Amigo

Por Mayra R. L.

Revisado por Silenciosa

Disclaimer: La franquicia Dragon Ball no me pertenece. Sólo utilizo sus personajes para ponerlos en situaciones que nunca veremos en el anime/manga.

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CAPÍTULO II: No importa lo que digas o hagas.

Inmediatamente, la temperatura había caído alrededor de diez grados. El aire se tornó bajo una densidad equiparable a la niebla, envolviendo con su espeso manto un ambiente tranquilo, prácticamente silencioso, si no fuera por la respiración convulsa que aún emitía Goten entre contenidos sollozos. Después del teletransporte, a varios metros del hogar Son, Goku dibujó reconfortantes círculos imaginarios con la palma de la mano sobre la espalda de su hijo, aguardando pacientemente a que se tranquilizara lo suficiente e iniciar su debida charla con él.

Son Goku experimentaba durante la espera una avalancha de sensaciones en la que sobresalía la angustia debida al dolor sentido por su pequeño hijo, la intriga por saber de ese mismo dolor y el fuerte sentimiento de culpa al no conseguir un medio con qué remediarlo. Buena parte de él estaba deseando conocer lo ocurrido entre los dos semi-saiyajins después de que Vegeta y él fueran de caza. Lo cierto era que Goku no hallaba una explicación convincente de lo ocurrido. Aunque pareciera que lo más lógico era pensar que Trunks había lastimado a Goten de alguna manera insospechada, tenía otra teoría más plausible: tanto Trunks como Goten se habían lastimado entre sí. Goku se aferraba a esta idea al recordar el momento en que Vegeta y él mismo llegaron al campamento: en los escasos segundos que desvió su atención hacia Trunks para ver en él frustración y tristeza. Al igual que Goten, Trunks había sido herido y no físicamente, sino de una forma que dolía mucho más que unos cuantos golpes que, al fin de cuentas, sanarían. Los dos jóvenes se habían hecho daño de un modo que el dolor no sanaría tan fácilmente; dejando como evidencia el emerger de profundas cicatrices emocionales.

Y, a pesar de que este tipo de dolor cicatrizara, su marca quedaría grabada de por vida; nunca desaparecía.

Podría resultar extraño que él, el ingenuo y despreocupado Son Goku, hubiera aprendido a ser perceptivo para con el ámbito emocional de las personas, pero así era. Aunque como guerrero ya supiera la carga de fuerza y dolor que suponían la lucha, atacándose y defendiéndose en las más arduas batallas, así como verse muchas veces no sólo elevado en la victoria sino hundido en la derrota, él también era conocedor del fuerte poder que cargaban consigo las heridas no físicas. No se debía olvidar que él había presenciado cómo en el pasado había visto a sus amigos y a su familia morir, desapareciendo junto al planeta que consideraba siempre su verdadero hogar; que había sido abandonado a su suerte por su raza de origen y que su único hermano lo había traicionado. Goku poseía la misma cantidad de cicatrices emocionales como las expuestas en su experimentada piel tras décadas de enfrentamientos.

El otro gran sentimiento que lo estaba dominando en esos momentos fue el inefable peso de la culpa. Goten no quería participar ese campamento desde el principio y, a pesar de que le había rogado para que no le obligara a ir, Goku había cedido a las intenciones de su esposa; incapaz de ir en contra de su voluntad, así como la de Bulma. Tal vez, si hubiera soportado un par de reproches y gritos, ahora Goten estaría riendo en la mesa, contando todo lo que había sucedido durante su período de clases e iluminando, con su contagiosa alegría, la cena familiar. Pero Goku no lo apoyó y se estaba arrepintiendo severamente.

Observó la figura de un Goten triste y angustiado. Para su sorpresa, el chico había dejado de sollozar para finalmente erguirse y desprenderse de las lágrimas que se habían quedado tallando sus ojos aún enrojecidos.

—¡Hey! —Goku no pudo evitar sonar alegre y aliviado al notar cierta mejoría en el estado de Goten—. ¿Te encuentras mejor, hijo?

Goten sólo atinó a asentir al ser incapaz de pronunciar palabra. Realmente se estaba sintiendo mejor al sentirse lejos de la presencia de Trunks.

—¿Vas a contarme lo que ha sucedido entre vosotros?

Goten, en cambio, nuevamente hizo uso de la cabeza en efecto de responder a su padre; esta vez, moviéndola de un lado a otro en un evidente "no". Goku comprendió sus motivos y abandonó la idea de seguir insistiendo; sólo le dedicó una sonrisa de aprobación que, al mismo tiempo, buscaba ser tranquilizadora. Goten pudo sentir la mano de Goku en su hombro guiándolo por los pocos metros que los separaban de su hogar. Un hogar construido en una de las pequeñas praderas que circundaban la elevada meseta del monte Paozu.

Casi como una premonición, Goten sabía lo que le esperaría una vez pusiera un pie en casa: su madre lo avasallaría con un interrogatorio exhaustivo e invasivo que no cesaría hasta que le diese el porqué de su estado de ánimo y su llegada anticipada. No podría negarse a responderla, no a alguien cuyo carácter era por naturaleza controlador. Goten se tensó de sólo imaginarlo, empezando a pensar que había sido un grave error el pedirle a su padre que lo trajera de regreso a casa.

"¿Qué le diría a mis padres de lo que ha ocurrido entre Trunks y yo?", se debatía el joven consigo mismo. "Mamá, papá, estoy así porque mi mejor amigo, casi hermano, está enamorado de mí. Me besó a la fuerza y yo decidí huir como un cobarde. No, definitivamente no. No puedo contarles nada."

Al parecer, su pánico era lo suficientemente palpable como para que Goku lo captara y no tardara en tranquilizarlo:

—No te preocupes, Goten. Iremos a la casa de tu hermano. Yo tampoco podría resistir los gritos de tu madre —dijo su padre según esbozaba un leve carcajeo.

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Esa noche era una noche especial para Son Gohan. Su bella y recientemente esposa, por vez primera, no falló en el intento de prepararle su comida favorita. Un verdadero logro si consideraba que desde hacía meses comía a escondidas en la casa de su madre para evitar el envenenamiento seguro que le causarían las recetas culinarias de Videl. También era una velada destacable ya que su pequeña hija Pan dormía plácidamente hacía ya dos horas, por lo que lucía la cosa bastante bien: no habría problemas durante el resto de la noche. ¡Al fin podía descansar como debiera! ¡No luciría como muerto viviente en su trabajo al día siguiente!

Dicha perspectiva de la prolifera noche que le esperaba, una amena sonrisa decoraba el rostro de Gohan. Allí, en su mullida y cálida cama, estaba disfrutando de un excelente libro, acompañado a su vez de un excelente té relajante mientras escuchaba a su esposa hablar sobre lo agradable que había sido la visita a la ciudad junto a su pequeña Pan. Cuando dejó de leer el libro al finalizar un capítulo, se terminó la bebida y besó tiernamente a su esposa para darle las buenas noches. Antes de apagar la lamparilla encendida, el timbre sonó.

Gohan maldijo entre dientes; cosa que no solía a ser muy a menudo en su vida, por no decir nunca. Se preguntó que querría su madre a esas alturas de la noche. Le dijo a Videl que no se levantara, que iba a ir él y que no tardaría en regresar a la cama. Se puso su bata azul y bajó la escalera, llegando a la planta baja de la vivienda. Iba tranquilo y pensando vagamente en lo bien que estarían pasándolo su hermano y Trunks junto a los dos saiyans.

Seguramente muy bien.

Abrió la puerta principal sin mayor preámbulo y se extrañó al ver la típica cara sonriente dibujada en el rostro de su padre, justamente frente a él, saludándolo como de costumbre. Estaba a punto de preguntarle por qué no estaba en el campamento junto a los demás cuando se percató de la presencia de su hermano menor. Permaneció en silencio, paralizado y sin palabras nada más ver la rojez nacida en los ojos de Goten en claro síntoma de haber llorado. Pero eso no podía ser cierto: ¡Goten no lloraba o, mejor dicho, no lo había visto llorar, desde que tenía ocho años!

Gohan posó su mano sobre uno de los hombros del chico, ejerciendo una leve presión, como muestra evidente de su afecto y preocupación por él. Entonce Goten hizo algo que Gohan jamás olvidaría: le sonrió de forma falsa. Una mueca de falsa sonrisa que carecía de semejanza alguna a su verdadera sonrisa. Y todo a fin de tranquilizarlo a él; su hermano mayor.

Los pies de Gohan quedaron clavados firmemente en el suelo, enraizados, mientras se preguntaba en qué momento se habían intercambiado los roles.

—Hijo, ¿podemos entrar? Hace frio.

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Apenas había pisado la acogedora casa de su hermano, Goten pidió permiso para tomar un baño. Gohan, desconcertado, asintió y le dio una muda de ropa que seguramente le vendría grande, pero no importaba. Goten la recibió inmediatamente y se dirigió al baño sin mediar palabra.

En el baño, llenó la tina de agua caliente, casi hirviendo. Se despojó de la ropa que lo cubría, como lo había hecho ante Trunks antes de que éste se confesara y le besara de manera tan intensa.

Evitando pensar, se sumergió en el agua como si quisiera ahogar los recuerdos. Relajó involuntariamente cada parte de su cuerpo según transcurrían los segundos. Poco después, tomó una barra de jabón y comenzó a tallar bruscamente su cuello. Se enjabonó con dureza brazos y torso, así como cabeza y rostro, irritado consigo mismo, a pesar de sentir sobre sus labios el agrio sabor del jabón. Satisfecho con el resultado, volvió a sumergirse hasta la nariz, esperando que eso fuese suficiente para borrar todo rastro de olor a Trunks sobre su cuerpo. Limpiando lo que había sido injustamente ensuciado: su amistad de años.

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—Entonces no sabes qué sucedió exactamente.

Goku luchó un poco para tragar los bocadillos que Videl le había ofrecido.

—No realmente.

Gohan suspiró mientras limpiaba profusamente sus anteojos, pensando. Hacía casi una hora que Goten se había encerrado en el baño y, durante ese tiempo, Gohan había estado tratando de sacar información útil a su padre acerca de lo ocurrido. Resultado: nada.

Lo que no sabía que lo del campamento había sido un intento por reconciliarlos. Gohan se sentía avergonzado al reconocer que ni siquiera sabía que Goten estaba atravesando una crisis en su amistad con Trunks, y algo decepcionado también por asumir que Goten no había acudido a él para pedirle consejo; cosa que normalmente solía hacer. Tal vez Goten ya no estaba satisfecho con sus recomendaciones de vida y Gohan debía admitir que, debido a su dedicación familiar y laboral, apenas había prestado mayor atención a las vicisitudes que pudiera pasar su hermano pequeño. La última vez que había preguntado acerca de sus problemas hormonales, el joven le dio una corta respuesta para poder continuar con su trabajo.

Un nudo se forjó en el estómago de Gohan. ¿Acaso era un mal hermano? Se reincorporó del sofá con decisión.

—Papá, puedes quedarte en la habitación de invitados. Hablaré yo mismo con Goten para saber qué le sucede.

—¿Crees que podrás hacerlo? Parece que no quiere hablar sobre el tema.

—No te preocupes —respondió—, confía en mí. Mañana volverá a ser el mismo Goten de siempre.

Goku torció la boca en un gesto de duda pero finalmente cedió al dar un largo bostezo. Además, entre sus hijos había una relación de confianza que, lamentablemente, debido a sus largas ausencias, jamás podría igualar.

—Si llega a contarte algo prométeme que me lo contarás —intervino Goku antes de irse.

Gohan asintió con la cabeza:

—Lo haré.

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Son Gohan llamó a la puerta del baño sintiéndose intranquilo. Goten llevaba allí metido cerca de la hora. A pesar de ello, estaba seguro que no había tenido ningún accidente porque el ki de Goten estaba estable y que no había ocurrido ninguna desgracia que lastimara a un Saiyajin. No obstante, no podía evitar encontrarse preocupado.

—¿Quién es?

—Soy yo, Gohan, ¿puedo pasar?

La respuesta tardó dos segundos.

—Sí, entra.

Cuando abrió la puerta y traspasó el umbral de la misma, el vapor del agua lo recibió de golpe, aturdiéndolo por completo. Su visión tardó un poco en acostumbrarse pero finalmente pudo localizar la figura de Goten aún en la bañera. Tenía un brazo colgando lánguidamente en el filo de la tina y sus ojos asomaban por el borde al igual que gran parte de su alborotado cabello.

Gohan se arrodilló frente a él; al tiempo que revolvía esos conjunto de mechones oscuros.

—Creo que estás lo suficientemente limpio, Chibi.

Chibi. Nada más escuchar aquella palabra, el rostro de Goten se había ensombrecido instantáneamente.

"¡Estoy enamorado de ti! ¡Maldita sea, Chibi, yo te amo!"

Goten se sumergió en el agua ya tibia, escondiéndose de la vista de su hermano.

—Goten... —lo llamó Gohan entre serio y ansioso—. Vamos, saca la cabeza de ahí o terminarás ahogándote.

Varias burbujas salieron a la superficie en señal que el menor de los Son le iba quedando menos aire almacenado en los pulmones. Gohan tuvo que esperar largos minutos para que la cabeza del chico emergiera. Estaba claro que la capacidad pulmonar de un saiyajin, incluso de un semi-saiyajin, era, de largo, más resistente que la de un ser humano. Resignado, Goten asomó su cabeza y miró con recelo a su hermano mayor. Pocas veces antes había visto a éste tan serio; sin embargo, no parecía estar enojado por alguna travesura suya.

—Papá me dijo que hubo unos roces entre Trunks y tú, que te encontró muy mal después de uno en específico y que desconoce. ¿Qué fue lo que ocurrió exactamente?

Goten no pudo mantener la mirada de su hermano por más tiempo porque estaba seguro que perdería el control nuevamente y, para ser francos, no quería volver a sentirse débil hasta el punto de derramar lágrimas. Comenzó a deslizar su dedo sobre la superficie marmórea de la bañera; dibujaba con agua algunos garabatos.

—No ocurrió nada importante —respondió mintiendo franqueza—. Sólo discutimos.

—No te creo, Goten Son —arguyó firmemente, Gohan—. Dime la verdad.

El tono de Gohan era una copia perfecta de Milk. Y, del mismo modo, Goten se sintió también como la copia perfecta de su padre al reaccionar entre inquieto y confuso ante ese temperamento heredado de su madre. Goten suspiró buscando una buena forma de dejar tranquilo a Gohan y mantener el secreto que lo ataba aún más a Trunks.

—Él dijo que ya no quiere ser mi amigo —se sorprendió en cómo su voz sonó rasposa, como si le costara admitirlo—. Y creo que va en serio. Posiblemente no seamos amigos nunca más.

Dicha declaración dejó a Gohan desconcertado. Sabía lo mucho que significaba Trunks en la vida de Goten y viceversa. ¿Esos dos sin la compañía del otro? ¡Imposible! Eran los amigos más unidos que pudieran existir; incluso, fueron una misma personas varias veces. Literalmente hablando. Echar a perder una relación de ese tipo era una verdadera lástima. Para Gohan, ningún motivo era válido para hacerlo.

—No digas ese tipo de cosas. No debes resignarte así, Goten.

El muchacho se preparó mentalmente para el largo discurso moral que le brindaría su hermano. Era evidente que Gohan no sabía los detalles escabrosos que dieron como resultado su decisión de dejar que las cosas se acomodaran solas. Si Trunks decidía no acercarse a él, estaba claro que Goten no lo buscaría. Hasta quizás agradecería este hecho internamente.

—Goten, podría estar aquí horas diciéndote las cosas que ya sabes. Recordándote todo lo que habéis hecho juntos. Las veces reísteis, llorasteis y peleasteis juntos, codo con codo. Lo digo en serio: podría estar horas.

—Lo sé, Gohan, lo sé...

Gohan lo interrumpió. —Entonces eso que ha ocurrido y no me quieres contar debió dejar una fuerte huella en ti. Sea lo que sea, no puedes darle la espalda a todo lo has vivido con Trunks. Piensa en la repercusión negativa que podría generarte el romper vuestra amistad. Nunca os habéis separado y dudo mucho que sepáis arreglároslas solos sin la presencia del otro. Piensa que ha sido una simple pelea.

Goten permaneció en silencio. Podría haberle dicho que eso no dejó huella en él, que todo eso era él, era Goten. Asimismo, le hubiera gustado refutarle eso de "una simple pelea". Ellos no tuvieron una simple pelea; ellos tuvieron un complejo beso.

Pero optó por quedarse callado.

Gohan suspiró. —Lo principal aquí es: ¿Trunks es importante para ti?

Goten urgió nuevamente en el deseo de escabullirse sumergiéndose en el agua. Sobre todo, al recordar que había afirmado eso mismo hacía pocas horas atrás. Esa vez lo hizo sin dudar ni un segundo, porque todo estaba claro en ese entonces que ahora parecía tan lejano en el tiempo. Goten analizó esta vez lo que su cabeza y corazón querían responder.

—Sí.

Era innegable que Trunks seguía siendo importante para él.

—Entonces no pongas espacio de por medio entre vosotros dos —dijo Gohan—. No os alejéis el uno del otro si, en el fondo, ninguno de los dos queréis eso.

Dicho esto, Gohan envolvió sus brazos alrededor de su hermano pequeño aunque éste siguiera en la tina y su pijama quedara empapado. Goten apoyó la cabeza en el pecho de Gohan como si volviera a tener ocho tiernos años.

—Si algún día me dijeras que ya no quieres ser mi hermano pequeño, lo siento mucho por ti porque eso nunca cambiará. No importa lo que digas o hagas, Goten. Siempre serás mi hermano y yo estaré ahí cuando necesites de mi apoyo.

Esas palabras se asentaron en la cabeza del adolescente aun después de que el agua comenzara a enfriarse y de que Gohan rompiera el abrazo para dejarlo terminar con su baño.

Ya en la cama, sin prestar atención a los ronquidos de su padre, decidió que no evitaría a Trunks.

No importaba lo que dijo o hizo.

Goten sólo esperaba que Trunks no lo evitara a él.

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Lamento la demora, tuve problemas con word :(.

Quiero agradecer nuevamente a Silenciosa por la excelente revisión :) también a los lectores que comentaron y pusieron la historia en alertas y favoritos ¡Gracias!