Capítulo 1: New York, New York.
Viernes había llegado demasiado pronto para mi gusto. Pero esta última semana había aprovechado para tener mis últimos momentos de paz y relajación. Ya que los viajes no eran de mi agrado. Así que ese mismo viernes, mi alarma sonó a las 6:30 am. De mis labios se me escapo un gruñido de cansancio y frustración, sabia completamente que ya no podría atrasar ni posponer mi viaje. Me levante de mi cómoda cama, lentamente y camine desperezándome hacia el baño. Tenía una hora antes de que salga el tren de New Haven hacia NYC. Tome una ducha rápida, luego me vestí con un simple Jean negro, una camisa blanca y unas Van azules.
Luego de prepararme, tome mi tapado negro del perchero y una pequeña maleta con algo de ropa, que había preparado la noche anterior.
Le deje una pequeña nota a mi compañera de cuarto, despidiéndome de ella, ya que no se encontraba allí. Tome mis llaves y Salí, asegurándome de no haber olvidado nada.
Al salir a la calle mire hacia ambos lados intentando divisar un taxi que me lleve hasta la estación de tren.
Cuando por fin logre subirme al estúpido tren, me senté y encendí el reproductor de música de mi IPhone. Creep de Radiohead comenzó a sonar por mis auriculares. Y con mis pies seguí el ritmo de la musica, intentando distraerme para amenizar el viaje. Aproveche para enviarle un mensaje a Santana.
"Santana, estoy en camino"-Q
Y a los pocos segundos recibí su respuesta.
"Está bien, Quinnie. Te estaré esperando."-S
"Hazme un favor, no le digas a nadie que estaré allí en menos de dos horas. Mucho menos a Britt-Britt, Quiero darle una sorpresa."-Q
"¿Solo a Britt?"-S
Y en ese momento podría jurar que Santana estaba del otro lado del celular con una sonrisa burlona.
"¿Quieres que me arrepienta de ir, López?"-Q
Y ya no recibí respuesta. Santana y yo siempre fuimos así, cada una conocía perfectamente a la otra. A pesar de las peleas y aquel encuentro sexual en la No boda del profesor Shuester, nuestra relación era un lazo de hermandad inquebrantable. Y a pesar de su característico humor ácido y su personalidad avasallante, yo era la única capaz de soportarla tal y como es.
Estos últimos dos años se basaron en mensajes diarios, llamadas y charlas por Skype, además de un par de visitas por parte de ella en New Haven. Pero igual lo nuestro a medida que pasaba el tiempo se volvía más fuerte.
Aparte cada una sabia que debía respetar el espacio de la otra. Y Santana sabía que no debía presionarme así como yo sabía que no debía presionarla a ella.
Ambas teníamos algo en común. El amor hacia Brittany S. Pierce. Aunque de distintas formas, por supuesto. Britt para mí era como una hermanita pequeña, a la cual debía proteger de cualquier cosa. En cambio, San y Britt eran almas gemelas. Su amor podría atravesar cualquier obstáculo. Ya que se complementaban completamente bien.
Santana, con Britt, se volvía más comprensiva y menos agresiva. Brittany, con Santana, se volvía muy capas y era una jodida Genia.
Aun somos el jodido Unholy Trinity! Para mí, Britt era aquella que me daba ánimos y me aconsejaba volar, cumplir mis sueños. Y San, es mi cable a tierra cuando estoy volando demasiado alto. Nos Complementamos y eso es lo que nos volvió cada vez más unidas y cercanas.
Cuando por fin llegue a NY, tome un taxi y me dirigí hacia un centro comercial. Quería comprar un regalo para mis amigos. Así que conociendo los gustos de Santana, decidí comprarle algunos vestidos que se ajustaran a su perfecto cuerpo.
A mi Britt-Britt, un enorme pato de peluche. A Kurt una colección completa de revistas sobre moda. Y a Berry un ramo de Gardenias. Aunque no sé porque este último regalo, solo vi las flores y supe que eran perfectas para ella.
Con gran dificultad, tome todas las bolsas de compras y mi maleta, luego de parar otro taxi, me dirigí al Loft Hummel-Berry-López.
Me encontraba en frente de la puerta corrediza de mis amigos. Me sentía nerviosa. Mi corazón latía fuertemente, haciendo que varios suspiros se me escaparan cuando por fin me decidí a golpear la puerta. Espere unos 5 segundos cuando por fin oí pasos apresurados dentro del departamento.
La puerta se abrió frente a mí, dejando ver a una latina sonriendo como el gato de Alicia. ¿Santana Sonriendo? Eso sí asustaba.
-Quinn! –Me dio un corto pero sentido abrazo y me ayudo con mi maleta, haciéndose a un lado para dejarme pasar. Deposite las bolsas en el suelo y el ramo de gardenias sobre una mesita junto a la puerta.
-Satán. –Salude con una sonrisa genuina. La había extrañado demasiado. – ¿Como estas, imbécil?
-Muy bien, Lucy, es un gusto volver a verte. –Dijo sarcásticamente, pero una pequeña sonrisa se le escapó de sus labios. Sabía que detrás de ese muro de sarcasmo, lo decía de verdad.
Y en ese momento, de la habitación salía una rubia alta de ojos azules. Sonreí al verla frotándose los ojos. Recién se levantaba. Cuando poso sus ojos sobre mí, sonrió enormemente y corrió hacia mis brazos como si fuera una niña pequeña.
-¡QUINNIE! –Gritó colgándose de mi cuello y envolviendo sus piernas alrededor de mi cintura. – ¡Te extrañe!
-¡Yo también, pequeño unicornio! –Dije riendo y girándola por los aires. – ¿Como estas, Britt-Britt? –Pregunte
-¡Bien Quinnie! ¿Y tú? –Pregunto bajándose de mis brazos y sonriendo. También había extrañado demasiado a Britt.
-Perfectamente bien. –Musite mientras me dirigía hacia las bolsas y tomaba el regalo de ambas. –Les traje algo. Para ti, Santana. –Dije entregándole 3 bolsas con vestidos dentro. –Y para ti, unicornio. –Continúe mientras sacaba el gran pato de peluche de su bolsa.
-¡Gracias Fabray! –Dijo Santana recibiendo mi regalo, intentando hacerse la indiferente.
Pero Britt Soltó de alegría y me arrebato el peluche de mis manos.
-Gracias Quinnie. –Beso mi mejilla –Lo llamare Quinchel! –Grito alegremente. Yo solo alce mi ceja marca Fabray. No entendía porque aquel nombre. Santana soltó una carcajada al ver mi cara de confusión. Negó con la cabeza como diciendo "Mejor no preguntes". Solo me encogí de hombros, restándole importancia al tema.
En ese momento, oímos el sonido de la puerta principal abrirse. Me di media vuelta, esperando ver a aquella persona que tanto ansiaba. Y allí estaba. Aun sin saber de mi presencia, acomodaba su tapado en el perchero, dejando ver ese cuerpo de infarto que aún conservaba.
-¡La baba, Fabray! –Exclamo la latina, al darse cuenta donde estaba clavada mi mirada. Aquella mujer, al escuchar eso, paro en seco y se giró a verme. Al conectar mis ojos con los suyos, mi sonrisa se acentuó aún más.
-Quinn… –Susurro incrédula por mi presencia. Puse mi mejor sonrisa torcida y levante una ceja. Al verla estática, decidí acercarme a saludarla correctamente.
-Hola, Berry.
