Disclaimer: Los personajes del anime/manga: "InuYasha" son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo los tomo prestados para hacer esta historia más interesante y entretenida, sin ningún interés de lucro ni nada por el estilo.

Advertencia: Este capítulo contiene una pequeña escena "lemmon".


Chapter: 1

Hermosa Proposición.

Kagome Higurashi: una chica de 17 años de edad, estudiante de último año en su colegio, una chica sencilla, un poco despistada pero muy buena hija. Es de una familia muy humilde ya que no viven con muchos lujos. Tiene un hermano pequeño llamado Souta de 10 años, él es estudiante de primaria. Vive con su madre llamada Naomi de 40 años. Ella trabaja haciendo aseo en las oficinas de un reconocido bufete de abogados en la ciudad de Sendai. Y su padre llamado Sohin de 44 años. Éste trabaja de maestro en una construcción, no tienen grandes lujos pero son muy unidos y les basta con lo que tienen.

Kagome tiene una sana relación desde hace casi un año con Inuyasha Taisho. Un chico de 20 años que estudia ingeniería en administración en la universidad de Sendai. Ya está en su tercer año gracias a un crédito fiscal que le fue otorgado por el estado. Es hijo único y huérfano de padre ya que este se fue al saber que "su novia", en aquel entonces, estaba embarazada. Su madre trabaja junto a la madre de Kagome desde hace años; ambas son muy buenas amigas así que de ahí nació el interés de ellas en que Inuyasha y kagome estuvieran juntos, nunca los presionaron ni nada por el estilo, solo dejaron que las cosas se dieran entre ellos dándole uno que otra ayuda.

— ¿Siempre vas hacer así de celoso? —pregunto la azabache con los brazos cruzados.

—No son celos tonta —respondió frunciendo levemente el ceño.

— ¿Entonces por qué no me dejas hacerlo? —posó sus delgados brazos alrededor del cuello del joven.

—Porque no me gusta Kagome, ¿Crees que quiero que otros hombres te estén viendo en ropa interior y esas cosas? —posó sus manos de manera posesiva en la cintura de su novia.

—No solo usan ropa interior —replico Kagome. Ese tema siempre era discusión entre la joven pareja.

Kagome desde que tenía unos 10 años se le fue desarrollando un tipo de "fanatismo" por la moda, por los trajes de baños, las carteras y todos esos atuendos que salían cada cierta temporada. Aunque la mayoría de las veces no los pudiera comprar por lo costosos que eran. Es loca por las fotografías por eso donde había una cámara ahí estaba la azabache. Su sueño y gran meta es ser una modelo mundialmente reconocida y esa idea a Inuyasha no le gustaba para nada. Pues era muy celoso, aunque no se lo demostrara a ella.

—Por favor Kagome, no quiero volver a discutir… —respiro hondo y de forma delicada pesco el rostro de la azabache entre sus manos— mira mañana me voy a Tokio por una semana y no quiero irme molesto contigo, ¿bueno?

—Bueno… —dijo Kagome un poco desganada— ¿Me vendrás a buscar?

—Claro, vendré por ti después de clases. Te estaré esperando en la plaza.

—Bien ya tengo que entrar, están por tocar el timbre —informo la azabache.

—Bien… —le dio un beso— te amo —dijo abrazándose más a la cintura de ella.

—Yo también —le susurro casi en los labios.

Inuyasha solo sonrió y la vio marcharse, realmente estaba enamorado de Kagome y ella también lo estaba de él. Mañana se iría por una semana a Tokio, eso significaba una semana sin Kagome y eso lo desesperaba. Entonces hoy arreglaría todo para estar con ella toda la noche… le tenía una sorpresa y necesitaba dársela antes de irse.

Se fue rápidamente a la universidad. En la última hora de clases le dieron los detalles del vuelo, la estadía, la hora y el punto de encuentro donde deberían reunirse. La universidad tenía un convenio con una prestigiosa empresa en Tokio y ellos pidieron a los alumnos con las mejores calificaciones en la carrera para ponerlos a prueba durante una semana, y en un futuro, asegurarles una vacante donde se pudieran desempeñar, y por supuesto, ahí estaba el peliplata. Las horas pasaron rápidamente. Tomo el transporte público para llegar a la plaza donde se juntaría con Kagome nuevamente. Se sentó y espero a que ella llegara. Al cabo de largos minutos la vio venir.

—Tardaste —dijo al saludarla con un fugaz beso.

—Lo sé y lo siento mucho… —dijo, correspondiendo el saludo— esa maestra de química me odia. Me dejo un trabajo enorme —decía haciendo un puchero con su labio inferior—, y lo peor es que lo quiere para el lunes a primera hora.

—No te preocupes, yo lo hare por ti.

—Pero como, si mañana te vas a Tokio y regresas el próximo domingo.

—Mierda lo olvide por completo —cerró los ojos al pensar que estaría toda una semana sin ver Kagome y más aun… sin tocarla—. Kag, te tengo una invitación —sonrió pícaramente, olvidando por completo la tarea de la azabache.

— ¿Y cuál sería esa invitación? —pregunto sonriendo de la misma manera.

—Le pedí permiso a tu madre para que durmieras esta noche conmigo… —sonrió al ver el sorprendido rostro de la jovencita— sabe que mañana me voy y todo eso.

— ¿Y qué te dijo? —pregunto.

— ¿Qué crees tú? —le cuestiono devuelta alzando una ceja.

—Bueno creo que no se opondría, después de todo ella sabe… que tú y yo… ya… —chocaba sus dedos índices al recordar el bochornoso momento en que su madre e Inuyasha la acompañaron a su primera cita con el ginecólogo— pero, ¿Qué dijo mi papá? —pregunto nerviosa al olvidar gran "detalle"

—Tranquila que tu mamá le dirá que te quedaras donde tus compañeras, así que esta todo arreglado —la apretó más a su cuerpo.

—Pero al parecer no nos quedaremos tampoco en tu casa… ¿o me equivoco?

Inuyasha solo sonrió complacido ante la curiosa insistencia de su novia pero no le diría nada pues como le había dicho anteriormente, era una sorpresa. La llevo a tomar un helado y cuando ya eran cerca de las seis de la tarde, fue a dejarla a su casa. Iban subiendo la larga escalera para llegar al hogar de la azabache y se encontraron con la madre de ésta barriendo fuera de la sencilla propiedad.

—Buenas tardes mamá —saludo Kagome.

—Hola hija, hola Inuyasha —dijo sonriendo de manera cálida.

—Hola señora Naomi.

—Y ¿Cómo están para esta noche? —pregunto sonriendo, haciendo sonrojar por completo a su hija.

— ¡Kya! Mamá, ¿pero qué cosas dices? —decía la azabache poniendo ambas manos sobre su cabeza.

—Tranquila hija. Solo estoy bromeando.

—Que linda forma de bromear la tuya —dijo con una mirada llena de ironía.

—Bueno Kag, paso por ti a las nueve, ¿te parece?

—Si, a las nueve está bien.

—Bien —le dio un fugaz beso—. Adiós señora Naomi.

—Adiós hijo, mándale saludos a tu madre.

—En su nombre. —grito cuando ya iba bajando las escaleras.

Kagome entro a la casa seguida por su madre. Se sentó en el comedor a cenar con su padre que había llegado recién del trabajo.

—Mamá ¿Dónde está Souta?

—En su habitación.

— ¿Acaso ese jovencito no piensa bajar a cenar? —pregunto el padre de la azabache.

—No, se tomó una leche y se comió unas galletas hace poco. Cuando tenga hambre le serviré.

Comenzaron la cena. Estaban en silencio, Kagome quería decirle a su padre que esa noche "se quedaría con sus amigas" pero le daba miedo que se enojara, o peor aún… que pensara mal o desconfiara de ella. Decidió que al término de la cena le diría.

—Así que creo que el próximo mes subirán los sueldos —dijo contento Sohin.

—Eso es fantástico querido, ese dinero extra nos vendrá muy bien.

—Me alegro mucho papá. Por fin valoran todo tu esfuerzo —dijo sonriendo la azabache.

—Yo también estoy contento hija —le sonrió— Y… que me cuentas, ¿Cómo te fue hoy en clases?

—Si muy bien, nos dieron un trabajo sumamente largo —dijo un poco nerviosa—. Así que quería saber si me puedo ir a quedar a casa de Ayumi esta noche.

—Hoy, ¿viernes? —alzo una ceja, pues él no tenía ni un solo pelo de tonto. Kagome dudo en que podría juntarse con Inuyasha esa noche pues la cara de su papá no le decía nada bueno.

—Hable con la madre de Ayumi. Ella las cuidara —interrumpió Naomi tomando la mano de su esposo.

—Si es así, entonces ve —le sonrió no muy conforme a su hija.

—Gracias, entonces me iré a bañar —se puso de pie—. Ayumi me estará esperando a las nueve.

—Ve hija —le dijo su padre y con una sonrisa de aprobación, Kagome subió rápido a su habitación.

Entro a la acogedora pieza y lo primero que hizo fue hablar con Inuyasha y decirle que no la fuera a buscar a la casa, que la esperara en el comienzo de las escaleras ya que su padre suponía que ella se quedaría con Ayumi. Luego de finalizar la llamada lleno la tina y se relajó ahí por varios minutos. Al salir de la ducha fue directo a su cajón y escogió la lencería más sexy que tenía. Un conjunto de ropa interior diminutamente pequeño, de color rojo intenso con transparencias y pequeños detalles de encajes. Se puso un jeans azul oscuro, muy ajustado a su cuerpo, unos altos botines de aguja negros, una blusa blanca y ajustada y sobre está una chaqueta negra. Se miró al espejo y sonrió al verse tan sexy. Se sentó y maquillo levemente, delineo sus ojos y pinto de un color rojo brilloso su bien formado labio. Ya eran las ocho y media, así que antes de irse decidió ir a ver a Souta. Toco la puerta de la habitación de su hermano y luego de un "adelante" lo hizo.

—Hola Souta.

—Hola hermana, oye porque estas tan linda… ¿acaso vas para algún lado? —pregunto rápido al verla tan arreglada.

—Me voy a quedar a casa de Ayumi —dijo sonriendo, pues su hermano era muy curioso.

—Kagome ya no soy un niño. Apuesto que te juntaras… —no alcanzo a completar su frase al ser interrumpido por su hermana.

—Por supuesto que lo eres —rio nerviosa y revolvió con rabia el cabello del pequeño al ser tan astuto— pórtate bien Souta… y no le digas nada a papá —le pidió a su pequeño hermano antes de salir de su habitación.

Bajo las escaleras y vio a sus padres sentados en la pequeña sala del humilde hogar viendo televisión.

—Son veinte para las nueve, ¿ya te vas? —pregunto Naomi.

—Sí, bajare antes, Ayumi vendrá por mí.

— ¿Y tienes que ir tan arreglada a estudiar? —miro interrogante Sohin. Y la azabache se tensó.

—Querido tiene que ir bonita, después de todo Kagome es una adolescente. —dijo Naomi.

El ambiente tenso que se formó por unos instantes se esfumo gracias a la interrupción de Naomi. La azabache se acercó a su padre y se despidió de él.

—Pórtate bien y cuídate —le dijo en un tono serio.

—Siempre lo hago, papá —respondió. Y este le dio un beso en la frente.

—Vamos Kagome, te acompaño a la puerta —dijo su madre y la azabache asintió. Una vez afuera.

— ¿Tomaste tus pastillas? —pregunto haciendo que la joven se ruborizara por completo.

— ¡Mamá! —Naomi solo sonrió— ¿Por qué preguntas esas cosas? —la madre de a azabache sonrió al ver el avergonzado rostro de su hija—, ¿tú sabes algo de la sorpresa que me tiene Inuyasha?

—Sí, pero no te puedo decir nada. Ahora ve… que se hace tarde.

—Gracias mamá —le dio un fuerte abrazo y se fue.

Comenzó a bajar lentamente las escaleras, pues los altos tacones que llevaba puestos no le permitían bajar tan rápido como ella deseaba, así que para no caer bajó prácticamente apoyada en la muralla. Diviso una cabellera plateada y sintió como si tuviera miles de mariposas en el estómago. Sonrió para sí misma, pues por unos momentos sintió como si fuera la primera vez que lo veía.

InuYasha estaba pacientemente parado a los pies de la escalera, hasta que oyó un raro sonido, como si por la escalera viniera bajando un tipo de caballo con lumbago, cosa que le llamo demasiado la atención. Se giró para ver que era pero quedo con la boca abierta al notar que la que hacia ese extraño sonido era su Kagome. Quiso ayudarla ya que noto que le complicaba bajar con esos altos tacones, pero su cuerpo no reacciono hasta tenerla frente a él.

—Gracias por la ayuda —dijo con sarcasmo la azabache. Recibiendo como disculpa un fuerte abrazo y un apasionado beso.

Al oírla terminar de decir esas palabras y mirarla de pies a cabeza no se pudo contener, y la atrajo posesivamente hacia él, pescándola con ambas manos de la pequeña cintura que tenía su novia. Sus cuerpos quedaron totalmente apegados el uno al otro y sin siquiera pedir permiso le dio un beso casi desesperado metiendo su lengua en la húmeda boca de la azabache, beso que fue bien recibido por ella. El beso se volvió más pasional y el peliplata sin siquiera tomar conciencia de donde estaban, lentamente comenzó a subir una de sus manos, logrando posarse un unos de los grandes y redondos senos de Kagome. Sintió un leve tirón en su miembro al tener en la palma de su mano ese exquisito, sabroso y redondo pedazo de carne que tan loco lo volvía. Y ya sin poder aguantarse lo apretó delicadamente haciendo que Kagome gimiera prácticamente dentro de su boca.

—Inu… Yasha —gimió la azabache tratando de recobrar compostura.

—Si Kag, lose —la miro directo a los ojos— es solo que… al verte así de sexy —la volvió a mirar de pies a cabeza— ¡por Dios! me haces perder el poco control que tengo. —sonrió juntando ambas frentes.

Kagome también le sonrió, de verdad que le gustaba que Inuyasha se descontrolara con ella, aunque muchas veces no midieran consecuencias. Lo habían hecho en muchas partes entre ellas: el patio trasero de la casa de la joven, en la cocina, en el baño, mientras debía cuidar a Souta… hasta en el templo, ese ha sido casi una pecado para ella y una gran falta de respeto hacia toda la religión a la que su familia es creyente y respeta. Desde ese día no ha tenido la cara para volver a entrar ahí… y bueno en la casa de InuYasha… para que mencionar lugares si en casi todos habían hecho el amor mientras su madre trabajaba.

Subieron al autobús y se bajaron en el centro. Ambos caminaron por largos minutos de la mano o abrazados. A los dos les daba igual mientras sus cuerpos estuvieran en contacto. La azabache pretendía seguir caminando cuando la mano del peliplata la hizo detener.

— ¿Sucede algo? —pregunto Kagome.

—Nos quedaremos aquí —dijo sonriendo.

— ¿En el Hotel Strada? —Inuyasha asintió sonriendo— Pero… ¿Cómo lo vamos a pagar? Es muy costoso para nosotros.

— ¿Crees que yo te traería a un lugar que no pudiera pagar? —pregunto alzando ambas cejas.

—Obviamente no.

—Entonces —dijo sonriendo—. Ahora ven —le tendió la mano y Kagome la tomo.

Ese hotel era uno de los mejores de la ciudad. No uno prestigioso, lujoso ni mucho menos exclusivo, nada de eso, pero era uno de los mejores ubicados en pleno centro. Al entrar se encontraron con una pequeña pileta de agua con pequeños peces dentro. Los vieron por un par de minutos y luego de la insistencia del peliplata se encamino solo hasta la recepción.

—Tengo una reservación —dijo Inuyasha.

—Por favor dígame su nombre para corroborar el registro y la habitación —pidió amablemente la recepcionista.

—Inuyasha Taisho —la muchacha lo ingreso al computador.

—Muy bien señor Inuyasha Taisho —dijo entregándole unas llaves— su habitación es la 205, ubicada en el quinto piso del hotel. A su costado derecho encontrara el ascensor que lo llevara a dicho nivel —le dijo señalándoselo—. Espero que la estadía sea de su agrado.

—No se preocupe… —sonrió tomando las llaves para luego volver a mirar a la azabache que seguía de pie junto a la pileta— que será muy de mi agrado.

La joven recepcionista solo sonrió al entender a qué o más bien a quien se refería. Inuyasha le dio las gracias y se encamino donde se encontraba la azabache, así ambos se dirigieron al ascensor.

—Muchas risitas —dijo Kagome con los brazos cruzados.

— ¿No me digas que estas celosa? —sonrió con sorna.

Pero Kagome no le respondió. Al llegar al quinto piso las puertas del ascensor se abrieron y ambos caminaron en silencio hacia la habitación. Inuyasha abrió la puerta y apenas Kagome cruzo el umbral cerró, atrayéndola del codo y azotándola de manera suave contra la puerta.

—Ningún berrinche te podrá librar de mí esta noche. —le informo con voz ronca pescándola delicadamente del mentón. La volvió a besar, despertando así toda la pasión contenida hace unos minutos.

—Inuyasha… amor —dijo la azabache tratando de calmarlo.

— ¿Ahora qué? —dijo reclamando como niño chiquito que le quitaban su caramelo.

—Aprovechemos la noche, ¿sí?—pidió con la respiración claramente sobre exigida.

—Corrección —dijo el peliplata, pasando su dedo pulgar por el labio de la azabache—. No desaprovechemos la noche.

—Pero Inu, aun ni siquiera me enseñas la hermosa habitación a la que me has traído —decía la azabache poniendo ojitos de súplica.

—Sí, tienes razón —rasco su cabeza—. Ven Kag… te mostrare.

Él la tomo de la mano y así ambos "entraron" a la habitación ya que habían estado apoyados en la puerta de entrada. Le mostro la magnífica vista que había y Kagome quedo con la boca abierta ya que nunca había estado en un lugar así. Le mostró el baño y ambos rieron al ver que tenía un pequeño jacuzzi y luego la llevo a la cama ya que él iba abrazado a la espalda de la muchacha. Era una cama alta y muy grande.

—Esto… es mágico… —dijo mirando todo a su alrededor— es como un sueño.

—Y se hará realidad —le susurro el chico de hermosos ojos ámbar a uno de sus oídos.

Kagome giro su rostro de perfil para verle e Inuyasha la volteó, haciéndola retroceder hasta los pies de la cama y de los hombros la hizo sentar. Él se arrodillo a sus pies.

—Sabes que estoy en mi tercer año de ingeniería ¿cierto? —Kagome le asintió— O sea que solo me faltan dos años —dijo sonriendo.

—Sí, lo sé —pesco el rostro del peliplateado entre sus manos—. Y estoy segura de que serás el mejor ingeniero que haya.

—Yo también Kag… —quito las manos de la azabache de su rostro para ponerlas entre las de él— juro que cada día trato de esforzarme para ser el mejor. Para darle un buen porvenir a mi madre… y a ti.

La azabache sintió como su piel comenzó a erizarse. Le encantaba como InuYasha era con ella, como la trataba, como la protegía y guardaba cada momento en que el joven se sinceraba directamente con palabras ya que pocas veces lo hacía.

—Sé que aun somos muy jóvenes… pero juro que cuando digo que quiero una vida contigo es verdad —apretó más las manos de ella—. Sé que solo tienes diecisiete años pero también sé que me amas y que estas tan enamorada de mi como yo lo estoy de ti—tanto las manos de él como las de ella estaban comenzando a sudar.

—Inuyasha, me estas poniendo nerviosa.

—Lo sé —sonrió—, y yo también lo estoy.

Soltó las manos de la nerviosa joven y se puso de pie para sacar una pequeña cajita de su bolsillo. Luego de eso se volvió a hincar a los pies de ella.

—Kagome Higurashi —la muchacha lo miraba detenidamente— Tú… ¿quieres… casarte conmigo?

Con un poco de dificultad ante el nerviosismo que sentía, pudo lograr pronunciar esa propuesta que hace un tiempo deseaba hacerle. Quería una vida con ella y por eso se esforzaba estudiando todos los días en la universidad, añoraba casarse con ella y para siempre sostenerla y contenerla tanto sentimental como económicamente.

Al oír la propuesta de su novio sus ojos se cristalizaron inmediatamente. Inuyasha era un joven muy esforzado y ella eso lo sabía muy bien ya que lo conocía hace varios años. Su cuerpo se erizo por completo cuando el peliplateado abrió esa pequeña cajita mostrando un anillo. No era grande ni mucho menos tenía diamantes ni nada que lo hiciera sobresaltar. Era un anillo muy sencillo, de oro, muy delgado y con forma de trenza.

— ¿Qué dices? —pregunto nervioso al no recibir respuesta de Kagome.

— ¿Qué crees qué podría decir? —pesco el rostro del muchacho y beso sus labios.

—Entonces… ¿eso es un sí? —pregunto sonriendo.

—Claro que lo es —también sonrió.

—Sé que no es gran cosa… —dijo refiriéndose al anillo— pero prometo compensártelo, más adelante.

—Inuyasha, para mi cualquier cosa que tú me des con amor, es más que suficiente —dijo con sinceridad.

Inuyasha saco la pequeña argolla de la caja, delicadamente pesco el dedo anular de la azabache y le coloco el anillo.

— ¿En el anular? —pregunto ella e Inuyasha sonrió.

—La verdad no sé exactamente en qué dedo va… —dijo mirando el dedo anular de la azabache con el anillo ya puesto— pero según he sabido o más bien he leído… las tradiciones dicen que la vena de este dedo —señalo el suyo ahora— se llama Amoris y bueno… dicen que la vena de este dedo va directo al corazón. Es por eso que quiero que lleves el anillo puesto ahí.

Kagome sonrió suspirando hondo. Las palabras que Inuyasha le regalaban eran para ella las más hermosas que jamás imagino.

—Te amo tanto.

—Yo aún más.

Pesco a Inuyasha del cuello de la camisa que traía y lo jalo hacia ella. Lo beso de manera apasionada y la sangre del peliplateado despertó de inmediato. Abrió las piernas para que el muchacho subiera mejor a la cama. Esté se puso entre las de la azabache y se apoyó en ella sin dejar de besarla. Paso uno de sus brazos por la delgada espalda de la joven y la jalo hacia arriba, dejándola recostada en la almohada.

— ¿Quieres que te baile? —pregunto coquetamente la azabache.

— ¿En serio harías eso? —pregunto casi incrédulo.

—Por supuesto que le bailaría a mi futuro esposo —dijo quitando a Inuyasha de encima que no dejaba de mirarla.

Se puso de pie y se encamino a los pies de la cama. El peliplateado acomodo las almohadas para ver mejor el show que su futura mujer le daría. Kagome comenzó desabrochando su chaqueta y tirándola al suelo, luego sensualmente comenzó a subir su ajustada polera dejando ver ese pequeño brasier de color rojo intenso que mostraba como sus enormes senos sobresalían de esté como si en cualquier momento la tela se fuese a romper. Inuyasha no perdía detalle de cada movimiento que ella le regalaba pero cuando se quitó la polera quiso lanzarse y desgarrarle toda la ropa y hacerla suya en el mismo suelo pero sabía que debía esperar. La vio caminar lentamente hacia él y se sentó de inmediato.

—Quítamelas —ordeno poniendo una pierna en la cama. Se refería a los botines. Inuyasha obedeció.

Una vez descalza invito a que el peliplata se sacara la parte superior de su ropa, quedando con su perfecto torso descubierto. Kagome se acercó a su cuello y lentamente paso su legua por esté. Inuyasha puso fuerte ambas manos en las caderas de la azabache pero ésta se las quito y sonriendo se alejó.

Volvió a caminar hacia los pies de la cama donde había estado anteriormente e Inuyasha también se volvió a recostar. Puso coquetamente sus manos sobre los costados del jeans y los empezó a bajar de manera sensual. Inuyasha a esa altura ya tiritaba de la excitación que sentía pero eso no era nada al encontrarse con la diminuta braga que Kagome portaba.

Se giró y tomo todo su cabello entre sus manos dejando ver su pequeña y bien formada espalda y enseñándole a Inuyasha todo su perfecto y redondo trasero. Dejándole en claro que todo era para él, solo para él. Volteó su rostro de perfil y de manera seductora miro de reojo a Inuyasha. Quien tragaba duro la poca saliva que pasaba por su garganta.

Camino lentamente hacia la cama, una vez sobre esta gateo como tal felina hacia el excitado muchacho. Y lentamente comenzó a desabrochar el botón junto al cierre del pantalón del joven, y se lo quitó, beso y acaricio todo el dorso del muchacho.

Inuyasha ya no podía seguir aguantando más de ese exquisito placer, así que en un rápido movimiento la pesco de la cintura y espalda, dejándola bajo su cuerpo.

—Basta de juegos —pidió casi suplicando. La azabache solo le sonrió.

Desabrocho de manera muy hábil el brasier de su joven amante, dejando ver así sus grandes y redondos senos. Y en un acto casi desesperado se adueñó de uno, haciendo que la muchacha se arqueara por completo mientras con su otra mano estimulaba el botón del otro seno, endureciéndolo por completo. Obteniendo como resultado que su miembro se pusiera más erecto de lo que estaba.

La azabache sintió como sus pezones se volvían duros y su intimidad se humedecía. Inuyasha dejo el pecho de su novia para adueñarse ahora de sus labios bajo lentamente su mano acariciando el plano vientre de la joven hasta llegar a la entrada donde deseaba ya pertenecer. Con dos de sus dedos masajeo el botón rosa ya que conocía muy bien los puntos débiles de Kagome. La oyó gemir. Metió rápidamente dos de sus dedos en la cálida cavidad que tan loco volvía y sintió las uñas de la azabache enterrarse en su espalda así que rápidamente comenzó a penetrarla con sus dedos, sacándolos y hundiéndolos repetitivamente a mas no poder.

—Házmelo…—suplico la azabache apretando con una mano las sabanas.

Los deseos de Kagome eran órdenes para los oídos del peliplateado. Se sacó rápidamente el bóxer que aun llevaba puesto dejando ver el erecto y a esas alturas doloroso miembro que tenía. Se acomodó fácilmente entre las piernas de la azabache pero antes de entrar en ella beso su frente.

—Te amo Kagome.

Dijo el peliplateado antes de adentrarse suavemente en ella. Ese rostro de placer que Kagome le regalaba lo hacían sentir gratificante, el placer que ambos se daban era lo mejor que los dos consideraban. Con esa forma tan carnal de entregarse que los dos tenían era más que suficiente como para no decirse un simple "te amo"

Enterró las uñas en la espalda de Inuyasha al sentirlo entrar, lo habían hecho muchas veces pero aun así sentía esa molestia en su interior ya que la estrechez en la muchacha era demasiada y para él era como volverse loco ya que esa cavidad apretaba deliciosamente su hinchado miembro.

Cuando Kagome dejo de enterrarle las uñas en la espalda supo que ya estaba lista. Salió de su interior y volvió a entrar bruscamente haciendo que los pechos de la azabache se movieran a cada envestida. No desaprovecharía esa noche y la harían suya cuantas veces le dieran las ganas. Beso desesperadamente el cuello de la joven cuidando de no dejar ni una sola marca.

Kagome gemía armoniosamente a más no poder, le encantaba la forma en que Inuyasha la tomaba pues era tan rudo y delicado a la vez, que la hacía sentir la mujer más plena del mundo.

Bajo hacia los redondos pechos de la azabache y se adueñó de uno, pasando de manera delicada la lengua por ese duro botoncito que lo volvía loco.

Kagome pensó que mañana Inuyasha se iría y que no harían el amor durante una semana así que decidió ella regalonearlo. Puso ambas manos a la altura del joven haciendo que este detuviera el ritmo. Entendió lo que la azabache quería así que solo siguió el juego y se recostó. Kagome se subió sobre el con las piernas abiertas a los costados del peliplata. Inuyasha al verla ya acomodada volvió a meter su miembro sobre la estrechez de la joven. La azabache gimió cuando comenzó a enterrarse lentamente sobre esa gran masculinidad que era dueño su novio y comenzó a moverse sobre él.

Inuyasha al ver que Kagome daba pequeños brincos sobre él se excito de sobre manera al ver como los perfectos pechos de la azabache rebotaban al compás de sus movimientos, se sentó para probarlos nuevamente, mordiendo su pezón, cuidando siempre de no dañarla.

— ¡Inu… ya… sha! —grito Kagome al tener su primer orgasmo.

Inuyasha entendió rápidamente que Kagome ya había acabado ya que sentía como las paredes internas de su amante vibraban, succionando su aun endurecido miembro. Ahora era su turno. Así que la tomo de las caderas para alzarla más y hacer así que la caída fuera más ruda y profunda, los gemidos de la azabache se volvieron más intensos y los jadeos más gruesos. Inuyasha ya estaba a punto de acabar cuando sintió nuevamente como las paredes internas de la azabache te contraían, succionando de nuevo su aun erecto miembro.

—Inu… —gimió Kagome aferrándose al cuello del peliplata.

—Oh! Kag —apretó las caderas de la muchacha. Dejando derramar toda su esencia en el interior de la joven.

Ambos agotados, con sus cuerpos sudados, con la respiración sobre exigida pero aun aferrados mirándose fijamente el uno al otro. No necesitaban palabras para decirse lo mucho que se amaban o decirse lo mucho que se extrañarían durante esa semana. Sus cuerpos tan complementados el uno al otro ya habían hablado por si solos. Inuyasha saco con mucho cuidado a Kagome sobre él y la recostó a su lado. A pesar de haber hecho recién el amor ambos se abrazaron como si se necesitaran más que nunca.

Esa noche la pasarían juntos, aferrados el uno al otro. Lo que ellos ni siquiera se imaginaron mientras dormían, es que sería su última noche con tanto amor, más no la última con tanta necesidad.


Este es el primer capitulo, espero que haya sido de su agrado. Volver a decir que no me manejo muy buen con los puntos, mucho menos con las comas así que si cometí el error de ponerlas en algún sitio el cual no correspondía, les pido me corrijan pero con respeto. Aceptare todo tipo de ayuda.

Este fic es un poquito diferente a los que he leído, así que espero lo acepten y le den una oportunidad. Ya sabemos que se debe respetar las personalidades a los personajes pero en UA ,según yo, se puede cambiar relativamente.

Desde ya muchas gracias.