Madam Leila cerró un libro de la biblioteca escondida, Cristina esperaba afuera con algo de impaciencia.

- ¿No debías atender a 3 personas hoy?
- 2 murieron esta mañana y ya termine con la otra… - dijo tristemente Cristina
- …Entiendo…
- ¿Ya sabe que esta pasando?
- La Cuna esta perdiendo su energía – dijo Madam Leila intentando estar lo más tranquila, pero ya llevaba varios cafés en el cuerpo intentando encontrar algo – no puedo detectar la razón, pero creo saber una solución…
- ¡Es mejor de lo que pensaba! – dijo Cristina alegremente
- No es tan fácil… - Madam Leila entrecerró los ojos

En eso, un par de golpes y unos gritos interrumpieron a Madam Leila, parecía como si arrastraran a alguien.

- ¡Qué no estoy enfermo!
- ¡Qué te calles enano!
- ¡Quiero irme!
- ¡A callar!
- Señor Senma, le dijimos que nosotras íbamos a buscar a Madam Leila, que no se preocupara…
- No se preocupe, conozco la cuna de Sibel…
- ¡Suéltame viejooooo!
- ¡Cállate enano!

Cristina se asomo algo curiosa, vio como Senma, alias Sir Nadja, le daba un coscorrón a un joven que no pasaba los 15 años. Se acercó un par de pasos, Madam Leila la siguió.

- ¿Qué tanto escándalo? – dijo Madam Leila – no ve que no estamos en buenos tiempos y ahora tendré que usar pastillas para curar mi dolor de cabeza…
- Mis disculpas – dijo Senma inclinándose un poco

Sir Nadja estaba algo cambiado de lo que recordaba Cristina. Bueno, era obvio, hace más de 10 años que no lo veía. Este tenía un curioso pelo morado corto, una mirada elegante, casi 2 metros de alto y más de 40 años encima. Era el niño Senma de la historia de Wreel, antiguo amigo de Cameén Miric. Quizá una de las personas que más ansiaba ver para preguntarle por aquellos sucesos. Pero ahora, la situación de la Cuna de Sibel era lo más importante.

- Necesito un gran favor de usted Madam Leila
- No es buen momento para pedir favores…
- Solo necesito que analice a este niño – dijo agarrando al joven de 14 años por la ropa, el cual estaba intentando escapar.
- ¡Qué le dije, que le digo, que le dije que no estoy enfermo!
- ¡Ya calla!
- ¿Puedes verlo Cristina? – preguntó Madam Leila a ella – Cristina es confiable y buena examinando. Creo que ella podría.
- La pequeña Cristina ya es toda una bella dama al servicio de la gente – dijo Senma mirando a Cristina – gusto en verla
- …También es un gusto… - dijo Cristina algo sonrojada mirando al lado, la mirada de Senma la ponía algo nerviosa
- ¡Ya déjenme en paz!
- ¡Tú calla!

Casi arrastrando al niño por el suelo, Senma lo dejo en una sala con Cristina. El muchacho vio que había unos peluches y algunos rompecabezas para niños.

- ¿Qué acaso creen que soy bebé? – dijo el muchacho avergonzado de todo esto

Cristina solo se rió, Senma se apoyó en la salida.

- Mis disculpas, estas salan son para atender niños hasta los 14 años, pero siempre los mayores se enojan – respondió Cristina – además no veo que tengas más de 14
- Tengo 14, casi 15 años – dijo mirando hacía el lado – soy todo un hombre
- Cuando te conocí estabas llorando como una nena porque estabas perdido – dijo Senma sarcástico – y me dijiste que hace poco habías cumplido 14…

El muchacho se sonrojó más y bajó la cabeza.

- Mami… - dijo finalmente para si mismo

Cristina pudo mirarlo mejor en ese momento, el muchacho tenía un brazo completamente vendado. No siquiera se asomaba la mano, no se venía que hubiera una mano en esas vendas, es como si su brazo fuera un peso muerto.

- Mi nombre es Cristina Tdara – dijo Cristina amablemente - ¿Y el tuyo?
- Agustín de Emrem
- Gusto en conocerte Agustín – Cristina sonrió
- Eeeeeh… - Agustín se sonrojó un poco, no se había parado a mirar que la mujer que lo atendía era tan hermosa
- Hay que ser lento… - dijo Senma, dándose cuenta de lo que estaba pensando Agustín
- Mami… - se dijo a si mismo de nuevo Agustín, rojo como tomate
- Bien, Agustín – dijo finalmente Cristina – necesito que te desnudes para poder examinarte bien
- ¿¡Des… qué!? – dijo Agustín asustado

Senma no pudo aguantar la risa en su interior, casi se ahogo solo viendo la cara de desconcertado de Agustín.

- ¡¡Usted no ayuda en nada!! – gritó Agustín a Senma
- Solo quiero que le revises su brazo – dijo Senma poniéndose serio finalmente, aunque secándose unas lágrimas por la risa
- Entiendo… - dijo Cristina

Agustín, no muy contento, se sacó las vendas que cubrían su brazo. Cristina no pudo ocultar el asombro al ver que el brazo de este muchacho no tenía huesos y era gris oscuro. Lo tocó, su textura era rugosa, con un par de bellos locos por ahí, hizo que le tomaba el pulso… El brazo estaba vivo, completamente vivo. Siguió tocándolo suavemente con los dedos.

- ¿Sientes que te toco? – preguntó Cristina
- …Sí… - contestó Agustín, el cual se veía muy nervioso.

Cristina se paró y fue a sacar algo de ciertos cajones que estaban a la derecha de la habitación. Llegó con un pequeño bisturí.

- Calma muchacho, no te haré nada – decía mientras Agustín tragaba saliva – cierra los ojos por favor

Agustín cerró los ojos, ahí Cristina le hizo un pequeño corte con el bisturí.

- ¿Sientes algo?
- No…
- ¿Seguro?
- Eeeeh… si

Cristina sacó cierto líquido y cerró la pequeña herida que le hizo, esta se curó inmediatamente.

- Señor Senma – dijo finalmente Cristina - ¿Usted que sospecha de esto?
- Me daba la impresión que el brazo de Agustín tiene energía del Chaos atrapada de una manera que desconozco… por eso no siente dolor cuando lo lástimas, pero si siente cuando lo tocas. Obviamente, no podía asegurar nada hasta que una profesional lo viera.
- Madam Leila me había comentado que usted acertaba ha estas cosas casi como un profesional… - dijo Cristina sonriendo, después miró a Agustín – Agustín, ¿Tienes alguna idea de como ocurrió esto con tu brazo?
- Mi brazo siempre ha sido así – dijo Agustín – mis padres me comentaron que nací con esto.
- También siento otra energía alrededor de tu brazo… - Cristina cerró los ojos

Senma levantó una ceja, sabía que podía haber algo que solo la gente especializada podría ver.

- Es una energía muy cálida, parece ser dos almas – dijo Cristina - ¿Son ellas las que te protegen de la energía del Chaos?

Agustín intentó evitar la vista de Cristina.

- Es una energía cariñosa, amable, pura – dijo Cristina tomando la mano enferma de Agustín - ¿Estas almas hicieron un sacrificio para poder protegerte no?

El muchacho levantó los hombros como si Cristina lo hubiera acorralado.

- Cuando tenía 10 casi me mata este brazo, por eso mis padres se sacrificaron para poder protegerme… - dijo Agustín intentando calmarse – igual, nadie tiene una solución para algo así… nadie…

Cristina abrazó a Agustín en ese momento, sí, siempre había sabido lo que tenía.

- No debes llorar entonces – dijo Cristina – ellos querían que siguieras tu vida ¿no? Sonríe por ellos – el pequeño afirmó con su cabeza - y… igual necesito que te desnudes
- ¿¡Ah!? – dijo Agustín, mientras Senma sacaba la cabeza del cuarto para reírse libremente
-Debo revisar si es que la energía de tu brazo no ha producido efectos en tu cuerpo – dijo Cristina – es una energía muy fuerte…
- Mami… - se dijo a si mismo Agustín

Al final de cuentas, Agustín era un joven sano, la protección que le daban los espíritus de sus padres era muy potente. Cristina notó que Senma solo quería asegurar algo que ya sabía… Agustín se vistió agradeciendo que todo esto hubiera terminado bien.

- He notado que hay problemas acá – comentó Senma a Cristina
- Si, la cuna esta perdiendo sus poderes – contestó Cristina – lo cual complica mucho los tratamientos… ya que todo aquí esta basado en los poderes curativos del lugar.
- Madam Leila debe estar algo estresada… - dijo Senma - ¿No le ha comentado del recorrido de Sibel?
- No… - dijo Cristina
- Bueno, se lo escuche hace tiempo – dijo Senma – se dice que Sibel le pidió a sus hermanos que hicieran unas pruebas para ver si realmente la gente de la cuna quisiera recobrarla en algún tiempo de crisis…
- Oh… - dijo Cristina – es extraño que no me halla comentado…
- Es algo peligroso, debe intentar ver otras maneras antes de esa… creo

Cristina observó al retirado caballero algo dudosa. Si, al llegar a Mimir y saber que el rey Aghamen ya no estaba en el poder, Sir Nadja abandonó los caballeros de Labrem, volviendo a ser simplemente Senma, algo que dejó muy enojados a los demás caballeros, pero estaba en su derecho, había jurado ante su majestad Aghamen, no ante Mimir.

- ¿Y qué más sabe sobre el recorrido de Sibel? – preguntó Cristina
- Bueno, se dice que cualquier cantor curador puede hacerlo, hasta uno que no halla concretado los 15 años de tranquilidad. Solo son pruebas para saber su coraje y sus ganas de salvar la cuna de Sibel.
- Oh… - dijo Cristina interesada

Ella se paró pensativa, se quedó mirando una ventana.

- …El recorrido de Sibel…

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- El recorrido de Sibel es una misión muy peligrosa – dijo Madam Leila cuando Cristina le preguntó – a la única persona que mandaría a eso sería a Ludovico, si es que aun estuviera con nosotros.
- Entiendo... – dijo Cristina – pero Madam Leila, debemos hacer algo, es decir, la gente…
- Cada cantor curador es un tesoro en la cuna de Sibel, mientras ellos estén y su corazón quiera mantenerla, ella estará… Ustedes son un trozo de la bendición de Sibel
- ¿¡Y de qué sirve si la gente se muere!?

Madam Leila apretó los dientes, era extraño que Cristina le levantara la voz a alguien, la entrada de la cuna de Sibel estaba a la vista por una de las ventanas cercanas.

- Cada vez son más… y más… - dijo Cristina con los ojos húmedos – los que pierden la lucha por la vida, los que la cuna no puede soportar ¿¡Sabe la impotencia!? Como curadora, sé que a veces la gente debe morir, que la vida tiene su límite… pero… pero…
- Un guerrero debe esperar sentado mientras curan al enfermo, impotente por no poder hacer nada en ese momento…

Cristina miró a quién lo interrumpió, Senma estaba a un par de metros, caminó hacía ellas mientras hablaba.

- Un enfermero, se siente impotente en una batalla, ver como la gente que curó, cae sin remedio por una espada sin compasión… Pero proteger con la espada y proteger con la medicina siempre ha sido más efectivo con un corazón fuerte y tenaz. Ya que los dos pueden dar aires a un alma caída. ¿Va a dejar que un corazón así se desmorone mi respetada Madam Leila?

Madam Leila evitó la vista del ex caballero, Cristina lo miró agradeciendo.

- Cristina – dijo Madam Leila – desde que Ludovico se fue, no has hecho más que concentrarte en tus labores de la cuna ¿No?
- Aún me cuesta no pensar en él… – dijo Cristina – pero sé que su deseo es que luchara por lo que yo creo. Yo creo que la Cuna debe ser salvada, por la gente que lucha por su vida, por ser feliz. ¿No es lindo ver cuando un paciente se va de la cuna sano? Saber que se va a su casa, pensando que en el siguiente día se levantará con energías.
- Pequeña… - Madam Leila se volteó hacía ella - ¿Realmente crees que a los pacientes les gustaría que alguien como tú se arriesgara por ellos? Estarías haciendo lo mismo que Ludovico, tirarse por un precipicio, tú no estas hecha para viajes ni aventuras… No sabes el susto que nos dio cuando escapaste. ¿Crees que eso desearía Ludovico?

"- ¿Usted seguirá viajando? – preguntó Ludovico mirando la escalera que se había caído después de eso
- …Ese es mi plan… - dijo Cristina
- Pero ¿No la necesitan más en la Cuna de Sibel? – preguntó Ludovico sin mirarla

Cristina miró hacía el lado contrario del que estaba mirando Ludovico, sabía lo que indirectamente le estaba diciendo.

- Las reglas de una cantora curadora pueden matarla – dijo finalmente Ludovico – si viaja en un mundo como este…
- Lo sé – respondió Cristina – soy débil y no puedo usar mis poderes sobre mi misma… pero ¿Uno no debe tomar riesgos a veces?

Ludovico caminó hacía el lugar donde estaba originalmente, Cristina lentamente lo siguió, le costaba caminar un poco en el techo.

- Los riesgos – dijo Ludovico sentándose – se toman cuando uno quiere algo… sino hay algo por detrás, no sirve tomar un riesgo tan grande
- Ludovico… - dijo Cristina llegando a su lado
- Sino tiene un objetivo claro – dijo Ludovico – vuelva a la cuna
"

- El dijo… que los riesgos se tomaban cuando uno quería algo – dijo Cristina decidida

Madam Leila cerró los ojos, Senma sonrió.

- Un corazón fuerte nunca miente.

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Hace años que la extensa mansión Rimm no conoce la dicha. Tras sus gruesas paredes se esconden tantos secretos como agua tiene el mar, los que terminaron por alejar a cada miembro de la familia. Tan fragmentada estaba, que ya nadie se aparecía para el cumpleaños del viejo Octavio, el patriarca del clan; la única que lo saludó esa mañana fue su hermana menor Elena, que vivía con él.

- Buenos días, hermano- dijo Elena después de abrir la puerta de la enorme recámara- Feliz cumpleaños- La mujer madura, que hablaba simulando simpatía, llevaba ropa de viaje, cosa que su hermano mayor notó de inmediato
- ¿Vas a algún lado?- preguntó desde la cama donde descansaba. Sin necesidad de incorporarse siempre imponía respeto
- Ehh... sí- respondió ella susurrando- Tengo que ver unas cosas en la oficina
- Ahh... ya veo- El viejo Octavio trató de acomodarse la almohada, tratando luego de sentarse en la cama- Entonces dime qué haces con ese pañuelo al cuello- Señalaba un pañuelo púrpura, con una esencia distinta a la que acostumbraba a llevar la mujer. Octavio sabía perfectamente lo que ese pañuelo simbolizaba- De por casualidad... no estarás pensando otra vez en buscarla... ¿verdad?

Elena entonces apretó el bastón con fuerza, aquel bastón que siempre terminaba usando como arma, ahora le ayudaba a quitarse la rabia.

- No, hermano- respondió ella en un susurro
- ¿Entonces... quieres llevar sólo un recuerdo de la bastarda?
- No la llames así
- Yo la llamo como quiero, ¿Estamos?

A pesar de que en sociedad siempre se mostraban como dos personas unidas, la verdad era que pasaban la mayor parte del tiempo tirándose veneno. Elena trataba de guardar la compostura, pero dados los constantes ataques de parte de su hermano, siempre llegaba a un punto de quiebre en el que incluso llegaba a ser más cruel que él.

- Entonces yo puedo llamar igual a tu muerta Isabel- Una mueca en el rostro de Octavio le hizo a su hermana insistir- Después de todo... un bastardo es un hijo no reconocido por su padre... ¿Y no fue acaso eso lo que hiciste con ella? ¿No reconocerla como tu hija después de que se fuera con el espía?

Elena podía sentir la sangre de su hermano hirviendo en cólera. Cada vez que alguien tocaba el tema, Octavio terminaba por retirarse del lugar con el rostro rojo de furia; aquel tema era tabú.

- Hace algún tiempo conocí a tu nieta... y déjame decirte que la imagen que tiene de ti no es muy alejada de la realidad- siguió-, algo así como entre déspota y patético. Deberías agradecerme que todavía vivo en este lugar...
-¡¡Cállate!!- El viejo Octavio agarró la palangana que tenía en el velador y con furia la lanzó hacía su hermana, pero falló el blanco
- Cuidado, hermanito, que podría acusarte de asesinato...- Elena finalmente se dirigió a la manilla y empujando la puerta hacia sí terminó diciendo- Pásalo bien... solo

Al cruzar la puerta de entrada al caserón, la mujer respiró profundo, se ordenó la cuestionada pañoleta, se pasó la mano por su castaño cabello y caminó airosa, como si otro enemigo hubiera caído frente a la Dama de Hielo. Nadie, ni siquiera su hermano mayor, le iba a dañar el recuerdo de ella; no iba a permitir que tocara a Maura y saliera ileso.

Después de salir de la casa, Elena subió a su carruaje e indicó su destino: el centro de Tartra, donde se encontraba su oficina. Hace años ya que no trabajaba en los cuarteles generales de la Liga de Oth; a pesar de hacer visitas a Keel frecuentemente, prefería trabajar como jefa subrogante de zona (Elena siempre disfrutó del poder, y sabiendo que había gente más alta que ella en Keel, prefirió irse donde pudiera mandar a su antojo). Mientras viajaba, leía papeles que indicaban los resultados de una investigación muy de su interés, tanto así que ni se dedicó a molestar a su chofer con lo lento que viajaba.

Los caballos frenaron frente a un edificio considerablemente alto en medio de la ciudad. La fachada mostraba un departamento habitacional cualquiera, tratando de levantar la menor cantidad de sospechas de los vecinos. La mujer salió del carruaje, no dirigió palabra alguna a los guardias y avanzó a paso seguro hacia las escaleras. Al llegar al segundo piso se le acercó un hombre bajito, que daba tres pasos por cada paso de la mujer, y trataba de seguirla mientras le hablaba.

- Buenos días madame Rimm- Elena giró el rostro con molestia hacia el tipo
- ¿Eres nuevo?- el hombre asintió con la cabeza- Soy señorita. Si te vuelvo a escuchar "señora"…
- Sí, mademoiselle- respondió éste
- Actualízame- ordenó
- Sí- El hombre estaba particularmente nervioso. Al girar para subir al tercer piso casi choca con otro hombre, lo que lo puso aún más alterado- Llegó la resolución del caso Millen. Se decidió proceder
- Bien- respondió ella con placer
- Los aspirantes al nivel 10 están casi listos…
- ¿Otra cosa relevante?- A cada palabra, Elena sonaba más petulante
- Mañana nos visitará el Supremo- Llegaban al último piso, cerca de la oficina de la mujer-… y hay una mujer esperando hablar con usted- Elena frenó en seco
- ¿Mujer?- Lo miró como si pudiera freírlo con la mirada- ¿Qué… mujer?
- Dijo que la conocía, y que tenía que hablar urgente con usted. Yo decidí dejarla pasar… sé que a usted no le gusta que deje pasar a gente desconocida pero pensé que con las medidas de seguridad no podría usar magia, y no traía ningún arma así que…

¡Paf! se escuchó en todo el cuarto piso, Elena había cerrado la puerta de su oficina frente a las narices de su asistente… una vez más. El hombre comenzó a respirar agitadamente y corrió hasta su escritorio, esperando conservar su trabajo después de que su jefa saliera.

Después de cerrar con seguro la puerta de su oficina y tomar su bastón con firmeza, la Dama de Hielo miró hacia el sillón donde sentaba a sus visitas, encontrando a una fémina relativamente joven, de cabellos negros como el ébano y mirada de cristal. En su vida no había visto a aquella persona, así que estaba dispuesta a blandir su bastón en cualquier momento, un solo movimiento sospechoso y acabaría con ella…

- Quién eres- preguntó imperando una respuesta rápida
- ¿No me reconoces?- Los ojos celestes de la muchacha se dirigieron a Elena, que reconoció entonces una voz familiar- Volví
- Tú... tú…

La gran estatua de Sibel se levantaba imponente sobre la entrada, Agustín salió de la sombra de este, ya que un frío viento otoñal se asomaba aunque el sol aun calentaba un poco. Sacó un abrigo de su bolso y se acercó a Senma. Senma movía una moneda entre sus dedos de la mano izquierda con curiosa habilidad. Cristina se asomó por las escaleras de la cuna de Sibel.

- ¿Lady Cristina nos acompañará? – dijo Agustín casi embobado
- Si, pero ella es una dama decente, así que no la mires con esos ojos – dijo sarcástico Senma
- ¡Yo no he hecho nada! – dijo Agustín completamente sonrojado.
- Cristina… - dijo Madam Leila mientras unos muchachos ponían ciertas provisiones en un caballo – si es que te arrepientes, no hay rencor, puedes volver a la cuna.
- No se preocupe Madam Leila
- En los escritos no esta definida la ultima prueba del sendero, solo se sabe que cerca de Gren esta la prueba de Elia y Odla… después de esta, le di a Senma la ubicación de la prueba de Lathia y Horth. Las demás, tendrás que descubrirlas tu sola
- Si… muchas gracias -
- A Senma lo conocí en mi juventud – dijo Madam Leila – es un caballero confiable, te protegerá mientras pueda, pero las pruebas debes pasarlas tú.
- Sé que con esto lograré que hallan más sonrisas en la cuna – dijo Cristina – lo sé…

"¿Qué piensas Ludovico? ¿Vale la pena el riesgo de Cristina?"

Empezó la caminata, Agustín y Sir Nadja iban caminando, Cristina arriba del caballo.

"Es como si llevaran un cordero al matadero ¿Qué pasa Ludovico? ¿Por qué tan callado?"

Cristina miró el cielo, como si se sintiera observada, pero nada había.

"Sabes perfectamente lo que pienso viejo, no me molestes"
"Je… je…"
"Por mi la detendría en este momento y la encerraría en la Cuna de Sibel. Donde hace lo que mejor sabe hacer"
"Siento miedo en ti ¿Tienes miedo de que deje de ser tuya?"
"Aunque sienta ese miedo, sé que ella ya no es mía. Estoy muerto para ella, si nos volvemos a encontrar ya no será lo mismo. Igual para los demás, solo soy un recuerdo."
"Porque ya no eres el que amaba…"
"Ni ninguno…"
"Somos los dos…"

Levanto su mano, como un intento de agarrar el cuerpo de ella en su vista, sin sentido, hizo como si la agarrara en el aire, abrió su mano, mirándola como un iluso por un momento.

"…Los tesoros se nos escapan como el viento…"

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Era casi medio día, de 4 días a que partieron, Agustín caminaba con mucha energía, Senma iba tranquilo, como si nada le preocupara. Cristina ya se sentía algo cansada, a pesar de estar arriba de un caballo "Soy ridícula" pensaba.

- ¿Pasa algo lady Cristina? – preguntó Agustín
- Nada… - dijo Cristina - ¿Cuánto falta para Gren?
- Un día de caminata – dijo Sir Nadja- quizá menos si este niño no se dedicara a mirar todo lo que encuentra
- Perdón – dijo Agustín en tono enojado – es que Mimir es un lugar extraño, en Ayanim no hay bosques tan frondosos, es más desierto…
- ¿Eres de afuera de Mimir? – preguntó Cristina interesada
- Aja – afirmó Agustín – pero mis padres eran originarios de Mimir, me acuerdo que me contaban a veces cosas de los bosques y a mi me costaba creerles que existían grandes ríos o tantos árboles juntos… Pero aun no he visto lo más sorprendente
- ¿Qué cosa?
- El Mar – dijo Agustín – es difícil creer que halla una masa de agua gigante, lo vi en un par de dibujos en algunos libros, pero mi madre siempre me decía que no era lo mismo estar al frente del mar… ver el reino de Sibel en todo su esplendor.

Definitivamente, si Agustín intentara ser maduro, no le saldría, tenía una cara soñadora y un tono de voz que aun mostraba un dejo infantil. Cristina pensó que seria entretenido viajar este año con él, porque le cambiaría la voz y empezaría ha ser todo un hombre. Ver aquella evolución, siempre había sido algo interesante, aunque extrañaría su peculiar ternura.

- ¿Veremos el mar no? – preguntó Agustín mirando a Senma
- Es probable – contestó Senma – no dudo que la prueba del sendero de Sibel de la misma diosa Sibel no sea en un lugar cercano al Mar
- ¡Oh! Entonces conoceré esos carruajes del agua.
- Se llaman barcos.
- ¡Si! ¡Barcos! ¡Conoceré a los barcos!

Con un par de saltitos, Agustín se adelanto alegre al frente del grupo.

- A pesar de perder a sus padres y llevar aquel brazo como peso – pensó Cristina – su alma es muy sana.
- ¿Uh?

Agustín se detuvo unos segundos, un movimiento en la hierba le llamó la atención. Una figura humana se movió hacía él… más que moverse, se caía hacía él. Senma logró atrapar al individuo antes de que terminara en el suelo.

- Nadja… - dijo este, antes de de perder la consciencia
- Rilian…

Sir Rilian llevaba en ese momento en sus hombros a una también inconciente lady Juna, Cristina dijo que para poder atenderlos había que acampar cerca.

- Lady Juna esta bien – dijo Cristina – solo tiene unos golpes en la cabeza que fácilmente puedo curar… No puedo decir lo mismo de Sir Rilian.
- ¿Algo especial tiene Rilian? – preguntó Senma, el cual parecía muy aliviado al saber que Lady Juna, su esposa, estaba bien.
- No tiene pupilas – dijo Cristina – no puedo comprobarlo hasta que despierte… pero parece que… tiene un cuadro de apago de consciencia.
- ¿Apago de consciencia? – comentó Agustín – eso suena como si de repente te sacaran los recuerdos de la cabeza
- Comprendo – Senma cerró los ojos, para mover la cabeza y abrirlos para mirar a Agustín – Cristina se refiere a una pequeña enfermedad del alma que sufren muy seguido los psíquicos cuando usan su poder a un límite muy difícil, Rilian es un psíquico bastante descuidado, así que pasa en esas cosas… Se trata de que para que el mismo individuo no empiece ha usar su energía elemental del alma y cuerpo, la misma alma corta el proceso haciendo un "apagón" en la parte consciente.
- Me sorprende que halla logrado caminar con Juna a los hombros después de que le ocurriera eso.. – comentó Cristina
- Yo siempre he dicho que Rilian y Cameén eran los caballeros de "los milagros suicidas" – Senma tomó de nuevo su moneda y empezó a jugar con ella entre los dedos, pero ahora de la mano derecha. – Si es que arriesgan su pellejo, salvaban al mundo y para colmo, quedaban ilesos.

Cristina bajo un poco la vista, se acordó de Ludovico "No quedó ileso la última vez".

- Es probable que Sir Rilian tenga que ir a la Cuna de Sibel después que despierte – dijo Cristina – si no es el primer cuadro de estos que sufre, a su edad puede tener secuelas que le afecten su capacidad mental.
- Si es por secuelas, al tonto de Rodrick ya no le quedan neuronas cuerdas
- ¡Lady Juna! – dijo Cristina al notar que ella había sido la del comentario
- Querida… estas bien - dijo Senma mirando a su esposa, la cual evito su mirada, aun estaba enojada porque él había abandonado los caballeros de Labrem, el ex caballero hizo como si fuera gracia, no era tiempo para discutir tales temas - ¿Qué fue lo que pasó?

Lady Juna apoyó su cabeza sobre una mano y la otra en el suelo, se sentó, como si le costara mantener un poco el equilibrio. Senma decidió no esperar la respuesta en primera, Cristina se alejó para hacerle un té a la caballero, Agustín la siguió.

- Senma… - dijo Lady Juna – nos encontramos… con Cameén.
- ¿Qué?
- Los dos están vivos… - Lady Juna tosió un poco – Rilian lo comprobó a su manera…
- Casi matándolos a los 2… - Senma solo pudo entrecerrar los ojos y mirar con molestia a Rilian
- Gracias a Rilian quede viva… Cameén es muy fuerte ahora, demasiado – lady Juna apoyó su espalda sobre un árbol cercano – te lo digo a ti, porque no sé si Lady Cristina este lista como para saber algo así.
- Me dejas en una situación complicada…

Ahí, Cristina llegó con el té.

- Después me cuentas todo con detalle querida – dijo Senma – lo que importa ahora es que descanses…

Al preguntar que le había contado Lady Juna a Senma, este se limitó a responder que él les había dado un cierto paradero de un lugar con gente seguidora del chaos y que ahí les habían preparado un estilo de emboscada. Bastante poderosa, para haber derrotado a 2 caballeros de Labrem.

Demasiado, solo pensar en un ser que tuviera los poderes de Cameén Miric y Ludovico Powelki preocupaba en sobremanera a Senma. "Mis presentimientos no estaban tan errados" se limitó a pensar, ya que cuando había llegado a Mimir, había sentido un escalofrío en la espalda, como si sintiera que algo malo viniera.

…Un fin, un gran cambio, un termino de algo o un termino de todo…

Senma aprovechó de ver el mapa donde tenía marcado su actual destino. Notó que en el mismo cerro estaba la famosa biblioteca del Caos y el santuario escondido de la primera prueba. No era un buen augurio, debía estar preparado, quizá con algo de inteligencia podría enfrentar a Cameén y Ludovico "Por algo dicen que soy el caballero más fuerte de los de Labrem". Cerró el mapa "pensar mucho tampoco es conveniente, es muy probable que él nos este observando ahora"

- ¡Que rico! – dijo Agustín probando la comida de Cristina – nunca pensé que alguien cocinara tan bien en un viaje
- No creo que sea para tanto – dijo Cristina algo sonrojada
- Seh – afirmó Agustín – si probar la comida de Senma es como comer lodo.
- Aprende a cocinar si quieres algo mejor, proyecto de hombre – contestó Senma
- ¿¡Cómo que proyecto!?
- Las habilidades culinarias de la pequeña Cristina son buenas – comentó Lady Juna, interrumpiendo la inminente discusión entre Senma y Agustín – aunque, si mi memoria no me falla, tu también cocinas bien Senma.
- Es que el enano solo quiere alagar a Cristina y no se le ocurrió otra cosa – dijo Senma antes de meter algo de comida a su boca
- ¡Hey! – Agustín no pudo sonrojarse más en ese momento

Cristina y Lady Juna empezaron a reír muy fuerte, nadie se percató en ese momento que Sir Rilian abría sus ojos.

- ¿Iom ed iuq ec-tse`? Lathia esseéd am

Senma entrecerró los ojos, miró a Juna.

- Cuando ellos duerman, debes contarme todo lo que ocurrió – susurró hacía ella
- Sí…

La noche terminó tranquila, a pesar de haber despertado, Sir Rilian se durmió de nuevo antes de que se percataran de su rato consciencia. Cristina y Agustín se durmieron temprano.

- Entonces… sería conveniente no pasar por Gren e ir directamente a la prueba mañana – concluyó Senma al escuchar toda la historia de Juna – sea lo que sea que le halla hecho Rilian a Cameén, no puede ser algo simple si lograron escapar de él. Por ende, aún no debe tener completas sus fuerzas. Pero también existe la posibilidad que los halla dejado escapar…
- Además que se ve que no puede usar bien sus poderes – dijo Juna – tener dos personalidades debe ser algo complicado
- Una fusión de almas es un proceso extraño, por ende, yo no sé nada – dijo Senma – quizá Cristina sepa pero… no sabemos que hará si sabe que Cameén esta vivo.
- Puedo aprovechar de investigar un poco en la Cuna de Sibel y en la biblioteca real – dijo Lady Juna – como debo ir a dejar a Rilian allá, lo más probable y después volver a Keel a avisar su estado, es difícil que crean que lo hago por algo especial.
- Sería bueno Juna – dijo Senma – no puedo abandonar a Cristina ahora... también pon atención a los lugares sagrados, si la Cuna de Sibel esta perdiendo energías, no dudo que otro lugar como ese también.
- Comprendo… así, debo pedirte el caballo – dijo Lady Juna - no es que no pueda llevar a Rilian, pero Rilian en este momento es peor que un saco con piedras.
- Es de Cristina, pero no creo que se niegue – comentó Senma – además, el tramo que nos queda es dentro del bosque, donde tener caballos no es bueno. Pensaba dejarlo en Gren en un principio… - sonrió – me arreglaste un pequeño problema, después de la prueba solo tendré que comprar otro caballo en Gren.
- Siempre hemos coordinado bien planes sin saber los del otro Senma…

Lady Juna y Senma se miraron, el suave fuego de la fogata le daba unos brillos anaranjados al pelo de Juna. Si, no era una joven, pero su belleza y elegancia estaban casi intactos, a pesar del tiempo pasado. Ella tenía el pelo blanco, porque casi fue una asesina ciega, pero gracias a aquel hombre con que se casó después, el mismo que miraba ahora, en vez de matar, salvó muchas vidas en el honor de la caballería. Este acercó un poco sus labios hacía los de ella, pero se detuvo como para mirarla y pedirle permiso, ella accedió acercando los de ella. Un suave y tranquilizador beso, sin más pretensiones que un poco de cariño entre ellos. Al final de este, Senma apoyó su frente sobre la de ella, acarició sus mejillas lentamente, para terminar mirando hacía el lado. Senma la apoyo en su pecho, Juna cerró los ojos y se quedó dormida en los brazos de él.

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- ¡Todos a levantarseeee! – gritó Cristina un poco después del amanecer, se acercó a la tienda donde estaba Agustín y empezó a golpear una olla con una cuchara – Este niño no despierta ni con un terremoto – suspiró - ¡A levantarse! – empezó a golpear más fuerte la olla

Agustín abrió un ojo, reclamó un poco a si mismo y decidió levantarse finalmente después de 1 minuto de escuchar a Cristina.

- Cálmese señorita – dijo Senma a Cristina mientras salía de su tienda – hoy iremos a la prueba, así que debe descansar un poco
- ¿A la prueba hoy?
- Si, calcule distancias – Senma sacó un mapa – y nos sale más conveniente entrar por estos lados, corremos el peligro que si nos perdemos se nos acaben las provisiones, pero no creo, nunca me he perdido en ese bosque
- …Usted es el que sabe… - dijo Cristina algo insegura
- Obviamente, me debe decir si se siente lista
- ¡Por supuesto! – Cristina tomó un aire – no podemos perder tiempo, la cuna de Sibel necesita que termine esto.

"Si… Cristina esta segura ¿No harás nada?"
"No sé, no creo"
"¿No querías detenerla?"
"Si es lo que quiere, no es mi deber detenerla"
" …Jeje… ¿No serás que prefieres que muera en las pruebas antes de perderla?"

- AAAAAAAHHHHH – grande fue el bostezo de Agustín – como quisiera tener tanta energía como ustedes…
- ¿Y cómo amaneció Rilian? – preguntó Senma
- No despierta – contestó Lady Juna – parece que esta vez si quedo bloqueado…

Senma se puso pensativo, a pesar de dar ironías de lo descuidado que era Rilian, en el fondo sabía que Rilian no correría un riesgo tan grande por nada. Pretendía preguntarle si despertaba, ya que había algo más que "información", algo le dijo eso en la noche.

"Y generalmente tus presentimientos son acertados, mi buen Senma"

Miró hacía el cerro, desayunó lo más tranquilo que pudo. Juna notó algo su preocupación, pero no le dijo nada, ya que sabía porque era "tus presentimientos son reales ¿No Senma?". Juna decidió partir después del desayuno, más no podía hacerse, pero por sus miradas se dijeron todo "Hay que moverse caballeros de Labrem".

Mientras caminaban por los bosques, Cristina sintió un momento de arrepentimiento, pero se refregó la cabeza, lo había decidido. Cuando paso eso, se tropezó con una rama.

- Tenga cuidado – Senma la tomó del brazo y le ayudo a equilibrarse

Pasaron como 3 horas de caminata, era difícil avanzar, Senma intentaba mantener el camino lo más despejado que podía. Agustín miraba curioso, pero ya algo de susto se sembraba en su sangre.

- ¿No sienten algo raro? – preguntó Agustín
- No – contestó Cristina - ¿Te sientes mal?
- ¡Nooo! – dijo nerviosamente Agustín – estoy perfectamente

Agustín se tocó el brazo "muerto", sentía algo extraño en él.

- No debo preocupar a Cristina ahora – pensó Agustín – igual, que a veces se sienta extraño mi brazo, no es algo poco común… papá… mamá…
- Aquí es – Senma se detuvo, una pequeña cueva que con suerte cabían dos personas horizontalmente, se veía detrás de las ramas – ustedes 2 vayan adelante, yo iré atrás por cualquier cosa…

Era una cueva larga, Senma prendió una antorcha y se la pasó a Agustín. En cierto momento, el camino empezó a abrirse.

- Deténganse – ordenó Senma

Sacó una moneda de su bolsillo, la lanzó de manera vertical, para agarrarla con el dedo corazón y el índice y lanzarla horizontalmente. Un "crack" se escuchó en el fondo, una pasa salió de las paredes y aterrizó en el suelo. Si hubieran pasado, habrían sido aplastados.

- Era una trampa simple – dijo Senma – pero tengan los ojos abiertos…
- Ojos abiertos… - Agustín abrió sus ojos un poco, intento no parpadear por un par de minutos hasta que sintió sus ojos secos

Se encontraron un par de veces con lo mismo, Senma iba dejando diferentes marcas por el camino, para no perderse. "Estamos yendo en círculos" pensó al encontrarse con otra de las marcas "bueno, no podría ser tan fácil la prueba".

- Cristina – Senma estaba pensativo – si cierras los ojos ¿qué sientes?
- … - Cristina cerró los ojos – siento… un movimiento, como de un líquido… podrían ser… las napas subterráneas…
- El agua de Sibel tiene varias representaciones en la tierra de Odla ¿no? – empezó a analizar Senma – en el aire, el agua viaja como vapor, haciendo que sea húmedo ¿No?

Cristina caminó hacía la parte donde el pasillo se ensanchaba.

- Odla no puede estar en todos los lugares donde esta Elia – pensó, haciendo referencia entre la tierra y el aire – por eso eligieron una cueva, el un lugar donde Odla y Elia se pueden manifestar juntos… - cerró los ojos – Sibel esta presente en la humedad, en el agua que es llevaba bajo tierra… los dioses se unen en la creación de un mundo… pero ¿De que me sirve saber esto?

"La sagrada agua de Sibel es cuidada por todos sus hermanos, por eso es considerada la hermana menor. El vapor por Elia, el líquido por Odla, las nubes por Lathia, en los seres vivos por Horth, en las lágrimas del alma por Ikah, mientras Reivaj le da la energía para volar o caer al suelo. Es un elemento esencial al cual se le dan cuidados"

"Pero si Sibel necesitara poder seguir sola ¿Cómo lo haría? Necesita el suelo de Odla para el agua, el aire de Elia para el vapor, el cielo de Lathia para las nubes, los seres vivos para transporte y en las manifestaciones del alma. El Gran Mar tiene un suelo proporcionado por Odla.¡Necesita el calor de Reivaj para cambiar de estado! Depende de los otros dioses, pero por eso, Sibel puede estar en cualquier parte"

"…Saber sentir, el agua en la tierra…" Cristina abrió los brazos "…el vapor en el aire…"
"… Saber sentir su ritmo…" Cristina cerró los ojos "…sentir sus latidos…"

Fue un silencio profundo, se escuchaban gotas caer, el aire fue cada vez más húmedo.

"Odla ¿Estas ahí? Elia… ¿Estas?... Soy su hermana, la que llaman en la tierra Sibel ¿Se acuerdan del favor que les pedí?"

Un poco de agua empezó a salir del suelo, como elevándose.

"…La prueba ha empezado…"

- ¿Quién eres?

Senma no se había percatado, hasta se sorprendió que fuera Agustín el primero que se diera cuenta, un niño con un libro en la mano… Aquel niño…

- ¿Orfeo…? – a pesar de no conocerlo, las descripciones dadas por Rilian le daban lo suficiente como para intuirlo
- Váyanse, por favor

Orfeo dio unos pasos hacía atrás, levantó su mano, Senma reaccionó lo suficientemente rápido como para detenerlo con la mano.

- Pero qué… -

El joven recién aparecido sonrió, Senma sintió como si una membrana lo atrapara, lo amordazara, miró con un dejo de terror hacía donde había salido esa membrana.

- E-e-el brazo… - dijo sin terminar la frase, era el brazo de Agustín
- Lo-o-siento… - dijo Agustín

"Sibel vuela con el viento"
"Sibel camina por la piedra"
"Sibel confecciona con Lathia las nubes"
"Sibel esta en los cuerpos"
"Sibel abre sus alas en el fuego"
"Sibel le da un respiro al alma"

El agua de las napas subterráneas empezó a sentirse más fuerte, Cristina estaba completamente concentrada, Senma sintió que se le mojaba la cabeza

- Váyanse… - dijo Orfeo – este lugar se va a inundar…
- No… - dijo el atrapado Senma – porque Cristina pasará la prueba

El brazo de Agustín tumbó a Senma en el suelo.

- ¡No! – gritó Agustín
- ¡Intenta controlar tu brazo! – le gritó Senma a Agustín – ayuda a tus padres

El joven empezó a sudar más fuerte, el aire estaba más húmero y en el suelo empezaba a salir agua. Cristina abrió los ojos.

"No deliberadamente el agua es líquido
No deliberadamente el agua esta como vapor
Todo tiene un ritmo
Si puedes controlar el ritmo del agua que tiene Odla
Del agua que tiene Elia..."

Empezó a cantar.

"Toma un respiro"
"Dime que piensas"
"Olas del respiro, mi corazón se agita"
"No puedo parar"
"Corre, corre por el suelo"
"El agua de Odla no se quiere calmar"

Senma se agachó, movió estrepitosamente hacía el lado, Agustín cerró los ojos, se empezó a concentrar.

- Papá… Mamá… no desperezcan, por favor

Un viento húmedo cruzó la cueva, Orfeo levantó su mano, el brazo de Agustín se movió con Senma.

- Si piensas que con esto me derrotarás… - dijo Senma – estas equivocado jovencito…

"Aire, aire, ni siquiera en él hay calma"
"Porque es momento de lucha"
"Aquí no hay cielo, pero tampoco infierno"
"Sólido-Gaseoso-Líquido"
"Odla-Elia-Sibel"

Cristina cantó más fuerte, parecía como si el agua se detuviera, pero al segundo el cause fue más fuerte. Senma recitó un par de magias, en su mano apareció una cimitarra.

- Perdón Agustín – Senma cortó un poco del brazo para poder salir
- AAAAAAaaaaaahhhhhh…
- ¡Agustín! – Cristina despertó del trance

El agua empezaba a romper las paredes de la cueva.

- ¡No pare o moriremos todos!

Cristina no miró, pero decidió seguir cantando, pero la duda seguía latente en su corazón ¿Qué le paso a Agustín?

"No sigas el cause"
"Toma el cause de tu destino"
"Con espíritu se puede"
"El cause parece más fuerte"
"Dime, dime que no fallarás"
"Por la gente, que ocupa la bendición de Sibel en llorar"

Al liberarse, Senma intentó acercarse a Orfeo, pero el brazo de Agustín le impedía cualquier movimiento ¿Cómo podía ser?

- Mientras él este, nadie me hará nada… - dijo Orfeo – es mi sirviente, aunque no es consciente de eso…

Agustín estaba en el suelo, proteger a Orfeo con su brazo le estaba costando la energía hasta para mantenerse en pie. Senma no quería atacarlo a él ¿Qué podía hacer?, miró a Orfeo furioso.

- No sé que habrán hecho contigo… – dijo Senma – pero esta es de las más grandes crueldades que existen
- Un sirviente es un sirviente – dijo Orfeo – eso decía mi madre

El caudal ya parecía estarse estabilizando, pero la humedad estaba en aumento.

"Cristina… Cristina…" se decía a si misma Cristina "El ritmo, mantén el ritmo"

"Las olas, la tranquilidad"
"El ritmo que esta en todos lados"
"Hijos de Sibel, sigan el ritmo"

Cristina levantó la mano, Orfeo se movió un poco y activo una escritura mágica que estaba en el suelo.

- ¡Maldición!

Senma corrió a agarrar a Agustín.

- Déjeme… - dijo Agustín – yo solo…
- ¡Tú te callas! – gritó Senma
- Sí… - se dijo a si mismo Agustín, con unas lágrimas en los ojos – siempre he estado enfermo…

Pam pam…
Pam Pam Pam…

Cristina empezó a girar rápidamente.

"Bendición de Sibel"

Se detuvo en el giro, Senma iba corriendo hacía ella, pero al final, la humedad del aire no lo dejo respirar.

"…Odla, Elia…"
"…Necesito la energía de mis aguas que tienen…"
"…Mis hijos ya están poniendo el corazón en eso…"

Cristina sintió mojada su ropa, su pelo, su piel… ¿Acaso no había pasado la prueba?....

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Gren, atardecer… Lyra veía unos quehaceres de la casa Luminen. Alguien tocó la puerta. Un hombre que parecía pasar más de los 40, con una mujer en brazos. Lyra se asustó al ver que el hombre tenía un ojo como infectado. Al fondo, notó un muchacho de espaldas, como ocultando algo, lo curioso es que los tres estaban completamente empapados.

- ¿Esta es la casa de Elia Luminen?
- Si-i… - contestó tímidamente Lyra
- Por favor, recíbanla, a ella la conocen…
- ¿Cristina? – exclamó Lyra al ver la cara de la mujer

El muchacho de al fondo levantó los hombros, como si estuviera aguantando algo. ¿Llorar?

- Dígale que este tranquila, que paso la prueba…la marca de Sibel que apareció en su brazo es la prueba…Pero que nosotros no podremos, continuar con ella… Si es que puede conseguir otro grupo de viaje…

Dejo a Cristina delicadamente en un sillón cercano, salió rápidamente.

- Dígale que es un brote de inseuster ella entenderá y que… la siguiente prueba, del cielo llegará… solo debe viajar…

Al otro día, Cristina solo pudo llorar al escuchar eso. Inseuster es como se le llama en el mundo de la medicina de Sibel un ataque de energía extraña a cierta parte del cuerpo, ocasionando efectos impredecibles. Una clase de Inseuster controlado era lo que tenía Agustín… Cristina estaba extrañada, el Inseuster no es contagioso. Senma estaba siendo precavido.

…Las energías se están moviendo de forma extraña…
…Caos, Caos, ya estas haciéndote presente…