Capitulo II

Un Lugar Entre Las Cenizas

En una habituación muy amplía y hermosamente decorada, un joven de quince años luchaba inconscientemente por despertarse de aquella pesadilla. Un grito ahogado escapó de su garganta. Aquel sueño era una sombra de su pasado que lo perseguía a donde fuese.

El joven que minutos atrás se encontraba durmiendo sobre la suave cama cubierta por mantas blancas, ahora se encontraba sentado en el borde de la amplia ventana que se alzaba imponente tres metros sobre el suelo y extendía sus alas de cristal en la pared. Sus ojos permanecían cerrados, sin embargo la sensación de alerta seguía a su lado.

Un sonido logro subir el nivel de la adrenalina en su cuerpo. El presentimiento de que alguien lo observaba se hizo presente, lo cual comenzaba a incomodarlo de sobremanera. Sus ojos se abrieron y el resplandor de la luna iluminó sus irises. Aquellos hermosos ocelos que resaltaban aun más con los mechones rubios que caían a un lado de su rostro.

Una sombra se escabulló rápidamente en la habitación del adolescente de tez blanca, se posó unos instantes en la cama cubiertas de pulcras manta que permanecían tenuemente vislumbradas con los rayos plateados que emanaban de la reina de los cielos.

La sensación de ser vigilado fue desplazada rápidamente por un escalofrío que recorría su espina dorsal y le hacía sentir mortalmente amenazado.

Por instinto volteó su cabeza en busca del causante de aquellas sensaciones. Recorrió cada centímetro de la estancia con aquella mirada helada, sin embargo lo único que llegó a observar era, como un ente desconocido para él se levantaba de su lecho y se escondía, mientras huía veloz entre la oscuridad.

Fuera de la amplía ventana, en el horizonte, la luna se teñía de rojo sangre y así fue por escasos segundos.

Después de dos horas de estar acostado en el suelo de su habitación observando fijamente el ventanal de lágrimas concretas, seguía en lo mismo. Su mente intentaba calmadamente descifrar varias respuestas a su única incógnita.

Los rayos del astro rey empezaban a acariciar su rostro perfecto y frío.

Escuchó unos largos y suaves pasos acercándose a su habitación. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, sin embargo al momento en que la puerta se abrió esa sonrisa se disipó.

Un joven de cabellos castaños y ojos azules, vestido con saco negro se hizo presente frente al joven.

-¿Cómo te sientes? – le preguntó.

-Odio todo esto y lo sabes Seto – respondió el adolescente, mientras esquivaba la mirada del mayor.

-No me refería a eso – contradijo con igual tono el oji azul – Como amaneciste siendo grosero asumo que has de estar bien – dio media vuelta y antes de irse añadió – Apúrate y vístete, no tengo tu tiempo, Atem – posó su mano en el pomo dorado de la puerta y salió de aquel sitio.

Los ojos color fuego del menor brillaban como el sol un día de verano, a la vez que observaban a su hermano mayor con desagrado – Ya voy – se levanto del sitio y caminó hacía el baño - Amargado.

El castaño caminaba de un lugar a otro en la sala de la amplia mansión. Comenzaba a preguntarse si estaba haciendo lo correcto o, si solamente se estaba poniendo en riesgo al único sobreviviente que había quedado de aquella masacre. Su mente parecía estar confusa por completo, jamás en su vida había afrontado una decisión tan difícil como aquella. Esperaba sinceramente que eso no se estuviera saliendo de control.

Alguien se había vuelto la amenaza de aquellos niños que fueron tratado como monstruos por el simple hecho de ser diferentes. Todos ellos vivieron únicamente para el inframundo. Solo había sobrevivido el inmaduro de su hermanito.

-Aunque él fue el único en resistir aquella tiranía – sus pensamientos inevitablemente de su boca – Las voces del pasado no se acallan tan fácil como muchos lo hacen notar. Las heridas no sanan, uno aprende a vivir con ellas.

Yami bajó las escaleras de la amplía mansión prontamente, sin duda alguna algo andaba mal con el quinceañero. Se hallaba clamo y sereno y de un momento a otro se comportaba de una forma sagaz. Como si sus niveles estuvieran bajos y lo estuviera ocultando del mundo.

Seto puso en las manos del joven de cabellos tricolor un pasaporte junto con la visa, los cuales fueron recibidos por el más pequeño.

-Esa es tu familia Yami – dijo con seriedad – Y esa será tu nueva casa – soltó la mano del joven y dio medía vuelta.

El chico que portaba una chaqueta negra miró con detenimiento aquel papel, mientras intentaba con todas sus fuerzas convencerse de que aquello era una mala broma por parte de Seto. Pero sus pensamientos levemente se fueron anulando.

-No iré – dijo decididamente el joven de ojos carmesí.

Seto lo miró – Iras y punto – fue la imposición del más grande frente a la negación del más pequeño – Además no te lo estaba preguntando, te lo estaba diciendo – sus ojos fríos e insensibles se hallaban sobre Yami, como si el más joven fuera su presa y él un halcón.

-Ya dije que no regresare a Ciudad Domino y no iré – el joven también dio medía vuelta para subir las escaleras, sin embargo una fuerte mano lo tomó del brazo y lo retuvo cerca de sí.

-Te recuerdo Yami Atem Moto que tú no te mandas solo – declaró el castaño con toda la calma del mundo, pero con una amenaza silenciosa en sus palabras. Gian lo miraba de frente.

Yami volteó el rostro y bajó la mirada – Mejor di que tu mientes Seto – siseó el joven con una gran decepción que se reflejaba en su tono de voz, prácticamente inaudible.

El oji azul tomó al menor por la barbilla e hizo que lo mirara - ¿Por qué crees que miento hermanito? – cuestionó, alegando demencia.

El tricolor no le contesto, simplemente se soltó del agarre de su hermano y subió las escaleras resignado. No podía hacer más nada. Sabía que su hermano mayor podía ser muy sínico y peligroso cuando se enfurecía. Él tampoco deseaba enojarse de nuevo, ni contradecir los dictámenes de su hermano mayor y tutor. Prefería la paz antes que nada.

El joven de saco negro lo miró con dolor, a él también le dolía tratar a su pequeño ángel de esa manera tan cruel. Sabía lo mucho que había sufrido el joven de ojos carmesí cuando era pequeño.

No había sido una sola tragedia, habían sido más. El dolor que debía sentir su corazón debía ser demasiado grande… No deseaba si quiera imaginárselo.

Se sentó en el sillón de cuero que se hallaba en la sala. Pensaba en lo mucho que sufría su hermanito al él elegir semejante aberración. Incluso podría decir que aborrecía lo que estaba sucediendo, pero Yami era inconsciente de ello. Lo había visto la semana pasada, con el los flagels a su máximo potencial. Sabía perfectamente bien que mientras el joven se hallará en New York no lograría controlarse por completo.

Contemplaba el jardín que se hallaba frente a sus ojos a través de la ventana. Parecía que las flores pudieran comprender todo lo que llevaba dentro en aquellos momentos tan amargos de su vida. Ellas también se hallaban bañadas en lágrimas. La diferencia era que él nunca lloraba.

Yami hacía sus maletas, mientras una pregunta más afloraba en los jardines de su mente. Algo debía andar muy mal. Seto nunca lo había apartado de su lado, desde que él tenía memoria, Seto siempre lo había cuidado y prefería tenerlo cerca que lejos.

– Siempre a los más pequeños les mienten – aquello escapó de su boca, a la vez que su mente daba una luz roja a modo de respuesta para la incógnita que no tenía un veredicto exacto. Por su mejilla rodó una lágrima. Una falsa verdad.

Observó con mucho cuidado su habitación, aquel lugar mágico lleno de tantos recuerdos, y de tanto dolor. Las imágenes más hermosas que pudo almacenar vagamente en su cabeza ahora se presentaban frente a él, más no todas eran hermosas.

Se levantó de la cama y se sentó en el ventanal de la amplia habitación. Quería recordar el paisaje que le ofrecía Nueva York en aquellos momentos. El cielo azul y con el sol radiante coronaban majestuosamente toda la ciudad e iluminaba fuertemente su rostro hasta acariciar sus orbes carmesí.

Sus ojos se cerraron lentamente y un suspiro escapó de su garganta. Le hacía falta lo que un día perdió en una película de terror.

28 niños muertos. Todos con la misma esperanza de vivir después de haberse enfrentando a la un destino oscuro. Después de haber perdido piezas importantes en sus corazones. Y aun así seguían adelante.

Del bolsillo de su chaqueta sacó un pedazo de papel y una pluma.

Comenzó a escribir las líneas que jamás pensó recordar. Algo que había cambiado la vida de su padre de un momento a otro, y por consiguiente la suya también: 28 niños muertos. Todos con la misma esperanza de vivir después de haberse enfrentando a la muerte. Después de haber perdido piezas importantes en sus corazones. Y aun así seguían adelante.

Del bolsillo de su chaqueta sacó un pedazo de papel y una pluma.

Comenzó a escribir las líneas que jamás pensó recordar. Algo que había cambiado la vida de su padre de un momento a otro, y por consiguiente la suya también:

Estoy afuera, esperando algún rayo de sol

Y con mis ojos ya he observado de cerca el terror

He tratado vanamente del miedo ocultar

Con palabras que ahora no puedo verbalizar.

Cierro estas puertas para capturar a la voz

Que susurra a media noche aterrorizado:

Que todos tienen una opción.

Y me demostrare que no estoy asustado.

No sé que más hacer para restaurar

Lo poco que me queda de inocencia olvidada.

Y todas las promesas que prometí adorar

Puede darme una nueva mirada.

Quiero tomar la verdad a cualquier costo

La verdad ya no deseo estar roto.

Una lágrima pequeña y silenciosa escapó de sus ojos, impregnando su mejilla izquierda de un pequeño y húmedo camino salado. Sus ojos se posaron en un portarretrato que se hallaba en su mesita de noche.

La foto que se hallaba en un viejo libro de su padre genético. Podía ver a su familia y a Seto a su lado. Todo ello casi sin vida.

Veía las nubes de color blanco, su mente se hallaba tan cerca de los recuerdos tanto como podía. Desde que su padre había muerto el mundo se había convertido en una esfera grisácea, por el cual había despedido cientos de lágrimas. Él mismo se había alejado del mundo lo más que le fuese posible, para no volver a sufrir, o recordar.

Su mente viajaba a los lugares del pasado intentando buscar las épocas más felices, sin embargo en aquel trayecto, su oscuro pasado lo asaltaba trayendo memorias infelices de sus vidas. Incluso su madre – De seguro mamá también hubiera deseado que no hubiera sido papá quien cayera – aquellas palabras se habían fugado de sus labios, mientras un puñal de dolor atravesaba su alma.

Su mirada retornó a las nubes, que parecían viajeras igual a él. Se movían lentamente y le hacían sentir en un espacio conocido. Como si estuviera en casa.

Aquel efecto le hizo sonreír tenuemente. Una sonrisa amarga. ¿Hacía cuanto tiempo no sentía felicidad genuina? Tal vez su alma seguía refugiada en los confines más desolados de su corazón, congelándose inevitablemente por dentro.

Una vez que descendió de la aeronave, comenzó a observar analíticamente cada persona que veía en el aeropuerto Internacional de Japón. Se veía muy curioso en aquellos momentos, jamás se había sentido con tanta libertad y a la vez con tanto miedo, sin embargo no fue suficiente para afligirlo.

Su pasado era una pesadilla de la cual no podía despertar, un mal sueño que nunca acababa. Había cerrado su corazón por completo, por el simple hecho de que nadie volviera a lastimarlo como aquel día de Noviembre. Abandonando todo cariño que sentía, únicamente quedaban Seto y Yugi.

Una mujer de cabellos chocolates se hallaba en el aeropuerto esperando por el jovencito que recién había llegado de los Estados Unidos en compañía de otro joven que era idéntico a él. La única diferencia eran el color de ojos y la estatura.

-Hermano – saludo el jovencito similar al joven extranjero, a la vez que lo abrazaba fuertemente.

-No tienes que asfixiarme para demostrar tu afecto Yugi – dijo el joven, mientras se quitaba al más pequeño de encima.

Su mirada se hallaba sería en aquellos momentos. No sentía absolutamente nada en esos instantes, se había acostumbrado silenciosamente a la forma de ser de Seto.

-Te va a gustar tu nueva escuela mi cielo – dijo Sora con mucho cariño, mientras le jalaba la mejilla izquierda.

-No tienes que arrancarme la mitad de la cara mamá – se quejó el mayor.

-Seto me llamó hace un par de semanas atrás y me dijo que te enviaría para que convivieras con nosotros más tiempo – explicó Sora.

Los muchachos comenzaron a caminar en compañía de la mujer. En la mente de Yami no daba crédito para lo que había dicho su madre en esos momentos.

-Genial - dijo aquello como si fuera emocionante, pero no sentía nada en esos momentos.

La mayoría de las jóvenes que se hallaban en el colegio de Domino miraban al joven como si fuera algo muy extraño. Como si fuera un animal exótico, y acorde a los sentimientos del muchacho como una animal en peligro de extinción. Y no solo se sentía así por las diversas miradas de las muchachas, sino también porque muchos varones ya lo habían mirado con ganas de asesinarlo a sangre fría.

El joven solo se echó a reír mentalmente ante aquellas acciones.

El rector del colegio condujo cortésmente al recién llegado a su nuevo salón de clases, mientras le entregaba su horario de clases. Una vez que llegaron al sitio indicado, el superior le indicó al joven Moto que lo esperara afuera, mientras hablaba con el profesor encargado de dar la primera catedra.

Yami observaba minuciosamente cada milímetro del gran liceo. Cada rincón del lugar le provocaba la sensación de alerta. Miró a uno de los profesores que se hallaban frente a él y de inmediato la curiosidad se instaló en su cabeza. Sin querer abandonar tal sensación, el joven dio unos cuantos pasos a donde se hallaba el causante de sus ansias, sin embargo la campana que dictaba puntualmente el inicio de la clase lo hizo detenerse, para posteriormente regresar sobre sus pasos.

El profesor hizo que el estudiante pasara al salón, para luego pedirle que se presentara frente a la clase. El quinceañero suspiró profundamente.

-Mi nombre es Yami Atem Moto – se presentó el joven, a la vez que veía como las gotas de agua comenzaban a arañar silenciosamente las ventanas de cristal.

Desvió por escasos segundos la mirada de los cristales que cubrían la pared pintada de blanco hueso y vio lo que le parecía imposible. Parpadeó un par de veces sin dejar a la luz su asombro y el terror que se había colado inesperadamente en su cerebro. La tristeza comenzaba a apoderarse de su cerebro nuevamente, sin embargo logró controlarlo antes de que alguna lágrima marcara evidencia de ello.

-Joven Moto – llamó el instructor. El muchacho lo miró – Tome asiento al lado de su hermano por favor – el alumno accedió ante la petición del hombre de cabellos negros.

El pedagogo miró al alumno analizándolo detenidamente por unos cuantos segundos. Después de ello dio inicio a sus clases, intentando aun recordar aquel rostro.

Sus ojos de un cálido color miraban más allá de la amplia ventana que se hallaba en la pared. Las sospechas de estar en peligro se fueron a medida que el tiempo marchaba y cada vez veía más cerca la hora de salir de allí y llegar a casa. Para su armónica sorpresa, su pasado jamás se acallaría y se volvería la sombra de su vida.

A donde fuese que estuviese, allí también se hallaría la sombra de su oscuro secreto. Y recordó por escasos segundos las líneas de una historia de horror, las cuales escribió en su libreta de apuntes, justo debajo de su nombre.

"He encontrado una tumba, por excelencia llevaba mi nombre y recuerdo por qué conocer ese lugar. Vi un pájaro negro, cerraba los ojos igual que yo. ¿Habría soñado como yo? Así que adelante, abre tus alas y sigue a tu corazón hasta que sangra."

Yugi notaba la distracción que presentaba si hermano en cada una de las clases antes del recreo. Aquello comenzaba a preocuparlo, sin embargo no se atrevía a decirle palabra a su hermano. Hacía tanto que no lo veía que ya ni siquiera sabía como hablarle.

-Tu hermano es muy distraído Yugi – dijo un rubio.

-Parece muy ausente – añadió de igual forma una castaña de ojos azules - ¿Es así siempre? – preguntó Tea.

El profesor quien se hallaba de espalda le llamó la atención a la joven de cabellos chocolates y la joven se cayó de inmediato.

-En que pensarás Yami – se preguntó silenciosamente el menor de los hermanos.

Sus ojos carmesí seguían contemplando más allá de lo que cualquier otro podría ver. Algunos describirían aquella habilidad como algo increíble, interesante y digno de un exhaustivo análisis en el mejor laboratorio del mundo; sin embargo para él era parte de sí. De algo que jamás deseo.

Y así lo hizo durante el resto de la mañana. Cuando tocó la campana del receso, todos los alumnos salieron del aula muy a prisa, como si el mundo estuviese a punto de acabarse, a la vez que la mayoría se encaminaban a la cafetería del local. A excepción de su hermano y sus amigos.

-Yami – llamó el Yugi con algo de miedo. Pero el joven no le contestó, simplemente lo miró - ¿Quieres almorzar con nosotros?

-Claro – dijo sencillamente. Se levantó de su asiento y se encamino junto con su hermano a la cafetería.

Una vez que ambos hermanos llegaron a la mesa y se sentaron. Yami observaba como un joven rubio, otro de cabellos chocolates y un albino venían caminando con un montón de hamburguesas en sus bandejas, como si fueran a alimentar a un batallón de soldados.

Una vez que se sentaron todos en la mesa el rubio fue el primero en preguntar y presentarse.

-Mi nombre es Joey Wheeler – se presentó el joven - ¿Por qué estás aquí? – preguntó rápidamente mientras engullía sus alimentos.

Tea le dio un codazo con disimulo.

-No fue mi decisión créelo – respondió el mayor y Yugi entristecio, cosa que no pasó por desapersivida por Yami – Pero de cierta forma no es tan malo – añadió.

El profesor de la clase anterior pasó cerca del recién llegado y posó su mano sobre el hombro del joven de cabellos triolor.

-Bienvenido a la escuela secundaria – ofreció –Joven Moto – acercó su boca a la oreja del joven y susurró – Intente no meterse en problemas – se alejó.

El hombro de Yami comenzaba a dolerle. Sentía a los G2c actuar de forma veloz en su cuerpo y aquello dolía demasiado. Su mano izquierda presionó la parte afectada e intentó disimular el dolor.

-¿Qué te dijo el loco ese? – preguntó con enfado Tristán.

-Nada interesante – dijo Yami. Sus ojos se elevaron al cielo. En que clase de cosas y a que lugar lo había enviado su hermano. ¿Acaso se había vuelto loco? - Pero te perdono todo, porque es mejor que estar solo – pensó. Recordó a su hermano y liberó aquellas palabras, ahora vacías y oscuras para el joven – Y al final nunca veo más allá de las cenizas – sus ojos se apagaron.

Yugi notó aquello y de inmediato se apresuró en cambiar de tema. Mientras Yami comenzaba a conversar con el grupo de amigos de su hermanito. El pequeño de los hermanos tenía muy presente que Yami jamás le contaría su secreto. Desde que se había ido a America casi no hablaban y lo había extrañado mucho.

Yami no sabía que pensar en esos momentos. Estaba confundido y recordaba en esos momentos que no debía mostrarse frente a nadie, a menos que deseara que lo volviesen a tratar como un monstruo.

En el aeropuerto internacional de Nueva York, un reconocido magnate se preguntaba un sinfín de veces si aquella decisión era la correcta. Fuese como fuese el caso, ya estaba tomada y estaba realizándose al pie de la letra. Amaba demasiado a su hermano como para dejar que algo malo le pasara.

Aunque conocía bien lo que debía estar sintiendo el lacerado corazón de Atem, era por su bien. En muchas ocasiones las cosas buenas eran tan dolorosas que podrían llegarse a interpretarse como algo malo, angustioso y, como un enorme hoyo negro que te halaba hacia su oscuro abismo. Yami era uno de ellos.

-Espero seas fuertes Atem – alzó su mirada, posándola en la primera estrella que aparecía en el firmamento americano. Como si sus palabras fueran un deseo silencioso. Más que nada como si esperara un milagro caer del cielo.

O. .oo-O.O.O.o. -O

Hola a todos. Bueno aquí les dejo el segundo cap. De esta historia. Me disculpo por la demora, y espero que les haya gustado. Gracias por sus reviews y gracias por leerla también. Un saludo para mi prima: DarkYami Moto, prima te adoro! Y a una joven muy especial también a Azula1991. Nos vemos pronto.

Ciao.