Ninguno de los personajes pertenecientes a las novelas de Harry Potter me pertenece


FLORES DEL MAL


CAPÍTULO DOS

FLOR DE SATURNO

Theo podía sentir que Draco estaba tan exasperado como él y no podía culparlo. Hacía más de una hora y media Narcissa Malfoy había subido las escaleras de la mansión Nott para dirigirse a la habitación de Alessia a ayudarla a prepararse para la cena de esa noche que tendría con su "prometido"… Cada vez que oía esa palabra, incluso dentro de sus propios pensamientos, no podía evitar sentirse enfermo. Su hermana era aún muy joven como para tener que estar condenada a hacer aquello, incluso si se trataba de salvar el trasero de ambos. ¿Y si algo salía mal? ¿Y si la descubría? O peor… ¿Y si el Innombrable no ganaba esa guerra? Estarían completamente condenados.

Oyó que Draco lanzaba un bufido y giró para verlo. Estaba pálido, más serio de lo normal y aún más malhumorado que usualmente. Tampoco podía culparlo por eso. Lo que su amigo estaba teniendo que vivir esas vacaciones no se lo deseaba a nadie, ni siquiera a algún enemigo. Draco, al igual que Lessi, había estado condenado a hacer lo que se le ordenaba sin tener alguna posibilidad de negarse. ¿Por qué su vida debía de ser así? Theo estaba seguro que muchos mestizos e hijos de muggles pensaban que ellos eran unos malditos engreídos que no pensaban en nadie más que en sí mismos pero, ¿alguno se puso a considerar la posibilidad que no podían actuar de otra forma? Estaban obligados por sus padres, por su mundo, por la misma sociedad que los condenaba por lo que eran: Sangre Puras y, además, Slytherins. Era como si ser estas dos cosas los obligaba a ser unos malditos egocéntricos. Pero, ¿cómo no serlo cuando constantemente debían de mirar por encima de sus espaldas, cuidando sus propios traseros?

Cuando oyó el sonido de un par de tacones bajando las escaleras, alzó rápidamente la cabeza pero sólo se trataba de Narcissa Malfoy. Ella les lanzó una mirada seria a ambos.

—Cuiden sus palabras—les advirtió—. Esto no será fácil para ella.

Draco se removió con incomodidad en su asiento pero terminó asintiendo. Theo sólo pudo quedarse de piedra al imaginar lo que su hermana estaría sintiendo. Los nervios sólo serían una parte. ¿Estaría asustada? ¿Sentiría que el mundo confabulaba contra ella? ¿Estaría pensando en huir?

—Baja, querida—ordenó Narcissa.

Tanto Draco como él alzaron la vista hacia la cima de las escaleras para ver allí de pie a Lessi. Mientras ella comenzaba a bajar ninguno de los dos adolescentes era capaz de quitarle la mirada de encima, ambos sumamente sorprendidos por el trabajo que había realizado la madre del rubio. Usualmente Alessia Nott vestía con faldas cómodas y blusas simples pero femeninas; sin embargo, en aquella ocasión, usaba un vestido azul oscuro que se ajustaba a su figura con delicadeza y que terminaba en una falda caída justo a la altura de sus rodillas. La piel bronceada de sus piernas y sus brazos resaltaban logrando que incluso Draco, quien siempre la había visto nada más que como una amiga, sintiera deseos de deslizar sus dedos por ella. Pero esos deseos rápidamente quedaron relegados de su mente cuando sintió el golpe que Theo le dio en su cabeza para que dejara de comer con los ojos a su hermana.

El rubio le lanzó una mirada mortal al chico antes de volverse hacia la chica.

—Te ves casi decente—le aseguró.

— ¡Draco!—lo reprendió de inmediato su madre.

—No tiene importancia, señora Malfoy—aseguró Lessi—, verme "casi decente" no es malo; es incluso mucho más de lo que puedo decir de su hijo.

La mujer mayor sólo negó con la cabeza resignadamente, pensando que si ella se hubiese llegado a comportar de ese modo en su juventud, su madre la habría hechizado. Pero ahora los tiempos habían cambiando y momentos oscuros se avecinaban, no podía reprenderlos por hacer bromas como aquellas en un intento de aligerar el ambiente.

— ¿Qué opinas del aspecto de tu hermana, Theodore?—le preguntó al amigo de su hijo.

El chico era incapaz de dejar salir el disgusto que sentía porque sabía que si decía cualquier cosa podía herir los sentimientos de Lessi. Sin embargo, su cara lo decía todo. ¡Estaba furioso! ¡El bastardo de Longbottom no se merecía a alguien como su hermana! ¡Ella era hermosa, divertida, inteligente! ¡Era demasiado para un inútil como aquel!

—Se ve bien—fue todo lo que dijo antes de levantarse y marcharse de allí, apretando las manos en puños.

Lessi miró como se alejaba antes de ir inmediatamente tras él.

— ¡Theo, espera!—lo llamó.

Sin embargo, el chico no se detuvo y siguió adelante, atravesando los pasillos de la mansión, queriendo alejarse lo más posible de ella porque al verla tan hermosa y sabiendo el motivo por el que estaba así, sólo podía sentir deseos de arremeter contra su padre y asesinarlo. ¡Incluso quería matar al mismísimo Innombrable!

Salió fuera de la casa y siguió andando hasta ir fuera de los terrenos de la propiedad. Sus piernas largas le permitieron rápidamente tomar ventaja en la distancia, dejando atrás a su hermana. Alzó los ojos al cielo sin detenerse, observó el increíble color celeste de la tarde y notó como poco a poco, el sol caía sobre el horizonte de occidente. Era un día caluroso aún pero había una suave brisa que pegaba sobre su cara y movía sus cabellos. Se detuvo en la cima de una pequeña colina y contempló el ocaso sintiendo una terrible opresión en el pecho.

— ¡Theo!

El chico parpadeó rápidamente y giró el rostro hacia ella para verla subir la colina hacia él.

—Realmente te ves hermosa—le aseguró cuando estuvo a su lado—. Longbottom no te merece.

—No es como si realmente me casaré con él al final. Recuerda que todo esto es una farsa.

—Eso es lo peor de todo.

—Theo…

—Escapemos—dijo de repente él.

Alessia sonrió con tristeza a su hermano. Si tan sólo las cosas fueran así de fáciles.

— ¿A dónde iríamos?

—Al mundo muggle.

—Ninguno de los dos sabe nada sobre el mundo muggle—le recordó.

—Podemos ayudarnos con la magia al principio—insistió él—, luego, cuando aprendamos a usar todas esas cosas raras que tienen, podríamos olvidarnos de ella y estar tranquilos por el resto de nuestras vidas. Tú te podrías casar con alguien que realmente amaras y yo…

— ¿Podrías dejar de soñar?—le preguntó con cierta burla aunque estaba hablando completamente en serio— ¿Crees que no pensé en todo esto? Hemos hablado de huir antes y no lo hicimos. Ahora que él volvió es un poco tarde, ¿no crees? Además, aún somos menores de edad, si usáramos magia en el mundo muggle, nos descubrirían en un abrir y cerrar de ojos.

Theo la contempló con molestia. ¿Por qué ella tenía que destruir sus planes de ese modo?

— ¿A caso quieres hacerlo? ¿Quieres casarte?

— ¿Cómo puedes preguntarme eso? ¡Claro que no!—le gritó con enfado— Pero seamos realistas, ¿qué se supone que podemos hacer? Sólo debo estar con Longbottom, enterarme de algunas cosas que suceden con Potter y decírselas a tu padre para que él se las diga a ya-sabes-quién. Lo que yo tengo que hacer no es nada comparado con lo que tú tendrías que hacer si tomaras la marca… y definitivamente no es nada comparado con lo que tiene que hacer Draco.

— ¿Te dijo qué le ordenó?—preguntó con sumo interés.

—No, y realmente dudo que abra la boca—se abrazó a sí misma—. Pero lo has visto. No es él mismo. Narcissa tampoco. Tiene ojeras bajo sus ojos, está más silenciosa que siempre y se la ve preocupada. Sólo puedo imaginar lo terrible que debe ser lo que le ordenaron que haga… pero asumo que aún peor será su castigo si fracasa.

Theo se estremeció violentamente al pensar en lo que le sucedería a Lessi si fracasaba. Ella pareció darse cuenta de sus pensamientos por su expresión por lo que se acercó a él y lo rodeó con sus brazos.

—Todo estará bien.

—Eso no puedes asegurarlo—indicó él con seriedad.

—Mi trabajo es fácil.

—Supongo que seducir al idiota de Longbottom no será difícil pero acercarte a Potter sí lo será…

Ella se separó inmediatamente y le lanzó una mirada molesta.

—Lo dices como si lo que haré será acostarme con él.

—Espero que no.

— ¡No, no lo haré!—aseguró con rotundidad— Sólo quiero que te quedes tranquilo, ¿sí? Estaré bien. Estaremos bien.

Theo no podía compartir la seguridad con la que hablaba su hermana. Mantendría su distancia de momento, observaría, prestaría atención, pero en cuanto viera que la situación se salía de control, haría lo que fuera necesario para salvar la vida de Alessia.

Lo que fuera.

Estaba nerviosa a pesar de que intentaba convencerse de que no había razón para estarlo. Esta vez sólo debía encontrarse con Longbottom para conocerse, un mero compromiso social que era usual en esos casos. Sin embargo, saber lo que tendría que lograr en el futuro era lo que la asustaba. ¿Y si no lo conseguía? ¿Y si su prometido o sus amigos se daban cuenta de sus planes?

Tomó aire profundamente mientras intentaba volver a decirse que todos los sentimientos que la invadían eran absurdos en ese momento. Se acomodó un mechón de su cabello oscuro detrás de su oreja para que no cayera encima de su rostro y luego, armándose de un valor que no creía tener, llamó a la puerta de la casa de los Longbottom. Le hubiera gustado que alguien más estuviera allí con ella, apoyándola, pero sabía demasiado bien que Nott no se dignaría a hacerlo y había prohibido que Theo fuera por temor a que arruinara sus planes. Así que todo quedaba en ella.

Cuando la puerta se abrió, intentó componer su mejor sonrisa para la anciana que le daba la bienvenida pero ésta titubeó unos instante cuando se dio cuenta que la mujer no hacía más que observarla fijamente, desde el modo en que estaba vestida hasta si tenía las uñas limpias. ¡Cómo quiso hechizarla en ese momento! Pero no podía hacer aquello, así que se mantuvo sonriente hasta que pareció pasar cualquiera fuera el tipo de examen al que la bruja la estaba sometiendo.

—Buenas tardes, querida—la saludó con amabilidad—. Pasa, por favor—se hizo a un lado y le dio lugar para que entrase.

Lessi se lo agradeció suavemente antes de dar un paso al interior. Miró con curiosidad la casa. Era antigua, algo rústica y estaba llena de fotografías mágicas, algunas increíblemente antiguas que capturaron su atención inmediatamente. Sin embargo, no pudo quedarse a observarla tanto como deseaba porque la mujer le indicó el camino hacia el interior y se vio obligada a seguirla. Quizás luego podía aprovechar la oportunidad de preguntarles por ellas, asegurándole que tenía interés por la familia de su futuro esposo. Después de todo, sinceramente, tenía pocos conocimientos sobre los Longbottom.

La anciana la llevó hacia las profundidades de la casa, pasando por un largo pasillo bien iluminado, hasta que se toparon con una sala de estar amplia pero simple. A un lado había, como en el resto de la casa, fotografías y grandes cuadros de ancestros que dormitaban suavemente. Al otro, la pared vacía sólo estaba adornada por un reloj de pie de madera oscura cuyo péndulo oscilaba de un lado al otro silenciosamente. Al fondo se podían ver amplios ventanales que mostraban un jardín tan perfectamente cuidado que sería la envidia de muchas mujeres de la alta sociedad de los Sangre Puras. Pero la razón por la que ella se encontraba allí se encontraba en el centro, sentado nerviosamente en un sillón doble de color marrón. Neville Longbottom se levantó de inmediato al verla y dio un paso adelante, queriendo a ir a saludarla como el protocolo dictaba pero se había olvidado que delante de él se encontraba la mesita de té, por lo que terminó golpeándose su pierna. Gimió lastimeramente sin poder evitarlo.

A su lado, Augusta Longbottom cerró los ojos con vergüenza y gruñó algo entre dientes. Lessi no pudo oír bien pero estaba segura que lo que dijo fue algo como "Qué decepción…" No pudo evitar sentirse un poco mal por el chico. Era naturalmente torpe y era tan obvio que todos en el colegio, ella incluida, lo sabían. Pero que su propia abuela se mostrase tan avergonzada de ello debía ser terrible. Ella misma tenía defectos pero su madre nunca había dicho nada como aquello.

Neville alzó la cabeza hacia la chica, sintiendo su rostro arder furiosamente. No es que esperaba impresionarla pero al menos había tenido la esperanza de no avergonzarse a sí mismo. Debía de haber sospechado que eso no sucedería, pensó con cierta tristeza. Se enderezó rápidamente y fue hacia su abuela y Alessia Nott. Esperó en silencio, sabiendo que no podía decir absolutamente nada hasta que se realizaran las presentaciones formales por parte de uno de los adultos firmantes del acuerdo, en ese caso, su abuela.

—Neville, déjame que te presente a la señorita Alessia Nott. Señorita Nott, este es mi nieto, Neville Longbottom.

Neville miró el suelo para no tropezar con nada antes de avanzar. Cuando la chica tendió su mano hacia él, la tomó con la mayor suavidad posible, sintiendo un estremecimiento interno, para luego inclinarse y dejar un beso en el aire. Simular besar era importante porque las costumbres dictaban que sería muy irrespetuoso en el primer encuentro besarla de cualquier forma, incluso si se trataba de un gesto inocente. Su abuela asintió levemente, aceptando su gesto como adecuado antes de indicarles a ambos que se sentaran.

Neville, quien había estado estudiando todas las normas de los Sangre Pura bajo la estricta mirada de su abuela, tuvo un lapsus mental y se quedó de pie allí, sin saber bien qué debía de hacer a continuación. Recordaba que se esperaba algo de él pero no estaba completamente seguro qué. Cuando oyó un suave carraspeo a su lado de parte de la anciana, giró el rostro, nuevamente rojo, hacia su prometida y se dio cuenta que ella estaba con el brazo tendido hacia él. La realización lo golpeó y rápidamente tendió su propio brazo para que la chica pudiera apoyarse y así guiarla hacia el sillón. Con nerviosismo, se sentó a su lado, viéndola de soslayo. Ella se sentaba con la espalda recta y los tobillos cruzados delicadamente. Neville no pudo evitar darse cuenta que toda su presencia gritaba que había sido criada por firmes costumbres sangrepuristas. ¿Cómo es que había acabado comprometida con él?

—Los dejaré para que charlen tranquilamente—les dijo Augusta con seriedad antes de lanzar una mirada de advertencia a ambos—, pero me enteraré si se comportan de un modo indecoroso.

Los ojos de Neville se agrandaron con horror ante la sugerencia de su abuela y lanzó una mirada de pánico hacia la chica que tenía al lado; sin embargo, ella no parecía afectada por lo que acababa de oír.

—Sabremos comportarnos, señora Longbottom—le aseguró Lessi.

La anciana se alejó y los dejó solos por unos cuantos momentos. Neville sabía que sería hasta que los llamara para la cena, donde ella podría tenerlos bajo sus ojos vigilantes.

—Eh… Lo siento—murmuró con vergüenza y nerviosismo.

— ¿Por qué te disculpas, Longbottom?

Neville sintió deseos de huir. Ella lo miraba fijamente, esperando una respuesta y, a pesar de que de que no daba precisamente miedo, él estaba un tanto asustado por toda la situación. Además, lo había llamado por su apellido ¿No sería correspondiente que ahora que estaban comprometidos se trataran con menos formalidad?

Tragó saliva con nerviosismo antes de responder.

—Mi abuela insinuó… insinuó que nosotros…—se trabó con sus propias palabras y no fue capaz de completar la oración.

—No insinuó tal cosa—lo contradijo ella con seriedad—. Fue más bien una advertencia, algo que se suponía que debía de hacer, una obligación. No se supone que debamos quedarnos solos, sin ningún tipo de custodia en nuestra situación porque aún somos menores de edad y no estamos casados—miró a su alrededor—. Pero no estamos solos.

Neville la miró sin entender.

—Los cuadros—aclaró ella—. Ellos nos vigilan.

Los ojos del chico se posaron en las imágenes de sus antiguos ancestros para darse cuenta que muchos de ellos cerraron sus ojos con prisa y soltaron de repente ronquidos que sonaron demasiado falsos incluso para él.

— ¿Quieres ir a otro sitio?

—No.

¿Tenía que ruborizarse tanto?, se preguntó a sí mismo mientras sentía su rostro arder. Él no había querido insinuar nada, simplemente había pensado que ella se sentiría más cómoda lejos de la mirada curiosa de todos. Pero al parecer se había equivocado. Nervioso y sin saber qué decir a continuación, se movió con incomodidad en su propio asiento.

Lessi lamentó inmediatamente su respuesta en cuanto salió de su boca. Había sido fría y cortante, lo sabía, pero ¿cómo podía actuar y simular estar feliz por aquel supuesto compromiso cuando no era así? Longbottom podría parecer un tanto lerdo pero sin duda no lo era tanto como para no darse cuenta que ahí estaba sucediendo algo sospechoso… y sospecharía aún más si ella le dedicaba sonrisitas falsas y miradas dulces como si por arte de magia se hubiese enamorado de él. No, ella era inteligente e iba a actuar en consecuencia.

—No quiero casarme contigo, Longbottom—le dijo con sinceridad—, pero no tengo otra opción.

— ¿Qué… qué quieres decir?

—Mi padrastro, el señor Nott, le prometió a mi madre que me trataría como si fuera su propia hija, que se ocuparía de mí en todos los aspectos correspondientes y eso está haciendo, a su modo—se tomó unos segundos para juntar valor para decirle algo tan privado como lo que iba a contarle—. Él no me quiere…

—Eso es imposi…

—No me molesta—lo interrumpió ante que saliera diciendo alguna tontería— porque el sentimiento es mutuo. Nunca me mostró cariño y yo ahora soy incapaz de sentir un poco de aprecio hacia él. Pero aún así, cumplió con la promesa que le hizo a mi madre. Me dio un techo donde vivir, me alimentó, pagó mis estudios… y ahora me encontró un marido—la mueca no pudo reprimirla aunque lo intentó con todas sus fuerzas—. Uno que sabía que me causaría problemas por el hecho de que es Gryffindor. Cualquier otro padre buscaría a su hija la mejor opción, meditaría las ventajas y consecuencias de dicha alianza, armaría un contrato a la altura de nuestra situación… ¿Sabes lo que dice nuestro contrato, Longbottom?

El muchacho, que apenas era capaz de contener sus emociones por todo lo que estaba oyendo, negó con la cabeza, incapaz de hablar.

—Dice, y cito, "Queda acordado mediante el presente contrato, el inmediato acuerdo nupcial entre la señorita Alessia Nott y el señorito Neville Longbottom". Nada más. No hay fechas, no hay acuerdos monetarios… nada. Mediante este acuerdo, yo paso a ser totalmente tuya, en cualquier sentido. Puedes forzarme y nadie podrá juzgarte porque el contrato no estipula que se debe preservar mi pureza.

Neville palideció notablemente.

—Yo nunca haría eso—aseguró con un hilo de voz.

—Lo sé, ¿por qué crees que te estoy explicando esto, Longbottom? Somos dos desconocidos que ahora están comprometidos. Estamos obligados a casarnos cuando mi padrastro o tu abuela lo juzguen prudente y sólo son ellos los que pueden romper el contrato. Así que mientras tanto estamos juntos en esto, incluso quizás por el resto de nuestras vidas.

Y con esas últimas palabras no estaba exagerando. Lessi tenía el terrible temor de que su padrastro se negase a romper el contrato por el simple placer que le causaba molestarla o porque creyera que de ese modo podía deshacerse de ella fácilmente. ¡Cuán horrible podría llegar a ser eso! Quizás si se esforzaba al máximo posible por conseguir lo que quería, él rompiese sin miramientos el contrato. Porque si no lo hacía, ¿qué otra solución tendría?

Los arreglos matrimoniales era comunes entre las familias sangre puras pero como le había dicho a Longbottom, el de ellos era diferente. Era más antiguo, casi milenario, del tipo que hacían las primitivas y poderosas familias mágicas para formar una alianza entre ellas que no podía romperse tan fácilmente si la novia se negaba a consumar el matrimonio o si el novio prefería seguir su vida de soltero. No, en este caso, los condenaba a ambos a una vida compartida, ya fuera buena o mala. Eran muchas las historias conocidas de familias que cayeron en desgracias cuando su hijo o hija se negó a aceptar el matrimonio porque cada contrato matrimonial traía acarreado una serie de maldiciones que perseguían eternamente a las futuras generaciones.

—Entonces… ¿Soy tu castigo?—preguntó con profunda tristeza Neville, sacándola de sus pensamientos.

Alessia sintió cierta presión en su pecho al ver su expresión acongojada. Ella le había dicho medias verdades para intentar conseguir su confianza pero no había esperado que con eso pudiera herir tan gravemente sus sentimientos. ¿Por qué él tenía que observarla como si lo que acababa de oír le rompiera el corazón? Podía apostar con toda seguridad que tampoco había querido casarse con ella. Lessi suponía que el motivo de su tristeza era darse cuenta que no había sido realmente considerado como un candidato aceptable.

—No te lo tomes personal, Longbottom—le dijo rápidamente—, tú no eres tan malo. Conozco muchas otras opciones que no me harían pensar dos veces en huir.

El ceño fruncido del chico le dijo que esas palabras no lo consolaron. Los ojos azules eléctricos de ella se desviaron a la mano regordeta del muchacho, apoyada en el sillón. Quizás necesitaba hacer algo más para que comenzara a confiar y se abriera más a la situación. Rápidamente y antes de que se arrepintiera, deslizó su propia mano encima de la suya. La mirada de Longbottom voló a su rostro y la contempló con sorpresa.

—Lamento mucho ponerte en esta situación. Entenderé si prefieres pedirle a tu abuela que rompa el contrato. De hecho, es la mejor opción… para ti.

— ¿Y qué pasaría contigo?

Ella podría haberle respondido que estaría bien, cosa que posiblemente no era verdad, pero como lo que quería conseguir era que él aceptara aquel compromiso, intentó recurrir a la vil lástima.

—No te preocupes por mí. Seguramente mi padrastro encontrará a alguien más… Sólo ruego que no sea Crabbe o Goyle—la idea en sí misma la hizo estremecer de repulsión por lo que no tuvo que actuar su reacción.

Neville se quedó pensando unos momentos. Podía rogarle e implorarle a su abuela que rompiera el compromiso y quizás lo conseguiría, aunque no sin que ella lo contemplase con esa mirada llena de decepción. Pero, además, se sentiría un poco culpable. Alessia Nott le había asegurado que no era el peor de las opciones, lo cual no lo hacía tampoco el mejor… pero quizás sí era el mejor para ella. Él no podría vivir consigo mismo sabiendo que al negarse a aceptar su contrato la había condenado a casarse con alguien que la podía llegar a tratar mal. Además, si ella estaba dispuesta a hacer el esfuerzo para conocerlo e intentar hacer que todo esto funcione, ¿por qué él no podía hacer lo mismo?

—Yo… eh… tengo algo para ti—dijo con nerviosismo.

Ella lo miró con tranquilidad puesto que sabía que él debía de darle algún tipo de joya que demostrase que estaban comprometidos y que su relación era seria. Más que un obsequio, se trataba de una forma de demostrar al resto de la sociedad que la mujer ya tenía "dueño" y que los demás hombres debían mantener su espacio. El simple pensamiento le hacía poner los ojos en blancos. ¡Era una costumbre tan machista! Pero no podía culpar a Longbottom por aquello, seguramente a él también se lo habían enseñado sus familiares.

—Espérame.

Antes de que pudiera decir cualquier cosa, corrió fuera de la sala, dejándola sola y por un buen rato no apareció. Lessi tuvo el terrible pensamiento de que él la había dejado para marcharse y escapar de esa situación. Sin embargo, el chico volvió y trayendo consigo algo muy diferente a pulseras o collares. Lo que tenía en sus manos era una maseta de barro con una planta de hojas verdes increíblemente oscuras en el interior.

El mago se detuvo delante de ella y, tras mirarla con nerviosismo, le tendió la maseta sin decir nada. Anonadada, Lessi la tomó, mirando aquel objeto con clara decepción. ¿Una planta? ¿Eso era lo que él le daría? Hubiera preferido una simple pulsera con simbología machista. Neville notó rápidamente los sentimientos reflejados en su rostro y comenzó a sentir pánico.

—Es la planta de Saturno—explicó rápidamente, queriendo justificar su elección de obsequio—. Es muy rara y solamente florece cuando Saturno está orbitando en su posición más cercana a la tierra—se movió con incomodidad bajo la mirada azulada de ella—. Quizás es algo tonto, lo sé. La he estado cuidado desde hace meses porque las primeras etapas necesitan de mucha vigilancia. Se seca con facilidad, tienen que estar bajo los rayos de la luna llena al menos dos horas, no deben tener ni una gota de agua de lluvia y…—se calló de inmediato a ver que estaba desvariando con información que ya no era impertinente y que seguramente a ella no le interesaría—Ya superó esa etapa. Ahora sólo necesita agua todas las noches.

Alessia se quedó sorprendida por lo que estaba oyendo.

— ¿Me la darás después de todo el esfuerzo que has puesto?—le preguntó— ¿Tienes otra?

—Eh… No, no tengo otra. Es la única que tuve alguna vez.

—Entonces… ¿Por qué?—preguntó desconcertada, incapaz de comprender el modo de actuar del muchacho que tenía en frente— ¿Por qué me la darías a mí?

Él tragó saliva con nerviosismo, sintiendo que estaba siendo juzgado. Aún así, intentó explicarse lo mejor que pudo, rogando internamente que ella no lo creyera un tonto.

—Sé que es un regalo poco común para darle a una chica—murmuró rojo como un tomate—. Usualmente se les regalan flores ya cortadas pero esta no se puede cortar y dicen que es la más hermosa que una persona puede ver… Yo… quería darte algo especial…—su corazón casi salía de su pecho al decir aquello—No nos conocemos pero estamos juntos en esta situación. Quise entregarte esta planta porque realmente me costó mantenerla con vida y es muy valiosa para mí.

—Aún no entiendo por qué lo haces.

—Supongo que es un modo de demostrar mi compromiso en esta situación. No elegí esto pero tampoco voy a tomarlo a la ligera.

¡Oh, ese chico era tan ingenuo! Y ella se sentía tan malditamente culpable. No quería aceptar aquella condenada planta, no quería. Pero se suponía que tenía un rol que cumplir, una misión, y no podía dar marcha atrás. Tenía que hacer aquello para salvar su vida y la de su hermano.

—Gracias, Longbottom—le dijo—. Cuidaré de ella. ¿Cuándo florecerá?

—Cerca de Año Nuevo, quizás esa misma noche.

— ¿Estarás conmigo cuando suceda?

Los ojos de Neville se abrieron con sorpresa.

— ¿Quieres que esté contigo cuando florezca?

—Sí—era lo menos que podía hacer para no sentirse tan malditamente culpable—, ¿o ya has visto alguna florecer?

—Nunca—admitió.

—Definitivamente quiero que estés presente—le dijo intentando poner la mejor sonrisa que tenía aunque lo que menos quería hacer en ese instante era sonreír.

Neville asintió nerviosamente, sintiendo aún su rostro rojo. Aún estaba desconcertado por todo lo que estaba sucediendo: por el compromiso, por la charla que acababan de tener, porque ella le sonreía de ese modo tan espectacular que lograba que sus manos sudaran y sus corazón se aceleraba.

El pobre muchacho apenas podía creer su desgraciada suerte. No había pasado ni una hora hablando con ella y ya sentía que le gustaba un poquito. Pero pronto se dijo que eso no podía ser tan malo, ¿verdad? Después de todo, sería su esposa en el futuro y no podía ser tan malo tener algunos sentimientos hacia ella. El inconveniente era que Alessia Nott posiblemente nunca sentiría lo mismo. Después de todo… ¿quién se podría enamorar del torpe Neville Longbottom?

Augusta decidió que ese era el momento exacto en el que debía entrar, sólo para ver con desaprobación la planta que había frente a la prometida de su nieto.

—Espero que hayas comprado algo más que esto para la señorita Nott, Neville—le dijo con tono de advertencia.

El chico se encogió ante la voz de su abuela pero no dijo nada.

—Es una planta maravillosa—intervino de repente Alessia, mirando a la anciana con cierto desafío—. Es increíblemente extraña y Neville fue muy amable al obsequiármela. No podía haber deseado algo mejor.

Lessi le lanzó una mirada de soslayo al mago y notó que sus hombros se relajaban poco a poco ante sus palabras. Por más que aún lo consideraba un tonto y un tanto ingenuo, no podía dejar de sentir cierta compasión por él. Parecía realmente ser una buena persona y no se merecía el trato que le daba su abuela… ni él que iba a darle ella.

—Mmm…—la anciana la miró con dudas— Aún sí la tradición estipula otro tipo de regalos. Mi nieto no será la excepción. Ahora vayamos al comedor que la comida está lista.

Ella giró con la elegancia que sólo puede tener una estricta anciana y avanzó, segura de que los dos jovencitos harían su camino detrás. Neville comenzó a avanzar pero Alessia se apresuró a detenerlo.

—Debes guiarme—le recordó.

—Cierto… lo… lo olvidé—confesó con vergüenza.

Le tendió su brazo y esperó a que ella lo tomara antes de avanzar por el pasillo hacia el comedor.

—Realmente no me importan mucho estas normas de protocolo, Longbottom—le dijo ella por lo bajo para que la anciana no alcanzara a oírla—, pero puedo ver que a tu abuela sí y sin duda alguna a mi padrastro también. Así que seamos cuidadosos de cómo nos tratamos cuando estemos frente a alguien más.

—Sí—asintió—. Supongo que estarás acostumbrada a todo esto—hizo un gesto hacia sus brazos unidos.

— ¿Por qué lo dices?

—Estás en Slytherin.

Él pudo sentirla tensarse a su lado y por unos segundos temió haber arruinado todo.

— ¿Y qué?—los ojos azules de ella parecieron enfriarse mortalmente.

—Quiero decir—se apresuró a aclarar—… muchos de tus amigos son Sangre Puras de familias antiguas que respetan fielmente el protocolo. Mi familia no es tan antigua, los Longbottom, pero mi abuela sí proviene de un árbol genealógico importante y siempre ha recalcado que lo que nos falta a nosotros son modales.

Esas palabras lograron calmar a Lessi. Por unos momentos pensó que Longbottom también saldría con aquello de los prejuicios a los Slytherins y eso era algo que no se lo iba a permitir.

Llegaron al comedor. Augusta se sentó a la cabeza de la mesa, mientras que Neville se sentó a su derecha y a su lado, Lessi. La comida fue sencilla pero tan increíblemente deliciosa que ella tuvo que contenerse para no suspirar de placer en voz alta. Había probado tantos platos en la casa de Nott, Malfoy y el mismo Hogwarts pero nunca nada tan rico como aquello. ¿Qué clase de elfos domésticos tendrían allí?

—Dime, querida, ¿Estás nerviosa por recibir los resultados de tus exámenes?

Lessi dejó el tenedor a un lado, se limpió delicadamente la boca dando suaves golpes con la servilleta y recién después respondió. La anciana miró con buenos ojos sus modales.

—No, en realidad—contestó con sinceridad—. Mis calificaciones siempre han sido buenas y no creo haber reprobado ninguna. Los MHB no me parecieron realmente difíciles.

Neville la miró con cierta envidia. A él también le hubiera gustado poder decir eso.

—Mi nieto ha dicho que quiere especializarse en Herbología pero yo le aseguré que es una pérdida de tiempo. Hay materias más importantes que ayudarán a construirle un futuro mejor, no esa tontería de estar rodeado de plantas.

¿A caso esa mujer no podía decir algo condenadamente bueno de su nieto?

—Personalmente prefiero la Historia, una materia que todos consideran aburrida—comentó—, pero también soy consciente de la importancia que tiene la Herbología para el mundo mágico. Sin ninguna de las plantas que tanto se estudian y se crían, ninguna de las pócimas podrían llegar a hacerse, ni siquiera la medicina mágica habría avanzado. Si su nieto quiere dedicarse a eso, debería dejarlo, estaría contribuyendo enormemente. ¿No cree?—la miró fijamente, casi retándola a decir que no.

La anciana apretó los labios volviéndolos apenas una delgada línea pero finalmente asintió.

—Aunque también espero que pueda cursar materias más importantes como Transformaciones o Pociones—añadió la mujer, incapaz de quedarse callada.

Neville removió con incomodidad la comida que tenía en su plato. ¿Por qué su abuela tenía que avergonzarlo de ese modo?

Después de la cena, tomaron el té. La conversación no volvió a viajar a temas del colegio pero tampoco se volvió interesante. Lessi sólo cumplía su papel de chica amable mientras que interiormente rogaba que las horas transcurrieran con más prisa para así poder regresar a la Mansión Nott. Ella estaba dejando su taza vacía cuando la abuela de su prometido la sorprendió con una nueva pregunta.

—Tu padre falleció cuando eras pequeña, ¿verdad?

Todo su cuerpo se tenso y tuvo que hacer enormes esfuerzos para no mandar a la anciana a meterse en sus propios asuntos.

—Sí—contestó escuetamente.

—Nunca me enteré de su nombre, ¿Cómo se llamaba tu padre?

—Robert Crouch.

Augusta miró con sorpresa a la chica, quien estaba absolutamente seria.

— ¿Eran parientes de…?

—Lejanos—interrumpió Lessi cuando se dio cuenta de cuál iba a ser su pregunta, queriendo que dejara el tema atrás.

—Bueno, todas las familias mágicas están emparentadas después de todo—siguió diciendo la mujer, haciendo caso omiso a las miradas que le lanzaba su nieto, quien había notado que el tema causaba mucha incomodidad en su prometida—. Cuando me dijeron que tu madre se había casado con Nott no pude más que sorprenderme. Tuve el honor de charlar con ella sólo una vez pero fue un enorme placer. Es por eso que nunca entendí como terminó casándose con él…

Lessi no pensaba entrar en detalles sobre su pasado familiar por lo que se mantuvo tajantemente silenciosa.

—Abuela, es algo tarde—intervino Neville rápidamente—, quizás sea hora de que la señorita Nott se marche. No queremos que su familia se preocupe.

La mujer contempló el reloj y al descubrir la hora, abrió la boca con horror.

— ¡Por Merlín!—exclamó—Es verdad. Neville, acompáñala a la chimenea para que regrese.

Su nieto asintió formalmente y esta vez recordó que debía de ofrecerle su brazo para mostrarle el camino. Primero fueron a buscar la planta de Saturno que le había obsequiado pero cuando estuvieron frente a la chimenea, le mostró el recipiente donde se encontraban los polvos Flu.

—Lamento mucho lo que sucedió—se disculpó él antes de que ella tomara un puñado—. Mi abuela a veces no sabe medir sus palabras.

Lessi aún estaba molesta por eso, por lo que sólo fue capaz de asentir sin decir ninguna palabra.

—Yo… —él se removió con nerviosismo—tengo otra cosa para ti.

—No tienes que darme nada más.

—Sí, tengo. Es la costumbre después de todo.

Lessi lo vio meter su mano dentro de uno de sus bolsillos de su pantalón y sacar, tímidamente, una delicada pulsera que claramente era de compromiso. Era costosa: de oro y con incrustaciones de esmeraldas. No era grande y aparatosa como muchas otras que había visto, sino delicada y elegante.

—Sé que mi abuela me reprenderá por no haberte comprando nada, pero creí que sería mejor darte cosas que realmente fueran importantes para mí—se intentó excusar el chico con nerviosismo—, por eso elegí esta pulsera. Es la que mi padre le obsequió a mi madre cuando se comprometieron.

Nuevamente Lessi se sentía horrible consigo misma ¿Por qué él tenía que actuar de ese modo, siendo tan bueno y educado? ¡La molestaba que actuara así! ¿A caso no veía que ese compromiso era un tanto sospechoso? Casi… casi deseaba que él pudiera darse cuenta de sus verdaderas intenciones y la tratara mal.

—Longbottom, no puedo aceptar eso—le dijo irritada.

La cara del chico se llenó de tristeza. Sí, debía de haber supuesto que esa pulsera no la impresionaría. Su abuela había tenido razón. Debía de haberle comprado algo.

—Entiendo. Iré a la joyería y elegiré… ¿Qué te gustaría? ¿Qué fuera más grande? ¿Otro tipo de piedra?

¿Por qué demonios ese chico hacía sacar lo mejor de ella? ¿Por qué?

—La pulsera no tiene nada de malo. Es hermosa, de hecho. Tiene el dorado de tu casa y el verde, de la mía. Una combinación interesante pero casi perfecta para nuestra situación—él sonrió levemente—. Pero no puedo aceptarla. Es demasiado. Esto fue de tus padres, es parte de su historia y yo, que adoro la historia, puedo comprender lo valioso que es.

—Por eso quiero dártela—insistió, tomando la mano libre de la chica para enganchar la pulsera alrededor de su muñeca.

Lessi tuvo que admitir que era ciertamente conmovedor su intento.

—Va en la otra muñeca. Las pulseras de compromiso van en la izquierda.

Los ojos de Neville se abrieron con horror antes de desenganchar el brazalete. Ella sostuvo la planta en el otro brazo antes de tenderle el correcto. Cuando él terminó de ponérselo, le sonrió con nerviosismo.

—Eh…—titubeó sin saber qué decir a continuación.

Afortunadamente, ella tenía un plan que seguir y éste consistía en afianzar esa relación que estaba comenzando a surgir entre ambos.

—Escríbeme, ¿sí?—le pidió notando como el rostro del chico rápidamente se volvía rojo ante el pedido— Prometo responderte.

—Lo haré—aseguró Neville.

Ella tomó un puñado de polvos y se metió a la chimenea. Cuando las llamas estallaron y ella desapareció, Neville se quedó viendo el interior por unos segundos eternos.