La tragedia:
-¿Haru?- Pregunta el pelirrojo extrañado, aquella persona que hace un momento vio como un peligro, resultó ser su amigo y viejo rival a quien ha estado buscando ese día, Nanase Hakura, de su misma edad y estatura, de cabello negro y ojos azules, siempre con una expresión de desatención y desinterés total en su cara, o al menos la mayoría del tiempo así era.
-¿Rin? ¿Qué haces aquí?- Preguntó Haruka esta vez mientras volteaba del todo hacia donde estaba Rin.
-¿Tu qué haces aquí? Por poco y te termino golpeando.- Contestaba en modo de broma sintiéndose más relajado, todo ese día había estado pensando en el paradero de Haru, la intriga lo estuvo consumiendo por horas, y ahora el tenerlo en frente, por más que aun tuviera dudas de aclarar, lo tranquilizaba bastante, pues una de las más importantes ya estaba resuelta, su amigo estaba bien, no le había ocurrido nada malo, o al menos así lo pensaba él.
-Qué bueno verte- Dice Rin aproximándose a Haru extendiéndole su mano, este segundo sigue algo confundido, no se esperaba ver al joven tiburón de nuevo, ni mucho menos en ese lugar, al cabo de unos segundos volvió en sí y estrechó la mano que tenía delante suyo, esbozando una pequeña sonrisa, cambiando su poco amistoso semblante a uno más amigable.
Pero en el momento que ambas manos hacen contacto, el chico Matsuoka no puede evitar decir algo al respecto. –Estás algo frio, ¿hace cuánto estás aquí?- Le dice al ojiazul. –Te vas a resfriar si sigues aquí, la temperatura está demasiado baja.- Le replica en tono un tanto mandón.
Ante los comentarios Nanase suelta la mano de su compañero mientras dirige la mirada a cualquier otra parte del cuarto para contestarle sin necesidad de hacer contacto visual. –Estoy bien, no te preocupes.- contestó, con su típica y característica expresión desinteresada, pero un tanto molesta a la vez, como si no le importara ninguna preocupación que otros tuvieran por él pero que a su vez le irritaba, como si le molestara, talvez, el hecho de que se metieran en lo que no les importaba.
-¿Y a qué viniste? –Pregunto Haru de forma cortante y directa, devolviendo la mirada a su introvertido amigo.
-Vine a buscarte, -contestó- hoy fui a tu casa y no estabas, además estaba muy descuidada, así que no supe bien que hacer y quise venir aquí a ver si el viejo entrenador Sasabe sabía algo de ti.
Al escuchar nombrar a su antiguo entrenador, Haru titubeo por un momento y se quedó mudo con la boca entreabierta y la mirada fija.
-Pero antes de venir aquí me habían dicho que el club estaba cerrado desde hace algún tiempo y que lo iban a demoler, -seguía hablando el pelirrojo sin notar la reacción del otro chico presente- así que vine hasta aquí para ver que podía encontrar, algún indicio de porqué cerró el club o de ti, y extrañamente aquí estás. – dijo esto último sonriendo, pero al dejar de hablar miró más detenidamente a su amigo y noto cierta alteración en él, se veía asustado, paralizado, como si múltiples y horribles imágenes atravesaran su cabeza en un segundo.
En ese instante Rin tuvo una suposición inmediata, casi una afirmación, para asegurarse de ello, tomo un ligera respiración, puesto que sus próximas palabras podrían darle 2 tipos de respuestas, que pueden o aclarar todas sus dudas, o empeorarlas.
-¿Tu sabes qué fue lo que pasó aquí, verdad Haru? ¿Aquella supuesta tragedia?- preguntó en seco, si su pregunta era rápida y concisa esperaba que su respuesta también lo fuera, o que al menos no tardara demasiado. Nanase bajó un poco su mirada ante la fría pregunta, sus ojos que estaban enfocados en el rostro del pelirrojo ahora estaban mirando la chaqueta de este, queriendo formular una respuesta aunque su lengua se negara a reaccionar. –Lo sabes.- Se auto contestó Matsuoka al ver la reacción de Haru, aunque no le haya respondido con palabras, cada facción en su cara gritaba un fuerte y afirmativo sí, lo que no podía expresar verbalmente lo expresaba en sus acciones físicas. –Necesito que me lo cuentes Haru, por favor. – Dijo el pelirrojo esta vez con una voz más calma en pos de querer tranquilizar la incómoda situación para ambos.
Saliendo ya de ese cuarto, se encontraban ambos chicos sentados en las viejas bancas de madera localizadas junto al mostrador en la entrada principal del club, curiosamente esa parte del edificio, estando tan cerca del exterior, donde ya se avasalló la noche, estaba menos frío que el resto de las habitaciones más adentradas al lugar, ¿cómo podía ser eso? Sentados allí, en silencio, mientras la tenue luz de la luna entraba por las puertas de vidrio rajado de la entrada, ninguno emitía sonido, parecía que los segundos fueran minutos, uno más largo que el otro, la paciencia de Rin se estaba acabando, estuvo a punto de decir algo para iniciar la conversación, pero cuando apenas abrió sus labios antes de que un mínimo aire saliera de ellos, Haruka ya había empezado a hablar.
-Poco después de que te fuiste, -empezó a relatar.- muchas cosas comenzaron a cambiar, Makoto tenía más amigos, aunque yo no tenía interés en ellos, Nagisa fue a otra preparatoria lejos de nosotros y aunque seguía yendo al club ya no podía competir junto a nosotros porque sus padres lo obligaban a ocuparse más de sus estudios, el equipo de relevos estaba deshecho, y sin ti ya no tenía nadie con quien realmente quisiera competir, nunca me intereso nadar por competencia pero, admito que cuando nadaba contigo quería superarte, talvez porque sentía celos. - Ante esto Rin lo miro asombrado. – Estaba celoso de que alguien más que yo sintiera tanta afinidad con el agua, a pesar de que quisieras competir y yo no, eras el único a quien podía considerar realmente un rival. Pasé un tiempo algo confuso por no saber qué hacer, mi único rival ya no estaba, el equipo ya no estaba, mis amigos estaban cada vez más lejos de mí, me sentía solo. –El ajiazul mostraba cierta tristeza al decir eso último, él nunca era de expresar cómo se sentía, jamás se abría de esa manera con nadie.
Y siguió hablando. –Pero un tiempo después Makoto y yo formamos un segundo equipo con chicos que iban a la preparatoria con nosotros, fue difícil al principio, no era lo mismo, pero logramos entendernos, y así logramos que el equipo funcionara, una vez más, sentía ganas de nadar, nuevamente quería nadar en relevos. –Aunque esta parte de su relato fuera alegre, Haruka no sonrió ni cambió su semblante triste en ningún momento, al contrario, se ponía peor.
-Pero no duró mucho… Estabamos comenzando el segundo año en la preparatoria y con ello otro año más en el club de natación, el primer día que tuvimos entrenamiento, seriamos el primer grupo en entrar, ese día faltaban unos 3 chicos, fuimos a los vestidores, nos cambiamos, pero cuando fuimos a la piscina no había nadie, entonces buscamos al entrenador Sasabe. –Haruka tomó un seco respiro, como si lo último que dijo le hubiera producido una severa falta de aire, y aunque no se notara por las mangas de su chaqueta, sus brazos estaban tiesos, y ligeramente temblorosos con todos sus músculos contraídos, hizo una pequeña pausa y siguió con su relato queriendo terminarlo lo antes posible.
-Algunos de nosotros fuimos, Nagisa incluido, Makoto se quedó en la piscina, fuimos hasta su oficina, tocamos a la puerta pero no nos contestaba, sabíamos que estaba adentro así que decidimos entrar, Nagisa fue quien abrió la puerta, siendo como era, la abrió de forma rápida gritando "entrenador Sasabe!" –Nanase aprieta sus puños. – En ese momento había mucho rojo, rojo por todos lados, Nagisa soltó un horrible y desaforado grito, yo no supé que hacer, solo me quede ahí congelado, los chicos que faltaban de nuestro grupo estaban ahí, sus cuerpos… -Una lágrima se asoma por su ojo derecho, y Rin que estaba sentado a su lado pudo verla. -…sus cuerpos, desechos, había sangre por todos lados y el entrenador Sasabe, estaba sobre uno de ellos, sosteniendo un cuchillo…-Haru no pudo seguir relatando más que exploto en llanto, abundantes lágrimas inundaron sus ojos nublando su vista. –No supe que hacer, solo me quede ahí viendo, y Nagisa no paraba de gritar, los demás llegaron y vieron también, todos gritando, algunos llorando, pero los gritos de Nagisa, sus gritos no se detenían. –Las lágrimas empezaron a derramarse por sus mejillas las cuales estaban al rojo vivo así como sus ojos. –llegaron los empleados de limpieza y lo tomaron por la fuerza, le quitaron el cuchillo y lo sostuvieron hasta que llego la policía para llevárselo, los padres de Nagisa llegaron a buscarlo, él seguía gritando a pesar de que ya casi no tenía voz, los padres de Makoto también vinieron por él y me llevaron con ellos porque mi madre no estaba en la ciudad…Nagisa y su familia se mudó, nunca más supe que fue de él, tampoco supe que paso con el entrenador Sasabe, qué hicieron con él, o por qué hizo eso, no lo sé.
Sus lágrimas forzosamente estaban cesando, ya había terminado de contar tan escabroso recuerdo, tratando de calmarse y abriendo lentamente los ojos que ya se le habían hinchado a causa de su llanto, en un intento por recobrar su visión nublada por el agua de sus lagrimales, mira a su lado y lo primero que divisa con claridad es el rostro atónito y horrorizado de Rin, no puede creer lo que acaba de oír, la atrocidad que en ese lugar ocurrió, no encontraba palabra alguna para decir ante tal barbarie, ahora sabía cuál era la tragedia de la que le había hablado Mikoshiba.
La atmosfera se había congelado, el silencio cubría casi por completo el lugar, lo único que se oía eran los ligeros sollozos de un Haruka destrozado por dentro tras revivir una parte del pasado la cual prefería que permaneciera enterrada, su respiración agitada y dificultosa mientras trataba de recuperar el aire y la compostura tras aquel llanto, resultaba algo ruidoso, más siendo el único sonido emitido en todo el cuarto, ni siquiera el más mínimo sonido del exterior se adentraba, el sonar de algún auto por la calle, el canto de un grillo, nada en absoluto.
Luego de un rato, aun sin digerir por completo lo que había escuchado, Rin se atreve a abrir la boca y decir unas palabras por más pobres y trilladas que fueran.
-Lo lamento mucho…-decía el pelirrojo levantando su mano izquierda colocando sobre el hombro de su triste amigo. –No tenía idea, de saberlo no te habría pedido que me contaras eso, no puedo ni imaginar lo que fue para ti.
-Está bien. – Contesta Haru, un poco más calmado, con la vista en el suelo, pasan unos minutos en que ambos permanecen callados, la mano de Matsuoka no se retiró del hombro de Nanase, ya no tenían nada más que decir al respecto, preferían callar y que así sus energías se fueran limpiando de a poco, hasta la oportunidad en que pudieran volver a hablar de cualquier otro tema.
-Oye…-Empezó Haru como una nueva conversación. -…y ¿qué haces aquí? No esperaba volver a verte desde aquella carrera.
-Bueno, pedí que me trasladaran de regreso a Japón, me inscribí en una de las mejores escuelas privadas de la ciudad y pretendo sobresalir en su club de natación, además creí que sería bueno volver a verlos, cuando estuve en Australia me costó bastante socializar, aprendí a manejar su idioma y me desenvolví con facilidad, pero extrañaba las experiencias que tuve aquí. –relataba Rin con una sonrisa relajada. -El entrenamiento fue duro, muchas veces pensé en rendirme, creí que nunca llegaría a ser lo suficientemente bueno, que jamás alcanzaría el sueño de mi padre, el sueño que él tuvo que abandonar para criarme, pero luego pensaba en ustedes, en lo que habíamos logrado, y en lo vivo que me sentí nadando todos juntos, así que usaba eso de motivación, por más veces que me golpeara contra la pared, no renunciaría a mi propósito y antes de convertirme en un nadador olímpico, me prometí que volvería a nadar con ustedes una vez más.
Sus palabras resultaban muy emotivas, y tan conmovedoras que Haru había olvidado el mal momento de hace un rato cuando estaba hecho un mar de lágrimas por el terror de su recuerdo, e incluso pudo sacarle una pequeña risa y un comentario que resultó cómico para la situación.
-¿No crees que todo eso es algo "romántico"?. –Dijo Haruka en tono burlón.
Ante esto Rin no pudo evitar reír, esa frase era muy característica de sí mismo, no solo porque él la había usado en alguna que otra ocasión cuando niños, sino que de por sí, aunque pretendiera ser alguien duro, el tiburón era bastante sentimental una vez que lo conoces.
-Talvez lo sea, pero así soy. –Agregó el pelirrojo con orgullo en su voz. Habiéndose apaciguado ya la tensión, una pregunta volvió a su mente.
-Ah, Haru, por cierto, explícame algo ¿qué haces aquí a estas horas? ¿Y por qué tu casa estaba tan descuidada hoy? –Pregunto sin titubeos.
Haruka se toma unos segundos antes de contestar y cuando se siente preparado comienza a hablar.
-A veces suelo venir, sin importar la hora, a orar por las almas de esos chicos, aunque no los conocía bien, honestamente ni recuerdo sus nombres, pero creo que por respeto es algo que debo hacer, además a veces también me quedo viendo las fotos de la sala de trofeos, como nuestra foto de cuando ganamos esa carrera de relevos, me traen buenas memorias y me ayudan a relajarme cada noche.
-¿Y tu casa? ¿Acaso estás durmiendo en otro lado? –preguntó nuevamente Rin.
-No. –Contesta el ojiazul. –después de lo ocurrido empecé a descuidar mi casa, mi madre se había mudado por cuestiones de trabajo poco tiempo después, pero no quise ir con ellas y le insistí para quedarme aquí. –Esta parte le resultaba difícil de creer al pelirrojo, después de un suceso tan traumático ¿por qué alguien querría permanecer en el mismo pueblo teniendo que vivir día a día con esos recuerdos tan cerca de uno? –Me quedé aquí en la casa de mi difunta abuela, Makoto venía a verme y a buscarme para ir a clases, pero me volví un poco esquizofrénico, no limpiaba el lugar tan seguido como debía, una vez que el polvo y las telarañas se acumulaban por poco sobre mí solo entonces limpiaba. Me volví un desastre, deje de ir a la escuela, y Makoto y yo dejamos de hablar, ni siquiera recuerdo bien en que momento pasó, sentía que la casa de mi abuela me sofocaba, y que debía cambiar de ámbito, incluso de vida, así que tome todo lo que pude y hui. Tengo un pequeño departamento al otro lado de la ciudad, y estoy más tranquilo allí, estoy técnicamente empezando de cero mi vida.
Rin se sorprende un poco por lo que escucha viniendo de la boca de Haru, es otra persona, totalmente diferente a quien recordaba hace ya casi 5 años, todo por lo que pasó debido a un trauma, todo lo que abandonó para empezar de nuevo, le producía una gran lástima y a la vez algo de culpa el no haber estado allí, para al menos haber tratado de apoyarlo.
-Lamento realmente todo por lo pasaste, pero me alegro de que sigas aquí. –Dijo Rin de la forma más confortante posible, Haruka no lo miró pero comprendió la sinceridad en las palabras de su compañero.
-Ven. –dice el pelirrojo mientras se levanta haciéndole una seña al ojiazul para que haga lo mismo.
Este segundo le sigue la corriente y una vez de pie siente una ligera presión sobre su brazo, era Rin oprimiéndolo con firmeza, más no con agresividad, no entendía muy bien a qué quería llegar.
-Te acompañare a tu casa, o bueno, a tu nueva casa, -decía Rin, sosteniéndolo mientras se dirigía hacia la salida- ya es un poco tarde para volver solo, así será más seguro…
- ¡NO! – Un rotundo y algo alterado "no" lo interrumpió, a la vez que el brazo que sostenía se soltó violentamente de su agarre de un solo tirón.
Los ojos del pelirrojo se abrieron de par en par ante este acto y miraban con desconcierto a un Haru el cual parecía nervioso.
-Yo quisiera quedarme un poco más. –Dijo Nanase tratando de sonar calmado, queriendo disimular su sobresalto de hace un instante.
-Bueno, me quedare contigo hasta entonces si quier-… -Estaba alegando Rin pero se vio interrumpido nuevamente.
-No, tú debes irte ya, créeme entre más tardes más peligroso será el camino para ti. Yo estaré bien, no te preocupes. –Replicó el ojiazul mirando seriamente a otro chico el cual mostraba no estar del todo de acuerdo con la simple expresión en su cara.
-Insisto, vete. –Dijo igual de serio.
-Está bien, supongo que podré verte otro día, si puedes ve un día a la academia Samezuka y hablamos. –Dice Rin despidiéndose de su amigo el cual solo asiente con la cabeza.
Al salir por la puerta, ya en el exterior bajo el cielo nocturno, no puede evitar voltear a ver el interior del edificio a través del vidrio, solo para ver a su amigo perdiéndose como una oscura silueta en lo profundo del pasillo, da un pequeño suspiro a pierde su vista en las nubes de la noche, no sabía cómo sentirse al respecto, nuevamente era una mezcla de emociones incongruentes y opuestas que difícilmente encajaban en su cabeza, estaba feliz por encontrar a Haru, desanimado por la tragedia que ocurrió en ese club y que su amigo presenció, pero aliviado porque este no haya sido una de las víctimas, al mismo tiempo sentía lástima por cómo su vida había cambiado luego de los hechos, y también intrigado por la actitud que mostró Haru al momento en que iba a ser jalado de esa sombría edificación.
Las nubes negras cubrían todo el firmamento, no había estrellas que admirar, apenas a través de un pequeño espacio entre estas se veía la luna, la única luz que alumbraba desde lo alto, y Rin allí, reposando bajo su luz, en eso siente una vibración proveniente del bolsillo de su pantalón, mete la mano en él y saca su teléfono, caen unos cuantos mensajes de texto e indicaciones de 3 llamadas perdidas, llamadas recientes que no habían sonado, la única explicación sería que dentro del edificio la señal de su celular hubiera muerto, no era algo muy lógico pero era lo único que se podía ocurrir al joven pelirrojo.
Revisa las llamadas y nota que es un número de teléfono el cual no tenía agendado, las 3 llamadas del mismo número, talvez sería Makoto, recordó que ese mismo día al no encontrarlo en casa le dejó su número a su madre pidiéndole que en cuanto volviera a casa lo llamara. Oprime el botón para devolver la llamada y empieza a sonar el tono de espera, suena una veces hasta que es atendido.
-¿Hola? –Suena una desconocida voz al otro lado.
-¿Makoto? ¿Eres tú? –Pregunta Matsuoka.
-¿Rin? –dice Makoto con sorpresa. –Sí, soy yo. ¿Cómo estás? ¿Dónde estás?–Preguntó amigablemente.
-Estoy bien, gracias por preguntar, estoy aquí en Iwatobi. –Contesto de buena manera
-¿Te transfirieron aquí? –volvió a preguntar.
-Sí, me graduaré aquí en la academia Samesuka. –respondió.
-¡Genial! Es asombroso que estés aquí de nuevo, han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos. –Decía Makoto de manera alegre. –Oye Rin, ¿mañana quieres ir a tomar un café?
-Seguro, sería estupendo. –Contesto Rin, feliz por la propuesta.
-Perfecto, nos vemos mañana entonces en esta dirección…- Dicho esto Makoto le pasó la dirección de un café cercano a la escuela preparatoria a la que él asistía, acordaron encontrarse en la tarde al día siguiente.
Ya era de día, había sido una noche pesada para Rin, incluso le había costado trabajo dormir, tras volver a los dormitorios se había dado una ducha caliente y se recostó, pero antes de conciliar el sueño dio vueltas sobre sí por horas pensando en todo lo ocurrido y todo de lo que se había enterado en tan solo un día.
Eran alrededor de las 4 de la tarde, el día estaba tranquilo, un poco nublado y frio, pero por momentos el sol salía al descubierto, iluminando todo a su paso, Rin se encontraba ya en el café que acordó con Makoto, y girando la fría perilla entró, la campana de la puerta sonó y un chico sentado en una mesa junto a la ventana le hace una seña al pelirrojo acompañada de una gran sonrisa, era un joven aparentemente alto, de espalda y hombros anchos, y con un cabello castaño y ojos verdes difíciles de no reconocer, más con esa sonrisa y aura tranquila, ese era Makoto.
Se aproxima a la mesa y de un abrazo saluda a su amigo, realmente lo alegraba verlo, más lo alegraba ver que aún era el mismo chico risueño y amable que recordaba de niños.
Hablaron de diversos temas por un largo rato, cómo les estuvo yendo en los estudios, cómo había sido el tiempo de Rin en Australia, etc, hasta el momento el tiburón estaba evitando nombrar a Haru y al club, no quería hacer mención de ello y arruinar el agradable momento, pero no fue él quien rompió el hielo con dicho tema.
-Así que fuiste a buscar a Haru… -Dijo Makoto.
-Si…-dijo Rin con baja voz, no se esperaba el tener que hablar al respecto, y francamente tampoco quería.
-Hace mucho que abandonó su casa…- contaba Makoto. -…desde entonces ya no lo he visto.
-Yo lo vi ayer. –Rin dudo por un segundo si decir eso o no, si lo decía tendría que nombrar al club y entonces Makoto también recordaría lo que pasó y no sabía cómo este reaccionaría, si igual o peor de lo que lo hizo Haruka, y si no lo decía, sería como ocultarle algo a su amigo al cual se le notaba la desilusión tras haber dicho que nunca más había visto ni sabido nada de quien fue su mejor amigo. Finalmente optó por decirlo.
La curiosidad pica al castaño y formula una pregunta. -¿Lo viste? ¿Dónde?
-En el viejo club de natación… -Respondió Rin quitando la vista del rostro de Makoto enfocándola en el café que tenía en su mano.
-El club…entonces ¿ya sabes qué fue lo que pasó ahí? Pregunta Makoto con seriedad y pena en su mirada.
-Sí, ya lo sé. –contestó el pelirrojo. – Siento realmente lo que le pasó a esos tres chicos.
Dicho esto el castaño hace un gesto de desconcierto, Rin no entiende el motivo de esto, hasta que el joven Tachibana cuestiona su afirmación.
-¿Tres chicos? Fueron dos. –Esas fueron sus palabras.
