Ya saben chics Sailor Moon no es de mi autoria, sólo escribo fics a partir de esa magnifica historia. Espero les guste.
CAPITULO II
HERIDAS DE AMOR: CUANDO EL AMOR ES MALTRATADO
Serena se encontraba en el baño terminando de lavar su cabello, lo recogió con una toalla para dirigirse a su habitación. Una vez en ella, la joven lo cepillaba en todo su largo, mientras en sus pensamientos se dibuja la escena del parque, ocurrida esa misma tarde.
-.-
-Sabes algo Serena… – le dijo él saliendo de lo profundo de sus pensamientos, pero sin quitar su vista del cielo – ¿Realmente estás segura que yo soy el hombre indicado para ti?
-Pero… Darien… - sin poder responder algo concreto – ¿Por qué me preguntas eso?
-¿Alguna vez lo has dudado? – preguntó él, volviendo a ver a la chica, quien con la cabeza gacha buscaba en su mente la manera de ser lo más sincera posible.
-.-
-'¿Por qué no pude responder?' – buscaba el motivo en el fondo de sus pensamientos y se le oprimía el corazón – 'Darien,' – recordando el rostro del chico – 'claro que tú eres el indicado para mí, eres el único para mí, ¿no lo recuerdas? ya te lo había dicho cuando peleamos en contra de Beryl y la Negafuerza'
-.-
-Darien, espera un momento. – mientras lo sostenía en sus brazos mal herido.
-Este es el poder del amor, – cayendo al suelo la Reina Beryl, con una rosa roja clavada en su pecho, el cual comienzó a desmoronarse – pero es justo, es justo que el amor que siente Darien por ella, esté destruyendo mi cuerpo… no entiendo… ¿cómo es posible que él haya… - y desapareció.
-¡Darien, Darien! - angustiada.
-Rápido debes escapar de aquí... – respondió agonizante el joven.
-¿Qué?- dijo Sailor Moon.
-Debes regresar a la vida normal y encontrar a un buen chico que te quiera mucho.
-Pero tú eres el único para mí... – a punto de llorar.
-¡Oh! – mirándola con ternura y perdiendo el sentido.
-¡Darien, Darien! – soltó un grito de desesperación, mientras lloraba abrazada al cuerpo inerte de su amado.
-.-
-'Hemos pasado por tanto, querido Darien, y siempre a vencido el inmenso amor que nos tenemos…, pero ¿por qué estoy tan intranquila?... claro que te amó… pero hay cosas que no te he dicho…, mi corazón…, mi corazón a sufrido tanto…'
-¿Serena?- la sacó una voz de sus pensamientos.
-¡Oh! Luna, eres tú.- tratando de darle una sonrisa a su amiga.
-¿Por qué esos ánimos, Serena? – mirándola angustiada – ¿Te peleaste con Darien? Vi la forma tan fría como se despidieron y a él se le veía muy pensativo.
-No peleamos Luna, – tratando nuevamente de sonreírle – no debes preocuparte por nosotros, todo va bien. – con voz apagada – Darien es un chico muy inteligente y siempre tiene su mente ocupada en muchas cosas, ya sabes cómo es.- sonriéndole con los labios pero con la mirada triste – Por cierto, Luna…
-Dime, Serena. – respondió la gata, subiendo a su cojín.
-¿Te ocurre algo? – sentándose a su costado - ¿Por qué te fuiste así de repente, temprano? Nos dejaste preocupadas. – acariciando su carita – Ya sé que no tomamos muy en serio lo que trataban de decirnos y el comentario de Mina fue desati…
-No pasa nada. – dijo cortante Luna y se acurrucó en su cojín como señal de que la conversación había terminado.
-Está bien, Luna, descansa.
El día amaneció hermoso, desde temprano los cálidos rayos del sol se dejaron sentir. Ya entrada la mañana, se encontraban, en el Parque Nº 10, tres chicas; dos de ellas sentadas en una banca bajo la sombra de los árboles y la tercera recostada en un poste, al costado.
-Esas dos ya se demoraron bastante. – renegaba una de las chicas, quien traía un vestido rojo, que hacía prefecto contraste con su larga cabellera negra.
-Y esto que a ellas les dijimos que nos encontraríamos media hora más temprano. – resopló la chica recostada en el poste, la cual vestía un jean claro y un polo manga cero en contraste con la otra prenda.
-¿Por qué no les hablamos a sus casas, derepente se quedaron dormidas? – dijo la de cabello corto, sin distraer su vista del libro que tenía en sus manos, quien lucía un sencillo vestido color azul.
-Miren, ahí viene Luna. – dijo Lita, señalando el camino por donde se asomaba la felina.
-¿Y Serena? – le preguntaron a la recién llegada.
-No lo sé, salió muy temprano de casa. Pensé que estaba con Uds. – contestó, algo incrédula – ¿Alguien sabe qué le pasa a esa niña? – agachó su cabecita – Ayer estaba muy extraña.
-¿Qué dices Luna? – le preguntó, Rei.
-Ayer estaba muy pensativa y triste, – comenzó a relatar, Luna – pensé que se había peleado con Darien… - después de una breve pausa – Lo que pasa es que, sin querer, ayer los vi cuando llegaron fuera de la casa de Serena y ambos estaban muy extraños.
-¡Hola, chicas! – llegó intempestivamente Mina, una canasta de mimbre colgaba de uno de sus brazos dentro de la cual, Artemis asomó la cabeza – ¿Les pasa algo? – agregó de inmediato al ver sus caras de preocupación.
-Luna nos estaba contando que, al parecer, pasa algo entre Serena y Darien. – contestó Amy.
-Pero si entre ellos pasa mucho desde hace tiempo. – dijo sonriendo entusiastamente.
-¡Mina!, no es momento de tus bromas. – le reprendió Artemis – Al parecer es algo grave desde que Lu... – sin terminar de completar el nombre – todas están tan preocupadas.
-Vaya, vaya parece que tenemos un problemita romántico por aquí. - Mina observó a Luna negándole la cara a Artemis y al gato evitando ver a Luna – Mina Aino, la hermosa diosa del amor, en su faceta doctora corazón ya llego para ayudarles.
-¡Mina, cállate! – le gritaron todas.
En otro lugar, una joven, ataviada con un vestido celeste, salía de un ascensor y se dirigía al apartamento de la persona a la que iba a ver. Frente a la puerta, tocó en timbre dubitativa.
-Darien, Darien. ¿Estás? – volvió a tocar al no tener respuesta – Soy yo Serena.
Desde adentro, un muy sorprendido Darien, se dirigía a abrir la puerta, pero a punto de llegar al umbral principal se detuvo, un pitido desde la cocina anunciaba que el agua estaba hirviendo y cambió el rumbo hacia allá.
-Un momento ya voy. – gritó a la persona que se encontraba tras la puerta.
-Darien, voy a entrar. - contestó la voz desde el otro lado abriendo la puerta – ¿Darien? - volvió a llamar, ya dentro del apartamento, como siempre observó todo limpio y en su lugar.
-Serena, estoy en la cocina. ¿Qué haces aquí tan temprano? – mientras bajaba el depósito con agua hervida de la cocina y lo colocaba a un lado – Nos veríamos hasta la tarde.
-Ya lo sé. – contestó y deteniéndose en el marco de la puerta, mirándolo agregó – Es que quería hablar algo importante contigo. – volvió a dudar bajando su mirada.
Él volteó a verla y le sonrío, - '¡Qué hermoso!' – pensó ella.
Bastaba una de esas sonrisas para que la sacará de la realidad y perdiera la noción de todo lo demás, una sonrisa que se podría quedar contemplando toda la vida. Su dulce voz la trajo de regreso y se encontró de cara con la realidad y volvió a cavilar en aquello que tanto la atormenta.
-Puedes esperarme en la sala, por favor.
-Claro. – asintió, correspondiendo la sonrisa.
-¿Te gustaría un refresco?
-¡Oh! Darien, no quiero molestarte. – respondió presurosa.
-No, Serena, tú nunca me molestas. Ya sabes que eres lo más importante para mí. – dirigiéndose tras ella al sofá – ¿Y qué es eso tan importante que tenías que decirme?
-Eh… bueno… yo… - sin saber cómo empezar – ¿Tú sabes cuál es mi sueño verdad? – le preguntó sin mirarle a la cara.
-Tú tienes muchos sueños hermosos, Serena. – le respondió él.
-¿Tú sabes cuál es mi sueño más especial? – repreguntó la rubia – Lo sabes, ¿verdad? – le dijo mirándolo a la cara, sonrojada.
-Bueno… yo… - él no supo que contestar, pero finalmente agregó – Conozco algunos de tus sueños porque los has compartido conmigo.
-Pues te lo diré. – resolvió ella, bajando la mirada – Mi sueño más preciado es casarme contigo, formar nuestra familia y pasar el resto de mi vida a tu lado, pero… - y no pudo completar lo que intentaba ordenar en su cabeza.
-No necesito mirar en tu espejo de los sueños para saber que aquello está perdiendo su brillo. – le indicó él, se paró, dio unos pasos atravesando la sala con dirección al balcón, la mampara estaba abierta y traspasó el marco ante la mirada de su novia que no sabía que responder.
-Darien – pronunció ella, sorprendida por lo que acababa de escuchar - ¿Por qué dices eso? – le cuestionó, sin saber exactamente que preguntar.
-Creo que la pregunta correcta en esta ocasión es ¿cómo lo sé? – le contestó él, dejándola más sorprendida aún – Sabes, es un hermoso día. – dirigiendo su mirada por el balcón – Puedo sentir como el sol baña con sus cálidos rayos a la ciudad y le brinda cobijo a todos los seres de este planeta, puedo ver como las aguas cristalinas danzan sutilmente al compás de la ligera brisa, veo como las flores y los árboles no terminan de agradecer el rocío que les dejó el amanecer. – guardó silencio, mientras un suave viento jugaba con sus negros cabellos, apoyó sus manos en la baranda y mirando el horizonte continuó – Lo sé Serena, no me preguntes por qué o cómo, sólo lo sé. – y regresando a mirar a la expectante chica, agregó – Ya ves, tú no lo puedes negar. – sonriendo tristemente al final.
El silencio se prolongo entre ambos haciendo tan densa la atmósfera que con dificultad lograban respirar.
-Darien, – de pronto, rompió el silencio, como pidiendo permiso para hablar – mientras ambos compartamos dicho sueño no debemos preocuparnos. Eres la persona que más amo en este mundo y no porque tú hayas sido el príncipe Endymión y yo la princesa Serena de la Luna. – y mirándolo con ojos llorosos – Te amo por lo que eres, por cómo me haces sentir cuando estoy contigo, porque como nadie me comprendes y soportas mis berrinches y aunque muchas veces te he puesto en ridículo, tú siempre estás ahí para mí. Eres la persona en la que más confió en este mundo…
-Si realmente confías en mí, por qué no me has dicho todo lo que pasó. – pronunció reflexivamente, más para él que para ella – Dime, – regresando a verla - por qué ahora piensas en otra persona cuando estás conmigo. Muchas veces te he visto mirar a las estrella y no comprendía tu fascinación por ellas y te envolvías en tus pensamientos y te alejabas de mí y no me explicaba por qué, hasta que al fin lo entendí cuando Haruka y Michiru hicieron ese comentario en la cafetería.
-.-
-Hola cabeza de bombón – los saludó Haruka viendo a Serena en la mesa contigua, sentada al lado de Darien.
-¡Haruka, Michiru; hola! – felizmente sorprendida – No los veía desde… - sin terminar la expresión, su rostro perdió el brillo y se sumió en sus pensamientos.
-Qué pasa Serena, donde se fue todo ese entusiasmo. – le preguntó Michiru que se encontraba sentada frente a Haruka.
-Nada, sólo que me pone muy triste recordar todo lo que pasó en esa época.
-No lo has olvidado ¿verdad? – preguntó Haruka – Al final, terminó cayéndome bien ese sujeto.
-Vamos, chicos, no le tomen tanta importancia. Además, no importa lo lejos que estemos unos de otros siempre nos unirá un sentimiento. – volviéndose a Darien que había permanecido sin decir palabra – ¿No es verdad, Darien?
-Así es, Serena – le contestó él tratando de ocultar su incomodidad.
-.-
-Tú lo dijiste, siempre nos unirá un sentimiento. – y haciendo una pausa – Creí que no tenía de que preocuparme.
-Darien… - Serena incrédula.
-Tú siempre te preocupas por los demás – pensativo – y tiendes a demostrar tus emociones sin siquiera darte cuenta de ello. – mirando al vacío - Trataba de saber el motivo de tu repentina melancolía cuando estabas conmigo y mirabas el firmamento por las noches y esperaba pacientemente que al fin abrieras tu corazón conmigo, como siempre, como lo hacías antes... – y recordando en su mente.
-.-
-Ya regreso. – dijo Serena – Unazuki, espérame, quería consultarte algo. – salió corriendo trás de la chica que atendía en la cafetería.
-Así que no lo ha olvidado – cuestionó Darien, mirando a Haruka - ¿A quién?
-¿Cómo? A caso, Serena no te ha comentado nada. – dijo Michiru algo sorprendida.
-Vamos Darien, – intervino Haruka – sabes bien a que me refiero. – y tomando un sorbo de té – Ella se sentía muy sola cuando tú te fuiste.
-Ella llego a creer que la habías abandonado. – complemento Michiru – No puedes culparla por lo que pudo haber sentido.
-Ella es muy joven y a su edad somos muy propenso a equivocarnos. – dijo Haruka oliendo el aroma de la taza de té que tenía entre las mano – Pero no tienes que preocuparte, su corazón está contigo.
-Así que, piensan que no debo preocuparme. – puntualizó Darien, mirándolos y tomando un sorbo de té.
-Nadie más que tú, puede responder dicha pregunta. – contestó Michiru sorbiendo a su vez su taza de té.
-Regrese chicos. – llegó Serena – ¿Por qué tan serios? Vámonos Darien…
-.-
Serena sintió indignación, ¿cómo era posible que Darien mostrara esa desconfianza hacia ella? Respiró hondo y tomó fuerzas para decir lo que pensaba, mientras terminaba de hilvanar sus ideas en su mente. Y derepente rompió el silencio.
-Tú no puedes reclamar nada Darien. - viendo como el chico la miraba atónito – Aunque tú no estabas nunca te falte, en ningún momento. – y reuniendo fuerzas después de la primera explosión – Tú no llamabas, no contestabas mis cartas y ahí estaba él, siempre preocupándose por mí y tratando de hacerme sentir bien todo el tiempo…
-Serena, - la interrumpió Darien – no me mal interpretes, no pretendo reclamarte nada, yo sé que tú no sabías lo que había pasado conmigo.
-¡Claro que no lo sabía! – gritó con lágrimas en los ojos – No pude evitar compararte con él, no pude evitar sentir afecto por él.
-Lo sé, Serena. – con su voz calmada pero muy triste – Yo no sé qué paso entre Uds., sólo sé que siempre confíe en ti y creí que tu confiabas en mí. – y tratando de deshacer el nudo que se formaba en su garganta – Han pasado más de seis meses desde que ellos se fueron.
-¡Tú no estabas, Darien! – gritó nuevamente ella, sin dejarlo terminar – ¡Tú no estabas y me sentía sola! Yo he sufrido mucho por ti, siempre que parecía que podíamos disfrutar de nosotros, ocurría algo. - limpiándose las lágrimas – Yo nunca me queje de eso, ni de que no fueras más cariñoso conmigo o de que me hicieras a un lado con tus amistades o de las cosas que hacías porque no las entendía. - por primera vez en todo ese tiempo él la oía hablar de su relación. Cómo había podido guardar esos resentimientos en ella y no habérselo dicho, es que realmente él no le había dado la suficiente confianza, cuántas cosas había hecho mal. Mientras él, rápidamente trataba de procesar todo en su mente, ella prosiguió - Te acuerdas la vez que terminaste conmigo, – ella trató de mirarlo pero sólo vio a un hombre derrotado con la cabeza gacha, aún así no pudo detenerse, tenía que decirlo ya que le dolía el sólo recordar – fuiste muy cruel conmigo y yo todo el tiempo estuve ahí. – y respirando hondo – No tienes el derecho de desconfiar de mí.
-Serena, - levantando su rostro humedecido por el llanto – nunca he tratado de hacerte daño. Todo lo que hice, lo hice pensando en tu bien. – y apoyando su cabeza entre sus manos – Tú sabes los motivos que me llevaron a todo eso.
-¡Ya basta, Darien! – llorando – ya lo entendí… Tal vez estas buscando una excusa para dejarme.
-¿Tal vez, qué? – termino por decir apretando sus puños por la oleada de sentimientos que le embargaban mientras ella lo miraba atónito y liberando finalmente sus pensamientos – Sólo sé que mientras tú te divertías con él, no pensabas en mí. No puedo creer que nunca llamaste a la Universidad para averiguar si algo había pasado conmigo. – y con la voz casi quebrada – No se te ocurrió o no te hacía falta.
-Darien. - ahora era ella, quien siquiera comenzaba a entender los motivos de él, corrió donde estaba sentado y se arrodillo a su frente, intentó coger su mano pero otro impulso la detuvo y entonces pensó en… Seiya.
-Pensaba que hoy te vería sonreír nuevamente a mi lado, – dijo Darien sin llegar a verle la cara – que daríamos vueltas en el parque o tal vez iríamos al cine…, te podría abrazar nuevamente y darte un tierno y cálido beso… - quedándose en suspenso por un momento – Serena, sé que estás confundida, pero no puedo ayudarte con esto. No, si tú no confías en mí.
-Darien.., – dijo ella – sería mejor que nosotros, ya no nos viéramos... – y agregando rápidamente – al menos por un tiempo. – él solo se quedo mirándola.
