Chapter2
El timbre de entrada a clases rechinó en medio de los pasillos de la Academia de Gotham.
-¡Mira lo que encontré Dick! -Zatanna apareció por detrás de la puerta del casillero absolutamente ordenado y organizado del joven. El chico bajó el volumen de la música que salía por el audífono que sólo se encontraba en su oído izquierdo. Sonaba 'Pop Princess', de The Click Five. Apenas él pudo ver sus ojos, sintió una especie de rayo en el vientre que le recorría desde el estómago hasta la altura de las caderas. Aunque se reconociera a sí mismo que le gustaba la futbolista, no se permitía decírselo a nadie. Aunque se notara que se le caía la baba cuando la miraba, no. No podía decirle. No podía contarle, no se sentía capaz de poder volver a mirarla a los ojos si es que algún día se le declaraba. Amaba esos momentos en los que sus ojos azules se cruzaban y se sonreían, y no quería que se acabaran por una "tonta confesión".
A veces, por la forma en que lo miraba, pensaba que también le gustaba, quizás que ella también sentía lo mismo por él, pero no era seguro. En ella, nada era seguro. Era buena para guardar secretos, y no sólo los suyos, sino que los de todos. Pero muchas veces era indecisa, le costaba tomar decisiones por sí misma y eso se debía a la pequeña falta de seguridad en sí misma. Como toda adolescente, sus actitudes y personalidad eran un poco cambiantes, pero siguiendo el mismo patrón original que la destacaba como la gran amiga y estudiante que era.
-¿Una revista? ¿De qué habla? –Dick observó atentamente los gestos de alegría de la chica, que también lo observaba de la misma forma.
-La verdad no tengo la menor idea, pero trae un póster doble de Nickelback y My Chemical Romance, el problema es que… no sé cuál pegar en mi casillero.
-Tú y tus indecisiones… -Dick le quito la revista dulcemente, rozándole sin querer los dedos hasta los nudillos de sus suaves manos. En cuanto tocó su piel, sintió que todo su cuerpo se erizaba. Todos sus poros se salían y sus pelitos en brazos y piernas se levantaban rápida y enérgicamente. Siempre sentía esa sensación. Esa sensación de que si la tocaba podía explotar. Era el miedo de transmitirle a ella sus sentimientos mediante el contacto corporal. Aunque, pensándolo bien, si podía transmitirle sus sentimientos… no sería tan malo. No tendría que decir nada. Pero no.
"Así no se gana a una chica" pensó.
Miró la revista, y disimuló leer lo que traía dentro. Necesitaba decirle algo que pudiera dejarla tranquila y pudiera ayudarla a elegir entre "el poster 1 o el poster 2" que prácticamente eran lo mismo. Agradeció el hecho de que se le ocurrió algo que pudiera decirle, antes de que se notara demasiado su nerviosismo y ansiedad.
-¿Cuántos pósters tienes de Nickelback? –Le preguntó con una especie de tranquilidad y seriedad que no supo nunca de dónde sacó.
-Emm, creo que dos. –Zatanna mostró el número con sus dedos de la mano derecha. Siempre que tenía que mencionar un número menor a diez lo mostraba con las manos. Una costumbre que hace poco había adquirido.
-Y… ¿De MCR?- Dick abrevió el nombre a sus siglas solamente. Ahora la miró tras sus gafas negras. Si éstas hubieran sido un poco más claras, Zatanna hubiera podido darse cuenta del tipo de mirada que le dirigía él. Sus ojos brillaban. Le dedicaban tanta atención que, si a su mismo lado se estuviese incendiando uno de los casilleros, no se habría dado cuenta. Admiraba cada detalle, cada gesto, cada movimiento de la chica. Realmente tenía que hacer un esfuerzo para poder escucharla, ya que la belleza que Dick veía en Zatanna, aunque quizás para otros poca, para él era increíble, y no lo dejaba concentrarse en sus palabras. En las palabras de ninguno de los dos.
-Emm… ¿uno? –La respuesta de la chica lo despertó de sus pensamientos y su pequeño mundo mágico cuando ella le hablaba. Aunque no la escuchaba, le encantaba. Recordó rápido entonces lo que habían estado hablando esos minutos y supo certeramente lo que tenía que decir.
-Entonces pega el póster por el lado de My Chem. Si tienes dos de Nickelback, y sólo uno de MCR, lo más justo sería que hubiera dos de los dos, ¿No crees?
Respuesta dada. Ahora sólo esperar el resultado de la idea que le había dado.
-¡Uuy Dick eres genial! Nunca se me hubiera ocurrido eso, ¡gracias! – Zatanna sonrió ampliamente y Dick le devolvió su revista.
"Es tan inocente e ingenua… Me encanta" Pensó Dick. Realmente estaba loco por ella.
Entonces Zatanna abrió su casillero, que se encontraba justo al lado del de Dick y guardó su revista y un par de cuadernos que tenía en su bolso de color blanco con puntitos grises. Dick sabía que ese bolso era el preferido de ella, siempre lo llevaba porque se lo había regalado su mamá. Y para saber de su mamá, había que ser muy amigo de Zatanna. Un amigo muy íntimo y de confianza máxima.
Y eso justamente era Dick.
Zatanna cuando cerró su casillero al cabo de unos segundos, se volvió hacia Dick y lo abrazó. Sintió entonces su perfume de Pacco Rabanne 'Back XS', le gustaba bastante. Ese aroma la volvía loca. Aunque nadie supiera eso, se lo reconocía a ella misma. Le encantaba, sabía que si pudiera pasaría al lado de él todo el día para hundir su cara en su cuello y sentirlo. Pero eso, era otra historia.
Por otro lado, Dick suspiró aliviado, aunque disimulando su vergüenza al ver que algunos miraban curiosos el abrazo que ella le dedicaba. Cerró los ojos y le respondió el abrazo. En su audífono comenzó a salir la melodía de una canción. Esa maldita canción que tenía pensado dedicarle cuando se le declarara. The Reason, de Hoobastank, comenzaba a sonar en ese mismo momento. No sabía si decirle. No sabía si debía contarle lo que sentía por ella. Y si debía, no debía en ese lugar, donde todos los observarían y se darían cuenta de lo que pasaba. Tenía que empezar por algo si quería que pasara algo entre ellos. Pero tenía que hacer algo ya.
Dick suspiró delicadamente sobre el hombro de su amiga, con una sensación de preocupación, ansiedad y desesperación que se mezclaban dentro de su estómago formando algo que las chicas solían llamar "mariposas". Pero a Dick no le parecía sentir mariposas en su estómago. No, más bien, el sentía todo un zoológico dentro de sí cuando estaba con ella. Esa era la 'pequeña' diferencia.
-O-
-Me encanta tu pelo. Realmente es casi perfecto. ¡No entiendo cómo puede haberte crecido tanto en tan poco tiempo! Es suave, sedoso y ¡tan pero tan largo! Realmente hay veces en que me gustaría tener tu cabello. –Raquel miraba cómo Artemis se peinaba en el gran espejo del baño de la Academia de Gotham. Tenía razón en lo que se refería a su cabello. Casi todas las chicas admiraban por completo el cabello largo, rubio y sedoso que tenía Artemis. "Es realmente afortunada" se le oía casi siempre comentar a sus compañeras cuando hablaban ese tema.
-En realidad no sé si sea 'tan' espectacular como muchas chicas dicen… Quizás es sólo la costumbre… -Artemis dio una respuesta vaga. Sonrió levemente a su amiga y cuando hubo terminado de arreglarse el cabello, cosa que le tomaba bastante tiempo, se alisó la falda cuadrillé azul que llevaba puesta. A simple vista era una chica muy linda, con excelentes dotes físicos e intelectuales que sobresalían. Pero sobresalía su capacidad de raciocinio y su puntería, por sobre todas las cosas, y su discreción.
Raquel por su parte, se arreglaba su chasquilla hacia el lado junto con su chaleco rojo que ambas traían puesto. El uniforme escolar no les era de mucho agrado a todos los alumnos, pero con el tiempo se habían acostumbrado. Por lo menos no era tan extravagante como los de otras academias en la misma ciudad.
-¿Has pensado en unirte al equipo de hockey de la escuela? Nos hacen falta jugadoras, Stacy y Caroline están lesionadas y no podrán jugar por un par de meses, y creo que tú podrías ser buena. –Raquel le comentaba sus preocupaciones a Artemis de una forma bastante natural en ella, y ella sabía que el equipo de hockey significaba mucho para la morena. Después de todo lo que había sufrido, sus amigos y el equipo habían sido lo único estable y duradero que había logrado conservar. Por lo tanto, deseaba ayudarla siempre en todo lo que pudiera, aún cuando se despreocupara de sí misma unos momentos.
Ayudar a otros siempre la hacía sentir bien.
-Emm, no lo sé Raquel, sinceramente nunca me ha llamado la atención el hockey. Además, ya estoy en un equipo y como ya sabes tenemos muchas tareas… Pero lo pensaré y analizaré, debo ver los horarios y si me alcanza el tiempo, entonces te avisaré en seguida, ¿de acuerdo?
Raquel suspiró y asintió con una sonrisa. Sabía las circunstancias de su amiga y sabía que existía la posibilidad de que no pudiera unirse. Pero no podía darse por vencida. Tenía que conseguir a alguien… como fuera.
-O-_
Dentro de los pasillos de Gotham, un pelirrojo se movía a toda velocidad saludando a todo el que se interponía en su camino y especialmente a todas las chicas que se cruzaban en él. Sonreía, tranquilo por haber llegado más temprano de lo normal. Ya se había acostumbrado a que muchas alumnas de la Academia de Gotham murieran por él. Era diferente, o de alguna forma, igual a todos. Pero él buscaba a una sola. Una sola chica entre las cientas que había visto y conocido.
Una rubia, de cabello largo como la mismísima Rapunzel a quien había interpretado en una obra de teatro cuando tenían 9 años. Iban en el mismo curso. No se llevaban demasiado mal ni demasiado bien. Eran amigos, conversaban contantemente, y al mismo tiempo peleaban también de la misma forma. Compartían varias clases, ya que les gustaban casi las mismas materias. Pero hasta allí llegaban. Aunque estaban en el mismo grupo de amigos, se mantenían distanciados.
Pero últimamente a Wally le parecía que se habían empezado a acercar. Se había dado cuenta de que la estaba buscando más no sólo para hablar o preguntarle ciertas cosas, sino para mostrarle cosas. Como cuando un niño llega de su primer día de clases a casa y desea mostrarle todo lo que hizo y aprendió ese día con todo el entusiasmo del mundo a su madre. De esa misma forma lo hacía él. No tenía idea de por qué o para qué. O desde cuándo le había surgido esa tendencia. Lo asustaba un poco, e intentaba no pensar en eso. Prefería que las cosas sucedieran por sí solas, sin intervención de terceros.
Pero ahora necesitaba contarle una cosa. Llevaba un afiche en las manos y aunque sabía que ni siquiera le interesaría de lo que trataba, era otra excusa para hablarle y estar con ella un rato.
Con eso se conformaba.
Pero su queridísima princesa no se encontraba sola. Ahora se encontraba con Raquel y Megan, sus amigas desde que llegó por primera vez. La recordaba. Las recordaba a todas. Se repetían las fotografías en su mente de cuando eran pequeños. Cuando ellas se conocieron, junto con Zatanna. Cuando andaban en los recreos juntas jugando a saltar la cuerda o llevaban sus muñecas. Y cuando él y sus actuales amigos se conocieron también. Cuando jugaban fútbol con botellas de jugo, o cuando se dedicaban a perseguir a sus amigas. Fue entonces que se hicieron inseparables. Desde ese día; inseparables.
De pronto, chocó con alguien que lo hizo despertar de sus pensamientos.
-Hey zanahoria, ¡cuidado por dónde avanzas! –Kaldur rió un poco y lo detuvo de su interminable carrera.
-¡Oh! L o siento 'Kal' – Wally se disculpó con una sonrisa –Estaba demasiado ocupado pensando sobre… algunas cosas –Volvió a su estado común y corriente. Nada nuevo, por supuesto.
-No te preocupes chico –Le devolvió la sonrisa su amigo. –Por cierto, ¿has visto a los demás?
-Mmm… No, recién están llegando todos y no creo que nos veamos hasta unos 15 minutos, al entrar a las salas. ¿Pero, por qué preguntas? –Inquirió el pequeño pelirrojo, que se veía más delgado aún al lado del musculoso moreno.
-Oum, es que encontré algo que pensé que le podría interesar a Dick o a Conner. –Le respondió abriendo su casillero. Habían estado caminando, y como sus casilleros se encontraban cerca, de hecho, casi al lado; habían ido acompañándose.
-¿Por alguna casualidad de la vida… -dijo Wally con una vocecilla chistosa –…te refieres a esto? –Le mostró el afiche que traía en sus manos al moreno. Éste, sorprendido asintió.
-Al parecer algo nos ha llamado la atención al mismo tiempo, ¿no? –Comentó con gracia Kaldur.
-Exacto –Afirmó el pelirrojo. -¿Estás pensando lo mismo que yo, bro?
-¿Jugar a ser artistas? –Le preguntó emocionado.
-¡Por supuesto! ¡Ése es mi amigo! –Dijo mas emocionado aún Wally, haciendo chocar sus palmas y luego sus hombros, como muchos chicos de esa Academia se saludaban.
-¡Exacto! –Le respondió sonriente Kaldur nuevamente y haciendo lo mismo que él. –Entonces, ¿te parece que le decimos primero a Dick o a Conner?
-Creo que podríamos robarnos otro afiche…Tengo una gran idea. –Comentó con una especie de malicia el pelirrojo, afirmándose el mentón y mirando directamente a los ojos a su amigo.
-O-
