Capítulo 2: Escúchame

Tal como había prometido la noche anterior, ya se encontraba tocando el timbre de la casa de Hiccup a las once en punto de la mañana de Sábado, con los guantes de Stormfly que había olvidado entre al alboroto que se había armado ella sola antes otra molesta llamada que le imposible ignorar a causa de la insistencia.

Y a decir verdad, la que más molesta se sentía por ello era Astrid, se trataba de su mejor amiga y en verdad estaba cansada de verla ante el teléfono para rechazarlo de nueva cuenta, aunque eso no era todo. La razón por la que Stormfly había terminado con él hacía poco más de un año, era porque él era ese típico hombre posesivo que no la dejaba ni respirar sin dar una explicación del por qué lo hacía.

Lo peor de todo, era que creían que ya todo se había acabado meses atrás cuando se vieron por última vez solo para dejarle claro que Stormfly no estaba interesada y quizás nunca lo había estado por completo. Oh sí, Astrid creía firmemente que había aceptado ser la novia de un tipo como él con la finalidad de dejar atrás a Toothless.

— ¿No estás siendo muy cruel contigo y con él? — le había cuestionado Astrid, esa noche en la que había dado un sí muy inseguro.

— No lo creo, además, Dave me gusta.

—Pero no como Toothless. — Stormfly no supo cómo responder — Tú estás enamorada.

— No estoy de humor para conversar de esto As.

— ¿Y cuándo sí? — Negó antes de abrazarla y ser correspondida— Toothless es un gran chico al que seguro también le gustas.

La puerta se abrió para mostrar al gran hombre que vivía en esa casa, Stoick, quien gritó de emoción al verla y dejarla entrar, no sin antes darle un fuerte apretón de manos, que ya podía soportar, pues aun recordaba la primera vez que sintió su mano ser aplastada sin remedio al no esperarse tal fuerza en un simple apretón.

— Buenos días, señor Stoick.

— Tan educada como siempre, ¡entra! — Astrid asintió pasando a saludar a Valka que terminaba de ponerse guantes— ¡Hiccup, ya llegó tu futura esposa!

— ¡Stoick! — Regañó Valka al jurar que el rostro de Astrid se había quedado casi tan blanco como la nieve— Ellos solo son amigos.

Astrid no sabía ni que hacer, por lo que optó por dirigir su mirada a las escaleras, pretendiendo ignorar a los padres de su amigo, quien se encontraba a un par de pasos para descender, sintiendo los nervios de ver a Astrid luego de que su papá pusiera las cosas un poco tensas. ¿Por qué todo el mundo se había empeñado a emparejarlos en los últimos días?

Todo había comenzado por culpa de Toothless y Stormfly con el muérdago, días atrás y de ahí, todo el mundo se empeñaba en hacerlos sentirse incomodos en mitad de una reunión divertida lejos de ser una cita.

De hecho, le sorprendió que Astrid accediera a ir antes que los demás a reunirse con él en su casa, sabiendo que sus padres saldrían por las primeras compras navideñas y se encontrarían a solas por lo menos un par de horas y más aún cuando los gemelos los habían escuchado conversar, volviéndolos el centro de atención de la mesa, por no decir que de toda la cafetería. ¿Dónde le veían el romance al enseñarle a hacer galletas de jengibre?

¡Todo el mundo hace galletas de jengibre para navidad!

Bueno, hasta la mamá de Astrid le había insinuado que no creía en la palabra "amigos" cuando la usan con ellos.

— A decir verdad Hiccup— comentó con naturalidad la mujer que lo acompañaba en la cocina, mientras Astrid peleaba con Stormfly en la sala para responder el móvil—Eres el único chico que me parece perfecto ara mi hija.

— ¿Disculpe?

—Vamos, nadie les cree esa amistad tan linda que poseen.

Y ahora su papá. Solo esperaba que eso no hiciera la situación incómoda una vez que los dejaran solos. Se palmeó la cara y comenzó a bajar, fingiendo no haber escuchado absolutamente nada, aunque su papá se encargó de repetirlo.

— Vamos Hiccup, no la hagas esperar, ¿acaso no…

— Vamos Stoick, se nos hace tarde— por suerte para ambos, Valka ya se lo llevaba afuera, permitiéndoles respirara de nuevo al cerrarse la puerta.

Astrid soltó una pequeña risa para liberarse de su tensión mientras se quitaba los guantes, la bufanda y el gorro. Colocando todo en el perchero, lista para comenzar con su pequeña clase.

— Los chicos llegaran a eso de la una.

— Bien, el tiempo suficiente.

— Ya está todo listo, vamos a la cocina.

Ambos caminaron hasta el lugar, donde Hiccup ya tenía todo listo para preparar las tan anheladas galletas de jengibre. Las cuales, le había jurado a Astrid, eran más sencillas de hacer de lo que parecían y la verdad esperaba que fuera así, ya que no quería desesperar a Hiccup con su torpeza en la cocina.

—Comencemos con el azúcar, el agua, el cacao, el jengibre….

— ¡Espera Hiccup! Más lento, ¿cómo van o qué?

El castaño se río burlonamente al verla con una taza a medio llenar de azúcar.

— Perdón, perdón, es la primera vez que le enseño a alguien a cocinar.

— No es gracioso.

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— ¿Y si ponemos otro muérdago?

Stormfly lo recriminó con la mirada conteniendo las ganas de golpearlo en la cabeza con aquella tonta idea.

— Admitámoslo, no se van a confesar nunca.

— Snotlout, eso no ayuda mucho, ¿sabes? — le respondió Fishlegs antes de darle otro mordisco al panqueque que recién había comprado.

— ¿Y si les decimos que se gustan sin que el otro se dé cuenta? —sugirió la gemela poniéndose frente a todos, obligándolos a detener su caminata por el centro comercial.

— Los dos son igual de obstinados—respondió Toothless, comiéndose de golpe el último pedazo de pastel que compartía con Stormfly.

Tuffnut chasqueó los dedos, llamando la atención de todos.

— Me disfrazaré de cupido y entonces…

— ¡No! —gritaron todos al unísono retomando la caminata.

Todos estaban decididos a ayudar, pues ya habían esperado mucho tiempo a que las cosas se dieran por sí solas y que nada pasara.

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Con harina en toda la cara, Astrid se dejó caer rendida al sofá, luego de haberse equivocado un par de veces, por fin había conseguido que la masa no se rompiera y proceder así a la cocción de diferentes figuras.

Hiccup se sentó a su lado, una vez había programado el cronómetro para saber cuándo estaría lista su creación. Ambos se quedaron en silencio un momento. De pronto, Astrid visualizó una pequeña flor al lado del televisor apagado.

— ¿Acaso eso es muérdago?

Hiccup suspiró antes de responder y darse cuenta de a qué se refería exactamente.

— Sí, mi mamá piensa poner algunos por toda la casa la noche de navidad — de pronto se empezó a sentir nervioso— los pondrá en lugares estratégicos porque quiere formar algunas parejas…

Justo al terminar de decirlo, sintió un enorme arrepentimiento por no haber elegido con más inteligencia sus palabras, pues no necesitaba ver a Astrid, además de que no podía hacerlo, para saber que el tema le pudo haber resultado un poco incómodo.

— Y…a ti, ¿te gustaría besar a alguien?

Ninguno de los dos sabía cómo responder a la pregunta o cómo reaccionar, puesto que, Astrid no entendía por qué la había formulado en primer lugar, pero debía admitir que estaba esperando una respuesta en concreta, aunque no sabía con seguridad cuál. Mientras que Hiccup no podía creer que le preguntara aquello después de lo que había pasado, ¿de verdad no se daba cuenta que a quien quería, quiere y espera besar era ella?

Sin miedo, pero ocultando su nerviosismo, Astrid se giró en su asiento para ver de frente a su amigo que tenía los labios apretados, casi como si pensara qué responder, lo que le hizo pensar a Astrid que sí había alguien y se negaba a la idea de aceptar que sentía desilusión el no ser ella. Pero esa ocasión parecía que sí. Dejó sus pensamientos de lado para tratar de hacer presión con la mirada y que Hiccup respondiera de una buena vez.

— La verdad es que sí. — Reunió todas sus fuerzas y valor para responder, sin embargo, no podía mirarla aún, pues sentía que sus ojos hablarían por él y tenía intenciones de hacer otra cosa — pero, no sé si ella quiera, ¿tú qué opinas?

Respiró hondo antes de girarse también y poder enfrentarla al fin, descubriendo que quedaban más cerca de lo que creían, haciendo que la tensión incrementara tanto como el ritmo cardiaco.

Fue el turno de Astrid para pensar bien sus palabras. Sentía una emoción rara que crecía en su interior. Inconscientemente, miró los labios de Hiccup que la incitaban a terminar con la distancia de una buena vez y terminar lo que habían empezado.

— Dudo que no, eres un chico increíble Hiccup, — se sonrieron mutuamente. —Quizás debas preguntarte, ¿realmente lo quieres tú?

No se dieron cuenta de en qué momento comenzaron a avanzar lentamente, acercándose cada vez más, queriendo sujetar la mano del otro sin intentarlo por miedo al rechazo.

— Sí, más de lo que pensé— susurró sin dejar de ver los labios entreabiertos de ella, casi tan cerca como la última vez.

Las palabras sobraron en ese instante y se tomaron las manos con más seguridad. Se sentían tan nerviosos como ansiosos por poder al fin, aclarar muchos pensamientos turbios que pasaban por la mente de ambos desde hacía mucho tiempo, pero que, nunca habían podido resolver e incluso, algunos habían preferido dejarlos morir en la profundidad de sus memorias.

El timbre sonó.

Sus amigos habían llegado y solo abrieron sus ojos sin acortar la distancia, soltando, sin quererlo, con lentitud sus manos y empezar a reincorporarse. Hiccup fue directo a la puerta, mientras Astrid casi corrió a la cocina a mirar a través del cristal del horno como las galletas se veían un tanto diferentes.

— ¡Llegamos! — gritó Toothless una vez dentro, empezando a oler por todos lados el aroma de las galletas. — Espero te hayan quedado bien Astrid.

— Yo lo dudo— comentó con cierta burla, Stormfly mientras iba directo a la sala seguida de los gemelos y Fishlegs.

— ¡Stormfly! — recriminó Astrid desde la cocina.

El ambiente se había hecho ruidoso y alegre, pero los corazones de Hiccup y Astrid seguían acelerados y no dejaban de repasar el momento que cavaban de pasar, pues por un momento lo habían sentido como un sueño.

— Te noto raro Hiccup.

— ¿De qué hablas Snotlout? Entra de una vez.

Y con ese simple comentario, Storm y Toothless, sonrieron gustosamente llenos de picardía, sin compartirlo el uno con la otra. Algo había pasado y no se quedarían con la duda, pero mientras eso pasaba, disfrutarían de la primera reunión entre todos, desde que habían comenzado las vacaciones.


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En memoria de J.K.

19-Diciembre-2016