N. de la A.: Em, no sabía si sería una buena idea subir esto, pero bueno, acá está… También me dio un poco de curiosidad saber cómo sería la interacción de Yuuki y Zero en esta situación :)
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El regreso de la paz
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En una gran casa de tres pisos, risas contentas y clamorosas resonaban en todos los rincones de una habitación subterránea. Dos parejas y sus hijos pasaban el tiempo en forma ociosa, sentados cómodamente en un sillón acolchado mientras miraban a sus criaturas divertirse hasta el hastío. O mejor dicho, cómo uno de estos pequeños se divertía a expensas de los demás.
Juri, con su largo pelo ondulado atado en la nuca, giró la cabeza en dirección al vampiro que consideraba su hermano postizo y, sin dejar de reír, le dijo:
−Ricchan, siempre me pregunté…
−¿Si nuestro hijo es un sádico? −terminó Yuri, mirando la interacción de los chicos con ojos consternados ¿A dónde fue a parar el amor cariñoso y dulce tan común entre los niños? Sí, su hijo era un purasangre y estaba lejos de parecerse a un vulnerable chiquito humano, pero Kaname no era muy diferente en ese sentido y aun así era una ternura de jovencito ¿De dónde había salido el extraño sentido del humor de Zero (si es que se lo podía llamar sentido del humor)?
−Ay, yo no estaba ni cerca de decir eso. −Juri parpadeó. En realidad, era acerca del querido Zero, pero: −Nada más iba a preguntar si Zero-kun está enamorado de nuestro Kaname.
De ser cualquier otra persona, Yuri hubiera boqueado como un pez fuera del agua. Como, en cambio, era casi una purasangre hecha y derecha, lo único que hizo fue mirar a su hermana postiza con ojos inexpresivos que pese a su reserva lograban transmitir su profunda confusión e incredulidad.
−¿Qué? −agregó.
Haruka, quien había estado ocupado dándole palmaditas consoladoras en la cabeza a un Kaname que no paraba de lloriquear, se detuvo en seco cuando escuchó las palabras "Zero-kun", "Kaname", y "enamorado" en la misma oración. Soltó una carcajada al ver la expresión de Yuri.
−Estoy seguro de que te resulta familiar la rutina de tirar de las colitas.
−Tirar de las colitas… −repitió Yuri con lentitud−. Eso… explica bastante −dijo, suspirando−. Ya me estaba preocupando. Pensé que le gustaba hostigar a Kaname-kun. −Bueno, eso era verdad, pero no por las razones que ella creía−. Ahora que lo pienso, no se porta así con los demás chicos que conoció. −A ellos también los molestaba, pero eso era por el simple hecho de que podía.
No era sorprendente que Souen Ruka fuera una de sus personas favoritas para sacar de quicio, y ahora Yuri se daba cuenta por qué. Cuando estaba enojada, la pequeña rubia reaccionaba de una manera similar a la de Kaname.
−Zero −lo llamó con severidad, de cualquier modo−, Kaname-kun te va a odiar (esa palabra le iba a llamar la atención si adoraba al pequeño purasangre tanto como parecía) si lo seguís molestando. No entiende tu clase de "te quiero". Tenés que ser bueno con él, todavía es chico.
Unos ojos lilas y enormes la miraron entre parpadeos y Juri soltó un gritito silencioso, asiéndose de la camisa de Riku:
−¡Zero-kun es tan lindo! No creo poder enojarme con él por mucho tiempo si me mirara así. −Si bien nunca en su vida había sentido hacia el chiquillo algo parecido al enojo, dudaba ser capaz de dejar la máscara en su lugar por el tiempo necesario si alguna vez llegara a surgir la necesidad de ser dura y estricta con él.
Como enfatizando lo dicho por Yuri, Kaname apretó su rostro contra el pantalón de su padre y dejó escapar un chillido tímido mientras sus manitos pequeñas y desesperadas trataban de aferrarse a la prenda de Haruka. Cuando el otro chico, un poco más grande que él, se le acercó a rastras, Kaname intentó en vano de treparse a los muslos de su padre. Haruka se limitó a darle unas palmaditas en la cabeza mientras reía con voz suave.
−No pasa nada, Kaname, no te va a lastimar.
−No te voy a lastimar −repitió Zero arrodillándose−. Perdón por asustarte, Kaname −dijo y se inclinó hacia delante para posar un beso casto en la mejilla colorada del pequeño purasangre.
Juri rió:
−¿Ves? ¡Se besaron e hicieron las paces! Zero-kun, por favor, cuidá bien de nuestro Kaname.
Zero, quizá con una expresión demasiado seria para su edad ante un pedido hecho con tanta ligereza, asintió haciendo un gesto solemne:
−Él es la persona más importante de mi vida.
Y desde entonces, eso no había cambiado. Zero sonrió con dulzura mientras miraba otra camisa e, inclinando la cabeza, dijo:
−¿Pueden tener esto en rojo?
De la variedad de tonos que le mostraron, el purasangre eligió el que más se parecía al color de los ojos de Kaname y miró su reloj.
−Vamos, Takuma. Es hora de darle a tu abuelo otro aneurisma. −Sin prestarle atención al suspiro exasperado del rubio, se dio vuelta para mirar al otro vampiro−. Gracias. Lo tienen en… ¿una semana?
−Por supuesto, Kiriyu-sama. Gracias por pasar a visitarnos una vez más.
Zero salió del negocio saludando con la mano.
−Hablando del abuelo… por favor, hoy no lo saques mucho de sus casillas. Está teniendo un mes difícil −dijo Takuma sacudiendo la cabeza.
Zero levantó una ceja: −¿Cuándo no está teniendo un mes difícil?
Encargarse del consejo era terrible en el mejor de los casos e infernal en el peor. Más de una vez había visto a Asato volver de una reunión con una migraña insoportable y un humor de perros.
−Además, vos sabés que cuando se trata de Sato jii-san yo nada más quiero lo mejor para él −agregó, adoptando una súbita sonrisa.
Takuma estuvo a punto de arrancarse los pelos de la furia:
−Zero… −Dejó escapar otro suspiro nervioso. El purasangre era el único capaz de llamar a su abuelo de tal manera y vivir para hacerlo de nuevo a los dos minutos. El joven rubio hasta dudaba que alguien se atreviera a llamarlo por su nombre de pila.
−¿Y a dónde pensás ir después de acosar al abuelo?
−Voy a volver con mi persona especial.
Takuma no pudo evitar que una sonrisa curvara sus labios en respuesta a la mueca cariñosa de Zero:
−No lo estarás molestando demasiado, me imagino.
−Desde Navidad que me estoy comportando mejor que nunca −dijo Zero y, con un gesto juguetón, puso una mano servil sobre su pecho. Convenientemente, no mencionó que desde entonces tampoco había visto a Kaname y que, por lo tanto, no se le había presentado la oportunidad de "portarse mal".
−Es la primera vez que lo visitás en el año, ¿no?
−Sí, no pude ir en Año Nuevo por la fiesta de Hana. −Zero hizo una mueca despreciativa−. No habría ido si él no hubiera prometido darme ese juego de cuchillos…
Los cuchillos habían sido el principal regalo de Navidad para Kaname. Estaba contento a medias de no haberse quedado para ver la reacción del director ¿Un juego de cuchillos para un chico humano de once años? Ya podía ver el estallido de furia paternal.
Takuma soltó una risa ligera:
−Es verdad que su padre tiene la mejor colección de esas cosas. Espero que a tu persona especial le haya gustado.
Zero apartó la vista, encontrando de pronto muy interesantes los elaborados diseños de la pared:
−No lo dejé abrir sus regalos, ninguno de los dos, hasta me fuera. −Razón por la cual ni siquiera sabía cómo los había recibido. Se podía imaginar su reacción a la foto, pero con los cuchillos no tenía idea. Por todo lo que sabía, el muchacho los podría haber tirado a la chimenea para que se calcinaran.
Los ojos de Takuma se enternecieron:
−Zero, va a ser preferible que esta vez te quedes más que un par de horas, o nunca más te va a perder de vista.
−Lo hacés sonar como si yo me quisiera ir, cuando eso es lo último que haría si pudiera elegir. −Zero frunció el ceño ¿Qué clase de vampiro en su sano juicio dejaría a alguien como Kaname para ir a fiestas estúpidas y presenciar reuniones aburridas donde parloteaban viejos idiotas?
−¿Por qué no lo vas a visitar ahora? Después me inventó alguna excusa para darle al abuelo. −No iba a ser muy difícil. Si Zero estaba involucrado, nada era demasiado insólito.
−Gracias, Takuma. −El rubio a veces era demasiado bueno con él, y Zero pensó en darse una vuelta por alguna librería para comprarle a su amigo de la infancia una de esas novelas gráficas que parecían gustarle tanto.
Yuuki coloreaba uno de los árboles que había dibujado cuando se quedó quieta y parpadeó, deteniendo su mano con un movimiento abrupto. Soltó el crayón con lentitud y, levantándose del piso alfombrado, fue hasta la entrada principal.
Destrabó la cerradura y giró la perilla. Abrió la puerta y puso una lapicera en la palma de su mano, manteniéndola en un firme agarre con la punta hacia afuera. Sus grandes ojos marrones se elevaron para mirar con severidad a un par de ojos lilas.
−¿En qué te puedo ayudar?
El purasangre tuvo que contener las ganas de expresar su incredulidad echando aire por la nariz. El metal sutil escondido en su tono cortés sonaba más bien a "¿querés que te clave un cuchillo en el estómago?" «Parece que el director encontró algo mejor que algodón suave e inocente que necesitaba que lo salvaran».
−Vine para ver a Kaname. −Dos labios rosados se alzaron en una sonrisa solemne−. Vos debés ser la cazadora que mencionó el director ¿Outo-san? −Sus ojos observaron el útil de escritura que la muchacha tenía en la mano y no dudó que le pudiera encontrar otros usos en el caso remoto de que lo viera como una amenaza.
Yuuki relajó su agarre sobre la lapicera y contrajo los labios:
−¿La contraseña secreta?
−A las vacas les encanta el queso azul.
Ni bien las palabras salieron de su boca, pareció como si un interruptor se hubiera apagado.
−Uff. −Una sonrisa reemplazó la tensión en el rostro de la muchacha−. Tenés el camino libre. Perdón, pero no puedo dejar que entre cualquiera, ¿viste?
−Yo soy el que tendría que decir uff. Tenía miedo de que esa lapicera terminara incrustada en mi ojo. −Zero levantó una ceja.
−Ay, no te preocupes, nada más hubiera quedado ahí si me decías mal la contraseña −dijo Yuuki con orgullo, tirando la lapicera para arriba y tomándola en una mano con desenvoltura.
−Es bueno saberlo. Si no me equivoco, el director ya te debió haber dicho que venía.
−Mmm. −Yuuki asintió con la cabeza−. Llegaste mucho más temprano de lo que esperaba, pero Kaname-kun se va a poner contento, así que está bien.
Zero la miró con una sonrisa divertida mientras la muchacha jugaba hábilmente con la lapicera. Incluso a la tierna edad de diez años, la línea Outo no tenía ni un pelo digno de burla en términos de destreza cazadora.
−No sé mucho de vampiros salvo cómo matarlos, pero Kaname-kun dice que no sos tan malo, así que supongo que no hay problema. −Yuuki lo miró con cautela. A decir verdad, le resultaba difícil imaginar que un chico como él, a primera vista tan joven, fuera capaz de alimentarse de humanos. Eso sin mencionar que parecía bastante normal, excepto por su belleza antinatural, y que hablar con él resultaba sorprendentemente sencillo.
Entendía por qué Kaname decía que no era como otros vampiros, pero Yuuki dudaba mucho poder bajar su guardia por completo mientras estuviera cerca. Era algo que iba de la mano de sus instintos de cazadora, y tenía más que ver con la genética que con algo personal.
Zero asintió con la cabeza. Así que el muchacho había estado hablando de él…
−Gracias. −Había tratado previamente con otros cazadores y estaba más que agradecido con ella por su mente abierta. Sabía cuán ciego podía ser el prejuicio y quería seguir el ejemplo de sus padres y los de Kaname, quienes nunca habían consentido con esa actitud.
Sinceramente, Zero no tenía muchas experiencias con humanos de las que hablar, pero de sus padres no se podía decir lo mismo. La infancia del joven había estado regada de las elaboradas historias acerca de los humanos que habían conocido y con quienes habían entablado lazos de amistad durante sus largas vidas. Sus recuerdos eran lo único que necesitaban para mostrarle que los humanos eran más que comida y que poseían un número infinito de otras fortalezas para compensar por su fragilidad física.
−¡Zero!
−Kaname −dijo, sonriendo y permitiendo de buena gana que el muchacho lo tomara de la mano y lo arrastrara a su habitación. Saludó a la chica cazadora y se dejó llevar.
Una vez en la habitación del muchacho, Kaname lo recibió inmediatamente con una de las expresiones favoritas de Zero: una mueca de cejas fruncidas mitad enojada y mitad confundida.
−No te vi en Año Nuevo. −Tanto Navidad como Año Nuevo era fechas casi ineludibles, y el joven no había estado presente en ninguna de las dos.
Zero sabía que se tendría que sentir culpable, pero llegar a ver la mirada de gatito mojado que tanto le gustaba por poco hacía que valiera la pena.
−Perdón, Kaname. −Parecía estar pidiendo una copiosa cantidad de disculpas cada vez que lo veía−. Tuve otro compromiso. −La fista de Hana, nada más ni nada menos… El joven sintió repulsión, pero se recordó que eso definitivamente había valido los cuchillos.
Sabiendo que Zero no le iba decir cuál había sido ese otro compromiso, Kaname se cruzó de brazos. Zero siempre estaba ocupado, se repitió a sí mismo por centésima vez, no podía llevarle el apunte a todos sus caprichos ni salir corriendo a buscarlo cada vez que Kaname así lo deseara. Pero igual, el muchacho quería probarle que estaba equivocado, igual quería verlo tan seguido como le fuera posible. Si pudiera descubrir qué o quién era el culpable de su separación del joven, haría que esa cosa o persona dejara a Zero en paz para que Kaname pudiera tenerlo para él aunque fuera sólo por un rato. (Un tal Aidou Hanabusa se tropezó con la pata de una silla y salió volando).
Poniéndose de cuclillas frente al muchacho y haciendo que su largo abrigo surcara el aire hasta asentarse lentamente a su alrededor, Zero abrió los brazos:
−Primero lo primero −dijo sonriendo− ¿Podría recibir una bienvenida decente o se me la está negando en forma deliberada? −Si ése era el caso, entonces tenía que admitir que estaba lastimado, por mucho que supiera que no se merecía nada menos por haber hecho enojar al muchacho (y de manera tan adorable).
Kaname bajó la vista y se mordió el labio. Sin duda, ésta tenía que ser una de las tácticas de Zero para tratar de convencerlo de que lo perdonara. No se había dado cuenta de esto cuando era más chico, pero cada vez que estaba particularmente enfadado con Zero, su irritación nunca lograba durar más de dos minutos una vez que veía al joven en persona.
Una sonrisa, algunas palabras sinceras de disculpa, y su furia quedaba olvidada como por arte de magia. Ahora se percataba de esto; pero incluso sabiéndolo, Kaname levantó la vista, incluso sabiéndolo, no pudo continuar enojado. No quería estar enojado con Zero.
Con las mejillas cada vez más arreboladas, el ex purasangre dio un lento paso hacia adelante, posando sus manos sobre los hombros del joven, notando lo frío que se sentía su abrigo por el clima de afuera, y guiando sus ojos hasta encontrar esa mirada lila y familiar:
−Me alegro de que hayas vuelto, Zero −masculló entre labios que apenas se movieron, inclinando su cabeza para dejar un beso etéreo sobre la mejilla del joven.
Zero bajó las rodillas hasta apoyarlas sobre el piso alfombrado y acercó a Kaname, descansando su cabeza sobre el pequeño hombro del muchacho.
−Es bueno estar en casa −susurró−. Te extrañé, Kaname.
−Entonces tendrías que haber venido antes −lo reprendió, aunque su voz siguió igual de suave. Sus dedos se curvaron sobre los hombros de Zero, tomándolos en un agarre ligero, y respiró el tenue aroma a especias que siempre acompañaba al joven.
−Tenés razón, eso es lo que tendría que haber hecho −dijo Zero, sonriendo con nostalgia y preguntándose si Kaname tenía idea de con cuánta desesperación a veces deseaba no tener que romper esa promesa. Ya sabía que Kaname era dueño de una gran parte de su persona, diferente en profundidad y magnitud comparado con las otras personas que había conocido a lo largo de su vida. Pero nunca lo sentía con tanta agudeza como cuando se tenía que separar del muchacho por la fuerza.
−¿Cuánto tiempo? −murmuró Kaname, refiriéndose a cuánto tiempo iba a poder pasar con Zero antes de que el vampiro se tuviera que ir.
−Más que la vez anterior −contestó Zero con una respuesta vaga, acariciando la mejilla del muchacho mientras se echaba hacia atrás−. Pero ¿qué es eso de andar marcando las paredes del director con tus cuchillos?
Kaname se puso colorado.
−¡Eso fue un accidente!
Zero soltó una carcajada. Un Kaname aturdido también era algo precioso de ver.
−Ya veo ¿Querés algo para practicar tu puntería? −Hacer un par de arreglos al respecto no sería muy difícil, aunque, si bien recordaba, la puntería era una de las últimas cosas que Kaname necesitaba practicar. Seguramente, le iba a resultar más beneficioso aprender a luchar cuerpo a cuerpo con esos cuchillos.
Zero inclinó la cabeza. Un par de sesiones de entrenamiento de vez en cuando no le vendrían nada mal y la chica cazadora probablemente apreciara la práctica. Se preguntó si tenía un arma de preferencia, lo cual no sería motivo de sorpresa.
−Mi puntería está bien, Zero −dijo Kaname haciendo trompita, un poco insultado de que el joven creyera que ése era el problema−. Es que no sabía que iban a ser tan filosas.
Zero rió:
−Esos cuchillos son especiales. −Habían sido hechos específicamente para Kaname.
−Sí, porque vos me los diste. −Kaname le devolvió la sonrisa, ganándose un beso en la frente.
−Por eso también −susurró Zero.
−Um, ey, chicos −dijo Yuuki asomando la cabeza−. Toqué la puerta, pero nadie respondió, y la verdad que esto pesa, así que… −La muchacha dejó la frase inconclusa, mostrando los muchos bocadillos que había traído−. El director se estuvo divirtiendo un poco en la cocina.
Tanto Zero como Kaname observaron la comida con ojos inexpresivos antes de poner sus miradas implacables sobre la pequeña morena. Yuuki tragó saliva, retrocediendo algunos pasos.
−Dijo que eran para ustedes, chicos −se quejó la muchacha con tono vacilante−, nunca mencionó nada de que yo los tenía que comer.
Rápidamente, puso la bandeja sobre la mesa de vidrio y se apresuró para irse, pero (malditos sean esos genes vampíricos) Zero interceptó su escape con desenvoltura y cerró la puerta antes de que pudiera salir.
−Estoy seguro de que el director se va a poner contento de saber que los disfrutaste junto con nosotros, Outo-san. −Zero sonrió y señaló el sillón con un atractivo movimiento de su mano. Yuuki lo miró con furia, sin dejar duda alguna acerca de cuánto iba a disfrutar esto, y se dejó caer con pesadez sobre el sofá.
−¿Así que ni los vampiros son inmunes a la comida del director? −comentó la muchacha levantando una ceja.
−Hasta un vampiro necesitaría un sistema digestivo de otro planeta para asimilar esto −coincidió Zero.
Los tres miraron los bocadillos con miedo en los ojos y simultáneamente tomaron algo de la bandeja (qué, exactamente no lo podrían decir)…
El Director Cross levantó la vista de sus papeles con curiosidad cuando sintió que todo había estado muy tranquilo. O mortalmente silencioso, para ponerlo con más precisión. Se preguntó si Zero había llevado a los chicos a la plaza o algo así y, encogiéndose de hombros, siguió firmando papeles sin importancia.
Descargo de responsabilidad: Vampire Knight no me pertenece.
¡Gracias por leer! No, en serio, porque esto es una cosa muy extraña xD Para los que entienden japonés, una parte de la conversación entre Zero y Kaname quedó traducida más o menos así:
'Okaeri, Zero.'
'Tadaima, Kaname, aitakatta.'
'Dattara motto hayaku ainikureba yokattajyan.'
N. de la T.: Sinceramente, yo no entiendo nada de ponja, así que le estaría eternamente agradecida al versado/a en este idioma que me dijera si las traducciones se parecen (o si estamos Lost in Translation xD).
