Las primeras citas
"Saber no es suficiente; debemos aplicar. Estar dispuestos no es suficiente; debemos hacer"
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Un gesto más serio del habitual se apoderó de la cara de Levi. Lo miró al chico que insistía en ser su cita, y se levantó de su silla.
—Disculpame un momento—dijo y se le acercó, sólo para pasarle por al lado y salir de la oficina.
Miró las paredes del pasillo algo confundida, hasta que se le prendió la lamparita de su cerebro. Claro, ya sabía de qué se trataba todo eso.
Sin pensarlo dos veces abrió la puerta de la oficina de Hange, sorprendiéndola de momento.
—¿Enana?
—¡Yo sabía!—gritó Levi y luego se largó a reír— Aunque por un momento de verdad creí que ibas a presentarme a alguien para tener una cita. ¡Debí habérmelo imaginado desde un principio que se iba a tratar de una broma! Esta vez sí que me hiciste reír, loca, eh.
—¿Eh?—Hange se sacó sus característicos lentes de pasta marrones y la miró mejor— No me digas que Eren todavía no llegó… le dije que fuera puntual—suspiró notándose en verdad mortificada. La risa de Levi cesó de inmediato.
—¿El "hombre" que ibas a presentarme es ese pendejito? ¿Es una broma, Han? Si ese crío tiene 18 años es mucho—comentó verdaderamente asustada. No podía ser. Hange tenía que estar burlándose de ella.
Su amiga se levantó visiblemente ofendida largando unos papeles que tenía en la mano.
—Ese "pendejito" es mucho más hombre que tu ex marido.
—O sea que… sí es verdad que pretendés que salga con ese crío…
—Uff. Dale una oportunidad, Lele. Eren es divino. Salí con él y velo por vos misma.
—Ni lo sueñes. No. Ni en pedo.
Hange asintió.
—Está bien. Como quieras. Por otro lado… sería una pena que todos se enteraran de cuánto te gusta que una buena verga te coja de-
—¡Ya!—la interrumpió tapándole la boca de un manotazo— ¡Entendí! Voy a salir con él. La puta madre que te parió.
Hange sonrió triunfante mientras volvía a sentarse y veía a su amiga dar un portazo con furia. Sabía que todo era por su bien, así que se despreocupó y siguió haciendo de cuenta como que trabajaba.
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Levi entró a paso de elefante a su oficina para luego tomar la mano del chico sin mucha delicadeza.
Salieron, ella enojada y haciendo que sus tacos resonaran por todo el pasillo, y el chico con cara de duda, siendo arrastrado por esa, sorpresivamente, fuerte mujer. Las secretarias de turno miraban la escena con incredulidad. No entendían qué hacía Levi Ackerman de la mano de ese chico. Ni por qué salía del edificio.
Ni bien estuvieron afuera del lugar e hicieron apenas unos cuántos pasos, Levi se detuvo en seco y le soltó la mano al pobre chico, que no entendía nada.
—¿¡Cómo no lo supuse antes!? ¿Cuánto te pagó?
—¿Eh? Disculpe, pero, ¿de qué está hablando?
—¡Hange!—gritó ya sin mucha paciencia— ¿Cuánto te pagó por que salieras conmigo? Te lo duplico para que le digas que tuvimos una excelente cita pero que no funcionó.
La cara de "No entiendo nada" del otro dejaba muy poco a la imaginación. De igual modo Levi aguardó por una respuesta.
—Nadie me pagó nada—Levi se agarró el puente de la nariz—. Oiga, si de verdad odia tanto la idea de que la vean conmigo lo dejamos todo acá y me puedo ir. Sin rencores—ofreció ya algo molesto ante tanto desprecio.
Levi paseó la mano de su nariz a su pelo, restregando los cortos cabellos con algo de desesperación.
—No. No. Vamos… vamos a almorzar, no puede ser tan malo. Y por favor, dejá de tratarme de "usted".
Ya en el restaurant, uno que quedaba unas diez cuadras lejos de la empresa, los dos no sabían a dónde mirar después de haber inspeccionado sus respectivos menús. Hasta que vino el mozo para sacarlos de esa incomodidad. Y colocarlos en otra…
—Buenos días, chicos. ¿Ya saben qué van a pedir?
¿"Chicos"? Levi quería preguntarle al tipo si era ciego o simplemente estúpido. Está bien que la genética siempre había estado de su lado en cuanto a tener una piel tersa y cuerpo firme, pero sus ropas no eran exactamente de una "chica". ¿En qué universo una "chica" usaba un traje Armani? Una "chica" no tendría ni para pagarse la falda de su conjunto, maldita sea. Tal vez era debido a su estatura de gnomo… Como fuere, notó la cara de susto del mozo y dedujo que la suya debía estar completamente fruncida debido a su molestia, así que decidió dejar de mirarlo para recitarle el pedido, el cual consistió en una ensalada César y un agua mineral.
—¿U-usted?—le preguntó a Eren, quien lo miró apenado, entendiendo su temor.
—Yo quiero una hamburguesa con cheddar sin pepinillos, por favor. Y una Pepsi.
—Enseguida. Permiso.
Comieron en silencio. Al principio, al menos. Eren parecía querer hablar, pero bastaba con ver la cara de desagrado de Levi cada vez que amagaba a decir algo, para mantener su boca cerrada y masticar sin hacer un show de su hamburguesa triturada. Pero ni bien la acabó, quiso intentarlo. Había una parte de él que le decía "Intentá". Una parte muy suicida.
—Hange me dijo que eras redactora jefe—Levi tan sólo lo miró—. Debe ser abrumador tener tanto para hacer. Digo, calculo que tiene que estar pendiente de que todo esté perfecto. De hecho, las veces que leí Les Vêtements me llamó la atención lo bien editada que estaba. Y eso que no soy fanático de la moda.
Levi, lejos de querer contradecir ese último comentario, cosa que era algo obvio puesto que jeans rasgados y una remera de Iron Maiden para una primera "cita" era simplemente desastroso, quedó sorprendida por otra cosa.
—¿Leíste mi revista?
—Sí. Bueno, no por motu proprio, pero como mi hermana es modelo desde que tiene 17, medio que yo siempre terminaba sabiendo más de la cuenta de cosas de moda. Y Les Vêtements es una de sus revistas predilectas, así que… sí, alguna que otra vez la leí. Es diferente a muchas revistas de moda. Es todo muy… perfecto. Y, de alguna manera, lo que dice resulta interesante sin ser enteramente soberbio. Incluso para alguien como yo.
Por primera vez en el día Levi sintió ganas de sonreír. Mucha gente halagaba su trabajo, pero la mayoría eran cabezas huecas que lo hacían sólo para quedar bien parados. No necesitaba que un chico de look desprolijo le dijera que su revista era interesante para saber que era interesante en efecto, pero era fuera de lo común, y eso le gustó. Ese halago sonaba… genuino.
—Y vos… ¿estudiás? ¿Vas al colegio, o… ?
Eren se rio, aunque en su risa no había un tono de burla.
—Estoy en mi último año de periodismo deportivo. Me faltan cuatro materias para recibirme. De momento estoy trabajando en una radio. Son apenas tres horas al día pero aprendo mucho, incluso más que en la facultad podría decirte. Sé que parezco chico, pero creo que luzco mayor de edad al menos…
—¿Qué edad tenés?
—En marzo cumplo 23.
—O sea que tenés 22. Y… ¿vivís con tus papás?
—No, no. Ellos viven en Alemania. Bueno, en realidad todos vivíamos allá, nacimos allá con mi hermana, incluso. Pero a mi viejo le salió trabajo acá en Argentina cuando cumplimos 5 años y vinimos todos. Él es médico. Después, a los años… bueno, decidió que quería volver a su país, pero yo ya había hecho amigos acá, tenía planeado qué estudiar, y mi hermana había entrado en una agencia de modelos. La idea, según él, era que terminemos el secundario y que volvamos, pero ni yo ni mi hermana quisimos. Terminamos y decidimos quedarnos. Mis viejos se volvieron a Alemania, y con Isabel, mi hermana, nos alquilamos un departamento con algo de guita que nos habían dejado. Después con el tiempo cada uno empezó a ahorrar de trabajos que tuvimos hasta que terminamos viviendo cada uno en su lugar.
—Hange me contó que tu hermana es modelo… ¿es conocida?
—Mmm, algo. Hizo algunas publicidades para marcas de ropa interior y maquillaje. A ver, esperá que te muestro una foto—dijo mientras buscaba en su celular. A los segundos apuntó la pantalla hacia ella y le mostró una foto en donde estaba él abrazando a una chica muy parecida y muy hermosa. Desde la distancia pudo advertir que tenían el mismo color de ojos.
—Son…
—Mellizos, sí. Aunque ella es mucho más linda, se llevó todos los buenos genes de mamá—agregó entre risas.
Levi quiso decirle que no le parecía así. Que él era tan lindo como su hermana, sólo que le faltaba arreglarse un poco era maraña que tenía en la cabeza y le tapaba casi medio rostro. Y definitivamente un cambio de look era requerido. Pero no dijo nada y le devolvió el celular.
—Ya son las dos. En un rato tengo que ir a la facu. ¿Te parece si vamos yendo?
Levi asintió y le hizo un ademán al mozo para que trajera la cuenta. Claro que cuando éste volvió y la dejó en la mesa, Eren fue más rápido y la tomó entre sus manos, insistiendo en que él iba a pagar, que si quería pagar ella, iba a tener que invitarlo a una segunda salida. Con eso logró callarla.
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Una vez que llegaron al edificio, Levi creyó que Eren se despediría en la entrada, pero lo miró extrañada cuando vio que no planeaba irse a ningún lado. Eren notó la incomodidad de Levi por lo que le explicó que le gustaría saludar a Hange antes de irse.
Subieron juntos entonces, mientras que las miradas de los trabajadores casi que violaban su espacio personal. Aunque a Eren poco le importó.
Levi se sorprendió al ver la puerta de su oficina abierta, hasta que llegó hasta ella y vio a Hange sentada en su silla mientras jugueteaba con su celular.
—¡Ah! ¡Llegaron! La pasaron bien por lo que veo, eh. Más de quince minutos afuera, Lele. Toda una novedad.
—Han…
—¡Eren! ¡Qué lindo estás! ¿Cómo estás?
Eren se acercó a la excéntrica mujer y le dio un cálido abrazo que fue bien recibido. Levi miraba la escena con molestia. Quería-no, necesitaba, estar sola.
Por suerte Eren se dio cuenta de ello por lo que se apuró y no inició charla con Hange. Tal vez en otra ocasión.
—Bueno, la pasé muy bien, Levi. Me gustaría volver a salir—como nadie dijo nada, Eren prosiguió, no sin antes atreverse a tomar un post it y un bolígrafo del escritorio de Levi—. Acá te dejo mi número. Si querés me podés mandar un mensaje. O llamar. Como quieras. Bueno, chau, Han, fue un gusto volver a verte.
Y se fue sin más.
Una vez que Hange se aseguró de que no quedase ni un pelo de Eren, habló emocionada.
—Tenés que darle una oportunidad.
—¿De qué hablás? Ya le di una oportunidad, Hange. Salí con él. ¿Qué más querés qué haga?
—¿Y? ¿Qué te pareció?
—Nada—comentó encogiéndose de hombros mientras buscaba algo con la vista en su escritorio—. Che, ¿dónde están las fotos que me iba a traer Nanaba?
—No me cambies de tema, Ackerman. ¿Cómo que "nada"? No te creo. Eren no pudo no generarte nada. Yo entiendo que no es rubio y musculoso como te gustan a vos, pero tenés que salir de tu zona de confort. Además, es divino por donde lo mires. Algo te tiene que generar.
—No sé qué tiene que generarme. Es un pibe más en el mundo, Hange.
—¡No! No te lo hubiera presentado si fuera así. Estudia, trabaja, es honesto, es lindo, es bueno. Es genial. Y si te lo presenté fue porque sé que si saldría con alguien como vos, no lo haría por interés.
Ante eso último, Levi se rio.
—Todos salen con alguien por interés.
—Sos imposible, Levi. Me tomo el trabajo de presentarte a un excelente candidato para que por fin una puta vez en tu vida te des la oportunidad de pasarla bien, y lo arruinás. La verdad… me tenés harta—dijo para después irse sin molestarse en cerrar la puerta.
—Tch. Qué dramática—murmuró para sí. Buscó en su agenda el número de Nanaba y la llamó desde el teléfono de su oficina. Necesitaba esas fotos con urgencia. Y necesitaba volver a su realidad, la cual consistía en dedicarse de lleno al trabajo.
Estuvo haciendo llamadas, reportes e informes hasta las ocho aproximadamente, y cuando decidió que su cerebro ya no funcionaba más, se dio el lujo de respirar. Guardó sus pertenencias y ordenó (más, todavía) su escritorio antes de irse. Cuando llegó a la puerta notó el post it que le había dejado Eren, tirado en el suelo. Seguramente se había caído en el revuelo de papeles. Lo levantó con intención de tirarlo, pero cuando lo tuvo en sus manos y leyó lo que decía, no sólo figuraba un nombre y un número de teléfono, sino una sonrisa al final del mismo. Suspiró por milésima vez en el día y, tras asegurarse de que nadie estuviera viendo, guardó el post it en su bolso.
Volvió a casa cansada pero medianamente satisfecha, como cada noche. Se bañó, cenó, y se acostó con la intención de dormir. Como vio que no podía decidió ver qué encontraba en Netflix. Al cabo de una media hora dio con una película de acción que terminó teniendo un innecesario romance heterosexual que desvió la trama principal. Así que la apagó algo molesta. ¿Por qué todo necesitaba tener un tinte romántico? Su vida carecía de eso y estaba bien así. No necesitaba salir con nadie. Ya había probado algo todavía más extremo como el matrimonio, y no le funcionó. ¿Entonces? Entonces nada, se dijo. Así que se dio media vuelta y cerró los ojos.
Pero así como los cerró, los volvió a abrir. Había algo que le molestaba. Algo que le jodía. Le quedó grabada una escena de esa película de mierda que hacía momentos había visto, y no podía dejar de pensar en ella. En dicha escena el protagonista se encamaba con su colega, quien le confesaba sus sentimientos que resultaron ser correspondidos, obviamente. Como toda película mala que es de acción pero no es de acción. Lo que le jodía era extrañar ciertas cosas de estar en pareja, como por ejemplo que la den vuelta como una media cuando no podía dormir. No tenía a nadie, y el sexo casual no era lo suyo. Por otro lado, tampoco se veía en una relación romántica nuevamente. Pensó en masturbarse, pero eso le llevaría mucho tiempo, ya que después seguro le daría hambre y no tenía ganas de salir de la cama a buscar comida. Mucho menos cambiarse la ropa interior. No. Optó por intentar dormir. Así tuviera que fingir.
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Las ojeras que de costumbre adornaban sus ojos estaban más persistentes que nunca esa mañana. Aunque, como cada día, Levi las ignoró tapándolas con algo de corrector y base. No sin antes asearse, desayunar, y volver al baño a lavarse los dientes por segunda vez.
Antes de salir revisó su celular para sorprenderse de no encontrar mensajes de Hange. Esperaba al menos unos cinco WhatsApps retándola por su conducta tan esquiva. Seguramente su amiga se había cabreado en serio.
¿Y si probaba? ¿Y si le mandaba un mensaje a Eren y lo invitaba a… algo? Ya habían compartido un almuerzo y no la pasó mal tampoco. De hecho, y aunque le costaba admitirlo, Eren le había resultaba bastante encantador. Si tan sólo no le llevase más de diez putos años…
—Es ahora o nunca—dijo en voz alta antes de hacer lo impensado.
Hola, Eren, soy Levi. Ackerman. No la pasé mal ayer, así que pensé que tal vez podríamos comer juntos otra vez.
Lo releyó tres veces para asegurarse de que no tuviera faltas ortográficas ni que sonara como una desesperada, y lo envió.
A Levi le hubiera gustado que la mitad de sus empleados respondieran con la velocidad que lo hizo Eren.
Me encantaría. La verdad no tenía muchas esperanzas de que quisieras volver a verme, pero me alegra haberme confundido.
Una diminuta sonrisa se le escapó. Diminuta. Pensó por un momento qué responder a esa contestación.
Pasame tus horarios libres así arreglamos.
Eren hizo como Levi le pidió y concretaron una próxima salida para dentro de dos días.
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—Buenos días, reina—saludó Farlan muy coqueto, entrando a la oficina de Levi sin pedir permiso.
—Estoy ocupada. ¿Qué querés?
—Te traje unas fotos que le pediste a Nanaba, y la entrevista a Cartier.
—Al fin. Dejalas acá que enseguida las reviso.
—Levi, te veo contenta hoy, ¿o es idea mía?
—Siempre estoy contenta.
Después de calmar un pequeño ataque de risa, Farlan por fin volvió a hablar.
—Como digas, linda. Mmm, ¿estás muy ocupada? No importa, ¿no querés venir a almorzar conmigo? Abrieron una casa de sushi de lujo a dos cuadras.
—No, Far. Hoy no. Otro día. Quizá.
—Me destrozas el corazón.
—Ajá, sí. Ahora andate que tengo que mucho que hacer.
—Está bieeeen.
Justo antes de que Farlan se fuera, entró Hange. Estaba seria y llevaba unos sobres color madera consigo.
—Acá te dejo las fotos de los modelos para la campaña de invierno—le dijo a Levi sin mirarla a los ojos y apoyado de mala gana los sobres en el escritorio.
Levi se dio cuenta de que su amiga seguía enojada, así que optó por comentarle acerca de su próxima cita con Eren.
—¿Es en serio?—preguntó realmente sorprendida. Cuando Levi asintió, Hange se le tiró encima para abrazarla— ¡Lele! ¡Es la mejor noticia que me podían dar en el día! Contame ya cuándo se ven y en dónde. ¿Van a ir a un telo? Me imagino que Eren va a llevar preservativos pero por las dudas vos llevá también. ¿Qué te vas a poner?
—Calmate, Cupido. Vamos a vernos al mediodía para ir a comer. Nada más.
—Bueno, es algo.
Hange continuó atosigando a Levi hasta que ésta se cansó y la mandó a trabajar.
Ese día le pasó diferente. Si bien tuvo que encargarse de decenas de cosas, fue, de alguna manera, más llevadero. Se le ocurrió que se debía al entusiasmo de tener una segunda… ¿cita? con Eren, pero lo descartó de inmediato.
Desde el miércoles Levi empezó a prepararse mentalmente para la cita en cuestión, aunque cuando llegó el jueves todavía estaba un poco ansiosa. Tenía muchos cuestionamientos encima. Se preguntó por qué un chico joven y estudioso como él se fijaría en una treintona amargada como ella. Recordó lo que Hange le dijo acerca de que era un pibe desinteresado, pero tal vez lo hacía por lástima. Su inseguridad la atacó de a momentos, hasta que dieron las doce y media y escuchó unos golpes en su puerta.
—Sí, adelante.
Cuando se abrió vio a Farlan. Tenía cara de traerle un chisme jugoso, o al menos eso le pareció a la empresaria.
—¿Tocando, vos?
Justo en ese momento, como habiendo calculado, se apareció Eren por atrás.
—Hola, buenos días.
—Eren. Ya estoy con vos. ¿Farlan? ¿Tenías algo para darme… ?
El hombre la miró curioso y negó. Eren, quien observaba la escena un paso afuera de la oficina, vociferó que la esperaría abajo, ya que notó que su presencia interrumpía lo que sea que estaba interrumpiendo.
—¿Quién es ese?—preguntó Farlan con seriedad. Levi sabía qué significaba ese tono.
—Tranquilo, vaquero. Hasta donde sé no patea para tu lado, así que ni te molestes.
—Pero, ¿es uno de los modelos? Dios, Levi, está para comérselo crudo. A ese le dejo que me haga hasta la cola.
—Farlan… No, no es uno de los modelos. Es… es un amigo.
—…
—¿Qué mirás así?
—Ah, no. Me muero. ¿Te estás comiendo a ese bombón? ¡Levi! ¡No lo puedo creer! ¡Tan calladita!—gritó como si las paredes fuesen de plomo, mientras evitaba reírse como loco.
—No me estoy comiendo a nadie, pero vos te vas a comer una piña si seguís gritando así. Andá a trabajar, ¿querés? No se puede salir a almorzar siquiera sin que inventen cosas, tch.
—Sí, sí, jefa, como quiera—se burló—. Una cosa solamente—dijo y Levi enarcó una ceja demostrando que estaba hartándose—: cuidalo, porque las secretarias de abajo se lo morfaron con la mirada recién. Y Karen, la asistente de la modista, se le acercó para hablarle.
—Como si me importara. Ahora, chau.
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—Sí que te tienen miedo las chicas de abajo—comentó Eren tratando de no tentarse demasiado. Levi les había respondido muy tajante a dos secretarias que no paraban de mirarlos.
—Me respetan—corrigió—. ¿A dónde querés ir?
—Si te gusta el sushi, abrieron uno hace poco acá cerca. Y si no te molesta que nos vean juntos tan cerca de la empresa—agregó con ironía, puesto que se dio cuenta de que la vez pasada habían caminado tanto sólo para evadir conocidos.
—Hoy es el día de joder a Levi, parece.
Almorzaron con una amena conversación de por medio. Eren le habló un poco más en profundidad de sus estudios, y Levi le explicó en mayor detalle de qué se trataba ser redactora jefe.
—O sea que te la pasás trabajando…
—Y, sí. Es la vida que elegí, Eren.
—Sí, bueno, pero… uno tiene que darse algunos gustos de vez en cuando. Por ejemplo, yo me la paso estudiando, sin embargo, algún que otro fin de semana salgo con amigos o me tomo unas mini vacaciones, aunque sea de dos días. Sino la cabeza no me funciona.
—Suerte que vos podés. Si yo no me ocupo día a día de Les Vêtements, esto se viene abajo. Trabajo con muchos incompetentes.
—No dudo que la revista funciona como funciona gracias a tu esfuerzo, Levi, pero tenés que pensar un poco en descansar. Sos muy linda, pero tus ojeras se ven incluso con todo ese maquillaje que te pusiste.
Levi tocó sus ojos inconscientemente. ¿Tanto se le notaba la cara de muerta?
—Mirá, el viernes de la otra semana es el cumple de Marco, un amigo. Pensaba ir para distraerme un poco de tantos exámenes. ¿Pensé que tal vez querrías acompañarme?
—No sé, Eren. No me parece adecuado. Estoy un poco grande para fiestas.
—¡Por favor!, hablás como si tuvieras mil años, Levi. No te quiero insistir, pero pensalo y me contestás en la semana, total hay tiempo.
Hablaron un rato más hasta que se dieron cuenta de que se había hecho algo tarde.
—Ni me fijé en la hora. Tengo que irme a la facu.
—¿En dónde cursás?
—En provincia. A dos horas de acá en colectivo. Pero me parece que me voy en taxi sino no llego.
—Te llevo.
—¿Eh? No, no, no quiero molestarte así, Levi.
—Si me molestase no te lo sugeriría. Volvamos que tengo el auto en el estacionamiento.
Después de un poco de insistencia Eren terminó cediendo. Una hora después, gracias al tránsito de la tarde, llegaron por fin al campus.
—No sé cómo agradecerte por traerme.
—No es nada.
—Sí que es. Bueno, de verdad, gracias. ¿Nos vemos en la semana?
—Está bien.
Antes de bajar, Eren se acercó para saludarla con un beso en la mejilla. Levi no se esperaba ese contacto, por lo que se quedó inmóvil unos segundos.
—Bueno, gracias de nuevo. Nos vemos después—dijo y bajó.
Levi se quedó esperando a que Eren entrase al edificio, y cuando estuvo por arrancar después de asegurarse de ello, una conversación cercana llamó su atención. Eran dos chicas que estaban apoyadas contra una de las rejas del campus. Desde su periférica Levi podía verlas, pero ellas no.
—Qué bueno se puso Eren.
—Sí, una lástima que hayamos terminado. Voy a ir bien puta a la fiesta de Marco a ver si me lo puedo levantar.
—¡Vos lo dejaste por Mateo!—comentó la otra entre risas— Pobre Eren, dejá de volverlo loco.
—Ya sé, pero Mateo no me coge ni la mitad de bien que me cogía Eren.
Levi no pudo ni quiso escuchar más. Esa conversación había logrado ponerla muy incómoda. Eren y ella jamás habían tenido un acercamiento sexual. Está bien que esa era la segunda vez que salía con él, pero igual, se preguntaba a dónde se dirigía su… ¿relación? ¿Tendría fines sexuales en algún momento del recorrido? No sabía. Lo que sí sabía, sin embargo, era que imaginarse a Eren con esa chica no le había gustado nada.
Puso en marcha el auto nuevamente, pero antes de arrancar sacó su celular. No iba a arriesgarse.
Eren, cambié de idea. Sí quiero ir con vos al cumpleaños de tu amigo.
