Disclaimer: Nada de esto me pertenece, pertene a J.K Rowling y a su cerebro :)
- Verano en la honorable y ancestral Mansión Black -
Capítulo dos: El trato
-¡Potter!
Lily se había puesto del color de su pelo y mientras miraba furiosa a James, en su expresión iba del asombro a la indignación. De todas las personas del mundo¡justo tenía que encontrarse con él! Aquello era mala suerte y lo demás tonterías.
No era suficiente con que, además de lo mal que le había caído desde siempre, el merodeador se hubiera pasado el curso molestándola con sus bromitas ridículas, nooo. No era suficiente castigo tener que aguantarle durante el curso así que cuando podía respirar tranquila porque él no estaba cerca¡aparecía de la nada¡Y la encontraba en la peor de las posiciones¡Uy, le hubiera sacado los ojos con una cucharita de té para que no pudiera mirarle el culo nunca jamás en su vida!
Mientras Lily apretaba los puños para que no saltaran al cuello de James y le ahogaran, éste se revolvió el pelo y se frotó los ojos un par de veces antes de preguntar:
- Vale, Evans. Exactamente¿qué haces tú aquí?
-¿Y qué haces tú aquí?
- Yo he preguntado primero
- Ya, Potter, pero aunque te respondiera, tu pequeño cerebro no lo entendería- replicó rápidamente la pelirroja y con acidez.
- Prueba a ver
- No quiero
- Bueno, pues entonces explícame por qué estás en la casa de mi mejor amigo cuando, hum, déjame pensar... ¡Ah, si! Nadie te ha invitado- con sus últimas palabras, James esbozó una sonrisa de suficiencia y se cruzó de brazos sin dejar de sonreír.
-¿La casa de tu mejor amig...?- masculló Lily, mientras repetía las palabras de James. Aquella no podía ser la casa de Black, se dijo, mientras fruncía el ceño. ¿O sí podía? Se agachó, con todo el cuidado del mundo de no darle la espalda a James, y cogió la hoja con información acerca de la casa que había encontrado en la entrada. Y allí estaba muy claro. "Mansión Black"
¡Maldita sea¡¡Ella y su manía de no mirar jamás los nombres de los propietarios de las casas! Quería ponerse a gritar y arrancarse todos los pelos de la cabeza. Sin embargo, guardó la calma y miró fríamente a James.
-¿Y bien?- le preguntó el moreno, con la misma sonrisita pintada en los labios.
A Lily le reventaba el bazo tener que ceder, pero no le quedaba más remedio así que con el tono más borde que pudo, le dijo:
- Estoy trabajando, Potter.
James asintió, pues, después de la sorpresa inicial de haberla visto allí, lo había imaginado. Seguramente era la ayudante de los del Departamento de Purificación.
- Vale. Yo he venido a darme una vuelta por aquí. Sirius me pidió que echara un vistazo a su cuarto y por eso he venido
Lily estuvo a punto de decirle que no le había preguntado y que no le interesaba para nada pero se mordió la lengua porque sabía que en el fondo sí que le interesaba y que además, sí le había preguntado.
Eso sí, una vez aclarado el punto de porqué estaba él allí, ya podía marcharse por donde había venido.
- Muy bien. Pues ya puedes irte- Lily esbozó una desagradable mueca que a duras penas parecía una sonrisa cordial mientras le señalaba la puerta- . Venga, vete.
- Oye, vete tú- le respondió James, picado por el tono de orden de la pelirroja.
- Yo no pienso irme Potter, así que vete tú- le dijo Lily, mientras le empujaba hacia la puerta con testarudez.
- Pues yo no me voy si tú no te vas- James se quedó quieto en mitad del vestidor y se cruzó de brazos.
- Pues yo tampoco me voy- Lily también se detuvo y se cruzó de brazos mientras fruncía el ceño. Pasaron diez minutos en silencio, sin mirarse ni hablarse. De repente, el estómago de Lily rugió. James sonrió con malicia.
-¡Vaya! Tienes hambre. Sería mejor que te fueras a casa y comieras algo, Evans. Trabajar debe ser tan agotador - le dijo con falsa amabilidad y un tonillo afectado, parecido al de una vieja maruja.
Lily le miró ceñuda y cuando iba a responderle que se metiera sus consejitos donde le cupiesen, una idea se apareció en su cabeza. Sabía de sobras que James no iba a ceder, aunque solo fuera por llevar la contraria. Se tragó una sonrisa y fingiendo un suspiro, clavó sus ojos verdes en James.
- Potter¿no te vas a ir verdad?
- No- respondió rotundamente James, encantado con el resoplido de irritación que soltó Lily. Ella era muy testaruda pero él podía serlo más y además tenía energías suficientes para poder serlo. Al contrario que la pelirroja, cuya tripa seguía rugiendo de hambre.
-¿Seguro, Potter?- volvió a preguntar la chica, mirándole fijamente y tratando de poner un tono enfadado a sus palabras.
- Segurísimo- James sonrió con una sonrisa de suficiencia que en opinión de Lily, le hacía tener cara de asno.
-¿No?- preguntó por última vez.
- No
- Muy bien, pues me voy yo- dijo con actitud resuelta mientras se encogía de hombros y, tras terminar de quitarse el traje de protección y dejarlo en una esquina, se dirigió a la puerta con su jersey y la varita en la mano.
James estaba desconcertado. Eso no tenía que ser así. Ella tenía que cabrearse, mostrarse mucho más testaruda que él, no hacer como si no le importara un pimiento. Además, si ella se iba¿qué gracia tenía quedarse en el vestidor de la madre de Sirius?
- Espera, espera, Evans- le dijo, acercándose hacia el umbral de la puerta entreabierta, justo donde ella estaba poniéndose el jersey con toda la parsimonia del mundo.
-¿Querías algo, Potter?- le preguntó, con un tonillo falso, mientras se sacaba de dentro del jersey el pelo que se le había quedado dentro.
- Tú no te vas
-¿Ah no?
- No. No te vas
- A mí me parece que sí
- Pues no
- Pues sí
- Pues no
-¿Te vas tú, entonces?- preguntó la chica, tratando de engañarle.
- No
- Que sí
- Que no
- Que sí
- Que no
Estuvieron cerca de dos minutos más discutiendo como dos niños pequeños hasta que Lily, cuando James pronunció su enésimo "que no", repitió:
- Que no
- Que sí- y antes de que pudiera darse cuenta, James ya había respondido, llevándole la contraria, como ella había supuesto. Lily se aguantó las ganas de sonreír con superioridad.
-¿Te vas tú? Muchas gracias Potter- le dijo, esbozando una sonrisita mientras le empujaba hacia la puerta- . Ale, adiós Potter
Y sin que James pudiera añadir nada más, le empujó fuera y le cerró la puerta en las narices.
Aquella noche, durante la cena en casa de sus abuelos, James estuvo enfurruñado y con cara de haber estado oliéndole el pelo a Snape. De vez en cuando, entre bocado y bocado de bistec, el chico soltaba alguna que otra maldición o mascullaba "maldita Lily". Estas murmuraciones eran recibidas por un intercambio de miradas entre sus abuelos, que estaban empezando a asustarse por el extraño comportamiento de su nieto.
Aunque lo cierto era que James se sentía completamente enfadado y humillado por la forma en que Lily le había engañado y echado del vestidor de la madre de Sirius.
Podía pasarle que se pasara la vida llamándole idiota o cosas parecidas, que le rechazase, que no admitiese que estaba como un queso... Era capaz incluso de, aunque con un poco más de esfuerzo, pasarle que defendiera a Snape. Pero que le ganase con trucos sucios¡ni hablar del peluquín! Aquello había sido un golpe bajo en toda regla y él no pensaba perdonárselo.
Si James hubiera sido honesto, hubiera admitido que, en realidad, la idea de Lily era bastante inteligente y que además había funcionado. Pero el merodeador tenía el orgullo herido así que para consolarle, se dijo que además había usado un truco cutre, pasado de moda y barato.
¡Y él había caído en ese truco!
Aún más enfadado, James pinchó un trozo de patata asada y se lo llevó a la boca, masticándolo con rabia. La pelirroja no saldría indemne de aquella. Nadie hería el orgullo de James Potter sin recibir un castigo por ello.
Sus abuelos volvieron a mirarse el uno al otro y finalmente, su abuelo carraspeó, limpiándose la boca con la servilleta.
- Bueno James... ¿Y qué tal en casa de Sirius?- preguntó Henry Potter, tratando parecer casual.
- Hum...- fue lo único que respondió James, mientras su cerebro buscaba posibles formas de molestar a Lily.
-¿Lo has pasado bien?- trató de ayudar su abuela, esbozando una sonrisa cordial. James asintió lentamente y como notaba los ojos de sus abuelos mirándole expectante, levantó la cabeza y esbozando una ligera sonrisa, dijo:
- No ha estado mal. ¿Y vosotros¿Qué tal van los preparativos?
Sus abuelos sonrieron, contentos de tener un tema de conversación con el que romper ese silencio tan tenso y mientras ellos hablaban sin parar de pinches de cocina y cocineros, James terminó su refinado plan para fastidiar a Lily. Primero dejaría de hablarle... Para que se confiase... Y de paso olvidase lo mal que él había quedado aquella tarde. Y después¡se pondría pesado como un plomo! Y eso definitivamente, molestaría muuucho a la pelirroja. ¡Ja¡Iba a ver quién era James Potter!
Mucho más animado, el chico de pelo oscuro continuó comiendo, con menos rabia esta vez, y a los pocos segundos, ya estaba charlando tranquilamente con sus abuelos, que estuvieron a punto de suspirar de alivio al ver que, después de todo, su nieto no se había transformado en un psicópata.
A las diez en punto exactamente de la mañana del día siguiente, Lily abría la puerta de la mansión Black, cargada de bolsas, cajas pero aún así de un humor fantástico. Aquella noche había dormido estupendamente y además, a partir de ese momento hasta que terminase con la casa, ella sería su propia jefa y podría trabajar a su aire y a su ritmo.
La chica se dirigió hacia la cocina, donde había decidido que dejaría todos los materiales agrupados en vez de en la entrada, de modo que no tendría que pasar por delante de todos los cuadros de la entrada, que a decir verdad, le daban algo de grima. Dejó las cajas y bolsas sobre la mesa de la cocina. Había pedido los materiales básicos para poder restaurar la casa: pintura, barniz, dos martillos, clavos, una lija, guantes... Si le hacían falta más cosas tiraría de teléfono o de varita. Una de las ventajas de la magia era que solucionaba muchos problemas aunque, dado que la señora Black había pedido una purificación completa que le dejara la casa como nueva pero con un ligero toque familiar, Lily tendría que hacer bastantes cosas con sus propias manos.
Extendió el plano de la casa sobre la encimera de la cocina y examinó todas las habitaciones con cuidado. Tenía prohibida la entrada a los dormitorios de la familia, solamente podía entrar para exterminar a los termigrutos y dado que ya lo había hecho... De cualquier manera, aquella casa tenía dormitorios suficientes para que allí viviera la familia de Sonrisas y Lágrimas al completo y ninguno tuviera que compartir habitación. Y sobrarían...
La pelirroja se apartó el flequillo de la frente y decidió que lo mejor sería empezar por el piso de arriba, para poder ir cerrando cuartos y salas. Memorizó el plano y salió de la cocina dispuesta a echar un vistazo general antes de ponerse manos a la obra.
Justo en el instante en el que salía de la cocina, la chica de ojos verdes se chocó con la alta figura de James Potter.
-¡Potter!- exclamó, incapaz de contenerse- . ¿Otra vez aquí?
James miró de arriba abajo a su compañera de curso. Había decidido que no iba a hablarle pero también tendría que decírselo, para que se diera por enterada.
- Pues sí, Evans. Otra vez aquí. Tengo tanto derecho como tú- le respondió, muy digno él.
Lily, evitando una mueca de desagrado, se encogió de hombros.
- Mientras no molestes...- dijo simplemente y echó a andar hacia las escaleras.
En realidad, James no había sido el único que había pensado cómo iba a tratarla. Lily también había decidido que no iba a enfadarse, por mucho que Potter le molestase, que iba a mantener una postura indiferente ante su tontería. Lily no estaba muy segura de si triunfaría en su propósito pero, si con un poco de suerte James se quedaba en el cuarto de Sirius y no hablaba con ella para nada, quizá lo conseguiría...
La pelirroja comenzó a subir las escaleras, con James, callado como un muerto y pegado a sus talones. Al llegar al final de los escalones, los dos continuaron andando por el pasillo, en silencio, Lily en dirección a las escaleras que llevaban al piso de arriba y James en dirección al cuarto de Sirius.
El merodeador miró de reojo a la pelirroja y fue incapaz de contenerse.
- Evans, deja de andar a mi lado, que me cortas el espacio del pasillo- le dijo, con toda la chulería del mundo.
Y acto seguido, se maldijo por ello. ¡Mierda! Se suponía que no iba a volver a dirigirle la palabra en lo que le quedaba de vida. Dos minutos con ella, y ya había cedido. Estaba claro que era un imbécil.
-¿Que te corto el espacio del pasillo?- repitió Lily, indignada- . Potter, deberías ir a revisarte la única neurona que te queda, está fallando...
Su respuesta había sido automática y, por supuesto, no iba de acuerdo con su plan de mostrarse indiferente a James. En teoría, ella tenía que haberse encogido de hombros y haber seguido su camino, pero noooo. ¡Ella y su boca del tamaño de Brasil tenían que contestarle!
Por suerte llegaron al punto en el que se separaban.
- Escucha, Evans- le dijo James, deteniéndose junto a las escaleras, que estaban a pocos metros del cuarto de Sirius- . Creo que para que no haya problemas deberíamos evitarnos
- Sí...- coincidió Lily con voz suave- . Tú puedes quedarte ahí dentro- Lily le señaló la habitación de su amigo.
James la miró, con el ceño fruncido.
- No pienso quedarme encerrado ahí dentro como si fuera un perro- le informó con firmeza.
Lily se contuvo de decirle que él no era un perro, sino un gusano y que aquel cuarto era espacio suficiente para un gusano.
- Vale, pero no vengas dónde estoy yo- le respondió Lily con la misma firmeza. De repente, el ambiente de tranquilidad que se había establecido entre ellos durante un par de minutos ya no estaba.
- Tranquila, no tengo ninguna intención de hablar contigo de nada
Lily le miró con el ceño fruncido y apretó los labios. ¿No tenía interés en hablar con ella¡Pues mejor que mejor!
- Vale
- Bien- le respondió James airosamente
- Bien- Lily imitó su tono con una mueca mientras James le daba la espalda y caminaba los dos pasos que le separaban del cuarto de Sirius.
- Bien- volvió a decir, antes de abrir la puerta y meterse en el cuarto de su amigo.
Lily frunció el ceño, enfadada de nuevo, y después de sacarle la lengua a la puerta cerrada como si fuera una niña pequeña, se perdió por el hueco de la escalera.
Los dos primeros días pasaron sin complicaciones para ninguno de los dos. Lily estuvo trabajando y James en el cuarto de Sirius. No se dirigieron la palabra en todo el día y cuando Lily salió de casa, ni siquiera se fijó si James estaba o no.
Sin embargo, al tercer día, James descubrió que no tenía nada que hacer y que se aburría como una ostra. Ya se había leído toda la colección de cómics que tenía Sirius, desde Tintín hasta los Mundos de Yupi; también había ojeado las revistas que Sirius tenía bajo la cama e incluso se había mirado un par de libros del colegio.
Cuando ya no tenía nada más que hacer, se tiró en la cama a mirar el techo. Dijeran lo que dijeran de la honorable y ancestral Mansión Black, aquella casa era una basura sin su amigo.
Estuvo lo mínimo media hora tirado sin hacer nada, hasta que escuchó un ruido sobre su cabeza, como de alguien que arrastra un mueble muy pesado. Supuso que sería Lily y aunque se había ordenado no dirigirle ni siquiera un pensamiento, no pudo evitar preguntarse que estaría haciendo. Escuchó que la pelirroja arrastraba un par de muebles más y también pudo oír sus pasitos chocando contra la madera del suelo. James se dibujó en la cabeza un plano de la mansión y estaba seguro de que no se equivocaría si decía que la chica estaba en el salón de reuniones.
No era un sitio interesante, de hecho, James solo había estado allí una vez y le parecía un bodrio, pero el gusanito de la curiosidad estaba picándole lo suficiente como para resultar molesto. Y además, quizá ya era hora de empezar con la segunda parte del plan...
Con una sonrisilla, se incorporó y salió de la habitación. Subió los escalones de dos en dos y a medida que se acercaba a la puerta, podía escuchar la voz de Lily. La chica estaba tarareando un tema de los Red Hot Chilli Peppers y lo cierto era que la pelirroja cantaba rematadamente mal. Sin embargo, cuando James abrió la puerta, se quedó con la boca abierta. Y no se debía precisamente a las habilidades como cantante de la chica.
Lily estaba pintando las paredes de un austero color blanco y llevaba puesta una camiseta amarilla de manga corta que dibujaba a la perfección sus curvas y un peto de pantalón corto que le venía demasiado grande, por lo que uno de los tirantes le caía sobre un brazo, y dejaba ver, además, casi toda la longitud de sus piernas, asombrosamente largas y bonitas.
Por supuesto, Lily no tenía ni idea de la imagen que tenía. Ella solo sabía que llevaba una camiseta que no le importaba manchar con pintura, el peto que su madre había usado durante los primeros meses del embarazo de Petunia y que era comodísimo para moverse y trabajar a gusto y que estaba sola en aquella habitación. Por supuesto, la chica no esperaba que James asomara la nariz allí para fisgar porque estaba aburrido.
El merodeador se vio obligado a tragar saliva un par de veces antes de terminar de abrir la puerta y con una voz que trataba de parecer la suya de siempre, le dijo a Lily:
- Cantar no es lo tuyo¿lo sabías?- le dijo, entrando en la habitación. Lily se giró, sobresaltada. Llevaba el pelo recogido en una gruesa trenza pero con el movimiento, algunos mechones de su pelo rojo habían escapado de la prisión de las horquillas, enmarcándole así el rostro, que tenía sonrosado, tanto por el trabajo como por el sobresalto.
James tuvo que volver a tragar saliva de nuevo.
- Nadie te invitó a escucharme- le respondió Lily, mirándole fijamente- . ¿Qué haces aquí Potter? Habíamos acordado que...
- Ya lo sé- James se hubiera muerto antes de admitir que estaba tan aburrido que solo podía acudir a ella. Así que hizo una mueca y le dijo- . Vine a decirte que no soy parte de tu club de fans, así que no me hagas un concierto privado. Se te oía desde mi habitación y no eres Pavarotti, exactamente
Lily se puso colorada como un pimiento, porque sabía que era verdad. Se encogió de hombros y se dio la vuelta.
-Vale- respondió, mientras volvía a pasar la brocha por la pared- . Cantaré más bajo... Ahora vete, Potter
James miró a su alrededor. El suelo, anteriormente cubierto por una alfombra de dibujos geométricos que estaba enrollada y de pie en un rincón, estaba desnudo y todos los muebles habían sido apilados junto a la alfombra y tapados por un plástico para que no se manchasen con la pintura. Lily los había agrupado en dos grupos: uno grande de los que no tenía que arreglar ni pulir, y otro un poco más pequeño con los que necesitaban reparaciones.
- Mmm... No tengo nada que hacer- dijo, sentándose en el suelo, con la espalda apoyada en una pared sin pintar- . Me quedo a mirar
Lily se giró, con cara de no creerse lo que oía.
-¿Qué? No, Potter, ni hablar. Lárgate- le ordenó, frunciendo el ceño. James estiró las piernas, adoptando una posición más cómoda y sonrió.
- Creo que no. Me quedo- dijo, sonriente.
Lily bufó.
- Potter, si no te vas, pienso llamar a los de mi departamento para decirles que no me dejas hacer mi trabajo. Te sacarán de aquí de una patada en el culo- le amenazó la pelirroja, sacudiendo la brocha y manchando el suelo de pintura. Lily se había informado de eso, por si acaso se le presentaba la oportunidad
- Y yo puedo llamar a la señora Black y decirle que no estás haciendo bien tu trabajo y que te echen a ti de una patada en el culo. Te aseguro que me hará caso- James improvisó pero por lo visto coló, porque Lily volvió a bufar y siguió pintando el las paredes.
Durante las siguientes dos horas, James observó a Lily trabajar. La chica terminó de pintar las paredes, reparó algunos muebles con un par de encantamientos sencillos (lo cual sorprendió a James, pues pensaba que serían de mucha dificultad), al resto que quedaba, les dio barniz y los pulió y también limpió el suelo y la alfombra.
De vez en cuando, entre una cosa y otra, Lily le insinuaba a James que se fuera a hacer algo y él le respondía que estaba bien allí, por lo que volvían siempre al principio: Lily cabreada y James perezosamente estirado por la habitación, encantado con las reacciones de la pelirroja.
- Potter¿por qué no te vas a tocarte un pie al cuarto de Black y me dejas tranquila?- le preguntó Lily, por enésima vez mientras cogía la brocha de la pintura de dentro del bote, dispuesta a limpiarla.
James sonrió. Estaba justo al lado de donde estaba ella, tumbado como la Maja Desnuda de Goya.
- Aquí también puedo tocarme un pie
Lily hizo un gesto con las manos, como simulando que le ahogaba, pero James ni se inmutó. Sabía que la pelirroja se contendría de matarle si eso significaba preservar su trabajo. El merodeador estaba encantado. ¿Quién era el que se burlaba de quién? Aquello estaba saliendo mejor de lo pensado...
Al menos, estaba, hasta que Lily, incapaz de contenerse, le sacudió la brocha llena de pintura en la camiseta.
-¡Ey!- se quejó James, incorporándose para mirarse las salpicaduras de pintura mientras la chica se reía- . ¿Por qué has hecho eso?
- Para que te vayas. Lárgate- Lily metió la brocha otra vez en el cubo de pintura y volvió a sacudirla sobre el chico, esta vez con más fuerza- . Que me dejes. Vete por ahí
-¡Oye!- protestó James, alargando la mano hacia otro de los cubos. Y antes de que Lily pudiera evitarlo, ya tenía otra brocha en la mano y se había puesto de pie, frente a ella.
- No pienso irme- le informó y alzó la mano en la que tenía la brocha, en un gesto amenazante.
Ya volvían a estar como el día anterior... Lily cogió más pintura y se la tiró. James se la devolvió, con igual de fuerza. Lily volvió a tirarle pintura, esta vez directamente del cubo, y James se lo devolvió, mientras la pelirroja corría en círculos por la habitación, saltando sillas y muebles y tirándole también pintura.
Quince minutos después, los dos estaban de pintura hasta las cejas y se miraban el uno al otro fijamente, luchando por contener la risa. Siguieron mirándose fijamente el uno al otro durante unos segundos más y después, estallaron en carcajadas.
Mientras se reían, se dejaron caer en el suelo, exhaustos. Después de reírse un buen rato, la pelirroja miró a su alrededor. Todo, absolutamente todo, estaba lleno de pintura, desde los muebles hasta las tablas del suelo.
- Oh, estupendo...- comentó con algo de mofa y sin poder evitar otra carcajada, que fue acompañada por una risotada de James- . Sencillamente estupendo, Potter. Todo un día de trabajo a la mierda...
James se echó a reír nuevamente y luego, con una sonrisa cautivadora, le dijo:
- Podemos arreglarlo... Tampoco es para tanto...- pasó un dedo por una tabla de madera que estaba cubierta de pintura seca y Lily se sopló unos mechones de pelo rojo que se habían caído sobre el rostro.
De repente, el silencio se instaló entre ellos. Al parecer, ninguno de los dos se había dado cuenta hasta ese momento de con quién estaban riéndose.
- Será mejor que empiece a arreglarlo- comentó Lily, un rato después, mientras se miraba el reloj de pulsera. No pudo ver nada, por supuesto, porque toda la esfera estaba manchada de pintura- . Tengo que estar en casa para la cena...
James se incorporó, muy voluntarioso.
- Yo te ayudo- le dijo y cuando Lily le miró algo ceñuda, añadió- . He estado viendo como lo hacías antes, creo que sabré hacerlo
Lily se lo agradecía en el alma, así que no discutió. Los dos empezaron a limpiar los muebles, volvieron a pintar las paredes y quitaron la pintura del suelo. Era un trabajo monótono y bastante aburrido, pero a James, misteriosamente, le gustó. Cuando lo tuvieron todo limpio, ordenaron las cosas y salieron de la habitación.
- Deberíamos quitarnos toda esta pintura de encima...- propuso James- . Hay varios cuartos de baño aquí, así que puedes ducharte, si quieres
Lily iba a responderle que sabía perfectamente cuantos cuartos de baño había pero le pareció que era demasiado borde para un ofrecimiento tan amable. Sin embargo, negó con la cabeza.
- Creo que mejor me ducho en casa- dijo, con cierto tono de recelo- . Aunque sí voy a lavarme la cara y las manos y me pasaré un conjuro limpiador... No creo que me saque toda la pintura que me has tirado, pero bueno, mejor que ir en el autobús Noctámbulo con esta pinta...
James sonrió.
- Ha sido culpa tuya, así que no te quejes- le dijo.
Lily frunció el ceño, un signo de que su testarudez y orgullo estaban empezando a salir a flote.
- No, Potter, ha sido tu culpa. Si tú te hubieras ido...
-¡Tú has empezado a tirarme la pintura!- protestó el chico.
- Haberte ido- rebatió la pelirroja.
-¿Por qué tenía que irme yo, a ver?- preguntó James, picado.
-¡Porque yo había llegado primero, Potter!
-¿Y qué¡Es la casa de mi amigo!
- Pues a mí me han contratado- y como aquella era una verdad como una casa, Lily prefirió dejar el tema donde estaba- . Voy a limpiarme- dijo y salió disparada hacia el baño que quedaba más cercano.
James alzó las cejas y fue hacia otro cuarto de baño. Mientras, con la cabeza debajo del grifo del lavabo, se quitaba la pintura de la cara, el chico recordó que el trabajo que había tenido que hacer esa tarde, había sido aparte de muy relajante, divertido. A él no le gustaba limpiar ni nada de eso; de hecho, su abuela le había pedido que le ayudase con los preparativos y él se había negado en rotundo. Pero esa tarde, allí con Lily, había sentido una mezcla de tranquilidad y diversión difíciles de describir.
Y si pudiera repetirlo, James no lo dudaría ni un segundo.
Al pensar esto, el chico de pelo oscuro se incorporó de golpe, dándose contra el espejo que había sobre el lavabo. Con un gesto de dolor, se llevó la mano a la frente, donde se había golpeado y maldiciendo en voz baja, salió corriendo del baño.
Gritó el nombre de Lily, buscándola por toda la casa y al ver que no le contestaba, supuso que ya se habría ido y salió de la mansión como una centella, acordándose de cerrar la puerta tras de sí de milagro.
-¡Eh, Evans!- gritó, al divisar a Lily a unos diez metros de dónde él estaba.
Lily, que había salido de casa preguntándose qué narices le había pasado aquella tarde, se volvió y alzó los ojos al cielo, como pidiendo ayuda.
-¿Qué pasa, Potter?
- ¡Evans, acabo de tener una idea!- exclamó James, muy orgulloso de lo que había pensado y dispuesto a explicárselo a Lily.
Lily negó con la cabeza.
- Para eso hay que tener cerebro, Potter- le dijo, ácidamente.
James esbozó una sonrisa igualmente ácida.
- Ja ja ja. Que graciosa- dijo, sarcástico. Pero luego volvió a sonreír ampliamente- . No, en serio. Es bueno lo que se me ha ocurrido. Además, para ti es beneficioso
-¿Ah si?- preguntó la pelirroja, alzando las cejas- . ¿Y qué es, si puede saberse?
- Te propongo algo: vivamos juntos
Lily abrió los ojos verdes, desmesuradamente. ¿Pero qué decía aquel loco? Si ni siquiera podía soportarle¿cómo iba a vivir con él?
- Potter, has debido tragar pintura o algo así... Mejor vete a casa y métete en la cama. Como me siento culpable por haber acentuado tu estupidez, no te mando a San Mungo. Aunque supongo que en San Mungo podrán curarte pero en cualquier caso...
- Que no es eso- le cortó James- . Me he explicado mal. Lo que quería decir era que me dejases trabajar en la casa contigo y que, para que no tuvieras que estar yendo y viniendo cada día, durmieras también allí. Y lo mismo para mí- terminó de explicar con una sonrisa de oreja a oreja.
Lily parpadeó un par de veces, haciéndose a la idea de que un vago redomado como James quisiera trabajar con ella y después de pensarlo un poco más, le miró con recelo.
-¿Y por qué ibas a ponerte tú a trabajar conmigo en una cosa que ni siquiera te gusta?
- Porque este verano está resultando ser un coñazo total- respondió James- . Y además sí que me gusta lo que haces. Hoy me lo he pasado muy bien
- Sí, ya. Y yo soy Marilyn Monroe- soltó sarcástica Lily.
-¿Mary qué?- preguntó James, confuso.
- Nadie. Una actriz muggle
- Ah- James se quedó callado unos instantes, pensando cómo debía responder- . Pero bueno, decía en serio que quiero trabajar aquí contigo- Lily le volvió a mirar recelosa- . ¡Oh, vamos Evans! No pienso pedirte que me des la mitad de tu sueldo ni nada parecido. ¡Solo quiero dejar de aburrirme!
Lily, que estaba considerando la idea, se mordió un labio.
- No sé, Potter... La casa no es mía. ¿Y si rompes algo?
-¡Te juro que tendré cuidado!- aseguró James- . He estado viendo como lo hacías todo el día e incluso lo he hecho yo mismo y no es tan difícil. Y en casa de Sirius hay habitaciones suficientes como para que puedas quedarte sin molestar a nadie. Además, a ti te va mejor tener a alguien que te ayude y encima a cambio de nada
Lily movió la cabeza de un lado a otro. Así visto, James tenía razón. Además, aunque él no lo sabía, acababa de darle justo lo que necesitaba: una vía de escape para no tener que vivir con Petunia sola en su casa mientras sus padres estaban de viaje en Mallorca.
Lo cierto era que ella ya había pensado en quedarse en casa de Alice, su mejor amiga, pero todavía no le había pedido nada a su amiga porque le sabía mal acoplarse así a una casa que no era suya. En cambio, la mansión Black estaba vacía, le iba bien para poder hacer el trabajo y quizá, solo quizá, un verano con Potter era mejor que un verano con Petunia y su nuevo-y-cabezacuadrada-novio Vernon.
- Bueno, Potter...- cedió finalmente- . Está bien... Trabajemos juntos
James esbozó una sonrisa que le hizo parecer un niño feliz con su juguete nuevo. Si Lily hubiera sido totalmente sincera, hubiera admitido que estaba realmente guapo así.
-¡Pero hay unas condiciones!- le avisó- . Ni se te ocurra ponerte a hacer el idiota y ni empezar con tus bromitas estúpidas. También tendrás que hacer todo lo que yo te diga. ¡Y nada de hacer babosadas o entrar en mi cuarto mientras duermo o...!
- Tranquila, no pienso espiarte en la ducha- la tranquilizó James. La pelirroja no lo había pensado, y la sola idea hizo que se pusiera colorada.
- Mejor para ti, o te sacaré los ojos- le amenazó, con el rostro arrebolado.
-¡Pues yo también tengo unas condiciones!- le informó James. Lily se cruzó de brazos, dispuesta a escuchar lo que tenía que decir.
- Lo primero: me niego a ser tu esclavo- le dijo, muy serio- . Voy a trabajar contigo a cambio de nada así que no pienso limpiarte los zapatos ni nada parecido, solo por si se te había ocurrido pensarlo
- Soy la única de los dos que sabe lo que hay que hacer- se defendió Lily, resistiéndose a privarse del placer de poder mandar a James.
- Para eso solo hace falta sentido común y además, puedo documentarme o preguntarte a ti. Así que cada día, uno será el jefe- le propuso James, olvidándose de la tentadora idea de tener a Lily a sus pies.
Lily le miró fijamente.
- Vale, pero mañana empiezo yo- dijo rápidamente.
A James no le quedó más remedio que aceptarlo.
-¿Alguna condición más?- preguntó la pelirroja.
- Sí. Es mejor si empezamos pronto por la mañana así que tendrás que levantarte a una hora decente
Lily, que tenía por costumbre dormir mucho más que la mayoría de los mortales y disfrutar con ello, contuvo una mueca y esbozó una sonrisita peligrosa.
-¿Y qué es una hora decente para ti?- preguntó, con excesiva suavidad y dulzura.
- Las siete de la mañana- respondió James, rotundamente. Lily puso los ojos como platos y estuvo a punto de mandar a James a la porra.
- Vale, puedo hacerlo- declaró, con dignidad.
- Perfecto- James sonrió, pero esta vez no como lo había hecho antes, sino con chulería y seguridad- . Eso es todo
Lily asintió y sacó la varita del bolsillo, para llamar al autobús Noctámbulo.
- Entonces¿trato hecho?- preguntó James, estirando una mano hacia ella.
Y justo en el momento en el que el autobús Noctámbulo derrapaba en el asfalto, Lily tomó la mano que James le tendía.
- Sí, Potter. Trato hecho
Hola! Qué tal todo? Muchas gracias a los que estáis leyendo este fic. Siento mucho haber tardado tanto en actualizar pero todo tiene una explicación: ya han empezado las clases y no he tenido ni un minuto libre para escribir entre exámenes de prueba, deberes, etc. Pero al final lo he conseguido! Muchas gracias por esperar!
Y también muchas gracias a Lonely.Julie, a Demona O, a mmvvblack, a Chica.Padfoot.xD y a Laia Bourne Black por sus reviews! en serio me animaron mucho.
Dejad reviews! Besos!
Haru
