Día 16
Sinceramente hoy es uno de esos tantos días que me quedaría tirada en la cama hasta las dos de la tarde y me levantaría a ver televisión un rato, iría a la casa de Luna a molestarla y distraerla un poco de su ocupada vida y volver a dormirme. Es que el día estaba horrible. El viento no daba tregua, desde que me levante he mirado la ventana esperando que en un momento pare aunque sea un poco, pero nada.
Me bañe, me vestí, desayune y desaparecí hasta la cabina telefónica. Si, dirán que soy obsesiva con el tema de desaparecerme pero si puedo, ¿Por qué no hacerlo? No había una sola alma en la calle y quien lo estaría con semejante viento. Mire mi reflejo y trate de ordenar un poco mi cabello. Hoy iba a ser un día muy largo.
Mi día de hoy consistía en cuatro horas de Transformaciones, cortadas a la mitad por un recreo en el que seguro me compraría algo para comer ya que a esa hora siempre me da hambre y luego me reuniría con Luna y Neville en el mismo lugar. Hablaríamos de alguna que otra cosa interesante, escucharíamos la campana y volveríamos a nuestras clases.
Y así fue exactamente como paso mi día. Puse mis brazos sobre la mesa mientras apoyaba mi cabeza en ellos. Mire por la ventana y solté un bufido que movió mi flequillo. Que vida tan aburrida que llevo. Quizás no debí meterme en la universidad después de todo y seguir con el quidditch. En estos momentos tengo muchas ganas de volar y divertirme. Divertirme… tal vez ese fin de semana podría convencer a Luna de salir a uno de esos lugares de moda.
Me despedí de Neville y me fui sacándome el flequillo del rostro con un bufido. El se iba cómodo a su hogar y yo a trabajar como siempre. Dios, me estoy convirtiendo en un clon de Hermione. Me la paso entre libros y hechizos. En especial los de Defensa contra las artes oscuras, que debido a que aún habían muchos magos oscuros dando vuelta por ahí, el Ministerio había ordenado que se hiciera énfasis en la enseñanza de la materia.
-Lo siento.-dije cuando choque con otro chico de piel morena que se me quedo mirando. Creo que lo conozco de algún lado pero no importa.
Seguí mi camino y entre al aula que me había encontrado en semejante lugar para comenzar a practicar. Solté un suspiro y comencé a recitar los conjuros a la vez que movía la varita. Algunos dieron resultado y en otros debo admitir que soy un completo fracaso. Estaba tan concentrada haciendo uno especialmente complicado que cuando se abrió la puerta de golpe casi me muero del susto.
Me di vuelta y no pude más que alzar una ceja al ver quien entraba. A pesar de las palabras de Luna parecía que el destino había decidido ponerme a cierto Slytherin en el camino.
-Weasley vete.-su voz fría y arrogante me hicieron levantar la barbilla obligatoriamente.
-Yo llegue aquí primero.-fue mi replica y me dedique a ignorarlo. Ni siquiera había notado al chico que entro después de él.
-No me hagas sacarte de aquí por la fuerza Weasley. No es mi estilo hacer eso con una mujer.-sentí su voz más próxima, obligándome a voltearme y ver su rostro pálido y puntiagudo cerca de mí.-Aunque en tu caso podría hacer una excepción.
-Malfoy, si eso es una amenaza, ahórratela. Yo también te puedo dar una paliza.
Me lanzo una mirada de odio que me hizo levantar una ceja de nuevo. Malfoy no me asustaba como cuando era niña, después de una guerra creo que a nadie pueden asustarle las miradas de odio. Entonces oí una risa y me percate de que se encontraba allí el mismo chico que antes me había cruzado. El moreno aquel era…
-¿Zabini?-pregunte ignorando de nuevo al rubio frente a mí.
-Oh, me halaga que un Weasley se acuerde de mí.-dijo en un sarcasmo muy palpable.
-Usualmente no recuerdo la gente que no me interesa.-el chico me miró aún con una sonrisa burlona.-Pero estando Malfoy aquí no habían muchas opciones.-Malfoy no era miss simpatía para tener muchos amigos en el mundo.
-Weasley salte de aquí de una vez antes de que…-pero no le deje terminar.
-Por Merlín, ya basta.-tome aire controlando mi ira. Tengo un temperamento bastante terrible.- No tengo interés en hablarte, verte u oírte y tampoco pienso hacerlo hasta que de tu boca salga algo inteligente, lo que, conociéndote, es tan improbable como que yo sea hija única. Así que adiós y no nos vemos.-hice énfasis en el no.
¿Qué pensaba acaso, que íbamos a ser enemigos como Ron y Harry en Hogwarts? No me interesa, por Merlín. Lo vi quedarse parado ahí donde lo deje, mitad confundido, mitad con el orgulloso destrozado. Pero en fin, solo dije la verdad. Quizás por algo dicen que la verdad es lo que más duele.
Tome mis cosas y me fui, no sin antes de notar las risas de Zabini. Se que no muchas chicas se comportan de esa manera frente a Malfoy y eso debió causarle gracia. Estaba enojada con todo lo ocurrido y no me quedaría allí para que ese huron idiota siguiera creyéndose lo que no era. Porque el no es, repito no es, mejor que yo. Usualmente soy una persona que puede mantener una conversación civilizada pero cuando alguien me habla mal, no puedo evitar soltar mi temperamento.
Eran alrededor de las cinco de la tarde cuando decidí volver a la universidad. En casa y con mis libros nunca iba a encontrar la respuesta a mi tarea. Iba a dejarlo para último momento como siempre pero un impulso, más bien propio de Hermione, me dijo que mejor fuera a la biblioteca. Algo me decía que allí iba a encontrar algo útil.
Observe que el clima afuera aún no había mejorado y eso me daba menos ganas de salir pero al final de todo lo hice. Me despedí de Arnold, mi pequeña bola rosada, la cual reposaba en mi cama, y me fui.
Debo admitir que lo que había hecho no era muy noble de mi parte. Para nada propio de una ex Gryffindor. Pero lamentablemente a veces tengo una curiosidad que me hace ponerme bajo la frase de que el fin justifica los medios. Y mi fin era saber más sobre ese extraño aparato. La biblioteca estaba bastante vacía por la zona en la que yo estaba y nadie iba a notar si lo dejaba en la mesa un rato.
Tuve el objeto en mis manos y no pude evitar observarlo embelesada. Era hermoso y muy misterioso a la vez. Se me hacia difícil creer que semejante cosa podía responder a cualquier pregunta. Obviamente de lo que hablo es de un aletometro. Un artefacto dorado, parecido a una brújula con tres manecillas que indicaban a distintas runas. Y por eso último es que me encontraba en la biblioteca. Tenia que encontrar un libro que me ayudara a descifrarlas.
Dudo mucho de su exactitud ya que es un objeto de adivinación pero en fin, era mi tarea. Además de que el objeto me intrigaba.
-Maldita sea.-susurre por lo bajo. No entendía porque ponían los mejores libros en las estanterías mal altas. ¿Qué acaso solo estaban reservados para los altos? Me subí una silla y lo baje sin tantas vueltas cuando sin querer le cayo en la cabeza a alguien.
Solté un bufido de exasperación al ver a quien se le había caído. ¿Es que acaso yo podía tener tanta mala suerte?
-¿Libros Weasley? Pensé que aun te quedaba algo de magia como para enfrentarte como una verdadera bruja pero parece que no.- Malfoy me miraba un poco más debajo de donde yo estaba.
Decidí que tenía unos ojos muy extraños. ¿Eran… grises? Levante una ceja mientras me encogía de hombros a mi propia explicación. Me baje de la silla y tome el libro del suelo. Estaba decidida a ignorar sus insultos aunque sabía que eso no duraría mas de diez segundos cuando me di cuenta de que se había alejado.
Eso fue raro, pensé. Me había dado cuenta de que después de aquel insulto, había bajado la mirada hacía su propio libro y se alejo hacia una de las mesas del fondo. No pude evitar seguir sus pasos. ¿Qué tendría que no me había dicho nada más? Estaba totalmente anonadada.
Intente concentrarme en mi libro nuevamente pero al abrir la primera página volví a ver al rubio. Me daba mucha curiosidad. Note que miraba el libro con cierto interés pero que también estaba algo perturbado. No creo que se estuviera concentrando mucho en el libro. Algo le molestaba era muy visible. Pero ¿a mi que diablos me importaba? Si no me molestaba mejor.
Estaba leyendo la primera página de mi libro cuando otro callo con estruendo sobre la mesa y me sobresalto. Mira el libro y note que también trataba de runas. Mi interlocutor dio una sonrisa al ver mi cara de desconcierto. No por el libro sino por la persona que me lo había dado.
-Comentario inteligente: ese libro es mejor.-fueron sus palabras antes de alejarse. Me columpie en la silla para observarlo irse cuando su voz me volvió a sorprender.- Y deja de espiarme Weasley.
Y entonces me caí de la silla. Diablos. ¿Cómo sabia que lo había estado observando? Bueno supuse que alguien que ha pasado parte de su vida en constante entrenamiento puede ser que supiese eso. Y Malfoy había pasado su vida de esa manera, aunque al final de la guerra él y su familia se pasaran al bando bueno.
Tenía muchas dudas en mi cabeza. Me mordí el labio y comencé a pensar. ¿Cómo sabia que libro estaba leyendo? ¿Cómo y por que se había acordado de lo que le había dicho antes? ¿Por qué no me había insultado más de una vez?
-Si tan solo supiera usarte.-suspire mientras miraba el aletometro sobre la mesa.
Tenía muchas preguntas y por primera vez en mi vida me di cuenta de que no sabía nada de Malfoy. Eso me dio mucha curiosidad. Por un instante fugaz paso por mi cabeza hacerlo mi propio proyecto personal, algo así como una práctica de lo que haría después con mi vida.
Pasa, creo que debo aclarar, que un abogado mágico es a la vez investigador e historiador. Dos grandes rasgos que me había llevado a decidirme por esa carrera. Una carrera que no iba a terminar si no iba a consultarle a Hermione por ese extraño libro. No estaba escrito totalmente en runas pero por Merlín que era complejo.
Una vez en mi habitación le envíe una lechuza para avisarle de mi llegada. Los padres de Hermione le habían dado un apartamento en la zona muggle de Londres, no muy lejos de donde me encontraba pero como siempre, a mi me gusta aparecerme.
El apartamento de Hermione era muy bonito. Solo había estado en él una vez y no le había visto bien hasta ese momento y me sorprendió un poco el buen gusto que tenia mi amiga para decorar. La castaña se sobresalto al verme llegar. Yo observaba todo con fingido asombroso, dándome una expresión graciosa como me gustaba adoptar. La sala era pequeña pero acogedora con un televisor, un par de sillones pequeños alrededor de una mesita de te de madera oscura. Un gran sofá yacía contra la pared y una colección de fotos colgaba de la pared sobre este.
-¡Ginny!-dijo al primer susto. Sonreí con inocencia. Me gustaba un poco asustar a la gente.-Que susto, acabo de recibir tu carta.
-Que bueno. Entonces me ayudaras con mi libro.-y lo saque de mi bolso con rapidez. Me hubiera gustado hurgar más en aquel lugar pero sabía que a mi amiga no le gustaba mucho esa costumbre mía.
Había pasado alrededor de dos horas, entreteniéndonos con el complejo mundo de las runas antiguas y de los aletometros, el cual guarde celosamente en mi bolso (no tenía ganas de escuchar los sermones de Hermione) cuando se escuchó el inconfundible ruido de dos personas apareciéndose.
Frente a nosotras aparecieron Ron y Harry, ambos sorprendidos de verme. Correspondí su saludo con una media sonrisa.
-Ginny, ¿Cómo va todo? – pregunto el azabache mientras se sacaba el abrigo y se sentaba frente a mi.
-Seguro mucho para estudiar para no visitar a mama y papa.-se burlo mi hermano a lo que correspondí con una mirada asesina.
-Ni que tú fueras mucho.
Y comenzamos a pelearnos como siempre. Cosa de hermanos debo decir. Quería a mi hermano, mucho, pero me sacaban sus comentarios altaneros. Solo por tener un año más que yo ya creía que podía tratarme como una tonta. Siempre me había molestado eso de Ron; y el hecho de que me sobreprotegía mucho por supuesto.
De repente escuche la voz de Hermione detener nuestra pelea. Me pregunto si me quedaría a cenar con ellos y eso me dejo helada. Debo confesar que lo que dijo Ron antes no es del todo mentira. Desde que había empezado con todo esto de la universidad me había desaparecido, por así decirlo, de la típica vida Weasley.
-Em… No, gracias Herms. Mejor en otra ocasión.- y sin ganas de dar muchas explicaciones, me despedí de ellos y me desaparecí.
Me tire sobre la cama con ganas, mientras Arnold rondaba por mi pelo con visible alegría. Hacia tiempo que me había separado del Trío dorado de Hogwarts. Después de la guerra ya nada había sido lo mismo. Yo no era la misma. Había crecido demasiado para solo tener dieciocho años y eso era lo que molestaba. Lo se. Siempre lo supe. Después de todo cuando los gemelos me dicen que tengo el corazón negro como la noche no me duele porque lo digan, me duele porque es verdad.
En mi último año me di cuenta de que jamás sería parte de ellos, de su círculo íntimo. Por un lado fue lo mejor así era libre pero yo había llegado a una etapa a de mi vida en que hacer amigos se me hacia complicado.
Había estado tanto tiempo presa que ya no sabía lo que era la libertad.
Suspire y me saque el pelo de la cara. Cocine algo rápido, como para que mi estomago dejara de molestarme y me metí a la cama temprano. Estaba muy cansada y el hecho de tener que recordar todos mis trastornos personales me ponía de mal humor. Luna me había dicho varias veces que me estaba volviendo muy gruñona. Intente explicarle pero eran temas demasiados profundos como para compartirlos. Ya no tengo ganas de compartirlos.
¿Cómo no ser gruñona si nadie te quiere por lo que eres sino por lo que eras?
Aca una nueva entrega de esta historia tan rara que he comenzado. Nunca escribo en primera persona y cuesta pero me gusta hacer algo diferente. El aletometro lo saque de la brujula dorada, basada en la trilogia de la materia oscura de autor tanto (no me acuerdo el nombre). Tanto este objeto como los personajes no me pertecen, me había olvidado de aclarar eso.
Tambien debo aclarar que soy de hacer los enamoramientos LENTOS, odio cuando las cosas pasan demasiado rápido. Aunque voy a intentar hacer esta historia más rápida que mis anteriores. Empiezo algo y después me cuesta terminarlo, lamentablemente. En fin, hasta el proximo capitulo.
