Cap 2 - Un Don Bastante Peculiar
Ya habían transcurrido varias horas desde que los novatos partieron de Ciudad Lumiose. Ken finalmente había logrado guardar a la pequeña Fennekin en su pokebola para que descansara, luego de haber tenido la batalla con ese Mightyena en el laboratorio.
Iban por la extensa Ruta 4, hacia el sur, en donde encontrarían su primer desafío: Retar al líder de gimnasio de Santalune.
- ¡Ya quiero llegar y obtener mi primera medalla! – decía el enérgico Danniel mientras observaba a su alrededor algunos pokemon que vivían en los árboles.
- Sí, yo también, pero no creo que nos sea tan fácil obtenerla. – agregó Ken con un tono pesimista.
Hacía un clima agradable. El sol se estaba poniendo y pronto anochecería.
- Bueno creo que deberíamos acampar por aquí. El camino no es demasiado cuesta arriba por esta zona. – dijo Danniel.
- ¡Noo! Emm… bueno… digo… ¡Sigamos adelante! Quizás encontremos algún pueblo pequeño que tenga un centro pokemon en donde podamos dormir. – exclamó el pelinegro con una voz un poco temblorosa.
- Mm pero Ken, ya pronto estará todo oscuro. – dijo extrañado su compañero. - Es mejor que descansemos, mañana continuaremos.
Ken no tenía mucha experiencia al aire libre, con la naturaleza, y el hecho de dormir en una tienda no le agradaba demasiado. Él siempre había sido un chico muy casero y rara vez salía de su pequeño pueblo, en donde lo único que hacía era ayudar en el negocio de bayas de su madre. Además, aun persistía ese gran miedo de que esos ladrones los encontraran y los secuestrasen.
- ¿Es la primera vez que acamparás cierto? – dijo el rubio al ver la cara asustada de Ken.
- Em… sí, es así. – dijo apenado el novato.
- ¡No hay problema con eso amigo! ¡Siempre hay una primera vez para todo! Por suerte traigo conmigo muchas provisiones, así que la comida no será un problema.
¿Lo había llamado amigo? Ken se extrañó de que alguien lo llamase así. Después de todo, él nunca había logrado entablar una amistad con gente de su edad en su pueblo, pero le agradaba como sonaba eso y le estaba empezando a tomar más confianza a su compañero de viaje.
- ¡Oh! ¡Sí, ya tengo mucha hambre! – dijo Ken.
- ¡Muy bien! Entonces me pondré en marcha ¡A cocinar!
Armaron las tiendas y Danniel encendió la fogata. El sol ya se había ocultado por completo y empezaba a vislumbrar en la noche un hermoso cielo estrellado. Mientras, se preparaba la comida.
- ¡Qué tal si sacamos a nuestros pokemon! ¡Han de estar hambrientos también! – dijo Danniel.
- ¡Si, buena idea! ¡Sal Fennekin! – exclamó Ken sacando la pokebola.
- ¡Fen! – apareció la pequeña, quien ya se había repuesto de su batalla.
- ¡Tú también Chespin!
- ¡Ches!
- ¡Tengo varias bayas en mi mochila, espero que te gusten pequeña! – dijo Ken.
El joven sacó unas bayas color azul de su mochila y se las dio a su pokemon, pero a Fennekin parecieron no gustarle demasiado y las rechazó.
- Vaya, que pasa… pensé que te agradarían…
- Oye Ken, debes tener en cuenta que no a todos los pokemon les gustan las mismas bayas. Por ejemplo, a los tipo fuego, como Fennekin, les gusta un sabor más picante, como la baya tamato, o directamente se les puede dar comida pokemon hecha especialmente para ellos. – le explicó. - Tengo bayas en mi mochila que seguro le gustarán ¡Puedes tomar algunas si quieres! - dijo el rubio con un tono amable.
- No lo sabía, perdón Fennekin. Todavía tengo mucho que aprender… - dijo Ken medio apenado. Se sentía que no era muy útil y agachó la cabeza.
- ¡No importa! ¡Todos los días se aprende algo! Y a medida que vayamos viajando irás adquiriendo experiencia – lo alentó. – ¡Yo se varias cosas gracias a mi padre! Cuando era más pequeño lo acompañaba a todas partes y me enseñaba cuanto podía sobre los pokemon y su alimentación.
- Fenne… - dijo la pequeña acercándose a su entrenador y tratando de consolarlo. Después de todo, no quería velo triste.
Los jóvenes y sus pokemon cenaron frente a la fogata, mientras Danniel contaba las experiencias de sus largos viajes que había hecho con su padre.
- ¡Buenoo, me quedé satisfecho! – comentó Danniel mientras se paraba. - Ya me voy a dormir, mañana debemos seguir nuestro camino temprano – dijo estirando sus brazos. Pero observó una cara de cierto temor en su compañero de viaje. - ¿Qué sucede Ken? – le preguntó.
- Ehh… nada… - vaciló, tratando de ocultar algo.
- Vamos Ken ¿Qué te preocupa?
- Bueno… ehh… es sobre los tipos esos… ¿Y si ya se dieron cuenta que llevamos la megapiedra y nos están siguiendo? ¿Qué tal si nos están buscando? No quiero fallarle al profesor Sycamore…
- Te preocupas demasiado por todo Ken… Esos malvivientes irán a enfrentar al profesor, no sospecharan de nosotros. ¡Él lo tiene todo bajo control ya! – dijo Danniel mientras apagaba la fogata y se marchaba. - Ve a descansar y deja de imaginarte cosas chico, mañana será un gran día ¡Buenas noches!
El rubio metió a su Chespin en su pokebola devuelta y entro a su tienda. Ken quedo sentado un buen rato frente al humo que salía de las brasas, con cara pensativa y con su Fennekin al lado, mirando a su entrenador.
- *Mierda, no voy a poder dormir nada si sigo pensando en esto* - se dijo el mismo.
Un viento frio apagó las brasas que quedaban. También estremeció a Ken.
"Si sigue ahí sentado por más tiempo va a terminar por resfriarse maestro" - dijo una dulce voz femenina por sobre el chico.
Un escalofrió recorrió el cuerpo del joven rápidamente y abrió sus ojos aterrado. Sacudió su cabeza.
- ¿D-da-nniel? ¿Fuiste tú? – alcanzó a murmurar dando vuelta su cabeza hacia la tienda del rubio. Pero no hubo respuesta.
- Debo estar imaginando voces seguro, mejor me voy a acostar. - pensó el joven en un intento de tranquilizarse a sí mismo. - Hasta qué punto ha llegado mi locura ¡Ja!
"No está loco maestro, soy yo" - se oyó devuelta la voz.
Ken quedo atónito. Y entonces empezó a girar lentamente su cabeza, tembloroso, hacia lo único vivo que se hallaba ahí con él, en la oscuridad de la noche. Vió la cara de su pequeña Fennekin sonriente.
- ¿F-Fe… n-ne… kin? – dijo el joven con una voz apenas audible.
- Fenne… - dijo la pequeña frotando su cara con el brazo de su entrenador.
"¿Qué ocurre? ¿Me tiene miedo?" - se volvió a oír la voz, ahora un poco triste, en la cabeza del joven.
- ¿F-Fennekin… e-eres tú? ¿P-pero cómo puede ser? Y-yo no entiendo…
"¡Si soy yo tonto!"- dijo la dulce voz ahora menos formal.
- ¡Perdón, perdón! No sabía que pudieses hablar Fennekin, es que yo… Hay tantas cosas que no entiendo… – se lamentó Ken, entre confundido y atemorizado ante la extraña situación.
"¡No! No tiene por qué ponerse triste maestro, yo solo me estoy comunicando por telepatía" - lo consoló la dulce voz.
- ¡Oh… no sabía que tú tenías esa habilidad pequeña! Yo había leído que solo algunos pokemon tipo psíquico podían comunicarse de esa manera – dijo asombrado el chico.
"Bueno, supongo que soy especial" - dijo la Fennekin sonriéndole tiernamente.
- Sí, lo eres. – dijo su entrenador también sonriéndole. Los dos quedaron mirándose. – Bueno… pero creo que debo de ponerte un nombre pequeña. No me gustaría llamarte Fennekin todo el tiempo… ¿Qué te parece Lucy?
- ¡Fenne! – respondió expresando gustarle su nuevo nombre.
"Cualquier cosa que venga de usted es bueno maestro" - le dijo a Ken, ruborizándose. El joven percibió esto.
- ¡Ja! ¡Que linda! – dijo un poco nervioso rascándose la cabeza. – ¡Puedes llamarme por mi nombre, no hace falta que el trato sea tan formal! Me avergüenza un poco que me digan maestro… – Lucy se dió cuenta de esto. Se miraron y los dos comenzaron a reír.
- Bueno será mejor que vayamos a dormir. – dijo luego de que finalizó la carcajada.
- ¡Kin!
Ken sacó la pokebola de Fennekin, pero ante este gesto observó cómo su compañera ponía su cara triste.
- Bueno… supongo que… puedes venir a dormir conmigo en la tienda. – dijo guardando la pokebola.
- ¡Fennekin! – festejó la pequeña. Y entraron los dos a la tienda.
. . . . . . . . . . . .
Era una noche fría. Ya estaban los dos acostados dentro de la bolsa de dormir. Al ser esta muy ancha los dos cabían con mucha comodidad pero Lucy se acurrucaba en el pecho de su entrenador igualmente. Todavía se encontraba una pequeña lámpara encendida adentro.
- Y dime Lucy como es que desarrollaste la telepatía.
"Bueno, de hecho la última evolución de los Fennekin, que son los Delphox, tienen poderes psíquicos… Pero creo que lo mío es como un don, quiero decir que, el que pueda hablar contigo siendo solo una Fennekin no es muy común" – le explicó al joven por medio de su habilidad.
- Oh, ya veo… ¿Y puedes hablar con todos telepáticamente? ¿O solo conmigo? – preguntó curioso Ken.
"Emm… yo… la verdad es que la única manera de que un pokemon pueda comunicarse con su entrenador es que… tengan un vínculo muy fuerte, y que los dos sientan un afecto mutuo" - Al decir esto último la pequeña no pudo evitar un pequeño rubor que subió hacia sus mejillas. Fennekin sabía entonces que su maestro, de alguna manera, ya le tenía un gran afecto, sino ella no hubiera sido capaz de comunicarse telepáticamente con él.
- *¿Un vínculo muy fuerte? Pero… si no llevo mucho tiempo con ella, que extraño…* - pensó el entrenador, mirando hacia el techo de la tienda. No notó el sonrojo de Lucy. – Me alegro mucho por esto Lucy, no llevamos mucho tiempo pero eso demuestra que entre nosotros ya hay una buena conexión.
- ¡Kin! – dijo la pequeña entusiasmada y luego no pudo evitar dar un bostezo.
- Yo también tengo mucho sueño… Buenas noches Lucy. Que descanses – le dijo apagando la pequeña lámpara que iluminaba la tienda.
- Fenne… - llegó a responderle, y luego los dos se quedaron dormidos.
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El viento soplaba muy fuerte, se oía el resonar de las hojas de los árboles. Ya era medianoche, se escuchaba el murmuro de los pequeños pokemon que vagaban en la oscuridad del bosque.
Ken y Lucy dormían plácidamente, cuando se empezaron a oír unas pisadas que se dirigían hacia la tienda de estos. Se escuchaba como si alguien caminara pisando ramas. Ken despertó ante esto y logró observar, ante la luz de la luna, una sombra que se asomaba en su tienda. Cada segundo que pasaba se iba haciendo más grande. El chico, totalmente atemorizado y pensando en lo peor, lo único que se le ocurrió hacer fue sacar la megapiedra silenciosamente de su mochila y aferrarse a ella. La sombra se iba acercando cada vez más y los pasos se podían sentir ya casi a un milímetro.
- *Ahora sí que llegó mi fin, nos encontraron* - el chico abrazó a Lucy, que dormía sin inmutarse, y cerró su ojos rogando que nada les pasara.
Entonces, de pronto, algo afilado cortó la entrada de la tienda bruscamente dejando al descubierto al pobre chico totalmente atemorizado que aún se aferraba a la piedra y a su pokemon. Este abrió los ojos y vió un gran sujeto, vestido igual a los tipos que habían intentado robar la megapiedra en el laboratorio. Del miedo no pudo ni gritar, cuando entonces el sujeto le propinó un golpe en la cara y le saco a su Fennekin de las manos.
- ¡Nooo! ¡Lucy! ¡Maldito, devuélvemela! – dijo el joven herido y totalmente desesperado. El gran sujeto gordo empezó a retirarse.
- ¡Ven aquí malnacido! ¡Toma la megapiedra, pero no te lleves a Lucy! – el tipo parecía no escucharlo. - ¡Lucy, despierta! ¡DESPIERTAAAA! – continuó. El ladrón pareció esfumarse de la nada, mientras Ken seguía gritando. - ¡ESCUCHAAAA! ¡Ven aquí, toma la maldita piedra, pero no te la lleves a ella! – decía Ken tratando de que le devolvieran a Lucy.
El entrenador empezó a llorar al ver que ya no había caso y pensó que la había perdido para siempre. En ese mismo momento la sentía tan inalcanzable a su pequeña, como si nunca más la fuera a volver a ver…
- ¡Danniel, se llevaron a mi Fennekin! ¡Ayuda, despiertaa! ¡DESPIERTAAAA! – gritó y gritó desde su tienda mientras todo se iba desvaneciendo lentamente.
Entonces el joven se levantó de golpe, agitado, jadeando, estaba totalmente transpirado. Miró a su alrededor con desesperación, vió a la pequeña Lucy dormida aún al lado suyo, revisó el bolsillo de su mochila, la megapiedra se encontraba aún allí. La volvió a guardar y dejo caer su cabeza otra vez en la almohada de la bolsa de dormir. Estaba temblando.
- Fue todo un sueño…
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Hacía un hermoso día ahí afuera, el sol irradiaba felicidad en todo su esplendor, se escuchaban a los pokemon pájaro volar alegremente por ahí. Ken despertó lentamente, Lucy no se encontraba al lado suyo, al parecer se había levantado más temprano.
Se olía algo muy rico cocinándose.
- *Deben estar desayunando* – se dijo el joven. Se vistió rápido y salió de la tienda - ¡Buenos días! – pronunció pero más no encontró a nadie, solo a la comida haciéndose enfrente del fuego.
Pensó lo peor.
- No, no, no… ¡Mierda! Ya nos encontraron, ya nos encontraron… – empezó a decir nervioso dando vueltas en círculo. – Ahora sí que no sé qué hacer… - Ken se sentó en un tronco cerca de la fogata y comenzó a lamentarse.
- ¡Como los rescato! Estoy en problemas… ¡Yo lo sabía! Yo sabía que era mala idea traer la megapiedra con nosotros. Tarde o temprano esos ladrones nos encontrarían. – dijo mientras ponía su cabeza entre sus manos, mirando hacia el piso. – Y ahora se los llevaron…
- Danniel, Chespin, Lucy… - decía mientras comenzó a sollozar. Cuando, de repente, escuchó una voz familiar por detrás de él.
- Vaya, por fin despertaste Slakoth. – le dijo el rubio que volvía junto con los pokemon con una gran cantidad de bayas recolectadas.
- ¡Oh! ¡Amigos! Pensé que… – dijo mientras se secaba rápidamente las lágrimas.
- ¿Qué pensaste? ¿Y por qué estabas llorando Ken? – lo interrogó confundido Danniel.
- Nada, nada, solo tonterías ¡Ja! – se excusó avergonzado mientras rascaba su cabeza.
- Yo ya lo sospechaba, tú te preocupas demasiado por todo Ken, estas muy tenso. – dijo apoyando una mano en su hombro. - Relájate amigo… ¡Ahora vamos a desayunar!
- ¡Fennekin! – exclamó la pequeña, como alentándolo.
Juntos disfrutaron de un rico desayuno al aire libre, mientras se escuchaban los relajantes cantos de los pokemon tipo volador.
- *Quizás Danniel tenga razón* - pensaba Ken mientras comía. - *Quizás me estuve preocupando demasiado por esos ladrones, la megapiedra y también por… ¿Lucy?* - el entrenador recordó el sueño que tuvo anoche, en donde se robaban a su Fennekin y no soportó la idea de que eso en realidad se cumpliera. -*Creo que, después de todo, si tengo un fuerte vínculo con ella* - siguió pensando mientras miraba a su pequeña pokemon comer junto a Chespin.
Danniel noto la cara pensativa de su compañero de viaje.
- Deja de preocuparte hombre… - interrumpió los pensamientos de Ken.
- Yaa, está bien, mejor voy a estar más calmo. – le contesto el pelinegro.
Tan pronto como terminaron de desayunar, decidieron continuar hacia ciudad Santalune. Ken fue a su tienda para recoger sus cosas y guardarlas nuevamente en su mochila. Lucy fue por detrás de él.
"Hola maestro… ¿Cómo durmió?" - le preguntó tímidamente por medio de su habilidad.
- Oh… Hola Lucy. Ehh… creo que bien. Bueno no tanto… - le dijo dándose vuelta. - ¿Y tú?
"Yo bien, gracias por preguntar" – dijo la pequeña. – "¿Qué ocurrió, no pudo dormir?"
- En realidad sí, pero… tuve una pequeña pesadilla… Ehh ya sabes, sobre esos ladrones. Soñé que te llevaban a ti, pero realmente no pude soportar la idea de que te separen de mí, tú sólo eres mía. – Ken no supo muy bien porque dijo esto último, le salió sin querer, y quedo medio avergonzado ¿Ya era tan grande el afecto hacia ella?
"A-ah… bueno… que lindo que pienses eso sobre mí" – le dijo sonrojada ante el dicho del chico. – "Em bueno… ya no lo molesto más" – dijo y rápidamente salió para que no se notase su rubor.
- *Vaya… que me sucede… ¿No le habrá gustado lo que dije?* - se dijo a él mismo. - *Mierda, en que estoy pensando. Es mi pokemon… tengo que dejar de tratarla como a una chica* - y siguió guardando sus cosas.
Afuera se encontraba la Fennekin, sentada, mirando los árboles y como un grupo de Mankey jugaba en la copa de estos.
- *¿Es esto lo que debo sentir hacia mi entrenador?* - pensaba solitaria y confundida - *¿Yo no tendría que estar interesada por las batallas y por juntarme con otros pokemon?* - Lucy seguía en un mar de dudas, con respecto a los sentimientos que tenía hacia su amo.
Después de un rato, Danniel y Ken, terminaron de desarmar sus tiendas y guardaron todo en sus mochilas. Se dispusieron a seguir el camino que los llevaría hacia su primera medalla de gimnasio. Chespin fue a su pokebola y cuando Ken estaba sacando la suya, recordó.
- ¡Ah! Lo había olvidado a ti no te gusta la pokebola Lucy ¿Verdad?
- Fen…
- ¿Quién es Lucy? – interrumpió Danniel.
- Así la decidí llamar ¿No te gusta?
- ¡Claro que sí! ¡Es muy lindo nombre! Solo que no me habías dicho.
- Se lo puse ayer a la noche, luego de una larga "charla". – el rubio rió ante este dicho, captando la pequeña broma de Ken. Pero lo que no sabía, es que ellos realmente habían tenido una charla.
Siguieron por el camino rumbo a Santalune. Pero entre unos arbustos, no muy lejos de ahí, había un tipo que observaba a los jóvenes. El hombre pareció sonreír al lograr distinguir con sus binoculares a los dos chicos y la Fennekin.
- Los encontré Ronald – dijo hablando por un radio.
- Buen trabajo – le respondió una voz grave. – Ahora ya no podrán escapar de nosotros…
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¡Hola queridos lectores! Sé que este capitulo fue un poco corto pero trataré de hacer los demás un poco más cargados y entretenidos. Lo estaré subiendo entre mañana y pasado.
¡Muchas gracias por sus reviews!
Tendré en cuenta lo que me digan! La verdad que valoro mucho sus criticas y me alegra que a algunos les haya gustado. Más adelante la historia se va a tornar más buena jeje.
Saludos y gracias por leer!
