Capitulo 2
Shingeki no Kyojin no me pertenece
Aviso: Algunas malas palabras y charlas de adultos
Ich mauere mit Steinen vorsichtig
Nada le salía bien. Parecía que ese enano tenía a todos hipnotizados. ¿Cómo no se daban cuenta que era una mala persona? Si lo analizaba con la mente un poco más fría, lograba darse cuenta que alrededor de ese hombre era todo una farsa, tal como el mundo en el que vivían. Porque luego de haber visto los libros que Armin les había mostrado, se daba cuenta que era todo un engaño. Rodeado de murallas que lo apartaban de la realidad, sin permitir que el viento entrara siquiera para refrescar el pútrido aire que sólo huele a mierda.
Por más que intentara convencer a alguien de su entorno para que la ayudara, nadie estaba de acuerdo con su apreciación del Capitán. Sólo Jean, que pensaba que era un tipo violento y un poco molesto, con todo eso de la limpieza y demás, pero no lograría que la ayudara, no se pondría en contra de un superior.
Igualmente, no se rendiría. La idea ya se había instalado en su cabeza, y cada vez tomaba mas forma, cementándose cada vez que veía a Eren correr detrás del microscópico ser como un perro faldero. No podía comprender como su hermano había cambiado tanto. Con su personalidad iracunda, no dejándose llevar por nada, siempre enfrentando lo que la vida le deparara con una ira imparable, y ahora… ¿Cómo había hecho ese hombre para cambiar a su hermano así?
"Basta cuatro ojos, ya te dije que no me sigas mas" se escuchó una voz grave y monótona por los pasillos. "Pero me dijiste que hoy podría tener a Eren para experimentar" le respondió una voz un poco más melodiosa, con un tono de ruego. "Y luego te dije que tiene que limpiar el jardín. ¿Es que acaso hace tanto que no te bañas que ya se te taparon los oídos? Eres insoportable" escuchó decir, mientras que el dueño de esa voz aparecía por la entrada del lugar que utilizaban como comedor.
Llevaba puesto el uniforme, sin su chaqueta, y sobre su cabeza y en su cuello usaba unos pañuelos blancos. 'Genial, día de limpieza. Lo que me faltaba' pensó Mikasa. Ahora tendría que soportar al hombrecillo dando órdenes por doquier, haciéndolos limpiar dos y hasta tres veces el mismo lugar, hasta llegar a satisfacer su estándar de limpieza. Al observar a sus compañeros, con cara de desfallecimiento, supo que pensaban lo mismo que ella.
"Vamos Levi, nada pasará si me lo llevo por unas horas" insistía Hange "hay más reclutas que pueden hacer el mismo trabajo que él" le decía, pero no lograba convencer al Capitán. "¿Qué pasó? ¿No pudiste cagar esta mañana, y ahora vienes a molestarme a mí? No es mi culpa que no cagues" le dijo, sin dirigirle la mirada, sin cambiar de expresión. "Bueno, no, no pude, aunque lo intenté" le respondió, sinceramente.
"Ya no me jodas Hange. Eren, limpia el jardín. Y ustedes…" dijo Levi, dirigiéndose ahora a los demás reclutas, que observaban sin emitir sonido el intercambio de sus superiores "ya saben lo que tienen que hacer. Ya" dijo, con cara de pocos amigos, a lo que se escuchó un fuerte "Si, Señor" por parte de los reclutas, que en segundos habían desaparecido como por arte de magia, para no ser reprendidos.
"Levi…" intentó nuevamente Hange, pero el Capitán interrumpió "Eren está bajo mi custodia, y hará lo que yo diga. Si tienes algún problema, ve a quejarte con Erwin. No me jodas más" dijo secamente, marchándose hacia los pisos superiores del castillo donde residían de momento.
Mientras tanto, disimuladamente, Mikasa observaba cuidadosamente el intercambio de palabras. Parecía que sus superiores no se llevaban bien. Genial, quizás debería tener una pequeña charla con Hange, y obtener un poco de información que le resultara útil. No dejaría pasar esta oportunidad que se le presentaba regalada. Ni bien tuviera la oportunidad, se le acercaría y movería sus piezas.
Hablar con Hange no había resultado como había planeado. Había averiguado cosas interesantes, como que de niño iba al baño de mujeres, o que no es bueno cocinando, pero son cosas que no tenían ninguna utilidad. Quizás esas cosas ni siquiera fueran ciertas. Hange no parecía estar en sus cabales después de todo.
Se daba cuenta entonces que todos sus esfuerzos seguían resultando vanos, que estaba perdiendo el tiempo. Quizás lo mejor sería enfrentarlo directamente y exponerle sus cuestionamientos. Eso solucionaría muchos de sus problemas, y quizás, solo quizás, llegara a entender un poco al hombre y su proceder.
"Hola enano" dijo Hange, muy alegremente, entrando sin permiso en la oficina del Capitán, que le dirigió una mirada furiosa, sin responderle. "Veo que sigues con el mismo buen humor de siempre" le dijo, sarcásticamente. Al no recibir respuesta, sólo una mirada de aburrimiento, decidió continuar con su monólogo. "Pues verás, te traigo buenas noticias" le dijo, acercándose por detrás, comenzando a masajear los hombros tensos del Capitán.
"¿Sabes que hay una recluta que anda preguntando acerca de cierto enano gruñón?" dijo, mientras el otro se levantaba de su silla, quitando las manos que se posaban sobre su cuerpo. "No me toques. ¿Te lavaste las manos hoy? Que desagradable" "No cambies de tema pequeño Levi" dijo Hange, muy sonriente. "No te vendría mal liberar un poco de tensiones…" le dijo, guiñándole un ojo, a lo que el otro sólo respondió con un "Tch".
"¿No te cansas de ser el rompecorazones de la legión?" le dijo, rodeando sus hombros con uno de sus brazos. "¿Cómo debo decirte que no me toques?" respondió el otro, molesto, alejándose. "Vamos, piénsalo. ¿Cuánto tiempo podría llevarte? Media hora, cuanto mucho una hora…" intentaba convencerlo, con mirada pícara.
"No me interesa" le dijo, con desgano. "Levi…" le insistió. "Ademas Mikasa es muy bonita…" "¿Mikasa?" preguntó el Capitán, sobresaltado, pero sólo por una milésima de segundo, tomando instantáneamente su pose normal de desgano, pero no pasó desapercibido para Hange, que se quedó sin palabras al ver su reacción. "¿Ackerman?" preguntó Levi nuevamente, al ver que Hange no decía nada.
"Es un poco joven para ti, y un poco más alta, pero eso no importa" seguía, como si nada. Al ver que Levi se dirigía hacia la puerta, lo siguió, pensando en seguirlo a donde fuera para convencerlo, pero al salir por la puerta que el otro había abierto, no se percató que Levi no había salido, sino que le había tendido una trampa, y ya se encontraba fuera de la oficina, y el Capitán del otro lado, y había cerrado la puerta con traba. "Ah, me engañó de nuevo. Siempre caigo en la misma trampa" se fue, hablándole a la nada, por el pasillo.
