║ -Juego de niños-║

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Logró bajar al séptimo piso sin ser encontrado por ninguno de aquellos sujetos, diez en total, que comenzaron a dispararse entre sí a quemarropa. Unos pocos fueron más inteligentes escabulléndose como él por el estrecho pasillo de la salida de emergencia.

En cuanto cruzó la puerta de limpieza perdió a Hanji de vista, Levi no trató de buscarla.

Todo había sucedido muy rápido, demasiado para su gusto, aún podía sentir el frio de la azotea y los bonitos ojos de aquel niño grabados en su retina. Levi se pasó una mano por la nuca, en la otra sostenía el arma. Bajo la cabeza para observarla.

Una glock 18, un arma automática. Sintió la textura parecida al plástico entre sus dedos, era ligera y firme aunque para disparar se necesitaría una gran fuerza y rapidez.

No se comparaba con su revólver metálico en nada, ni siquiera un poco.

Y toda esa locura donde tuvo que caer tampoco le llamaba la atención, es más, detestaba exponerse de aquella forma. Sacaría a Hanji de allí para entregarla a Moblit y que la internaran en un psiquiátrico, uno donde no pudiera salir fácilmente. A todo esto, ella mencionó a Erwin pero ¿dónde estaba el cejotas? Quizá no admitían mancos en la mafia.

Su propio chiste personal le causo gracia, en medio de aquel diminuto cuarto rodeado de escobas pudo torcer la boca para modular algo parecido a una imperceptible sonrisa, apoyó la espalda contra la pared interior y volvió a examinar el arma provisionándose de todos los datos que necesitara para salir de allí.

Estaban en el Palace Rose, un hotel cerrado donde nadie escucharía los disparos. Un hotel durmiente al que le hacía falta un poco de calefacción. Pero la calefacción no importaba, desde hace muchos años que si vida era un constante invierno.

Escuchó dos disparos que lo sacaron de sus cavilaciones, unos gritos y golpes en cada puerta, no le importó en lo más mínimo. Asustarse y encogerse de miedo estaba destinado a los civiles, no a él.

Tenía que concentrarse.

Aquellos tipos eran miembros de una mafia, por sus rostros y rasgos podría decir que se trataba de una mafia alemana. Conocía un poco de todas ellas. En sus años de entrenamiento militar, antes de la guerra, él y los otros planearon entrar a la Interpol luego de volver a casa.

Las mafias no eran otra cosa que simples delincuentes bien organizados, grupos de personas preferiblemente ramas familiares enteras que equipadas con armas y entrenamiento para cometer un cierto tipo de graves delitos y obtener algo a cambio. Dividida en dos clases por supuesto, los novatos que siempre caían y los más peligrosos, aquellos con experiencia necesaria para acabar con una ciudad entera. Levi se preguntó a qué bando pertenecían estos.

Si fueron vencidos por las trampas demoledoras de virus electrónicos de Hanji no eran tan buenos.

Ignoró el hecho de que también eran asesinos, para él aquello en realidad formaba parte de la vida cotidiana.

Una vez que manchaste tus manos con sangre inocente, siempre estarán machadas, le había dicho Kenny antes de marcharse de casa de su hermana. Y nunca lo puso en duda hasta el día de hoy.

No encontraba la diferencia entre ellos y su propia vida, un soldado que asesina civiles para proteger a otros civiles. Un mafioso que asesina civiles para obtener algo a cambio.

Ninguno de los dos encajaban dentro del mundo normal, esa realidad pintada donde todos cerraban los ojos para continuar con sus sencillas vidas de película. Incluso son él en medio las guerras seguirían existiendo, otro más lo haría. Era algo que Levi nunca pudo detener, algo mucho más grande.

Cerró los ojos cuando su pequeño refugio fue invadido y un gigantesco hombre sonrió triunfalmente al encontrarlo, la puerta tronó al chocar contra su borde, el hombre estaba eufórico. Murió en dos segundos, Levi no le dio tiempo de ver lo que sucedía, fue rápido y brutal.

El disparo fue limpio, le reventó el cráneo y el hombre cayó al suelo, inerte, un pequeño charco de sangre salpicó la losa y alfombra verde.

Así deberían ser todas las muertes, pensó mientras miraba hacia abajo con algunos mechones de cabello azabache cayéndole a ambos costados de la frente, rápidas y sin dolor.

Levi se preguntó si tendría familia, pero solo lo hizo por rrutin, como siempre se preguntaba cuando veía un cuerpo destrozado entre los escombros. En la guerra sucedían esas cosas, en la guerra ellos los caídos merecían un minuto de piedad pero aquí no. Levi reconfiguró sus pensamientos por otros al ver al hombre desmoronado en el suelo, había ido a la guerra para defender a un tipo como él, para matar gente inocente por un tipo como aquel. No valía la pena.

Esto lo hice yo. Esta es mi carga. Tengo las manos manchadas con sangre. Esto es completamente hermoso. Es como estar en casa otra vez. Es un juego de niños.

Por primera vez en meses la sangre volvía a correr por sus venas, esa fresca sensación lo abrazó por completo enviándole corrientes de calor por todo el cuerpo que antes solo sentía frio.

Le quitó el arma de entre las manos y se fue caminando, esta vez no pensaba esconderse. Iba a terminar con ellos uno a uno, saboreando cada caída, vengándose.

Entró al ascensor y pulsó los botones.

Descendiendo.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

En realidad si se trataba de una mafia alemana. Una grande y peligrosa. Lo comprobó cuando arrastraba a Hanji hacia la salida, la cuatro ojos había recibido un disparo en el tobillo.

—Mataste, Levi —le decía Hanji— cinco vidas. Cinco. ¿Cómo se siente? ¿No sientes la misma adrenalina de antes? Algo porque vivir…

—Estúpida —le dijo, interrumpiéndola— ya estás muy vieja para esto.

Ella se dejó llevar, agotada, uno de los hombres la había acorralado y forcejeaban cuando Levi vino en su ayuda.

El azabache empujó la puerta de salida, afuera los esperaban dos personas.

Sin limosina ni escoltas. Solo la rubia de cabello corto, y el hombre gracioso de lentes.

—¿Donde están los otros tres? Se suponía que cinco de ustedes serían escogidos —preguntó la rubia que vestía un traje negro de hombre ajustado para hacerlo un poco más femenino.

Levi le tiró sus patéticas Clock como respuesta.

—No queremos el trabajo —mascullo sin reparos— ella y yo nos vamos a casa.

—Las cosas no funcionan de esa manera —declaró.

—¿Y qué me das a cambio de que me quede?

Su respuesta sorprendió a la rubia más no a Zeke.

—Eres algo único Levi Ackerman —mencionó este—. Ex militar, tu viaje de vacaciones se canceló ¿No? —parecía bien informado—. Y a ti —miró a Hanji— tu esposo te está buscando, puso anuncios.

—Moblit es un amor ¿Cierto? —le sonrió la castaña.

—Tienen experiencia —observó la rubia, desaprobatoriamente— pero no son confiables, nosotros nos basamos en la lealtad.

—Lealtad —bufó el azabache sin poder contenerse.

—Él tiene problemas con ser leal o que le sean leal —interfirió Hanji, cojeando—. Yo me uno, estoy libre. De todas formas, ustedes tomarán represalias si no aceptamos.

—Eres inteligente —mencionó Zeke—, pero las recompensas son muchas, todo lo que ustedes quieran, dinero lujos…

—Quiero a Erwin en nuestro equipo —lo interrumpió la castaña.

El hombre pareció vacilar unos momentos, calculando las posibilidades, pero asintió.

—Nanaba se encargará de borrar todos sus datos —expuso—. Ustedes son muy cercanos a la ley. Policías, militares, Interpol. Necesito que desaparezcan del mapa, difundiremos la noticia de que están muertos.

Hanji y Levi intercambiaron una mirada silenciosa. Nadia parecía reparar en lo ilógico de esa propuesta.

—Necesito algunas cosas de casa —objetó Levi.

—Las traeremos —le dijo Nanaba, la rubia de pelo corto.

—¿Me dejaran llamar a mi esposo? —preguntó Hanji— ...se lo prometí.

—Contactarían la red —concluyó Nanaba dado por cerrada cualquier tipo de negociación.

Un helicóptero piloteado por otra chica de cabello pelirrojo y corto los esperaba de vuelta en la gran azotea, él pudo recostar a Hanji sobre el fino asiento de cuero y Nanaba les alcanzó un vaso de agua cristalina que se negó a aceptar.

—No esta envenenada —declaró Zeke— ¿Qué clase de vida te enseñó a ser tan desconfiado?

—Nada comparado con esto —respondió Hanji por él.

—No lo creo —Zeke se sentó frente a ellos con Nanaba que cruzó los brazos, el borde de su saco negro se deslizó a un costado dejando ver una brillante pistola oscura.

—Si usted es un monstruo, Levi es la encarnación del demonio en persona —formuló Hanji recibiendo el vaso de agua para tomarlo con cuidado.

Ella trataba de asimilar la situación de la mejor manera.

Comenzaba a lograrlo.

El azabache dejó de escuchar el parloteo cuando estuvieron en el aire. Algunos encargados se harían cargo de la limpieza del hotel puesto que Zeke era el dueño, y Nanaba la guardaespaldas personal de ese hombre borraría los datos de ambos esa misma noche.

Muertos, estarían muertos para mañana.

Su madre lloraría, sus amigos llorarían. Lo recordarían como ese chico sonriente del que ya no quedaba rastro. Estaba muerto hace años.

Y con el tiempo, lo superarían.

Esa era la pequeña libertad que tenían los civiles, superaban las cosas de una manera tan sorprendente que rayaba en lo patético.

Zeke, el jefe y líder supremo de la mafia alemana los llevó en un viaje de muchas horas hacia Berlín, la sede donde gobernaba. Muchos kilómetros lejos para ser de su completo agrado.

Tenían una pista de aterrizaje propia cerca de las colinas, un auto bastante discreto los esperaba. El conductor se presentó como Flagon y estuvo interesado en saber porque solo trajeron a dos integrantes con ellos.

—Los otros murieron —le dijo Nanaba, con su misma calma de siempre, refiriéndose a los otros diez.

Flagon no pudo ocultar su sorpresa como tampoco su desdén hacia Levi, de alguna forma no lo consideraba lo suficientemente bueno. Eso solo hacia denotar que él era un hombre que se guiaba a través del mundo por las apariencias.

Levi esquivó su venenosa mirada, lo que un simple chofer creyera de su persona lo tenía sin cuidado. Ahora mismo le preocupa otra cuestión muy importante.

Sabía que iba al centro del dolor, el lugar donde habitaban los otros, de vuelta al campo de batalla para volver a mancharse las manos con sucia sangre que lo refrescaba por dentro, pero pensaba enfrentarlos. Demasiado tarde para arrepentirse de sus decisiones.

Cerraron la puerta.

Las llantas del vehículo aplastaban la nieve de la carretera. Nanaba le dio un sedante a Hanji y Zeke se entretenía con el celular.

El azabache giró la cabeza hacia la ventana de vidrios polarizados.

¿Qué clase de trabajo precisaba ese hombre?

Para que el líder de la mafia los contratara personalmente debía de ser algo muy importante.

La casa de los Jaeger, así la presentaron, era grande firme y lujosa. No más que una mansión blanca, impoluta, alejada de la ciudad pero desde el portón a la casa central tardaban cinco minutos en auto, ocho a pie. Cubierto por varias pistas de juego y garajes. A su alrededor un amplio jardín y varias fuentes los recibían desde ambos lados y detrás de cada matorral algunos hombres trajeados y mucamas con bandejas en las manos caminaban de un lado a otro a pesar de la oscuridad alumbrada por delgados y elegantes faroles colgados en postes.

Flagon los dejó en la puerta y se fue hacia el estacionamiento de autos que se veía a lo lejos por el lado oeste de la mansión.

Subieron los escalones de la suntuosa vivienda donde dos hombres trajeados los esperaban con lentes negros, idénticos a los trajes de la película hombres de negro, recibieron órdenes directas de Nanaba y se fueron.

Zeke los guió hacia el hall, un salón enorme alfombrado en cada esquina. Dorado y blanco resaltaba y un rojo escarlata en las paredes fundiéndose con la gran lámpara araña que colgaba del techo. El fuego estaba encendido en la chimenea de piedra, arriba un enorme cuadro. Zeke sentado junto a el hombre de pelo negro y lentes. Dos mujeres a cada lado. Una de pelo castaño vestida de azul y la otra rubia. Tres niños los acompañaban, el chico de ojos verdes y dos rubios, una niña y un niño.

Familia Jaeger, decía la inscripción del borde.

Jaeger significaba ccazador, según su tosco conocimiento en el idioma.

—Su habitación de invitados los espera —les dijo Zeke tomando asiento en uno de los sofá—. Descansen.

Antes de poder replicar una enfermera los guió en silencio al segundo piso, pasillo derecho. La puerta tenía un pestillo dorado con la forma de la cabeza de un león.

El cuarto de invitados. Una sola cama, luego les darían sus habitaciones y Zeke los esperaba temprano para decidir dónde ponerlos.

La enfermera ayudó a Hanji quitando la torpe venda que cubría su tobillo.

—Solo una raspadura —dijo mientras abría el botiquín. Para ellos no pasó desapercibido el pequeño tatuaje que portaba en el dorso de la mano derecha, el símbolo de la runa Ingus, dos V verticales y entrecruzadas, varios trabajadores la portaban incluso el propio Zeke.

Hanji inspeccionó el lugar, mirando las cortinas rojas, los cuadros de frutas en cestos, el empapelado rojo y dorado. Una empleada les trajo comida. Pasteles de cereza, sopa y tarta. Una botella de vino. Ella no poseía el tatuaje.

—Me recuerda a mi luna de miel —dijo Hanji cuando esta se fue.

—¿Cuantas personas viven en este lugar? —le preguntó Levi a la enfermera.

—No estoy autorizada a decirlo —susurró.

Su traje blanco y zapatillas, piernas desnudas. Los ojos de cervatillo le recordó a Petra, pero Petra nunca fue pelirroja ni tenía pecas.

—¿Cómo te llamas?

—Nifa —pronunció sin siquiera levantar la vista—. Solo fue una raspadura, sanará pronto.

Levi la siguió con la mirada en cuanto se marchó.

—Te puesto diez dólares a que Nanaba le abre las piernas al anciano —exclamó Hanji contemplando su tobillo vendado con cierta pena—. Creen que tengo algo contigo, nos pusieron en la misma habitación. Si mañana morimos, hoy será nuestro último día para coger.

—No me interesas —la cortó el azabache viendo con desagrado como su compañera comenzaba a devorar la cena.

Asqueroso, pensó.

Dio tres pasos hacia la ventana más próxima, corriendo un poco las cortinas con los dedos pudo notar la presencia de dos guardias rondando la casa. Los tenían vigilados.

—¿No te darás un baño? —le preguntó Hanji mientras se quitaba la blusa. Tenía la boca llena.

Levi se limitó a asentir dirigiéndose al cuarto de baño. Al menos ahí tenían agua caliente.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Amantes, decía el titulo mediano, estilizado e imperceptible. Amantes huyen juntos y chocan auto.

—Mierda.

—Puta —recriminó ella, con la delgada malla que no dejaba nada a la vista y ropa interior de color vino.

Levi torció la boca, el cuerpo de su compañera no le incitaba nada, pero su reacción le causó cierta gracia.

—Eres una puta para el pobre tipo —

mencionó al azar.

Su chiste no picó el anzuelo.

Hanji se levantó de la cama hecha una furia, tirando las espumosas cobijas a un lado. El azabache se limitó a sentarse recogiendo el desastre cuando la puerta fue azotada con fuerza.

Volvió a leer el discreto título en el periódico, entre venta de autos y servicios fúnebres se podía leer el diminuto encabezado.

Amantes huyen juntos a Francia y chocan auto.

Murieron incinerados, las familias están destrozadas.

Se presume que eran ex militares.

El hombre era el padrino de bodas.

Levi pensó en Moblit. Ellos nunca cruzaron más de dos palabras, Moblit le tenía el suficiente miedo para evitarlo y pasar desapercibido. De seguro lo odiaría en estos momentos, con su mirada de perro triste y rabioso.

Y su madre, Kushel, ella siempre quiso que viviera una aventura.

Ya estaría contenta.

—¿Señor?

Desvió la vista encontrándose con el niño de ojos verdes parado frente a él. Llevaba pantalones cortos sujetos por tirantes, una camisa blanca y zapatos negros con medias blancas.

La lengua del menor se enrollaba con agilidad para pronunciar las palabras, con un marcado acento alemán, y su revuelto cabello del color del chocolate lo llamaba para alisarlo.

—Señor —repitió el ojiverde— ¿Son reales? ¿Puedo tocarlo? ¿Cómo hago para ser como usted?

Antes de que lo dejara preguntar que era real, el ojiverde ya había posado una mano sobre su torso desnudo. Una tibia pequeña mano que le rozó el pecho, como una caricia de seda pero mucho más suave.

Demasiado cerca.

El niño exterminó los pocos centímetros que los separaban escabulléndose en medio de sus piernas para poner una segunda mano en sus abdominales. Recorriéndolo como si se tratara de un juguete nuevo.

—Parece un luchador —le dijo con los ojos esmeraldas muy abiertos, prestos a la inocencia, sin saber que aquello era un acto casi impúdico.

—Un que…

—Luchador —repitió calmadamente— ¿Por qué mi tío lo trajo? —la mano seguía bajando— ¿La señora gritona es su esposa? ¿Es verdad que mataste a todos los hombres anoche?

Su pequeña boca se abría y cerraba sin parar. Levi quiso empujarlo hacia atrás, por un momento no supo si ese niño lo hacía adrede o era un completo ignorante.

Pero su propia mano comenzó a cosquillearle al ver la mata de pelo castaño sin peinar, desorganizada. Quería arreglarla, ponerla en orden al igual que ese par de ojos y coserle la boca para que se callara de una buena vez. El chico estaba casi sentado sobre él, haciéndole preguntas tontas y a punto de levantar su propia camisa para mostrarle que le hacía falta ejercicio para llegar a tener un mismo cuerpo.

Le fastidio en sobremanera.

Odiaba a los niños.

—...¿Puedo comerme ese pudin? —señaló con entusiasmo hacia la bandeja de al lado.

Levi le dijo que sí, entregándoselo, pero cuando hubo posado una mano sobre el hombro del mocoso Nanaba entró a la habitación seguida de un tipo alto con bigote.

—Eren Jaeger —exclamó juntando los labios y frunciendo el ceño. Pero con la voz calmada.

Eren.

Levi saboreó el nombre.

El niño se apartó con enojo y comenzaron a discutir. Entonces Nanaba vio lo que sostenía entre sus pequeñas manos y le dio un ligero pero fuerte manotazo que lo hizo chillar y el pudin de ciruela cayó al suelo.

Levi recordó que aquello significaba desperdiciar la comida, no era muy quisquilloso con ella pero le vinieron a la mente un sinfín de memorias de la guerra cargadas con pequeños chiquillos sucios que matarían por menos de ese pudín.

Nanaba puso las manos en jarra, reprendiéndolo severamente.

El hombre ceñudo observaba todo en silencio, otros dos chicos, los rubios de la foto, metieron la cabeza al interior. Los ojos verdes del castaño se anegaron de lágrimas que luchaba por no dejar escapar.

—Ya tienes trece años —lo reprendió la rubia— no puedes entrar con desconocidos o pervertidos...

Levi odiaba que lo llamaran de aquella forma, definitivamente no era unp pervertido.

La última persona que lo llamó de aquella manera terminó mal. Demasiado.

Levi no dejó que la rubia continuara tirando veneno por la boca.

—Recógelo y cómelo.

Nanaba no supo que decirle, la amenaza estaba clara, expuesta como el aire y como la navaja que rozaba su cuello.

—Mike —llamó ella. El alto hombre de afuera comenzaba a entrar y Eren había quedado petrificado.

—Golpear a niños que no son tuyos no es muy "leal" que digamos —continuó el azabache.

La mujer lo miró horrorizada. Pero fue obediente, se inclinó recogiendo el pudin del suelo.

Levi chasqueó la lengua.

No estaba en casa ni en el cuartel, no debía hacer tonterías, no era Hanji.

Apartó la mano guardando el arma.

Con el orgullo herido, Nanaba dio media vuelta diciendo algo en alemán, una orden al parecer porque los dos niños rubios desaparecieron de la entrada seguidos de Mike.

—El líder los espera en el salón —le dijo ella, con calma pero nerviosa—, me enviaron a decírselo a ustedes —dio un vistazo en busca de Hanji— ¿Dónde está Zoe?

—Cosas de mujeres.

De seguro estaba abajo, en el salón, gritándole a aquel hombre a quien llamaban líder y vestida como la chica del antro.

—Héroe.

La vocecita lo obligó a mirar, los grandes ojos brillaban de emoción, la sonrisa ensanchada en toda su infantil cara, aquel chico prácticamente se lo comía con los ojos.

Levi sintió un repentino malestar. Los lugares donde el mocoso lo había tocado comenzaron a arder, o eso creía su mente.

—Eren —llamó Nanaba y el ojiverde obedeció saliendo tras la mujer.

Los gritos de Hanji se escucharon por todo el pasillo a través de la puerta abierta, exigiendo sus derechos, la puerta con perilla de león.

Levi se preguntó en que casa de locos lo había metido esa cuatro ojos.

PRÓXIMO CAPITULO

Héroe

Para él, debo recordarlo, solo soy un capricho.


Capítulo corregido. No hablaran en "alemán", pienso que pierde el sentido.

AGRADECIMIENTOS ESPECIALES:

Fujimi

Sumire crazzy Murasaki

Darling

Yaritza9 Puedes enviarme la imagen por facebook(¿?)

00Katari-Hikari-chan00

Ame8910

Sweetvioleth

Charly Land

Glimmer Ney

Muchas gracias por sus review y por seguir esta historia, no tendrá tanto drama.

A Levi le gusta que le digan papi en la cama jajajaja un poco de daddy kink siempre es bueno para el alma.

No habrá mucho drama, Eren sensual al ataque.

Nos leemos.

Actualización: Jueves.