Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a JKR.

Este fic participa en el reto "Amortentia al azar" del foro "La Sala de los Menesteres".


II.

Lluvia para limpiar tristezas

Merlín se alejó del caldero estupefacto, sin poder creer lo que el aroma a ajo había traído a su memoria.

Sus ojos azules se clavaron en la larga cabellara oscura de Morgana, solo un par de mesas por delante de la suya, quien inspeccionaba tranquilamente su poción, totalmente ajena a los pensamientos contradictorios que su persona le causaba al joven Merlín.

El muchacho, negándose a creer que su Amortentia pudiera oler a Morgana Le Fay, aspiró nuevamente, concentrándose en identificar la nueva fragancia que colmaba su olfato.

Lluvia.


A esas altas horas de la noche, los únicos sonidos que se escuchaban en el despacho del profesor Slytherin eran el rasgar de las plumas de Merlín y Lord Salazar.

Cuatro años llevaba Merlín en Hogwarts y cuatro años había tenido que pasar metido en aquel despacho, cumpliendo los múltiples castigos que le imponía su profesor. Él sabía que encontrarse en esa situación mes a mes era un poco su culpa; cuando Lord Salazar lo había acogido en su casa, había sido bien advertido del carácter estricto del hombre. Pero, incluso así, Merlín era demasiado curioso e hiperactivo, casi sin disciplina alguna, como para algún día llegar a ser el alumno ejemplar que Salazar Slytherin esperaba. O al menos, eso era lo que el hombre pensaba.

Por esa razón, y porque Merlín tendía a hacer explotar unas cuantas cosas en sus "experimentos", el jefe de la casa de las serpientes se veía obligado a castigarlo casi cada semana.

El muchacho se encontraba a punto de terminar con su tarea de aquel día. Corregir los exámenes de primer año era la cosa más fácil que Lord Salazar tendía a encargarle ya que, a pesar de todo, no dejaba de ser más listo y capaz que el resto de sus compañeros.

Pero, antes de que dieran la medianoche, el golpeteo de la puerta sacó a ambos hombres de su silencio. Salazar se levantó con rapidez, indicándole a su alumno que siguiera con su trabajo antes de abrir la puerta y encontrarse cara a cara con Morgana Le Fay.

—¿Puedo hablar con usted, profesor? —preguntó una voz que el muchacho no tardó en reconocer.

Pero Merlín, que se encontraba de espaldas a ellos, solo se atrevió a echar un vistazo cuando sintió la puerta cerrarse nuevamente, dejándolo totalmente solo. Y unos segundos después, le llegaron los gritos:

—¡Pero si serás tonta, niña! ¿Quién te ha mandado a husmear con esto? ¡No pienso ayudarte! Pídele a Rowena que lo haga. Ella es tu tutora, no yo. ¡Y no olvides que esto tendrá consecuencias!

Salazar volvió a entrar a su despacho hecho una furia por la interrupción, tan molesto que ni siquiera miró a su alumno cuando le indicó que se marchara inmediatamente.

—Buenas noches, profesor —se despidió el muchacho con cortesía, esperando hasta encontrarse en el pasillo para echar a correr tras Morgana.

No tardó en alcanzarla en los terrenos, a pocos metros de una de las salidas secretas del castillo, empapada de pies a cabeza por la torrencial lluvia que caía.

—¡Morgana! ¿Estás bien? —tuvo que gritar el muchacho para hacerse oír sobre la tormenta, acercándose a ella apresuradamente.

—Vete —contestó la chica, tartamudeando ligeramente por el frío que la invadía. Pero, en vez de eso, Merlín la tomó delicadamente por el brazo y la llevó nuevamente al pasadizo, nada dispuesto a dejarla en aquel estado.

—¿Qué sucedió? —preguntó Merlín con la familiaridad que había adquirido en los últimos cuatro años que habían estado juntos en el castillo.

—El profesor Slytherin dijo que no intentáramos hacer la poción, pero tenía curiosidad. Lo que pasa es que… algo salió mal y me quemé —contestó Morgana, dejando de lado su renuencia, mostrándole la mano casi ennegrecida por la quemadura, conteniendo las lágrimas producto del dolor que le causaba la herida.

Merlín tomó la pequeña mano de la joven entre las suyas, murmurando un par de hechizos curativos que había podido leer en uno de sus numerosos castigos. El alivio se reflejó casi inmediatamente en la cara de Morgana, mientras la herida empezaba a verse un poco mejor.

—Tardará unos días en volver a la normalidad, pero estoy seguro que Lady Rowena tendrá algo para acelerar el proceso —dijo el muchacho, aún sin soltar su mano.

—Gracias —dijo Morgana, limpiándose discretamente las lágrimas que caían de sus ojos y se confundían con las gotas de lluvia que empapaban su cuerpo.

—No hay de qué —contestó Merlín, sonriendo ligeramente y acercando su mano al rostro de la muchacha para ayudarla con la tarea, haciéndola sonrojar ligeramente y provocando una extraña satisfacción en sí mismo por ese hecho.


Merlín suspiró, resignado a la idea de que, al parecer, su mente aún no había logrado dominar sus demás sentimientos.

Olisqueó una vez más la Amortentia, dispuesto a descubrir si el tercer aroma también le recordaría a ella, pero sin poder despegar su vista de Morgana, aquella chica que olía a ajo y a lluvia y tan intrigado lo tenía.


El segundo capítulo y solo queda uno. Espero que les haya gustado y no se olviden de estar atentos para leer el final de esta historia.

Y si llegaron hasta aquí, se agradecen los reviews ;)

¡Hasta el próximo!


Contestación de reviews:

Anónimo: ¡Hola! Me alegra mucho que te gustara el primer capítulo :D La verdad, mi Morgana es Ravenclaw, a pesar de tener muchas cualidades de Slytherin. Pero, ¡muchas gracias por comentar! Espero que te haya gustado este capítulo también :)