— ¿Misaki-nee?— exclamó un joven desde la puerta del bar. Se le veía agitado, pues había llegado corriendo. Ignoró al resto de presentes, clavando toda su atención en su hermana. Rápidamente se acercó a la joven, arrodillándose a su lado, y comenzó a zarandearla como un poseso— ¡Misaki-nee, despierta!— Exclamaba una y otra vez sin dejar de zarandear a su hermana. Todo ello bajo la atenta, sorprendida y desconcertada mirada de todos en el lugar, que no sabían si intervenir o si era demasiado peligroso.
— Ma...¡Mamoru-nii!— se despertó súbitamente la joven, completamente asustada, con el corazón en un puño— ¿Qué ha ocurrido? ¿Dónde estamos?- titubeó mirando a todos lados con cara de susto.
— ¡Idiota, te habían secuestrado!— le contestó con los ojos cristalinos, sin darle importancia al mini infarto que su hermana acababa de sufrir por su culpa.
— ¡Oh! Es cierto. Mira que haber olvidado algo como eso— la chica se recuperó de un momento a otro del susto. Y comenzó a reírse mientras acariciaba la cabeza de su hermano con cariño—. Pero si me habían secuestrado, ¿cómo es que estás conmigo?
—De eso nos hemos encargado nosotros— le informó Izumo, caminando un poco hacia ellos. Pues le parecía que si él no hablaba, ningún otro lo haría y ambos hermanos continuarían ignorándolos—. Pensábamos que habían secuestrado a un amigo que se llama igual que tú. Y entonces nos encontramos contigo en aquél cuartucho y, claro, no te podíamos dejar ahí. Todo ha sido pura casualidad- les dedicó una sonrisa de las suyas tratando de ser lo más amable posible.
—Casualidad o no, les agradezco que hayan salvado a mi hermana y siento las molestias que les haya podido causar— Mamoru se levantó sacudiéndose un poco el pantalón antes de hacer una reverencia como agradecimiento.
—No te preocupes, no ha sido molestia. Se ha pasado todo el tiempo inconsciente— le explicaba Izumo a la vez que Anna se sentaba al lado de Misaki aún sin quitarle la vista de encima. La niña era tan silenciosa y pequeña que había pasado completamente desapercibida tanto por Mamoru como por Misaki hasta ese momento, en el que la chica le sonrió y le acarició la cabeza con dulzura.
— ¿Puedo preguntar qué hizo exactamente para que la secuestraran?— preguntó Mikoto que hasta el momento se había mantenido en silencio. Se había encendido un cigarrillo y se dedicaba a mirar a la pareja con aparentemente muy poco interés.
—Es que mi hermana… —dudó mirando cómo Misaki le prestaba atención a Anna—Hace unos días insultó al que al parecer es el líder de una banda. Verán, mi hermana y yo trabajamos en un bar al que asisten muchos delincuentes. Normalmente no ocurre nada, pero, el otro día Misaki-nee-san rechazó a un gorila y éste se enfadó mucho.
—No sé por qué se enfadó tanto— protestó Misaki, cruzando los brazos, devolviendo su atención a su hermano.
—Le dijiste que jamás saldrías con un bueno para nada y que preferías salir con una mujer antes que con un perdedor como él— le reprochó Mamoru, perdiendo los nervios. Le miraba con los brazos cruzados y con cara de pocos amigos.
—Como sea— bufó la joven, haciéndose la desentendida. De pronto sus ojos se cristalizaron, haciendo pucheritos—. ¡Pensé que no volvería a verte! ¡He pasado mucho miedo, onii-chan!— exclamó abrazando a su hermano, quien le devolvió el gesto, casi perdiendo el equilibrio.
—Yo también he estado muy preocupado— confesó aliviado—. ¿Eh?— Mamoru se separó de su hermana y vio a la pequeña Anna que, al estar abrazada como un koala a Misaki, había quedado atrapada en el abrazo— ¡Pero qué linda!— exclamó. Pero Anna no dijo nada. Se limitó a mirarles a ambos unos segundos antes de abrazar a Misaki un poco más fuerte, aferrando sus manitas a la chaqueta de la mujer.
—Mía— Soltó como si hubiera escogido un peluche de un estante. Eso sorprendió a todos los presentes con ese gesto tan impropio en ella, haciendo que Mikoto tosiera un poco por la sorpresa.
—Vaya, parece que le has gustado— comentó un chico joven que acababa de llegar y se acercaba tranquilamente, llamando la atención de todos—. Mi nombre es Totsuka Tatara, un gusto en conocerles— se presentó educadamente.
—Mucho gusto, yo soy Nanami Mamoru— se presentó con una muy leve reverencia.
—Un placer, yo soy Nanami Misaki— imitó a su hermano.
—Bueno, pues ya que estamos de presentaciones—comenzó a decir Izumo—, mi nombre es Kusanagi Izumo, esa pequeña, que no le quita la vista de encima a Misaki, es Kushina Anna y el gruñón de aquí— se burló refiriéndose a Mikoto— es Suoh Mikoto.
—Mucho gusto— dijeron ambos hermanos al mismo tiempo.
— ¿Cómo que gruñón?— se quejó Mikoto, apagando el cigarrillo en un cenicero de metal.
— Lo que oyes: eres un gruñón— el comentario de Izumo hizo que tanto Misaki como Mamoru soltaran una leve carcajada. Como respuesta, Mikoto les miró con cara asesina haciendo que ambos jóvenes apartaran la mirada, intimidados—. ¿Ves? Les estás asustando.
— ¡Jum!— bufó Mikoto antes de volver a su sillón y recostarse, intentando no parecer ofendido.
— Esto…Nosotros no queremos molestar. Mejor nos vamos— dijo Mamoru con educación, sintiendo que ahí ya estaban sobrando.
—De eso nada— sentenció Tatara rodeando los hombros de Mamoru con uno de sus brazos—. Ustedes se quedan aquí.
—Pe-pero…— Mamoru no sabía qué decir. Así que, sonrojado, bajó el rostro y asintió.
— ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué quieres que les invitemos a merendar?— dijo Tatara haciendo como si eso fuera lo que Mamoru había dicho— ¿Le has oído, Izumo-san?
— Marchando dos tortillas— le contestó dispuesto a preparar la comida— ¿Qué quieren de beber?
—Onee-chan—le susurró Mamoru a su hermana—, diles que no quere…
— ¡Un refresco, por favor!— exclamó ella con ánimo.
- ¿Onee-Chan - Susurro, confundido.
—Tortilla~— dijo Misaki para sí con ilusión. Fue entonces cuando Mamoru cayó en la cuenta de que esa era la comida favorita de su hermana y que contra eso no podía luchar.
—Agua, por favor— contestó, resignado, tras soltar un suspiro.
— ¡Marchando!— y tras decir esto, Izumo se puso a hacer la comida.
—A ver si me aclaro— comenzó a decir Tatara, al que Izumo le había contado todo lo ocurrido mientras ambos hermanos comían—. ¿Así que a Misaki la secuestraron y ustedes pensando que era Yata y fueron a por ella?— Izumo asintió—. Pues sí que tienes suerte, Misaki-chan— de pronto, Misaki dejó de comer y echó a Tatara una mirada asesina.
—No le gusta que le digan "chan"— le informó Mamoru — sólo dile Misaki.
—Ya veo, lo siento mucho, Misaki— ella sonrió y siguió comiendo lo que le parecía un manjar de los dioses—. Lo que no me cuadra es: si ella era la "Misaki"—hizo las comillas con los dedos— que habían secuestrado, entonces, ¿dónde está Yata?
—Eso no lo sabemos. De seguro estará metiéndose en líos, como siempre— comentó Izumo.
— ¿Quién es Yata?— preguntó Mamoru que había terminado de comer.
—Éste es Yata— contestó un hombre, de pelo rubio y vestido con un chándal, que acababa de aparecer por la puerta acompañado de un chico mucho más bajo que él.
— ¿Puedo saber por qué están todos heridos?— preguntó el canijo con pintas de skater y cara de hámster con malas pulgas.
