II
No Debí Haber Ido Ahí
Storybrooke
Él se había quedado.
Emma quería correr desde que llegaron al Portal, no se quería ir, sin embargo, no quedaba alternativa, tenía que respetar la decisión de su Amor Verdadero, tenía que dejarlo ir, hasta que se volvieran a ver.
Todos los que se fueron, regresaron a la Ciudad, Hades y Zelena desaparecieron segundos después de entrar a Storybrooke, antes de que los Héroes aparecieran y los buscaran por explicaciones, o simplemente, para hacer justicia por haberlos engañado del otro lado.
Gold hizo lo propio esfumándose, escondiéndose en su tienda para sacar a Bella de la caja de Pandora, una vez que la dejó recostada en la cama de su oficina, fue directo a buscar a Maurice para que él la despertara con un Beso de Amor Verdadero.
Mientras el Cocodrilo hacía eso, los miembros de la Operación Ave de Fuego continuaban su paso por el Portal hacia casa. El lugar era un túnel muy angosto, todos parecían volar, ascendían desde las profundidades de ese Reino hacia el suyo, la Tierra de los Vivos, un lugar en donde Killian no podía volver.
Minutos después de que Gold saliera de la Torre del Reloj, Henry, Regina, Robín, Charming y Emma hicieron su aparición en ese sitio.
Ninguno habló, sólo salieron de la Torre y llegaron a la acera principal aquella noche.
─Creo que deberíamos ir a descansar ─sugería Regina─. Mañana empezaremos con los trámites forenses, y el Servicio se hará cargo del Funeral de Delineador.
Emma cerró los ojos, e instintivamente llevó la mano derecha a su pecho. No había nada malo con su Corazón, más que el dolor de la pérdida de ese maravilloso hombre al que Ama desenfrenadamente.
Charming se acercó a ella para consolarla, pero ella se apartó.
─Ahora no, papá ─exclamaba Emma todavía tocando su pecho, y con la voz a punto de rompérsele─, necesito tiempo.
David sintió una enorme impotencia al ver a su hija así. ¿De qué sirvió ir allá abajo? ¿Para qué arriesgarlo todo sólo para fallar al final? El Príncipe estaba enfadado con el Destino por lo mal que había tratado a su pequeña niña todos estos años. Tanto maltrato, tanta soledad, y ahora, ese mismo Destino le quitaba al hombre de su Vida, ese que la hacía Feliz, y que esa sonrisa que la pena ocultó, resurgiera con el brillo que siempre debió tener. Y ahora, la Felicidad de su hija le había sido arrebatada dos veces en menos de unas horas.
─Emma… ─Susurraba Charming.
─Nos vemos mañana. ─Pronunciaba la Salvadora antes de desaparecer.
─Necesita tiempo, David ─exclamaba Regina─. Lo sabes mejor que nadie.
─Quisiera hacer algo más útil que quedarme inmóvil. ─Reconocía David apretando los puños.
─Pues, si no le eres útil a tu hija, podrías serlo con tu esposa ─espetaba Regina─. Ve con Snow, ve con Neal, que Emma sobrevivirá una noche más.
─ ¿Por qué a veces eres tan cruel? ─Inquiría Charming.
─Porque alguien necesita hacerte ver la realidad ─respondía Regina─, por más que te duela.
─ ¿Qué crees que debería hacer? ─Indagaba Charming por última vez.
─Dejarla en paz ─respondía la Reina rápidamente─. Además, aunque vayas a buscarla, podría apostar lo que quieras a que puso su casa bajo un Hechizo de Protección.
Charming obedeció a Regina y se marchó al Apartamento, mientras que ellos comenzaban a buscar a Zelena y Hades.
El Príncipe llegó a casa, su querida esposa lo recibió con su niño en brazos, y él le dedicó un tierno beso a ambos. Snow se veía muy feliz por verlo, pero, en pocos segundos, Charming tuvo que contarle la triste noticia sobre el final de la Operación, ella quería correr desesperadamente a consolar a su hija, David trató de impedirlo, pero, él no hizo caso a su propia advertencia sobre no discutir con ella, y diez minutos después, los tres Charming ya estaban fuera de la casa de su hija.
─ ¡Emma! ─gritaba Snow─ ¡Emma, abre la puerta!
La Salvadora estaba metida en sus cobijas, tapada de pies a cabeza, dejando que su almohada la contuviera, aunque no fuese el tipo de consuelo que ella quisiera justo ahora.
Muy alejados de su planeta, estaban sus padres, su madre suplicando a viva voz que la dejara pasar, sabía que quería consolarla, y que tenía que permitírselo ya que, de cierta forma, era su derecho como madre, no obstante, necesitaba disfrutar de su propia compañía si es que iba a pasar el resto de su vida sola, porque, en el fondo, sabía que no amaría a otro hombre, tanto como a su querido Killian Jones.
Emma se hundió en su pena y tristeza, quería a toda costa desconectarse del mundo, ya no quería ser parte de él, sabía que la promesa debía cumplirla a como diera lugar, Killian lo merecía, y esa armadura no tenía por qué volver a cubrirla.
─ ¡Emma! ─pronunciaba su madre abriendo la puerta de su habitación─ Emma, responde.
Snow se acercó, se sentó en la orilla de la cama, y tocó la cabeza de su hija sobre el enorme cobertor. Mientras que David, con Neal en brazos, se sentó del otro lado de aquella cama matrimonial, en el lugar que debía pertenecerle a Killian.
─ ¿Cómo fue que pudieron romper el Hechizo? ─Cuestionaba Emma con voz ronca.
─ ¿De verdad pensabas que un Hechizo de Protección podría detenerme? ─exclamaba Snow tratando de ocultar su tristeza al ver a su hija así de derrotada─ La próxima vez, lanza el Hechizo en todas las puertas de tu casa.
Ese comentario lo único que logró fue una risa diminuta y casi imperceptible. Snow lo tomó como una aprobación para comenzar a quitarle el cobertor de la cabeza.
Emma, como una niña pequeña, ocultó su cabeza bajo la almohada. Snow sonrió tristemente ante la reacción, y le quitó esa cosa para que pudiera verla fijamente. Su niña levantó la mirada, sus ojos estaban hinchados de lo mucho que había llorado en tan poco tiempo.
─Emma… ─Comenzaba Snow poniendo su mano en el hombro de su hija.
Al sentir el cálido contacto, se levantó como rayo, y abrazó a su madre. Ésta le correspondió el abrazo para que su hija se desahogara por fin.
─Emma, lo siento mucho. ─Pronunciaba Snow cuando Emma la abrazó con más fuerza tratando de impedir que más lágrimas salieran.
─Mamá ─empezaba la Salvadora con todo el dolor del mundo─. Cometí muchos errores, yo… yo jamás debí haber ido ahí.
Swan se derrumbó en los brazos de su madre, ya no le importaba su armadura, no quería hacerse la fuerte, lo que necesitaba desesperadamente, era a su madre con ella. Lo que más pedía a gritos era tenerla a su lado como una niña pequeña, como siempre debió ser, y ahí estaban las dos, madre e hija, la madre sosteniendo a la hija, ahora que perdía lo que más amaba, y no lo vería en mucho tiempo.
Emma estaba cansada, si bien desde que entraron al Inframundo, no había dormido más que unas escasas dos horas, el cansancio y el dolor acumulado la estaban venciendo a esa hora tan temprana de la noche.
─Descansa, cariño ─suplicaba Snow ayudando a Emma a acostarse una vez más─. Mañana será otro día.
─El más pesado de mi vida. ─Replicaba Emma mirando al techo.
─Ya no pienses en eso, y descansa, Emma. ─Pedía su padre depositándole un beso en la frente.
─Gracias papá, pero creo que no podré dormir esta noche tampoco. ─Confesaba Emma girándose a la derecha y comenzando a morder la uña de su pulgar.
Los Charming la miraron, sin poder hacer mucho para calmarla. Estaban por irse, cuando a Snow le vino a la memoria un viejo recuerdo de hace unos años cuando todavía era Mary Margaret Blanchard, aquel día en el que sólo Emma estaba con ella.
─Emma ─comenzaba su madre─, cariño, ¿quieres estar sola?
Swan movió la cabeza diciéndole a su madre que no quería estar sola, ya no más, el sólo tenerla cerca la hizo sentir protegida, y si su madre se iba, volvería al mismo agujero oscuro en el que estaba momentos antes.
─Yo me encargo, David. ─Afirmaba Snow dándole un beso en la mejilla.
Charming asintió y salió de la habitación junto con Neal para marcharse a casa. Luego de cerrar la puerta, Snow caminó y se acostó junto a su hija, haciendo todo lo que estaba a su alcance para que ella sintiera un poco de alivio sólo con su presencia.
La casa estaba muy silenciosa, lo único que podía escucharse eran sus respiraciones, Emma sin poder cerrar los ojos, y Snow cuidándola sin descanso. Así pasaron las horas de insomnio, hasta la medianoche, cuando su madre se levantó y fue a revisarla, sólo para comprobar que su niña al fin se había dormido.
A la mañana siguiente, el dulce olor a Chocolate recién hecho la despertó, aún con los ojos hinchados, todavía triste, aún perdida, en estado de shock. La Salvadora bajó descalza las escaleras y con mucha pesadez, llegó a la cocina, y ahí estaba, esa mujer amable y feroz a la vez, sirviendo dos tazas de Chocolate, como en los viejos tiempos.
─Buenos días, Emma. ─Pronunciaba su madre dejando su taza frente a ella.
─Buenos días, mamá ─respondía Emma con una sonrisa triste─, no me lo tomes a mal, pero justo ahora, me siento como cuando llegué a Storybrooke por primera vez al verte preparando esto.
─Creo que desde que se rompió la Maldición, no habíamos tenido un tiempo para nosotras ─justificaba Snow─, sólo, quise sentirme conectada contigo una vez más.
─Siempre lo hemos estado. ─Replicaba Emma.
─Yo lo sé, pero, aun así, quise hacerlo.
─Gracias, mamá.
Emma y Snow se quedaron en silencio hasta que ambas se terminaron su Chocolate. La Salvadora vio el reloj, y sabía que la hora que no quería que llegara se aproximaba.
─Iré a darme una ducha, y después nos iremos al Cementerio. ─Exclamaba Emma levantándose de su asiento.
─Espera ─pedía su madre─. Es que, ni Regina ni tu padre me han dicho nada sobre el Funeral.
─ ¿Qué? ─cuestionaba Emma sin poder creerlo─, pero si Regina dijo que anoche haría todos los trámites.
Su madre estaba por replicarle cuando la puerta de entrada sonó. Emma le retiró el Hechizo de Protección, y así, David, Henry, Robín y Regina entraron para dar las noticias del día.
─Tenemos problemas. ─Empezaba David.
─ ¿Qué sucede? ─Pedía saber Snow.
─No encontramos a Hades en ningún lugar. ─Terminaba Regina cerrando la puerta.
─ ¿Creen que esté planeando algo? ─Inquiría la madre de Emma.
─No estamos seguros ─replicaba la Reina─, pero que nos haya intentado atrapar en el Inframundo me da a entender que sí.
─Así que, hasta que no sepamos su próximo movimiento, tendremos que posponer lo del Funeral. ─Terminaba David.
─ ¿Y qué hay del cuerpo de Killian? ─indagaba Emma reaccionando por fin─ Él se sigue pudriendo.
─Fuimos a verlo hace un rato ─intervenía Robín─, el grado de descomposición es menor.
─De todos modos, los de la Funeraria ya lo están preparando ─agregaba Regina─, sólo están esperando nuestra orden para comenzar con lo demás.
─Está bien ─expresaba Emma─, mientras más rápido detengamos a ese idiota, más rápido honraremos a Killian como se merece.
Inframundo
Esa Tarde
─Antes de comenzar, tienes que saber algunas cosas ─pronunciaba Zeus caminando alrededor de Killian─, En el momento en el que yo te dé parte de mi Fuerza, no podrás hacer uso de ella arbitrariamente, tampoco puedes usarlos al mismo tiempo que yo, ni mucho menos, dejar que tus emociones te controlen.
─ ¿Por qué no? ─Inquiría Killian.
─Una Magia como ésta es muy poderosa ─comenzaba a explicar el Dios─, si tú la utilizas a cada segundo podrías provocar la Destrucción de Storybrooke. Y, si atacásemos al mismo tiempo a Hades, sería el mismo resultado de haber ido solo.
─ ¿Y qué ocurrirá si dejo que mis emociones me controlen? ─Preguntaba Killian una última vez.
─Comenzarás a brillar, y tu Alma se desintegrará ─respondía Zeus─. Dime, Capitán, ¿todavía quieres hacerlo?
─Eso es algo que no tengo ni que pensarlo dos veces. ─Aseguraba Garfio.
─ ¡Muy bien! ─contestaba Zeus tomándolo por el hombro y haciéndolo caminar a la orilla del Río Estigia─. Capitán Jones, ¿conoces el mito del gran guerrero Aquiles?
─Sí, lo recuerdo bien.
─ ¿Recuerdas lo que lo hacía parcialmente inmortal?
─Su madre lo sumergió a un lago, pero no puedo acordarme del nombre.
─El lago Estigia ─replicaba el Gran Zeus─, cuentan las viejas leyendas que sus Aguas eran capaces de volver invulnerable la parte del cuerpo que se sumergía en ellas. Ese lago, proviene de aquí, del Río que lleva el mismo nombre, el Río del Odio, otras historias antiguas, proclaman que alguien podría morir si bebe de sus Aguas.
─Una historia interesante ─comentaba Killian─, pero, no entiendo qué es lo que tiene que ver con lo que ibas a hacer.
─No puedo darle mis Poderes a cualquiera ─exponía Zeus─. Tengo que averiguar si tu Alma es realmente digna para seguir esta tarea conmigo.
─ ¿De qué hablas? ─Cuestionaba el Capitán muy nervioso.
─Nos queda poco tiempo hasta que la luna llegue al cénit y así puedas salir de aquí ─declaraba Zeus poniéndole un grillete en el pie─. La llave está en un cofre en el fondo del Río.
─ ¡¿Qué?! ─Espetaba Garfio.
─Aquí hay dos alternativas: que antes de que el tiempo termine, salgas de ese Río en una pieza, o que, al primer contacto, te desintegres.
─ ¿Por qué haces esto? ─Inquiría Killian.
─Necesitas probar que eres digno para la misión ─argumentaba Zeus─, y no sólo a mí, sino al mismo Río.
Zeus se apartó lentamente, y usó su Magia para lanzarlo al Río Estigia.
Killian entró en sus aguas con un enorme terror, no sabía si era el elegido, si Zeus había hecho la perfecta elección al nombrarlo como su contenedor, no quería irse de esa manera, ya que, de cierta forma no estaba cumpliendo su promesa.
Por otra parte, estaba ese último párrafo, lo que dictaminaba cuál era su Asunto Pendiente, tenía que saber qué significaban las palabras de Henry, y, por último, estaba la situación actual.
Hades los engañó, y casi hace que Emma se quedara atrapada en el Inframundo, ese malnacido estaba en Storybrooke creando el caos, y si estaba en su poder ayudar a su Familia, y salvar a la mujer que amaba una vez más, él era capaz de nadar a través de los cinco Ríos del Inframundo, y de cierta manera, eso era lo que iba a hacer.
El Río Estigia era de color amarillento y bastante profundo. El grillete caía a toda prisa, mientras que Killian, por instinto movía los brazos, tratando de subir a la superficie.
Cuando la bola de metal tocó las rocas al llegar al fondo, Killian comenzó a buscar el cofre con desesperación. El agua era muy turbia en ese nivel, se le hacía muy difícil centrar la vista en un punto en específico, y la escasa luz tampoco era de gran ayuda.
Tanteó el terreno con su mano en una búsqueda a ciegas hasta toparse con una piedra, en el momento en que la levantó, un pequeño resplandor apareció, se trataba de uno de los adornos del pequeño cofre de madera. Sin pensárselo dos veces, Garfio utilizó la roca para destrozar esa cosa y sacar la llave.
Él se agachó y buscó la pequeña cerradura con el tacto, al encontrarla, introdujo la llave, y pudo liberarse por fin.
Killian estaba satisfecho por lo que había logrado, hasta ese momento, había demostrado ser digno para el Río del Odio, o al menos, era lo que creía.
Cuando comenzó a nadar para volver a la superficie, una enorme criatura salió de una cueva y lo embistió. Lo llevó lejos del comienzo del Río, a un lugar repleto de armaduras hundidas y oxidadas, además de esqueletos humanos, y armas.
Garfio trató de evadirla, pero esa bestia lo rodeaba a cada instante, obligándolo a quedarse en ese mismo lugar, y a los pocos segundos lo comprendió todo. La prueba no se trataba sólo de nadar de vuelta a la orilla, sino demostrar lo que él verdaderamente valía, decirle al Río que nada ni nadie iba a detenerlo para alcanzar su último objetivo.
Tomó una vieja Espada de un esqueleto que tenía a su lado, y la blandió como un maestro, a pesar de la presión que ejercía el agua del Estigia. Después, movió su brazo izquierdo con más convicción que antes, decidido a salir de ahí. La criatura era evidentemente más veloz que él, y eso no le importó, la esperó con el sable en la mano, y esa cosa lo devoró sin problema.
Ya dentro de la bestia, y antes de que otra cosa sucediera, usó sus armas y la hirió desde adentro, partiéndola en dos con la Espada oxidada.
Ese Monstruo acuático de disolvió en pequeñas esporas doradas, lo que significaba, que era el momento justo para regresar a tierra firme.
Zeus miraba el reloj de arena que trajo consigo, faltaba poco para la hora pautada, y Garfio no salía del Estigia, lo que le hacía perder las esperanzas en él.
─Tal vez me equivoqué respecto a este Capitán ─exclamaba Zeus para sí─, creo que en verdad no era digno.
Zeus se dio la vuelta, y comenzó a caminar para salir de ahí e idear otra forma de entrar a la Tierra Mortal, ya completamente resignado a que Killian había fallado.
─ ¡¿Adónde crees que vas?! ─espetaba éste último saliendo del Río Estigia─. ¡Tú y yo teníamos un trato!
─Ya era hora ─refutaba Zeus regresando a su antigua posición─. Comenzaba a creer que el Río te había consumido.
─Se necesita más que un montón de agua pútrida y una bestia marina para detenerme. ─Reafirmaba Garfio.
─Bueno, hagámoslo, ya no tenemos mucho tiempo.
Zeus tomó un chorro de agua de cada uno de los Ríos y lo introdujo en su cuerpo, una vez que lo asimiló, una esfera dorada muy brillante salió de su pecho y flotaba frente a él.
─Última oportunidad para echarse para atrás. ─Decía Zeus.
─ ¡Hazlo ya! ─Ordenaba Garfio poniéndose firme.
El Dios lanzó ese orbe con toda su fuerza, haciendo que se impactara con el ex Pirata.
Killian sintió como cada parte de su cuerpo físico se llenaba de ese poder sagrado, era la cosa más increíble que le había sucedido en su vida. El Poder de los Dioses, era algo impresionante.
Su cuerpo comenzó a brillar, y no dejó de hacerlo hasta que toda esa Magia se asimiló en su Ser.
─ ¡Listo! ─exclamaba Zeus cuando Killian dejó de brillar─. Vámonos, se nos está haciendo tarde, y tú sólo tendrás una hora para despedirte.
Garfio asintió y el Dios lo tomó por el hombro para desaparecer en medio de un relámpago.
Storybrooke
Esa tarde fue lo más parecido a una carrera contra el tiempo, Robín y Regina encontraron a Zelena, y ella se enfadó cuando su hermana menor le dio a entender que harían hasta lo imposible por proteger a la Ciudad, y eso implicaba acabar con Hades. Zelena fue con él, y juntos crearon un arma poderosa capaz de acabar con todos en un santiamén.
Por otro lado, Emma, Henry y los Charming continuaban buscando al Dios de la Muerte, sin éxito, parecía que se había vuelto bastante escurridizo ahora que ya estaba completamente libre.
Emma estaba muy enfadada con Hades por haberlos engañado, y darles falsas esperanzas, quería que pagara por lo que había hecho, y lo que pretendía hacer ahora que estaba suelto.
Regina le envió un mensaje a la Salvadora pidiéndole que se les uniera en su Oficina para enfrentar a Hades, y cuando ella se fue, un caballero alado apareció frente al resto de su Familia.
─ ¿Qué demonios es eso? ─Inquiría David.
─No tengo la menor idea ─respondía Snow tensando el Arco─, pero creo saber quién lo envió.
─Henry, ¡sal de aquí! ─Ordenaba Charming.
El Caballero los rodeó con llamas rojas y se preparó para atacarlos. Clavó su Espada en el concreto de la calle, y la onda expansiva los envió directamente al suelo. ¿Qué sucedería ahora? Ninguno lo sabía. Charming y Snow pelearían hasta derrotarlo, protegerían a su nieto a como diera lugar, estaban decididos a luchar contra el Dios de la Muerte, y si tenían que destruir al Caballero lo harían sin chistar.
Los tres se levantaron, y frente a ellos aparecieron dos figuras en medio de un enorme relámpago dorado. La luz cegadora les impidió ver al Ser que destruyó al Caballero en un abrir y cerrar de ojos.
─Yo iré a buscar a Hades ─exclamaba Zeus desapareciendo─. Tú quédate aquí con ellos.
Otro relámpago se llevó al Gran Dios, dejando a los Charming con su viejo conocido.
─ ¿Están bien? ─Preguntaba Killian dándose la vuelta.
─ ¿Qué haces aquí? ─respondía David a modo de pregunta─ Emma dijo que no había forma de traerte de vuelta.
─Y no la hay ─declaraba Garfio con seriedad─, sólo estoy de paso.
─ ¿Para qué? ─Indagaba Snow.
─Vine a detener a Hades ─respondía Killian─. ¿Dónde está Emma?
─Regina la llamó, porque al parecer, ella y Robín lo encontraron en la Oficina del Alcalde. ─Replicaba David.
El rostro de Killian se llenó de una profunda preocupación por su Amor Verdadero, quería salir corriendo, pero, tenía que cumplir con su parte del trato, y solo servir como un contenedor. Además, como le había dicho a Cruella, él estaba seguro de que Emma detendría a ese loco, y más ahora con la ayuda de Zeus. Sólo tenía que ser paciente. Henry corrió junto con él, y le dio un rápido y pequeño abrazo, el mismo que quería darle justo antes de salir del Inframundo, o cuando lo vio morir, necesitaba estrechar a su querido amigo, y Killian lo aceptó sin protestar, de hecho, ese gesto lo enterneció todavía más. No había sido muy justo con él.
─Tenemos que ir a ayudarles, si es que ya encontraron a Hades, nos necesitarán. ─Decretaba Snow.
─No ─replicaba Killian saliendo de sus pensamientos─. Debemos quedarnos aquí. Zeus está con ellos, estarán bien.
─ ¿Zeus? ─cuestionaba Charming─. ¿Él está aquí? ¿Y de cuándo acá le haces caso a un Dios?
─Creo que deben saber, cómo fue que pude salir del Inframundo por esta única ocasión ─aseguraba Killian─. Iremos con ellos, sólo si vemos que no han regresado.
Robín y Regina salieron del Parque y partieron a su encuentro en la Oficina de la Alcaldesa con Hades y Zelena, encontraron ahí a quien menos esperaban hallar.
─No puede ser… ─exclamaba Robín bajando el arco─ ¿qué está haciendo ella aquí?
La Pequeña Hood dormía plácidamente en una pequeña canasta encima de la mesa de la Oficina.
─No lo sé ─respondía Regina acercándose a ella─. Algo no anda bien.
Regina y Robín se dieron cuenta de que ella estaba en lo cierto cuando Hades usó el Cristal Olímpico para cerrar la puerta del lugar.
─Shhh ─pronunciaba el Dios de la Muerte poniendo el dedo índice sobre su boca─. La van a despertar.
─Nos costó mucho trabajo dormirla ─agregaba Zelena─. Me dolería que se despertara tan asustada.
─Veo que ya elegiste un bando. ─Aseguraba Regina mirando a Zelena con decepción.
─No me diste opción, hermana ─alegaba la Bruja del Oeste─. Él es mi Amor Verdadero, y lo seguiré adónde quiera que vaya.
─ ¿Y qué van a hacernos? ─espetaba Robín─ ¿Nos matarán con esa cosa puntiaguda?
─No ─respondía Hades levantando el Cristal─. Esto no es para matarlos, sino para terminar con ustedes.
─ ¿Qué tratas de decir con eso? ─Cuestionaba Regina.
─ ¿Por qué no lo averiguas? ─Sugería Hades haciendo funcionar el Cristal Olímpico.
Un rayo blanco provino de aquel largo Cristal, y antes de que tocara a alguno de los dos, Emma apareció de entre las sombras, los tacleó, y desvió el rayo con su Magia para no dañar a la bebé.
─Ya era hora de que aparecieras, Emma ─expresaba Regina─, ¿y ésta es tu única forma de derribar a alguien?
─ ¿Los salvé o no? ─Alegaba Emma poniéndose de pie.
─ ¡Vaya, vaya, vaya! ─vociferaba Hades─ Así que la Salvadora… al fin dejó de llorar.
─Cierra el pico. ─Mascullaba Emma apretando los dientes.
─Dime, Emma ─proseguía Zelena abrazando a su Amor Verdadero─. ¿Qué se siente saber que no podrás tener a tu Pirata contigo nunca más?
Emma apretó los puños, y la observó con ira, si Regina había declarado que ella había cambiado, no se le notaba casi nada. Zelena, por su parte, sonrió ante el enfado de la Salvadora y comenzó a caminar por la habitación.
Robín, Regina, y la hija de Snow retrocedieron y los cuatro quedaron de frente, Zelena cerca de la ventana.
─ ¿Ya estás lista para volver al Inframundo, Emma? ─exclamaba la Bruja del Oeste─, espero que Garfio esté ansioso por volver a verte, y eso si esa Amaestra Perros no lo convirtió ya en su nuevo juguete.
Swan ya estaba harta de escuchar a Zelena, no estaba de humor como para seguir soportándola. Llena de furia, corrió hacia ella sin darle tiempo para reaccionar y ambas cayeron por la ventana. Regina y Robín las vieron caer, pero no las encontraron en el suelo, gracias a que la Salvadora decidió llevar a la Bruja del Oeste a la entrada del mismo edificio, para poder luchar en paz.
─Aquí estamos una vez más, Emma ─afirmaba Zelena poniéndose de pie─. Tú y yo. Ya no eres el Ser Oscuro, ni yo tengo el brazalete, ¿quieres luchar contra mí?
─Bueno ─alegaba Emma─. Ya te vencí una vez con un simple truco barato, así que, estoy segura de hacerlo una vez más.
─Eso lo veremos ─afirmaba Zelena─. Vamos, Emma. Averigüemos si tienes el estómago para asesinarme tal y como pensabas hacerlo hace unos días.
La Batalla comenzó cuando Zelena comenzó a lanzarle sus ya clásicas bolas de fuego color verde, mientras que ella las esquivaba rodeándola y dándole un fuerte puñetazo en el rostro.
─ ¡Ese fue por Neal! ─espetaba Emma volviendo a golpearla─ ¡Ese, por tratar de matar a Henry!
Zelena dio unos pasos hacia atrás tratando de replantear su estrategia, pero Emma estaba furiosa, y se lo estaba impidiendo.
─ ¡Este, es por Marian! ─proseguía la Salvadora con más furia─ ¡Éste es por traicionarnos en Camelot! ¡Y éste, por Killian!
El último golpe lo dio con mucha más saña que los anteriores, Emma no estaba pensando racionalmente, parecía esa chica de veintiséis años que buscaba como loca a sus padres.
Mientras ellas peleaban fuera de la Alcaldía, Killian seguía cuidando a Henry y los Charming, no muy lejos de aquel lugar, esperando obedientemente como Zeus le mandó.
─ ¿Y qué tal está el Inframundo? ─Indagaba Snow.
─Ya saben, rojizo, lúgubre, y con un tremendo descontrol por parte de todos los Muertos que no dejan de pelear entre sí ahora que Hades ya no está. ─Respondía Killian.
─ ¿El Infierno se desató? ─Inquiría su viejo amigo con una sonrisa.
─Y vaya que sí. ─Contestaba Killian.
─Todo, obra de Cruella, supongo. ─Proseguía el Príncipe.
─Creo que se podría decir que así fue ─replicaba el Pirata─. Cuando salí de la Biblioteca, encontré a todas las Almas peleando entre sí.
El tiempo que Killian les había pedido se estaba terminando, y ninguno de los tres volvía con el ya mencionado Zeus. Algo les había pasado, y en el momento en que estaban por poner manos a la obra, Henry y los Charming desaparecieron frente a los ojos del ex Pirata.
Killian los buscó con la mirada por todos lados, hasta que escuchó una pelea a lo lejos, cuando se dio cuenta de quienes eran aquellas que reñían en ese lugar, le importaron un verdadero carajo las órdenes de Zeus y salió corriendo hasta allá.
Zelena se limpió la sangre de su labio, y volvió a usar su Magia atacando a Emma con furia. Ésta última usó sus Poderes para contrarrestar su ataque, pero, de buenas a primeras, Zelena la mandó a volar como si fuera una bolsa de papel.
─Sabes bien que la Magia está ligada a las emociones, Emma ─comentaba la Bruja del Oeste caminando velozmente hasta ella─. Y tú estás fuera de control.
─ ¿Y qué vas a hacer ahora? ─cuestionaba Emma─ ¿Matarme?
─No, sólo tomaré algo que es tuyo prestado, pero no te preocupes, Hades prometió devolvértelo tal y como está.
Zelena tomó por sorpresa a Emma e introdujo su mano en su pecho, sacando nuevamente ese Corazón tan puro.
─Hades sólo está jugando contigo Zelena ─explotaba Emma─. No sé qué es lo que Hades quiera hacer con mi Corazón, pero, siento que no te incluye a ti.
─Mira que tenemos aquí ─decía Zelena mirando el Corazón de Emma y sin prestarle atención a sus palabras─. Realmente me sorprende que no tenga ninguna mancha de Oscuridad.
─Cuando algo es puro desde su nacimiento, no puede ser corrompido con nada. ─Exclamaba Garfio muy a la distancia.
Emma y Zelena miraron a sus espaldas, una más atónita que la otra.
─Es la segunda vez en las últimas horas que lo diré, pero, eso no te pertenece, Amor.
─ ¿Y qué harás, Capitán? ─espetaba Zelena─ ¿Pelearás contra mí?
─Mejor aún ─replicaba Garfio caminando hacia ellas─, dejaré que te hundas tú sola.
─Cuidado, Garfio ─decía Zelena comenzando a estrujar el Corazón de Emma y provocándole dolor a ésta última─, tal vez tú estés Muerto, pero ella no.
Killian chasqueó los dedos, y Zelena quedó petrificada aun sosteniendo el Corazón de Emma en su mano.
─Te lo dije, Zelena ─afirmaba Killian tomando el Corazón e hincándose para estar al nivel de Emma─. No vayas a decirle nada a nadie, Amor, se supone que no debo utilizarlos.
Emma estaba peor que hace unas horas, tenía frente a sus ojos al hombre que Ama, al que había dejado en las profundidades del Inframundo.
─ ¿Qué? ─preguntaba Emma muy confundida─ ¿Cómo?
─El cómo no importa ─respondía Killian con una sonrisa─, sabes que eso jamás me ha detenido.
─No lo entiendo, ¿por qué estás aquí?
─Bueno, pues, yo te prometí que no te haría mi Asunto Pendiente, sin embargo, estoy aquí para asegurarme que tú no regresarás al Inframundo tan pronto.
─ ¿Volviste? ─inquiría Emma envuelta en un mar de llanto─ ¿De verdad volviste?
─Sólo por un tiempo ─contestaba Killian─. Me ofrecí como contenedor del poder de Zeus para que tú y él puedan detener a Hades de una vez por todas.
─ ¿Por qué?
─A cambio, me dejará despedirme de todos ustedes. ─Respondía Garfio con amargura.
─Creí que no querías eso.
─Sí, pero, que equivocado estaba, además, ellos se lo merecen.
─ ¿Y dónde está Zeus? ─Indagaba Emma.
─No lo sé, escuché un estruendo, tus padres y Henry desaparecieron, y algo me dice que no están allá arriba esperando a la Salvadora ─contestaba Garfio─, pero, antes de ir a buscarlos, como locos, ¿qué te parece si regresamos este Corazón a su lugar.
─De acuerdo. ─Aceptaba Emma muy Feliz por tenerlo de regreso, aunque sea una última vez.
Garfio la ayudó a levantarse, y cuando éste último iba a introducir su Corazón en su pecho, desapareció de sus manos.
Lago de Storybrooke
Hades los había llevado a ese lugar para que todos los Héroes observaran la humillación pública que le daría a Zeus ahora que ambos estaban juntos una vez más.
─Bienvenido, Hermano Mayor ─exclamaba Hades mirando a Zeus desde un pedestal que creó─. ¿Estás listo para la revancha?
─Veo que ni siquiera el Amor Verdadero puede cambiar al iracundo y berrinchudo de mi Hermanito ─alegaba Zeus─. ¿Para qué nos trajiste hasta aquí? ¿Acaso tu ego no cupo en esa habitación tan pequeña?
Hades miró a su Hermano con rabia, cosa que ya era costumbre en él, sin embargo, las cosas cambiarían ahora que ya tenía sus Poderes completos.
─ ¿Sabes qué es esto, pequeño Zeus?
─El Cristal Olímpico que cierto niño malcriado me quitó y escondió antes de que lo encerrara en el Inframundo ─respondía Zeus─. Aunque, no sé de qué te servirá que lo tengas. Nunca pudiste hacerlo funcionar ni siquiera antes de que apagara ese pedazo de carbón que llevas en el pecho.
─Te sorprenderá lo mucho que la situación ha cambiado desde aquel entonces. ─Aseveraba Hades mirándolo fijamente.
─Ya déjate de payasadas, y baja de ahí. ─Pedía Zeus, harto de escucharlo.
El Hermano de Hades expulsó un rayo de su mano con la intención de atacarlo. El Rey del Inframundo levantó el Cristal Olímpico y absorbió su Poder.
─ ¡¿Qué fue eso?! ─espetaba Zeus─ ¡¿Qué le hiciste a esa cosa?!
─Le di un mejor uso que el tuyo, Zeus ─exponía el Dios de la Muerte─. Convertí tu pequeño juguete en una "esponja" de Magia, algo muy parecido a la caja de Pandora.
─ ¿Cómo? ─Pedía saber el Padre de todos los Dioses.
─Gracias a la única cosa que tú jamás podrás disfrutar ─decía Hades bajando del Pedestal─. Zelena y yo reforzamos el Cristal con nuestro Amor.
─Ya la tienes a ella, lo que te hacía falta, lo que yo te arrebaté ─alegaba Zeus con una enorme preocupación─. ¿Para qué los quieres a ellos? Déjalos ir. Ambos sabemos que soy el que te causó tanta ira.
─Pero estos Héroes no están aquí por mí, Hermanito ─respondía Hades─. Ellos pagarán por hacer sufrir a mi Amada Zelena.
─ ¡Estás equivocado! ─espetaba Regina─ Zelena sí fue una víctima, pero, sus acciones fueron las que nos orillaron a desconfiar de ella.
─No sólo porque fuera Malvada y ya. ─Agregaba Snow.
─Son sólo excusas ─protestaba el Rey del Inframundo─. Zelena no se merecía nada de lo que tuvo.
─Estoy de acuerdo con eso ─continuaba la Reina─, sin embargo, dime, Hades, ¿piensas torturar a todos los que en algún momento dañamos a mi hermana?
─Su padre adoptivo lo pagó muy caro, y si no fuera por ti, Cora seguiría pudriéndose en ese molino, pero, sí. Haré pagar a todos los que nos han herido a ambos. ─Confesaba Hades con convicción.
─Hades ─comenzaba Regina─, entiendo las razones de mi Hermana para estar a tu lado, sé que lo que comparten es Amor Verdadero, no obstante, necesito que empieces a hacerte esta gran pregunta: ¿realmente crees que esto que haces, hará muy feliz a Zelena?
─Por supuesto que sí ─contestaba Hades─, ella estará complacida con todo lo que estoy dando, porque haré que esta Ciudad se postre a sus pies, y que tenga lo que siempre mereció, lo que tú le arrebataste.
─Si lo que piensas es verdad, ¿en dónde está Zelena?
─Encargándose de conseguirme el último ingrediente para ponerle fin a sus vidas ─exclamaba Hades al sentir un pequeño bulto en la bolsa izquierda de su saco─. El Corazón proveniente del Producto del Amor Verdadero.
Los presentes se miraron al escuchar la declaración de su Enemigo. Hades estaba empecinado en hacer feliz a Zelena, como él creía que era el modo.
─ ¡Mi Hermana te Ama! ¡Ella cambió, y cree febrilmente que tú también! ¡Detén esta locura! ─suplicaba Regina─ ¡Detente, y haz lo mejor para ella!
─ ¡Esto es lo mejor para ella! ─exclamaba Hades, levantando el Cristal para hacerlo funcionar─. Antes de acabar contigo, debo confesar algo.
─ ¿Qué? ─Cuestionaba Zeus evaluando la situación.
─Tú no puedes entrar a la Tierra Mortal con todo tu Poder ─decía Hades─. ¿Cómo le hiciste?
─Un Mago nunca revela sus secretos ─contestaba Zeus haciendo que su Magia comenzara a salir de sus manos─, y yo tengo una pregunta para ti.
─Tú no eres un Mago, pero habla ya. ─Refutaba Hades.
─Esa nueva esponja brillante. ¿Absorbe lo que sea?
─No estoy seguro ─respondía el Rey del Inframundo observando detenidamente el Cristal─. ¡Date cuenta tú mismo!
El Hermano Menor de Zeus usó el Cristal para atacarlo antes de que la Magia saliera de sus manos. El Hechizo que él y Zelena lanzaron era reforzado por el retorcido Amor que se tenían, sumando a eso todo el poder consumado del Rey del Inframundo. El Padre de todos los Dioses cayó ante él casi enseguida.
─ ¡Debiste enfrentarme con todo tu Poder, Zeus! ─afirmaba Hades cuando su Hermano se quedó atrapado en el Cristal─. ¡Es una lástima que Poseidón no estuviera aquí para abogar por ti!
Emma y Garfio llegaron corriendo en el momento justo en el que Zeus era encerrado, pero, ya no pudieron hacer nada.
─ ¿Qué estás haciendo tú aquí? ─espetaba Hades mirando a Garfio─ ¡Ya no quedaba más Ambrosia!
─Al menos admites que sí nos engañaste. ─Replicaba David.
─ ¿Qué estás haciendo aquí? ─Inquiría Regina.
─El Inframundo está al borde del colapso ─respondía Killian─, y piden desesperadamente a su Rey. Así que, vine personalmente por él.
Hades dejó escapar una enorme y fuerte carcajada al oírlo, no podía creerlo todavía.
─ ¿Tú? ─inquiría Hades señalando a Garfio─ ¿Quieres destruir al Dios de la Muerte? ¡Te dije que era imposible!
─En realidad, sólo dijiste que muchos otros lo habían intentado, y que ninguno lo logró. ─Rectificaba Killian.
─Es lo mismo ─replicaba el Rey del Inframundo─. ¿Y me vas a decir cómo pretendes derrotarme sin Magia, ni vida?
─Dado que el que se supone que venía a detenerte está encerrado en tu juguete brillante, no me queda otra opción.
Killian usó la Magia y Poder de Zeus para atacarlo. Hades esquivó el rayo casi por milagro. Emma y compañía estaban asombrados por el inmenso Poder que el ex Pirata tenía en esos momentos.
─Ahora lo entiendo todo ─exclamaba el Dios de la Muerte─, el desgraciado de Zeus te usó como contenedor. ¿Cómo pudiste ser Digno del Poder de los Dioses?
─No fue sencillo ─replicaba Garfio─. Tuve que nadar en un Río Amarillento y luchar contra tu pez mascota.
─El Estigia te perdonó, pero yo no lo haré. ─Terminaba Hades.
─Ya déjate de todos esos diálogos ─pedía Killian─. Yo también fui un Villano, me sé todo el protocolo.
─ ¡Llegó tu fin, Hades! ¿Estás listo, Killian? ─Preguntaba Emma preparándose para atacar.
─Seguro que sí, Amor.
Detrás de ellos, su Familia se ponía en posición para comenzar la Batalla Final contra el Dios de la Muerte, y éste último, estaba listo para usar su jugada final, sabiendo lo peligroso que era para el Alma del Capitán utilizar la Magia de su hermano.
─Zeus te dijo lo que te pasaría si dejabas que tus emociones te dominaran, ¿verdad?
─ ¿Eso qué tiene que ver aquí? ─Espetaba Killian.
─No es nada, sólo quiero ver como reaccionarás a lo que sucederá. ─Respondía Hades metiendo su mano izquierda en el bolsillo de su abrigo.
─ ¿De qué hablas? ─Cuestionaba Regina.
Hades sacó el Corazón de Emma del bolsillo ante la mirada aterrorizada de sus contrincantes.
─Emma ─comenzaba Hades─. Hay pertenencias, que se deben cuidar y proteger, porque son muy valiosas.
El Dios de la Muerte apretó el Corazón de la Salvadora muy despacio, haciendo que ésta última cayera al suelo, poniendo la mano derecha en su pecho una vez más, mientras que su Familia corría para sostenerla, y Killian miraba con furia a Hades, y unas pequeñas esporas doradas comenzaron a brotar de él.
