Disclaimer: Aclaro que, salvo las protagonistas (Autumn Skye y Valentina Gianinni) y algún que otro personaje suelto, los demás no son míos, son de Robert Kirkman y de todos los productores/ guionistas/ actores/ que hacen posible The Walking Dead. También aclaro que escribo para transformar mis ideas en una historia y para que ustedes la disfruten.
Capítulo 1 - 1979
Ya era demasiado tarde cuando pudo reaccionar. Ahí estaba él, sujetando con fuerza un arma entre sus manos y disparándole a media docena de caminantes que se aproximaban hacia aquel misterioso hombre. Quizás si él se escondiera de los caminantes estos dejarían de perseguirlo, pero aun así seguía disparando, y esto los atraía aún más. La tensión gobernaba la mano derecha de Autumn y no se había dado cuenta de que Valentina aún la podía escuchar.
—Espera…—le dijo intentando calmarla. El hombre, que supuso, llegaba al metro ochenta caminaba hacia atrás, tratando de poner distancia entre los caminantes y su cuerpo.
Algo llamo la atención de Autumn. De la pierna de aquel hombre emanaba un líquido carmesí.
Ahora Autumn comprendía la razón por la cual lo podían distinguir tan fácilmente en la oscuridad. Olían su sangre, su carne fresca, y por ende, su próxima presa. ¿Lo habían mordido?
Otro disparo salió de su arma en el momento que uno de los zombies intentó abalanzarse sobre él…
—Mierda, son muchos caminantes y un tipo está intentando escapar de ellos…—exclamo Autumn al ver que otros se iban acercando a la velocidad que su cuerpo putrefacto les permitía.
Dos disparos más.
Podía escuchar a Valentina reclamando una respuesta, pero la escena la dejaba cada vez más atónita. ¿Qué debía hacer? ¿Saltar del árbol y ayudarlo, aun siendo un completo desconocido? ¿O quedarse allí, mirando como ese hombre era devorado por los caminantes que se iban acercando? Estaba acorralada en un dilema de vida o muerte. Fue entonces, cuando aquel ruido hueco, como si de un pequeño chasquido se tratase, la alertó. Se había quedado sin balas, y ahora, el desconocido se encontraba en completa desventaja. Autumn compartía su tensión, su miedo, su desesperación. Él miraba hacia todos lados, intentando buscar algo que le sirviese para defenderse y por su lado, Autumn buscaba algún objeto que sirviera para ayudarlo. Ninguno de los dos tenía éxito. Él solo estaba rodeado de pequeñas ramas mientras que ella, sujeta al tronco principal con una cuerda para no caer mientras dormía, sostenía el Walkie Talkie. Sus cosas colgaban en la rama que se encontraba en su cabeza, y junto a ellas un montón de cosas que no servirían de arma. Tan solo tenía la pequeña navaja que le había robado a un cadáver, su arma y un bate.
"No seas tan cobarde, Autumn", repetía en su mente una y otra vez. Ya había dejado a sus padres morir, ¿debía seguir cometiendo el mismo error?
Miro al chico. Su pierna no le permitía correr, y aunque lo hiciese, en algún momento lograrían alcanzarlo porque se cansaría, o, en el peor de los casos, dependiendo de cómo fuese la herida, se desangraría.
Autumn dirigió su mirada a la mochila que colgaba sobre su cabeza. ¿Arma, cuchillo, bate? Antes de poder tomar una decisión, un caminante fue más rápido y se lanzó sobre él. Aquel chico luchaba para que no lo mordiese, y ella, rogaba mentalmente para que esa tragedia no sucediera.
Podía escuchar 1979 en su cabeza con claridad, junto con los gritos de sus padres. Otra vez esa maldita y condenada canción rondando en sus pensamientos.
"Otra vez, otra vez. No, no otra vez. Otra vez no", repetía en su mente, y quizás, sin darse cuenta, lo susurraba.
Fue un sonido sordo y potente lo que la saco de su trance. Busco el dueño del disparo, pero no encontró nada, y fue entonces cuando se dio cuenta de que sostenía el arma en sus manos, y temblorosa la dejo caer, aún con el brazo extendido en un ángulo menor a 90 grados.
— ¡Maldita sea!, ¿que ha sido eso Autumn? Aléjate de allí, ¿me has entendido?...— escucho la voz de Valentina gritar por la radio.
-Le disparé…-susurro Autumn, sin poder creer lo que había hecho.
Sintió el ruido seco del arma caer en las hojas y ramas, y luego los gemidos de aquellos cuerpos que deberían de estar enterrados.
Poso mi mirada en el hombre al que había salvado del caminante que intentaba con sus fuerzas saborear un poco de su carne fresca. Él la miraba, o por lo menos la miró durante unos segundos hasta antes de sacarse el caminante de encima y correr hacia el árbol, o por lo menos intentarlo. Autumn lo siguió con la mirada y fue cuando se dio cuenta de que tenía la intención de buscar el arma, y luego, con tan solo una bala, aniquiló al último zombie que quedaba.
Aquel desconocido cayó rendido en sus rodillas al darse cuenta de que había terminado con sus enemigos, pero aún consciente de que habían más de ellos por todo el bosque, intentando olerlo, oírlo; persiguiéndolo para hacer que sea parte de su clase. Los caminantes jamás se iban a rendir, y eso era lo peor.
—Gracias…—dijo con la respiración entrecortada. Se notaba el cansancio en su voz.
— ¿Qué?— pregunto atónita.
Aún seguía desconcertada por lo que había hecho. Alguna parte de su ser se había apoderado de su brazo izquierdo y disparado con perfecta puntería en la cabeza del caminante que intentaba clavar sus dientes en la viva piel de aquel hombre.
— ¿Sabes? Podrías haber ayudado un poco antes…—recrimino agitado, mientras levantaba su rostro para mirarla.
—No te conozco
—Soy de los tuyos, estoy vivo…—exclamaba con cansancio.
— ¿Quién es peor? ¿El vivo o el muerto?...—soltó Autumn con ironía.
Ya había visto antes como un grupo de supervivientes aniquilaba a otro tan solo para sacarles sus cosas. Porque ahora no solo bastaba con esconderse de los muertos, sino que, de los vivos, y ella había cometido el error de presentarse con un arma a uno de ellos, y no solo eso, sino que dejarla caer.
—"De nada" hubiese bastado. Soy Alex…—se presentó, observando el lugar de descanso de Autumn.
A decir verdad el árbol era grande, pero fácil de escalar. Había muchas ramas, pero era cuestión de suerte saber en cual colocar el pie. De igual forma, era a su vez un buen lugar de descanso y escondite, siempre y cuando estuvieses bien sujeto. Autumn agradecía a sus padres por haber sido unos hippies naturalistas en busca de protestas. Una gran cantidad de ellas fueron en contra de la tala de árboles, y ella, teniendo menos de 10 años se encontraba sujeta a ellos en numerosas ocasiones.
—Autumn…—contesto…— ¿Te han mordido?...—indico con un gesto, su herida en la pierna.
— ¿Morderme? ¿Esto?— señaló su pierna y negó con su cabeza. — No.
— ¿Entonces que te sucedió?— Autumn estaba demasiado intrigada por saber su respuesta. Incluso esa intriga era más fuerte que el deseo de volver a tener el arma en sus manos.
—He tenido...un leve accidente. Nada que incluyera una mordida. —dijo simplemente, mientras se arrodillaba y levantaba la pierna del pantalón para observar la herida de su pierna derecha. Como bien había dicho, se trataba de un gran tajo en su pantorrilla.
— ¿Cómo sucedió? Pregunto Autumn con curiosidad.
En realidad "Alex" le transmitía cierta desconfianza para ser sincera, pero había un gran detalle. Ella se encontraba en completa desventaja, ya que él continuaba teniendo su arma y ella… bueno, ella aún seguía sujeta en el árbol. De igual forma, debía encontrar algo que la pusiera en el mismo nivel que él, ¿pero qué?
Lo analizaba con la mirada, y él lo podía notar perfectamente. Autumn comenzó observando su cabello corto, recorrió sus marcadas facciones. Al pasar por sus labios, no pudo evitar pensar que eran carnosos. Finalmente bajo por su camisa sucia hasta parar en el mismo punto donde había empezado la primera vez que lo había visto: su herida.
De ella emanaba bastante sangre, y si no era tratada a tiempo, no solo atraería caminantes, sino que él se volvería presa fácil.
Si, había encontrado un punto de chantaje…
-¿Sabes? Tengo que ser sincera. Tú tienes la única arma que tenía, y estoy en completa desventaja contigo. En cambio yo, puedo curarte esa herida. No soy enfermera, pero el hecho de haber crecido con padres hippies me hizo ser una temeraria y, a cambio de que no me mates, te puedo curar. Además, con toda esa sangre que vas perdiendo puedes atraer caminantes…-finalizo...
Alex se reincorporó, y cruzo los brazos sobre su pecho. Enarco una ceja y la quedo mirando, hasta que luego dirigió su mirada al arma.
¿Que estaría pensando? Con cuidado, Autumn llevo las manos a su cintura, y comenzó a tratar de desatar el nudo de la cuerda que la mantenía unida al árbol.
Observo como Alex, se agachaba y tomaba el arma del suelo. La coloco entre sus manos, y la movía de un lado para el otro como si estuviera analizándola.
— ¿Cómo sé que no eres una loca maniática? —Pregunto acusatoriamente. — ¿Cómo sé que no te ataron en ese árbol porque eres una chiflada?
—Estas bromeando, ¿verdad? Yo te salvé, y ahora te estoy dando el 2x1 curándote a cambio de mi arma y ¿te atreves a insinuar que soy una especie de loca? Oh, Dios…—se quejó Autumn. El bosque aún seguía silencioso, pero temía que los caminantes los escuchasen.
Alex asintió con su cabeza. Pero la manera en la que rápidamente cargo el arma hizo que Autumn pensara lo peor. Estaba realmente jodida. Sin embargo, el solo bajo el arma y la guardo detrás de su cintura.
—Está bien. Aceptare que bajes y cures mi herida, pero no pienses por un segundo que te regresare el arma. — determino Alex luego de un momento.
Autumn lo observó. Su rostro no demostraba ninguna señal de que estuviese mintiendo, aunque le indignaba el hecho de que él fuese el jefe y ella su sirvienta, porque técnicamente esa era la forma en que se estaban comportando. Si había algo que extrañaba de la caravana, era que nadie era el líder, y simplemente se dejaban llevar por la hospitalidad, el LSD y los buenos momentos. En cambio, ahora se encontraba de frente con un hombre que quizás no conocía siquiera las palabras "Por favor". Pero a fin de cuentas, ella se había ofrecido, y aunque no obtuviese el arma, podría detener el olor a sangre fresca que impregnaba el lugar gracias a "Alex".
De alguna forma, se las arregló para no caer mientras soltaba su mochila y la colocaba en su espalda. Cuando colocó el primer pie en la rama más cercana, una lluvia de hojas se unieron para sonar unificadas. Cada rama que pisaba, era nuevamente esa suave sinfonía, aunque peligrosa, y sabía muy en el fondo que era igual de probable el alertar a los caminantes como recibir un disparo por la espalda.
— ¿Por qué traes la mochila? ¿Acaso piensas venir conmigo? —pregunto Alex al ver como se había preparado Autumn.
Autumn hizo caso omiso, recordando el hecho por el cual llevaba aquella mediana mochila en sus hombros. Cuando huyó de la caravana, ella contaba con tan solo sus piernas, brazos y ojos. Nada más. Cada vez que creía ver a alguien en la misma situación que ella, comenzaba a correr en dirección contraria al visualizar la forma rígida con la que daba cada paso. Si, se había dado cuenta de que estaba en completa soledad, desprotegida y sumergida en un mundo donde la ciencia ficción y el horror se habían escapado del papel para volverse realidad. Ella sabía que era débil, pero nunca imaginó que tendría que poner a prueba su debilidad de la manera más cruda e irreal posible.
Era inevitable no mirar hacia atrás cada vez que daba cierta cantidad de pasos, y allí estaba: la caravana, los gritos y The Smashing Pumpkins. Y aún esa maldita canción no terminaba.
Se cogía del pelo; giraba en su mismo eje; miraba hacia puntos indefinidos dentro del paisaje; gritaba; maldecía. Había renunciado a todo. A su cordura, a su miedo, a todo lo que fue. Dejó de estar ciega, dejó de huir, y cuando se dio cuenta, estaba caminando por sobre sus antiguas huellas, sosteniendo la silla en sus manos y partiéndola en los sesos de los caminantes que poseían los cuerpo de sus padres.
No es que tuviese mente de asesina, es solo que la rabia se apoderó de ella de manera desprevenida, descontrolada y simplemente, en ese momento, enloqueció, siendo una silla plegable su única arma.
Después de todo, Alex quizás no estaba tan equivocado, porque esa mochila podría significar el momento en el cual Autumn dejó de ser tan débil, y por un momento, disfrutó el haber aniquilado aquellos zombies. Solo quedaban ella, y la canción; por un momento se permitió disfrutar 1979, aunque dos segundos después esa canción ya no era espectador de su único y memorable momento de psicosis. Ella recordaba perfectamente como el silencio le hizo recobrar la cordura, y ahora se había dado cuenta de que había estado ciega; tan ciega como cuando huyó. Miró a su alrededor. Las paredes, los pisos, todo estaba bañado en sangre, incluso ella misma. Entonces huyó hacia el bosque, no sin antes llevarse las pocas cosas que su mente perturbada le permitía reconocer como útil.
A veces se arrepentía de no haberse ido en la caravana pero, ella entendía sus motivos. Ese lugar fue espectador de sus primeros asesinatos; de su cobardía y de su locura.
—No pienses en hacer algo raro. Recuerda que tengo tu arma. — le recordó Alex, vigilando sus movimientos.
—No te preocupes, lo recuerdo perfectamente. — aclaró Autumn sarcásticamente.
Ella bajó por completo del árbol, y colocó la mochila en el suelo. Ahora podía apreciar más claramente a Alex, dándose cuenta de que no era ningún latino, asiático, afrodescendiente o rubio de ojos claros. Tan solo era castaño y de ojos oscuros, aunque no por eso dejaba de ser atractivo.
Abrió su mochila y con un poco de esfuerzo logró sacar una botella de agua que se encontraba en el fondo de ella. Si, Autumn se autodefinía como una temeraria, sin embargo habían cosas básicas que aún no había aprendido, como el preparar una mochila.
—Primero voy a limpiar la herida, ¿Esta bien?— intentó decir con seguridad antes de mirar a los ojos al chico poco amable. Él tan solo asintió y dejó al descubierto la herida que tenía en la pierna.
La pelirroja con sus dedos palpó la herida, dándose cuenta que después de todo no era tan profunda, y que quizás con Aloe Vera y un buen vendaje la herida podría comenzar a cicatrizar.
Alex esperó impaciente. No sabía si aquella chica de verdad lo iba a ayudar, pero él sabía que necesitaba algo que calmara su dolor, y a pesar de todo, ella le había salvado el pellejo.
Ella colocó lentamente el agua en la herida, dejando que esta se volviera de un color carmesí opaco, y llevándose con ella rastros de sangre seca. Eso significaba que la herida ya llevaba un tiempo y quizás, si corrían con la suerte de que no se hubiese infectado, junto con el gel del Aloe Vera cicatrizaría muy rápido.
— ¿Eso duele?— preguntó Autumn risueña al ver la mueca de dolor que intentaba disimular el castaño.
—Claro que no. — le negó resoplando al final.
—Tu herida no es tan profunda. Es muy probable que con la planta correcta cicatrice pronto.
— ¿Una planta? ¿Dónde hay que ir a buscarla?
—Alex, ¿nunca has trabajado con plantas, no es verdad? El Aloe Vera es una planta que todo el mundo suele tener…—dijo irónicamente la pelirroja.
—Pues yo no la tenía…— afirmó Alex.
— ¡No me digas! Mira…— Autumn hizo ademán de sacar algo de su mochila, y fue una hoja larga y puntiaguda. Con su mano izquierda sacó la pequeña navaja y antes de que pudiese abrir la hoja por la mitad, la voz de Alex la interrumpió.
— ¿Tenias una navaja? Recuerda que con cualquier acción estúpida que cometas soy yo el que tiene el arma. — le advirtió mirándola con seriedad. No había que ser genio para saber que Alex hablaba muy en serio.
-Sí, claro. Solo quiero abrir la hoja de Aloe Vera. Tú sabes, su gel puede reconstruir esa herida en menos de dos semanas. En cambio, si me vas a estar advirtiendo de tu herida por cada respiro que dé, entonces no sé si quieres mi ayuda.
Alex no pronunció ninguna palabra, entonces Autumn comprendió el silencio del chico como un: "Está bien, continúa, me tapaste la boca, en cambio, si dices algo más te mataré".
Colocó la baba de Aloe Vera en la herida, con sumo cuidado, asegurándose de cubrir toda la zona afectada, y luego, para asegurarse de que se mantuviese húmedo, antes de hacer que Alex rompiera a regañadientes una de sus mangas para terminar el vendaje, colocó parte de la pulpa de la hoja cubriendo la herida. Finalmente, sonrió para sí misma al ver que su trabajo había sido concluido con éxito, entonces, le sonrió con superioridad a Alex, porque si bien era él quien tenía el arma, ella era la enciclopedia homeopática.
—Autumn, ¿sigues ahí?— se escuchó la voz de una joven. Valentina había estado intentando comunicarse con su desconocida amiga desde hacía bastantes minutos, sin embargo, no recibía respuesta.
— ¿Quién es?— preguntó Alex, al escuchar esa voz femenina que salía del Walkie Talkie.
—Es Valentina…—contestó Autumn, sin querer dar mucha información al respecto.
— ¿Tienes un grupo? ¿Qué hacías en la rama de un árbol si tienes un grupo?—pregunto encolerizado Alex. Hacía semanas que estaba solo, tratando de encontrar algún rastro de vida humana, y ahora esta chica no le había dicho lo más importante. — ¿Quién es ella?—volvió a preguntar.
— ¡Siquiera conozco a Valentina! He estado sola desde que todo esto comenzó y ella ha sido con la única que he hablado, y después tú, claro, pero…
— ¿Por qué no estas con ella?...—seguía interrogando Alex. Era algo sumamente extraño que no se conocieran personalmente. Nadie podía contactarse con alguien y no tratar de reunirse en algún lugar.
—Ella se queda con un grupo, en Woodbury…—le explico Autumn brevemente, mientras guardaba la navaja en su mochila, y tomaba el Walkie Talkie entre sus manos.
— ¿Eso no sería favorable?..—prosiguió el castaño confundido, ante las respuestas de Autumn.
—No me gustan los grupos. He visto como se aniquilan entre ellos tan solo para robar un pedazo de pan. Además...no sé ni donde estoy.
—Dame el Walkie Talkie— reclamó Alex. Él no podía creerse la historia al pie de la letra, menos de una desconocida.
Aunque al principio se negaba, Autumn se lo entregó en el momento que vio como Alex aproximaba su mano hacia el arma que él le había arrebatado, y para su pesar, él se comunicó con Valentina.
—Valentina, habla Alex, ¿Cuál es tu posición?
—Tú no eres Autumn. ¿Quién carajo eres?— cuestionaba la chica desde el otro lado del Walkie Talkie, en los seguros muros de Woodbury.
—Respóndeme— reclamaba Alex autoritariamente, pero Valentina no se lo hizo tan fácil.
—Escúchame idiota. Si alguien tiene que contestar eres tú. Ahora dime, ¿qué hiciste con ella?— la voz autoritaria de Valentina había desconcertado a Alex. En sus años de policía jamás había conocido a alguien con tantas agallas como aquella chica, y, aunque no le veía su rostro, se reía de solo pensar la imagen de una chica reclamándole por información cuando en realidad había sido él quien se encargaba de los interrogatorios.
—Tienes agallas, muchacha. — le respondió Alex.
—Y una mierda. ¿Dónde está Autumn? — pregunto Valentina con furia. Si algo odiaba eran los idiotas que creían ser mejores solo por ser hombres.
—Haremos esto, tú me dices donde estas, y yo te digo donde está tu amiga…—intentó negociar Alex. Autumn lo miraba con reproche. Ese tipo le parecía tan idiota.
—Estoy aquí, Valentina. — hablo Autumn interviniendo en la discusión. Alex le dirigió una mirada llena de enojo.
— ¿Quién es ese idiota, Autumn?— volvió a preguntar Valentina, ya perdiendo la paciencia.
-Alex, a quien acabo de salvar y no se digna en devolverme el arma. Es tan amable la gente hoy en día...respondió Autumn.
— ¿Y qué esperas a darle una patada en las pelotas?— la dureza con la que hablo Valentino hizo que Alex abriera los ojos sorprendido. Si algo sabía hacer Valentina, era no dejar que nadie la tratara de tonta. Había crecido en una familia italiana. Una familia puramente italiana, con todo lo que conlleva eso. Su familia le había enseñado todo lo que necesitaba para ser una mujer italiana. La familia Giannini era una familia muy importante. Su padre era un maravilloso cirujano, y su madre era una psicóloga excepcional. Junto con eso, podíamos decir que el resto de su familia (tíos y primos) se encargaban del "negocio familiar". Valentina podía hacer que una persona se desmayara con solo mirarlo.
-Creo que sería mejor que tú se la des…-rio Autumn. Conocía el carácter de su amiga invisible, y sabía que ella era una verdadera patea-traseros.
El rostro de Alex demostraba su desconcierto. ¿Una mujer le estaba mandando a callar? Tenía ganas de conocerla, y a la vez, de golpearla. Era irritante, y a su vez, llamativa.
—Autumn, debes ir a un lugar seguro. Es peligroso estar en el bosque
— ¿Pero a dónde?— Autumn miró atentamente a Alex. Él se encontraba escuchando con atención. Quizás estaba analizando la relación entre las dos chicas, o quizás estaba esperando a que alguna de las dos dijese alguna posible locación, pero fuese cual fuese la razón; el brindaba toda su atención a la charla.
—Ve a cualquier lugar que puedas mantenerte segura, pero hagas lo que hagas...—la voz de Valentina se notaba nerviosa al hablar. —...mantente alejada de Woodbury.
-¿Woodbury? ¿Y tú no te quedas en Woodbury?- por primera vez, luego de haber sido mandado a un rincón, Alex volvió a hablar. Esta vez a Autumn no le había molestado su intervención, porque no podía negarlo, ella se preguntaba exactamente lo mismo.
Ignorándolo por completo, Valentina siguió dirigiéndose hacia su extraña colega de charlas.
— Autumn, prométeme que no te acercaras a Woodbury. —hablo con seriedad pero aun así, se podía notar que su voz temblaba. Algo no estaba bien. . —No puedo hablar sobre ello, pero estoy segura, de que algo raro está sucediendo aquí...
