Aquí el segundo capítulo del fic. Sigo agradeciéndole a Eligent por dejarme traducir su fic.
No está beteado, así que cualquier error me avisan.
—¿Morgan? ¿Qué diablos estás haciendo? ¡Suéltalo! –Gritó Hotchner de pronto, sorprendiendo a ambos. Entró a la habitación porque había olvidado planificador y se llevó el susto de su vida.
El arma fue sacada de la boca de Reid, y él pensó que había sido Hotchner quien se abalanzó sobre Morgan y lo alejó, pero pronto se dio cuenta que no era así; cuando sintió al moreno girar para quedar detrás de él, el hueco de su mano se cerró en torno a la garganta de Reid, el arma de detuvo contra su pómulo. Las manos del muchacho automáticamente aferraron el que estaba alrededor de su garganta. Sus ojos se posaron en Hotchner, esperando que le pusiera fin a esa pesadilla.
Hotchner estaba al otro lado de la habitación, con la pistola en la mano y apuntando hacia ellos.
—Morgan, ¿qué estás haciendo? —Preguntó de nuevo, esta vez mucho más calmado. Cuando pasó el shock inicial, se pudo dar cuenta que Morgan no era el mismo de siempre y eso hacía que se sintiera en terreno incierto mientras se acercaba lentamente a la pareja—. Vamos, hombre. Déjalo ir. Podemos hablar sobre esto. Todo estará bien.
—¿Hotch? —Dijo Morgan sonando inseguro—¿Qué…? ¿Por qué…? ¿Qué está pasando?
Hotchner escuchó pasos detrás de él y se dio cuenta que sus gritos habrían alertado al resto del equipo, y probablemente a la mitad de la oficina. Vio a Gideon de reojo y dio un paso hacia atrás para dejarle avanzar y hablar, confiando que él podría llegar a Morgan, cualquiera fuese el estado en el que se encontraba, pero aún así no bajó su arma. Morgan todavía tenía su pistola en la mejilla de Reid, y Hotchner no quería ni pensar en el desastre que se estaba desarrollando delante de sus ojos.
—Derek —dijo Gideon suavemente—, ¿cómo te sientes?
—Estoy… yo… ¿Gideon? —Morgan lo miró, levantando la mano para limpiarse el sudor de la frente, pero llevándola hacia abajo rápidamente, el cañón tamborileó sobre el oído de Reid, haciéndolo estremecerse.
—Derek, ¿qué estás haciendo con Reid? ¿Por qué no lo dejas ir? Nosotros nos encargaremos de ti.
—¿De mí? Encargarse de… No, no, estás equivocado. ¿No ves que les estoy haciendo un favor a todos nosotros? Yo me encargo de todo, no tienes que preocuparte respecto a eso.
—¿De qué te estás encargando? ¿Qué es lo que quieres hacer? Te podemos ayudar, lo prometo. Sólo deja ir a Reid.
Detrás de él, Reid podía sentir el cuerpo de Morgan temblando y sudando. Podía sentir su jadeante respiración en el cuello y debajo de eso, el miedo y la confusión, y sabía que había algo terriblemente mal con su amigo.
—No, no, no, no… Lo arreglaré, arreglaré todo. Sólo necesito… necesito… yo… ¿Gideon? ¿Qué estás haciendo aquí? —Morgan llevó la mano a la pistola de nuevo, limpiando sus ojos a través de su muñeca, presionando la mano contra su cabeza, pasándola por su cabello.
Sin embargo, esta vez, Reid estaba preparado, y cuando el arma volvió a su cara se estiró y empezó una lucha por ella, al mismo tiempo, torciéndose a sí mismo dentro del agarre de su compañero, que se había vuelto cada vez más débil. Morgan dio el arma sin protestar, y Reid se alejó rápidamente mientras los otros se acercaban.
Reid estaba un poco más lejos, solo, temblando, respirando agitadamente, apretando el cañón de la pistola que todavía estaba húmeda con su saliva, y frotándose la garganta con la otra mano mientras los demás estaban concentrados en Morgan, quien lucía cada vez más confundido.
Morgan realmente no veía bien, reflexionaba Reid desde su posición. Estaba sudando y moviéndose. Trataba de alejar las manos de Hotchner y Gideon, cuando llegaron hacia él, pero estaba demasiado débil. Y de pronto se desplomó. Justo se había escapado de esas manos, cuando cayó al suelo y quedó inmóvil.
La sala se volvió frenética. Morgan rápidamente se convirtió en un sujeto de rescate, como se ordenaban a gritos los unos a los otros. Elle llamó a la ambulancia y Hotchner salió de la habitación para ir a buscar un botiquín de primeros auxilios.
Reid miraba fijamente el tembloroso cuerpo de Morgan, sin mirarlo realmente. Todo eso era demasiado para él en esos momentos. El sabor del aceite para armas todavía estaba en su boca.
El arma cayó ruidosamente al suelo cuando la soltó y salió corriendo de la habitación, casi se estrelló contra Hotchner que regresaba. Llegó al baño justo a tiempo. Arrodillado en uno de los cubículos, vomitó de manera violenta, fue tan brutal que obligadamente aparecieron lágrimas en sus ojos. Se quedó en el suelo por un par de minutos, hasta que su estómago estuvo completamente vacío y las arcadas se desvanecieron. Y luego se mantuvo allí un minuto más, sólo para recobrar el aliento.
Su mente se movía a una velocidad vertiginosa, mientras trataba de entender lo que había sucedido. ¿Realmente había sucedido? Se sentía como un mal sueño, pero sabía que no lo era. Todavía le dolía la boca y sentía los labios como si estuviesen en llamas. Torpemente se puso de pie y lo hizo a lo largo de la hilera de lavamanos. Mirándose al espejo, vio que su labio sangraba profusamente. No recordaba que eso hubiese ocurrido, pero el arma le había roto los labios a través de los dientes, el corte y el vómito le hicieron arder terriblemente.
Se lavó lo mejor que pudo y se enjuagó la boca una y otra vez, pero fue en vano. Todavía podía sentir el arma allí.
La puerta se abrió y entró Gideon. Reid lo vio a través del espejo y se volvió hacia él.
—¿Morgan? —Preguntó con voz ronca.
—Está siendo llevado en la ambulancia en este momento. Hotch va con él. No se ve bien… ¿Cómo estás tú? —Gideon sacó un par de toallas de papel des dispensador y las apretó contra los labios de Reid, lo que hizo difícil para el muchacho responder, cosa que agradeció. No creía poder mentir de manera convincente en esos momentos.
Gideon lo miró de manera escrutadora. Todavía no sabía toda la historia; no tuvieron tiempo para las explicaciones, mientras intentaban mantener a Morgan con vida. Cuando llegó a la sala de reuniones, Morgan tenía sujeto a Reid por el cuello, amenazándolo con una pistola. Se preguntó qué había sucedido antes, se preguntó qué partió ese labio. Pero sobre todo se preguntó qué estaba pasando por la cabeza del hombre que tenía frente a él en esos momentos. Tenía una idea bastante clara del por qué había salido corriendo al baño, pero sentía que no era el momento para presionarlo.
Dejó que Reid sostuviera él mismo las toallas de papel y le dio un pequeño remezón en el brazo.
—Vamos. Elle y J.J nos están esperando. Vamos al hospital.
—No estoy seguro…
—Necesitas que te vean el labio. Vamos.
Cuando caminaba por la sala de reuniones, Reid vio a varios agentes forenses moviéndose cuidadosamente, cargando las bolsas con comida, las botellas con agua y el resto de la basura que quedó del almuerzo.
—¿Qué están haciendo? —Preguntó.
—Creemos que Morgan sufrió una sobredosis de algo, tenemos que averiguar de qué era y de dónde vino.
Drogas. Drogado. Sobredosis. Sobredosis involuntaria. Envenenado. Tendría que haberlo intuido. Por supuesto, había una explicación racional de su comportamiento, porque Morgan nunca le haría algo así a él. Sólo… sólo que él había. Había sacado su pistola y había… Reid sacudió la cabeza para deshacerse de las indeseables imágenes. Tenía que pensar en otra cosa.
—Pero, si fue el almuerzo… ¿todos los demás están bien?
—Hasta ahora. Sin embargo tenemos que tomarnos un examen de sangre cuando lleguemos al hospital.
Reid asintió. Eso tenía sentido.
Una enfermera se reunió con ellos en la entrada del hospital.
—¿Son del equipo de la BAU?
—Lo somos. —Confirmó Gideon.
—Por favor vengan conmigo, los mantendremos aislados hasta asegurarnos que lo que le pasó al agente Morgan no le pasará a ninguno de ustedes.
Los condujo a través de una puerta lateral y una sala de exámenes. Hotchner ya estaba allí, sin la chaqueta y con la camisa arremangada. Otra enfermera le estaba sacando sangre y él hablaba por su teléfono celular, a pesar de que la mujer lo miraba de mala manera.
Levantó la mirada cuando ellos entraron y al ver las toallas de papel salpicadas de sangre que Reid cargaba tensó los labios y frunció el ceño. No recordaba que estuviese sangrando, pero, a decir verdad, había perdido de vista a Reid muy rápido y priorizó a Morgan. Primero fue una amenaza, después un miembro del equipo en peligro y Reid se le había perdido en el revuelo. Simplemente confió en que otra persona se haría cargo de él, y realmente esperó que alguien lo hiciese.
—Todavía no sabemos, señora Morgan —le dijo a la preocupada madre del hombre por teléfono—, pero le llamaremos apenas sepamos algo… Nos vemos luego, adiós. —Colgó y centró su atención en su equipo.
—¿Morgan? —Preguntó J.J
—Al final del pasillo. Lo están atendiendo. Yo… No sabemos nada todavía.
—¿Podría arremangarse la camisa para mí, por favor? —Preguntó la enfermera— ¿Por qué no te sientas aquí, cariño, y me dejas echarle un vistazo a tus labios? —Empujó a Reid a la mesa de examen en donde estaba sentado Hotchner y de mala gana se sentó junto a él.
A Reid no le gustaban las mesas de exámenes, los mostradores, mesas de bar o cualquier otro lugar lo suficientemente alto para que sus pies quedaran colgando. Siempre lo hacían sentir pequeño. Como un recordatorio de sus días de escuela. A medida que avanzó las clases iba creciendo cada vez menos en comparación con sus compañeros.
La enfermera comenzó a extraer sangre de todos y envió una orden para mandarlos al laboratorio, antes de sacar la gasa de la mano de Reid. La habitación estaba tranquila, cada uno de ellos estaba sumido en sus pensamientos y preocupaciones, y todos parecían reacios a discutir de lo que hablando cuando estaban solos.
—Esto necesitará puntos de sutura —dijo la enfermera—. Mandaré a alguien en un minuto. Sólo sigue presionándolo —Y entonces se fue.
Reid mantenía su mirada gacha, mirando sus pies, esperando lo inevitable. Podía sentir el hombro de Hotchner contra el suyo mientras seguían sentados uno al lado del otro, y podía sentir la mirada de todos sobre él. Esperaban que les diera respuestas; esperaban que fuera capaz de explicar lo inexplicable.
—Reid, ¿qué pasó? —Preguntó Gideon con suavidad, justo antes de que el silencio finalmente lo ahogara en la miseria.
Reid se sentía abrumado, el deseo petulante de responder 'nada', pero sabía que no sonaría bien. Así que se conformó con el siempre neutral —No lo sé.
—¿Reid? —La voz de Hotchner sonó suave a su lado.
—En serio, no tengo idea. Estábamos conversando y todo estaba bien y entonces… entonces no estaba bien. Morgan sólo se volvió, eh, no lo sé… un poco loco.
—Es más que eso, Reid. ¿De qué estaban hablando? ¿Qué lo puso así? —Preguntó Gideon.
—Baloncesto. Hablábamos de baloncesto… o él lo hacía. Yo hablaba de juegos de pelota pre-colombinos. Supongo que se tiene que haber molestado un poco por algo que dije.
—¿Molestado un poco? ¡Reid, cuando entré, tenías su pistola en la boca! ¡Estaba a punto de matarte! —Dijo Hotchner, un poco más que molesto.
—¿Qué? ¡Oh Dios! —J.J se quedó sin aliento, mirando a Reid horrorizada.
Reid hizo una mueca ante la descripción de Hotchner, pero también estaba agradecido de no tener que ser él quien dijera esas palabras.
—Sí, al parecer piensa que hablo demasiado.
—Reid, no —Elle sentía pena por él, podía escucharlo en su voz—. Él no piensa eso realmente. Lo sabes. No era él mismo.
No era él mismo. Sabía que decía eso para confortarlo, pero no funcionó. No en ése momento. Quizás nunca lo haría.
Se arriesgó a mirar a sus compañeros y se sorprendió por las emociones que mostraban. Parecían enojados, preocupados y confundidos, y entonces se dieron cuenta que para él debía ser demasiado. Alguien del equipo había sido atacado. ¿Por qué y quién no lo sabía? Pero esa debería ser, su, prioridad en ese momento. Alguien drogó a Morgan. Morgan, con su cálida sonrisa y su eterna paciencia. Morgan con sus pensamientos afilados y retorcido sentido del humor. Morgan con sus inolvidables dedos y brillante arma… No. No debía pensar en eso. Esa no era la imagen que quería en su mente. Quería volver a pensar sólo en su compañero de equipo. Un compañero que había sido herido, y era su obligación encontrar a quien sea que le hubiese hecho eso. Él era la verdadera víctima, el objetivo. No Reid. Quien sólo había estado en el lugar equivocado en el momento equivocado. A eso tenía que aferrarse. Tenía que olvidar lo que había sucedido en la sala de reuniones y concentrarse en buscar al UNSUB que estaba perjudicando al equipo. Eso era lo que tenía que hacer. Eso era lo que haría.
Gideon observó las diferentes emociones que cruzaron la cara del joven y la determinación que se asentó en él y no estaba contento. Reid iba a enterrar esto, lo que sólo significaba que esto regresaría y lo afectaría de una alguna otra manera.
TBC.
